jueves, 24 de julio de 2014

Capítulo 3 -Sensitive-

Christine


¿Qué demonios debía usar para entrar a un instituto de profesora? Tal vez debía ponerme una falda de
abuela pero estaba claro que eso no era de mi gusto y sobre todo daría a entender que soy una virgen afligida. Pero tampoco podía ponerme una prenda de ropa que me haga ver una prostituta barata, tenía que lucir una dama pero no demasiado. Esto de buscar que debía ir con mi trabajo me estaba poniendo los pelos de punta, no debería ser difícil. Digo, ya me di una linda y refrescante ducha, estoy con una toalla enredada alrededor de mi cuerpo y otra en mi cabello. Sólo faltaba ponerme un puto atuendo, no es complicado Christine por Dios. Entonces vi una salvación, un milagro, como si el sol que estaba a punto de asomarse por la mañana a través de las persianas de mi departamento me lo indicara. Entre todo mi desorden que tenía en mi cuarto vi aquella falda negra sensualmente ajustada que sólo la ocupé para el quinto, y esperaba que fuera el último, matrimonio de mi madre. Me llegaba cinco dedos arriba de la rodilla, lo cual personalmente lo encontraba adecuado para un primer día de clases. Tomé un top blanco que combinaba perfecto con el teñido de negro de la falda, claro que el top debía ir debajo de aquello sino no tendría sentido. Mis botas negras que lucían sexys con mis piernas no se quedaron atrás. Sequé rápidamente mi cabello y lo dejé sin peinar. No es que me despreocupe de mis peinados o mi estética sino que mi pelo después de secar se mantenía ondulado en las partes bajas y se veía totalmente hermoso así. Me dediqué a ponerme un maquillado natural, no tan cargado. Tomé mi suéter beige delgado y ponérmelo para luego salir.

El clima en Chicago se empezaba a notar más frío, el otoño estaba a punto de comenzar y el verano se estaba quedando atrás con lo cual luego me arrepentí de haber salido tan jodidamente desabrigada pero después me tranquilicé al llegar a mi BMW. La calefacción la encendí inmediatamente, me senté para atrás y suspiré. Dios, lo único que deseaba era que fuera un gran día sin complicaciones ni obstáculos, quería que mi primer día como maestra no sea tan complicado como ha sido mi vida entera desde que murió mi padre. Por lo menos esta vez.

Encendí mi auto, me coloqué mis gafas ray-ban y comencé mi viaje. De esperarse el trafico estaba de infiernos y no es que no me lo haya esperado, sabía de sobra que hoy comenzaban las clases y el año laboral de prácticamente, todos. El hecho de llegar tarde a mi primer día de trabajo no me ponía nerviosa ya que no pude conciliar el sueño por la noche pensando en cómo podía llegar a ser como maestra por lo que me levanté más temprano de lo que me había propuesto. Iba a la hora así que saqué mi celular y lo coloqué con el equipo de música de mi BMW e inmediatamente comenzó a sonar Vanessa Carlton con A thousand Miles una conocida canción de una película famosa de comedia y ahora que la escuchaba por completo sabía que no me había equivocado al comprar el disco. De pronto los pensamientos se me fueron al anterior día, en el cual había salido para comprar cosas en el supermercado y raramente vi una tienda de discos abierta un día domingo. La tienda estaba exageradamente repleta de discos, totalmente, era el paraíso de la música de todo tipo. Encontré raro que estuviera al servicio un día domingo, pero mi curiosidad pudo conmigo. Al entrar supe que había llamado la atención de los chicos que atendían ya que era la única clienta que se le había ocurrido entrar, no me importó y sólo me dediqué a ver que disco me llamaba más la atención. No dudé al ver el disco del 2002 de Vanessa Carlton, una excelente pianista y cantante. Cuando quise ir a comprarlo tuve un leve roce con una chica pelirroja que nunca había visto en mi vida y con sólo verla supe que me quería más bajo tierra que respirando el mismo aire que ella. Para no tener más problemas un chico paliducho se la llevó de ahí a quien sabe dónde haciéndome quedar en frente de un musculoso alto moreno de ojos verdes y sonrisa perfecta. A simple vista se notaba que era de esos tipos que le gustaba follar con las tontas novias de sus amigos, un engreído y adulador con su físico, antes me moría por tener a ese tipo de hombres en la cama pero ahora, sólo me causaban gracia. Lo que más me llamó la atención, joder y creo que en lo que pude lograr soñar con lo poco que dormí por la noche fueron esos ojos azules que me miraban del lado izquierdo. No había percatado que además del moreno vanidoso que tenía enfrente de la vitrina, había un chico un poco más alto que yo, con unos grandes ojos azules y el pelo totalmente ondulado y desordenado. No pude ver bien el tipo de ropa que usaba o si tenía buen físico, aunque apostaba mi vida que tenía un cuerpo de dioses griegos, pero lo que más le miré y admiré fue esa vista azul marina que me había dejado totalmente loca. Jamás en mi vida había visto esos ojos y menos en un hombre. Y no solamente el color, sino que sus ojos, el interior de ellos me hacían saber que escondía un dolor totalmente ajeno que lo hacía sensible a los sentimientos de pena y nostalgia. Fue tanta mi conmoción que por primera vez en mucho tiempo me puse nerviosa en frente de alguien, ni siquiera pude responderle bien a la pregunta que me había hecho.

El claxon de un auto que venía detrás sonó sacándome brutalmente de mis pensamientos haciéndome saber que ya podía avanzar y seguir mi camino al instituto.







-Hermosas piernas –fue la primera idiotez que escuché de un chico delgado y rubio junto con sus amigos que me tiraron besos, mientras me alejaba de mi auto para entrar al establecimiento, se notaba que eran de algún equipo local de ahí por los uniformes que llevaban. Enorme era el adjetivo que quedaba pequeño al lado de lo que veía o más bien me adentraba. Adolescentes de 15 a 18 años iban y venían por los pasillos, algunos eran raros como los que iban vestidos totalmente de negro y eran extremadamente pálidos, también habían chicas y chicos skaters con ropa suelta y se notaban que era divertidos, como también chicas que personalmente no sabía si iban a la secundaria o a prostituirse. Negué con la cabeza al ver un par de adolescente vestidos iguales a los que me encontré en la entrada molestando a un chico que tenía lentes y era mucho más delgado y bajo que ellos. Por supuesto sin ignorar a cada uno de los jóvenes que se mordían los labios al verme o me miraban tirándome besos o silbidos. Y hasta me decían cosas tan depravadas que es mejor no repetirlas. Traté de encontrarme con la secretaria del director o al menos el salón de profesores pero de todas formas sin saber cómo, me hallé con una puerta que en la altura decía Director J. Gibson y sonreí. Golpeé con tres golpecitos suaves y sonó una voz a través de la puerta diciendo un leve “adelante”. Me adentré para luego ver a un hombre de unos casi 40 años sonreírme sentado en su escritorio y examinarme de abajo hacia arriba como siempre lo hacían, desde luego.

-¿Usted debe ser la señorita Parker verdad? ¿la que viene a reemplazar a la señora Westcoat? –asentí con una sonrisa amable mientras que el hombre se paraba para recibirme con un beso en la mejilla –bien, es un gusto conocerla, sobre todo después de los elogios que me dijo Helga sobre usted –abrí mis ojos impresionada

-¿De verdad? Bueno, yo sólo vine a enseñar lo que sé y lo que estudié. Sería un gusto para mí hacerlo –confirmé. Él asintió

-Me parece perfecto ya que es justo lo que necesitamos para los jóvenes –dijo sin quitar la sonrisa que tenía –esta es una lista con todas las reglas del establecimiento que debe de estudiar –tomó un paquete de hojas no tan grande y me las dio. Las recibí inmediatamente –Si algún estudiante de su clase las llegara a violar, no dude en hablar con el inspector y si el problema es grave él sabrá que hacer. –asentí entendiendo.

