Caleb
Sentía la potente mirada de Christine puesta en mí desde que habíamos salido de McDonald’s para ir camino a la tienda. Era extraño. Se había comportado de una forma muy rara conmigo desde aquel momento. Tan distante que cada cosa que le decía la ignoraba o simplemente cambiaba de tema de un instante a otro. Supuse que aún estaba cabreada por lo que había pasado esta mañana con ella así decidí seguirle su juego, si Chris no quería hablarme ¿por qué yo tendría que hacerlo? Bufé mentalmente llegando a la tienda junto con Melanie, quien ni siquiera logró callarse en ningún momento del viaje por la felicidad y emoción que sentía al ver sus vestidos nuevos. Sabía que no podía esperar para ponérselos y a la vez modelarlos. Genial, Christine contagió a mi hermana con sus compras compulsivas.
Salimos de mi vehículo y noté que la castaña clara no planeaba salir de él, le fruncí el ceño. Regresé donde ella sin antes dejar a mi hermana en la tienda suponiendo que estaba al cuidado de Matt. Le abrí la puerta de mi camioneta invitándola a salir, pero continuaba con su mirada perdida, seria y pensativa. Ha estado todo el maldito recorrido así ¿qué mierda le pasaba?
-¿Vas a salir o no? –le pregunté cabreado. Creo que era la primera vez que le hablaba así. Pero ella y su actitud de ignorarme por completo no lo toleraba. Por alguna razón sentir que Christine me ignoraba en cierta forma me afectaba sin saber por qué.
-¿Planeas que vaya a trabajar contigo? –dijo en una voz silenciosa que apenas logré escuchar. Levanté los hombros, ni siquiera pensé en lo que le gustaría, maldición. No había pasado por mi cabeza los gustos de la chica que me robaba los pensamientos. Cada segundo que pasaba me volvía más loco por ella, y cada segundo que pasaba también me comportaba como un completo inútil.
-Sólo si tú quieres –la miré fijamente viendo lo que quería hacer. Asintió suavemente –Pero si no quieres, puedo ir a dejarte a tu casa –ella negó inmediatamente saliendo de mi coche. Dispuesta a ir a mí tienda. No sin antes fijar su vista en mí
-Me gustaría aprender cómo llevar un negocio, tal vez sería divertido si me enseñaras –me habló titubeante. Algo raro pasaba con ella el día de hoy. Generalmente Christine se comportaba de forma segura y sin pelos en la lengua. Pero ahora, la veía tan acongojada y cerrada que por personalidad no la reconocía para nada.
-No hay mucho que enseñar sabes –levanté mis hombros –sólo debes sentarte en la vitrina a cobrar los cd’s que compren y dar el cambio correspondiente.
-¿Eso es todo? –asentí
-Sí. Sólo asegúrate de dar bien los cambios y no perder de vista a los clientes –le dije para luego darle una señal con mi cabeza de que me siguiera adentro –Si tienes todo eso claro, no tienes de qué preocuparte –Christine asintió segura. Al fin veía algo que realmente era de ella. Entró conmigo para que luego me arrepintiera personalmente de aquello.
Las miradas masculinas de los hombres que había en la tienda se posaron rápidamente en la castaña clara que venía conmigo. Sus ojos notorios de deseo hacia ella se notaban a kilómetros lo que me dieron ganas internamente de golpearlos a todos. Christine era ajena a todo eso por lo que veía y me ponía los pelos de punta. Apreté mi mandíbula cuando los idiotas guiaron sus ojos a su trasero y ella solamente caminaba con decisión a la vitrina para sentarse allí, a recibir los pedidos como le dije. Incluso unos dos o tres hijos de putas apresuradamente llegaron ahí para pagar los discos, que estaba seguro, habían sacado sin siquiera mirar quien era el cantante o vocalista que traía.
Quise matarlos, demonios. ¿Desde cuándo me ponía así por una chica? Traté de tranquilizarme, pero mi cordura se estaba yendo a la mierda para cuando Christine conversaba con todos ellos, quienes por lo demás, trataban de llamar su atención preguntándole cuál de los discos era mejor. Miré hacia otro lado buscando a Melanie con la mirada, intentando no tomar en cuenta que los celos me estaban carcomiendo por dentro. ¿Celos? ¿de verdad? Por primera vez en mi vida estaba sintiendo celos por una chica. Creo que estaba más mal de lo que pensaba. Giré mi vista a mi hermana y la vi conversar animada con Matt, quien todavía no se había ido por alguna razón. Fui hacia donde estaba Christine sin pensarlo dos veces, imaginármela con otro hombre que no sea yo me estaba provocando de maneras que anormales, que no me hacían pensar claramente. Menos cuando la veía rodeadas de esos imbéciles.
-¿Cuánto vale este linda? –preguntó un niñato de pelo rojizo mientras apuntaba un disco de los Breaking Benjamín.
-Espera un momento –se bajó del alto asiento que teníamos en esa parte. Y caminó con ese contoneo de caderas infernal que me dejaba los pensamientos en un universo alterno. Por supuesto que los idiotas miraban embobados su cuerpo. –Caleb ¿tienes alguna libreta donde anotas los precios de los discos? –me habló suavemente. A pesar de todo aún seguía notando que Christine estaba rara. Asentí mirándola con mi ceño fruncido.
-Está en los muebles de la izquierda –señalé sin perderme de vista su color verde profundo que tenían aquellos ojos. Ella asintió tímidamente regresando a su lugar. Buscó el famoso cuaderno y el precio de todo tipo de discos que conteníamos para luego sonreírle al hijo de puta que le habló antes. Dejándolo casi babeando junto con los otros.
-Pues son 12 dólares –él asintió con una sonrisa dándole un billete de 20 dólares. Para cuando Chris iba a darle su cambio, el estúpido la detuvo tomando su mano. Mi mandíbula casi cayó al piso y de por sí casi le saco los ojos.
-No te preocupes por el cambio. Es tuyo –le guiñó un ojo. Christine lo miró extrañada para luego dar vuelta su vista a mi mirada asesina, que examinaba al chico que se veía un poco mayor que yo.
-Gracias –respondió amable frunciendo el ceño. Mi paciencia se fue a la mierda. Me colé entre ellos recibiendo uno que otro quejido o silbido de desaprobación.
-Ponte a la fila idiota –escuché decir a un moreno con cuerpo voluptuoso. Volví apretar fuertemente mi mandíbula sorprendiéndome del hecho de que no me la dislocara. Christine me miró con gesto curioso cuando me posé al lado de ella.
-Esta tienda es mía y puedo estar donde se me dé la jodida gana imbécil –respondí cabreado con gesto duro y serio haciendo que el chico se callara. Mi mirada intimidante por lo que vi lo asustó, sentí como la mano de femenina de Christine tomaba con suavidad mi brazo detrás de lo que nos separaba con los espectadores de ella. Con la vitrina. Me di cuenta de que aquel tacto lo hacía únicamente para tranquilizarme, pero verla, a ella, rodeada de hombres capaces de hacer cualquiera cosa por llamar su atención, lograba hacer conmigo cosas que nunca pensé sentir.
-Caleb, tranquilo. Ellos son amigables –me miró con confusión. Bufé para luego girar mi vista a otra parte que no fuera esa escena. ¿Qué no entendía lo que causaba en los hombres con sólo mirarlos? Su sensualidad y coquetería me ponían los nervios de punta y me daban ganas de descuartizar a todo aquel que la observara con otra intención indeseada. Suspiré sentándome a su lado mientras atendía a otros babosos para deshacerme de una buena vez del montón. Vi como en la entrada se abría la puerta nuevamente haciéndose ver como la pelirroja de Jessica entraba con sus tan preciados jeans desgastados y una blusa más grande que su cuerpo. Cuando me vio la sonrisa se le iluminó, había que ser idiota para no darse cuenta que la chica quería más que una amistad conmigo. Lo raro era que yo no lo quería y no sentía para nada algo parecido a lo que sentía cuándo tan sólo me acercaba a Chris. Mierda.
Por supuesto que su mirada cambió cuando vio entre todos los perros falderos a Christine y a mí a su lado. Su semblante se volvió serio y supe que no venía nada bueno.
-Hola Caleb –me saludó con una sonrisa acercándose al lado opuesto de la vitrina. Christine desvió su mirada del cliente que atendía a ella frunciendo su ceño, tal vez recordó haberla visto hace unos días, cuando por primera vez entró a mi tienda.
-Hola ¿qué haces aquí? Pensé que tu turno había terminado –ella asintió
-Sí, pero quedé con vernos acá con Matt y Eric, vamos a ir ver unas películas ¿vienes? –la miré titubeante, no por el hecho de que me invitara. Sino por la mirada seria que le otorgaba a la castaña clara.
-No lo sé. ¿Qué hago con Mel? –pregunté entrecerrando los ojos mirando como Matt bromeaba con mi hermana en una esquina del lugar –No puedo dejarla sola
-Puedes llamar a Darrell –propuso la pelirroja sin dejar de mirar entrecortadamente a Christine ¿qué demonios le pasaba?
-Sí, tal vez lo haga –levanté los hombros viendo como Melanie corría hacia donde estábamos con una sonrisa de excitación. Matt venía detrás de ella. Lo bueno de todo esto es que los estúpidos babosos ya se iban del lugar. Lo cual agradecía interiormente.
-Christine ten –la pequeña monstruo sacó de sus pequeños bolsillos de su vestido un anillo artesanal. Fruncí mi ceño –es para ti. Lo había fabricado hoy en mi clase, pero se me había olvidado dártelo –se sonrojó para luego dárselo en sus manos. Sentí como la chica se enternecía ante ese gesto
-¿De verdad? –suspiró ella tomándolo para verlo con admiración y luego colocárselo –es precioso nena. Muchas gracias –terminó por agradecer abrazando a mi hermana. Esas dos ya se habían tomado bastante cariño, joder. Y sería de lo más difícil separarlas. Percaté la mirada seria de la pelirroja mirando la escena, totalmente extrañada y confusa. Negué con mi cabeza para tomar la atención en el paliducho.
-Tu hermana me contaba que hoy tuvo artes en su escuela. Si no tocábamos ese tema de por sí se le olvidaba el regalo –dijo Matt cruzando los brazos divertido. Ahora su vista fue a la de Christine, noté cómo se impresionó al verla a mi lado para luego relajarse y sonreírle precavidamente. Tuve celos, tenía que admitirlo. –Vaya pelmazo, al parecer todavía no me presentas con tu… –hizo una oración incompleta mirándome, esperando que le dijera si era una conocida amiga o novia. Joder.
-Mmmh –me acomodé la garganta antes de presentar. –Christine él es Matt y Matt, ella es Christine, una… amiga –Mierda. Los presenté para luego ver como se saludaban con las manos amistosamente.
-Hola, un gusto –habló ella y Matt asintió amable aceptándola tomando su mano.
Vi que la castaña veía a la pelirroja, también esperando que las presentara. Eso iba a ser difícil. Melanie sólo presenciaba el espectáculo, sin hablar, aunque en el interior sabía lo que pasaba por su pequeña cabecita.
-Christine ella es Jessica y Jessica mmh, ella es Christine –Jessica asintió nuevamente sin sacar su gesto serio. La castaña se levantó para saludarla de manos haciendo que ésta la examinara de pies a cabeza. Jessica podía ser de lo más amigable, si mantenía la boca cerrada, claro. Pero para sorpresa de todos, la pelirroja no la aceptó. ¿Qué mierda?
-Un gusto –habló irónicamente cruzando los brazos. Dejando la mano de Christine en el aire. Ésta frunció su ceño sin decir nada.
-Eh, ¿Caleb? ¿Jessica te dijo que vamos a ver una película? –asentí entendiendo que Matt quería sacarnos de ese extraño momento tenso. Lo cual le agradecía con la mente. –Si quieres, puedes invitar a Chris –señaló con la cabeza a la castaña quien negó rápidamente.
-No, de verdad. No quiero incomodarlos, ésta es su noche, no la mía –levanté los hombros tranquilizándome en cierta forma al ver como Jessica se apartaba del lugar para hablar por teléfono.
-Vamos, sólo iremos al cine ¿qué tiene eso de malo? –habló Matt. Quise asesinarlo, pero a la vez lo quise en cierta forma.
-Pero eso es de ustedes. Se sentirán incómodos si van con una desconocida
-Para nada. Así nos conocemos más –no sé ni por qué dije eso. Pero sentí que la chica me miró de una forma ¿cariñosa? Demonios, si eso era, me hiso sentir el hombre más feliz del mundo en aquel momento.
-Caleb –me advirtió divertida –¿Qué pasará con Mel? –me indicó con la cabeza a la pequeña monstruo que tenía a mi lado.
-Tal vez la deje al cuidado con Darrell –dije ahora lanzando mi vista hacia la miniatura de mi hermana. Ella me sonrió feliz ante ese hecho. Era consciente de que quería a Darrell, como también le gustaba pasar tiempo con la hermanita del afro.
-¿Irá con Chloe? –preguntó nombrando a la hermana del individuo. Incliné mi cabeza para hablarle
-Lo hará si yo se lo pido –respondí provocando que chillara de emoción. Bien, empezaba a creer que mi hermana quería a todo el mundo menos a mí. Que pelmazo era.
-Hablé con Eric por teléfono –habló por primera vez la pelirroja, que por encima de todo, deseaba que no estuviera ahí. –dijo que estaba en camino y traía algunas cervezas –pronunció ahora fijando su mirada más compasiva hacia mí. Matt sonrió pasando un brazo sobre el hombro de la chica.
-Adivina quién irá con nosotros –ella frunció su ceño. Y me fijé en Christine, sin leer sus pensamientos, supe que quería que la tierra la tragara en pocas palabras.
-¿Quién?
-Christine –dijo lanzando una risa obvia. La mandíbula de Jessica casi perfora el piso haciendo que los colores se le subieran al rostro.
-¿Qué? ¿pero qué demonios Caleb? –me cuestionó. Levanté mis hombros, serio. Estaba a punto de abofetear a Jessica y era la primera vez que me daban ganas de hacer eso con una mujer.
-¿Qué tiene de malo Jessica? Es sólo una chica, nos va a acompañar y eso es todo.
-Sí, pero no tiene nada que ver con nosotros –la volvió a examinar con la mirada con asco.
-Sinceramente yo no quiero crear ningún momento de incomodidad. Ve tú con tus amigos Caleb y yo tomaré un taxi –dijo decidida y segura. Antes de que comenzara a ordenar sus cosas, como un rayo tomé su mano. Si pensaba que se podía ir así, estaba realmente equivocada.
-Me importa un pepino todo eso. Tú vienes con nosotros y es mi última palabra
-Pero Caleb –me interrumpió furiosa la voz de Jessica.
-Jessica basta –dirigí mi mirada hacia ella. –¿Cuál es tu maldito problema? ¿desde cuándo te importa quién nos acompaña o no?
-No me importa. Pero tú más que nadie sabe que ella no tiene nada ver ni contigo, ni con tu hermana y menos con tus amigos –listo. Mi paciencia en ese instante valía mierda y no me importaba el hecho de que estábamos haciendo un espectáculo en medio de mi centro de trabajo.
-¿Quién te crees que eres para venir a decirme en mi cara lo que tengo que hacer con mi vida? –ella abrió los ojos sorprendida ante mi tono reprobatorio, creo que hasta Melanie se sorprendió y eso que aquella pequeña era la que más conocía mi lado serio. Vi a Christine tomando la pequeña mano de Melanie, supuse que no le sorprendió mi tono pero la asustó, de eso estaba seguro.
