martes, 27 de enero de 2015

Capítulo 18 -Sensitive-

Caleb

Sonreí embobado. De verdad, mi cara era digna de ponerla en un retrato de bobos. Christine me sonreía tímidamente de bajo de mí. Si bien, en mi vida no me habían faltado las oportunidades para tener como mínimo placer “sexual” cuando salía con Eric a un par de clubes y sin embargo, algo no me dejaba. No encontraba interesante el hecho de hacerlo con alguien que ni siquiera sabía su nombre. Tal vez era el sentimiento de responsabilidad que he tenido intacto desde que tengo 8 años con Melanie. Pero esto, esto no era un simple placer sexual. Esto era hacerle el amor a quien quería como nunca pensé querer a alguien que no fuera mi propia familia. Era virgen, pero estaba seguro que me encargaría de hacerla sentir la mujer más feliz del mundo. De eso no cabía duda.

La besé, no precisamente para comenzar, sino porque aún no me creía lo que me había dicho. De esto estaba hablando. De estar con alguien que valiera la pena, que cuando la tenga entre mis brazos sabría que todo lo que hice o haga va a ser única y exclusivamente para ella. Christine.

Me respondió ávidamente, sin escrúpulos pero sin dejar la ternura y el cariño que nos teníamos de lado. Sentía sus suspiros y gemidos aguantados en mi boca cuando ponía mis manos en sus piernas, las cuales seguían rodeando mi cintura con fuerza. Precaviendo que ninguno de los dos se despegara en algún momento. Estaba seguro que este era nuestro momento, nada podía cambiarlo. Christine rodeó mi cuello con sus delgados brazos para seguir besándonos con vehemencia.

-Te quiero –Apenas susurré en un mínimo segundo cuando nos separamos para luego volver a juntarnos en nuestros labios. Ella comenzaba a estar relajada, o al menos eso sentí cuando no dejaba de abrazarla y acariciarla. Pero hubo un momento, en la que su mano traviesa revolvió mi cabello y aquello, fue como un botón de inicio a lo que estaba a punto de pasar.

Mis manos comenzaron subir su ajustado e infernal top que la hacía ver más que ardiente. Lo subí hasta la altura de sus senos para darme una vista a su plano abdomen, joder. Ella me sonrió cuando me había separado para verla, sabía que me había cautivado. Volví a besarla para sentir nuestros corazones latir con fuerza el uno con el otro. Percibí su delgada mano acariciar mi espalda sobre mi camisa, con cuidado y sin prisa fue a parar hacia mis botones para empezar a desabrocharlos. Todo esto sin dejar sus adictivos labios. Cuando había acabado, sacó por mis hombros mi camisa dejándome totalmente desnudo del torso. Me observó mordiéndose el labio inferior, mierda. La verdad es que no tenía la figura de un modelo figura de testosterona, pero al menos tenía lo suficiente para tenerlo bien marcado. Pero me importaba un pepino, a Christine, al parecer le había gustado y con eso bastaba. Un escalofrío vagó por mi espalda característicamente cuando tocó mi pecho desnudo.

Inesperadamente y para mi sorpresa, me hiso a un lado para luego colocarse encima de mí a horcajadas. Era magnífico verla desde esa perspectiva, sintiéndola mía y la mujer que siempre estaría junto a mí. Me senté para poder abrazarla y sentirla rodeando su cintura con mis fuertes brazos para volver a juntar nuestros alientos. Mis manos por instinto fueron a parar a su top para sacárselo por completo. Tenía que admitir que estaba un tanto desesperado y ansioso por poseerla como he querido desde que me pidió aquello. Para mí no era primordial, sin embargo ahora se estaba volviendo la razón que podría juntarnos para siempre.

La vi en ropa interior color crema, totalmente sexy. No era la primera vez que la veía así, incluso sin esa estorbosa ropa. Pero no quitaba el hecho de que me impactaba y me sorprendía cada vez que la veía a este tipo de merced. Me sonrió con encanto, mordí sus labios apetitosos para luego sentir como sus caricias iban desde mi pecho hasta mis abdominales. Fui a parar hasta el broche de su brasier, la miré nuevamente para pedirle permiso. Tenía que estar seguro de esto, como también tenía que estar seguro de que ella tanto como yo quería esto. Asintió levemente con su cabeza. Lo desabroché con un poco de dificultad, sacándolo en su totalidad, dejándome más que bobo al observar la desnudez de sus senos.