-¿Y quién es el inspector? –El señor Gibson se dio vuelta sobre sus talones para luego tomar su teléfono y llamar a quien sabe quién. Segundos más tarde apareció un hombre de unos 30 años con mirada seria, rubio de pelo corto y una cara bien perfilada, mucho más alto que yo y muy bien tonificado a simple vista, bastante guapo si es que lo puedo decir. Entró a la oficina y por lo que vi su mirada se posó en mí rápidamente.

-Señorita Parker le presento al señor Nicholas Harrison. El inspector del Instituto DePaul y él es mi ojos y mis oídos en este establecimiento. –se dirigió a él –señor Harrison, ella es la señorita Parker –el tipo me miró con los ojos sobresaltados como si se hubiera acordado de algo con el nombre que le había dicho el director –va a sustituir a Marta mientras que arregla sus papeles de la jubilación y mientras tanto Christine será evaluada a ver si después de eso puede seguir dando clases. –a Nicholas al parecer le llamé la atención en cualquier sentido de la palabra ya que no paraba de verme de arriba hacia abajo. Me examinaba como si fuera una pieza de escultura digna de apreciar y yo no me quedaba atrás en cuanto a él.

-Un gusto Christine Parker –tomó mi mano y la besó galante. Asentí con una sonrisa

-Muy bien Nicholas, será mejor que la lleves a su clase. Ya se está haciendo tarde y los alumnos están empezando a entrar –él asintió con una sonrisa –pues eso es todo Christine. No olvides leer las reglas y por supuesto ante todo, Bienvenida a DePaul.

-Gracias señor Gibson, le prometo que no le defraudaré –Nicholas con una señal de mano que me invitó a salir o más bien que lo acompañase hasta mi salón en el cual daré clases por la primera hora. En cuanto íbamos por los pasillos ya no había nadie, supuse que los estudiantes ya habían entrado a clases y sobre todo, no me equivoqué.

-Las cosas de la vida eh Chris –dijo Nicholas de repente. Yo le fruncí el ceño

-¿Disculpa?

-No me digas que ya no te acuerdas de mí –habló asombrado. Negué con la cabeza confundida, maldición, me sentía estúpida. Pensé que jamás en la vida había visto a este hombre, o al menos si lo conocía me preguntaba cómo es que no me lo llevé a la cama. –¿En el campamento de verano en el 2004? Fuimos novios en ese verano Chris –abrí los ojos ante lo dicho. Incluso casi quedé blanca con la acotación y entonces los recuerdo vinieron a mí tan rápido que mi mente casi sufrió un colapso.

Era verano del 2004, tenía 14 años y el ayudante del instructor de la tropa de scout en que la yo era parte era Nicholas que en ese entonces tenía 18 años. A todas las chicas de la tropa les encantó y es que, hasta el día de hoy, sigue demasiado guapo. Me gustó desde que lo vi, personalmente me pareció un amor platónico más de mi niñez pero en cuanto él comenzó a darme signos de que le gustaba no me pude resistir. No me malentiendan, nunca pasamos más de los besos apasionados detrás de los arbustos o los toqueteos. Todo esto fue en el campamento de verano durante 3 meses, para el final él lloró en mi hombro diciéndome que me extrañaría y que le hubiera gustado irse conmigo. No lo voy a negar, también lloré para cuando nos separamos pero él tenía que volver con su familia en Cleveland y yo tenía que volver a Chicago con mi madre. Fue solo esa historia, lo sorprendente es que él se acordara de mí o más bien que yo ni siquiera lo haya reconocido.

-¿Nick? Dios, estás tan cambiado o yo creo que tengo memoria de abuela –dije sorprendida y con una sonrisa a punto de salir de mi rostro. Él rio

-Tú también estás muy cambiada y mucho, mucho más guapa –carraspeó –no es que antes no lo hayas sido si no que, ahora estás más adulta ¿entiendes? –reí

-Te entiendo, las cosas de la vida –suspiré repitiendo lo que me había dicho. Lo seguí para que continuara guiándome al salón –¿Y cómo es que llegaste a Chicago? Creí que seguías en Cleveland

-Sí, lo sé. Es que vine a Chicago porque –titubeó –porque quise independizarme y empezar de nuevo en otro lado. En otro ambiente –asentí mientras lo seguía –¿Y tú? ¿cómo es que ahora llegaste a ser profesora? No creí que te gustara enseñar

-Pues, ya ves. La gente cambia y ahora es lo que más me apasiona

-Bien, aquí es –dijo señalando una gran puerta marrón con una pequeña ventana rectangular a la vista de las personas que quieran ver. –Aquí están las otras direcciones de tus siguientes clases

-Gracias Nick, fue un gusto volver a verte

-De nada y si quieres, después podemos tomarnos un café o algo –asentí con una sonrisa

-Claro ¿tienes mi número? –negó inmediatamente para luego darme su celular y yo anotar. Parecía una quinceañera apunto de tener una cita. –listo –me sonrió

-Nos vemos Chris –besó mi mejilla y por un instante sentí su colonia masculina. Joder, olía demasiado bien y de verdad, no hay nada mejor que un hombre que huela bien en el mundo. Al menos en mi opinión. –Ah y por cierto. Bienvenida a DePaul



Caleb

-¿Trajiste todo? –le pregunté a Melanie antes de que bajara de mi camioneta. Ella asintió con la cabeza –¿segura? Mel, tus libros…

-Los tengo todos ya los ordené ayer por la noche

-¿Y tu almuerzo?

-También ¿ya puedo irme? –asentí con una sonrisa, su cara de agobiada era bastante graciosa. Sobre todo con el rostro de recién levantada.

-Mel –la llamé de nuevo –¿y mi beso? –puse el dedo índice en mi mejilla para demostrar el lado donde lo quería. Ella bufó y la besó

-Adiós Caleb

-Adiós pequeña y compórtate eh –le grité por último para cuando ya había salido de mi cacharro que se hacía llamar camioneta, entonces di marcha al instituto.

Tráficos de mierda era lo único que tenía en mente cuando entré como alma en guerra al establecimiento, joder. Era demasiado tarde e incluso ya intuía que la primera hora podría haberse acabado. Miré mi reloj y reconfirmaba mi teoría, faltaba un poco más de media hora para que terminara, es decir, estaba extremadamente atrasado. Pasé por los pasillos como un demente, ni siquiera saludé a Lennie, el conserje afroamericano que tan bien me caía y que no veía desde hace un año. Hasta que por fin llegué, respirando agitadamente golpee tres veces para luego sentir una suave y delicada voz de mujer diciendo un leve “adelante”. Entré con mi bolso colgando a un lado de mí, seguía agitado por lo demás. Los otros estudiantes me miraban esperando que la maestra me diera algún reproche, malditos imbéciles. Entonces miré a quien debería de haber esperado que fuera la maestra anciana Westcoat. Pero no era así.

Era exactamente la misma chica que había visto en mi tienda de discos ayer en la noche, también la chica con la cual había soñado extrañamente en la noche. Era como si mis sueños no pudieran olvidarla o al menos mi subconsciente no podía pensar en otra cosa más que no fuera la chica la cual de alguna manera me había dejado loco con sólo mirarla. Cosa que nunca me había pasado antes. Claro que ahora estaba con una falda y un top diferente, sé que cuando me vio también trató de acordarse en donde me había visto y algo me decía que el color de mis ojos la hacía ver mejor aquello. Mierda ¿acaso ahora iba a ser mi maestra? No sabía si tomármelo para bien o simplemente como un castigo para mi ímpetu.

-¿Tu nombre? –fue lo primero que me dijo, hipnotizada por mis ojos o al menos admirándolos. Al parecer le gustaban mucho.

-Caleb Small –ella asintió con el ceño fruncido

-Voy a pasarte de ésta infracción porque es el primer día, Caleb. Espero que no vuelva a pasar porque si pasa, vas a tener un problema serio. ¿De acuerdo?

