sábado, 20 de septiembre de 2014

Capítulo 8 -Sensitive-

Christine

Quería besarme. Esos eran los únicos pensamientos que atravesaban mi cabeza desde que salí de la tienda de Caleb. Tuve la oportunidad plena de haber probado esos labios que tenía a tan pocos milímetros de mí, haciéndome dar cuenta que no costaría nada que me volviera peligrosamente adicta a ellos. Sencillamente no pude, eso no estaba bien. Tener algo con Caleb le afectaría tanto a él como a mí. A él por el simple hecho de no saber si lo que “tendríamos” tuviera futuro alguno. Yo no puedo estar con un hombre por más de una semana ¿y si ese gusto no duraba más que eso? Le afectaría y no sólo a él, sino también de quien me encariñé sin querer, Melanie. No quería dañarlos, yo no era para él. Una chica de secundaria era lo que él necesitaba, yo no estaba en su plano más que para ser su amiga. Ahora yo tenía este trabajo que siempre soñé y también me afectaría. Quería procesar tanto para bien en mi vida y un hombre era lo último que necesitaba. En estos momentos tenía a Nick para conocerlo y poder entablar una relación si las cosas funcionaban, él si era para mí en cuanto a todo, pero no me sentía completa a su lado. Ni en comparación con el chico de hermosos ojos. Tenía un revoltijo de mierda en mi cabeza que no debería de haber tenido si tan sólo hubiera seguido a mis principios desde el comienzo. Aventuras, sólo aventuras y nada más. Mi trabajo no hubiera tenido
nada que ver con eso y aun así seguiría feliz.


-¿Ya te vas? –preguntó Caleb con un cigarrillo encendido en su mano, viéndome bajar las escaleras de su casa. La verdad era que para cuando recién llegué me sorprendí bastante de lo hermosa y acogedora que era. Todo combinaba con los colores grises y algunos rojos oscuros. No era una casa enorme como tampoco era tan pequeña. Era una típica casa para que vivieran 3 o 4 personas. No más de eso lo cual me parecía bien viendo sólo a Caleb y a Melanie. Ahora mi inquietud o más bien mi incertidumbre aún no se iba ¿Sus padres dónde demonios estaban? Si bien me sentía entrometida al preguntarle eso, pero sentía la necesidad. Después de haber jugado con Melanie y reírnos de las experiencias que pasé cuando niña en el colegio, procesé aquello y decidí que si él quería me lo diría. Sólo tenía que darle tiempo, mierda, Chris no seas estúpida.

Asentí mirando mi reloj de mano que apuntaba las 10:35pm y luego a Caleb quien parecía haberme estado esperando abajo en las escaleras y por lo que veía o no sabía si era mi imaginación, era que estaba muy decepcionado al saber que me iba. Me estremecí al ver el cigarro en su mano pero no le comenté nada, después de todo, viví toda mi niñez inhalando aquel humo que tendía a tener mi padre.

-Sí, ya es un poco tarde –dije tratando de no respirar. Odiaba ese olor, mierda tenía que decirlo. –Por cierto, dejé a Melanie durmiendo con su pijama y todo. No te preocupes. –le hablé con una sonrisa. Él suspiró

-Gracias, por lo de hoy Christine. No tienes idea de cuánto te lo agradezco

-Ya Caleb. Me has estado agradeciendo desde que salimos en la tarde de la tienda –lo interrumpí divertida. Y era cierto ¿Qué acaso no entendía que lo que menos me importaba era la porquería de dinero? –Caleb me sonrió maravillosamente.

-¿Ella está enojada conmigo verdad? –no le respondí sabiendo a quien o a qué se refería, no podía mentirle respecto a lo que sentía su hermana. A lo que él entendió inmediatamente –soy un idiota. –inhaló nuevamente la droga para luego sentarse en el pequeño sofá que tenía a un lado de las escaleras.

-No, no lo eres –me mordí el labio inferior –sólo la cuidas y eso está bien. Más que bien diría yo –asintió pensativo

-Sí, pero me comporté como un imbécil con ella. No se lo merecía –suspiré

-¿Y si yo la acompaño en su fiesta? –levantó su vista de repente. Como si lo que hubiera dicho hubiera sido cosa del demonio o algo por el estilo.

-¿Qué? –asentí

-Sí, digo. Si tú no puedes ir, yo iría y la cuidaría. Después de todo es sólo una fiesta de niños ¿no?

-Chris, escucha –susurró para luego pararse rápidamente en frente mío. Joder, no pude evitar ruborizarme después de tan sólo horas de haber vivido ese momento hermoso en el que casi nos besamos, si no hubiera sido por mi estúpida boca. –Hoy hiciste algo maravilloso para mí que incluso creería que ni con toda una vida infinita te podría pagar –bufé rodando los ojos. Pero él siguió, ignorando mi expresión –pero ya no puedo aceptar nada, Dios ¿crees que no tengo sentimientos acaso? ¿Cómo crees que después de lo que hiciste voy a poder aceptar más de ti? No es justo.

-Caleb, no importa. Para mí es más que un placer ayudarte y poder pasar tiempo con tu hermana. De verdad ¿por qué no me crees? –pensé en decirle la verdad del por qué no me importaba el dinero que daba. Pero luego me dije que aquello conllevaba a una explicación más amplia, la cual aún no estaba lista para hacer.

-Sí, te creo pero lo que no entiendo es ¿por qué lo haces? –era una buena pregunta. Demonios, sí que lo era. Ahora tendría que responderle pero la realidad era que no tenía una respuesta concreta.

-Si te soy sincera, bueno, la verdad es que no lo sé. Me caes muy bien Caleb, no eres igual a tus compañeros ni a los otros alumnos que he conocido en estos días y –suspiré. Creo que estaba a punto de ahogarme con mis propias palabras. –Es eso, me caes de maravilla, supongo que es por eso.

-¿Y por Mel? ¿por qué quieres hacer todo esto por ella? –levanté los hombros, inquieta

-Es una niña especial. Es preciosa, risueña y creo que en cierto punto, me recuerda a mí cuando era niña –lo contemplé tragar saliva.

-No es justo. Yo no estoy capacitado para darte algo a ti y tú haces todo esto por nosotros Chris. Es que no puedo creerlo –quise golpearlo, al mismo tiempo que deseaba besarlo hasta que el mundo se acabara.

-Pues créelo, yo no tengo ningún otro interés Caleb. ¿Por qué no confías en mí?

-Si confío, pero ¿sabes? es difícil

-Lo sé y es por eso que quiero que me conozcas

-¿Y es por eso que quieres ir a la fiesta con mi hermana? –asentí

-Quiero estar con tu hermana, pasear con ella. Y estoy más que segura que ir a esa fiesta le ayudaría mucho en su confianza –lo vi moverse y apagar su cigarrillo en un cenicero color madera, que por alguna razón no había visto en la mesita de decoración que tenían. Estaba demasiado pensativo, si podía decirlo –por favor sólo dame esa oportunidad tanto a mí como a Melanie.

-¿Y si le pasa algo?

-Entonces, dejaré que me asesines con tus propias manos –él me terminó por mirar con ojos entrecerrados para luego soltar una risa. Si su sonrisa matara creo que ya habría muerto hace mucho tiempo. –Ten confianza en mí ¿Sí? Ella me dijo que la fiesta sería a las 3 pm, yo la vendré a buscar y estaré con ella todo el tiempo. Luego la vendré a dejar a casa o si quieres, a tu tienda para que no esté sola –él terminó por suspirar

-¿Ella te trató de convencer verdad? –no le respondí nuevamente, no podía mentirle, Melanie sí trató de convencerme con argumentos que de verdad me parecían buenos. Lo cual le di la razón, pero también pensaba que Caleb estaba exagerando un poco con la situación. –Es una pequeña hermosa monstruo –reí ante su forma de llamarla

-Entonces… ¿me dejarás ir con ella? –hice un puchero tratando de parecer tierna e inocente a lo cual él no pudo evitar reírse.

-Eres adorable –no recordaba cuando fue la última vez que me sonrojé por un hombre. Pero lo único que recordaba era que en ese momento sentía fuego en mis mejillas. –Pero creo que te pondré a prueba. –mis ojos se iluminaron ante su afirmación tratando de apaciguar mis pensamientos.

-¿También me dejarás ir de compras juntas pasado mañana? –volví hacer un puchero. Y él volvió a poner un gesto serio.

-Chris –me llamó en forma de advertencia. Bufé

-Por favor Caleb cuándo vas a entender que para mí es más que un placer compartir con tu hermana y… bueno, también, contigo –vi que los nervios apoderaron su cuerpo al decir lo último. Me estremecí, mierda. ¿Por qué dije eso?

-Es, es un poco tarde –tartamudeó, insinuándome que lo que dije le dije le afectó emocionalmente. No supe si aquello era bueno o malo. –Te iré a dejar. –afirmó sin siquiera preguntarme, yendo por una chaqueta de cuero que tenía colgada justo en la parte de atrás de la puerta de entrada y salida. Tenía que admitir que con ella se veía muy caliente, no, extremadamente caliente.



Para cuando me subí a su camioneta destino a mi departamento no hubo palabras más que las indicaciones que les di para ir a mi hogar. Supuse que el comentario que le di no fue muy oportuno a la situación. Y es que tampoco fui consciente de que lo hice, así que para aliviar esa maldita tensión que comúnmente provocaba yo en Caleb, traté de hablarle.

Mala idea.

-¿Te puedo hacer una pregunta?

-Ya la has hecho –rió. Aunque supe en realidad que no le hiso mucha gracia –pero adelante, soy todo oídos –le sonreí

-¿Tienes novia? –alguien, de verdad, si estuvieran justo al lado mío estoy segura que me cortarían la lengua con unas tijeras. ¿Por qué demonios le pregunté eso? De verdad, hoy ha sido uno de esos días en los que callada me veo más bonita. Su gesto se puso serio, pero no tanto como creí.

-No, nunca he tenido –abrí mis ojos sorprendida ¿qué? ¿cómo era eso posible? Digo, debería ser ilegal que un chico como él, nunca haya tenido alguien con quien comprometerse o alguien a quien llamar “amor”. Tragué saliva al imaginarme a Caleb con una chica, mi estómago se contrajo con sólo pensar en eso. ¿Qué me estaba pasando con este chico? No entendía lo que sentía por él. Era algo que nunca pude lograr sentir por nadie más hasta ahora. Ni con mis ex novios que tuve a mis 16 o 17 años pude sentir tal atracción de una forma incomprensible. Mierda.

-¿De verdad? –cada minuto que pasaba con él descubría algo nuevo. Y sin mentir, cada vez que descubría algo, me cautivaba aún más.

-No tengo tiempo Chris. Para mí lo principal en mi vida siempre ha sido Melanie y tener una novia de quien preocuparme es algo que no está en mis planes –la respuesta me dejó en silencio. Aunque en cierta forma lo sabía ¿quién puede tener tiempo para tener una novia cuando tiene una tienda que mantener, y una hermana pequeña a la cual cuidar? Joder, pero si sus padres tan sólo estuvieran presentes. ¿Qué clases de padres eran? Ellos deberían de cuidar a Mel, no Caleb, él es sólo un adolescente a punto de ser un completo adulto.

-¿Y tus padres? Ellos podrían cuidar a Mel ¿no? –dije con cierto tono molesto. Su gesto ya no era relajado ni mucho menos serio. Era algo que no podría descifrar, como si estuviera pensativo. No dije nada malo como para que se pusiera así, me dije a mí misma mentalmente.

No respondió.

El camino se hiso corto para cuando llegó al edificio de mi departamento, quise preguntarle si estaba enfadado por alguna cosa que dije. Pero me mordí la lengua, últimamente meter la pata era uno de esos talentos míos que se desarrollaban en poco tiempo.