-Nosotros sabemos lo que has vivido o pasado Caleb. –bufé
-¿Y eso que tiene que ver con ir a ver una maldita película? –casi grité. Me faltó poco para hacerlo, mierda. –Si tanto odias el hecho de que estemos acompañado mejor vayan ustedes. No estoy de ánimos para poder seguir con este estúpido circo
-Caleb, chico cálmate –me habló Matt. Suspiré tomando mi cabello con frustración. Odiaba esta mierda. El sonido nuevamente de la puerta de entrada de la tienda nos interrumpió, haciéndonos ver al deportista Eric entrando al espectáculo con unas botellas de cervezas en sus manos con una sonrisa en su rostro.
-Miren lo que traje para la película –su sonrisa se desvaneció al ver la cara de sus amigos. Pero lo que más le llamó la atención fue la castaña clara que seguía teniendo a mi lado. Sus ojos se abrieron al darse cuenta de quién era, pero ignoró el hecho y dirigió su mirada hacia nosotros. –Mmh ¿quién murió?
-Nadie –respondió Jessica retórica –hasta el momento
-Christine, él es Eric, un amigo de infancia –ignoré el idiota comentario que hizo la pelirroja para dirigir mi mirada hacia ella, quien asintió sonriéndole levemente con tristeza.
-Hola –titubeó. Estaba nerviosa y sabía la razón. Todo esto se fue demasiado lejos
-Hola linda ¿vas a venir con nosotros no?
-Ash cállate Eric –rodé los ojos ante el bufido de Jessica. Joder ¿qué tenía Chris frente a estos imbéciles? Algo había en ella que los desconcertaba y con eso, lograba desconcertarme a mí.
-Vamos. Tenemos que pasarla bien todos juntos ¿por qué tanta tensión? –dijo ahora Matt positivamente. Incluso Matt cambió con Christine. Por lo general el paliducho era bastante serio, de por sí más serio que yo. Pero estando ella, todo cambiaba.
-Dile eso a Jessica, porque al parecer no lo entiende –hablé fulminándola con la mirada. Ella dio un leve grito de frustración
-Bien. Si quieren que vaya una chica que apenas conocemos, allá ustedes, pero no crean que voy a sociabilizar con ella. –exhaló mirándola con enojo –si quieren hacerse los idiotas fingiendo que ella pertenece a nuestro grupo, háganlo ustedes, pero no lo haré yo –pronunció por último saliendo hecha furia de la tienda, sabiendo que iba con precisión a esperarnos en mi camioneta.
-De acuerdo –habló el moreno Eric, levantando los hombros –¿Vamos? –miré con cara de culpabilidad a Christine. Quien sabía que no había más que vergüenza en su rostro. Y no era mentira. Todo el bochorno que le hice pasar no era más que mi reverenda culpa, ella no tenía por qué pasar por esto.
Terminé por asentir, dándole mi mano a la castaña clara, quien la aceptó con una lenta sonrisa que me iluminó el alma.
-Vamos
(…)
Cuando ya habíamos dejado a Melanie en mi casa con Darrell y Chloe íbamos en camino al famoso cine en mi camioneta, que por lo demás me traía bastantes buenos recuerdos. Incluso cuando apenas llegamos a mi vehículo sentí el sonrojo extremo de Christine al subir a la misma parte en donde casi habíamos llegado hacer cosas indebidas. Sentí un par de botellas de cerveza abrirse en la parte trasera, bufé mentalmente mientras que en la radio sonaba fuertemente Smells Like Teen Spirit. Ni siquiera llegábamos a la mitad del centro cuando Eric ya estaba abriendo las malditas cervezas. Que por demás se encontraba en el asiento trasero junto con Matt y la positiva de Jessica, de forma sarcástica claro. Christine iba a mi lado. Sinceramente prefería que estuviera en el asiento del copiloto que en el asiento trasero junto a la chica que la menospreció. Y también prefería que estuviera conmigo.
Giré mi vista hacia ella tratando de saber que era lo que pensaba de todo esto, pero la encontré mirando por la ventana lateral. De por sí sabía que se sentía de una forma errónea. Pensando que había arruinado nuestra salida, que no era para nada cierto. Al contrario, sentía que la había perfeccionado.
-¿Estás bien? –pregunté en un susurro, previniendo que los individuos que conversaban animadamente atrás no escucharan nuestra conversación, aunque sabía que no lo harían combinando la música y el sonido de sus voces en mi coche. Christine me miró melancólicamente, pero con una sonrisa que usualmente me dejaba sin respiración.
-Sí ¿por qué preguntas? –levanté mis hombros.
-Desde que salimos de McDonald’s haz estado rara –fruncí mis labios –como estuvieras triste o afectada por algo. Dime ¿qué te ocurre?
-Nada, es que hoy ha sido un día muy loco
-Sí –estuve de acuerdo. Tenía toda la razón –pero vamos cuéntame, sé que te pasa algo aparte –ella lanzó una risa –¿qué te hace gracia?
-Me conoces Caleb Small, pero no del todo –suspiré
-Pues no hay que ser tan inteligente para darse cuenta cómo estás
-No me pasa nada. Sólo, lo que pasó en la tienda me hizo sentir un tanto –exhaló sonriendo triste –culpable
-Lo intuí –le sonreí. Christine me dirigió una vista curiosa –pero no deberías. No deberías dejar que te afecte lo que lo demás digan de ti –ella me sonrió
-Nunca me ha afectado Caleb. Pero el hecho de causar un problema para ti entre sus amigos no me anima mucho –completó defraudada. Era increíble que haciendo cualquier gesto me pareciera la persona más hermosa, y bella que pudiera existir ante mis ojos.
-No has causado nada ¿si? Nada es tu culpa y mientras sea así, yo te defenderé si es necesario –ella me sonrió comprensiva para luego volver su mirada a la ventana y yo seguía viendo el camino al cine. La voz y las risas de Eric y Matt nos interrumpieron de nuestra conversación. Que idiotas.
-Hey Chris –la llamó Eric sonriente. –¿Cuántos años tienes, chica afortunada? –Christine miró fruncida
-24 ¿por qué preguntas? –preguntó divertida al ver la cara de asombro del moreno de ojos verdes.
-¿De verdad? Porque wow, apostaba mi vida a que tenías no máximo de 20 –ella rió
-Suelen decírmelo –bien. Otra cosa que conocía de ella, cada cosa que averiguaba, más la admiraba. Y todo esto se me estaba yendo de las manos. Eric sacó una de las tantas botellas de alcohol que tenía y las alzó a su vista.
-¿Quieres una?
-¿Está helada? –quedé mirándola embobado ante su respuesta rápida.
-Claro que sí. Al menos les queda un poco de congelación desde que las compré –miré por el espejo retrovisor como el moreno levantaba los hombro divertido. La castaña asintió recibiendo la botella y tomando un gran sorbo.
-No sabía que tomabas –no pude evitar sacar un comentario al respecto. Christine me volvió a sonreír después de tomar su segundo sorbo, cada día me volvía más loco. Mierda ¿cómo era eso posible?
-Como te dije hace unos segundos –suspiré –Me conoces Caleb Small, pero no del todo.
Christine
Llegamos en menos tiempo de lo que hubiera querido. La verdad era que la estábamos pasando bastante bien con Caleb y sus amigos en la camioneta. Eric y Matt me contaron de su vida y de cómo llegaron a trabajar con el chico de ojos azules hermosos. El moreno conocía a Caleb desde pequeños así que eran amigos de infancia. No era tonta, aquel hombre se notaba a kilómetros que era un mujeriego de primera, pero el maldito tenía un muy buen don. El don de poder conquistar a las chicas con sólo hablarles. No es que me haya conquistado ni alguna mierda parecida. Es sólo que conocí a varios chicos así a lo largo de toda mi vida y ahora que lo veía, era todo más predecible. Matt era más serio y una que otra vez se reía de las estupideces que decía Eric. Me causó una buena impresión ya que prácticamente era de los chicos que no se metían con nadie ni mucho menos en problemas. Al principio pensé que tenía una relación con Jessica, la amiga pelirroja de Caleb, quien cuando apareció supe de inmediato que me quería bajo tierra lo más pronto posible. Con sólo ver la mirada que cada vez le proporcionaba a Caleb me dejaba más que claro que aquella muchacha gustaba de él. Reconozco a leguas aquello. O al menos reconozco cuando alguien se siente atraído a otra persona, creo que eso era el único don que se me daba. ¿Habrán tenido algo? Mi estómago sólo se revolvió ante esos pensamientos. Puede ser que sus celos sólo eran resultado de alguna relación afectiva que no resultó en el pasado y me vio a mí como una amenaza. ¿Pero qué tipo de amenaza podía dar yo con un chico que iba apenas en el bachillerato? Suspiré internamente.
Con respecto a Caleb, nos reíamos de igual forma pero sin dejar de exencionarnos el uno con el otro. Nuestras miradas siempre estaban conectadas a un nivel cómplice que me asustaba en cierto punto, pero me encantaba. A esta instancia no podía negar que me había sorprendido el haberme enterado de la muerte de sus padres, tal vez por eso fui tan condescendiente con él y trataba de ignorarlo lo que más podía. Estaba segura que si le hablaba como normalmente lo hago, mi gran boca no tardaría en decir un par de estupideces que terminarían alejándome de él y que por demás sabía a ciencia cierta que si le decía alguna estupidez, Caleb sentiría que sólo estoy con él por lástima. Y créanme, no hay un sentimiento más humillante que la pena o la lástima ajena. También tenía que reconocer que tampoco él sabía lo suficientemente de mí, como el por qué me importa un pepino el dinero o el hecho de que odiara el olor a cigarrillo. Pequeños detalles que hacían la diferencia entre nosotros y prefería que siguiera siendo así, porque de lo contrario, ya no habría marcha atrás. Una mente brillante diría que sólo me tengo que alejar para evitar sentimientos que no quiero volver a repetir, pero algo me tenía atada a él. Hace un maldito día quise alejarme de él por miedo y tan siquiera pude estar así por más de ese tiempo. Realmente esto estaba mal, una fuerza ajena me tenía conectada a él. ¿Por qué me sentía así con un chico que apenas conocía? Eso no era normal, al menos en mi vida no. Varios hombres han pasado bajo mis sábanas y jamás sentí la necesidad de volver a verlos ¿por qué demonios me sentía así por alguien que tan siquiera logré besar? Era frustrante y poco ortodoxo. Entonces una chispa suprema se encendió bajo mis censores.
¿Y si no era más que una lujuria intensa por él? ¿o una adicción a lo que llevaba años haciendo con otros hombres, pero que ahora me resultaba tentativo? Abrí mis ojos antes la idea que no había pasado por mi mente. Tal vez eso era, tal vez sentía una intensa atracción por el fruto prohibido que jamás antes hubiera visto o vivido. La única razón contundente y que hacía más ruido en mi cabeza era esa. ¿Qué más podría ser que no fuera una calentura por un alumno? La única respuesta que me quedaba era esa, acostarme con Caleb Small y ver que resultaba después de aquello. Pero lo único que esperaba era que no me confundiera más de lo que estaba. Él podía ser muy guapo y reservado en cuanto a todo lo que le rodeaba, pero yo no sentía más de lo que podía ver. Más de lo que veía en su anatomía y era sólo eso. Por fin tenía algo claro desde que lo conocí, ahora sólo me quedaba hacer las cosas con cuidado. Poner en apuesta lo que haría era mi única oportunidad, sino realmente estaría jodida.
Salí del vehículo acompañando a los chicos al cine con una sonrisa en mi rostro. Inhalé el viento de la noche, supuse que no eran más que las diez. Mi humor había mejorado y no era por las infinitas bebidas de alcohol que me dieron adentro del vehículo, era más bien porque después de días sabía lo que tenía que hacer respecto a Caleb. Me sentía satisfecha.
El castaño de ojos profundos me miró fruncido
-Vaya. Parece el alcohol te hizo bien –me sonrió haciendo que mi piernas temblaran. Se acomodó la chaqueta de cuero negra que traía y que le quedaba tan malditamente bien. Asentí divertida
-Puede ser –reí. Sentí como Jessica me fulminaba con la mirada mientras acompañaba a Matt a comprar los boletos, fruncí mi ceño. Esa niña de verdad quería buscar un problema conmigo y siendo sincera, no tardaría mucho en encontrarlo. Después de casi media hora de discutir si querían ver una película de acción o terror, terminaron eligiendo la segunda opción. La verdad era que eso me daba igual, el chico que tenía a mi lado era lo que tenía mi mente divagando. Eric nos miró entre divertido y sospechoso.
-Y… ¿Chris? –me llamó el moreno tomando mi atención –¿sabías que dentro de poco Caleb cumple años? –sentí como el castaño se tensaba a mi lado. Fruncí el ceño sorprendida
-¿De verdad? –ahora dirigí mi vista a Caleb quien sólo se dedicaba a fulminar con la mirada a Eric. Luego terminó por cerrar sus ojos frustrado y suspirando para después mirarme, asintiendo.
-Sí. Cumplo 18 el viernes de la próxima semana –levantó los hombros. Abrí mis ojos aún más sorprendida. Joder ¿cuántas cosas no sabía de Caleb?
-¿Qué? Pero –titubee –eso es muy importante. Suenas como si no te interesara
-Y es que no me importa Christine. ¿Qué tiene de especial un cumpleaños? Es sólo un año más de lo mismo y que sólo se suma a tu vida. Es igual a todos los otros días que pasan –explicó dejándome helada. ¿No le interesaba en lo más mínimo? Dios, yo cuando apenas cumplí 18 años me fui de juerga hasta el otro año. Acostándome con un surfista de ensueño y drogándome a más no poder en un pub con Alyssa. Reí en mi mente recordando entonces, cuando recién había decidido no lamentarme más por los amores perdidos o de la muerte de mi padre. Cuando decidí que todo lo que pasara a mí alrededor me importaría menos que nada.
-No es sólo eso. Son 18 años, tienes tu mayoría de edad y eso es algo de lo cual celebrar. No puedes tomarlo así como así –repuse no entendiendo su postura. Caleb me miró desconcertado
-Ya te dije que no me interesa
-¿Y los regalos? –quise poner más leña al fuego. ¿Acaso no podía mantener la maldita boca cerrada? Joder. –¿tampoco te emocionan en lo más mínimo?
-No quiero pensar en eso. Ni siquiera me había acordado mi propio cumpleaños hasta que Eric lo mencionó –dijo caminando hacia la entrada de la película, con las manos en sus bolsillos. –el único buen regalo que podría tener en un día así es la sonrisa de Melanie. Nada más que eso –continuó cuando pensé que el tema estaba zanjado por él mismo. Pero cuando habló de su hermana de ese modo quise abrazarlo y besarlo. Caleb Small era una persona tan misteriosa como profunda. No había ninguna otra palabra más que pudiera describirlo.
Terminamos por entrar, sabiendo que había jodido el clima de sus sentimientos. Maldita estúpida.
(…)
-Iré al baño ¿sí? –susurré avisándole a Caleb, quien tenía a mi lado sentado y viendo seriamente la película. Al parecer se trataba de una muñeca diabólica que ni siquiera había tomado en cuenta con todos mis pensamientos que tenían involucrado al castaño. Él ni se inmutó ante mi aviso así que salí tratando de no distraer al público que estaban casi pegado a la gran pantalla.
Salí de ese gran espacio para acomodarme en las afueras de las salas de cine, donde típicamente las personas van a pedir sus palomitas antes de la película. Me senté en una pequeña banca que había en medio, no había ninguna persona donde pudiera verme, estaba más que claro que toda la gente estaba adentro disfrutando de la trama. Tomé mi frente, estar adentro con Caleb y sus actitudes extrañas me frustraban y ni siquiera sabía por qué toleraba eso. Suspiré tratando de canalizar mis energías. Papá siempre decía que para relajar tus sentidos lo mejor era dejar tu mente en blanco. No pensar en más que ese color. Si lo hacía, entonces sabría qué hacer. No sabía cómo podría lograr eso en esos momentos pero mi padre siempre tenía razón, así que lo intentaría.