-Gracias –asentí. Aunque sin mentir, un poco bobo por haber escuchado mi nombre salir de su boca. Sé que es patético pero fue lo que sentí. Miré donde estaban los demás estudiantes. Todos menores que yo, era un chico que había repetido un año y ésta era una de esas desventajas. Miré el último asiento de la segunda fila y fui a parar allí. Dejé mi bolso encima de la diminuta mesa y me senté para luego suspirar, estaba claro que mañana a las 5 de la mañana por lo menos debería de despertar.

-Para los que han llegado tarde –me miró con una sonrisa divertida –mi nombre es Christine Parker. En el aula es mejor que me digan señorita Parker, exceptuando afuera claro, para evitar malos entendidos –dijo para luego girar sobre sus talones y empezar a anotar una frase en el pizarrón

-Que buen trasero –le susurró el chico moreno que estaba adelante a uno de sus amigos de un lado quienes rieron y dijeron más obscenidades. Incluso algunos de las primeras filas la miraban descaradamente y se reían tratando de acercarse para apreciar mejor su infernal figura. Que hijos de puta.

-Chicos por favor silencio –se dio vuelta ella con un tono de voz no tan alto, pero lo suficiente haciendo que todos se callaran. Era obvio que no se había dado cuenta de las mierdas que decían los otros ya que estaba demasiado adelante, lo cual me enojaba más. Señaló la frase que había escrito en el pizarrón la cual no me costó reconocer –“Las tonterías dejan de serlo cuando son realizadas de forma atrevida por gente con sensibilidad.” ¿alguien reconoce esta famosa frase? ¿o al menos saben quién la dijo? –le preguntó a todos, los cuales de todas formas no tenían idea. Escribí la respuesta en mi libreta. –Vamos chicos, no sean tímidos –dijo para luego tomarle la atención a una chica desconocida que levantó la mano –¿Si?

-¿Shakespeare?

-Buen intento –dijo guiñándole el ojo con una sonrisa amigable –pero no. Shakespeare fue un gran dramaturgo, escribió varias obras que hoy en día siguen vigentes. Como por ejemplo las más conocidas como Romeo y Julieta, Hamlet, La Tempestad, El mercader de Venecia, Noche de reyes, etc. Pero lamentablemente él no fue ¿alguien más tiene una idea? –Entonces el mismo chico moreno que había comentado sobre su trasero levantó la mano. –¿Sabes la respuesta?

-¿Homero Simpson? –preguntó él haciendo que toda la clase riera por unos segundos.

-Muy gracioso, me pregunto si al director le gustará oír ese chiste en su oficina –levantó su ceja indiferente al moreno quien se calló por unos segundos

-Lo siento

-Bien ¿alguien más tiene una idea mejor? –preguntó ahora pasando entre medio de las filas, para mala suerte mía luego de un lento paso de sus pies se posó primeramente justo al lado de mi asiento, dándole una vista fija a la respuesta correcta que había en mi libreta. Me miró con nuevamente una ceja levantada preguntando telepáticamente “¿por qué demonios no dices la respuesta?” Ella suspiró –fue Jane Austen. Una novelista inglesa –dijo para luego seguir pasando por la filas. Dándole a los adolescentes prematuros con problemas de hormonas vista hacia donde querían, su cuerpo. –escribió una de las más importantes obras en el siglo XIX y personalmente uno de los mejores libros que he leído. “Sentido y Sensibilidad” es una historia en la que aparecen dos hermanas: Elinor y Marianne, que representan el sentido y la sensibilidad respectivamente. Ambas se enamoran y tienen problemas para que ese amor no correspondido llegue a un final feliz. Por lo que lo elegí para que lo trabajen en el trimestre ya que habrá un examen de esto. –los estudiantes bufaron –Es un libro extenso pero que puede dejarles un gran enseñanza si se dedican a comprenderlo bien. –el timbre sonó interrumpiéndola –les deseo buena suerte y nos vemos mañana. Que descansen –en cuanto dio el último despido, los estudiantes saltaron como saltamontes para salir a su receso. Me dediqué a hablar por mensaje de texto con Eric para saber cómo iba la tienda, por lo que se veía iba bien y eso me tranquilizaba en cierto punto. –¿Caleb? ¿puedes venir un momento? –me llamó al ver que no quedaba ningún estudiante más en el aula. En ningún momento me había dado cuenta que aún estaba ella ahí, joder. Me acerqué como un cachorro asustado y ni sabía por qué estaba así

-¿Qué pasa señorita Parker? –bufó

-Dios, no me digas así mientras no estemos en clases. Me hace sentir anciana, aunque tenga 24 –sonreí y por lo que vi, carraspeó en el momento en que lo hice. Al parecer también le había gustado mi sonrisa o por lo menos le incomodó que lo hiciera. –llámame Chris por favor

-De acuerdo, Chris –me sonrió y creo que morí inconscientemente

-¿Te acuerdas de mí no?

Asentí

-Sí, te vi en mi tienda de discos ayer –abrió los ojos impresionada

-¿Es tu tienda? ¿de verdad? Wow, eso es, muy admirable

-Sí, bueno, se hace lo mejor que se puede supongo. Además tengo el apoyo de mis amigos y con ellos pude salir adelante –en el momento en el que dije aquello, ella quiso decirme o preguntarme algo de lo cual luego se arrepintió. Apostaba lo que fuera que tenía que ver con mis padres.

-¿Cuántos años tienes, Caleb? –fruncí el ceño

-17 ¿por qué? –asintió

-Lo supuse, te ves más maduro que tus compañeros –levanté los hombros –aunque sé que la diferencia no es mucha pero aun así se nota –la miré y por un par de segundos en lo que fueron los más largos que pude haber tenido mirando a una chica antes. Digamos que no me han faltado las oportunidades, pero raramente me han llamado la atención las chicas con todo el trabajo que tengo en mi vida tanto familiar como laboral. Y es que cuidar a Mel se ha vuelto incondicional en mi vida, no es que me queje, amo a mi hermana y es lo más preciado que tengo como también es lo más cercano al amor que no he sentido nunca más que por mis padres. Pero ahora que veo a Christine frente a mí es entonces cuando me cuestiono del por qué nunca me di mi tiempo para mí. Mi placer emocional, como hombre. Tal vez lo que buscaba no estaba en las típicas mujeres que encuentras en un bar, o puede que ninguna chica lo haya tenido desde el principio y ahora la veo a ella y es como que inconscientemente lo que buscaba sin saber lo había hallado. La miré tratando de averiguar que pasaba por su mente en cuanto miraba el reflejo de mis ojos, podría estar pensando lo mismo o simplemente admirando de nuevo mis ojos. Chris fue la primera en apartar la vista, nerviosa –Eh, mmh, ¿por qué repetiste? digo, para repetir un año sabes bastante y aun así no quieres responder las preguntas que se hicieron en la clase

-Problemas personales, eso es todo –suspiré, serio. Ella asintió –no te lo tomes a mal, no es contra a ti si no que… soy muy reservado en cuanto a mi vida Christine y no me gusta hablar estos temas

-Lo sé, yo también soy así Caleb y no te estoy pidiendo explicaciones de tu vida. Si no quieres decirme, te respeto. En serio –me sonrió comprensiva

-Gracias

-Solamente te voy hacer una pregunta más antes de que me vaya y te prometo que no te haré otra más –suspiré. Dios santo si seguía ahí, junto a Chris, estoy seguro que me abalanzaría sobre ella, la tomaría de su pequeña cintura y la besaría. Lo cual poco a poco me fui dando cuenta que jamás antes había sentido esas raras ganas de hacer eso –Entre el sentido y la sensibilidad ¿cuál crees que gana en el amor? –preguntó suavemente. Fruncí el ceño no entendiendo, aunque extrañamente sentí mi corazón acelerarse con aquellas palabras. Ella sonrió

-Nos vemos mañana, Caleb –se despidió finalmente con un leve movimiento de cabeza tomando su bolso y
su libro para luego salir con ese contoneo de caderas tan característico de ella.



