jueves, 24 de julio de 2014

Capítulo 3 -Sensitive-

Christine


¿Qué demonios debía usar para entrar a un instituto de profesora? Tal vez debía ponerme una falda de
abuela pero estaba claro que eso no era de mi gusto y sobre todo daría a entender que soy una virgen afligida. Pero tampoco podía ponerme una prenda de ropa que me haga ver una prostituta barata, tenía que lucir una dama pero no demasiado. Esto de buscar que debía ir con mi trabajo me estaba poniendo los pelos de punta, no debería ser difícil. Digo, ya me di una linda y refrescante ducha, estoy con una toalla enredada alrededor de mi cuerpo y otra en mi cabello. Sólo faltaba ponerme un puto atuendo, no es complicado Christine por Dios. Entonces vi una salvación, un milagro, como si el sol que estaba a punto de asomarse por la mañana a través de las persianas de mi departamento me lo indicara. Entre todo mi desorden que tenía en mi cuarto vi aquella falda negra sensualmente ajustada que sólo la ocupé para el quinto, y esperaba que fuera el último, matrimonio de mi madre. Me llegaba cinco dedos arriba de la rodilla, lo cual personalmente lo encontraba adecuado para un primer día de clases. Tomé un top blanco que combinaba perfecto con el teñido de negro de la falda, claro que el top debía ir debajo de aquello sino no tendría sentido. Mis botas negras que lucían sexys con mis piernas no se quedaron atrás. Sequé rápidamente mi cabello y lo dejé sin peinar. No es que me despreocupe de mis peinados o mi estética sino que mi pelo después de secar se mantenía ondulado en las partes bajas y se veía totalmente hermoso así. Me dediqué a ponerme un maquillado natural, no tan cargado. Tomé mi suéter beige delgado y ponérmelo para luego salir.

El clima en Chicago se empezaba a notar más frío, el otoño estaba a punto de comenzar y el verano se estaba quedando atrás con lo cual luego me arrepentí de haber salido tan jodidamente desabrigada pero después me tranquilicé al llegar a mi BMW. La calefacción la encendí inmediatamente, me senté para atrás y suspiré. Dios, lo único que deseaba era que fuera un gran día sin complicaciones ni obstáculos, quería que mi primer día como maestra no sea tan complicado como ha sido mi vida entera desde que murió mi padre. Por lo menos esta vez.

Encendí mi auto, me coloqué mis gafas ray-ban y comencé mi viaje. De esperarse el trafico estaba de infiernos y no es que no me lo haya esperado, sabía de sobra que hoy comenzaban las clases y el año laboral de prácticamente, todos. El hecho de llegar tarde a mi primer día de trabajo no me ponía nerviosa ya que no pude conciliar el sueño por la noche pensando en cómo podía llegar a ser como maestra por lo que me levanté más temprano de lo que me había propuesto. Iba a la hora así que saqué mi celular y lo coloqué con el equipo de música de mi BMW e inmediatamente comenzó a sonar Vanessa Carlton con A thousand Miles una conocida canción de una película famosa de comedia y ahora que la escuchaba por completo sabía que no me había equivocado al comprar el disco. De pronto los pensamientos se me fueron al anterior día, en el cual había salido para comprar cosas en el supermercado y raramente vi una tienda de discos abierta un día domingo. La tienda estaba exageradamente repleta de discos, totalmente, era el paraíso de la música de todo tipo. Encontré raro que estuviera al servicio un día domingo, pero mi curiosidad pudo conmigo. Al entrar supe que había llamado la atención de los chicos que atendían ya que era la única clienta que se le había ocurrido entrar, no me importó y sólo me dediqué a ver que disco me llamaba más la atención. No dudé al ver el disco del 2002 de Vanessa Carlton, una excelente pianista y cantante. Cuando quise ir a comprarlo tuve un leve roce con una chica pelirroja que nunca había visto en mi vida y con sólo verla supe que me quería más bajo tierra que respirando el mismo aire que ella. Para no tener más problemas un chico paliducho se la llevó de ahí a quien sabe dónde haciéndome quedar en frente de un musculoso alto moreno de ojos verdes y sonrisa perfecta. A simple vista se notaba que era de esos tipos que le gustaba follar con las tontas novias de sus amigos, un engreído y adulador con su físico, antes me moría por tener a ese tipo de hombres en la cama pero ahora, sólo me causaban gracia. Lo que más me llamó la atención, joder y creo que en lo que pude lograr soñar con lo poco que dormí por la noche fueron esos ojos azules que me miraban del lado izquierdo. No había percatado que además del moreno vanidoso que tenía enfrente de la vitrina, había un chico un poco más alto que yo, con unos grandes ojos azules y el pelo totalmente ondulado y desordenado. No pude ver bien el tipo de ropa que usaba o si tenía buen físico, aunque apostaba mi vida que tenía un cuerpo de dioses griegos, pero lo que más le miré y admiré fue esa vista azul marina que me había dejado totalmente loca. Jamás en mi vida había visto esos ojos y menos en un hombre. Y no solamente el color, sino que sus ojos, el interior de ellos me hacían saber que escondía un dolor totalmente ajeno que lo hacía sensible a los sentimientos de pena y nostalgia. Fue tanta mi conmoción que por primera vez en mucho tiempo me puse nerviosa en frente de alguien, ni siquiera pude responderle bien a la pregunta que me había hecho.