Mi pulso estaba a mil y mucho más con esto joder. Sentía mi erección rozar con su feminidad en cada movimiento que hacía encima de mí. Mi pecho se juntó con el suyo haciéndome gruñir en sus labios. Sus pezones eran lindos y bien hechos tanto como sus senos. Su figura, joder, su figura estaba más que seguro que había sido tallada por la misma diosa afrodita. Me volvió a sonreír cuando se dio cuenta que me tenía loco mirando sus pechos. Su mano me empujó levemente para hacerme caer de espaldas por completo en mi cama. Con esa particular sonrisa juguetona comenzó a dibujar cada rastro de mi piel desnuda con su dedo, sorprendiéndome, su boca fue a besar mi pecho con pasión. Su lengua jugó primeramente con mi pezón izquierdo rodeándolo y de por sí causando un gruñido animal salir de mí. Acaricié con mi mano su cabello castaño claro mientras lo hacía. Le sonreí cuando sus besos húmedos fueron a parar ahora en el lado contrario. Yendo así, después de un instante, besando mi estómago provocando mis gemidos. Era increíble. Estaba a punto de explotar cuando Christine estaba cerca de empezar a desabrochar mi pantalón. Me tenía en sus manos, mierda. Por primera vez en mi vida sentía que alguien me tenía por completo a su merced. Los papeles se habían volteado, lo que no sabía si era bueno o malo para mi ímpetu.

Sin sacar su sonrisa pícara, tocó la hebilla de mi pantalón fingiendo que lo sacaría pero no lo hacía. Lo cual me desesperaba aún más. Estaba loco por ella, estaba loco por poseerla. Con un movimiento que realmente me sorprendió a mí mismo, la di vuelta sobre mi cama para volver a estar encima de ella y gruñí cuando sentí toda la plenitud de sus senos sobre mi pecho duro y firme. No podía describir con palabras aquello, lo único que podía deducir era que me encantaba. Christine rio suavemente en mis labios cuando lo hice en una forma ansiosa.

-Caleb –Susurró en el momento en el que estaba encima a ella y entre sus piernas. Frente a frente, mirándonos a los ojos sin ningún rastro de falsedad –¿Estás seguro de esto? –Sabía a qué se refería ya que la respuesta, la sabía de sobra. La miré con encanto y ternura.

-Nunca he estado más seguro de algo que ahora Christine –La besé con paciencia y sin prisa. Tenerla en mis brazos, haría lo que fuera para sentir que tenerla entre mis brazos sea un instante eterno. Ella me tomó por mi cuello para acercarnos más el uno con el otro.

Mis manos con lentitud y suavidad comenzaron a bajar hasta tocar le hebilla de su jean, la única prenda que tenía junto con su braga. Suspiré en su boca cuando empecé a abrirlo, la verdad es que estaba un poco inseguro de hacerlo pero al ver que Christine no me ponía ninguna objeción seguí con mi tarea sin dejar de besarla. Me separé con ligereza para dirigir mi vista hacia su pantalón, lo bajé y de un solo movimiento me deshice de él haciéndome ver a una espectacular Christine semidesnuda. Con sólo un prenda que le cubra su intimidad. Dios santo.

-Cierra la boca –Bromeó ella en un susurro. Supuse que fue por mi cara de bobo al verla en esa posición, joder, si era así sin estar completamente desnuda. No me podía imaginar verla en toda su plenitud. Reí ligero volviendo a besarla cortamente, ahora mis límites se fueron a la mierda. Tenía una erección de oro que me estaba matando y a la chica que quiero encima de mi cama semidesnuda esperando que le haga el amor. Esto era demasiado. Pero de todas formas como lo había dicho, me encantaba.



Christine

Su mirada era una de perplejidad absoluta al mirarme sólo en bragas. Me sentía la mujer más hermosa en ese instante si es que podía decirlo. Caleb no despegaba su vista ya que sus ojos azules iban desde mis piernas desnudas hasta mis senos. Era increíble la sensación de poder que sentí en ese momento, Caleb estaba hipnotizado. Decidí darle un empujón para que empezara a tocarme como tanto he estado anhelando desde que lo vi sin camisa. Su cuerpo no era de modelos típicos de revistas, era más común y sin dejar de ser extraordinario. Todo estaba en su lugar, marcado. Tanto los músculos de sus brazos como los de sus abdominales. Ahora más que nunca quería que me hiciera suya. Sabía a ciencia cierta que en toda mi vida he sido una chica con una desarrollada vida sexual, pero ahora que vivía en carne propia esto de “querer” no me cabía en la mente nada más que no fuera hacer el amor con Caleb. Nada de sexo del cual arrepentirse luego una noche de borrachera. Esto era algo más cercano de lo cual me moría por descubrir, era algo de sentimientos, de sensibilidad.

-Tócame –Lo incentivé suavemente cuando vi que no hacía ningún movimiento hincado en su cama, sin dejar de mirarme. Caleb salió de su encantamiento para mirarme con sorpresa, vi un poco de inseguridad en sus ojos. Sin embargo, no vi arrepentimiento de nada y eso era lo que importa. Sus inexpertas y a la vez sensuales manos tocaron primeramente mis piernas causando un escalofrío inminente que vagó por todo mi cuerpo. Fue subiendo, rozando cada poro de mi piel y demonios, se sentía tan bien. Él pasó a los extremos de mi cintura para luego quedarse ahí y observar todo lo que era mi abdomen y senos. Joder, jamás me sentí tan inspeccionada o querida de esa forma tan vistosa como la que estaba experimentando con Caleb. Era fantástico.