Dejándome ahí, solo y sin respuesta alguna frente a su pregunta.

Capítulo 2 -Sensitive-

Caleb

Desperté de un sueño tórrido y totalmente ajeno a mi realidad en mi sofá de la sala de estar. Sabía que no era hora de dormir ya que por alguna razón las cortinas de la sala estaban claras lo que me hacía ver que era una hora de la tarde en donde el sol aún sobresalía. Me quedé dormido, supongo que no era porque el libro que tenía en mi pecho recostado era aburrido, al contrario, La brújula Interior era uno de los libros de superación personal más buenos que he leído. Por lo que no dormir bien en la noche por estudiar y estar completamente preparado para entrar luego de un año de ausencia al instituto, no me sirvió de mucho. Sabía que tendría que repetir el año con chicos de 16, tengo 17 y ya debería de estar en mi último año planeando ir a la universidad y ver qué demonios quiero estudiar en el futuro. Si algo aprendí con la novela de Álex Rovira era que el futuro depende principalmente de mi capacidad de generar cambios en mí y en mis circunstancias, y de mi capacidad y voluntad para pasar de ser efecto a ser causa. Ustedes tal vez no entiendan aquellas palabras concretas, o tal vez sí. Pero en pocas palabras me está diciendo que cada paso que doy para mi futuro depende de mí y de mis propias decisiones para lograr lo que me proponga. Aunque por circunstancias de mierdas que comúnmente me pone la vida no pude terminar mi año de superación que planeaba tener y completar mi excelencia académica. Leer y mantener la tienda de discos que me heredó mi padre han sido mi prioridad en este año, como también tanto estudiar en las materias más complejas como en las más fáciles. Eso y que tengo que cuidar a mi hermana pequeña con problemas de comportamiento. Ahora que me acordaba mejor ¿dónde se había metido esa niña? Me levanté más rápido que un rayo buscando a esa cosa baja con patas y energía de sobra que se hacía llamar mi hermana. Melanie podría ser de esas pequeñas que si le decían que el mundo se acababa mañana, se reirían, saltarían y jugarían sin tomar en cuenta lo dicho. En cierto punto era bueno, digo, así veía la vida de un punto más optimista. Aunque teniendo 9 años ¿qué clase de niño normal no ve el mundo de una manera drásticamente positiva? Por lo menos, yo no fui así a esa edad y es que no tuve una infancia muy normal por así decirlo. A nuestros padres Melanie nunca los conoció y no es que le preocupe mucho el tema teniéndome a mí como ejemplo de “adulto” siendo que tuve que crecer muy rápido y ocuparme de ella cuando solo tenía casi su misma edad actual. 8 años. Nuestros padres murieron en un accidente automovilístico cuando tenía esa edad, una horrible tragedia que duele cada vez que la recuerdo haciéndome pensar qué fue lo que pasó por la cabeza de papá que no miró el maldito semáforo que estaba claramente en rojo como para que un camión de trabajos forestales chocara justo por el lado del copiloto, el lado en el cual iba mamá matándola primeramente. Varias personas o más bien testigos dijeron que venían discutiendo por algún tema que no tenía entendido, y que tenía claro que jamás lo sabría. Aún recuerdo cuando me enteré de la noticia y cómo llegó a mis censores con movimientos lentos, haciéndome ver a las personas como monstruos que repetían una y otra vez la misma frase. Provocando que una espada invisible se clavara directamente en mí pecho. –Tus padres acaban de fallecer Caleb, lo siento –Nunca entendí por qué cada vez que alguien fallecía decían “Lo siento” ¿qué sienten? ¿acaso saben lo que es perder a las personas que más aman y que darían todo por ti? ¿o sólo lo dicen porque simplemente sienten pena por ti? Lo encuentro extrañamente estúpido. Les doy un consejo, pueden tomarlo o dejarlo si quieren. Si ven a una persona que le tienen aprecio y sufrió alguna perdida por una persona amada. No le digan “lo siento” porque esa persona, les aseguro que lloraría más y más porque inconscientemente sabe que está provocando que personas sientan pena por ella. Y créanme, no hay un sentimiento más humillante en el mundo que sea peor que la pena. Solamente siéntense a su lado y pongan una mano en su hombro. Sin decir nada. Haciéndoles saber que pueden contar contigo y ser su pañuelo de lágrimas sea como sea.

Pero ya no se preocupen por mí. Sigmund Freud me enseñó que si quiero poder soportar la vida, debo estar dispuesto a aceptar la muerte. Con los años aprendí a superarlo y por un lado me tranquiliza saber que Melanie solo tenía 3 meses de nacida para cuando pasó aquello y así no podría notar el dolor que emanaba a su alrededor. Me hice cargo de ella porque era el único recuerdo vivo que tengo pendiente de mis padres. Y ella por supuesto tiene claro que nuestros padres están en el cielo y son ángeles que nos cuidan, yo me he encargado de que lo supiera y que siempre lo tuviera en mente pase lo que pase.

-¿Melanie? ¿estás ahí? –pregunté estúpidamente al llegar al cuarto con una puerta de por medio color rosa. Sabía que estaba ahí, la canción de una comedia musical sonaba desde el televisor hasta afuera. Abrí con lentitud dándome la vista a una Melanie totalmente cerca de la gran pantalla, como si estuviera hipnotizada por la música de la película que no lograba reconocer –Pequeña no te ganes tan cerca del televisor, te hace mal –ella giró la vista hacia mí con su pelo castaño oscuro hermosamente ondulado y sus grandes ojos azules iguales a los míos y a los de mamá.

-¿Y por qué me hace mal? –preguntó ella totalmente inocente

-Te daña la vista

-Ahmm –respondió para luego volver su vista al televisor siguiendo sin tomar en cuenta mi reproche. Bufé.

-Mel si no sales de ahí te quedarás ciega y ya no podrás ver lo monitos animados que dan por la mañana. Y por supuesto yo no te ayudaré a saber si el conejo de verdad cruzó el bosque buscando su zanahoria dorada –mi hermana abrió aún más sus grandes ojos y saltó como trampolín alejándose a una distancia determinada desde su cama con vista clara a la pantalla. Reí victorioso

-Eres un pesado Caleb

-No soy pesado pequeña, soy precavido

-No, eres un pesado, un pesado aburrido y perezoso –abrí los ojos curioso

-¿Aburrido y perezoso? –ella asintió

-Sí, te quedaste dormido leyendo un libro aburrido. Eso te hace un aburrido y perezoso –dijo obvia. Fruncí el ceño acercándome y ganándome a su lado sentado en su cama rosa. Por alguna razón nunca supe por qué a mi hermana le gustaba tanto ese color. Mel seguía con su vista puesta en el televisor

-¿Estás lista para mañana? –asintió –¿tus libros los tienes todos? –asintió de nuevo –¿segura?

-Si Caleb, segura. Pero aun así no entiendo por qué tengo que ir, no quiero volver –dijo soltando un suspiro exagerado.

-Tienes que ir pequeña

-Pero ¿por qué? Digo, no es necesario

-¿Hay algún problema por el que no quieras ir? –pregunté tragando saliva. Si alguien se dignaba a tocar a mi hermana o tan siquiera decirle algo que la ofenda. Joder, era capaz hasta de matar, sin exagerar. Negó

-No, es que solo –suspiró –no tengo amigas Caleb. No tengo con quien charlar allá. Solo eso –dirigió su mirada hacia abajo tiernamente. Juro que quise abrazarla.

-¿No tienes con quién charlar? ¿y para qué crees tú que sirve tu hermano mayor?

Ella rió

-Lo sé, pero no es lo mismo que charlar con una niña

-Es complicado hacer amigos y no te lo voy a negar, seas tanto de la primaria como de la secundaria. Siempre va a ser difícil, pero nunca olvides que los amigos vienen sin ser buscados. Te aseguro y te doy firmado que este año vas a encontrar muchos amigos, te lo aseguro pequeña

-¿Y si no pasa?