El claxon de un auto que venía detrás sonó sacándome brutalmente de mis pensamientos haciéndome saber que ya podía avanzar y seguir mi camino al instituto.







-Hermosas piernas –fue la primera idiotez que escuché de un chico delgado y rubio junto con sus amigos que me tiraron besos, mientras me alejaba de mi auto para entrar al establecimiento, se notaba que eran de algún equipo local de ahí por los uniformes que llevaban. Enorme era el adjetivo que quedaba pequeño al lado de lo que veía o más bien me adentraba. Adolescentes de 15 a 18 años iban y venían por los pasillos, algunos eran raros como los que iban vestidos totalmente de negro y eran extremadamente pálidos, también habían chicas y chicos skaters con ropa suelta y se notaban que era divertidos, como también chicas que personalmente no sabía si iban a la secundaria o a prostituirse. Negué con la cabeza al ver un par de adolescente vestidos iguales a los que me encontré en la entrada molestando a un chico que tenía lentes y era mucho más delgado y bajo que ellos. Por supuesto sin ignorar a cada uno de los jóvenes que se mordían los labios al verme o me miraban tirándome besos o silbidos. Y hasta me decían cosas tan depravadas que es mejor no repetirlas. Traté de encontrarme con la secretaria del director o al menos el salón de profesores pero de todas formas sin saber cómo, me hallé con una puerta que en la altura decía Director J. Gibson y sonreí. Golpeé con tres golpecitos suaves y sonó una voz a través de la puerta diciendo un leve “adelante”. Me adentré para luego ver a un hombre de unos casi 40 años sonreírme sentado en su escritorio y examinarme de abajo hacia arriba como siempre lo hacían, desde luego.

-¿Usted debe ser la señorita Parker verdad? ¿la que viene a reemplazar a la señora Westcoat? –asentí con una sonrisa amable mientras que el hombre se paraba para recibirme con un beso en la mejilla –bien, es un gusto conocerla, sobre todo después de los elogios que me dijo Helga sobre usted –abrí mis ojos impresionada

-¿De verdad? Bueno, yo sólo vine a enseñar lo que sé y lo que estudié. Sería un gusto para mí hacerlo –confirmé. Él asintió

-Me parece perfecto ya que es justo lo que necesitamos para los jóvenes –dijo sin quitar la sonrisa que tenía –esta es una lista con todas las reglas del establecimiento que debe de estudiar –tomó un paquete de hojas no tan grande y me las dio. Las recibí inmediatamente –Si algún estudiante de su clase las llegara a violar, no dude en hablar con el inspector y si el problema es grave él sabrá que hacer. –asentí entendiendo.