Con timidez logró acercar su boca hacia mi pecho para comenzar a besar mis senos con pasión. Empezando primordialmente por el izquierdo. Gemí arqueando mi espalda, el chico realmente sabía cómo volverme loca con su boca. Rodeó con su lengua mi pezón reiteradamente, mordió y chupó esa carne sensible de mi cuerpo provocando varios gemidos de placer. Volví a hacerlo cuando él sacó su mágica boca del izquierdo luego de un momento para hacerlo de nuevo con el otro. Suspiraba fuertemente y en algunas ocasiones tomaba con fuerza ese característico cabello desordenado y ondulado de Caleb. Pasaron varios minutos en los que me volvió loca haciendo ese tipo de acción y cuando paró para mirarme con una sonrisa, abrí mis ojos los cuales estaban cerrados disfrutando la sensación.

Supe que estaba esperando algo, no supe qué. Pero entonces decidí sacar lo que tenía en mi interior, sacar las experiencias tanto buenas como malas que he tenido en este ámbito. Quería que ambos disfrutáramos, sin embargo habría tiempo para eso más adelante, por ahora sólo me dedicaría a él y hacerlo disfrutar de su primera vez. Primera vez. Personalmente encontraba increíble pensar en aquello viniendo de un chico como él. Pero como dicen, para todo hay una primera vez y esta vez, me encontraba más que maravillada con la situación. Le sonreí poniendo mi mano en su pecho para hacerlo girar en la cama quedando de espaldas del acolchado. Una sonrisa nerviosa salió de su boca, sabía lo que estaba pensando y me pareció lo más hermoso del mundo. Tenía en mis manos a un hombre que estaba dispuesto a pasar a otro nivel y aprovecharía cada momento. De eso no había duda.

Miré la hebilla de su pantalón nuevamente, pasé con suavidad mi tacto en sus abdominales hasta llegar hacia mi objetivo robándole un suspiro. Desabroché su cinturón con cuidado y sin prisa. Sosteniendo su mirada maravillada que me brindaba mientras lo hacía. Sabía que me estaba contemplando en toda mi desnudez, al menos lo que se veía ya que aún traía mis bragas. Sonreía satisfecha durante mi intento de desarmar el nudo de ese maldito cinturón. Él rio cuando lo había logrado con un poco de dificultad. Me encantó que lo hiciera en realidad. Lo abrí y de un solo movimiento saqué sus gruesos jeans para poder verlo en toda su plenitud con bóxeres negros. Dios santo.

Caleb, ese chico de ojos azules. Estaba malditamente bien dotado. No pude evitar que mis pensamientos lujuriosos hicieran ese comentario en mi cabeza. Me mordí levemente mi labio inferior al verlo así, mierda. Ya ni me podía imaginar viéndolo sin eso si tan sólo mirarlo en ropa interior fue mucho para mí. La noche en que dormimos juntos pude verlo así, pero sólo fue una vista momentánea. Ahora lo veía por completo y consciente de lo que pasaría luego. Exhalé sonriéndole. Caleb aún se notaba un poco tenso, tal vez nunca se imaginó que llegáramos a tal extremo.

-Caleb, de verdad ¿Quieres esto? –No pude evitar preguntar. Y es que yo al igual que él, también estaba un poco nerviosa. Él me frunció el ceño, se sentó para poder mirarme mej98or y más fijamente.

-¿Por qué lo dudas? –Levanté mis hombros un poco pensativa.

-Ya lo sabes. No es lo mismo para ti –Caleb tragó saliva entendiéndolo, sin embargo no paró nada. Siguió con su mirada penetrante, incitándome a que nos devoráramos mutuamente.

-Christine. No hay nada en el mundo que desee más que tu corazón, más que poseernos en cuerpo y alma. –Ahora fui la que tragó saliva, sabiendo que no mentía para nada. Dios. Cada palabra que me decía en ese sentido me dejaba en otra galaxia y me daba miedo las sensaciones que venía con ello.

-¿Eso es un “sí”? –Pregunté divertida y a la vez enternecida. Rió para luego besarme tiernamente. Le correspondí de igual forma, siempre le correspondería de igual forma en cualquier sentido y a veces, me daba temor pensar así. Traté de distraer esos sentimientos separándome de Caleb y empujarlo con suavidad a que se colocara de espalda en la cama. Igual que antes. Sólo que ahora fui yo la que se colocó a horcajadas encima de él, provocando un leve gemido entre ambos por el roce de nuestra intimidad. Me acerqué a su rostro y no para besarlo precisamente, sino para comenzar a besar su cuello y así ir bajando con contactos húmedos de mis labios a su piel hacia el comienzo de su zona prohibida. Todo esto haciendo un resultado de jadeos de parte del chico.