Sentí cómo alguien se sentaba a mi lado asustándome de mi viaje a tener mi mente en blanco. Era Caleb. Reconocía donde fuera ese olor natural y delicioso que poseía aquel hombre.
-¿Por qué te fuiste? –dijo despacio a mi lado. Levanté mi mirada para observarlo, había inquietud en su mirada. –¿No te gustó la película? –negué con mi cabeza
-No es eso. Es sólo que quería despejarme –asintió pensativo –además del hecho de que pensé que estarías enfadado –él me sonrió
-Siempre piensas eso de mí. ¿Cuándo vas entender que nunca me enfadaría por algo así?
-Pues, te enfadaste con Jessica por mi culpa –negó inmediatamente.
-No me enojé por tu culpa. Me enfadé por el simple hecho de que su actitud apestaba. No entendí su comportamiento contigo
-No sé si eres ciego o no lo quieres ver –dije divertida –decir que le gustas a esa chica es poco sabes. –me frunció su ceño extrañado para luego reír. Él lo sabía, sólo se hacía el idiota.
-Lo sabía. Siempre lo he sabido, pero como te dije, nunca he tenido tiempo para relaciones Chris. Menos con personas que considero nada más que una amiga –suspiré tranquila. Por alguna razón me gustaba esa idea de que sólo considerara no más que una amistad. Me sentía bien ante ese hecho y de por sí ya estaba mal.
-¿Y nunca has tenido “algo” con ella? –tenía alguna adicción por echar leña al fuego. Y de verdad me estaba preocupando por no mantener mi boca cerrada.
-¿”Algo”? ¿quieres decir si he follado con ella? –él rio. Tragué saliva ante lo dicho, me dolía el pecho con tan sólo escuchar esas crueles palabras. Me tranquilicé cuando negó su cabeza divertido
-No, nunca –soltó una risa leve –¿Crees que soy igual a todos esos niñatos que se tiran a miles de mujeres para luego presumir con sus amigos? –levanté mis hombros
-No. Pero tampoco es que descarte la posibilidad –bufó
-Pues descártala. Te aseguro que pienso más por la cabeza que poseo arriba que la de abajo –me sonrojé. No pude evitarlo.
-Vaya. Entonces creo que me saqué la lotería encontrando un chico que no piense en su polla cada segundo –Caleb me miró divertido. La conversación de un momento a otro se había puesto más que interesante, pero sin dejar de ser entretenida.
-¿Por qué siempre piensas lo peor de mí? –me preguntó luego de un momento en el que no hablábamos, sólo sentíamos nuestras respiraciones. La verdad era que tener a Caleb sentado y pegado junto a mí, me descontrolaba pero a la vez me tranquilizaba.
-¿Disculpa?
-No lo sé. Siempre que me preguntas cosas piensas que estoy enfadado o que soy igual a todos los demás.
-No es cierto –traté de hacerme la idiota. Ese papel siempre me venía como anillo al dedo.
-Sí lo es Christine –terminé por exhalar
-Bueno pero ¿qué quieres que haga? Siempre pienso eso de ti, por el simple hecho de que no te conozco Caleb –solté tratando de controlarme. Pero ya no había vuelta atrás, estaba al borde del colapso y sobre todo escupir lo que sentía a ese chico –te desconozco y no sé cómo reaccionar contigo –terminó por observarme serio, cambiando totalmente su semblante sonriente. Todo indicaba que lo había impresionado con mi sinceridad pero a la vez lo había enojado
-Tú no quieres conocerme –dijo como si supiera lo que pensaba. Era un idiota. Pero un idiota que me volvía loca.
-¿Cómo lo sabes? tú tampoco me conoces como para decir qu –ya no tuve oportunidad para hablar cuando los labios de Caleb me sorprendieron en un abrir y cerrar ojos. Era una buena forma de callarme si es que lo podía decir. Aunque al principio me sorprendió de sobremanera haciendo que no le respondiera de inmediato y mis ojos se abrieran como huevos fritos de la impresión, no tuve oportunidad para negarme a ese placer infinito cada vez que estaba con él. Besarlo era la gloria. Mis manos fueron directamente a su cuello cuando sus manos me atraparon por la cintura y me presionaba contra él. Nuestros labios jugaban en un juego suave y lento. Nuestras lenguas se rozaban una que otra vez haciéndome sentir escalofríos inmensos que vagaban por todo mi cuerpo. Caleb sabía besar y demonios, de qué manera. Sabía a cada momento qué hacer conmigo, donde tocar o rozar con sus manos en mi cintura, pasando por mi espalda hasta mi cuello para después hacer el mismo viaje de regreso. Mis manos seguían encerrándolo en su cuello con delicadeza. Gemía en su boca cuando su lengua atravesaba mi plenitud bucal y se enfrentaba en una guerra con la mía. Una guerra colonial y excitante. Ahora mis manos fueron a parar en su cabello suave y revoltoso que caracterizaba a ese chico. Me encantaba tomarlo con fuerza cuando sentía que sus labios harían que me desmayara.
Me separé sólo unos milímetros para tomar aire. Maldición, hubiera seguido si no fuera por mis estúpidos pulmones. Él solo se dedicó a seguir besándome pero sólo dando pequeños, cortos y suaves besos, mientras trataba de apaciguar mi respiración.
-Esto no está bien –logré susurrar cuando seguía repartiendo más besos cortos en mis labios. Caleb me sonrió rozando su nariz con la mía para luego volver a besarme con vehemencia. Ese chico de verdad quería que me diera un infarto.
-Ejem –sentí que una voz masculina acomodándose en las espaldas de Caleb y de por sí, interrumpiéndonos. Ambos impresionados dirigimos nuestras vistas hasta aquella voz que nos dejó plasmados y más que sonrojados. Eric nos sonrió pícaro mientras con una mano sacaba grandes cantidades de palomitas que contenía en una bolsa, para luego llevárselas a la boca. –Si hubiera sabido que el verdadero clímax de la película estaba aquí, no hubiera gastado mi dinero en una película basura –terminó por hablar divertido mientras comía más palomitas.
Santa mierda.
❝ Te quiero Christine Parker, más que a nada. Pero no esperes rosas ni chocolates de mi parte. Porque no llegarán ❞
jueves, 23 de octubre de 2014
lunes, 13 de octubre de 2014
Capítulo 10 -Sensitive-
Christine
Llegué al salón de tercer año más temprano de lo que comúnmente lo hacía. Y es que ni siquiera tuve la necesidad de conciliar el sueño pensando en la loca noche que había pasado. Entré y me senté en el escritorio tomando mi frente y suspirando, todo el instituto estaba vacío en ese momento, más que algún otro alumno extremadamente responsable estaba en los pasillos, pero en el aula no había nadie, por lo que aproveché aquel instante para pensar sola. Vi en mi muñeca las marcas de la mano de Nick que me había dejado la noche anterior ¿Qué demonios le había pasado? No podía procesar que él me haya tratado de esa forma tan, peligrosa. Cuando apenas éramos unos críos siempre fue muy tierno y caballeroso conmigo. Me trataba de la forma más romántica y tierna que pueda existir. Pero ahora, todo era como si el mundo se hubiera dado una vuelta completa dispuesta a nunca volver a su lugar. Jamás me dejé tocar por un hombre en ese modo, y es que mi padre siempre me dijo que antes de respetar a los demás debes respetarte a ti misma primero. Claro que si le ponía el ejemplo de un hombre maltratándome no dudaría en sacar sus habilidades de un soldado del ejército y practicarlas a como dé lugar defendiendo a su angelito. ¿Qué se suponía que tenía que hacer en estos momentos? Lo más efectivo y probable era que mandara al diablo a Nick y a su impulsiva personalidad. Pero tenía que admitir que en cierto punto tenía miedo. Su mirada y sus gritos me habían dejado pasmada a más no poder y decirle eso no ayudaría en cuando a mi seguridad. Mierda. ¿Y si tan sólo hago como si nunca hubiera pasado? No fue para tanto, digo, tal vez hasta exageré. Nick podía llegar a provocarme un mínimo susto, pero eso era todo. Traté de convencerme a mí misma que aquello no volvería a pasar, sólo tenía que pensar en otra cosa e ignorar los problemas, lo cual hacía muy a menudo.
El timbre de entrada había sonado luego de unos minutos y con eso mis pensamientos se evaporaron en el aire. Los estudiantes entraron inmediatamente al salón, uno que otro saludándome con un movimiento de cabeza leve y otros con una sonrisa. Pero sólo uno me llamó completamente la atención ante esto y fue el último estudiante de ojos hermosos al entrar. Caleb. Suspiré bajando mi mirada. El chico me miraba ceñudo, con seriedad pero sin embargo, con un toque de confusión. Buscando siempre que yo le respondiera a sus directas observaciones hacia mí. No tuve opción que bajar mi vista para luego levantarme y empezar la clase, aún no estaba lista para verle. Los recuerdos de nuestro beso me tenían en otro universo que no era capaz de comprender. Pero él se empeñaba en no rechazar mi alejamiento y me buscaba con su mirada azulada reiteradas veces que para ser sincera, no sabía cuánto tiempo podría llegar a soportar. Sentí como no apartó en ningún segundo sus ojos de mí, trataba de descifrar su inconveniente pero mis censores me decían que mis ojos debían ir a todos los estudiantes menos a él. ¿Acaso no comprendía que esto lo hacía por el bien de ambos? Esto era completamente imposible, nada podía haber entre nosotros. Mi trabajo y nuestras opciones de vida corrían peligro. Lo mejor era alejarse. Yo no podría darle lo que él necesitaba, como también suponía que tampoco Caleb lograría conmigo. Hasta nuestra edad intervenía. Sabía que 24 años no eran muchos, incluso ante miradas ajenas sabía que no representaba esa edad sino que más joven. Pero eso daba igual, él apenas era un chico del bachillerato, de quien apenas conocía y no sabía cuál serias serían sus intenciones conmigo. Todos los jóvenes de más o menos su edad sólo buscan una cosa de qué sacar provecho y alardear de aquello después. Claro que pensándolo bien, si él hubiera querido alardear de casi haberse follado a su profesora en su coche, ya lo hubiera hecho ¿no? Pero aunque fuera así, aquel chico me llamaba mucho más la atención que cualquier otro musculito vanidoso. Eso lo tenía claro como también, me daba temor.
(…)
La clase terminó más rápido de lo que hubiera querido. Todos tomaron sus cosas para ir a un leve receso que me daría tiempo de sobra para ir a mi siguiente clase. Iba hacer lo mismo con mis propias pertenencias pero una mano suave y familiar evitó mi propósito. Caleb tomó mi mano para cuando iba a cerrar el libro de clases. Quise que la tierra me succionara en aquel instante. Su mirada azulada brillante me miraba de forma interrogativa, ni siquiera me di cuenta de que todos los estudiantes se habían marchado considerablemente del salón, dejándonos a ambos ahí, solos.
-¿Algún problema señor Small? –pregunté tragando saliva. Mi talento de actuación con los hombres no me sirvió para nada en estos momentos y es que Caleb me miraba serio, expectante. Esperando que la pregunta hecha hubiera sido una broma de mal gusto. No me quedó otra alternativa que dejarme llevar por la situación clandestina de “profesora y alumno”.
-Sí, creo que tengo un problema –susurró sin pelos en la lengua. Demonios, qué le diría ahora.
-¿Qué clase de problema? –titubeé. La mirada de Caleb me ponía nerviosa raramente y no pude evitar voltear la mía hacia cualquier lado que no fuera él. Sabía que me comportaba como una zorra cobarde, pero prefería eso a arruinarle la vida a quien le tenía cierto tipo de aprecio. Si es que se le podía llamar así, claro.
-¿Podemos hablar? –me respondió inmediatamente con una pregunta certera. No tenía ninguna duda a qué se refería. –¿O vas a huir de nuevo?
-¿De qué podríamos hablar usted y yo señor Small? –seguí con mi torpe actuación como si fuera lo más normal del mundo. Era una idiota.
-Por favor. No tolero a las personas imbéciles, pero lo que menos tolero por encima de eso son a las personas que fingen serlo –dijo en un tono autoritario que por demás de asustarme, me hizo sentir cosas tan, extrañas.
-No sé de qué habla –me interrumpió antes de que siguiera. Dios.
-Sabes perfectamente de lo que hablo. Quiero que hablemos de –dijo con dificultad –lo que pasó, en mi camioneta Christine –lo miré interrogativa. ¿Ahora qué haría? No tenía ni una puta idea de qué hacer. Las únicas opciones que tenía era salir corriendo o confrontar lo que viniera. A mi pesar supe que tenía que elegir la segunda opción.
Suspiré resignándome.
-Por favor Caleb, no aquí. Estamos en el instituto
-Te aseguro que lo que hablaremos no será largo –habló decidido –¿por qué te fuiste? –fruncí mi ceño no entendiendo su pregunta o tal vez, no quería entenderla.
-Lo que pasó, tú lo sabes más que nadie, no debió pasar –sentí cómo se enfurecía aún más. Me sentí atemorizada, pero interiormente sabía que él no me haría daño, algo me lo decía.
-¿Esa es la razón por la que huiste?
Negué con mi cabeza.
-Estuvo mal lo que hicimos –él rio irónicamente
-¿Ahora fue malo verdad? –suspiró frustrado tomando su tan desordenado cabello ondulado. –No te estoy preguntando si estuvo mal o bien lo que hicimos. Eso no me importa. Lo que me importa ahora es el por qué decidiste ser cobarde Christine
-¿Y qué querías que hiciera? –mi paciencia se estaba yendo y no por el hecho de que Caleb me cuestionara. Si no, porque mis sentimientos no se aclaraban. –Me asusté. No es normal, ese beso sólo logrará confundir las cosas
-Así que por eso te vas –me sonrió triste. Mierda –¿Y qué hay de mi hermana? Sólo llegaste, la encariñaste, tienes su confianza para luego ¿qué? ¿dejarla?
-Ella no tiene nada que ver en esto. Yo seguiré viéndola y si ella quiere, seguiré siendo su amiga. Tú no tienes por qué intervenir –lanzó otra vez, su tan odiosa como gloriosa risa irónica.
-Melanie, por si no sabías, tiene apenas 9 años. Yo decido por ella todo lo que le convenga o no en su vida si me da la jodida gana –abrí mis ojos impresionada.
-¿No me vas a dejar verla?
-No dije eso –terminó por mirarme neutro. Su sonrisa se ablandó, y creo que hasta incluso vi en sus ojos las mismas ganas que vi en su camioneta esa hermosa noche. Ganas de besarme –pero, de verdad ¿Crees que podrás ignorarme por el simple hecho de lo que pasó entre nosotros?
-Sé que no. Pero por favor sólo tratemos de dejarlo en el pasado ¿sí? ¿puedes hacer eso Caleb? –suspiré agobiada. Tratando de salir de ese salón que de un momento a otro se volvió, irónicamente sofocante. Caleb me lo prohibió agarrándome de mi débil brazo, acercándome con brusquedad hacia él. Tomó mi cintura con suavidad, su vista azulada me miraba fruncida y su respiración estaba a centímetros de distancia de la mía. Creo que casi me desmayé. Me fijé si la puerta del salón estaba abierta, precaviendo que ningún individuo entrara y nos descubriera en esa situación. Aunque sin mentir, en mi mente no cabía nada más que aquel chico que tenía frente a mí.
-¿Desde cuándo estás con Harrison? –su pregunta me tomó por sorpresa, haciéndome salir de la magia que sentía mirándolo. Joder.
-¿Qué?