-Bien, llegamos –suspiró. Me contempló girando su vista y así darme una oportunidad para ver aquellas perlas que me hacían estar en las nubes. Le sonreí estremeciéndome.

-¿Dije algo malo Caleb?

Negó aun mirándome, daría lo que fuera, por saber que estaba pensando en ese instante.

-¿Por qué lo preguntas? –frunció su ceño. Levanté mis hombros

-Estás serio –exhaló

-Siempre soy así

-Pero a veces sonríes y sinceramente, me gusta más así –algo vi en sus ojos en el momento que dije eso. Se iluminaron y fue como si toda su seriedad se hubiera evaporado en el aire. Su gesto se relajó

-Lo único que puedo decirte Chris es que, no he tenido una vida fácil ¿entiendes? –asentí a punto de derrumbarme sin saber por qué –pero aunque sea así. Aunque haya tenido una vida de mierda, te aseguro y te lo juro por Dios, que nunca he conocido una persona tan maravillosa como tú. –no pude más. Terminé por besar su mejilla con una lentitud que sentí como se estremecía. No supe si fue porque le sorprendió que lo hiciera o porque de verdad sintió cosas que no estaría bien sentir entre nosotros. Tragó saliva para luego girar su rostro y quedarnos solo a milímetros de cercanía. Cómo era posible que con tan sólo ese gesto o esa acción sintiera más cosas de las que jamás pude sentir. Sus ojos me traspasaban y su nariz respingada rosaba con la mía. Mis manos automáticamente fueron a sus hombros y a veces a su cuello. En pocas palabras me tenía abrazada a él. Tan cerca de su boca que creo que me hipnoticé por ella. Quería tocar sus labios, maldición, lo deseaba con toda mi alma. Sus manos lentamente subieron a mi cintura y se quedaron allí acariciándome. Haciéndome tener escalofríos, eso no estaba bien. Pero no quitaba el hecho de que no se sintiera bien. Era tan cómodo estar en sus brazos que me sorprendí de cómo no me volvía adicta a ellos. Sus labios estaban tan accesibles a los míos, rosados naturalmente y para culminar con mi poca cordura mordió su labio inferior. Con lentitud se acercó a mí, respirábamos el mismo aire en su camioneta ¿Quién iba a decir que en ese vehículo hubiera tanta química en el aire? A la mierda, yo quería besarlo y sentía que él también lo quería. También me acerqué y sólo bastó ese gesto para que Caleb me besara con determinación.

Mis labios se abrieron automáticamente a los suyos junto con mis ojos que se cerraron con lentitud. No me esperaba que aquello fuera real, sólo podía sentir eso en mis sueños. Pero esto no era un maldito sueño, aquello era real, sus labios me tenían en el aire. De vez en cuando jugaba con su lengua entre mis labios y aquello ayudaba a que me acercara más a él, gimiendo por el placer interminable que se sentía al compartir suspiros con aquel chico. Caleb estaba sentado en el asiento del conductor y yo en el del copiloto, por lo que el manubrio un poco desgastado era lo único que nos separaba de nuestro tacto infernal y placentero. No podía despagarme, joder, quería respirar pero él tampoco me soltaba. Estaba tan abrazado a mí como yo de él. Sentía sus jadeos cuando lográbamos separarnos sólo unos segundos para retomar el aliento y volver a juntarnos de esa forma que me estaba matando y a la vez regresando a la vida. ¿Podía ser eso posible? He dado muchos besos en mi vida y aquello, aquello ni siquiera se asemejaba ni un poco a esos besos duros y sin ningún sentimiento de por medio. Esto era tan hermoso que me hacía sentir todo tipo de sensaciones. Gemí en sus labios cuando me apretó con sus grandes brazos por mi pequeña cintura mucho más contra él. Casi chillé cuando me llevó a su regazo con sólo un pequeño movimiento. Esto era tan malditamente caliente, contenía tanta pasión guardada entre nosotros. Con cuidado y ni supe cómo mierda lo hice, sin dejar de besarnos, me acomodé encima de él. Mientras que me abrazaba con posesividad y yo ponía mis piernas a cada lado logrando estar a horcajadas encima de mi alumno.

Caleb jadeaba y gruñía con mis movimientos lascivos que hacía, mientras que su cuello lo tenía prisionero en mis manos y mi pequeña cintura sufría una dulce condena de las caricias duras y a la vez suaves de las manos de Caleb. No supe cuánto tiempo estuvimos así, pero al demonio. Yo disfrutaba esto y por lo que veía, él también. No pensaba en nada, no pensaba en cómo podía afectarme en mi trabajo aquello. En qué pasaría si Nick se enterara que yo no estaba tan siquiera interesada en él, ni lo que diría mi madre al estar con alguien del bachillerato. Nada me importaba, todo me valía un pepino en ese instante. Lo único que pasaba por mi cabeza era que Caleb tenía los labios más suaves, dulces y calientes que he probado.

Con suavidad y siempre, con lentitud. Bajé mis manos desde su cuello hasta su pecho que por lo veía era duro como roca, luego bajé mis manos hasta su estómago y tampoco me equivoqué al acariciarlo. El chico estaba bien ejercitado y sus abdominales bien definidos. Con descaro, metí mis manos por debajo de su camisa a cuadros y sentí como él aguantaba su respiración sin dejar de besarme. Mi juego al parecer le gustó ya que sus besos se fueron desde mis labios hasta mi mejilla, y desde mi mejilla hasta mi cuello. Por lo que se quedó ahí, besando, succionando y mordiendo. Haciéndome gemir fuertemente. Siguiendo con la faena de acariciarlo con mis manos en su piel suave debajo de la estorbosa ropa, comencé a besarlo de igual forma en su cuello. Olía tan bien, no era un olor exagerado a colonia masculina que algunos hombres extrañamente se obsesionaban. Sino que era algo natural, olía a un perfume propio, exuberante y extremadamente bienoliente. Me encantaba en pocas palabras. Creo que no pude más cuando sentí las manos de Caleb subiendo mi blusa y acariciando mi espalda con extrema suavidad mientras seguía ocupándose de mi acalorado cuello. Todo era tan mágico, nunca, en toda mi puta vida había sentido tanto placer como el que sentía ahora. Me había acostado con varios hombres y ninguno logró complacerme a este extremo tan siquiera llegando a la parte del sexo. Ni con el sexo llegaba a tener este semejante placer, joder. Eso y que sólo nos estábamos besando. Dios, ni siquiera me imaginaba lo que sería hacer el amor con Caleb. Con todos esos pensamientos que me tenían más allá de las nubes. Lo volví a besar, necesitándolo, como si mi vida dependiera de aquello.



La magia, terminó con un inoportuno sonido de un celular que para precisar mejor, no era el mío.

-Mierda –susurró él.

Con un sonrojo más allá de lo extremo y con la respiración agitada a más no poder, me salí rápidamente del regazo de Caleb para acomodarme mi blusa que la tenía más arriba de mis estómago, pero no tanto como en la altura de mis senos. Vi a Caleb, también, agitado con el pelo más desordenado de lo que normalmente lo tenía. La camisa subida de igual manera y su abrigo de cuero totalmente abierto. Con prisa y nerviosismo empezó a buscar su celular que al parecer no lo tenía a simple vista. Luego de varios segundos buscándolo con impaciencia entre todas sus cosas que tenía en la parte trasera y si lo miraba mejor, aún estaba con la excitación a simple vista. Igual que yo, maldición.

-¿Hola? –dijo tragando saliva al teléfono. Aún con su respiración alterada, aunque la trataba de fingir. Mientras lo escuchaba hablar con quién sabe quién. Me tapé el rostro con mis manos avergonzada ¿con qué cara lo miraba ahora? Esto fue más allá de mi maldito control. No me reprendía de haber besado a Caleb y haber actuado así. Digo ¿cómo mierda una persona se puede arrepentir de algo que en serio disfrutó? Lo que verdaderamente me reprochaba era el hecho de que no me pude contener. Él me llevaba fuera de mis límites. Tan siquiera hoy por la tarde él me quería besar y se lo prohibí por el simple hecho de hacer lo correcto. Pero hacer lo correcto no necesariamente es lo mejor para nosotros. No pude aguantarme, joder. Lo vi, ahí, a mi lado. Tan perfecto que no pude evitarlo. Mis sentimientos hablaron verdaderamente, no mi mente.

Entonces decidí alejarme, lo mejor era pensar en esto sola y no con quien me confundía. Por lo menos hasta calmarme. Tomé mi bolso que lo tenía a un lado y salí rápidamente de su camioneta directo a mi departamento, el cual debí haber entrado hace ya por lo menos 15 minutos. Sentí el llamado de Caleb desde su camioneta que con prisa sentía como se iba alejando, me iba yendo de ahí casi corriendo con la mirada hacia abajo ignorando sus insistentes llamados. Ni siquiera era capaz de verlo a los ojos. Alejarme era lo mejor tanto para él como para mí. Con esos pensamientos me fui.

Aunque sabía en el fondo de mí ser que hacer eso, no era suficiente.



Caleb

Ni siquiera fue necesario poner el despertador ya que prácticamente no pude conciliar el sueño en toda la maldita noche. En cada parpadeo que daba estaba ella, ella y su olor. Sus labios con los míos. Por un momento en mi vida podría decirse que me sentí condenadamente feliz, aunque hubiera sido sólo por un instante. Me sentí completo, supremo. Como si Christine le hubiera dado ese último toque a mi vida para ponerlas patas arriba y cambiar todo. Para bien, por supuesto. Demonios, nunca me sentí más feliz en mi vida como cuando la tuve en mis brazos. En cuanto la sentí mía, completamente mía. Donde compartimos más que unos besos cualquieras. En donde traspasábamos más que una calentura de mierda. Sentí por un instante que ella era mi todo, por lo que todo lo que he sufrido me hubieran dado una recompensa. Y más que una recompensa. Sus labios eran más que un regalo, los gemidos que trataba de contener mientras la acariciaba y otros que no tuvieron tanta suerte por lo que gemía en mi boca. Todo era malditamente perfecto que parecía irreal. El sonido de mi celular fue el único obstáculo que tuvimos con Christine para seguir con esa danza perfecta de nuestras bocas o mejor dicho, de nuestros cuerpos. Juro que nunca en mi puta vida pensé en sentir ese tipo de placer, Chris me llevaba a donde nadie logró llevarme nunca. Como si estuviera hecha para mí como yo de ella. Hasta que se fue. No entendí aquello, ella también quería besarme ¿no? ¿Por qué demonios el arrepentimiento? Estaba claro que entre nosotros no podía haber nada más que una relación de profesora y alumno. Pero eso no cambiaba las cosas, demonios, ella quiso entrar en mi vida, encariñarse con mi hermana y crear sentimientos entre nosotros ¿a cambio de qué? ¿de su huida? No la entendía como tampoco entendía lo que sentía por ella. El amor resonó de la nada en mi mente. Mierda. ¿Era eso? Joder, y sí lo era, no estaba preparado. Melanie y mis padres fueron las únicas personas que estuvieron más cerca del amor en cuanto en mis sensaciones. Jamás me fijé en una chica de ese modo. Y ahora aparecía Christine, quien arranca para cuando mis sentamientos se estaban aclarando referente a ella.