-Entonces ellos se lo pierden Mel. Debes ser tu misma, sin importar qué pase –mi celular sonó de repente interrumpiendo el momento familiar. Lo saqué de mi bolsillo trasero y lo vi mostrando la imagen de Matt –¿Hola?

-Tienes que venir ahora a la tienda –fruncí el ceño

-¿Qué? ¿y para qué? Es domingo –él suspiró a través de la línea telefónica

-Por si no sabías maldito gilipollas mañana empieza el año laboral. Necesito que vengas a ver la tienda y ordenar los horarios semanales para este año con Eric y Jessica –bufé

-¿Tiene que ser ahora? Estoy con Melanie…

-Sí, a menos que quieras que mañana no haya trabajo y perdamos dinero con los chicos

-De acuerdo, de acuerdo. Supongo que llamaré a Darrell para que cuide a mi hermana. Nos vemos en la tienda –terminé cortando y mirando a Melanie que aún estaba pendiente a su tan amado musical el cual aún no sabía su nombre. Envié un texto rápido al afro con quien mi hermana se divertía demasiado, por lo menos eso era lo que más me dejaba tranquilo. Darrell era un pendejo, un niño en el cuerpo de uno de 18, un total fiestero que con solo mirarle la cara te podías reír a más no poder. Tenía una extraña complicidad con Melanie de amigos, me confiaba demasiado en él ya que prácticamente crecimos juntos y me ayudó en mis momentos más difíciles cuidándola.

-Mel –la llamé captando su atención –Darrell vendrá pequeña. –dije para que luego sus ojos se agrandaran de felicidad.

-¿De verdad? ¿y traerá los caramelos que le pedí la otra vez? –sus ojos brillaron aún más haciéndome entender del por qué se entusiasmó tanto con su llegada. Solté una risa negando con la cabeza. Unos 15 minutos después un BMW se estacionaba en frente de casa haciendo ver a un loco Darrell con su afro característico.

-Necesito que cuides a Mel –dije nervioso. Joder, ni siquiera sabía por qué –sólo será una hora o quizás un poco más. Necesito arreglar un problema con la tienda porque los hor –me interrumpió antes de que siguiera con mi súplica estúpida

-Eh, tranquilo pelmazo. Tu hermanita es como mi hermanita, así que vete tranquilo –respondió ladeando la cabeza y sus ojos entrecerrados con una media sonrisa amigable y a la vez bastante idiota

-Gracias –dije por lo último para irme de casa como un rayo subiendo a mi camioneta bastante, eh, bueno, humilde. Era un cacharro del año de antes de cristo más o menos, pero me servía mucho en cuanto al transporte de último minuto si es que se podía llamarse así. Lo compré en una subasta de camionetas usadas. En ese entonces era una de las más decentes y por 200 dólares era una oferta muy tentadora. Llegué inmediatamente abriendo la puerta de la tienda quedando abierta ante cualquier tipo de visita y raramente estaba cansado. Los chicos me miraron como si fuera Jesús haciéndoles un milagro o algo por el estilo.

-Hola ¿qué pasó?

-Al fin llegaste Caleb –dijo apareciendo una pelirroja con cabello corto, jeans sueltos desgastados y una caja de discos dispuestos a ponerse en vitrina. Jessica. Le gustaba el skate y era una total fanática y lunática del rap. Acababa de salir del instituto para trabajar y dedicarse totalmente a la tienda. Desde siempre he sabido que le gusto pero siempre me he mantenido al margen en cuanto a ella y a otras citas. Sobre todo sabiendo que tengo una hermana a la cual cuidar, no tengo tiempo, además de que no me interesaba. –Eric se tiene que ir, sus padres no saben que está aquí y Matt, bueno, no quiere estar aquí por eso te apuramos chico.

-Si, además quiero saber cuál va a ser mi horario de hora en adelante –suspiré ante la acotación del pálido y delgado Matt. Sus ojos marrones y pelo totalmente oscuro me daban miedo en algunas ocasiones. Tenía una mirada llena de misterios. Es de esos chicos que si te acercas demasiado a ellos te dan una mirada “muérete, me harías un favor”. Pero en cierto punto lo aprendí a conocer cuando Eric me lo presentó junto con Jessica en cuanto comenzó a estrenarse la tienda. Es un chico bastante simpático si charlas un buen tiempo con él. Por cierto, tiene mi misma edad.

-Está bien. No es difícil, pudimos a ver hablado eso por teléfono

-También tenemos que ver en donde quieres que pongamos los discos nuevos que llegaron ¿en la vitrina o los unimos a los otros? –dudé ante la pregunta del musculoso, moreno de ojos verdes y bien tonificado Eric. Era un tipo bastante adulado ante las vistas de las féminas. Creo que era por él que teníamos varias clientas chicas, eso y que le pedían su número inmediatamente, pero él era totalmente ajeno a eso. Tenía 19 años y estaba a punto de mudarse de la casa de sus padres para irse a vivir al departamento de su hermano mayor. No tenía novia lo cual era bastante extraño, aunque sabíamos de sobra que compañías en la cama no le faltaban. Y luego estaba yo, delgado pero no tanto como Matt, tenía un par de músculos definidos pero no demasiado como Eric. Mi cabello estaba totalmente ondulado y desordenado, mis ojos bastante grandes y azules.

-Los actuales será mejor que los pongas en la vitrina, los otros deberías ponerlos en las repisas –miré hacia las repisas y estaban totalmente listas para el negocio de mañana y empezar el empleo del año –con respecto a los horarios. Creo que es obvio que Eric tome el turno en la mañana de 8am a 11am –él asintió de acuerdo con lo dicho –Jessica tomará el negocio desde las 11am hasta las 2pm que es hora de cerrar por el almuerzo. Se abrirá nuevamente a las 3pm que es cuando lo tomará Matt hasta las 6pm. Ahí es cuando vendré yo y me quedaré hasta la hora de cierre ¿fue difícil de entender esto? –solté la pregunta con una risa. Los chicos asintieron apoyándome en mi decisión. –Bien, entonces será mejor que me vaya y ejem, Eric, quiero que te ocup –mi voz fue interrumpida con las miradas puestas detrás de mí. Los ojos impresionados de Eric y Matt, y el ceño fruncido de Jessica no pudieron con mi curiosidad y gire mi vista para ver lo que espantaba sus ojos.

Una chica, de más o menos 22 o 23 años si lo calculaba con la vista entraba a la tienda sin saber que ésta estaba cerrada. Tal vez fue una estupidez de mi parte en cuanto a dejar la puerta abierta de la tienda y pasara una chica viendo discos como si fuera un día de semana común y corriente. Aunque tenía que admitirlo, la mujer me había dejado con la boca seca. Tenía una figura de infiernos y más aún se notaba aquello con los jeans azules totalmente apretados, tacones negros altos y un top blanco, también muy ajustado a su pequeña cintura. Traía gafas negras ray-ban con un bolso grande de accesorio del mismo color y venía totalmente concentrada en un disco de Vanessa Carlton. Era uno de los discos más antiguos, aunque no tanto, que teníamos. Era del 2000 o algo así, si no me equivocaba, Be Not Nobody.

Se acercó en donde estábamos nosotros, más precisamente donde teníamos la caja recibidora de dinero. Eric se fue rápidamente a recibirle el dinero antes de que llegara caminando con un contoneo de caderas que casi se me cae la baba sin exagerar. Aunque me contuve y me fijé que tanto Eric y Matt estaban igual o peor que yo. Jessica fue la que me sacó de la fascinación de verla sacar su billetera dispuesta a pagar, sin duda.