-¿Desde cuándo estás con el idiota de Harrison? –susurró nuevamente. Exhalé entendiendo, relajando mi respiración y mis sentimientos, reuní el valor de poder sacar mi habla.
-No estoy con él –respondí en un susurro. Perdiéndome en sus suspiros cerca de mis labios. –Sólo salimos para conocernos mejor ya que hace mucho que no nos vemos, eso es todo –por alguna razón sentía que tenía que darle una explicación completa. Como si fuera, como si fuera mi novio.
-¿Hace cuánto que no lo veías?
-9 o 10 años, más o menos. Nos conocimos cuando yo apenas era una cría –le respondí aún perdida en él. Esperando que culminara aquello en un beso estremecedor. A la mierda todo. Yo quería probar esos labios una y otra vez, hasta que el maldito mundo se acabara.
-¿Lo quieres?
-No –no me costó decir eso. Lo cual me hizo sentir una puta fría.
-¿Te arrepientes de haberme besado? –dijo lentamente, rozando su nariz con la mía con suavidad. Tragué saliva ante su pregunta, no me lo iba a poner fácil lo que hacía que me volviera aún más loca por él. Eso no era bueno.
-No –negué sin dudarlo.
-¿Entonces por qué te fuiste de mi lado? –volvió a tentarme con sus labios, fingiendo acercase a mí para que nos besáramos pero se alejaba, dejándome colgada y frustrada. Me sonrió.
-Ya te lo dije –respondí en un susurro, tratando de cazar sus labios –me asusté
-No debiste
-¿Y tú? –mi pregunta salió de improviso de mi boca, lo que me hizo no darme cuenta de ella y procesarla en mi mente dos veces antes de hacerla. Ahora él fue quien tragó saliva, demostrando que por primera vez, desde que entró al salón, estaba nervioso. –¿Te arrepientes?
-¿Cómo se puede arrepentir de haberse sentido bien alguna vez? –preguntó respondiéndome. Haciéndome sonreír lívidamente. –Pero por si quieres algo más concreto; nunca me sentí tan pleno y tan feliz como cuando toqué tus labios Christine. –si no fuera porque me tenía sostenida por sus brazos en mi cintura, me hubiera caído por los temblores que tenía en todo mi cuerpo por sus palabras, jamás un hombre me había tratado de esa forma y menos con esas palabras. Caleb me hacía sentir tantas cosas que no podía explicar. Él me hacía sentir vulnerable, sensible. Sin ni siquiera esforzarse. Él se fue acercando aún más a mí y entonces entendí aquel propósito que por supuesto iba a dejar que hiciera. Nos encontrábamos tan cerca que nuestras bocas apenas se rozaban, y para colmo de mi ímpetu, él se relamió sus labios provocando un pequeño cosquillo en los míos. Estábamos a punto de mezclarnos en algo tan maravilloso como un beso cuando el maldito idiota decidió alejarse con una sonrisa victoriosa. Poniendo fin a ese momento magnífico y dejándome aturdida a más no poder.
-¿Qué mier –antes de terminar con mi injuriosa pregunta. Él me interrumpió divertido. Tomando su bolso dispuesto a irse.
-Te esperaré después de clases –afirmó ni siquiera preguntándome primero. Fruncí mi ceño. Aún frustrada y enojada con él, y con el puto mundo.
-¿Y para qué sería? –pregunté cabreada.
-¿Ya no lo recuerdas? –me miraba tan divertido ¿qué demonios le daba tanta gracia? Negué con mi cabeza. Suspiró –prometiste llevar a mi hermana de compras ¿recuerdas? La niña de quien quieres ser “amiga” –Entonces recordé la conversación que habíamos tenido antes de que pasaran “cosas” en su coche.
-Sí, claro –titubeé, sin sacar mi cara de seria –pero pensé llevarla yo, en mi auto.
-Pues ya no tienes de qué preocuparte –me sonrió. Maldito infeliz, con su flamante sonrisa logró que mi malhumor se fuera. Joder. –Porque yo las llevaré al centro comercial. En mi camioneta
-¿Qué? –respondí aturdida
-Sí Chris –exhaló abriendo la puerta para irse –hoy iremos de compras los tres ¿no es grandioso? –lanzó una risa para luego irse de ahí sin esperar mi reacción.
Hoy iba a ser un jodido día largo, estaba segura.
Caleb
Me afirmé en mi camioneta suspirando y esperándola. Habían desaparecido casi todos los maestros del establecimiento y de ella no rondaba ni por casualidad. Interiormente me empecé a preocupar ¿y si no venía por lo que ocurrió en la mañana? Tal vez se enfadó tanto por dejarla colgada que se alejará definitivamente de mí. Lo cual me hacía sentir escalofríos tan sólo pensar en ello. Christine, sin siquiera conocerla tanto, se había vuelto indispensable para el bien de mis sentimientos. Aquella persona que veía en mi mente todos los días desde que la vi. Eso no era bueno. Mis pensamientos poco a poco se abrían dentro de mí al imaginarme una separación definitiva de la persona que me hizo verdaderamente feliz, aunque fuera por sólo un instante para darme cuenta de aquello. Pensé con mí mirada baja todos los momentos de mi vida que busqué algo así pero en ninguno acertaba, hasta que llegaba a la chica que vi en mi tienda. Suspiré para luego alzar la vista hacia la entrada del inmenso instituto. Entonces la vi venir con su contoneo de caderas tan definido de ella que enloquecía hasta el hombre más duro de la faz de la tierra. Con su seguridad inigualable que la destacaba de las demás mujeres. Su cabellera castaña clara, su cuerpo delgado y bien constituido no me hacían pensar en otra cosa que no fuera ella en toda su virtud. En cuando la besé y pude sentir que todo lo que Christine tenía en su corazón, era mío. La sonrisa de seguridad que tenía desapareció al verme y se convirtió en una mueca de enojo y frustración. Quise reírme, pero me aguanté por el simple hecho de que quería verla sufrir un rato al distanciarme. Después de todo, eso era lo que ella quería ¿no?
-¿Vamos? –ni siquiera la saludé lo que al parecer la cabreó aún más.
-¿Y qué haré con mi auto? No puedo dejarlo aquí si iré contigo
-No te preocupes, no creo que lo roben ¿Acaso no inventaron las llaves de los autos para protegerlos? –pregunté divertido, invitándola a subirse en el asiento del copiloto de mi cacharro.
-No es por eso –rodó los ojos –¿qué haré mañana para venir? Odio venir en taxi –levanté los hombros viéndola entrar, mientras yo daba una vuelta completa para subir a mi debido puesto de conductor.
-Puedo ir a buscarte si quieres –Christine me miró sorprendida. Apunto de que sus ojos se salieran de su cara –¿Qué? ¿dije algo malo? –pregunté dando marcha a mi coche.
-No creo que sea buena idea
-Pues si quieres, puedes ir al instituto en un odioso taxi detestable. Da igual, yo no te obligo a nada –le respondí indiferente. Sabiendo que no le gustaría nada mi forma de expresar. Ella suspiró
-Está bien, deja escribirte mi dirección –sacó una pequeña libreta para luego dármela con los datos. Le sonreí satisfecho.
-Paso por ti después de ir a dejar a Melanie ¿sí? –asintió sin dejar de mirarme. Los nervios se apoderaron de mí inmediatamente.
-De acuerdo
Luego de unos largos minutos de miradas directas entre ambos pero sin ninguna comunicación, llegamos a la primaria de mi hermana. La pequeña estaba sentada en las afueras del establecimiento con una cara familiar a la de alguien deprimido. Se levantó triste al ver mi camioneta aparcar en las afueras y vino a paso lento hacia nosotros. Al ver a Christine en el asiento del copiloto su semblante cambió con rapidez, le sonrió abiertamente para luego saludarla con un beso en la mejilla. Se subió en la parte trasera de mi coche, todo esto, sin ni siquiera saludarme. Mierda. Aún estaba enfadada.
-Hola princesa –la saludó la castaña. Mi vista se fue fija al frente al ver que Melanie no me lanzaba ni una mínima mirada. Sólo me preocupé de ir al centro comercial por la autopista. Exhalé agobiado.
-Hola –se sonrojó mi pequeña mirando con admiración a la chica de mi lado.
-¿Qué te pasa Mel? Hace un momento te veías algo triste ¿todo bien? –ella asintió por lo que presencié. Christine me miró con un tono de reproche. Al parecer la pequeña monstruo me había señalado con la mirada diciendo indirectamente que lo que sentía era mi culpa. Joder.
-Nada. Es sólo que hoy los de mi clase estaban emocionados por ir a la fiesta de Josh éste sábado –suspiró e intuí que hizo un puchero devastador para cualquiera.
-Pues, de eso te queríamos hablar tu hermano y yo hoy –pronunció Chris con voz de espectador. La miré con desconcierto, aunque interiormente me divertía su rostro de niña traviesa. –Te tenemos dos sorpresas –le sonrió. Melanie saltó en mi asiento trasero con un chillido de emoción.
-¿Sorpresa? Amo las sorpresas –dijo aplaudiendo felizmente. El semblante triste que traía hace unos segundos había desaparecido. Quise bufar ¿qué clase de encantamiento le proporcionó Christine para que le provocara ese tipo de efecto? Ni yo llegaba a provocar algo así en mi propia hermana, era patético.
-Bien. La primera sorpresa es que he hablado con Caleb y quedamos en un acuerdo con respecto a tu fiesta –pronunció ansiosa –y quedamos en que yo te iré a dejar, estaré contigo ahí para cuidarte y luego te llevaré a tu casa. –le respondió para luego sentir un agudo grito de felicidad viniendo de mi hermana. Demonios, esa pequeña me iba a dejar sordo
-¿De verdad? Por favor Caleb, dime que no es broma –ahora dirigió su mirada de emoción hacia mí. Rodé mis ojos
-Ahora me hablas eh –dije con desconfianza. Ella de nuevo saltó de su asiento y me abrazó por los hombros –y no, no es broma. Christine me hará el favor de cuidarte mientras yo estoy en la tienda, pero sólo si prometes portarte bien –Melanie asintió sin regodear.
-Lo prometo –me abrazó nuevamente con una sonrisa de emoción para luego abrazar de igual forma a Christine –Gracias Chris, eres genial.
-No hay de qué princesa –la pequeña monstruo levantó su vista a la ventana frontal para ver la autopista mientras fruncía su ceño.
-¿A dónde vamos?
-¿Por qué preguntas? –me hice el idiota al preguntar.
-Es que conozco el camino a casa y éste definitivamente no lo es. –nos miró interrogativa. Christine lanzó una risa al notar mi mirada de “anda, dile”
-Esa es la otra sorpresa –la niña de ojos iguales a los míos los abrió confundida –ahora yo te llevare de compras. No sería de muy buen gusto no ir a la moda a tu fiesta ¿no crees?
-No puede ser –se sorprendió para luego sonreír como si fuera la última sonrisa que daría. –¿harías eso por mí? ¿en serio? –asintió la castaña clara divertida –no sé cómo agradecértelo, eres la mejor amiga que pueda existir –sentí como la chica se enternecía con lo que me hermana le dijo. Incluso yo me sorprendí ante las palabras. Mi hermanita de verdad le estaba tomando bastante cariño.
Lo que no sabía era si eso realmente era bueno o malo.
(…)
-¿Qué tal este? –era la décima vez que Mel preguntaba lo mismo. Lo peor era que era el mismo vestido de hace 5 minutos. Las bolsas de la tienda me tenían los brazos a punto de caerse, esto era lo peor. Parecía un estúpido burro con mil bolsas en cada mano ¿Cómo era posible que una mujer y una niña compraran tanto? Se suponía que Melanie tendría un solo vestido y algún otro jean. Pero Christine lanzó su mirada a un par de zapatos de una tienda y terminó por comprarse la mitad de ésta y un armario completo a Melanie. Mientras que yo sólo maldecía mirando como esas par de manipuladoras de primera iban por la tienda número cien.
-Es estúpido que preguntes eso Mel, es exactamente igual al que viste hace 5 minutos y no te gustó –dije frustrado. Christine me miró comprensiva, al parecer mi cara era muy notable. Mataría por quemar esas malditas bolsas.
-Tiene razón tu hermano, pequeña. Creo que ya nos hemos sobrepasado con las compras –Melanie hizo un leve puchero para luego salir resignada. ¿De verdad dijo eso? Porque creo que “sobrepasado” era minúsculo al lado de lo que llevábamos. –por cierto ¿tienen hambre? Porque vi un McDonald's por aquí cerca y se me antojó una hamburguesa –bromeó lanzando una risa.
-Yo también quiero –gritó emocionada la pequeña monstruo. –¿Sí? Por favor Caleb –me suplicó con la vista. Bufé. Más distancia qué recorrer con estas jodidas bolsas.
-Está bien –asentí –pero yo pago
-Caleb –me advirtió Christine. ¿Qué rayos hacía esa chica? Sólo faltaba que pagar el jabón que usaba y aun así no le importaría.
-No Chris, ahora yo pago todo y no hay objeciones ante eso –dije decidido. Christine entendió por lo que no hizo ningún comentario al respecto. La miré serio y ella sólo me sonrió levemente provocando que mi estómago se revolviera. Joder.
-No te pongas tan serio, te salen arrugas –susurró cerca mío cuando íbamos en camino a ese famoso restaurant de comida rápida. Resultado para que Melanie no nos escuchara y los malditos escalofríos vagaran lentamente por mi espalda.
-Bien, creo que aquí estamos perfectos –señalé cuando llegamos y vi nuestros asientos. Coloqué inmediatamente las bolsas ahí que me tenían hecho, en pocas palabras, un jodido alfiletero humano. Las chicas sentaron con rapidez
-Quiero una hamburguesa con papas y una soda –me enlistó mi hermana pequeña antes de que le pidiera la orden. Christine rió.
-Lo mismo, por favor
Terminé por rodar los ojos e ir hacer esa infinita fila. Esto iba a ser estupendo.
Christine
-¿Y? ¿te gustaron tus vestidos? –Melanie asintió inmediatamente con una sonrisa tierna. Dios, esa niña cada vez me recordaba más a como era yo cuando pequeña. Vi cómo Caleb se colocaba en esa inmensa fila con enfado y aburrimiento. Supuse que estaríamos ahí por un largo rato así que traté conocer aún más a la princesa con ojos hermosos que tenía ante mí.
-Sí, sobre todo el rosa con pétalos violetas
-Es hermoso y se verá aún más hermoso contigo pequeña –levantó sus hombros para luego sonrojarse. Se parecía tanto a su hermano, tanto en lo físico como en lo emocional. Sus ojos eran iguales, sólo que con la diferencia de que los de Melanie eran puros e inocentes. Mientras que los de Caleb, estaban llenos de misterios y dolor. Su piel blanca, pero no totalmente, eran idénticas. Su sonrisa y cada aspecto de su cuerpo eran tan semejantes que no cabía duda que si los veía en la calle sin conocerlos, sabría que aquellos dos sujetos eran hermanos.
-¿De verdad irás conmigo a mi fiesta? –preguntó con su vista vidriosa de la emoción. Quise abrazarla
-Por supuesto que sí. Yo lo que prometo, siempre lo cumplo
-Gracias. La verdad era que no sabía si Caleb iba a aceptar dejarme ir –hizo un leve puchero –pero contigo es diferente. Tú lo cambias –mi ceño se frunció divertida
-¿En qué sentido lo cambio? –la pequeña levantó sus hombros
-No lo sé –me sonrió con ternura –contigo se comporta de una forma rara. Él por lo general es muy duro o serio, excepto conmigo claro, pero con los demás es así –No sé por qué. Pero aquello me hizo sentir escalofríos extraños en mi cuerpo. Y en cierta forma me gustaba sentirme así.