Sonreí internamente al tener de frente ese bulto que necesitaba salir de su escondite. Ya no había nada que nos parara, esto era lo que necesitábamos para sentirnos completos y lo importante era que ambos lo queríamos. Comencé a jugar con la tira elástica de su bóxer azul oscuro, queriendo sacárselo y a la vez jugando con su ansiedad. Por lo que vi quería que lo bajara, nadie podía sacar mi sonrisa de satisfacción en ese momento. Con la mirada me pedía a gritos que lo hiciera. Lo torturé otro rato más para luego, igual como lo hice con su pantalón, con un solo movimiento me deshice de él.

La impresión se apoderó de mí en un solo segundo, ver la virilidad de Caleb por completo y con desnudez. Era perfecto e imponente, en cualquier sentido de la palabra. El miembro de Caleb me dejó la boca seca, joder, mentiría si dijera que era lo más grande del mundo. Pero mierda, estaba más que bien comparado con el tamaño de su cuerpo. Sea como sea me volvía loca verlo. Era tentador y te pedía a gritos jugar con él, de por sí ya estaba excitado y erecto. El castaño me veía con los ojos entrecerrados y con una expresión seria. Estaba esperando que hiciera algo, cualquier cosa, estaba a mi merced.

Hice lo primero que se me vino a la mente. Soplé la punta de la masculinidad de Caleb el cual me respondió con un jadeo profundo. Quería torturarlo pero a la vez, inminentemente, me estaba torturando a mí misma. Soplé de nuevo largamente en la punta de aquello. Con una mirada traviesa, pasé mi lengua con rapidez por toda su longitud inesperadamente recibiendo un gruñido de un león por parte de Caleb. Ya no podía aguantar más, quería tenerlo conmigo, por completo. Dentro de mí más precisamente. Con mis expertas manos lo tomé y comencé a acariciarlo con suavidad y paciencia de arriba hacia abajo. Sin embargo eso no era bueno, menos para Caleb que la ansiedad carcomía sus entrañas. Lo sentía.

Resopló cuando empecé a hacer mi labor más rápido que antes. Con audacia, y provocando un grito desgarrador de placer que jamás antes había oído en un hombre por lo que me encantó, tomé el miembro de Caleb con mi boca. Inicié con un par de lamidas lentas para después rematar con mordidas suaves, todo esto obteniendo gritos guturales como resultado del chico a quien le estaba practicando sexo oral. Estaba encantada de verdad. Jamás me olvidaría de aquello.

-Christine –Dijo entre jadeos y gruñidos. Escuchar mi nombre salir de sus labios mientras seguía lamiendo su parte más sensible me puso a mil. Así que terminé haciéndolo con más rapidez y dureza. Haciendo que su miembro llegara a tocar mi campanilla, estaba excitada y completamente loca por lo que estábamos a punto de hacer. Chupé, mordí y acaricié con mi boca su miembro hasta a aburrirme. Lo que nunca me aburriría era escucharlo gemir y tomar mi cabello con fuerza mientras lo hacía. Después de minutos, algo me impulsó a parar. Eso y sentir que Caleb estaba a punto de llegar al cielo en pocas palabras. Le sonreí cuando había parado. El castaño no me miraba, sólo respiraba con rapidez con los ojos cerrados y su cabeza hacia atrás. Estaba más que excitado y había algo que lo demostraba perfectamente en su entrepierna.

Me deshice rápidamente de mis bragas mientras él no estaba concentrado más que en apaciguar su respiración. Ni siquiera me fije dónde las había lanzado y la verdad me importaba un pepino. Sólo me digné a sentarme a horcajadas encima de él haciéndome gemir cuando sentí su pene rozar con mi feminidad desnuda. Caleb alzó su vista de inmediato al sentirme así y mirarme por completo. Desnuda y dispuesta frente a él. No supe descifrar bien su mirada a más que una de asombro y maravilla. Contemplando mi cuerpo desde mis piernas a cada lado de su cintura hasta mis senos, por supuesto también mi rostro ya que su mano fue a parar allí cuando paró de inspeccionar mi cuerpo. Acariciando mis pómulos, mis labios hinchados luego de manejarlos sobre él y mi nariz. Todo esto sin decir una palabra mientras yo seguía encima, rozando mi sensibilidad con la suya. Tenía que admitirlo.

Jamás me sentí más amada que en aquel instante.



Caleb

Tenía que tocar para creer lo tenía frente mío era real y no un sueño. Christine estaba a horcajadas encima de mi cuerpo desnudo completamente desvestida, sin una pizca de ropa que pudiera obstruirme una linda vista a ella y su plenitud. Mostrando sus piernas hermosa, largas y torneadas. Junto con su cintura perfectamente pequeña y unos senos que ya los había visto, sin embargo jamás dejaban de sorprenderme terminando por quitarme la respiración. Pero ahora estaba sin bragas, por fin podía verla sin nada que ocultar. Su hermosa feminidad completamente desnuda y sonrosada frente a mí rozándose juguetonamente con mi miembro excitado. Quería poseerla más que nunca, quería que nos entregáramos como sea a este placer que estaba seguro que ambos ansiábamos. Creo que estaba delirando después de casi perder mis sentidos con su boca tomándome. Pero en sí sabía lo que quería después de todo. La quería a ella.