Suspiré llegando al instituto luego de ir a dejar a Melanie a la primaria. Me ignoró todo el trayecto, aún seguía enojada conmigo así que decidí no decirle nada respecto a Christine. Aunque quisiera, mi subconsciente al parecer aún no creía lo que había pasado entre nosotros ayer por la noche. ¿Qué pensaría ella de todo esto? Conociéndola y viendo la manera en la que le agrada, le encantaría. Con todos esos pensamientos grabados sólo en mi profesora llegué a mi salón sabiendo que a primera hora no me tocaba con Chris. El anciano Martins empezó a hablar de la historia de Europa o no sé qué mierda, no logré prestar la mínima atención pensando en ella. Pasé toda la mañana y parte de la tarde solo en la cafetería. Me gustaba estar así, además sabía que si no jodía, no me podían joder a mí. Busqué siempre con la mirada a Christine pero en ningún momento la vi, supuse que estaba en el salón de profesores o algo por el estilo.

Cuando llegó la última hora, los silbidos de los adolescentes necesitados se hicieron notar haciéndome ver que venía Christine con su tan definido contoneo de caderas.

-Buenos tardes estudiantes –saludó con una sonrisa fingida que sólo la noté yo. Me enderecé en mi silla. Su mirada estuvo baja todo el tiempo, evitaba mi mirada en todo el transcurso de la clase. Jamás me miró o tomó en cuenta las respuestas que daba. Cosa que yo hacía para llamar su atención pero ni eso tomaba en cuenta. Para cuando terminó se fue rápidamente, se fue tan a prisa que ni siquiera pude alcanzarla fuera del salón. Era más que obvio que arrancaba de mí. Mierda y mil veces mierda. ¿Era eso lo que quería? Maldita sea, poner mi mundo patas arriba ¿y luego irse? La seguí, mandé al demonio el hecho de guardar mis cosas en mi casillero ya que luego lo haría. Me puse mi bolso en mis hombros mientras corría hasta la salida y en donde podría estar ella. Fui hasta el estacionamiento y la vi. Pero no como quisiera.

La vi subiéndose a un auto que resultaba bastante familiar, un BMW negro para ser más preciso. Pero no era eso lo que caracterizaba la situación. Sino, quien le abrió la puerta y le dio un abrazo bastante comprometedor antes de que subiera. Apreté la mandíbula entendiendo todo.



Ella estaba con Harrison, Nicholas Harrison.

martes, 16 de septiembre de 2014

Capítulo 7 -Sensitive-

Christine

-¿Cuál es tu puto problema? –traté. Lo juro por Dios que traté de estar calmada en todo momento, pero ver a Nick sentado tan tranquilamente luego de lo que hizo hoy por la mañana, comiendo un sándwich de no sé qué, me puso los pelos de punta. ¿Quién se creía que era como para tratar de esa forma tan despreciable a Caleb? En el momento justo en el que lo hizo no supe ni qué demonios hacer o decirle. No lo veía venir, mi cara después casi cayó al suelo y para variar Caleb se molestó. No supe bien si fue conmigo o con Nick o con todo el mundo. La tercera era más convincente ante los ojos de cualquiera.

-¿Disculpa? –Nick se hizo el desentendido ante mi pregunta por lo que siguió comiendo su almuerzo. Joder, me estaba tratando como si fuera una tonta. No quería hacer un show a mitad del instituto y con todos los alumnos almorzando. Pero este tema me estaba sacando de quicio, tal vez por eso no pude parar de pensar en eso en todo el día hasta ahora. Sobre todo al recordar la mirada de odio y enojo que tenía Caleb la última vez que lo vi. Como tampoco podía olvidar el hecho de que cualquiera que se dignara a tratar de menospreciarlo sacaba lo peor de mí, era extraño y totalmente loco pensar eso de una persona a quien le importa un pepino el bienestar del hombre con quien está. Lo raro es que me preocupaba de mi alumno, de Caleb, del chico de quién no debería fijarme pero aun así me veo atada a él. Lo cual se me hace una hermosa y dulce condena.

Mierda, tenía que parar de pensar así antes de que lleve esto más lejos. El hecho de que Caleb se acercara a tan solo centímetros de mí por la mañana, aunque haya sido por enojo, sentí tantas cosas que hasta ahora no podía entender bien. Tal vez me quise excusar yo misma al querer discutir con Nick para poder olvidar ese revoltijo de sentimientos que no tenía hace bastante tiempo. Pero si era sincera, no me molestaría en lo absoluto volver a sentirlo. 

-No me trates como a una tonta –susurré con enojo, sentándome a su lado. No con buenas intenciones. Si no que era consciente de que no quería iniciar un altercado en medio del comedor. No le convenía tanto a mí como a Nick. –¿Cómo pudiste tratar así a un alumno por la mañana?

Él levantó los hombros como si no fuera un tema para él.

-¿De qué trato me estás hablando? –resopló con el ceño fruncido –No le dije nada de lo que no fuera verdad

-¿Acaso sabes la razón por la que repitió? Y aunque fuera así, no te da derecho a reírte así de alguien –él terminó por dejar su almuerzo de lado para mirarme mejor, haciéndome saber que aún seguía con el ceño fruncido.

-¿Por qué lo defiendes? –me incomodé por lo que me moví inquieta en la silla. Ni supe el porqué de mi comportamiento delator.

-No es cosa de defender Nick. Lo que hiciste fue muy cruel y maleducado de tu parte

-Aún sigo sin entender en donde fue que me equivoqué con ese engendro ¿dije alguna mentira Chris? –bufé

-Ni siquiera lo conoces como para hablar así de él.

-¿Y tú si? –preguntó enojado. Al parecer también estaba sacando lo peor de él. Negué acongojada, la actuación a veces me venía bien.

-No, pero al menos yo tendría la decencia de tratarlo bien si he visto que no ha hecho nada malo –respondí seria. Él me miró con los ojos entrecerrados. ¿Dónde había quedado el Nick tierno que con suerte me tomaba la mano cuando sólo éramos unos críos? Porque realmente no lo veía en ese instante. Recordé las palabras de Alyssa antes de venir al trabajo. Al tipo no lo veía hace prácticamente hace 10 años ¿cómo fui tan estúpida al pensar que seguía siendo el mismo? El hombre parado frente a mí no se parecía a mi primer novio, inocente y tierno de quien me encariñé.

El rubio de nariz respingada suspiró sacando su gesto de enfado y suavizando la mirada ante mí.

-¿Por qué estamos discutiendo de esto Christine? –exhaló acercándose –ayer, tú estabas en mi cama. Hicimos el amor y ahora ¿discutimos por una estupidez como esta? ¿dónde quedó nuestro trato de romanticismo?

-No es ninguna estupidez, lo que hiciste no –me interrumpió antes de que siguiera. Joder.

-Para mí si lo es. ¿Acaso voy a tirar a la basura la cita que tenía planeada hoy para ambos por un niñato como ese? –casi me caí de la silla al oír eso. Demonios.

-¿Qué? –él asintió con una sonrisa

-Mi forma de conquista empieza desde hoy en la noche. Iremos a cenar y luego te llevaré a mi departamento ya que –me dio un beso en la nariz. Suerte que nadie vio eso –te tengo una sorpresa. –susurró tierno. Bien, ahora Chris piensa en cómo ser suave al decirle esto. De seguro me querrá, pero me querrá enterrar viva.

-Pues yo –titubé. Me empecé a marear de la nada. El sólo hecho de negarle una cita a Nick me ponía nerviosa. Supuse en mi interior que sabía lo que venía, conociendo o no al hombre que tenía en frente mío –Tengo cosas que hacer, me temo que no puedo –susurré levemente. El rostro se le desfiguró en pocas palabras. La leve sonrisa que le duró tan sólo unos segundos se había esfumado a la velocidad de la luz.

-¿Cómo?

-Lo siento ¿sí? Pero tengo planes…

-¿Qué tipo de planes? –preguntó terco y con rapidez. Santa mierda.

-Cosas con, digo, esto, mi mejor amiga –volví a titubear. ¿Qué diablos me pasaba? Era exactamente una de las razones por la que no deseaba tener ningún hombre en mi vida. Explicaciones, explicaciones y más explicaciones. Tenía que decirle hasta qué tipo de perfume debía usar para que se sintiera tranquilo y comprometido con la relación. Además tampoco quería exponer a Caleb diciéndole que iría a su casa para estar con su hermana, sería demasiado estúpida como para hacer eso después de darme cuenta de que tanto a Nick como a Caleb no se agradaban ni un poco. Pero no era un desagrado común que hay entre un inspector y un alumno, había un desagrado de esencia.

-¿Tu mejor amiga? ¿crees que soy idiota? –pensé en contestarle pero luego quise arrancarme la lengua al querer responderle un descarado “sí”. Pero como dicen, hay que pensar dos veces las cosas antes de decirlas, supongo.

-Es verdad. Ayer no pude estar con ella por lo que hoy planeamos divertirnos juntas –suspiré. Él me miró pensativo, neutro por un momento. Como si de verdad se tragara esa vil mentira –Vamos Nick ¿para qué te mentiría? Además, mañana podemos ir a donde tú quieras –me acerqué a él con una sonrisa fingida. La idea de estar con él estaba disminuyendo gravemente y la idea de haber aceptado “conocernos” se estaba yendo a la mierda. Soy una estúpida.

-¿Segura? –aún estaba con el ceño fruncido. No tenía tiempo para que me dieran ataques de sinceridad.

-Sí Nick, igual como te aseguro que mañana iremos a dónde tú quieras –nuevamente le sonreí. Él asintió, aún serio. Creo que si trajeran justo en este momento al payaso más gracioso del mundo no lo haría reír ni por casualidad. –Cambia esa cara ¿sí? –tomé la idea de Alyssa con eso de hacer un puchero, así que lo hice, idiotamente. Él lanzó una risa irónica.

Bien.

-¿Me acabas de hacer un puchero? Dios, que niña eres –reí. No supe si tomarlo como un insulto o un alago así que solo asentí.

-Entonces –exhalé –¿Mañana? –pregunté ahora más seria dirigiendo a la invitación para la cita. Él rodó los ojos y terminó por resignarse.

-Mañana.



(…)



La jornada de trabajo había terminado y con eso todos los profesores ancianos deprimidos se fueron. Supuse que si Caleb no me estaba esperando para ir por su hermana me tendría que ir en taxi, no era que lo culpara, yo también me hubiera ido por el numerito que había pasado. E incluso creo que hubiera golpeado a Nick. Da igual, ahora que iba en camino fuera del instituto me iba resignando a que tendría que irme en un espantoso taxi. Y por si preguntan, odiaba irme en taxi.

Todos mis pensamientos se quedaron en el mismo aire, para cuando vi el lado del estacionamiento a un solitario Caleb afirmado en las afueras de su camioneta viendo la pantalla de su celular. Suspiré.

Demonios, ese chico realmente era guapo. No era de ese tipo de belleza que tienen esos musculosos modelos con una sonrisa de comercial para pasta dental y con más testosterona que cerebro. Era algo más misterioso con un aire de dureza y determinación para ser cerrado. Era como una cebolla, tenías que pelarla para encontrar la parte que querías de ella. Supongo que es eso lo que tendría que hacer con Caleb. Su pelo totalmente ondulado y desordenado me hacía ver que no se preocupaba por su apariencia y por lo que veía en su manera de vestir, tampoco. No era un insulto aquello, al contrario, demostraba que la vanidad no era una de sus cualidades lo cual agradecía indudablemente. Sus vaqueros desgastados y sus botas sucias junto con una camisa a cuadro que usaba casi siempre remangada lo convertían en un ser humano sensible a mi ímpetu. Mierda.

-Hola –saludé despistándolo de su teléfono, que, al parecer era muy importante lo que escribía. Levantó la vista y suavizó el ceño fruncido que tenía en lo que aparentemente lo tenía afligido. Casi siempre sabía cuándo le gustaba a un hombre o por lo menos cuando le atraía. Pero extrañamente no podía ver eso con Caleb, no podía ver los sentimientos que poseía más allá que su gesto de seriedad. Tal vez no le gustaba o simplemente pensaba que algo entre nosotros sería totalmente absurdo. Nuevamente no lo culpaba, también pensaba lo mismo en cierto punto.