-Pues es bueno verle el lado bueno de alguien ¿no? –reí suave. Melanie asintió
-No sabía lo que era venir de compras con una amiga. Es lindo –habló cambiando de tema luego de un instante. Quise llorar. Juro que quise llorar, mierda.
-Claro que lo es –le sonreí –¿quieres venir de nuevo otro día? –asintió emocionada de nuevo.
-Me encantaría. Pero tendríamos que venir con Caleb –fruncí mi ceño ante su petición.
-¿Por qué quieres que venga él?
-Porque así él llevará nuestras bolsas –terminé por soltar una carcajada. Desde ya sabía que el castaño estaba odiando venir de compras. Su cara de frustración se veía desde kilómetros de distancia por cada compra que hacíamos.
-Bueno, pero también podrías venir con tu madre. Es obvio que a ella también le deben de gustar las compras –le propuse. Melanie me sonrió aún más. Pero vi algo diferente, no era una sonrisa entusiasmada. Era algo más bien, melancólica.
-Supongo que le gustaban mucho–mi sonrisa se evaporó en el aire. Mi corazón estaba a punto de estrujarse al no saber lo que venía.
-¿Le gustaba? –asintió nuevamente con una sonrisa. –¿Por qué hablas en pasado nena?
-Nuestros padres fallecieron cuando yo era apenas un bebé –bajó sus hombros, tiernamente y dejándome sin habla –Caleb me dijo que ella y papá son ángeles del cielo que nos cuidan y cuidarán siempre de nosotros –la tristeza no me dejó hablar de un momento a otro, ni menos responder aquellas palabras tan crueles que tuve que sujetarme de la silla en donde estaba sentada antes de desmayarme. Entonces entendí las cosas como si fueran jodidos fuegos artificiales estrellándose en mí cerebro. Es por esa razón que Caleb se preocupaba con exageración por su hermana, era la única familia que tenía. Por eso tenía una tienda y trabajaba, para cuidarla y poder sustentarse entre ambos mientras ella siguiera siendo menor de edad. La razón por la cual no sabía de sus progenitores. Entendía todas las cosas que conocía de Caleb, por aquello él era tan solitario y jamás tenía tiempo para sí mismo o relaciones amorosas. Desconfiaba porque jamás creció con su corazón lleno de valores paternales. Aquello me partía el corazón, no de pena, sino de entendimiento. ¿Cómo era posible que un niño sufriera de esa forma tan cruel a tan corta edad? Supuse que si Melanie era un bebé, Caleb era apenas un niño cuando tuvo que responsabilizarse por ella. Un niño que estaba completamente solo en este mundo.
Levanté mi vista nublada por extrañas lágrimas que amenazaban por salir. Mierda. Caleb aún estaba esperando en la fila mirando hacia el suelo, con su vista perdida y enteramente pensativo. ¿Qué me hacía ese hombre? No podía concretar en mi mente que aquel chico, pudiera cambiar mi grado emocional. Volviéndome sensible a él. Y ya no me cabía en la mente otra cosa de la que recién me di cuenta gracias a que ahora veía todo con más claridad y aunque me costara admitir o resistirme a lo que sentía, había una sola cosa en mi cabeza de Caleb Small.
No podía separarme de él.
Llegué al salón de tercer año más temprano de lo que comúnmente lo hacía. Y es que ni siquiera tuve la necesidad de conciliar el sueño pensando en la loca noche que había pasado. Entré y me senté en el escritorio tomando mi frente y suspirando, todo el instituto estaba vacío en ese momento, más que algún otro alumno extremadamente responsable estaba en los pasillos, pero en el aula no había nadie, por lo que aproveché aquel instante para pensar sola. Vi en mi muñeca las marcas de la mano de Nick que me había dejado la noche anterior ¿Qué demonios le había pasado? No podía procesar que él me haya tratado de esa forma tan, peligrosa. Cuando apenas éramos unos críos siempre fue muy tierno y caballeroso conmigo. Me trataba de la forma más romántica y tierna que pueda existir. Pero ahora, todo era como si el mundo se hubiera dado una vuelta completa dispuesta a nunca volver a su lugar. Jamás me dejé tocar por un hombre en ese modo, y es que mi padre siempre me dijo que antes de respetar a los demás debes respetarte a ti misma primero. Claro que si le ponía el ejemplo de un hombre maltratándome no dudaría en sacar sus habilidades de un soldado del ejército y practicarlas a como dé lugar defendiendo a su angelito. ¿Qué se suponía que tenía que hacer en estos momentos? Lo más efectivo y probable era que mandara al diablo a Nick y a su impulsiva personalidad. Pero tenía que admitir que en cierto punto tenía miedo. Su mirada y sus gritos me habían dejado pasmada a más no poder y decirle eso no ayudaría en cuando a mi seguridad. Mierda. ¿Y si tan sólo hago como si nunca hubiera pasado? No fue para tanto, digo, tal vez hasta exageré. Nick podía llegar a provocarme un mínimo susto, pero eso era todo. Traté de convencerme a mí misma que aquello no volvería a pasar, sólo tenía que pensar en otra cosa e ignorar los problemas, lo cual hacía muy a menudo.
El timbre de entrada había sonado luego de unos minutos y con eso mis pensamientos se evaporaron en el aire. Los estudiantes entraron inmediatamente al salón, uno que otro saludándome con un movimiento de cabeza leve y otros con una sonrisa. Pero sólo uno me llamó completamente la atención ante esto y fue el último estudiante de ojos hermosos al entrar. Caleb. Suspiré bajando mi mirada. El chico me miraba ceñudo, con seriedad pero sin embargo, con un toque de confusión. Buscando siempre que yo le respondiera a sus directas observaciones hacia mí. No tuve opción que bajar mi vista para luego levantarme y empezar la clase, aún no estaba lista para verle. Los recuerdos de nuestro beso me tenían en otro universo que no era capaz de comprender. Pero él se empeñaba en no rechazar mi alejamiento y me buscaba con su mirada azulada reiteradas veces que para ser sincera, no sabía cuánto tiempo podría llegar a soportar. Sentí como no apartó en ningún segundo sus ojos de mí, trataba de descifrar su inconveniente pero mis censores me decían que mis ojos debían ir a todos los estudiantes menos a él. ¿Acaso no comprendía que esto lo hacía por el bien de ambos? Esto era completamente imposible, nada podía haber entre nosotros. Mi trabajo y nuestras opciones de vida corrían peligro. Lo mejor era alejarse. Yo no podría darle lo que él necesitaba, como también suponía que tampoco Caleb lograría conmigo. Hasta nuestra edad intervenía. Sabía que 24 años no eran muchos, incluso ante miradas ajenas sabía que no representaba esa edad sino que más joven. Pero eso daba igual, él apenas era un chico del bachillerato, de quien apenas conocía y no sabía cuál serias serían sus intenciones conmigo. Todos los jóvenes de más o menos su edad sólo buscan una cosa de qué sacar provecho y alardear de aquello después. Claro que pensándolo bien, si él hubiera querido alardear de casi haberse follado a su profesora en su coche, ya lo hubiera hecho ¿no? Pero aunque fuera así, aquel chico me llamaba mucho más la atención que cualquier otro musculito vanidoso. Eso lo tenía claro como también, me daba temor.
(…)
La clase terminó más rápido de lo que hubiera querido. Todos tomaron sus cosas para ir a un leve receso que me daría tiempo de sobra para ir a mi siguiente clase. Iba hacer lo mismo con mis propias pertenencias pero una mano suave y familiar evitó mi propósito. Caleb tomó mi mano para cuando iba a cerrar el libro de clases. Quise que la tierra me succionara en aquel instante. Su mirada azulada brillante me miraba de forma interrogativa, ni siquiera me di cuenta de que todos los estudiantes se habían marchado considerablemente del salón, dejándonos a ambos ahí, solos.
-¿Algún problema señor Small? –pregunté tragando saliva. Mi talento de actuación con los hombres no me sirvió para nada en estos momentos y es que Caleb me miraba serio, expectante. Esperando que la pregunta hecha hubiera sido una broma de mal gusto. No me quedó otra alternativa que dejarme llevar por la situación clandestina de “profesora y alumno”.
-Sí, creo que tengo un problema –susurró sin pelos en la lengua. Demonios, qué le diría ahora.
-¿Qué clase de problema? –titubeé. La mirada de Caleb me ponía nerviosa raramente y no pude evitar voltear la mía hacia cualquier lado que no fuera él. Sabía que me comportaba como una zorra cobarde, pero prefería eso a arruinarle la vida a quien le tenía cierto tipo de aprecio. Si es que se le podía llamar así, claro.
-¿Podemos hablar? –me respondió inmediatamente con una pregunta certera. No tenía ninguna duda a qué se refería. –¿O vas a huir de nuevo?
-¿De qué podríamos hablar usted y yo señor Small? –seguí con mi torpe actuación como si fuera lo más normal del mundo. Era una idiota.
-Por favor. No tolero a las personas imbéciles, pero lo que menos tolero por encima de eso son a las personas que fingen serlo –dijo en un tono autoritario que por demás de asustarme, me hizo sentir cosas tan, extrañas.
-No sé de qué habla –me interrumpió antes de que siguiera. Dios.
-Sabes perfectamente de lo que hablo. Quiero que hablemos de –dijo con dificultad –lo que pasó, en mi camioneta Christine –lo miré interrogativa. ¿Ahora qué haría? No tenía ni una puta idea de qué hacer. Las únicas opciones que tenía era salir corriendo o confrontar lo que viniera. A mi pesar supe que tenía que elegir la segunda opción.
Suspiré resignándome.
-Por favor Caleb, no aquí. Estamos en el instituto
-Te aseguro que lo que hablaremos no será largo –habló decidido –¿por qué te fuiste? –fruncí mi ceño no entendiendo su pregunta o tal vez, no quería entenderla.
-Lo que pasó, tú lo sabes más que nadie, no debió pasar –sentí cómo se enfurecía aún más. Me sentí atemorizada, pero interiormente sabía que él no me haría daño, algo me lo decía.
-¿Esa es la razón por la que huiste?
Negué con mi cabeza.
-Estuvo mal lo que hicimos –él rio irónicamente
-¿Ahora fue malo verdad? –suspiró frustrado tomando su tan desordenado cabello ondulado. –No te estoy preguntando si estuvo mal o bien lo que hicimos. Eso no me importa. Lo que me importa ahora es el por qué decidiste ser cobarde Christine
-¿Y qué querías que hiciera? –mi paciencia se estaba yendo y no por el hecho de que Caleb me cuestionara. Si no, porque mis sentimientos no se aclaraban. –Me asusté. No es normal, ese beso sólo logrará confundir las cosas
-Así que por eso te vas –me sonrió triste. Mierda –¿Y qué hay de mi hermana? Sólo llegaste, la encariñaste, tienes su confianza para luego ¿qué? ¿dejarla?
-Ella no tiene nada que ver en esto. Yo seguiré viéndola y si ella quiere, seguiré siendo su amiga. Tú no tienes por qué intervenir –lanzó otra vez, su tan odiosa como gloriosa risa irónica.
-Melanie, por si no sabías, tiene apenas 9 años. Yo decido por ella todo lo que le convenga o no en su vida si me da la jodida gana –abrí mis ojos impresionada.
-¿No me vas a dejar verla?
-No dije eso –terminó por mirarme neutro. Su sonrisa se ablandó, y creo que hasta incluso vi en sus ojos las mismas ganas que vi en su camioneta esa hermosa noche. Ganas de besarme –pero, de verdad ¿Crees que podrás ignorarme por el simple hecho de lo que pasó entre nosotros?
-Sé que no. Pero por favor sólo tratemos de dejarlo en el pasado ¿sí? ¿puedes hacer eso Caleb? –suspiré agobiada. Tratando de salir de ese salón que de un momento a otro se volvió, irónicamente sofocante. Caleb me lo prohibió agarrándome de mi débil brazo, acercándome con brusquedad hacia él. Tomó mi cintura con suavidad, su vista azulada me miraba fruncida y su respiración estaba a centímetros de distancia de la mía. Creo que casi me desmayé. Me fijé si la puerta del salón estaba abierta, precaviendo que ningún individuo entrara y nos descubriera en esa situación. Aunque sin mentir, en mi mente no cabía nada más que aquel chico que tenía frente a mí.
-¿Desde cuándo estás con Harrison? –su pregunta me tomó por sorpresa, haciéndome salir de la magia que sentía mirándolo. Joder.
-¿Qué?
-¿Desde cuándo estás con el idiota de Harrison? –susurró nuevamente. Exhalé entendiendo, relajando mi respiración y mis sentimientos, reuní el valor de poder sacar mi habla.
-No estoy con él –respondí en un susurro. Perdiéndome en sus suspiros cerca de mis labios. –Sólo salimos para conocernos mejor ya que hace mucho que no nos vemos, eso es todo –por alguna razón sentía que tenía que darle una explicación completa. Como si fuera, como si fuera mi novio.
-¿Hace cuánto que no lo veías?
-9 o 10 años, más o menos. Nos conocimos cuando yo apenas era una cría –le respondí aún perdida en él. Esperando que culminara aquello en un beso estremecedor. A la mierda todo. Yo quería probar esos labios una y otra vez, hasta que el maldito mundo se acabara.
-¿Lo quieres?
-No –no me costó decir eso. Lo cual me hizo sentir una puta fría.
-¿Te arrepientes de haberme besado? –dijo lentamente, rozando su nariz con la mía con suavidad. Tragué saliva ante su pregunta, no me lo iba a poner fácil lo que hacía que me volviera aún más loca por él. Eso no era bueno.
-No –negué sin dudarlo.
-¿Entonces por qué te fuiste de mi lado? –volvió a tentarme con sus labios, fingiendo acercase a mí para que nos besáramos pero se alejaba, dejándome colgada y frustrada. Me sonrió.
-Ya te lo dije –respondí en un susurro, tratando de cazar sus labios –me asusté
-No debiste
-¿Y tú? –mi pregunta salió de improviso de mi boca, lo que me hizo no darme cuenta de ella y procesarla en mi mente dos veces antes de hacerla. Ahora él fue quien tragó saliva, demostrando que por primera vez, desde que entró al salón, estaba nervioso. –¿Te arrepientes?
-¿Cómo se puede arrepentir de haberse sentido bien alguna vez? –preguntó respondiéndome. Haciéndome sonreír lívidamente. –Pero por si quieres algo más concreto; nunca me sentí tan pleno y tan feliz como cuando toqué tus labios Christine. –si no fuera porque me tenía sostenida por sus brazos en mi cintura, me hubiera caído por los temblores que tenía en todo mi cuerpo por sus palabras, jamás un hombre me había tratado de esa forma y menos con esas palabras. Caleb me hacía sentir tantas cosas que no podía explicar. Él me hacía sentir vulnerable, sensible. Sin ni siquiera esforzarse. Él se fue acercando aún más a mí y entonces entendí aquel propósito que por supuesto iba a dejar que hiciera. Nos encontrábamos tan cerca que nuestras bocas apenas se rozaban, y para colmo de mi ímpetu, él se relamió sus labios provocando un pequeño cosquillo en los míos. Estábamos a punto de mezclarnos en algo tan maravilloso como un beso cuando el maldito idiota decidió alejarse con una sonrisa victoriosa. Poniendo fin a ese momento magnífico y dejándome aturdida a más no poder.
-¿Qué mier –antes de terminar con mi injuriosa pregunta. Él me interrumpió divertido. Tomando su bolso dispuesto a irse.
-Te esperaré después de clases –afirmó ni siquiera preguntándome primero. Fruncí mi ceño. Aún frustrada y enojada con él, y con el puto mundo.
-¿Y para qué sería? –pregunté cabreada.