Rodeé su cintura con mis manos para tomarla bien y acomodarla en mi regazo. Quería tener una última visión antes de que perdiera por completo la cabeza, al convertirme en un hombre por completo por las manos de aquella afrodita. Le sonreí suspirando. Joder, no podía negar cierto nerviosismo con todo esto. Pero ya qué, lo que importaba era que la quería y estábamos a punto de hacer el amor. No había nada más en mi mente y en mi corazón que eso.

-Te quiero –Susurré con sinceridad mientras la veía lista para hacer el toque final. Me miró y la verdad fue que vi ciertos augurios de que quería llorar. Mierda, yo también sentía esa sensación, sin embargo debía controlarlo. Debía controlar hasta qué punto sentía aquellas cosas por Christine pero no lo lograba.

-Y yo a ti –Dijo por último en un suspiro que la hiso cerrar los ojos. Para luego deslizarse con suavidad sobre mi miembro y hacerme entrar por completo en ella y en su corazón.

Joder, me apretaba como el infierno. Jamás pensé sentir una sensación tan fuerte y a la vez tan relajante en la vida. Pero ahí estaba, la penetración fue tan lenta que me hiso dar un gran jadeo largo mientras la castaña se sentaba sobre mi masculinidad. Volviéndome un hombre y al mismo tiempo que la hacía mi mujer. Tomé con firmeza su pequeña y delgada cintura para incentivarla a que continuara con su actividad. Ya que de por sí se había quedado quieta acomodándose internamente a la anchura y longitud de mi miembro. Ella gimió cuando hice un movimiento de cadera para acomodarme mejor en su entrada. Al parecer le había gustado que lo hiciera, tanto como a mí me gustaba verla sobre mí. Comenzó a estabilizarse y luego de un instante, inició ella misma su primera embestida. Sujetándose de mis rodillas mientras subía primeramente sobre mi pene para luego bajar robándose a sí misma suspiros de placer. Yo sólo la contemplaba mientras lo hacía con mis manos sobre su cintura, tenía mi mandíbula apretada, todo iba tan malditamente lento que era una frustración gratificante y sin embargo sabía que esto sólo estaba empezando. Hiso el mismo movimiento después con suavidad y lentitud. Sintiendo cómo mi masculinidad llegaba al fondo su cuerpo. Dios, su cavidad era tan húmeda y exquisita que no encontraba más características que hacerle más que aquellas.

Quería gritar y sacar todo el león enjaulado que tenía dentro en cada lenta embestida que hacía. Pero tenía que ser paciente aunque me resultara lo más difícil del mundo. Después un rato, sus largos roces se convirtieron en pequeños saltos que daba con sus ojos cerrados y yo jadeaba cada vez que lo hacía. Estaba disfrutando de esto. Volvió a hacerlo esta vez, sólo que ahora lo hacía con más rapidez que antes, mierda santa. Ya no eran roces largos sino que eran brincos en cada segundo que pasaba. Ya no sabía qué hacer, necesitaba sujetarme de algo para gritar y devorar a la chica que estaba poseyendo. Pero sólo me digné a tocar con pasión su plano abdomen hasta sus senos.

-Caleb –Gimió mi nombre mientras no dejaba de dar esos infernales brincos de placer sobre mí. No podía controlarme, ya no me pude controlar con lo que acababa de escuchar. Dijo mi nombre y eso fue como activar mi botón más salvaje. Pellizqué sus senos robándole chillidos más fuertes. Jadeaba como un loco y ella gemía tan fuerte que resonaba en mi habitación. Los brincos iban cada vez más rápidos que estaban a punto de dejarme sin cabeza. Mi cama sonaba un poco mientras lo hacía, pero me importaba una mierda. Nuestros cuerpos eran lo único de lo que podía estar pendiente en ese momento. Me senté. Ya no lo toleraba, algo se crecía dentro de mí que quería salir y no hallaba la forma de pararlo más que seguir haciendo esta obra con Christine. La besé con pasión. Ella no me respondió al segundo ya que estaba pendiente de saltar y provocar ese placer arrollador entre los dos. Nuestras lenguas se hacían el amor mutuamente, tan pasional como lo estábamos haciendo nosotros en ese segundo. Ella me tomó con fuerza mi cuello sin parar con las embestidas infernales. No aguantaba ni un segundo más por lo que la tomé por la cintura brusca e inesperadamente para cambiar de posición y ganarme encima de ella. Entre sus piernas. Y mi miembro palpitando con fuerza en su interior.