-Quiero este, por favor

-Hey –le dijo la pelirroja haciendo que la chica subiera su mirada para verla. Se sacó los anteojos y para mirarla mejor. Estaba de lado así que no pude apreciar muy bien el color de sus ojos, aunque ganas de verlos no me faltaban. –si no te das cuenta la tienda está cerrada –la chica desconocida miró hacia la puerta en la que había entrado y respondió

-Pues no pareciera que estuviera cerrada si te soy sincera –la pelirroja alzó una ceja a la defensiva. ¿Qué demonios le pasaba a Jessica?

-Es obvio que lo está, es domingo y ninguna tienda está abierta un día así por si no sabía –la chica asintió sacando una sonrisa. Era totalmente magnífica.

-Sí, tal vez. Pero también creo que no aceptar el dinero por un disco que quiera un cliente sería un tanto estúpido. ¿No crees, niña?

-¿Qué mier –antes de pudiera decir un insulto más Matt apartó a Jessica llevándola al sótano. Impidiendo que fuera a decir una palabra más, lo cual agradecí mentalmente. La mujer miró a Eric quien en el anterior momento estaba al lado de Jessica y ahora estaba frente a ella. Y lo único que los separaba era la vitrina para observar los discos actuales que aún no terminaban de colocar. Lo examinó de arriba hacia abajo con un gesto serio. Bufé en mis pensamientos, era prácticamente obvio que cualquier chica que pasara en la tienda se fijaría en el metrosexual de Eric, no es que me esperaba lo contrario. Si no que con esta chica, resultaba totalmente frustrante.

-¿Qué onda con su amiga eh? –preguntó después de un instante. Eric le respondió antes de que yo pudiera decir algo, la verdad era que estaba bastante cabreado y ni sabía por qué.

-No te preocupes. Se pone así cuando está nerviosa, digo, mañana empieza nuevamente el trabajo ¿cualquiera estaría así no?

La chica asintió con la cabeza seria sin responder, poniendo nuevamente el disco encima del vidrio y un billete de 20 dólares sobre él.

-¿Te gusta Vanessa Carlton? –la pregunta salió de mi boca tan de repente que no tuve ni el tiempo ni el valor para pararla. Me sentí un imbécil, un completo imbécil al preguntar esa mierda. Ella giró su vista de Eric hasta donde estaba yo, al parecer no se había percatado de mi existencia hasta el momento en que hablé. Por fin pude apreciar sus ojos, eran verdes, pero no un verde como los de Eric. Si no un verde profundo, oscuro, que daban ganas de nadar en ellos. La chica al parecer me quedó mirando lo mismo ya que no habló por unos largos segundos procesando el color de mis ojos.

-No, digo, bueno, sí. El disco éste es muy, bueno –dijo por primera vez haciéndose notar nerviosa. Frunció el ceño. Eric terminó por darle el cambio junto con el disco en una bolsa negra. La chica lo tomó y lo guardó en su bolso para luego sonreírnos. –Aunque parezca extraño nunca había venido a esta tienda y creo que vendré más seguido, me gustó mucho. Tienen música de todo tipo

-Mañana abriremos de nuevo si quieres venir. Estaremos desde muy temprano –respondió de nuevo Eric, totalmente adulador. No tenía ninguna duda que quería acostarse con ella. Apreté nuevamente la mandíbula, demonios ¿acaso sabe en qué momento planeo hablar?

-Me temo que no puedo venir tan temprano. También tengo trabajo y tal vez con algo de suerte logre venir antes de que cierren

-Sí, bueno te entiendo. De cualquier forma te estaremos esperando –la chica quitó la vista amable de Eric para luego toparse con la mía. Sin poder evitarlo un escalofrío vagó por mi espalda

-Adiós, fue un gusto venir y conocerlos chicos –se despidió con una leve sonrisa y volvió a colocarse sus gafas para después salir con su tan definido contoneo de caderas. Aguantando con pésame que Eric también no le quitara la vista de encima. La diferencia entre la mirada mía con la de él era que yo me fijaba en todo, en su forma de mover los hombros, sus piernas, sus caderas y la forma tan femenina de caminar pero a la vez tan desafiante. Y la mirada de Eric iba desde sus senos hasta su trasero.

-¿La viste hermano? ¿la viste? Joder, dime que no estaba soñando con semejante belleza –dijo para luego morderse el labio y suspirar como si todo el tiempo en el que estuvo hablando con ella se aguantó la respiración. –No puede ser –habló pálido. Fruncí el ceño

-¿Qué?

-No le pregunté ni siquiera su nombre, ni siquiera su número –bufé

-Tranquilo, tal vez cuando venga de nuevo puedes preguntarle –hablé con la mandíbula apretada. Él me miró sospechoso –¿y ahora que bicho te picó?

-A ti también te gustó –afirmó. Negué con la cabeza –no te hagas el imbécil, también te gustó y por lo que veo, demasiado diría yo. –sonrió cómplice

-Cállate

-Wow, esto tengo que grabarlo. Por fin a Caleb Small le gusta a una chica, no puedo creerlo –negué nuevamente

-¿Quieres dejar de ser tan gilipollas? Lo que te iba a decir antes de que llegara esa chica era que tenías que ocuparte de las putas cámaras de la tienda. No quiero que pase de nuevo lo del año pasado –él asintió aún con una sonrisa. Bufé con ganas de patearle la cara.



Y por mucho que me cabree con esa sonrisa estúpida en cierto punto y en mi interior, sabía que tenía razón. 

Capítulo 1 -Sensitive-

Christine

Entreabrí los ojos haciendo que una luz potente penetrara con fuerza ante mí y pude darme cuenta que las persianas estaban abiertas, haciendo que la luz del sol se colara entre ellas. Estaba claro ¿quién puede dejar las jodidas persianas abiertas de noche si espera no despertar temprano al próximo día? Tal vez había sido yo la estúpida, aunque tampoco es que me acuerde demasiado si es que puedo decir. La cabeza me daba vueltas, toda mi habitación olía mal, a alcohol si puedo descifrarlo mejor y hasta los típicos sonidos de las aves era como si tuviera un equipo música a mi lado. Joder, ni siquiera sabía cómo había llegado a mi cama. Había sido una noche bastante movida y no era para menos. Las chicas querían despedir las largas y benditas vacaciones de verano en el pub de Ramón. No quise negarme aunque tal vez si lo hubiera hecho ahora no estaría con esta jaqueca que era de infiernos.

Para cuando ya tuve la mente media despertada y los ojos ya no se cerraban tanto, pude estar consciente y darme cuenta de que estaba… bueno, desnuda. Mierda, mil veces mierda. Me quejé con un bufido para luego sentarme en la cama y observar mis prendas de ropas. Me tapé la cara avergonzada dándome cuenta de que aún estaba media mareada. Quizás hasta fui abusada por tres negros transformistas y no me acuerdo de nada joder. Muy mal Christine, muy mal. ¿Qué pensaría tu elegante madre si te viera en esta facha eh? O tu difunto padre, que ahora estaría fumándose la última pipa del día, negando con un gesto de cabeza reprobatorio diciendo: “Cuando va a llegar el día en que aprendas, Chris” Aunque yo le respondería con una risa: “Tal vez el día en que dejes de darle dinero a esas compañías que crean cigarros para asesinarte, querido padre” Entonces reiríamos los dos y él me desordenaría el pelo en una coleta bien formada que antes del mediodía mi madre siempre me hacía. Jadee impresionada cuando vi un par de condones usados a un lado de mi mueble, sea quien sea con quien haya tenido relaciones sexuales al parecer no sabía lo que era un bote de basura. Aunque pensándolo bien nadie sabría lo que es un bote de basura con diez wiskis encima y con la calentura de tener sexo, era obvio. Con lentitud me levanté, estaba segura de que si me movía rápido me caería de cara al piso o hasta vomitaría en mi alfombra. Procuré caminar con lentitud hasta el baño que no estaba tan lejos de mi cama. Mi departamento no era de lujo o de esos grandes para tener todos mis caprichos como Paris Hilton, era humilde, sólo tenía las cosas esenciales que podría necesitar una chica independiente como yo. No me quejaba era mi hogar y me encantaba así. Entré al baño y me vi en el espejo, no pude evitar chillar con la persona que veía a través de él. Era yo pero con todo el maldito rímel desparramado y mi piel desnuda sudorosa. Mi cabello castaño con destellos rubios estaba desordenado hasta más no poder, si no me conociera diría que era la exorcista pero sin la posibilidad de girar mi cabeza 360 grados.  Aunque hasta este punto no sabía lo que era capaz de hacer si lo puedo decir.
Me alejé del baño buscando alguna pista con quien había pasado mi endemoniada noche, alguna prenda de ropa con la que reconocería sin duda o una nota. Mi última opción se cumplió como por arte de magia. La nota estaba justo al lado de mi almohada en que minutos antes estaba recostada y no me di cuenta por lo estúpida que comúnmente era en mi vida cotidiana. La leí y me di cuenta de que fuera quien fuera que me la escribió tenía muy linda letra. Con eso terminé de aclarar mis estúpidos pensamientos.