-¿Y quién es el inspector? –El señor Gibson se dio vuelta sobre sus talones para luego tomar su teléfono y llamar a quien sabe quién. Segundos más tarde apareció un hombre de unos 30 años con mirada seria, rubio de pelo corto y una cara bien perfilada, mucho más alto que yo y muy bien tonificado a simple vista, bastante guapo si es que lo puedo decir. Entró a la oficina y por lo que vi su mirada se posó en mí rápidamente.

-Señorita Parker le presento al señor Nicholas Harrison. El inspector del Instituto DePaul y él es mi ojos y mis oídos en este establecimiento. –se dirigió a él –señor Harrison, ella es la señorita Parker –el tipo me miró con los ojos sobresaltados como si se hubiera acordado de algo con el nombre que le había dicho el director –va a sustituir a Marta mientras que arregla sus papeles de la jubilación y mientras tanto Christine será evaluada a ver si después de eso puede seguir dando clases. –a Nicholas al parecer le llamé la atención en cualquier sentido de la palabra ya que no paraba de verme de arriba hacia abajo. Me examinaba como si fuera una pieza de escultura digna de apreciar y yo no me quedaba atrás en cuanto a él.

-Un gusto Christine Parker –tomó mi mano y la besó galante. Asentí con una sonrisa

-Muy bien Nicholas, será mejor que la lleves a su clase. Ya se está haciendo tarde y los alumnos están empezando a entrar –él asintió con una sonrisa –pues eso es todo Christine. No olvides leer las reglas y por supuesto ante todo, Bienvenida a DePaul.

-Gracias señor Gibson, le prometo que no le defraudaré –Nicholas con una señal de mano que me invitó a salir o más bien que lo acompañase hasta mi salón en el cual daré clases por la primera hora. En cuanto íbamos por los pasillos ya no había nadie, supuse que los estudiantes ya habían entrado a clases y sobre todo, no me equivoqué.

-Las cosas de la vida eh Chris –dijo Nicholas de repente. Yo le fruncí el ceño

-¿Disculpa?

-No me digas que ya no te acuerdas de mí –habló asombrado. Negué con la cabeza confundida, maldición, me sentía estúpida. Pensé que jamás en la vida había visto a este hombre, o al menos si lo conocía me preguntaba cómo es que no me lo llevé a la cama. –¿En el campamento de verano en el 2004? Fuimos novios en ese verano Chris –abrí los ojos ante lo dicho. Incluso casi quedé blanca con la acotación y entonces los recuerdo vinieron a mí tan rápido que mi mente casi sufrió un colapso.

Era verano del 2004, tenía 14 años y el ayudante del instructor de la tropa de scout en que la yo era parte era Nicholas que en ese entonces tenía 18 años. A todas las chicas de la tropa les encantó y es que, hasta el día de hoy, sigue demasiado guapo. Me gustó desde que lo vi, personalmente me pareció un amor platónico más de mi niñez pero en cuanto él comenzó a darme signos de que le gustaba no me pude resistir. No me malentiendan, nunca pasamos más de los besos apasionados detrás de los arbustos o los toqueteos. Todo esto fue en el campamento de verano durante 3 meses, para el final él lloró en mi hombro diciéndome que me extrañaría y que le hubiera gustado irse conmigo. No lo voy a negar, también lloré para cuando nos separamos pero él tenía que volver con su familia en Cleveland y yo tenía que volver a Chicago con mi madre. Fue solo esa historia, lo sorprendente es que él se acordara de mí o más bien que yo ni siquiera lo haya reconocido.

-¿Nick? Dios, estás tan cambiado o yo creo que tengo memoria de abuela –dije sorprendida y con una sonrisa a punto de salir de mi rostro. Él rio

-Tú también estás muy cambiada y mucho, mucho más guapa –carraspeó –no es que antes no lo hayas sido si no que, ahora estás más adulta ¿entiendes? –reí

-Te entiendo, las cosas de la vida –suspiré repitiendo lo que me había dicho. Lo seguí para que continuara guiándome al salón –¿Y cómo es que llegaste a Chicago? Creí que seguías en Cleveland

-Sí, lo sé. Es que vine a Chicago porque –titubeó –porque quise independizarme y empezar de nuevo en otro lado. En otro ambiente –asentí mientras lo seguía –¿Y tú? ¿cómo es que ahora llegaste a ser profesora? No creí que te gustara enseñar

-Pues, ya ves. La gente cambia y ahora es lo que más me apasiona

-Bien, aquí es –dijo señalando una gran puerta marrón con una pequeña ventana rectangular a la vista de las personas que quieran ver. –Aquí están las otras direcciones de tus siguientes clases

-Gracias Nick, fue un gusto volver a verte

-De nada y si quieres, después podemos tomarnos un café o algo –asentí con una sonrisa

-Claro ¿tienes mi número? –negó inmediatamente para luego darme su celular y yo anotar. Parecía una quinceañera apunto de tener una cita. –listo –me sonrió

-Nos vemos Chris –besó mi mejilla y por un instante sentí su colonia masculina. Joder, olía demasiado bien y de verdad, no hay nada mejor que un hombre que huela bien en el mundo. Al menos en mi opinión. –Ah y por cierto. Bienvenida a DePaul



Caleb

-¿Trajiste todo? –le pregunté a Melanie antes de que bajara de mi camioneta. Ella asintió con la cabeza –¿segura? Mel, tus libros…

-Los tengo todos ya los ordené ayer por la noche

-¿Y tu almuerzo?

-También ¿ya puedo irme? –asentí con una sonrisa, su cara de agobiada era bastante graciosa. Sobre todo con el rostro de recién levantada.

-Mel –la llamé de nuevo –¿y mi beso? –puse el dedo índice en mi mejilla para demostrar el lado donde lo quería. Ella bufó y la besó

-Adiós Caleb

-Adiós pequeña y compórtate eh –le grité por último para cuando ya había salido de mi cacharro que se hacía llamar camioneta, entonces di marcha al instituto.

Tráficos de mierda era lo único que tenía en mente cuando entré como alma en guerra al establecimiento, joder. Era demasiado tarde e incluso ya intuía que la primera hora podría haberse acabado. Miré mi reloj y reconfirmaba mi teoría, faltaba un poco más de media hora para que terminara, es decir, estaba extremadamente atrasado. Pasé por los pasillos como un demente, ni siquiera saludé a Lennie, el conserje afroamericano que tan bien me caía y que no veía desde hace un año. Hasta que por fin llegué, respirando agitadamente golpee tres veces para luego sentir una suave y delicada voz de mujer diciendo un leve “adelante”. Entré con mi bolso colgando a un lado de mí, seguía agitado por lo demás. Los otros estudiantes me miraban esperando que la maestra me diera algún reproche, malditos imbéciles. Entonces miré a quien debería de haber esperado que fuera la maestra anciana Westcoat. Pero no era así.

Era exactamente la misma chica que había visto en mi tienda de discos ayer en la noche, también la chica con la cual había soñado extrañamente en la noche. Era como si mis sueños no pudieran olvidarla o al menos mi subconsciente no podía pensar en otra cosa más que no fuera la chica la cual de alguna manera me había dejado loco con sólo mirarla. Cosa que nunca me había pasado antes. Claro que ahora estaba con una falda y un top diferente, sé que cuando me vio también trató de acordarse en donde me había visto y algo me decía que el color de mis ojos la hacía ver mejor aquello. Mierda ¿acaso ahora iba a ser mi maestra? No sabía si tomármelo para bien o simplemente como un castigo para mi ímpetu.

-¿Tu nombre? –fue lo primero que me dijo, hipnotizada por mis ojos o al menos admirándolos. Al parecer le gustaban mucho.

-Caleb Small –ella asintió con el ceño fruncido

-Voy a pasarte de ésta infracción porque es el primer día, Caleb. Espero que no vuelva a pasar porque si pasa, vas a tener un problema serio. ¿De acuerdo?

-Gracias –asentí. Aunque sin mentir, un poco bobo por haber escuchado mi nombre salir de su boca. Sé que es patético pero fue lo que sentí. Miré donde estaban los demás estudiantes. Todos menores que yo, era un chico que había repetido un año y ésta era una de esas desventajas. Miré el último asiento de la segunda fila y fui a parar allí. Dejé mi bolso encima de la diminuta mesa y me senté para luego suspirar, estaba claro que mañana a las 5 de la mañana por lo menos debería de despertar.

-Para los que han llegado tarde –me miró con una sonrisa divertida –mi nombre es Christine Parker. En el aula es mejor que me digan señorita Parker, exceptuando afuera claro, para evitar malos entendidos –dijo para luego girar sobre sus talones y empezar a anotar una frase en el pizarrón

-Que buen trasero –le susurró el chico moreno que estaba adelante a uno de sus amigos de un lado quienes rieron y dijeron más obscenidades. Incluso algunos de las primeras filas la miraban descaradamente y se reían tratando de acercarse para apreciar mejor su infernal figura. Que hijos de puta.

-Chicos por favor silencio –se dio vuelta ella con un tono de voz no tan alto, pero lo suficiente haciendo que todos se callaran. Era obvio que no se había dado cuenta de las mierdas que decían los otros ya que estaba demasiado adelante, lo cual me enojaba más. Señaló la frase que había escrito en el pizarrón la cual no me costó reconocer –“Las tonterías dejan de serlo cuando son realizadas de forma atrevida por gente con sensibilidad.” ¿alguien reconoce esta famosa frase? ¿o al menos saben quién la dijo? –le preguntó a todos, los cuales de todas formas no tenían idea. Escribí la respuesta en mi libreta. –Vamos chicos, no sean tímidos –dijo para luego tomarle la atención a una chica desconocida que levantó la mano –¿Si?

-¿Shakespeare?

-Buen intento –dijo guiñándole el ojo con una sonrisa amigable –pero no. Shakespeare fue un gran dramaturgo, escribió varias obras que hoy en día siguen vigentes. Como por ejemplo las más conocidas como Romeo y Julieta, Hamlet, La Tempestad, El mercader de Venecia, Noche de reyes, etc. Pero lamentablemente él no fue ¿alguien más tiene una idea? –Entonces el mismo chico moreno que había comentado sobre su trasero levantó la mano. –¿Sabes la respuesta?

-¿Homero Simpson? –preguntó él haciendo que toda la clase riera por unos segundos.

-Muy gracioso, me pregunto si al director le gustará oír ese chiste en su oficina –levantó su ceja indiferente al moreno quien se calló por unos segundos

-Lo siento

-Bien ¿alguien más tiene una idea mejor? –preguntó ahora pasando entre medio de las filas, para mala suerte mía luego de un lento paso de sus pies se posó primeramente justo al lado de mi asiento, dándole una vista fija a la respuesta correcta que había en mi libreta. Me miró con nuevamente una ceja levantada preguntando telepáticamente “¿por qué demonios no dices la respuesta?” Ella suspiró –fue Jane Austen. Una novelista inglesa –dijo para luego seguir pasando por la filas. Dándole a los adolescentes prematuros con problemas de hormonas vista hacia donde querían, su cuerpo. –escribió una de las más importantes obras en el siglo XIX y personalmente uno de los mejores libros que he leído. “Sentido y Sensibilidad” es una historia en la que aparecen dos hermanas: Elinor y Marianne, que representan el sentido y la sensibilidad respectivamente. Ambas se enamoran y tienen problemas para que ese amor no correspondido llegue a un final feliz. Por lo que lo elegí para que lo trabajen en el trimestre ya que habrá un examen de esto. –los estudiantes bufaron –Es un libro extenso pero que puede dejarles un gran enseñanza si se dedican a comprenderlo bien. –el timbre sonó interrumpiéndola –les deseo buena suerte y nos vemos mañana. Que descansen –en cuanto dio el último despido, los estudiantes saltaron como saltamontes para salir a su receso. Me dediqué a hablar por mensaje de texto con Eric para saber cómo iba la tienda, por lo que se veía iba bien y eso me tranquilizaba en cierto punto. –¿Caleb? ¿puedes venir un momento? –me llamó al ver que no quedaba ningún estudiante más en el aula. En ningún momento me había dado cuenta que aún estaba ella ahí, joder. Me acerqué como un cachorro asustado y ni sabía por qué estaba así

-¿Qué pasa señorita Parker? –bufó

-Dios, no me digas así mientras no estemos en clases. Me hace sentir anciana, aunque tenga 24 –sonreí y por lo que vi, carraspeó en el momento en que lo hice. Al parecer también le había gustado mi sonrisa o por lo menos le incomodó que lo hiciera. –llámame Chris por favor

-De acuerdo, Chris –me sonrió y creo que morí inconscientemente

-¿Te acuerdas de mí no?

Asentí

-Sí, te vi en mi tienda de discos ayer –abrió los ojos impresionada

-¿Es tu tienda? ¿de verdad? Wow, eso es, muy admirable

-Sí, bueno, se hace lo mejor que se puede supongo. Además tengo el apoyo de mis amigos y con ellos pude salir adelante –en el momento en el que dije aquello, ella quiso decirme o preguntarme algo de lo cual luego se arrepintió. Apostaba lo que fuera que tenía que ver con mis padres.

-¿Cuántos años tienes, Caleb? –fruncí el ceño

-17 ¿por qué? –asintió

-Lo supuse, te ves más maduro que tus compañeros –levanté los hombros –aunque sé que la diferencia no es mucha pero aun así se nota –la miré y por un par de segundos en lo que fueron los más largos que pude haber tenido mirando a una chica antes. Digamos que no me han faltado las oportunidades, pero raramente me han llamado la atención las chicas con todo el trabajo que tengo en mi vida tanto familiar como laboral. Y es que cuidar a Mel se ha vuelto incondicional en mi vida, no es que me queje, amo a mi hermana y es lo más preciado que tengo como también es lo más cercano al amor que no he sentido nunca más que por mis padres. Pero ahora que veo a Christine frente a mí es entonces cuando me cuestiono del por qué nunca me di mi tiempo para mí. Mi placer emocional, como hombre. Tal vez lo que buscaba no estaba en las típicas mujeres que encuentras en un bar, o puede que ninguna chica lo haya tenido desde el principio y ahora la veo a ella y es como que inconscientemente lo que buscaba sin saber lo había hallado. La miré tratando de averiguar que pasaba por su mente en cuanto miraba el reflejo de mis ojos, podría estar pensando lo mismo o simplemente admirando de nuevo mis ojos. Chris fue la primera en apartar la vista, nerviosa –Eh, mmh, ¿por qué repetiste? digo, para repetir un año sabes bastante y aun así no quieres responder las preguntas que se hicieron en la clase

-Problemas personales, eso es todo –suspiré, serio. Ella asintió –no te lo tomes a mal, no es contra a ti si no que… soy muy reservado en cuanto a mi vida Christine y no me gusta hablar estos temas

-Lo sé, yo también soy así Caleb y no te estoy pidiendo explicaciones de tu vida. Si no quieres decirme, te respeto. En serio –me sonrió comprensiva

-Gracias

-Solamente te voy hacer una pregunta más antes de que me vaya y te prometo que no te haré otra más –suspiré. Dios santo si seguía ahí, junto a Chris, estoy seguro que me abalanzaría sobre ella, la tomaría de su pequeña cintura y la besaría. Lo cual poco a poco me fui dando cuenta que jamás antes había sentido esas raras ganas de hacer eso –Entre el sentido y la sensibilidad ¿cuál crees que gana en el amor? –preguntó suavemente. Fruncí el ceño no entendiendo, aunque extrañamente sentí mi corazón acelerarse con aquellas palabras. Ella sonrió

-Nos vemos mañana, Caleb –se despidió finalmente con un leve movimiento de cabeza tomando su bolso y
su libro para luego salir con ese contoneo de caderas tan característico de ella.



Dejándome ahí, solo y sin respuesta alguna frente a su pregunta.

1 comentario:

  1. Leo tu novela y me encanta! La forma correcta en la que escribís! La verdad que te felicito :)

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