Inicié embistiéndola con lentitud para luego cambiar mi velocidad y continuar con una rapidez increíble. Pero nada se comparaba a lo que veía en ese momento. Christine debajo de mi cuerpo gritando durante el tiempo en el que yo era el que le hacía el amor con fuerza y rapidez. Sus senos se movían en cada movimiento que hacía con mi zona masculina sobre la suya. Sus brazos estaban ya encima de su cabeza con sus ojos cerrados y su boca entreabierta por demás sacando cualquier gemido fuerte cada vez que la embestía con fuerza. Jadeaba en su boca, quería besarla pero al parecer nuestros gritos y jadeos no nos dejaban. Mis brazos estaban sujetos a la marquesa de mi cama por encima de su rostro, mientras que sus piernas sólo me rodeaban durante mis embestidas que a ratos iban lentas y otras rápidas. Me estaba volviendo loco. Nuestros cuerpos sudorosos no demostraban lo contrario, claro. Sus piernas seguían apretándose con fuerza alrededor de mi cintura, incentivando a que la penetrara con más dureza.

Instantes después nuevamente llegó a mí la sensación del principio. Algo comenzaba a crecer dentro de mí y necesitaba sacarlo de una forma u otra. Pero ni de mierda paraba, Christine seguía con sus ojos cerrados y sin dejar gemirme aún más fuertemente en mi boca. Era increíble.

-Dios –Gritó guturalmente de la nada durante mi penetración rápida, donde saqué y entré con mi miembro con tanta rapidez y dureza que… Joder, lo sabía. Mi chica había tenido su primer orgasmo esta noche. Dejé que se relajara parando un instante después de sentir su chillido, pero ella me lo prohibió con unas palabras escondidas en un gemido que jamás olvidaría –No pares –Trató de inhalar hiperventilada y yo sólo me dediqué besarla mientras continuaba con mi faena agitado. Estaba casi en la cima, mierda.



Observé sus senos nuevamente moverse mientras seguía encima de ella siguiendo con la típica y conocida posición del misionero, penetrándola con pasión. Christine había tenido su segundo orgasmo hace unos segundos. Sin embargo no había parado, quería seguir haciéndole el amor. Ella estaba más que satisfecha y me sonreía entre su rostro sudoroso. El mío debía estar igual. Demonios, ya no había nada más que hacer con esto confirmaba mis sentimiento y los ordenaba. Yo no quería a Christine.

Yo la amaba.

No había nada más que describiera mejor lo que siento que el amor. Santa mierda.

Mi corazón comenzó a latir aún más rápidamente y mi cabeza estaba a punto de explotar. Sabía lo se avecinaba y estaba más que listo. Inicié para terminar unas embestidas increíblemente rápidas que hacían que Christine chillara más y me apretara en su interior incitándome a llegar donde quería. Mierda. Jadeaba como un loco, debía admitirlo. Las corrientes iban y venían desde mis testículos hasta mi cuerpo por completo. Mis convulsiones aumentaban y no había nada más que hacer que apretar con fuerza la marquesa que aún tenía sujeta entre mis manos. Eso sí, sin dejar de contemplar a la castaña completamente sexy que tenía debajo de mi cuerpo, mirándome con expectación y extasiada de placer. Comencé a jadear aún más, gritando casi o como un león enjaulado. Apreté mi mandíbula hasta casi rompérmela en varias ocasiones cuando las convulsiones venían con fuerza. Estaba a punto, joder. Lo sentía entre mis dedos.

-Christine –Jadeé cuando estaba logrando llegar hasta mi punto en lo alto.

-Déjate llevar, Caleb –Dijo aquello agitadamente frente a mi rostro, disfrazando las palabras incisorias para que me corriera como anhelaba hacer profundamente. Mis ojos se cerraron sin soportarlo más, mi cuerpo convulsionó como nunca antes y mis testículos se hincharon de placer al sentir cómo llegaba a mi clímax.

Sentí cada poro de estrés de mi cuerpo irse a la mierda. Grité haciendo que resonara en toda mi habitación, pero me importaba un pepino. Me quedé sin respiración viendo con mis ojos cerrados fuegos artificiales en pocas palabras. Mi corazón casi se salió de mi sistema circulatorio, joder, increíble se queda corto con lo que acababa de sentir en ese momento. Si esta no fue una buena primera vez, no sabía lo que era. Tragué saliva tratando de regular mi respiración y palpar cómo mi semen corría por la cavidad húmeda de Christine. Suspiré tratando de volver a la normalidad o al menos a la tierra. Pasaron minutos en los que quedé encima del cuerpo de mi castaña, en donde mi rostro se escondía en su cuello para regular mi sistema nervioso, quería asegurarme de lo que pasó no era un sueño, sino que una bendita realidad. Salí del escondite perfumado del cuello de Christine para darme la vuelta y quedar mirando mi techo. Ahora más calmado que antes, mi respiración se manejó. Joder. Giré mi vista hacia ella, fijándome por primera vez desde que me corría que estaba con sus ojos cerrados. Estaba de igual forma que yo, apaciguando sus sentidos.