Hola gatita
Lo pasé increíble anoche, la mejor noche de mi vida y sin duda también fue la de Benny. Tomé tu celular para anotar nuestros números (espero que no te moleste, fue por una buena causa) y así estar en contacto.
Saludos y besos de parte mía y de Benny
Greg.


Tierra, si estás verdaderamente viva te pido o más bien te ruego que me tragues en este mismo instante. Fueron las únicas palabras que cruzaron mi mente antes de que me sonrojara como un verdadero tomate sin saber por qué. Dos hombres, pasé la noche con dos hombres. Y no eran de esos hombres ordinarios que encuentras en un bar con ganas indescriptibles de follar. Ahora que me acordaba mejor y las aclaraciones chocaban con mi mente como si fueran fuegos artificiales, si no me equivoco Benny y Greg eran gemelos. El primero era un cirujano exitoso y el segundo era un atleta innato en el arte del basquetbol. Dios, no sabía qué hacer. No sabía si sentirme orgullosa de mi misma por tener tales partidos para mí una noche o sentirme una zorra de primera categoría. Elegí la segunda ya que era la más convincente ante mis ojos y a los ojos de cualquiera. Admito en cierto punto que no era la primera vez que me pasaba esto, pero era común por lo menos despertar con jaqueca y saber que solo tuve una noche candente con un solo hombre, no con dos. Suspiré tratando de acordarme de qué me llevo a hacer esta estupidez, el alcohol y la calentura eran respuestas bastantes tentadoras. Para cuando me senté en mi cama a pensar y cuestionarme como siempre que esto no se volvería a repetir elegí olvidarlo. Como siempre. Lo único en lo que tenía que concentrarme era que hoy es domingo y mañana comenzaría por fin con la carrera que siempre soñé hacer. Ser una profesora de literatura. Llámenme hipócrita o lo que sea, pero si algo sabía además de despertar y no saber que mierda pasó la noche anterior era que amaba la literatura fuera de una forma u otra. Me encantaba saber que podía enseñarle a alguien que en un futuro próximo podría expresar sus conocimientos también a otra generación y así. Fuera niño o un adolescente precoz. En esta ocasión me tocaba enseñar por primera vez en el instituto DePaul de Chicago. Se supone que tengo que reemplazar a una anciana que planean jubilar en un futuro cercano y con mi currículo convincente no podía dejar de pasar esta oportunidad. No voy a mentir, estoy nerviosa, mi estómago se revuelve de solo pensar en que chicos de 16 años me rechacen por ser la nueva o me tilden con algún apodo que sé que podría inquietarme de algún modo. Suena ridículo pero qué se puede esperar de adolescentes que no saben dónde mierda están parados. Por lo menos yo era así, a esa edad.

Bufé tratando de no acordarme de mi pasado adolescente. Para cuando quise ir de nuevo a al baño queriendo sacarme todo rastro de la noche lasciva que pasé con una ducha en mi tina. Mi celular sonó y mi corazón comenzó a agitarse de manera extraña pensando que por algún motivo, uno de los gemelos lujuriosos quienes osan a llamarme “gatita” me estuviera llamando para preguntarme “¿te gustó como te follamos ayer?”. Una corriente escalofriante de nerviosismo pasó por mi espalda tan solo pensar en eso, pero me tranquilicé al ver en la pantalla la foto de una morena Alyssa llamando.

-Cuéntamelo todo  –me exigió la voz chillona y desesperada que caracterizaba a mi mejor amiga. Ni siquiera pude alcanzar a saludar.

-¿Contarte qué? –me hice la desentendida mirándome nuevamente en el espejo, tratando de arreglarme el horror que tenía en mi cara.

-¿Cómo que qué? –reí ante su forma de preguntarme, me conocía demasiado bien. No sabía si era bueno o malo en realidad –no te rías, no es gracioso. Dime cómo te fue con los bombones de anoche

-No te entiendo

-Claro que si me entiendes. Sobre todo porque te fuiste con ellos después de bailar bastante caliente entre medio del cirujano y el basquetbolista imitando a Beyoncé. –abrí los ojos como platos ante lo dicho. No me acordaba de esa mierda, joder, quizás hasta hice un baile desnuda en el pub y no me acordaba. No vuelvo a beber jamás de eso estaba segura.

-¿Hice eso?

-¿Qué? ¿no lo recuerdas? –soltó una carcajada exagerada luego de decirlo que hizo retumbar mi oreja. –dios, no sé si golpearte o darte un premio zorrita

-Escucha Aly, después de que me fui con ellos. Demonios no lo recuerdo pero, lo único que sé es que me acosté con… digo, no se eh, los dos, creo –luego de eso cerré mis ojos esperando su esperado grito de emoción. Y no me equivoqué.

-¿De verdad? Oh Dios eres mi ídola, chica tienes que contármelo todo –chilló

-Ya te dije que no lo recuerdo, estaba demasiado ebria

-Algo así no tienes que olvidarlo por dios, es la regla número 1 de las perras –gritó y podría jurar que estaba indignada.

-¿Y qué demonios quieres que haga? No lo recuerdo, lo único que tengo en mente es que uno de ellos me dejo una nota diciendo que escribió sus números en mi celular. Y que fue…  –suspiré –la mejor noche de sus vidas –otro grito resonó en mi oreja. Si seguía siendo amiga de Alyssa quedaría sorda joder.

-Christine si no los llamas justo en estos momentos te juro que iré a tu departamento y te patearé el trasero

-Me gustaría que lo intentaras –le gruñí

-Es que no puedo creerlo. Dios, como me gustaría ser tú en estos momentos

-Créeme, no quieres serlo –dije mientras entraba en la tina que estaba preparando, el agua estaba tibia, casi helada. No me importó, lo único que quería era sacarme la suciedad pecaminosa de la noche anterior. Suena cínico pero era la verdad. Quizás cuantas poses del kamasutra hice y yo no me acuerdo de una mierda. –Además si mal no recuerdo, y eso fue mientras yo aún estaba consciente en esta tierra, era que estabas con el hombre empresario pelirrojo –ella bufó. Lo cual me hizo suponer que el chico no la dejó satisfecha como quería o era simplemente gay.

-No quiero ni pensar en eso

-¿Qué pasó? –pregunté preocupada pero a la vez llena de curiosidad.

-¿Puedes creer que el hijo de puta estaba casado? –si no hubiera sido porque mi tina es baja, me hubiera ahogado con la espuma que empezaba a nacer de mi baño de burbujas.

-¿De verdad?

-Si –conocía tanto a Alyssa que juraría que ahora estaba haciendo una mueca de niña de 10 años porque no le dieron su dulce preferido.  –me lo dijo en la habitación del hotel ¡Pero mientras estábamos a punto de follar!