-Hola –dijo tragando saliva. –Después de ir a buscar a Mel tengo que ir a arreglar algo en la tienda… –habló serio inmediatamente –¿Te importa acompañarnos hasta allá? –negué inmediatamente luego de moverme incómoda. No me incomodaba ir, al contrario, era sólo que ver a Caleb revolviéndose el pelo nervioso me hizo sentir cosas extrañas.

-No, por supuesto que no. –él asintió mirándome. Entonces con extrañeza pasó algo raro que nunca antes había sentido. ¿Han oído sobre las mariposas en el estómago? Bueno, supongo que yo en ese momento tenía a mariposas en un circo. La respiración no me llegaba a los pulmones al observar mejor sus ojos. Preciosos, claros como el mar y con un toque de dureza. Maldición, cómo me gustaban.

-¿Vamos? –preguntó algo sofocado. Puede ser que le pasó lo mismo o tan sólo me tomó como una loca viéndolo en silencio. Terminé por asentir. Cuando subí al lado del copiloto pude observar su camioneta mejor de lo de afuera. Y podía decir que era un tanto… corriente. Adentro había un olor inconfundible a cigarrillo que desde los 15 años precisamente no toleraba. En su interior había una radio con varios botones no puestos aún y algunos salidos, los asientos un tantos rasgados con una gran cantidad de polvo acumulada en adentro de él y el piso del vehículo sin duda necesitaba una limpieza. El barro y el polvo que tenía aquel transporte era lo que más podía describirlo. Decidí acomodarme e ignorar comentarlo en mi interior.

Caleb se acomodó en el asiento piloto y se colocó su cinturón de seguridad para luego arrancar. Iba hacer lo mismo cuando noté que el género en donde debería de estar sujeto el candado para evitar un accidente estaba rasgado. Él se acomodó la garganta –Ese asiento está, emm, un tanto malo, perdón –le sonreí sincera

-No importa. Espero que seas un buen conductor –él rió. Su sonrisa, Dios.

-¿Por qué lo dices?

-Así evitas chocar la camioneta y para variar no matarme –bromé soltando una risa. Él hizo lo mismo. Por alguna razón era sincera estando con él, era una de las pocas personas que podía ser verdadera y ser yo misma. Lo cual era raro siendo que ni siquiera lo conozco. Mis comentarios son lanzados que ni siquiera los pienso. Esa era la diferencia entre los demás y él, podía ser yo misma.

-Tranquila, llevo años conduciendo y ninguna vez he tenido un accidente en este cacharro.

-Es bueno saberlo –dije mirándolo. Él hizo lo mismo provocando un suave choque de miradas que de una u otra forma era lindo y a la vez un tanto extraño. Me perdía en ese azul profundo y sentía que no podía despegarme. Era sensible a ellos, era sensible a Caleb. –¿Te molesta si bajo la ventanilla un poco? –pregunté tratando de interrumpir mis sentimientos un poco. No era bueno admitir eso lo cual prefería evitar. También porque el olor a cigarrillo aún seguía vigente y no podía tolerarlo. Él asintió de inmediato sin sacar la vista de la carretera

-¿Te inquieta el olor a cigarrillo? –preguntó él con curiosidad, ahora sin apartar su mirada de enfrente.

-Un poco –suspiré el aire que entraba al auto –digamos que me trae malos recuerdos –dije despacio. Sentí su mirada posada en mí luego de decir aquello, supuse que quería preguntarme pero el duro y reservado Caleb nuevamente aparecía en la palestra.

5 minutos más de viaje en los que estuvimos en silencio, 5 minutos en los que se hicieron bastante cortos estando al lado del castaño con hermosos ojos. Los silencios que a veces emanaban a nuestro alrededor no eran los que tenía con Nick, aquellos eran vacíos e incómodos. Pero con él, eran como si nos comunicáramos sin abrir nuestras bocas. Nuestras sonrisas y sonrojos se hablaban en vez de nosotros. Era cómodo, lindo y placentero. Lo que hacía bastante tiempo no sentía o más bien nunca sentí.

Tragué saliva cuando llegamos a la primaria en donde estaba Melanie, muchos niños salían en busca de sus padres y algunos se iban en grupos grandes de compañeros. Ninguno superaba la de edad de 13 o 14 años. Veía a niños en los brazos de sus padres y fue entonces cuando me llegó la sensación de querer saber de los padres de Caleb. Aún tenía esa interrogativa desde que vi a Melanie en el trabajo de su hermano. Fruncí el ceño sin querer, pero cuando vi a la copia exacta del chico que tenía a mi lado venir corriendo hacia nosotros con una sonrisa de oreja a oreja el gesto se fue a la mierda y sonreí al verla, esa niña era preciosa.

-Caleb –gritó eufórica abriendo con dificultad la puerta de los asientos traseros, acomodarse para después vernos con una sonrisa, al parecer se había divertido.

-Hola pequeña –le sonrió él cálidamente. Noté algo tan lindo en sus ojos que quise llorar, él la amaba tanto que era capaz de matar o morir por ella. De eso no había duda. –¿Mi beso? –pronunció él poniendo su mejilla para que luego la niña le diera un beso que resonó en toda la camioneta. Juro por Dios que quise llorar ante esa escena tan tierna.

-Hola –me saludó un tanto sonrojada –No puedo esperar a jugar con mis muñecas contigo Chris, tengo muchas que se parecen a ti –dijo sonriente inmediatamente

-Me alegro mucho princesa, porque yo tampoco puedo esperar –le fui sincera. Ella chilló de la emoción, me recordó a Alyssa en cierta forma. Reí estúpidamente en mi mente.

-¿Y? ¿cómo te fue? –preguntó ahora Caleb conduciendo destino a su tienda. Melanie tapó su rostro encantada, como si hubiera recordado algo que la hizo feliz.

-¿Recuerdas a Josh? Pues… –puso una voz de espectador, bastante graciosa –éste sábado en la tarde es su cumpleaños, hará una fiesta y me invitó–dijo para luego saltar de alegría en el asiento trasero. Noté como miró Caleb a su hermanita risueña por el espejo retrovisor, con gesto serio. El gesto fue tan duro que me dio escalofríos.

-¿De verdad? –dije con alegría. Quise aliviar la tensión que se creó en el cuerpo del chico –¿Y qué lindo vestido vas a usar eh? –entonces la sonrisa de la pequeña castaña desapareció lentamente.

-Yo no tengo vestidos tan lindos como los tuyos Chris –respondió casi con una puchero saliendo de sus labios y desanimada. Me sentí, de nuevo, miserable ¿cómo puede existir alguien que sea tan inocente? Dios.

-No te preocupes, cualquiera de estos días te llevaré al centro comercial y estaremos todo un día de chicas ¿te gustaría eso? –hablé mirándola y contemplar como sus ojos azules igual a los de Caleb, se iluminaban por completo

-¿De verdad harías eso?

-Por supuesto que sí, para mí sería un placer princesa –dije con una sonrisa. Caleb interrumpió la emoción de la niña. Cielos.

-Ok, de vuelta a la realidad. Agradezco tu intención Chris de verdad –se acomodó su garganta mirándome con dureza. En ningún momento agudizó su gesto. –Pero lamento decir que no irás a esa fiesta Melanie, ese día tengo trabajo y Darrell no puede cuidarte así que tendrás que venir conmigo

-¿Qué? Pero –la niña estaba a punto de entrar en llanto ¿y yo? Quería que me tragara la tierra literalmente.

-Es mi última palabra pequeña. Lo siento, pero no tengo otra opción –La situación estaba clara para mí, discutir y comentar no eran una opción. Aunque ganas de preguntarles si no había otra posibilidad no me faltaban.

-Sí, hay. Puedo cuidarme sola Caleb

-No, no puedes. Eres una niña y no te dejaré al cuidado de alguien que ni siquiera conozco –lo impresionante era que iba con el ceño fruncido mirando la carretera pero aun así, discutía con su hermana. Demonios y es aquí donde me pregunto ¿Y sus padres?

-No puedes hacerme esto, es mi oportunidad de conocer amigas –la pequeña estaba a punto de llorar, lo sentía.

-Lo lamento pero no puedes y es mi última sentencia –sólo eso bastó para que Melanie llorara en silencio en el asiento trasero. No era capaz de hablar con esa discusión y por ese carácter tan frío como el que acababa de presenciar de Caleb. Ahora más que nunca me daban ganas de saber el trasfondo de su vida. Me sentía atada a eso, joder.



Habíamos llegado a la tienda luego de minutos en los que sentía los sollozos de Mel. Quería ir donde estaba sentada ella y abrazarla. Y lo hice para cuando Caleb salió de la camioneta sin decir una palabra para ir a su tienda.

-Tranquila princesa –susurré cuando la tenía abrazada a mí. Olía a frutillas. –a veces los adultos tienen problemas y no pueden concedernos los deseos que queremos.

-¿Te ha pasado?

-Pero claro que si –dije acariciándole su pequeña cabellera –cuando era pequeña y le pedía a papá que me llevara al parque de diversiones, él me lo negaba siempre. Decía que no tenía dinero suficiente para eso

-¿Y qué hiciste? –su llanto comenzaba a cesar luego de un instante.

-Me enojé mucho, no te lo voy a negar –respondí –pero luego de varios años entendí el por qué me negaba todas esas cosas

-¿Por qué lo hacía entonces? –sonreí

-Cuando seas mayor, vas entenderlo princesa. Pero por ahora lo único que puedo decirte es que disfrutes tu niñez –susurré cerca de su cabellera –aún te falta mucho para vivir fiestas y hacer amigas. Sólo necesitas tener fe –dije con una sonrisa. Y luego me regaló lo más hermoso que me pudo haber dado después de ver su llanto.

Me dio su sonrisa.

Caleb

El mensaje de Matt me tenía en un universo paralelo. Supongo que por esa razón fui capaz de mandar a la mierda hasta mi propia hermana e inconscientemente también a la chica que me gustaba. Los proveedores al parecer venían teniéndome las pelotas por el piso hace prácticamente dos semanas y casi siempre iban en el horario en donde estaba Jessica o Matt. Pero nunca coincidían conmigo. Tenía que pagarles dos meses jodidos de pedidos necesarios para la tienda y el dinero lógicamente no me caía del cielo. Las ventas de la tienda habían bajado un poco por lo que necesitaba más de tiempo para completar la cuota, pero mientras más pasaban los días, las malditas cuotas subían.

-Hola Small, al fin te encontramos –me saludó seriamente el tipo obeso con canas, chaqueta y corbata. Brian Cox. Era el típico hombre que yo insultaría y golpearía luego de hablar por televisión haciéndose el político interesante. Además de él, había dos hombres más y mucho más altos que yo con músculos hasta en las orejas. Eran sus guardaespaldas o ayudantes o lo que sea.

-Escucha, sé a qué viniste y de verdad, te juro que pagaré pronto. La tienda recién comienza y –él me interrumpió. Maldito canalla.

-Sé que comenzó la temporada de la tienda hace poco Caleb. Pero desde finales del año pasado te vengo diciendo lo mismo –su voz ronca era el significado de haber fumado cigarrillos toda su vida pero ignoré ese hecho. Y seguí con, mi patética súplica.

-Por favor, te aseguro que me conseguiré el dinero esta semana –él negó con la cabeza. Mierda.

-Te he aguantado bastante –suspiró –Sólo estábamos esperando a que vinieras y te avisáramos lo que íbamos hacer

-¿Y qué se supone que van hacer?

-Vamos a sacar discos que cubran con sus precios todas las cuotas que debes –me quedé en blanco en pocas palabras. Demonios, demonios.

-¿Qué? ¿me van a sacar los discos? –grité eufórico. Creo que se escuchó hasta la otra calle, pero a la mierda, todo me importaba una mierda excepto la tienda que me había heredado mi padre y el futuro de ella.

-Lo siento Caleb, no quiero ser el villano. Pero así debe ser –dijo por último para hablarles a los orangutanes de ayudantes. Los hombres fueron afuera para luego entrar con unas cajas. Joder, me tomé el pelo con rabia y frustración, no sé cómo no se me cayó. Esto no estaba pasando

-¿No hay otra forma de arreglar esto Brian? –habló por primera vez Matt quien se mantenía al margen de la discusión

-Lo he esperado mucho y he tratado de contactarme con él para advertirle. Pero nunca lo encontré. –me miró con pesimismo –De verdad, yo no quería que esto pasara –Los hombres comenzaron a tomar los discos de la vitrina. Mierda, no quería ver esto, no quería ver cómo se destruía mi tienda. La tienda de papá.



-Hey, tu hermana se durmió y –apareció una Christine totalmente distraída con una sonrisa a lo que pasaba ahí. Pero en cuanto vio a los hombres llevándose lo que había en la tienda y mi cara de, obviamente, soldado derrotado quedó en silencio. Casi más blanca que un papel. Preguntó con una mirada puesta en la mía, pero no supe que hacer. Ella me estaba matando y no podía tolerar el hecho de que viera en vivo mi humillación. Traté de sacarla tomándola del brazo, no supe si fui delicado pero mi mente no estaba razonable en esos momentos.

-Por favor, ve y cuida a Mel en la camioneta por un rato ¿sí? –ella asintió

-Sí, pero primero dime Caleb, qué está pasando –me susurró en la entrada. Su mirada de preocupada me cautivó tanto que tragué saliva. Basta, joder, basta.

-No importa, sólo ve por Mel

-Pero

-Ve por ella Chris

-No –negó seria. Jodida mierda –No hasta que me lo digas –pronunció como última palabra, no podía discutir con ella. Menos en esta situación.

-Me están embargando ¿sí? –dije por último, gritándole como un hijo de puta. Como el hijo de puta que realmente era. Ella frunció el ceño, sin intimidarse ante mi grito estúpido. La vi ponerse seria para luego ir nuevamente adentro, más precisamente donde estaba Brian.

-Disculpe ¿Es usted quien lleva a cabo el embargo? –él asintió mirándola con extrañeza, no lo culpaba. Yo la miraba igual. –¿Cuánto es lo que debe? –ahora la mire alarmado ¿qué demonios?

-¿Qué mierda? Chris… –la llamé a lo que ella realmente ignoró por completo.

-¿Qué? Señorita

-¿Cuánto es lo que debe? –repitió dura, seria y neutra. Joder, tenía razón. Hasta así se veía hermosa. Brian titubeó.

-1000 dólares en total –respondió. Toda mi cordura se fue en cuanto ella sacó su billetera y sacó una libreta en los cuales era obvio que contenía cheques. La vi escribir una cifra en silencio. Y yo sencillamente no sabía qué diablos hacer.

-Supongo que aceptará cheques ¿verdad? –Brian asintió de inmediato. Christine rasgó el papel para luego dárselo en sus manos. ¿Qué podía hacer? Se notaba que estaba decidida y que aunque le suplicara, no sedería.

-Bien, ahí está todo. –El anciano obeso miró el papel para luego levantar su vista con aire de satisfacción.

-Vaya, Caleb tienes mucha suerte de tener una novia como ella –señaló a Christine. Quise negarlo pero esperé a que ella le confirmara que no había ninguna relación. Pero no sucedió lo que me extrañó, suspiré. –Oigan, desempaquen todo y ordénenlo de nuevo. Las cuotas están pagadas –llamó a los orangutanes. Ellos obedecieron como animales.

Rayos, hacerle un monumento a aquella mujer era poco.



-Gracias –le dije mirándola a los ojos cuando Brian, Matt y los musculitos se habían ido. –Te juro, te juro por Dios que te pagaré hasta el último centavo en cuanto tenga el dinero –Chris negó con la cabeza

-No Caleb, tómalo como un pago por el mal trato que viviste hoy con Nick –tragué saliva

-No, de verdad. Te lo pagaré y no insistas

-Tu no insistas –dijo ella exasperada –Dime Caleb, si no aceptas la ayuda de las personas ¿cómo esperas ayudarte a ti mismo? –La pregunta me tomó desprevenido, quise cortarme la lengua al darme cuenta de que tenía toda la maldita razón. Entonces mi ímpetu pudo conmigo.

La abracé, la abracé por todo. La hubiera besado si no fuera porque aún tenía un poco de cordura en mi cerebro que decía que era una chica inalcanzable para mí y sea como sea, nunca pasaría nada entre nosotros. Sentí su aroma, olía a vainilla suave, olí su cuello ya que mi nariz o mis sentidos la guiaron ahí. La rodeé con mis brazos en su pequeña cintura y sentí como ella suspiraba también en mi cuello poniendo sus brazos en mi ancha espalda y haciéndome sentir escalofríos. Había tanta química entre nosotros que no supe cómo no hubo una reacción radioactiva. Estuvimos así varios minutos que parecían infinitos, preciados, como si no existiera nada alrededor.

Saqué mi cuello de su dulce escondite para mirarla. Vi cómo nuevamente se perdía en el azul de mis ojos. Mandé a la mierda mi cordura, mis sentidos y todo lo que se interpusiera. Quería besarla y eso superaba cualquier obstáculo.

Para cuando lo iba hacer, su voz suave me interrumpió.

-No me beses –susurró suplicante. Fruncí el ceño, pero no tanto, ya que en cierto punto me encanta la forma en que suplicaba, como si fuera una tortura no poder tocarnos con nuestros labios. Lo cual era cierto.

-¿Por qué?

-Porque vas a complicarlo todo –tragó saliva. Le sonreí

-¿Te he dicho que me gustan las complicaciones? –ella rió negando con la cabeza. Separándose lentamente de mí.

-Vamos –dijo tomándome de la mano –Mel nos espera. –terminé por sonreírle para luego seguirla. De una cosa estaba seguro y podía admitirlo sin complicaciones.





Estaba loco por ella.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Capítulo 6 -Sensitive-

Christine

-Es tiempo de despertar pequeña zorrita –sentí la voz insistente de Alyssa despertar mis censores rápidamente. No tuve tiempo ni para abrir los ojos, sólo sabía en ese preciso instante que si venía un millonario a ofrecerme todo el dinero del mundo para levantarme de mi cama lo mandaría al demonio y seguiría durmiendo. –Hice una leche con chocolate caliente y no pienso tomarla sola eh. –bufé entresueños.

-5 minutos más –ahora fue la morena quien bufó.

-Si ayer ni siquiera te dignaste a llamar a tu mejor amiga e irte de juerga no es mi culpa. –la oí para luego sentir una gran iluminación potente en mi habitación. Había abierto las persianas en señal de que mi dulce sueño se había acabado –Es más, creo que debería patearte el culo por ese hecho. Pero como no soy rencorosa y te adoro, te hice una leche con chocolate que te hará subir 300 kilos, pero valdrá la pena cariño.

-¿Qué hora es? –logré pronunciar

-6 con 30 –dijo con una sonrisa de oreja a oreja. Como si aquel hecho fuera digno de una sonrisa –es tiempo de que te arregles, te duches y comas lo que te preparé

Me senté en la cama rascando mis ojos y acomodar mi vista ante esa odiosa iluminación. Creo que bostecé más de mil veces antes de poder mirarla mejor.

-¿Cómo entraste?

-Me ofendes Chris –puso su mano en su corazón como si la hubiera herido de verdad. Quise reírme ante su cara de drama catastrófico, pero ni energía para eso tenía. La única cosa enérgica que podía lograr hacer era dormir. Si contaba como ejercicio, claro. –Aunque si quieres saber mejor, poner las llaves de repuesto de tu departamento debajo del tapete es un tanto trillado, créeme nena, no querrás que un travesti loco llegue a tu casa y te viole. –Rodé los ojos

-Qué estás esperando para decirme qué me hiciste para comer –ella saltó de repente con un chillido para llegar rápidamente a mi lado. Señalando una bandeja con un tazón de chocolate caliente con un pedazo de pie de manzana que por alguna razón no logré ver que eso estaba al lado, en mi pequeño mueble para dormir –¿Lo hiciste tú?

-Por supuesto que lo hice yo ¿por quién me tomas? Estos 3 años siendo secretaria me tenían que servir de algo ¿no? –bufó –ah y además, tienes que ir al supermercado chica, tu refrigerador está más vacío que la cabeza de una supermodelo. –levanté los hombros

-Sí, creo que hoy iré después del trabajo –dije para luego bostezar de nuevo. Ella exhaló

-Rayos, pareciera como si Hulk te hubiera poseído. ¿Qué diablos hiciste anoche? O mejor dicho ¿con quién lo hiciste anoche?

-¿Por qué todo lo tienes que relacionar con sexo?

-No lo sé. Tal vez si no hubiera olido tu vestido de anoche y encontrar que tiene una gran cantidad de colonia masculina diría que dormiste mal. –abrí los ojos como platos, aunque no me sorprendiera en lo absoluto. Alyssa por más que me costara admitirlo, era bastante inteligente. –Pero como soy tu mejor amiga y te conozco, sé que hiciste cosas sucias y aptas para una película pornográfica.

-No fue nada anormal, bueno, algo así –ella se escandalizó

-¿El tipo era gay?

-¿Qué? No, es sólo, ash, maldición –pronuncié tomándome la frente. Tenía jaqueca, joder –¿Recuerdas a Nick? –La morena frunció el ceño –el tipo del campamento de verano del 2004. Ese, en el que no pudiste ir por la alergia que tomaste por comer almendras –luego de unos segundos ella abrió los ojos más grandes que dos cocos.

-¿El chico scout? O sea, ese novio tuyo de verano que me llegaste hablando y todo eso. Dios, no puede ser –abrió aún más los ojos –te reencontraste con él

Terminé asintiendo para luego querer taparme los oídos con su grito chillón.

-Dime, dónde, cómo y cuándo –suspiré

-¿Dónde? en su departamento ¿cómo? creo que tú más que nadie sabe cómo se hace aquello ¿cuándo? Ayer después del trabajo –respondí a cada una de sus dudas por orden dejando a la morena casi estupefacta.

-Espera ¿después del trabajo? Quieres decir que trabaja contigo –sentí que su boca casi toca el suelo. Quise reírme pero el sueño aún dominaba parte de mi cabeza.

-Es el inspector

-Ay Dios, paren el mundo que me bajo ahora –habló fingiendo echarse viento agitando su mano en su rostro. –¿Y? –fruncí el ceño ante su pregunta histérica

-¿”Y” qué?

-¿Está guapo? –volví a levantar los hombros asintiendo

-Aunque fue algo raro, digo él quiere que nosotros –tragué saliva –nos conozcamos y si funcionan las cosas, tengamos una relación seria en pocas palabras –vi su mirada alarmante sacar chispas.

-¿Y qué le respondiste tú?

-Que sí, podría ser –ella bufó rodando los ojos –Dios, Aly, al chico no lo veía hace como 10 años y hace 3 tuvo una relación mala en la que, bueno, lo engañaron…

-Espera ¿engañar? ¿quieres decir que le pusieron los cuernos? –asentí

-Y no con cualquier persona, su hermano… –Vi que abría sus ojos aun más. No podía creer cómo no se le salían de tantas veces que había quedado sorprendida con nuestro tema de conversación.

-Wow, eso es –se acomodó la garganta –un poco patético. Pero por lo menos alégrate Chris, ahora tendrás internet gratis –fruncí mi ceño no entendiendo –Dios que lenta eres, sus cuernos alcanzan hasta para el wi-fi, debe ser asombroso –respondió a mi gesto para luego soltar una gran carcajada. No supe si reír o reprocharla por esa broma de tan mal gusto. Aunque si era sincera, quise más reírme.

-Que mala eres

Para cuando calmó su risa se colocó seria, me acomodé en mi cama para ver lo que venía. Ver a Alyssa Jefferson seria no era un buen presagio para nadie.

-Pero bueno, hablando en serio. Si quieres “estar con él” debes tener un poco de cuidado

-¿Por qué? Se ve que es un buen tipo –Alyssa asintió

-Puede ser, pero como dijiste no lo veías hace 10 años y hace poco lo engañaron. Y todo el mundo sabe que a los hombres no les gusta ser engañados, por lo menos a ellos les cuesta un poco más superar aquello –respondió como si fuera la doctora amor o algo por el estilo. Aunque no podía negar que podía llegar a tener razón.

-Sí, lo sé pero fue hace bastante tiempo. Creo que esa fue la razón por la que se fue de Cleveland

-Exacto. Se fue porque no superó que le hayan visto la cara. –suspiró –Mira zorrita, te quiero y es por eso que te digo que te cuides. Los hombres que son engañados y no superan eso, pueden llegar a ser un tanto peligrosos.

-Sí, puede ser –hablé pensando en ello. ¿Qué pasaría si Nick no lograba ser lo que era antes? ¿podía ser eso posible? Claro que sí imbécil, la gente cambia. Puede ser para bien o para mal, pero la gente siempre va a cambiar.

-Además también te lo digo porque ambas sabemos que somos alérgicas a los compromisos –reí ante su despectiva recordando a un hombre bastante familiar para ella.

-Oh Dios, soy una idiota ¿qué hay de ti perra? –solté la pregunta con una sonrisa

-¿Qué hay de mí? No entiendo

-No te hagas la tonta conmigo. Ayer comenzó nuevamente tu rutina como secretaria del viejo Roger, viste a Stefan… –Al parecer le di en el clavo cuando la vi sonrojarse como un verdadero tomate.

-Me invitó a cenar este sábado, pero nada más –dijo aún roja. Quise reírme y saltar como ella siempre lo hacía cada vez que le decía algo de algún chico en particular.

-¿Segura? –asintió –¿Y qué le dijiste? No me digas que se lo negaste de nuevo –su, otra vez, sonrojo extremo respondió a mi pregunta –Dios ¿y aun así me dices que soy lenta? Ahora yo debería patearte tu gran culo

-¿Y qué quieres que haga Chris? Me encanta, pero no sé, me aterran las relaciones ¿y si no funciona? ¿y si terminamos y sufro? –preguntó como si fuera una adolescente insegura en busca de su príncipe azul, aunque un poco urgida. No podía negar que se igualaba a la situación actual.

-Pues si no funciona entonces estarás satisfecha de haberlo intentado y si terminas y sufres. Bueno ¿para qué crees que tienes a tu mejor amiga? Créeme que lo más suave que le haré va a ser cortarle sus bolas –ella terminó por reír.

-No lo sé, tal vez le dé una oportunidad. Pero lo haré sufrir un poco más

-¿Tienes idea de cuántas chicas le tienen ganas a tu alemán?

-Pues yo…

Bufé

-Además ¿Qué ya no lo has hecho sufrir lo suficiente ya? Desde principio del año pasado vienes revolcándote con él y el pobre tipo cada día te pide una cita. Si hablas de hacer sufrir el nombre de Stefan estaría tatuado en tu frente –dije entre broma y seriedad. Alyssa no tuvo más remedio que levantar los hombros como una niña caprichosa –Vamos, cuando vayas al trabajo prométeme que vas decirle que sí ¿de acuerdo? –Aunque no lo crean, la morena me hizo un puchero que ni yo misma me lo creí –no me pongas esa cara. Le dirás que sí hoy

-Pero

-“Pero” nada. Por cierto, hablando de trabajo ¿Qué hora es? –la morena levantó su muñeca y vio en su reloj.

-6 con 45 –salté como un trampolín de la cama al oír la tan relajada voz de mi amiga

-Mierda, ya es tarde –Alyssa soltó una risa

-Creo que hoy es tu día de suerte

-¿Por qué lo dices? –pregunté entrando como un rayo a mi baño

-Porque hoy zorrita. Te iré a dejar yo –terminó por decir con una sonrisa orgullosa señalándose con su dedo índice.

Genial.

Caleb

Comenzó a sonar Snap Out of It en la radio de mi cacharro. No iba atrasado cuando me fijé en la hora de mi teléfono, acababa de dejar a Melanie en su colegio e iba de lo más tranquilo cantando idiotamente. Cualquiera que me estuviera grabando en estos momentos se reiría de mi forma tan particular de tararear esa pegajosa canción. Decidí encender un cigarrillo y lo fumé con paciencia. Hoy los tráficos no estaban igual que ayer, supuse que era porque era día martes. Inhalé con lentitud aquella adictiva droga por dentro de mi camioneta. No era que fuera un fumador compulsivo, es sólo que a veces me llegaban las ganas y cuándo últimamente tenía tantas cosas en mi cabeza dejé que aquello me relajara. En pocos minutos la droga la tenía prácticamente terminada, entonces fue cuando me fijé que había llegado al instituto. Al parecer todos corrían a la entrada del establecimiento por una razón desconocida, como si fuera tarde y los profesores lo degollarían si fuera así.

 
Suspiré tranquilo al pensar en que hoy vería nuevamente a Christine. Mierda, qué me pasa. Desde cuando me preocupo por ver a una chica o no, más aun siendo mi profesora. No es una muy buena señal estar con quien te enseña. Hay varias razones por las cuales no podríamos involucrarnos. Punto 1, es mi profesora. Nunca va haber una relación entre nosotros más que la profesional. Punto 2, por más que quisiera ella no me tomaría en cuenta en aquel sentido porque sencillamente ¿Quién querría a un perdedor fracasado que con suerte puede cuidar de su propia hermana? Podía llegar a ser cruel conmigo mismo, pero no podía negar algo que era totalmente cierto. Las mujeres como Christine sólo buscaban a hombres que se dedicaran a ellas, que no hubiera en su agenda nada más que ocuparse de ellas y complacerlas. Sin importar su trabajo ni otras responsabilidades, lo cual yo no podría hacer ni por más que quisiera. Mi vida era bastante rutinaria, monótona y ocupada siempre con lo mismo. Era un tanto patético reconocer eso con tanta tranquilidad, como si eso fuera normal. Tendría que tener toda la suerte del mundo como para que Christine se fijara aun así en mí.

Con todas esas mierdas de pensamientos salí de mi coche, con mi bolso de lado y sin fijarme hacia delante quien iba en mi camino. Lo único que tenía en mente era terminar con todo esto.

-Lo siento –dije al notar que choqué con alguien. Ni siquiera me di tiempo para mirar a quien había recibido mi hombro estúpidamente.

-¿Caleb? –Mierda y mil veces mierda. Si estaba planeando no sentir algo por Christine tenía que dejar de ser tan imbécil y mirar por donde camino. Aunque me resultara lo más difícil del mundo. La chica venía vestida con unos jeans ajustados azules oscuros y una blusa blanca trasparente ajustada, que resaltaba sus curvas delicadas que la hacían tan femenina y sin duda la chica más hermosa del mundo. Al menos para mí. Usaba unas botas de tacón alto que por más que lo fueran, no dejaba de ser unos milímetros más baja que yo.

-Hola Chris

-¿Estás bien? –fruncí el ceño ante su pregunta. Mi rostro al parecer seguía sin cambiar desde la noche anterior ya que, también me hizo esa misma pregunta

-Sí, sólo estoy un poco cansado. Me costó un poco despertar eso es todo –ella resopló. Era increíble lo hermosa que se veía haciendo cualquier gesto que se propusiera. Hasta enfadada creo que se vería bella. Eso no lo dudaba.

-Dímelo a mí. Si no fuera porque mi mejor amiga no me despierta hoy en la mañana no sé qué habría hecho –asentí levantando la mirada y fijándome en sus ojos. Verdes, oscuros y profundos. Diablos. –¿Seguro que estás bien? Estás distraído

-Sí, seguro –ella asintió –por cierto. No sé si deba decirle que

-Por favor, antes de que sigas ¿recuerdas lo que te dije ayer? No me trates de “usted”. Sólo tengo 24 años, aún me queda un poco de juventud –rió. Asentí frenético

-Perdón, se me había olvidado

-No te preocupes ¿y qué me ibas a decir?

-Respecto ayer con mi hermana… esto o más bien no sé cómo lo hiciste pero, le agradaste mucho. –Sus ojos se iluminaron ante ese hecho y mi respiración al parecer había abandonado mis pulmones desde que lo hizo

-¿De verdad? Pues me alegro mucho, tienes una hermana muy preciosa. Es más, ustedes dos se parecen mucho

-Bueno, así es la sangre Small –dije bromeando sacándole una sonrisa sincera. Acababa de comenzar bien mi día y esto iba mejor.

-Puede ser, señor modesto –respondió en una risa –Caleb –me llamó por mi nombre nuevamente luego de un instante. ¿Qué le pasaba a esta chica? ¿quería volverme más loco de lo que ya estoy? –¿Sigue vigente lo de hoy? –por primera vez la vi tímida al hacerme una pregunta. Supongo que esperaba que yo la rechazara por tratar de estar con mi hermana lo cual me tenía hipnotizado, si es que lo puedo decir.

-Claro ¿por qué pensaste que no?

-No lo sé, pensé que te incomodaba el hecho de que tu profesora esté con tu hermanita pequeña.

-Debería incomodarme, tienes razón –dije levantando los hombros. –pero por alguna razón le gustaste y como dicen, los niños y los ebrios siempre dicen la verdad. –Christine me miró por unos segundos para luego reír. Yo no tardé tampoco en hacer lo mismo, ver su sonrisa era algo que me revolvía el estómago, me encogía el corazón de una manera extraña. Como si aquello me hiciera sentir vivo, como si eso fuera por lo que he estado esperando tanto tiempo.

-Te parecerá extraño esto pero ¿tienes alguna idea de qué curso me toca ahora? –preguntó ella aturdida entre risas.

-Creo que te toca conmigo. Por lo que sé, la primera hora tenemos literatura –Chris asintió obvia

-Pues entonces ¿vamos juntos al aula? –Que idiota era. Debería de haberle dicho yo mismo “Vamos Chris, yo te llevo” pero no, el inútil Caleb siempre iba a existir y eso nunca iba a cambiar.

-Claro y por cierto después de clases ¿te parece bien si te recojo para ir a buscar a Mel a su colegio?

Ella asintió de inmediato

-Sí, me encantaría. Aunque eso me caería como anillo al dedo, después de todo hoy no traje mi auto

-Pues ya está dicho –terminó por sonreírme amigablemente mientras íbamos con lentitud al aula. Como si no hubiera prisa alguna para llegar ahí y actuar el papel típico de alumno y profesora. Como si no quisiéramos separarnos del uno del otro. Al menos eso sentí cuando nos quedamos en un silencio yendo a nuestro destino. Ninguno de los dos hablaba, pero no se confundan. No era un silencio incómodo del que quisiéramos Salir. Al contrario, era algo tan armonioso que hablaba por sí solo. No sé si ella lo sintiera así, pero sin ser cursi, mi corazón y el revoltijo de mi estómago no me engañaban.

-Hola señorita Parker –sentí una voz masculina muy conocida. El inspector Harrison o Nicholas, o cual sea su nombre, nos miraba ambos, a mí y a Chris al mismo tiempo. Más a ella con una actitud de reproche ¿Qué demonios tenía ese adulador de imagen? Desde que llegó al instituto siempre ha tenido un aire de superioridad ante cualquiera que pase por al frente suyo. Nunca me cayó bien si doy mi opinión, odiaba los tipos como él. Sus casi 30 años no les quitaba para nada lo egocéntrico y completamente idiota que era.

Sentí la incomodidad de inmediato de Christine. Fue como un bofetón en mi cara cuando pensé que entre ellos pudo haber pasado algo o pasaba algo. Me dolió el pecho, demonios.

-¿Algún problema Inspector Harrison? –preguntó ella seria. La sonrisa cálida que había tenido antes conmigo había desaparecido por arte de magia.

-No, ninguno. Mi duda es el por qué aún sigue sin entrar a clases. El timbre para entrar tocó hace 2 minutos y si no me equivoco, usted es la profesora.

Asintió con el ceño fruncido

-Lo sé. Para allá íbamos –interrumpí yo. El tipo me dio una mirada que estaba seguro que no era amable. Si las miradas tiraran balazos, a esta hora creo que parecería un alfiletero humano.

-Usted es Caleb Small ¿no? –asentí serio. Christine me miraba culpable, no entendí el por qué, pero me miraba de esa forma como si me hubiera hecho algo que me dañara profundamente. Quise descifrar eso pero el estúpido Harrison no me dejó ya que habló primeramente. –El chico que repitió su año escolar –dijo soltando una risa. Apreté la mandíbula después de eso ¿Quién demonios se creía este hijo de puta?

-Sí, al parecer sí. –él me miró de arriba hacia abajo. La mandíbula de Christine casi perfora el piso al parecer también le sorprendió el hecho de que él se burlara así. Supongo que no sabía que decir.

-¿Viene con ganas de graduarse verdad? –preguntó divertido. Quise golpearlo, lo juro por Dios.

-Sí. O eso es lo que estoy tratando de hacer. Como todos.

-Espero que este año sea mejor. Sabe que en este establecimiento es de excelencia señor y esperamos que eso nunca cambie–se acercó amenazadoramente. Aunque no amenazaba ni a una mosca si podía decirlo. Teníamos prácticamente la misma altura. Él me ganaba por un par de centímetros los cuales no se hacían notar con las miradas punzantes que nos dábamos. –Vayan a clases –nos volvió a mirar a ambos. Christine me miraba avergonzada para luego fulminar a Harrison quien no tomó en cuenta aquello y pasó por en medio de nosotros, de nuevo, con aire de superioridad

-Que hijo de puta –susurré. Christine me miró de inmediato

-No quiero ni imaginar lo que te haría si te hubiera escuchado decir eso –la miré. Creo que pensé en voz alta. –pero de todas formas. No debió despreciarte así, es un idiota. –asentí

-No te preocupes, vamos a clases –ella me volvió a llamar

-Caleb, por favor. Sé que él no te quiso decir eso. Por favor, te pido perdón de parte de él –fruncí el ceño al ver que lo defendía en cierta forma. Entre ellos había una relación más cercana que la de un inspector y profesora, un dolor punzante atacó mi interior. Joder.

-No hay problema, de verdad –parece que mi voz de seriedad aún no se iba por lo que ella volvió a llamarme con la única diferencia era que ahora, tomó mi mano.

-Eres un gran chico. No debes tomar en cuenta lo que un imbécil diga y de verdad, no te lo digo como profesora, te lo digo como amiga. –suspiró acongojada –vales mucho Caleb, no tienes idea.

-¿Cómo lo sabes? –Demonios, el carácter se me había ido a la mierda. Y todo por ese idiota –Ni siquiera me conoces. –la castaña no supo que responder. Un tímido sonrojo se acumuló en sus mejillas, daría lo que fuera para saber lo que pensaba en esos momentos. Pero no tenía espacio en mis sentimientos más que para sentir escalofríos por el contacto que estaba teniendo con la piel de su mano.

-No hace falta conocerte para saber que eres un chico que vale la pena pelear. –suspiró –puedes llamarme loca pero eso no sólo lo veo en ti, lo veo en tus ojos. –tragué saliva al ver que nuevamente ella se hipnotizaba por el azul de mis ojos. Sentía eso cada vez que los observaba. No podía despegarlos tanto como yo no me podía despegar de ella. Me acerqué a su anatomía bruscamente. La vi tragar saliva y aguantar la respiración en el mismo instante en el que hice aquel acto.

-Eso no basta –susurré terca y duramente cerca de su rostro para luego soltar su mano de la mía. Dejándola para luego llegar al aula primero que ella. El sentimiento de tranquilidad y armonía se había ido en el momento en el que me aparté de su lado. No tenía tiempo para esto, no tenía tiempo para chicas ni mierdas de humillaciones. En lo único que tenía que concentrarme era en mi tienda pero más que nada en mi hermana. En lo que siempre me he tenido que concentrar por encima de todo. 




A la mierda todos.

Capítulo 5 -Sensitive-

Christine

Sentía la respiración tranquila de Nick sobre mi nuca, con su mano acariciaba lentamente mi espalda desnuda sobre su cama de sábanas negras. Estaba boca abajo y él afirmado de lado, desnudo de igual forma, mientras continuaba con su tacto infernal sobre mí. Planeaba dormir y aquella faena no me dejaba, era tan frustrantemente lento. Odiaba aquello joder, me gustaban las muestras de cariño, pero no exactamente mientras trataba de descansar. Abrí mis ojos y la oscuridad vestía la habitación junto con la luz tenue de la lámpara de Nick, me encantaba el ambiente que había. El olor de haber tenido relaciones aún estaba en el aire, no era malo como tampoco era excelente, pero ese toque no cesaba y me estaba poniendo de mal humor. 


-¿Te soy sincero? –habló de la nada en mi oído. –soñé con esto desde el momento en que te vi en el campamento –cerré los ojos con fuerza. Y mi mente de la nada, fue hacia 10 años atrás.

Uno de los tantos campamentos juveniles para los scouts de Massachusetts estaba abriendo las puertas a principio de verano de 2004, tenía 14 años en ese instante. La época perfecta para tener amores platónicos de una recién adolescente, la idea de mamá y papá para despejarme un rato y salirme de la rutina de Chicago me dieron una oportunidad a mis sentidos de cumplir aquello. Me sentí bien en el momento que supe eso, era scout y me gustaba la idea de pasar tardes en lugares rurales apartados de la urbanidad. Estaría todo el verano allá, conocería gente nueva y me saldría de la típica civilización de todos los días. Llegué feliz y no me decepcioné al ver a chicas de mi misma edad compartiendo risas y anécdotas de su vida en la ciudad. Y por si lo piensan, no conocí ahí a la que hoy en día es mi mejor amiga, a Alyssa la conocí en el jardín de niños. Desde entonces hemos sido como hermanas gemelas. Para cuando murió mi padre estuvo ella y su hombro dispuesto a apoyarme en todo. Cada decepción amorosa mía, la morena era la que se encargaba de hacerlos “pagar” por lo que me hicieron. Era como la típica hermana mayor que está dispuesta a todo por ti. Por supuesto tampoco era que pasaba desapercibida ante las miradas masculinas, tenía unas curvas que mataban a cualquiera. Un buen trasero, eso era lo que la destacaba y obviamente su sonrisa contagiosa, la manera de mirar la vida de una manera más positiva y cómica. La adoraba, era en pocas palabras, la hermana que nunca tuve.

En aquel entonces en el campamento todo iba de maravilla, los chicos tampoco iban mal. De todas formas a esa edad nunca había dado un beso, no era por el hecho de que me encontrara fea o tímida, al contrario, siempre me encontré linda y destacada a una belleza típica de una chica de 14 años. La verdad era que quería encontrar al chico adecuado, el cual valiera la pena para compartir los mejores momentos de pareja. Todo esto tenía en mente, hasta que vi la mirada cristalina del ayudante del señor Donovan, el jefe de la tropa de scout, con su libreta en mano y anotando cada actividad hecha para el verano de nosotros. El chico estaba atento a cada cosa que dijera el cuarentón de Donovan. Para cuando dejó de escribir, su mirada se posó en los adolescentes prematuros que estaban dispuestos a pasarla bien. Cuando lo vi a simple vista se notaba que no superaba los 18 años e incluso también cuando me miró supe que mis palabras quedaron secas en mi boca.

-¿De verdad? –susurré luego de un momento, él tardó para contestar. Al parecer no esperaba que estuviera despierta o al menos lo sorprendí tratando de quedarse dormido.

-Bueno –titubeó –siempre me encantaste. Eres una chica muy bella –se acomodó la garganta –Siempre lo has sido. La cual si pasa por las calles, todos los hombres miran. Pero tú eres ajena a eso y es lo que más me vuelve loco –tragué saliva girando mi cabeza que estaba boca abajo en las almohadas para mirarlo.

Entonces no sentí aquel mismo efecto que sentía cuando miraba a… a Caleb. Demonios, esos ojos azules que no podía expresar con palabras cuán maravillosos eran. Los que me atormentaban en cada sueño que lograba conciliar desde que lo vi en la tienda. Creo que incluso escribiría un libro de cinco mil páginas describiendo aquellas dos perlas azules. Basta Chris, Dios, ahora es tu alumno. Está prohibido. Está en la típica lista de hombres que no puedes tocar o tan siquiera respirar cerca de ellos sin que la palabra karma apareciera en tu vida.

Luego de un momento el nombre de aquella pequeña resonó en mis oídos.

Melanie, el chico tenía una hermanita hermosa con sus mismos ojos y una mirada tan tierna que por un momento en que la observé, me sentí la persona más miserable del mundo. Aunque no supe el porqué de aquello. Aquella hermosa niña era una copia exacta de mi alumno. Por un lado me sentí satisfecha por el hecho de que pude saber más a fondo la vida personal de Caleb. Pero aún no me podía sacar de la cabeza del por qué tiene que llevar a su hermanita a su puesto de trabajo ¿Y sus padres? ¿Acaso ellos trabajan tanto que ni siquiera tienen tiempo para cuidar a su niña? No le encontraba mucho sentido a ese hecho.

Me acomodé la garganta al darme cuenta que últimamente me preocupaba bastante de lo que hacía o dejaba de hacer mi alumno puesto que lo conocía sólo hace 2 días. Como también me di cuenta que nunca antes me preocupé así de un hombre que acababa de conocer. Sentí un leve escalofrío vagando por mi espalda al pensar de ese modo.

Nick me sonrió

-¿Qué te pasa? Estás muy pensativa –susurró acomodándose más a mi lado, abrazándome y hablando en mi cuello. Suspiré

-Nada, sólo quiero irme a mi departamento –él me frunció el ceño, borrando inmediatamente su sonrisa

-¿Por qué? ¿Acaso… –se acomodó de nuevo la garganta –no te gustó, digo, tu sabes, lo que hicimos? –titubeó. Negué con la cabeza con una sonrisa irónica

-No, no es eso. Quiero irme a casa, eso es todo

-Pensé que podrías quedarte y mañana irnos juntos al trabajo –tragó saliva. Bufé en mi mente, odiaba eso. Odiaba tener que dar explicaciones del por qué no me gusta quedarme a dormir con alguien que acababa de acostarme. ¿Es que acaso eso está escrito en la biblia o en algún otro libro sagrado? Simplemente el estar con alguien de ese modo implicaba un compromiso más allá de una noche, de un noviazgo, de algo que obviamente yo no buscaba.

-Tal vez para la próxima –creo que no debí haber dicho eso –pero por hoy no ¿sí? Quiero estar en mi departamento, tranquila. Después de todo mañana es sólo mi segundo día de trabajo –dije luego darle un suave beso en la mejilla y levantarme con lentitud de la gran cama que poseía el departamento de lujo de Nick.

-Pero –se interrumpió antes de que pudiera decir otra cosa observando mi cuerpo desnudo dirigiéndose al baño con descaro. De todas formas ¿para qué sentir vergüenza al mostrar mis atributos después de haber practicado las cosas más lascivas que pudimos hacer? Es un tanto ridículo.
 



-¿Vas a ir a dejarme? –pregunté un tanto sorprendida al verlo vestido esperándome luego de un largo momento que tuve en el baño, en la esquina de su cama.

-Sí ¿acaso no puedo? –habló ahora él retóricamente. Fruncí el ceño ante su despectiva pregunta. Para después por último tomar mi bolso y salir. Sentía un aire distinto, como si el humor de Nick mágicamente haya cambiado en el momento justo en el que entré a su baño. Incluso de camino a mi departamento no hubo palabra alguna entre él y yo. Odiaba eso, demonios, si alguien tenía que decirme algo. Sea quien sea. Debería decirlo sin rodeos, maldición.

-¿Estás enfadado? –pregunté luego de que estacionara mi BMW en las afueras del edificio. Lo vi echar su cuerpo sobre el asiento del piloto, como si estuviera cansado. Cansado de sus propios pensamientos

-¿Por qué no quisiste quedarte conmigo Chris?

Mierda.

-¿Qué? Yo…

-Digo, es solo una noche. Es dormir, abrazados ¿qué tiene eso de malo? –creo que me atraganté con mis propias palabras a punto de salir.

-No eres tú Nick. No es nada personal –me toqué la frente, por alguna razón me empezaba a doler de infiernos la cabeza. –Quedarse a dormir con alguien, implica sentimientos. Algo más allá que un aventura y siendo hombre, creo que deberías saberlo

-Créeme lo sé. –me miró fijamente –Pero no entiendo el hecho que no quieras dormir conmigo. Conmigo. No estamos hablando de alguien que conociste en una fiesta o una borrachera. Estamos hablando de alguien del pasado, que conociste en tu pre adolescencia.

-Pero no nos veíamos hace años, Dios, no es lo mismo –Suspiré agobiada. ¿No debería ser aquello al revés? La mujer pidiendo explicaciones y el macho alfa seductor rompecorazones tratando de sacársela de encima. Creo que el mundo es extrañamente loco.

-¿Entonces sólo fue una aventura y nada más no? Después de esto tu seguirás siendo la profesora de literatura y yo el odioso inspector. Como si nunca hubiera pasado algo en el primer día. ¿Verdad? –apretó la mandíbula. Debía admitir que con ese gesto se veía malditamente caliente.

-Escucha Nick –exhalé. –Desde que tengo memoria siempre he dado lo mejor de mí en cuanto a relaciones, pero hace ya muchos años aprendí por las malas que eso no debería de ser así. No quiero compromisos, ni hombres de quienes preocuparme o cuidar. Quiero ser yo Nick y es por eso que para evitarnos malos ratos prefiero que las cosas sean así. Lo siento, de verdad, pero así tiene que ser.

-¿Y si eso cambiara?

-Es imposible

-¿Si nos conocemos y recuperamos los años que perdimos desde aquel campamento? –abrí mis ojos como platos

-¿De qué estás hablando?

-Sí, quiero decir –tragó saliva –no te estoy pidiendo que seamos novios ni nada por el estilo porque sé cuál será la respuesta. Pero ¿Y si intentamos conocernos?

-¿Cómo? ¿tener citas, flores, chocolates y todo eso? –fruncí el ceño escandalizada. Asintió

-Vamos Chris, si aquello no funciona. Entonces todo seguirá igual que antes –Se acercó a mí suavemente –y si funciona, entonces, veremos qué pasa con nosotros. –sonrió sincero. Titubé en mis pensamientos por varios segundos. El tipo de verdad parecía que quería intentar algo conmigo. ¿Y yo? Bueno, no tenía a nadie y sinceramente han pasado varios años de los cuales nadie me ha consentido de esa forma clásica romántica más que para abrirme las piernas o tener dedos para abrir un par de condones. –¿Qué me dices?

-No, no creo que sea buena idea –dije insegura

-Haré lo que sea para convencerte y cambies de opinión acerca de todo. Haré que te sientas una mujer completa Chris, una mujer amada y hermosa. Ya que, es eso exactamente lo que eres. –me sonrió tierno

-Nick…

-Vamos, sólo intentémoslo ¿Qué tenemos para perder? –no puedo creer que vaya a decir esto. Pero el tipo tenía razón ¿qué podía perder con eso? Si por algún motivo lo de las citas, pedidos románticos o cenas a la luz de la luna no me convencían para ser la novia de Nick entonces le diría y todo eso acabaría. Yo volvería a mis juergas de fin de semana y él a las suyas. ¿Qué tan malo podría ser?

-Quiero decir –pronuncié confusa –sí, creo que podemos intentarlo. –dije por último aceptando la propuesta. Cerrando un trato que en mi interior luchaba por saber si era buena o mala idea.

Y, para ser sincera, la segunda opción parecía tentadora a más no poder.


Caleb

-¿Estás enojado? –preguntó esa vocecita. Aquella vocecita de la pequeña y hermosa monstruo catalogada como mi hermana. La estaba arropando en su cama para cuando comenzó hacer una y otra vez esas malditas preguntas, las cuales si se le meten en su pequeña cabecita no hay forma sobrehumana de sacárselas. Habían pasado más de 2 horas desde que había terminado mi turno en la tienda y llegar a casa para hacerla dormir. Y en todo el maldito transcurso no paré de pensar en los pagos que debía de la inauguración de la tienda y por supuesto, en la propuesta que le hizo Melanie a Christine. Demonios ¿qué se suponía que debía hacer o decirle a mi hermana después de esa estupidez? O más bien, podía agradecerle por darme un pequeño empujón para acercarme más a la chica que me roba el sueño.

-¿Por qué lo estaría? –pregunté con un gesto serio, como si una pequeña de 9 años no notara el significado de aquello. Idiota.

-Por lo de Christine… –habló inocentemente. Mierda, no podía enojarme con esa mirada de inocencia. Era como mi debilidad, joder. Podría jurar que era idéntica al gato con botas con esa mirada famosa que derrite hasta el ser más serio.

-Lo encontré raro, no te lo voy a negar nena –dije para luego sentarme a su lado, su cara aún no cambiaba. –Pero si te cayó bien, no puedo negarte eso –ella asintió suspirando

-Además también lo hice por ti –fruncí el ceño

-¿Por mí?

-Nunca te he visto con una novia Caleb. Tampoco te he visto, realmente feliz –dijo con una sonrisa triste. Ante lo último no pude evitar sentirme mal.

-Soy feliz Mel, contigo lo soy –no mentí. Para nada y al parecer ella lo sabía

-Lo sé, pero no hablo en ese sentido. Quiero que seas feliz pero no sólo conmigo, sino contigo mismo. –tragué saliva. Cielos. ¿Desde cuándo una niña de tan sólo 9 años puede lograr hablarte de esa forma y dejarte totalmente desconcertado? No me lo creía, también por el hecho de que tuviera razón en que nunca me preocupé de la felicidad más que por la suya. Nunca por la mía. Desde la muerte de mis padres nunca logré ser completamente feliz más que por ver la sonrisa de Mel, dependiendo de ella. Una de las razones por la que nunca quise tener una relación amorosa era eso, pero ahora que veía a Melanie dispuesta que rehacer mi forma de vida en ese aspecto me desconcertaba. Como dicen, los niños tienen un sexto sentido y veía que a mi hermana le gustaba Christine para mí por alguna razón que no lograba entender. Eso y que no la conocía para nada, sólo con verla contemplándola supe aquello. Supe en su mirada que decía que aquella mujer era para mí.

Un escalofrío vagó por mi espalda de repente.

-¿Te cayó bien? –pregunté de nuevo tratando de desviarme de aquel tema de mi felicidad. Era algo que no iba en mis planes comunes, habían cosas más importantes. Como Mel. Quien asintió de inmediato –¿Cómo es eso? Ni siquiera la conoces…

-¿Recuerdas lo que me dijiste antes de llegar a la tienda?

Fruncí nuevamente el ceño

-Creo, bueno, no sé –ella bufó divertida

-Dijiste “me gustaría conocerla” –levantó sus pequeños hombros –supongo que yo también quiero. –Reí ante su explicación. No pude evitarlo, la abracé. Esa pequeña monstruo tenía más que mi corazón ganado y no quería ni imaginarme el día en el cual creciera. Me sentía un padre con ella, protector y dependiente de ella. Dios. –¿Crees que papá y mamá estén viéndonos en estos momentos? –preguntó ella luego de un buen instante abrazándola y sintiendo su colonia con olor a frutillas. La pregunta me tomó por sorpresa para que luego todo lo sentía en ese instante se fuera literalmente a la mierda. No era culpa de mi hermana por supuesto, pero cualquiera que tocara el tema de mis padres me tomaba de una forma débil y vulnerable comparado a como soy en realidad.

-Sí princesa –dije tratando de tragar ese jodido nudo en la garganta cada vez que hablaba de mis padres –y no sólo lo creo. Así es. Ellos nos cuidan y nos guían por cualquier camino que elijamos, siempre ha sido y será así.

-¿Cómo eran ellos Caleb? –pronunció aun abrazándome. Yo sólo podía seguir acariciándole su suave cabellera

-Eran, muy fuertes. Protectores pero sobre todo, alegres. Eran tan compatibles que cada día que los veía, sentía que se enamoraban más uno del otro –los recordaba con nostalgia. Cada día en los que mamá cocinaba esos asquerosos espaguetis que sólo le quedaban bien a papá, pero él los aceptaba sólo por el hecho de que lo hacía la mujer que amaba. Recordé cuántas veces él la abrazaba y la sorprendía cocinando por detrás diciéndole lo mucho que le gustaba verla en su cocina. Recordé cuando nació Mel, tres meses antes de sus muertes. Estaban tan felices por la llegada de la nueva integrante a la familia que invitaron a todos nuestros familiares a recibirla. Ayudé a papá a decorar el rosado cuarto de Melanie, cuándo jugábamos béisbol imitando a Adam Dunn en nuestro jardín y mamá nos reprochaba que entráramos a casa porque se aproximaba una tormenta. Incluso cuándo discutían por las cosas más absurdas que existían ellos aun así se demostraban su amor. Lo veía en sus ojos, en las miradas cómplices de unos mejores amigos, amantes y esposos.

-Me hubiera gustado conocerlos –solté una risa triste ante su pedido

-Estoy seguro que ellos dirían que eres la niña más linda del universo. Lo cual no es mentira

-Que tonto eres –dijo en una sonrisa

-Tú te pareces mucho a mamá, bueno, ambos tenemos sus grandes ojos. Creo que en la personalidad tienes un poco de ambos –dije sonriendo en su cabellera castaña, que por cierto, era igual a la mía. Ella terminó suspirando, dejándome ver que estaba cansada y que estaba a punto de irse a un sueño profundo y tranquilo.

-Te quiero Caleb, mucho –dijo suave y con los ojos entrecerrados dejándola con lentitud en su cama decorada con flores rosas. Le dejé un suave beso en su frente, cosa que hizo que mi corazón se encogiera.

-Y yo a ti pequeña monstruo –me despedí para luego apagar su luz, cuando noté que se había entregado a un sueño profundo claro. Mi pequeña estaba cansada.



Mañana será otro nuevo día.