-¿Ya no lo recuerdas? –me miraba tan divertido ¿qué demonios le daba tanta gracia? Negué con mi cabeza. Suspiró –prometiste llevar a mi hermana de compras ¿recuerdas? La niña de quien quieres ser “amiga” –Entonces recordé la conversación que habíamos tenido antes de que pasaran “cosas” en su coche.
-Sí, claro –titubeé, sin sacar mi cara de seria –pero pensé llevarla yo, en mi auto.
-Pues ya no tienes de qué preocuparte –me sonrió. Maldito infeliz, con su flamante sonrisa logró que mi malhumor se fuera. Joder. –Porque yo las llevaré al centro comercial. En mi camioneta
-¿Qué? –respondí aturdida
-Sí Chris –exhaló abriendo la puerta para irse –hoy iremos de compras los tres ¿no es grandioso? –lanzó una risa para luego irse de ahí sin esperar mi reacción.
Hoy iba a ser un jodido día largo, estaba segura.
Caleb
Me afirmé en mi camioneta suspirando y esperándola. Habían desaparecido casi todos los maestros del establecimiento y de ella no rondaba ni por casualidad. Interiormente me empecé a preocupar ¿y si no venía por lo que ocurrió en la mañana? Tal vez se enfadó tanto por dejarla colgada que se alejará definitivamente de mí. Lo cual me hacía sentir escalofríos tan sólo pensar en ello. Christine, sin siquiera conocerla tanto, se había vuelto indispensable para el bien de mis sentimientos. Aquella persona que veía en mi mente todos los días desde que la vi. Eso no era bueno. Mis pensamientos poco a poco se abrían dentro de mí al imaginarme una separación definitiva de la persona que me hizo verdaderamente feliz, aunque fuera por sólo un instante para darme cuenta de aquello. Pensé con mí mirada baja todos los momentos de mi vida que busqué algo así pero en ninguno acertaba, hasta que llegaba a la chica que vi en mi tienda. Suspiré para luego alzar la vista hacia la entrada del inmenso instituto. Entonces la vi venir con su contoneo de caderas tan definido de ella que enloquecía hasta el hombre más duro de la faz de la tierra. Con su seguridad inigualable que la destacaba de las demás mujeres. Su cabellera castaña clara, su cuerpo delgado y bien constituido no me hacían pensar en otra cosa que no fuera ella en toda su virtud. En cuando la besé y pude sentir que todo lo que Christine tenía en su corazón, era mío. La sonrisa de seguridad que tenía desapareció al verme y se convirtió en una mueca de enojo y frustración. Quise reírme, pero me aguanté por el simple hecho de que quería verla sufrir un rato al distanciarme. Después de todo, eso era lo que ella quería ¿no?
-¿Vamos? –ni siquiera la saludé lo que al parecer la cabreó aún más.
-¿Y qué haré con mi auto? No puedo dejarlo aquí si iré contigo
-No te preocupes, no creo que lo roben ¿Acaso no inventaron las llaves de los autos para protegerlos? –pregunté divertido, invitándola a subirse en el asiento del copiloto de mi cacharro.
-No es por eso –rodó los ojos –¿qué haré mañana para venir? Odio venir en taxi –levanté los hombros viéndola entrar, mientras yo daba una vuelta completa para subir a mi debido puesto de conductor.
-Puedo ir a buscarte si quieres –Christine me miró sorprendida. Apunto de que sus ojos se salieran de su cara –¿Qué? ¿dije algo malo? –pregunté dando marcha a mi coche.
-No creo que sea buena idea
-Pues si quieres, puedes ir al instituto en un odioso taxi detestable. Da igual, yo no te obligo a nada –le respondí indiferente. Sabiendo que no le gustaría nada mi forma de expresar. Ella suspiró
-Está bien, deja escribirte mi dirección –sacó una pequeña libreta para luego dármela con los datos. Le sonreí satisfecho.
-Paso por ti después de ir a dejar a Melanie ¿sí? –asintió sin dejar de mirarme. Los nervios se apoderaron de mí inmediatamente.
-De acuerdo
Luego de unos largos minutos de miradas directas entre ambos pero sin ninguna comunicación, llegamos a la primaria de mi hermana. La pequeña estaba sentada en las afueras del establecimiento con una cara familiar a la de alguien deprimido. Se levantó triste al ver mi camioneta aparcar en las afueras y vino a paso lento hacia nosotros. Al ver a Christine en el asiento del copiloto su semblante cambió con rapidez, le sonrió abiertamente para luego saludarla con un beso en la mejilla. Se subió en la parte trasera de mi coche, todo esto, sin ni siquiera saludarme. Mierda. Aún estaba enfadada.
-Hola princesa –la saludó la castaña. Mi vista se fue fija al frente al ver que Melanie no me lanzaba ni una mínima mirada. Sólo me preocupé de ir al centro comercial por la autopista. Exhalé agobiado.
-Hola –se sonrojó mi pequeña mirando con admiración a la chica de mi lado.
-¿Qué te pasa Mel? Hace un momento te veías algo triste ¿todo bien? –ella asintió por lo que presencié. Christine me miró con un tono de reproche. Al parecer la pequeña monstruo me había señalado con la mirada diciendo indirectamente que lo que sentía era mi culpa. Joder.
-Nada. Es sólo que hoy los de mi clase estaban emocionados por ir a la fiesta de Josh éste sábado –suspiró e intuí que hizo un puchero devastador para cualquiera.
-Pues, de eso te queríamos hablar tu hermano y yo hoy –pronunció Chris con voz de espectador. La miré con desconcierto, aunque interiormente me divertía su rostro de niña traviesa. –Te tenemos dos sorpresas –le sonrió. Melanie saltó en mi asiento trasero con un chillido de emoción.
-¿Sorpresa? Amo las sorpresas –dijo aplaudiendo felizmente. El semblante triste que traía hace unos segundos había desaparecido. Quise bufar ¿qué clase de encantamiento le proporcionó Christine para que le provocara ese tipo de efecto? Ni yo llegaba a provocar algo así en mi propia hermana, era patético.
-Bien. La primera sorpresa es que he hablado con Caleb y quedamos en un acuerdo con respecto a tu fiesta –pronunció ansiosa –y quedamos en que yo te iré a dejar, estaré contigo ahí para cuidarte y luego te llevaré a tu casa. –le respondió para luego sentir un agudo grito de felicidad viniendo de mi hermana. Demonios, esa pequeña me iba a dejar sordo
-¿De verdad? Por favor Caleb, dime que no es broma –ahora dirigió su mirada de emoción hacia mí. Rodé mis ojos
-Ahora me hablas eh –dije con desconfianza. Ella de nuevo saltó de su asiento y me abrazó por los hombros –y no, no es broma. Christine me hará el favor de cuidarte mientras yo estoy en la tienda, pero sólo si prometes portarte bien –Melanie asintió sin regodear.
-Lo prometo –me abrazó nuevamente con una sonrisa de emoción para luego abrazar de igual forma a Christine –Gracias Chris, eres genial.
-No hay de qué princesa –la pequeña monstruo levantó su vista a la ventana frontal para ver la autopista mientras fruncía su ceño.
-¿A dónde vamos?
-¿Por qué preguntas? –me hice el idiota al preguntar.
-Es que conozco el camino a casa y éste definitivamente no lo es. –nos miró interrogativa. Christine lanzó una risa al notar mi mirada de “anda, dile”
-Esa es la otra sorpresa –la niña de ojos iguales a los míos los abrió confundida –ahora yo te llevare de compras. No sería de muy buen gusto no ir a la moda a tu fiesta ¿no crees?
-No puede ser –se sorprendió para luego sonreír como si fuera la última sonrisa que daría. –¿harías eso por mí? ¿en serio? –asintió la castaña clara divertida –no sé cómo agradecértelo, eres la mejor amiga que pueda existir –sentí como la chica se enternecía con lo que me hermana le dijo. Incluso yo me sorprendí ante las palabras. Mi hermanita de verdad le estaba tomando bastante cariño.
Lo que no sabía era si eso realmente era bueno o malo.
(…)
-¿Qué tal este? –era la décima vez que Mel preguntaba lo mismo. Lo peor era que era el mismo vestido de hace 5 minutos. Las bolsas de la tienda me tenían los brazos a punto de caerse, esto era lo peor. Parecía un estúpido burro con mil bolsas en cada mano ¿Cómo era posible que una mujer y una niña compraran tanto? Se suponía que Melanie tendría un solo vestido y algún otro jean. Pero Christine lanzó su mirada a un par de zapatos de una tienda y terminó por comprarse la mitad de ésta y un armario completo a Melanie. Mientras que yo sólo maldecía mirando como esas par de manipuladoras de primera iban por la tienda número cien.
-Es estúpido que preguntes eso Mel, es exactamente igual al que viste hace 5 minutos y no te gustó –dije frustrado. Christine me miró comprensiva, al parecer mi cara era muy notable. Mataría por quemar esas malditas bolsas.
-Tiene razón tu hermano, pequeña. Creo que ya nos hemos sobrepasado con las compras –Melanie hizo un leve puchero para luego salir resignada. ¿De verdad dijo eso? Porque creo que “sobrepasado” era minúsculo al lado de lo que llevábamos. –por cierto ¿tienen hambre? Porque vi un McDonald's por aquí cerca y se me antojó una hamburguesa –bromeó lanzando una risa.
-Yo también quiero –gritó emocionada la pequeña monstruo. –¿Sí? Por favor Caleb –me suplicó con la vista. Bufé. Más distancia qué recorrer con estas jodidas bolsas.
-Está bien –asentí –pero yo pago
-Caleb –me advirtió Christine. ¿Qué rayos hacía esa chica? Sólo faltaba que pagar el jabón que usaba y aun así no le importaría.
-No Chris, ahora yo pago todo y no hay objeciones ante eso –dije decidido. Christine entendió por lo que no hizo ningún comentario al respecto. La miré serio y ella sólo me sonrió levemente provocando que mi estómago se revolviera. Joder.
-No te pongas tan serio, te salen arrugas –susurró cerca mío cuando íbamos en camino a ese famoso restaurant de comida rápida. Resultado para que Melanie no nos escuchara y los malditos escalofríos vagaran lentamente por mi espalda.
-Bien, creo que aquí estamos perfectos –señalé cuando llegamos y vi nuestros asientos. Coloqué inmediatamente las bolsas ahí que me tenían hecho, en pocas palabras, un jodido alfiletero humano. Las chicas sentaron con rapidez
-Quiero una hamburguesa con papas y una soda –me enlistó mi hermana pequeña antes de que le pidiera la orden. Christine rió.
-Lo mismo, por favor
Terminé por rodar los ojos e ir hacer esa infinita fila. Esto iba a ser estupendo.
Christine
-¿Y? ¿te gustaron tus vestidos? –Melanie asintió inmediatamente con una sonrisa tierna. Dios, esa niña cada vez me recordaba más a como era yo cuando pequeña. Vi cómo Caleb se colocaba en esa inmensa fila con enfado y aburrimiento. Supuse que estaríamos ahí por un largo rato así que traté conocer aún más a la princesa con ojos hermosos que tenía ante mí.
-Sí, sobre todo el rosa con pétalos violetas
-Es hermoso y se verá aún más hermoso contigo pequeña –levantó sus hombros para luego sonrojarse. Se parecía tanto a su hermano, tanto en lo físico como en lo emocional. Sus ojos eran iguales, sólo que con la diferencia de que los de Melanie eran puros e inocentes. Mientras que los de Caleb, estaban llenos de misterios y dolor. Su piel blanca, pero no totalmente, eran idénticas. Su sonrisa y cada aspecto de su cuerpo eran tan semejantes que no cabía duda que si los veía en la calle sin conocerlos, sabría que aquellos dos sujetos eran hermanos.
-¿De verdad irás conmigo a mi fiesta? –preguntó con su vista vidriosa de la emoción. Quise abrazarla
-Por supuesto que sí. Yo lo que prometo, siempre lo cumplo
-Gracias. La verdad era que no sabía si Caleb iba a aceptar dejarme ir –hizo un leve puchero –pero contigo es diferente. Tú lo cambias –mi ceño se frunció divertida
-¿En qué sentido lo cambio? –la pequeña levantó sus hombros
-No lo sé –me sonrió con ternura –contigo se comporta de una forma rara. Él por lo general es muy duro o serio, excepto conmigo claro, pero con los demás es así –No sé por qué. Pero aquello me hizo sentir escalofríos extraños en mi cuerpo. Y en cierta forma me gustaba sentirme así.
-Pues es bueno verle el lado bueno de alguien ¿no? –reí suave. Melanie asintió
-No sabía lo que era venir de compras con una amiga. Es lindo –habló cambiando de tema luego de un instante. Quise llorar. Juro que quise llorar, mierda.
-Claro que lo es –le sonreí –¿quieres venir de nuevo otro día? –asintió emocionada de nuevo.
-Me encantaría. Pero tendríamos que venir con Caleb –fruncí mi ceño ante su petición.
-¿Por qué quieres que venga él?
-Porque así él llevará nuestras bolsas –terminé por soltar una carcajada. Desde ya sabía que el castaño estaba odiando venir de compras. Su cara de frustración se veía desde kilómetros de distancia por cada compra que hacíamos.
-Bueno, pero también podrías venir con tu madre. Es obvio que a ella también le deben de gustar las compras –le propuse. Melanie me sonrió aún más. Pero vi algo diferente, no era una sonrisa entusiasmada. Era algo más bien, melancólica.
-Supongo que le gustaban mucho–mi sonrisa se evaporó en el aire. Mi corazón estaba a punto de estrujarse al no saber lo que venía.
-¿Le gustaba? –asintió nuevamente con una sonrisa. –¿Por qué hablas en pasado nena?
-Nuestros padres fallecieron cuando yo era apenas un bebé –bajó sus hombros, tiernamente y dejándome sin habla –Caleb me dijo que ella y papá son ángeles del cielo que nos cuidan y cuidarán siempre de nosotros –la tristeza no me dejó hablar de un momento a otro, ni menos responder aquellas palabras tan crueles que tuve que sujetarme de la silla en donde estaba sentada antes de desmayarme. Entonces entendí las cosas como si fueran jodidos fuegos artificiales estrellándose en mí cerebro. Es por esa razón que Caleb se preocupaba con exageración por su hermana, era la única familia que tenía. Por eso tenía una tienda y trabajaba, para cuidarla y poder sustentarse entre ambos mientras ella siguiera siendo menor de edad. La razón por la cual no sabía de sus progenitores. Entendía todas las cosas que conocía de Caleb, por aquello él era tan solitario y jamás tenía tiempo para sí mismo o relaciones amorosas. Desconfiaba porque jamás creció con su corazón lleno de valores paternales. Aquello me partía el corazón, no de pena, sino de entendimiento. ¿Cómo era posible que un niño sufriera de esa forma tan cruel a tan corta edad? Supuse que si Melanie era un bebé, Caleb era apenas un niño cuando tuvo que responsabilizarse por ella. Un niño que estaba completamente solo en este mundo.
Levanté mi vista nublada por extrañas lágrimas que amenazaban por salir. Mierda. Caleb aún estaba esperando en la fila mirando hacia el suelo, con su vista perdida y enteramente pensativo. ¿Qué me hacía ese hombre? No podía concretar en mi mente que aquel chico, pudiera cambiar mi grado emocional. Volviéndome sensible a él. Y ya no me cabía en la mente otra cosa de la que recién me di cuenta gracias a que ahora veía todo con más claridad y aunque me costara admitir o resistirme a lo que sentía, había una sola cosa en mi cabeza de Caleb Small.
No podía separarme de él.
viernes, 3 de octubre de 2014
Capítulo 9 -Sensitve-
Después del instituto fui en busca de un par de cigarrillos que estaba seguro que me ayudarían con la ansiedad que estaba sintiendo en ese momento. Quería inhalar hasta el último cigarrillo hecho en esta maldita ciudad. No me sentía bien para ir a trabajar así que procuré decirle a Matt que cerrara después de que saliera. Darrell fue a buscar a Melanie para llevársela a su casa y jugar con su hermanita pequeña, ya que estaba seguro de que lo que menos quería mi hermana era verme por cómo la traté. Llegué como típicamente era, un soldado derrotado, tiré mi bolso no sé dónde demonios. Y encendí de inmediato mis drogas. Ver a Christine en los brazos de ese imbécil me afectó de una manera brutal, tenía que admitirlo. Me tomé la cabeza y me senté en mi sofá. ¿Es así como terminaré? ¿solo? ¿cómo un idiota que nunca luchó por nada? Quiero decir, cómo luchar por algo que ya está perdido. Christine para mí era una chica que jamás estará a mi alcance. Lo que pasó entre nosotros fue, en pocas palabras, maravilloso. Lo mejor que he experimentado en mi vida. Pero aquello fue sólo un momento, algo que viéndolo bien de cerca, jamás iba a volver a pasar.Nick Harrison, ese gilipollas de primera, a pesar de que me costara admitirlo sabía que era del tipo que buscaba Chris. Alguien estable, con buena situación económica, elegante y con tiempo de sobra para dedicársela a la mujer que quería. Y aunque me doliera, sabía que Christine sería feliz a su lado. Fui a mi cocina y busqué en los rincones de los estantes alguna botella de ron que algunos de mis amigos haya dejado aquí antes. Acerté como de milagro, había un par de cervezas sin abrir al rincón de aquellos muebles e inmediatamente tomé de ellas. Volví a mi sofá y me estiré suspirando. Qué patético era, eso era lo que me ganaba por no hablar con la verdad antes. Tal vez si hubiera sido sincero con Chris desde un principio con mi situación y cómo vivía cada día de mi vida ella hubiera salido corriendo más tempranamente, dándome a saber que no tendría oportunidad matando rápidamente las falsas esperanzas. Pero ahora que decidió alejarse y terminando de confundirme, la quería odiar por eso, maldición cómo quería odiarla por hacerme esto tanto a mí como también en cierto punto se lo hiso a mi hermana. Si ella se iba de nuestras vidas Melanie preguntaría más por ella y yo no sabría que responderle. Quería odiarla.
Pero no podía y eso era lo que más me enfermaba al final de todo.
Después de más o menos una hora fumando más y más cigarrillos, comenzó a ganarme el sueño. Decidí que estaba bien ya que la noche ya le ganaba al día, y por supuesto mientras menos pensara en lo que pasaba a mí alrededor y todo lo que respectaba Christine era mejor. Mientras trataba de llegar al máximo descanso que podría desear el maldito sonido de la puerta sonando interrumpió ese repentino placer que me quería dar. Joder, ¿qué? ¿acaso tenía un letrero en la frente que decía que no podía sentir placer sea en el sentido que sea? Mierda, lo dejé sonar, no quería que nadie me interrumpiera de mi sueño.
No paraba como esperé, bufé maldiciendo. Con mi cara de pocos amigos abrí la puerta y apareció el moreno de Eric ¿pero qué demonios hacía aquí?
-Wow, tu cara es digna de haber aparecido en un funeral –bufé
-¿Qué mierda haces aquí? –pregunté de inmediato. No estaba de humor para recibir visitas, menos para aguantar las burlas del imbécil de mi amigo. El levantó sus manos en forma de inocencia.
-Eh cálmate pelmazo. Sólo quería saber del por qué no fuiste a la tienda, Matt me dijo que no te sentías bien
-Sí, no estoy de ánimo. Así que será mejor que te vayas –traté de que se fuera pero el idiota colocó su mano en la puerta antes de que pudiera cerrarla.
-¿No me vas a invitar a pasar? –de la nada. Pasó por el lado mío entrando a mi casa con una sonrisa en su rostro. Mierda. –¿Qué te pasó? Tú nunca faltas a trabajar –rodé los ojos asumiendo que el metrosexual de testosterona no se iría. Y yo para ser sincero no tenía ni la más mínima gota de energía para hacer eso posible. Así que cerré la puerta. Lo vi sentarse en mi sofá de la misma forma que yo hace unas horas. Luego contemplé cómo miro las latas de cervezas vacías para luego levantar la vista con el ceño fruncido.
-¿Por qué demonios me miras así? –él levantó una ceja indiferente pero a la vez sentía que quería reír.
-¿Estás bebiendo? –preguntó incrédulo. Me senté en la otra esquina de mi sofá.
-¿Tengo que informarte de todas las cosas que hago?
-No, pero al menos decirme el por qué las haces –Mi memoria se transformó en pocas palabras hacia 6 años atrás. A Eric lo conocí cuando apenas tenía 11 años. Su madre, Sidney, siempre fue muy amiga de la mía y para su muerte me ayudó mucho en cuánto a la mantención de Melanie. Siempre preferí cuidar yo solo a mi hermana, claro que para la edad que tenía necesitaba un poco de ayuda y ella me la brindó sin dudar. Cuando cumplí los 11 años su madre llevó a casa un par de víveres para que nos alimentáramos tanto yo como mi hermana que en ese entonces sólo tenía 2 años y medio. Pero ese día no había aparecido ella sola, sino que venía con su hijo que me ganaba por 3 años. De vez en cuándo jugábamos béisbol y me ayudaba en cuánto a la escuela. Desde aquel instante nos volvimos amigos hasta los 15 años en los que un hombre de traje y corbata llegó a mi casa y me entregó una hoja o más bien un testamento que mi padre había dejado diciendo en pocas palabras que la tienda que él tenía para trabajar, era completamente mía. Sólo eso bastó para que Eric me ayudara a estrenarla y así trabajar juntos. Desde entonces hemos sido como hermanos.
Suspiré.
-¿Qué quieres que te diga? Estoy bien, sólo me duele la cabeza –él negó rápidamente.
-Te conozco, no me mientas. Esto es no es por un estúpido dolor de cabeza ¿Verdad? –odiaba que acertaran así frente a algo capcioso. ¿Acaso eran magos o alguna mierda parecida? –déjame adivinar, esto es por una chica.
-No Eric, sólo me siento mal.
-Un hombre que no toma alcohol, jamás va a tomar siempre y cuando una chica o algún problema no esté en su mente. –habló como todo un psiquiatra. Bufé
-No es por nadie, quise tomar un par de tragos eso es todo
-¿Para qué me mientes Caleb? Sabes que tarde o temprano lo descubriré –dijo totalmente adulador. Me tomé la cabeza entre mis manos mientras exhalaba. No sabía qué hacer, Eric era inteligente además de ser un mujeriego nato. Terminé por asentir –Wow, si te soy sincero, jamás pensé verte tan complicado por alguien que no sea tu hermana.
-Ni siquiera sé cómo pasó. Esa chica se metió en mi cabeza tan de pronto que jamás lo vi venir. –tragué saliva. –quiero odiarla. Juro por Dios que quiero odiarla, pero no puedo –él me frunció su ceño
-¿Y por qué demonios querrías odiarla? Digo, deberías querer amarla ¿no? –soltó una risa leve. Negué con la cabeza
-No es lo que parece. Han pasado cosas con ella estos días y mierda… no sé, quiero olvidarla y odiarla. Pero no puedo, joder –maldije para luego tomar otra lata de cerveza y tomar hasta el fondo. Eric me miraba con cara de no poder créelo. ¿Quién lo diría? Caleb Small, complicado por una chica.
-Hombre ¿estás enamorado? –me incomodé ante la pregunta. ¿Y si eso era? Tal vez, para tener la felicidad que siempre he querido tendría que dejar entrar el amor a mi vida. Pero ¿y si no lo era? Puede que sólo sea una atracción de mierda que al fin y al cabo terminará desmoronándome como un cachorro desamparado.
-No lo sé –él suspiró negando con la cabeza
-¿Y qué estás esperando para decirme quién es? –levanté mi mirada. Ahí estaba la otra cosa. Demonios, ni siquiera sabía si Eric me creería lo que le diría. Él siempre fue un magnate en cuanto a las mujeres y ellas, bueno, caían siempre rendidas a él por su excelente físico o confianza. ¿Pasaría eso con Christine? Tal vez, pero de tan sólo pensar en mi amigo y ella juntos, quise vomitar. Puede que haya sido las poderosas cervezas que surgieron efecto en mi cerebro y habían estado creando pensamientos que no me hacían para nada bien.
-¿Recuerdas… –me acomodé la garganta. No sabía ni cómo empezar –recuerdas hace días que llegó a la tienda una chica extremadamente bella? –asintió abriendo los ojos sorprendidos. Creo que ya sabía lo que venía –ella, bueno, joder, resultó ser mi profesora. Su nombre es Christine.
-Espera un momento –dijo con sus ojos a punto de salirse de su cara. –¿Me estás diciendo que esa modelo de revista de alta categoría que entró en nuestra tienda hace días, alias tu profesora, te la estás follando? –fruncí el ceño.
-No dije eso. Pero, sí podría decir que han pasado cosas entre nosotros
-¿Y es de ella de quién estás tan bobo? –rió asintiendo –con razón pelmazo…
-No puedo sacármela de la cabeza y es lo que más odio de todo. Ella nunca estará a mi alcance, nunca se fijará en un estúpido fracasado del bachillerato –Eric bufó rodando los ojos
-¿Cómo sabes eso? En mi experiencia con el sexo femenino es que cada mujer es un mundo, complejo y loco. Pero al fin al cabo cada una tiene su forma de pensar diferente y eso las hace únicas –suspiró. Eric podía llegar a ser un mujeriego sin remedio, pero eso no quitaba el maldito hecho de que a veces tenía toda la razón. –Tal vez si sólo te dignaras a abrirte con ella y conocerla, las cosas podrían funcionar mejor.
-¿Y tú qué sabes de relaciones? –pregunté retórico y con una pisca de enojo –Tú solo te las tiras y al otro día ni siquiera recuerdas sus nombres
-Es por eso que aquello me hace un experto. Pero eso tampoco quita el hecho de que jamás me he enamorado –suspiró –créeme que cada mujer con quién he estado no se compara a la chica a quien amé hace un tiempo. Y tú más que nadie lo sabes. –Lo sabía, en serio. Pero no había llegado a mi mente los recuerdos de Mónica. La ex novia de Eric de secundaria. Eran novios desde los 14 años, por lo que luego de dos años de relación terminaron por motivos de las relaciones a distancia. Mónica se tuvo que ir de Chicago por el trabajo de sus padres y la relación por chat no funcionaba concretamente. Eric sufrió, pero luego cuando supo los trucos que podía hacer con su aspecto frente a las chicas, se dio cuenta que perder el tiempo llorando por una relación que no tenía futuro no debería estar en sus planes. Así que comenzó a ser lo que hoy en día era, un estúpido mujeriego.
-Vaya, no pensé que te acordaras de Mónica
-Sí, supongo que ya lo superé después de todo –reí
-Tú no has superado nada. Lo único que has hecho es traicionarte a ti mismo con putas –solté otra risa irónica tomando nuevamente de mi cerveza –Sin haber luchado por lo que más amaste alguna vez –dije acordándome de las innumerable frases similares que había leído de los libros de aventuras y honor. Vi cómo su mirada cambiaba de relajada a dura, le había dado en el clavo.
-Pero soy feliz así Caleb ¿y tú? ¿acaso lo eres? –preguntó mirándome fijamente. Levanté los hombros.
-No lo sé, no sé cómo se siente ese sentimiento. Porque simplemente nunca he sido feliz
-¿Y te sientes feliz con Christine? –no sabía a dónde iba esta conversación. Y para ser sincero no quería saberlo.
-Ya te dije que no sé –bufé
-¿Entonces por qué demonios no evitas cometer el error que hice yo? –fruncí mi ceño.
-¿Error?
-Sí, error –rió –a veces no puedo creer lo gilipollas que eres.
-¿De qué estás hablando?
-Hablo de que si no luchas por Christine ¿qué te queda? Nunca vas a saber lo que se siente hasta que puedas experimentarlo –quitó la cerveza de mis manos y me miró con esos ojos de reproche. Extrañamente me recordó a los de mi padre cuando hacía algo malo –si fuera tú, no sería un idiota y la dejaría ir. Pelearía por lo que amo, tal y cual como me lo reprochaste hace unos segundos. –exhalé tratando de saber quién era el sujeto que estaba a mi lado porque podía apostar mi vida de que no era el Eric que conocía.
-¿Quién dijo que la amaba? –él terminó por bufar
-Pues si lo que estás atravesando en estos momentos no es una crisis amorosa entonces dime que es –tragué saliva
-¿Y qué diablos quieres que haga? Ella no me necesita y está bien así
-Que hijo de puta eres. Te juro que no sé ni cómo llegaste a ser mi amigo –suspiró tomando todas y cada uno de los cigarrillos que tenía esparcidos en mi sala de descanso. Supuse que quería limpiar toda la mierda que tenía alrededor –lo único que puedo decirte es que para ser feliz en la vida hay que luchar. Sea como sea.
-¿Quieres decir que tengo que pelear por Chris? –fruncí el ceño. ¿Acaso era una broma? Eric me sonrió satisfecho.
-Exactamente querido amigo, exactamente.
Christine
-Te ves hermosa –fue lo primero que escuché decir a Nick antes de salir de mi departamento. Ponerme aquel vestido negro, corto y tan ajustado al parecer le había gustado bastante. Por lo que veía no tenía más habla para mí más que admirar cómo se veía mi cuerpo con él.
Íbamos en su auto sin despegar la mirada de nuestras respectivas ventanas. Nos dirigíamos a un restaurant, no sabía con precisión a cuál. Lo único que sabía en ese momento era que sea como sea quería distraerme con cualquier cosa que sea posible ante mis manos. Y por ahora la cosa que estaba a mi alcance era Nick. Pero había un inconveniente. Por más que tratara con todo lo que sea posible para olvidarme o alejarme, no podía sacarme de la cabeza aquel beso arrollador que me llevó hasta las nubes. Caleb se había metido en mi mente dispuesto a no salir nunca y eso me enloquecía, más aun viendo cómo hoy me buscaba reiteradas veces para ver o por lo menos hablarme en clases. Lo noté sin siquiera pensarlo. Si soy sincera, elegí alejarme aunque me doliera y me afectara de la manera más brutal posible. Me alejé por su bien. Me alejé por el hecho de que esto no nos convenía para nada. Me alejé porque no quiero hacerle daño ya que desde luego no se lo merecía. Esto no era para él. Mi vida, no puedo echarla abajo por alguien que va en la secundaria. Yo no soy así, jamás di algo de mi parte en alguna relación pasada, ni siquiera cuando la relación era realmente seria. Bueno, aunque para ser realista, jamás sentí nada igual como lo sentía en estos momentos por Caleb. Por ese chico y no podía negarme a mí misma, que era capaz de darlo todo por él. Un escalofrío duro pasó por mi espalda y no era precisamente por el frío que entraba en el auto de Nick.
Demonios, quería alejarme de él y tratar de evitar cada inquietante sensación. Pero mientras más lo hacía, más sentía que perdía el control de mis sentimientos y aquello no era para nada bueno.
-¿Estás bien? –preguntó Nick ya estacionándose en un lugar aparcado. Habíamos tardado no más de 5 minutos. Asentí sin responder mientras él salía primero y me abría la puerta. Entonces me dije a mí misma que trataría de pensar en otra cosa que no fuera Caleb. Así tenga que usar cruelmente a una persona para ello.
-Nick, este lugar es increíble. No debiste –me interrumpió antes de que siguiera. Algo muy típico de él si es que lo podía decir.
-No digas nada, es lo que te mereces y mucho más –me sonrió galante. No mentía cuando decía que Nick era un gran partido. Tenía una vida estable y además de eso era guapo, parecía de esos hombres modelos para comerciales de perfumes varoniles. En pocas palabras, sofisticado y extremadamente sexy. Pero no podía mentir, menos a mí misma. Él no alcanzaba a llenarme de la forma que Caleb lo hacía con sólo mirarme.
Entramos y las miradas no tardaron en ir ante nosotros. Personalmente me acostumbré con el tiempo a las miradas múltiples de los hombres, incluso ante algunas miradas de envidia de mujeres. Pero al ver que Nick se incomodaba ante ese hecho no pude evitar suspirar internamente. Ese hombre por más guapo que sea, no tenía para nada cosas en común conmigo.
-¿Qué te parece aquí? –señaló un puesto donde sentarnos, justo al lado de una ventana. Asentí nuevamente con una sonrisa. Me senté para luego presenciar como hacía lo mismo a mi lado. –¿Te pasa algo? Has estado muy callada –frunció su ceño. Vino inmediatamente un chico delgado y alto para atendernos y tomar los pedidos, aunque ignoré el hecho de que miraba baboso el escote que tenía mi vestido. Nick apretó la mandíbula y pidió por ambos. Tenía que admitir que me causaba un toque de gracia los celos del rubio. Después de aquello volvió su mirada a mí. Esperando que le respondiera su pregunta por lo que no supe que decirle en verdad.
-No me pasa nada, es sólo que, me encantó el lugar –y en parte no era mentira. Ese restaurant era muy caro y no dudaba que podría ser el mejor de la ciudad.
-Me agrada que te haya gustado, no sabía si venir aquí o ir por unas hamburguesas a McDonald’s –bromeó soltando una risa. Le sonreí de nuevo, falsamente.
-En cualquier lugar me hubiera gustado y lo sabes –me miró risueño. Creo que por primera vez desde que lo vi en el instituto lo vi hacer algo que realmente me recordaba al Nick de hace 10 años atrás.
El silencio nos ganó de nuevo después de unos minutos.
-¿Vas a ir a la reunión de este sábado? –preguntó luego de un momento comiendo los espaguetis que había pedido minutos antes. Fruncí el ceño
-¿Reunión?
-Sí, la cena que nos dijo Gibson hoy en la tarde, en la que vamos a compartir como bienvenida todo el profesional de profesores –dijo mirándome fijamente –es este sábado Christine y se me ocurrió que podríamos ir –Demonios, ni siquiera me acordaba lo que había dicho mi jefe en el único momento que comí junto a todo el personal. Lo de Caleb me tenía en otro universo y para ser sincera ni siquiera tomaba en cuenta todo lo que Nick me hablaba.
-Tal vez salga con Alyssa –levanté los hombros. Su gesto cambió de inmediato. Mierda.
-Pensé que querrías ir conmigo
-SÍ, suena genial, pero entiéndeme –suspiré. Tratando de controlar las cosas –la idea de pasar una tarde entera con esos ancianos que apenas me hablan no me entusiasma mucho
-Pues no lo veas por ese lado. Míralo por el lado de que vamos a pasar más tiempo juntos Chris –asentí. Su tono se estaba empezando a alzar.
-Pero tampoco puedo ignorar ese hecho. No me gusta compartir con ellos y punto
-¿En serio? Porque realmente pareciera como si no quisieras compartir conmigo un sábado entero –me tomé la frente. Mi cabeza en esos momentos no estaba para aguantar otra mierda más. Así que me tranquilicé inhalando y exhalando. Bien, eso es.
-No pensemos en eso, por favor Nick –pronuncié tratando de sacarle la tensión, acariciándole su mejilla. Que falsa e hipócrita era –Aún falta un par de días para que sea sábado y ni siquiera sabemos lo que pueda pasar mañana –dije aturdida. Entonces hice algo que en mi interior sabía que no estaba bien, engañaba a Nick y a mí misma al hacerlo, maldición. Lo besé. Él de inmediato me respondió de igual forma. Puso sus manos en mi cintura tratando de acercarme aún más. Aquel beso era tan vacío, sin trasfondo, sin algo de lo que pueda soñar cuando me vaya a dormir. Ni siquiera tuve ganas de cerrar los ojos para hacerlo y lo peor era que contaba los segundos para que aquello terminara. Nick me besaba con posesividad, con lujuria y extrañamente enojo. Esto no iba bien y ya estaba determinada a que algo serio entre nosotros no funcionaría.
Me separé lentamente luego de unos eternos segundos. Él me miraba con una sonrisa y yo igual, la diferencia era que la mía era totalmente falsa.
-Hubiéramos empezado por eso ¿no crees? –sonrió dándome un suave y corto beso de nuevo. No quise, de verdad no quise. Pero terminé comparando ese beso con el de Caleb y me costaba admitir que el beso que me acababa de dar con ese rubio, no se dignaba a comparar con el chico de ojos azules.
Asentí pensando aún en Caleb.
-¿Te he dicho que no me gustan las discusiones?
-A mí tampoco Chris y –exhaló –Mierda, pensé en regalarte esto en mi casa pero ahora creo que es el momento. –Sacó inesperadamente una pequeña caja de terciopelo azul oscuro, rectangular. Creo que casi me ahogué con mi propia saliva. –Ten, te compré esto pensando en ti –susurró abriéndolo ante mis ojos. Haciéndome más blanca de lo que era. –Es igual a ti. Es una perla hermosa y especial.
Un collar sorprendente de perlas se abría ante mí, no podía explicar con claridad cuán hermoso y brillante era. Pero esto no era para mí, no podía aceptar aquello. No me lo merecía.
-Nick –hablé con dificultad –no, no puedo aceptarlo. Esto te debió costar mucho –levantó sus hombros
-Qué importa. Lo importante es la persona que lo llevará –su mirada era tan brillante que me asustó. Me acomodé la garganta, incómoda.
-De verdad, no debiste haber hecho esto. Es demasiado
-Basta Chris, no pienso aceptarlo de vuelta. Lo compré pensando en ti y no me arrepiento de eso. –con sus manos sacó las brillantes perlas e hizo que me parara de mi asiento para ponerme de espalda, y así poner el hermoso obsequio en mi desnudo cuello. Lo observé después de que lo hiciera. Con mis dedos lo acaricié lentamente, era lindo tenerlo y sentir que era mío. Pero la culpa de no sentir lo mismo que Nick me carcomía. Esto ya se tenía que acabar. ¿Para qué tratar de hacer funcionar algo que de por sí se sabía que no funcionaría?
-Nick, tengo que decirte algo –pronuncié titubeante dándome vuelta y mirarlo.
-Dime linda –Él me frunció el ceño.
-Yo, bueno. Tú y yo, nosotros –antes de que pudiera seguir con mí, extrañamente, clara explicación. Una mano se puso en mi hombro haciendo que girara inmediatamente. Nick y yo nos sorprendimos al ver a un hombre bastante más alto que yo y un poco más que Nick, moreno y demasiado musculoso. Al parecer me iba a desmayar al verlo pero no, sólo me sonrojé extremadamente rogando al cielo que viniera un rayo que me desapareciera.
-¿Christine? Vaya, qué sorpresa encontrarte por acá –me miró lascivamente. Las palabras no me salían de la boca, joder. El hombre me había dejado con la boca abierta. Pero no por el hecho de que fuera guapo y me mirara de una forma lujuriosa. Sino que por el hecho de que conocía a ese hombre, íntimamente.
-Eh –lo único que logré pronunciar sintiendo arder todo lo que era mi cara. No podía ser. Santa y pura mierda.
-Disculpa pero ¿quién eres? –a la defensiva, Nick se interpuso ante mi viendo de frente al gran moreno que me seguía mirando. ¿Por qué me tenía que pasar esto a mí eh? Por zorra, tal vez, me respondí instintivamente.
-Soy Benny –estiró su mano amigablemente ante el rubio, que no tuvo más remedio que hacer lo mismo cortésmente. –Mi hermano Greg y yo somos íntimos amigos de Chris ¿verdad? –me preguntó descaradamente. En algún momento mi cara iba a explotar, lo sabía. El gemelo de Greg no me sacaba la vista de encima, mierda. Imaginar que sólo el maldito sábado pasado me estaba liando con ellos dos me hacía sentir escalofríos. Creo que lo volveré a decir. Soy una hipócrita de mierda.
-Hola –saludé casi sin habla. Tragué un gran bulto de saliva antes de seguir –¿cómo estás Benny? –ni sé por qué dije eso. Pero él asintió sonriendo.
-Estoy bien. La verdad es que toda mi familia está aquí para cenar juntos y de repente te vi con tu… amigo –por primera vez saca su vista de mí y se fija en Nick. Sonriéndole sarcásticamente –no me culpes por querer venir a saludar –sabía que lo decía en un término no muy simpático, pero lo terminé ignorando.
-Me parece perfecto que pases tiempo con tu familia –le sonreí, aún tenía mi cara roja y sabía que aquello no se iría fácilmente
-Sí, bueno. Pensé que llamarías para ser sincero
-Es que mi agenda ha estado un poco ocupada sabes –me acomodé de nuevo la garganta –¿y cómo está tu hermano Greg? –lo irónico de la conversación era que sólo él y yo sabíamos de lo que hablábamos. Pero Nick, demonios, él no tenía ni idea.
-Está bien de igual forma. Está allí con nuestra hermana y padres –señaló a un conjunto de morenos y morenas extremadamente elegantes y guapos a simple vista que por lo que veía, seguían esperando su orden. Fruncí mi ceño titubeante al no ver a su hermano, que por cierto, era igual a él.
-Umh, no lo veo
-Debe de estar pidiendo unos tragos –hizo una mueca divertida para luego ver a mis espaldas. Dándome la vista completa y recta al moreno físicamente igual a Benny. Aún no podía entender cómo se podían parecer tanto y ni siquiera poder reconocerlos. Santa puta mierda. Esto estaba cada vez mejor. Los gemelos que me follaron el sábado pasado se reencontraban conmigo en una cita que tenía con un “amigo”. Creo que tendría que recibir el premio de zorra estúpida del año.
-Hola Christine –habló Greg, que por lo que vi, también ignoró a Nick que se encontraba a mi lado y estaba ausente de toda charla. Aunque no dudaba que pronto me preguntaría de qué iba todo esto. –Vaya sorpresa encontrarnos acá eh ¿Verdad hermano? –caminó hasta estar al lado de su hermano y joder, si no fuera por su vestimenta pensaría que son clones. Mis mejillas aún ardían como vapores.
-Sí, una muy inesperada sorpresa –asentí con una sonrisa falsa.
-Oh demonios Greg, parece que interrumpimos su cita –preguntó con una preocupación hipócrita. Malditos sean. Nick se acomodó su garganta
-No para nada. La verdad es que me gusta conocer viejas amistades de mi novia –Alto ahí vaquero. Quise gritarle pero mi cordura intervino, así que sólo le di una mirada que no fue muy tratativa. Si eso alejaba a ese par, pues bienvenido sea. No podía negar que aquellas palabras viniendo de Nick y yo me espantaban a un grado estremecedor.
-Pues entonces ¿por qué no nos acompañan? –Pero qué mierda –la verdad es que Christine y nosotros somos amigos desde hace mucho y hace bastante tiempo que no hablamos. –me sonrió Benny.
Nick les sonrió amigablemente. Eso no me gustaba.
-Nos encantaría ¿verdad amor? –el rubio me tomó de la cintura con falsedad. Mis mejillas aún querían explotar. ¿Acaso el mundo se volvió loco en un solo instante y yo no me di cuenta? Terminé de asentir como una estúpida.
Genial.
(…)
-¿Quiénes eran Christine? –preguntó Nick luego de un gran momento de silencio desde el restaurant, estacionándose afuera del edificio de mi departamento.
-¿Disculpa? –la pregunta me tomó desprevenida y no era para menos. La cena que había tenido junto a la familia de mis amantes había sido un total desparramo de mentiras, palabras vacías, y sarcásticas.
-No te hagas la tonta –En verdad estaba enojado y su tono era tan amenazante que parecía que se había contenido toda la noche. –esos amigos tuyos, que arruinaron nuestra cita, ¿qué relación tienen contigo? –su tono me asustaba, no podía mentir.
-Ellos ya te dijeron, nos conocimos en una fiesta y hace dos años que no nos vemos ¿qué más quieres saber?–dije simplemente. Que mentira más vil e inepta. Me sorprendía el hecho de que ni yo misma me la tragué.
-¿De verdad crees que soy tan idiota como para tragarme eso? Porque si lo crees, de verdad, necesitas hacer un buen viaje a la realidad Christine.
-Todo lo que te dijeron es cierto. Son amigos del pasado
-Pues no te creo
-Mierda Nick, si no me crees no es mi problema, no quiero discutir –como una niña pequeña tratando de huyendo de alguna travesura hecha, salí de su auto dispuesta a irme enojada a mi departamento. Luego él se arrepentiría de haberme hablado así, lo sabía. Sentí como salía de su vehículo para seguirme
-Christine ven aquí –gritó detrás llegando con rapidez hacia mí. Con la diferencia de que luego, sorprendiéndome, me tomó del brazo con fuerza haciéndome girar hacia él. Yo terminé de mirarlo atónita, ningún hombre en la vida había tenido los cabales para tomarme con tal fuerza. En los ojos de Nick había furia, enojo y alteración. Tenía miedo –ahora mismo me vas decir quiénes eran esos hijos de putas.
-Ya te dije la verdad Nick –volví a repetir. Sólo que ahora con un susurro atemorizante. –los conocí en una fiesta y hace dos años que no los veía. Eso es todo
-Mentira –gritó en mi cara mientras que apretaba aún más mi brazo, haciéndome retorcerme de dolor. Joder, el temor estaba en todos mis sentidos. No sabía qué hacer.
-Es verdad ¿para qué te mentiría?
-Conozco a las zorras Christine y sé que les gusta mentir –respondió con furia –Ahora mismo me vas a decir cuándo, dónde y si es necesario, cómo los conociste. Si no quieres que arme un escándalo a mitad de la noche.
-No te he mentido, ya te lo he dicho todo –susurré –por favor suéltame, me duele, mierda –me retorcí nuevamente para que luego por fin, me soltara. Me dolía. Me vi mi brazo y la marca de sus manos estaba en él. Quise llorar, juro por Dios que quise llorar por la humillación que estaba sintiendo en esos momentos.
-Escúchame bien –volvió a tomarme fuerte. Pero esta vez, de mi muñeca. En un tono alto y determinado me volvió a hablar en un tono alto –si me entero de que lo que acabas de decirme es mentira. Te las voy a cobrar –fruncí mi ceño atemorizada
-¿Qué?
-Escuchaste bien. No querrás verme la cara, créeme que ya me lo hicieron una vez y te juro por Dios que me encargué de aquello –terminó por decir en unas palabras llenas de alteración y furia contenida. Estaba atónita, no podía procesar bien la actitud de Nick. Pensé que me golpearía y no entendía por qué lo toleraba, yo no era así, menos con alguien que ni siquiera llegaba a ser mi novio.
-Nick –volví a susurrar sin saber qué decirle. Soltó mi muñeca bruscamente para luego dar media vuelta e irse en su auto. Para cuando ya se había ido aún me encontraba en las afueras de mi edificio, sin habla frente su actitud. Tenía miedo de ese hombre, el cual para nada se parecía al chico tierno y cariñoso que conocí hace 10 años atrás. Alyssa tenía razón, aquel hombre resultó ser más peligroso de lo que jamás pensé. Y de algo estaba segura.
Tenía que alejarme de él.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