-¿Y por qué no seguiste con él? No es necesario que su mujer se entere –dije para luego arrepentirme. Ya que luego me imaginé en esa situación, por más que me gustara el chico jamás estaría con alguien casado. Porque simplemente me pongo en el lugar de una mujer y no me gustaría que me hicieran eso a mí personalmente, llámenlo solidaridad femenina o como quieran.

-¿Estás loca? Sabes que no soy así Chris

-Si lo sé, perdón soy una idiota –ella suspiró. Quedándonos en silencio por un instante, no un silencio incómodo. Si no de esos en los que te pones a pensar y quedas mirando un punto fijo. Sin que nada te importe a tu alrededor

-Mañana es tu día

-Si –asentí mientras me interrumpía en mis pensamientos silenciosos –Estoy nerviosa –confesé

-No tienes por qué estarlo. Eres buena en lo que haces y más que buena diría yo. –soltó una risa. Sonreí –además si hay algún niñato que te molesta no dudes en decírmelo eh. Te aseguro que haré que se trague sus palabras con un par de patadas en el culo –reí

-Oh estoy muy segura de eso querida. Pero no te preocupes, estaré bien –ella asintió

-¿Qué estás haciendo?

-Me estoy dando un baño de espuma. Quiero sacarme todo rastro de, tú sabes, anoche…  –ella gruñó.

-Si fuera tú estaría saltando como una niña pequeña y con una sonrisa de oreja a oreja

-Yo también estaría así, si tan solo me acordara de lo que hice –Alyssa rió. –no te rías

-Dios, mejor te dejo sola para darte tu baño y recuperar tu virginidad. Quién como tú Chris, quién como tú –me reí soltando una carcajada, pero procurando que no sonara tan exagerada.

-Está bien zorrita. Nos vemos, eh, quién sabe cuándo. Ahora que tengo trabajo no sé si pueda tener mis noches de juergas de verano sabes

-Si lo sé, pero tal vez te vaya a ver mañana por la tarde. Si es que Roger no me deja para que le ordene su maldita archivadora por todos estos tres meses de vacaciones. –Roger era su jefe. Para aclararlo mejor Alyssa trabajaba de secretaria para la mejor empresa de modelaje. Donde venían e iban modelos de alta costura, para tomarse sus estéticas y tontas fotos de portada para alguna revista que haya firmado contrato con la empresa. En este caso Roger era el jefe de todo esto y Alyssa se encargaba de llevarle el café ignorando los constantes coqueteos del anciano. Sus 59 años me hacían querer decir del por qué un anciano totalmente desgastado en cualquier sentido de la palabra sostuviera una empresa de este calibre. Aunque por lo demás tampoco ignoraba el hecho de que Alyssa no le interesaba en lo absoluto seguir sirviéndole. Lo que le interesaba a mi mejor amiga era el hijo de Roger, Stefan. El americano con descendencia alemana con quien ha follado más de un par de veces como conejos en la oficina del padre del chico. Por lo que sé y por lo que he hablado con él, tiene sentimientos bastantes profundos por mi mejor amiga. Lo cual me hace feliz porque sé que es un buen tipo, el dilema está en ella y en que no quiere aferrarse a nadie al igual que yo. Aunque sienta exactamente lo mismo que él.

-De cualquier forma me llamas. Quizás me quede hasta tarde para conocer a los demás profesores o el instituto  –ella asintió nuevamente

-De acuerdo, que te vaya bien. Te deseo lo mejor zorrita querida –sonreí.

-Gracias, también para ti Aly –el sonido de una llamada terminada sonó después de que me despedí. Estiré mi cabeza para atrás y relajarme en mi baño. Suspiré.

Después de media hora me salí de la tina, si seguía un largo tiempo ahí quizás hasta me moría de hipotermia. Observé mi cuerpo totalmente desnudo frente al gran espejo de mi habitación. Me miré como si fuera adolescente insegura por lo que me observé desde mi rostro hasta mis pies. Mi piel en sí era blanca pero no tanto como para que diera miedo, mi cabello castaño casi rubio era largo, con las puntas onduladas  y llegaba hasta antes de mi trasero, mis pechos no eran tan grandes como tampoco eran tan pequeños, tenían el tamaño perfecto y no estaban para nada caídos. Mi zona abdominal era plana y mi cintura totalmente definida. La zona púbica totalmente depilada y mis piernas largas bien torneadas. Me di la vuelta para observar mi culo orgullosa de que estuviera ausente de celulitis. Personalmente siempre me encontré atractiva y sensual. Sin ser vanidosa, es sólo que me encontraba bella ¿acaso eso era algo malo? Además, las miradas múltiples de los hombres jamás pasaban desapercibidas ante mis ojos color verdes oscuros. Lo cual me hacía sentir aún más bella y no tenía complicaciones en estar sola, es decir, que si quería compañía la tendría y si no, pues no. Si algo he aprendido en toda mi vida es que a los hombres hay que saber manejarlos, pero siendo precavida. Digamos, un hombre que es guapo y tiene miles de mujeres a sus pies ¿qué es lo que hace? Simplemente, se las folla sin ni siquiera acordarse de cuál era su nombre. Mientras que la chica a la cual folló, quedó tan ilusionada con él que hasta pensó que la llamaría al día siguiente. Siempre ha sido así desde el principio de los tiempos, es el hombre quien deja o empieza una relación si quiere con una mujer. O las domina como si fueran sus cachorros y son las que más sufren ante todo. No es que sea feminista o algo imbécil por el estilo. Créanme, amo a los hombres, ellos tienen lo que a mí más me encanta que es en pocas palabras, su polla. Es sólo que las mujeres somos las imbéciles por dejar que ellos sean los que ilusionen y ellas sean las que derramen lágrimas perdidas. No todas por supuesto, pero la mayoría. Y tanto en los libros actuales como en los antiguos siempre han hecho referencia a lo mismo. Ese es mi punto de vista, pueden decirme que soy una cursi o que lo que digo es estúpido. Pero tienen que admitir que en cierto punto tengo razón. Nunca me gustó aquello y es por eso que sufrí tanto en mi adolescencia con tipos que no sabían apreciar el amor que les daba sin recibir nada a cambio. Hasta que un día decidí que eso ya no podía seguir siendo así, por más que intentara hacer feliz a un hombre no podía, y me dije a mi misma que no bastaba con ser cariñosa y amorosa. Bastaba con saber lo que hacen y hacer lo mismo, para que en un momento dado se desconcierten y no te vean igual a todas sino, que te diferencien. Que te destaquen. Que sepan que si follas con ellos, no van a ser los únicos que se olviden de tu nombre, si no que tú al igual que ellos, ni siquiera sepas quien te metió la polla.

Miré el reloj en mi celular y por primera vez me di cuenta que marcaban las 1:51pm, bastante tarde para mi gusto y a la vez no me sorprendía. Después de la juerga de anoche calculaba que era la hora en la que merecía levantarme.


Pero en sí lo único que deseaba o más bien rogaba era que mañana fuera un gran día, joder.

SENSITIVE -Sinopsis-

Cuando la hermosa y atractiva Christine Parker llega al instituto público de Chicago como profesora de Literatura, jamás pensó que su vida no volvería a ser la misma de antes. A sus recientes 24 años de edad siempre ha tenido los hombres que ha deseado gracias a su sensualidad y belleza natural, sin compromisos, sin ataduras. Las experiencias vividas le han hecho ver que la vida es una sola y hay que abrazarse a ella sin esperar nada de nadie.

Su mundo rutinario da un vuelco inesperado cuando conoce a su reservado alumno Caleb. Sus ojos tan azules como el mar y su dureza frente a algunas situaciones, harán que sucumba en un sentimiento que desconocía desde su adolescencia. El amor.

Él es sentido. Razonamiento. Mente.


Ella sensibilidad. Sentimiento. Corazón.

¿Cómo es posible que siendo tan diferentes sean tan iguales? ¿Podrán enfrentar juntos las presiones, los miedos y las personas del pasado dispuestos a separarlos guiados por sus conceptos?

¿Sentido o sensibilidad?