-Christine –La llamé susurrando su nombre en su oído. Abrió sus ojos maravillados para luego brindarme una sonrisa preciosa. Me giré para abrazarla por la cintura, no había nada de qué esconderse. Ambos estábamos desnudos y me encantaba así. Estábamos sudorosos, ambos y era aún mejor.

-Me dejaste exhausta –Bromeó en un suspiro. Le sonreí divertido para luego besarla tiernamente. La amaba, mierda. Lo tenía claro con esto.

-Perdón. No fue mi intención –Respondí pícaro, ella rio escondiéndose bajo mis sábanas –Hey, no te avergüences ahora –Jugueteé fingiendo buscarla en medio de mi cama con diversión. Ya nada podía sacar la sonrisa de mi cara, desde ahora en adelante, mientras tenga a Christine en mi vida claro. Ella era todo lo que necesitaba poder ser feliz como todos ansiábamos en la vida. Y estaba dispuesto a apostar lo que sea por el amor que sentía por ella, nada más me importaba.

Quité mis sábanas en las que estaba escondida como una niña pequeña para darme una vista a una Christine sonriente y sonrojada con una pizca de cansancio en su mirada. Eso y que aún estaba un poco sudorosa por lo que habíamos pasado. Suspiró regocijándose cerca de mis brazos, no dudé en abrazarla de inmediato y dispuesto a no soltarla nunca más, en la vida.

-Tengo sueño –Susurró apenas abrazándose a mi pecho. Le acaricié su cabellera castaña clara.

-Quédate conmigo linda, toda esta noche –Quise decir “para toda la vida” pero no quería asustarla. Sentí un suspiro relajado por parte de ella.

-Eso no es bueno. Mañana toca instituto y no sé si logre levantarme contigo a mi lado –Bromeó con su voz apagándose, haciéndome ver que el sueño le estaba ganando. Le sonreí con toda mis ganas pegándola mejor a mí. Vi mi reloj del otro extremo de mi cama para darme cuenta que daban exactamente las 10:00pm. Era bastante temprano y de por sí recordé que Melanie llegaría con Darrell mas o menos a esta hora. Él sabía qué hacer con respecto a mi hermana y más cuando no me veía presente en la sala de estar, aquello sólo significa que me había quedado dormido y él sólo debía ocuparse de llevar a mi hermana a la cama para dormir. Luego le agradecería por eso.

-Descansa. No te preocupes por el mañana –Sentí su último suspiro rozar con mi pecho, verla descansar así entre mi cuerpo me gratificaba de una forma infinita. Pero decidí tomar mi propio consejo, decidí no pensar en el mañana y descansar con ella todo el tiempo que sea necesario. Sin soltarla, disfrutando cada respiración que nos dábamos por lo que besé su frente antes de ella sucumbiera en un sueño profundo. Inhalé su perfume exquisito, sintiendo cada poro de mi piel estremeciéndose cuando lo hacía. La abracé con fuerza, poniendo mi boca sobre su oreja susurrando lo que tenía claro desde que nos entregamos uno con el otro –Te amo –Dije por último sabiendo que ya se había entregado a los brazos de Morfeo.



Christine

Abrí mis ojos por inercia. Sin fijarme ni preocuparme por la hora que apuntaba el reloj peligrosamente. Aunque no había tal peligro por lo que vi ya que el sol aún no se asomaba por completo. Levanté mi mirada para darme cuenta que el reloj precisamente apuntaban las 6:00am. Aún era temprano pero había una cosa, no estaba en mi departamento.

Las imágenes rápidamente aparecieron ante mí como un rayo de luz recordando la hermosa noche anterior, y hacerme dar una sonrisa de por sí. Abrí mis ojos más notoriamente para fijarme que estaba en el cuarto de Caleb. Al tratar de moverme sentí un brazo fuerte rodeando mi cintura con posesividad por mi espalda, di vuelta mi vista para poder contemplar mejor el rostro dormido del castaño de hermosos ojos. Sonreí alegre, viendo que nuestros cuerpos aún seguían desnudos y más juntos que nunca. De verdad, jamás olvidaría la noche anterior. Nada, absolutamente nada se comparaba con lo que viví. Ni siquiera el semental con quien mejor lo he pasado en la cama se comparaba con la exquisitez que sentí. Y es que alguien dijo que el sexo era bueno, pero el sexo con amor era aún mejor.

Sentía que ya nada me podía separar de ese chico, siempre nos uniría algo tan fuerte que no sabría cómo describir. Exhalé enternecida y completamente adorada por el rostro adormilado y cansado de Caleb.

Traté de no despertarlo apartando su brazo de mí, afortunadamente lo logré. Vi nuestras prendas de ropas tiradas en el piso y no pude evitar sonrojarme. Tomé lo primero que encontré y fue el bóxer de Caleb junto con su camisa a cuadros que me llegaba un poco más abajo del trasero. Me vestí rápidamente para después dirigir mi vista hacia él. Mirándolo mejor se veía extremadamente caliente desnudo y durmiendo entregadamente a su sueño más profundo. Sonreí internamente saliendo de su habitación.

Como era temprano decidí prepararles el desayuno, en poco tiempo tendrían que levantarse los hermanos Small. La verdad es que tenía un poco de miedo al saber que Melanie hubiera sospechado lo que ocurrió cuando la pequeña no estaba presente. Pero cuando recordé que había llegado con el amigo del castaño cuando estábamos dormidos me tranquilizaba, aunque ella no supiera que me encontraba aquí. Suspiré preparando un tazón de cereal para los hermanos junto con un poco de jugo en el comedor. Yo sólo me dediqué a hacerme un café para tener energías por la mañana. Saber que hoy tendría que ir al instituto me desanimaba como nunca, pero el hecho de ir con Caleb me alegraba y mandaba a la mierda esos sentimientos de tristeza.

-¿Por qué no me despertaste? –Preguntó una voz masculina y soñolienta a mis espaldas, en realidad había un silencio inminente en su cocina por lo que me relajé sin tomar en cuenta cuánto tiempo había transcurrido tomándome esa taza de café. Me giré sobre mis talones para poder contemplarlo con sólo un pantalón de pijama puesto. Se veía caliente así, debía admitirlo. Sonreí al ver su rostro de sueño y su cabello más que desordenado.

-Te veías lindo durmiendo y además, aún es muy temprano para que te levantes –Él levantó sus hombros viendo los tazones de cereales junto con sus jugos y sándwiches con queso. Digno de un buen desayuno matutino. Me frunció el ceño entretenido.

-¿Lo hiciste tú? –Ahora fui quien levantó sus hombros, asintiendo. Él fue con rapidez hacia mí para abrazarme por la cintura. Obligándome a poner mi taza de cafeína a un lado para poder corresponderle de la misma forma –Es perfecto, igual que tú –Me terminé sonrojando como una colegiala. Lo abracé poniendo mis brazos alrededor de su cuello, suspiré.

-Melanie ¿Está durmiendo? –Quería cambiar de tema, no supe por qué, pero quería hacerlo. Me daba miedo lo que sentía y sin embargo, prefería escaparme como una cobarde. Estúpida. Caleb asintió, ahora dirigiendo su vista a mi cuerpo.

-La fui a ver a su cuarto hace poco. Parece un angelito –Sonreí tentada por besar sus labios, los cuales tenía demasiado cerca.

-Igual a su hermano –Él finalizó por reír para robarme un pequeño beso. Me encantaba despertar de esa forma, no dudaba que me encantaría estar así por el resto de mis días. Tragué saliva mentalmente.

-Christine –Me llamó cambiando su semblante a uno entre serio y sincero. Ambos sentimientos juntos –Anoche, lo que pasó anoche fue lo mejor que he pasado en toda mi vida –Acaricié su cuello entendiéndolo, demonios, cómo lo hacía.

-La mía también –No mentí. Así fue. Rozó su nariz con la mía causando un roce mortal para mi ímpetu. Sonrió causando un leve toque con mis labios.

-Te ves hermosa con mi ropa puesta –Me acercó más a él, haciéndome saber que estaba un tanto “feliz” en términos mañaneros. Si es que me entienden –Pero si es que puedo decirlo, te prefiero sin ropa –Bromeó susurrante jugando con mis labios nuevamente. Abrí mis ojos sin poder creer lo que decía, divertida claro.

-No digas esas cosas. Para mala suerte nuestra, tenemos que ir al instituto –Él rodó los ojos, sí, yo pensaba lo mismo.

-Pero aunque sea así. Te aseguro que no te escaparás de mí, nunca –Sabía que hablaba en serio y para quitar todas esas emociones que provocaron sus palabras. Decidí besarlo con fuerza y pasión, causando un pequeño gemido salir de sus labios. Su lengua entró abruptamente a mi cavidad y la mía, la aceptó gustosamente. Comenzamos una guerra de lenguas colonial y que muy pronto nos dejó sin aire. Caleb presionó más mi cintura contra él para sentir mejor lo que era su masculinidad. Joder, no era bueno empezar así el día. Pasaría toda la maldita tarde frustrada sabiendo que no podíamos hacer más que un par de besos en la mañana.

-Caleb para –Susurré extasiada entre sus besos mortales. Estaba provocando cosas que no podrían pasar, mierda.





-No puede ser –Ambos sentimos una voz aguda en nuestras espaldas que nos hicieron girar abruptamente. Mostrándonos a una pequeña Melanie con su pijama rosado y con una mano en su boca demostrando sorpresa. Me separé con rapidez de Caleb, viendo un tanto sonrojada a la pequeña –Ustedes son novios –Terminó por chillar emocionada. Palmeando sus manos reiteradamente y con una sonrisa en su rostro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario