sábado, 20 de diciembre de 2014

Capítulo 17 -Sensitive-

Caleb

Había estado como alma que lleva el diablo, joder. Christine, en todos estos días no había contestado mis llamadas. No quería pensar precipitadamente al creer que ya no me quería y se arrepentía de todo lo que hemos pasado. Los tres días de suspensión habían pasado increíblemente lentos. O al menos eso sentí al estar todos los días en mi casa extrañando a la chica que me volvía loco. Tolerar, después de quedarme en su departamento, todos los chistes de mal gusto de Eric y las miradas asesinas que me proporcionaba Jessica me ponían aún más los pelos de punta. Ya que en estos días tampoco dejaron que pensara en otra cosa que no fuera ella. Y no es que planee olvidarla, sino que me estresaba el no poder verla y los pelmazos me lo recordaban deliberadamente cada vez que tenían la ocasión. Pensé innumerables veces ir a buscarla y vernos aunque sea un pequeño instante, pero tenía que ir trabajar y de por sí, cuidar a Melanie. Nuestros horarios chocaban mientras yo no estuviera en el instituto y aquello era una real mierda. Más mierda era el hecho de pensar que todos estos días hubiera estado con Harrison. Maldición. La ansiedad me carcomía por dentro mientras iba camino al instituto después de dejar a mi hermana. Iba más temprano de lo común, pero aun así, al estacionarme me di cuenta que no era el único en llegar a esa hora. Varios estudiantes entraban y salían del establecimiento. El equipo local entrenaba jugando futbol americano donde pude distinguir a Kevin, más recuperado después de la paliza que le había otorgado. Quise reír, pero gracias a mi humor y nerviosismo aquel sentimiento de burla no estaba presente.

-Buenos días Caleb –Me saludó el conserje afroamericano sonriente con quien comúnmente conversaba después de mi almuerzo. Sólo que ahora lo veía más temprano limpiando la entrada del lugar. Decir que me caía bien era corto comparado con lo agradable que era ese sujeto. Le di un saludo de manos para luego sonreírle.

-Hola Lennie ¿cómo has estado? –Él levantó sus hombros.

-Bien, en lo que se puede estar claro. Pero bueno, es raro verte aquí tan temprano –Asentí, de acuerdo –¿Llegaste a esta hora por algo en especial? –Reí ligeramente. Lennie sabía que me gustaba una chica y todos mis sentimientos hacia ella, sin embargo, no sabía quién era en específico.

-Sí, puede ser. Dime ¿Qué ha pasado en mi ausencia? –Él terminó por dejar de limpiar por un instante con su trapeador para mirarme con sospecha.

-De por sí todos los estudiantes han estado hablando de la paliza que le proporcionaste a Kevin –Suspiró –Algunos te odian y otros te aman, es lo que pasa cuando atacas al quarterback del equipo –Rió para luego seguir limpiando con su trapeador, negando con su cabeza. De verdad, aquello era lo último que me preocuparía en esta vida.

-¿Acaso ves que me importa? Sólo fue una pelea y ya, deberían superarlo –Hablé simplemente, dirigiendo mi vista hacia la entrada. Esperando que apareciera la bella castaña clara que me removía hasta la última célula de mi cuerpo. Él me miró con sus ojos entrecerrados.

-¿Estás esperando a alguien? –Preguntó divertido. Bufé para luego reír.

-Tal vez –Lennie negó divertido, nuevamente –¿Algo más?

-Sí, algo así. Incluso creo que aún no han dejado de hablar de esto. Hasta a mí me sorprendió –Estaba serio, sin quitar mí vista de la entrada. Joder, a qué hora llegaría –El inspector Harrison renunció –Mi mirada fue de inmediato a él. Sin poder creer lo que me había dicho. Qué mierda.

-¿Qué? –Asintió.

-Nadie sabe el motivo ni nada. Sólo se sabe que llegó el lunes por la mañana y firmó su renuncia con Gibson –Fruncí mi ceño. Ahora más que nunca quería que llegara Christine para hablar seriamente con ella de aquello. Mierda ¿renunció? No era que me preocupara que no estuviera en el instituto, sino que si el tema central de esto era Nick, de por sí venía ella dentro del paquete. Intuía que algo pasó entre ambos. Puede que simplemente hayan terminado o que hayan terminado, pero no de buena forma.

-¿Y Christine? ¿cómo está? –No pude evitar preguntar sin siquiera pensar con quién estaba hablando. Lennie me miró extrañado –Digo como profesora, porque ella, esto, es, su novia ¿no? –Titubeé tratando de no notarme tan nervioso. El afroamericano asintió entendiendo.

-Pues no lo sé. La verdad es que no sé nada de ella más que trae a todos locos en este instituto –Respondió divertido. Asentí entendiendo, porque, también me traía loco a mí. Mí vista luego de un instante como por arte de magia se dirigió a la entrada del establecimiento y allí, por fin, la vi venir con su contoneo de caderas tan definido. Dispuesta a ir al salón de tercero. Tragué saliva. Joder, cómo la extrañaba. Sin embargo, además de aquello sabía que teníamos que conversar. Miré a Lennie agradecido.

-Adiós Lennie, después hablamos –Él me sonrió

-Nos vemos chico –Confirmé con mi cabeza para luego ir casi corriendo hacia su paradero.

En los pasillos aún no había muchos estudiantes y mucho menos había en los salones. Así que sólo entré en el aula donde se encontraba y la había visto entrar sin avisar causando que la castaña se asustara. Cerré la puerta detrás de mí. Precaviendo que de cualquier forma nadie entrara. La miré y en sus ojos no había nada más que desconcierto y miedo. No lo entendí, juro que no lo entendí. Sus actitudes eran tan raras como sus cambios de humor. No supe que decirle, o al menos no supe que esperaba que le dijera. Demonios, se veía tan bien con esos jeans negros y ajustados con esos tacones que por más que fueran altos, no le ayudaba a que me superara en altura. Al igual que poseía un top ajustado a su maravillosa medida de color crema. Joder, hace tres días que no la veía y la extrañaba más que a nada en el mundo, no me esperaba que hubiera tanta distancia en cuanto nos reencontráramos.

-Hola –Apenas dije aquello ella suspiró. Como si le relajara el hecho de que estuviera cerca pero a la vez le aterraba. No entendía nada.

-¿Qué haces aquí? Puede entrar cualquiera –Susurró viendo si alguien entraba detrás de mí, observando la puerta por la cual accedí. Crucé mis hombros, serio. Era inútil que lo dijera ya que cerré con llave. Moría por besarla y decirle cuánto la extrañé. Pero su actitud de ignorancia y de escape sacaba lo peor de mí.

-Cerré con llave, no te preocupes por eso –Bufó tomándose su frente. La veía extraña, nerviosa –¿Por qué no respondías mis llamadas? –Tragó saliva. Exhaló resignada, entendiendo que no ganaba nada con discutir.

-Lo siento. Pero, no es momento para hablar de esto Caleb. Son muchas cosas que han pasado estos días que –Se interrumpió a sí misma. Enredada por sus propias palabras. Resoplé

-¿Qué ha pasado? Demonios, Christine ambos confesamos que nos queremos. El domingo casi hicimos el amor además de haber pasado un día maravilloso totalmente juntos –Apreté mi mandíbula al ver su mirada de arrepentimiento –No vengas con arrepentimientos ahora, joder. No ahora –Me acerqué decidido sin sacar mi vista seria de la suya. Quien sólo estaba acongojada. Me acerqué tanto que me recargué sobre ella presionándola contra el escritorio. Poniendo mis manos a cada lado del amoblado. Intimidándola.

-Perdóname ¿Sí? Lo único que quiero que sepas es que mis sentimientos no han cambiado –Volvió a tragar saliva, viéndome directamente. Me acarició la mandíbula tratando de relajarme, y lo logró. Haciéndome sentir escalofríos. Joder, todos mis pensamientos de seriedad se fueron a la mierda. Todo, incluso mi ansiedad. Era increíble que son un solo toque lo lograra. Christine me besó tiernamente yo le correspondí de la misma forma. Extrañaba sus labios tanto como su sabor. Mis brazos tomaron como prisionera su cintura con la intención de hacer ese beso más largo y pasional. Pero ella, se separó con lentitud poniendo su mano en mi pecho –Pero Caleb, entiéndeme… no es un tema me gustaría hablar ahora –Asentí suspirando, resignado.

-Sólo te tengo una pregunta. Y me gustaría que la respondieras en este corto tiempo –Ella asintió mirándome atenta. Mis manos seguían en su pequeña cintura, por lo que no tenía ninguna escapatoria –¿Por qué se fue Harrison? –Su vista cambió de inmediato a una de incomodidad. Removiéndose inquieta y ahora, no me miraba a los ojos al escuchar ese nombre. Fruncí mi ceño, algo pasó. No era idiota –¿Christine? –Apretó su mandíbula con su vista baja.

-No lo sé –Levantó sus hombros, mirando mi pecho precisamente. Sin levantar su cara hacia mí. Estaba mintiendo –Supongo que se aburrió de su empleo. Les pasa a muchos –Volví a apretar mi mandíbula. Lo que más odiaba además de que se metieran en mi vida, eran las mentiras. Sabía que me estaba mintiendo, joder. Con suavidad y nuevamente con seriedad levanté su rostro hacia mí. Sus ojos reflejaban un extraño sentimiento que comúnmente nunca veía en ella. Sensibilidad.

-¿Qué te ha hecho? –Pregunté con mi ceño fruncido y sin escrúpulos. Quería matarlo con mis propias manos, mierda. Ahora él no era parte de este establecimiento, podía descuartizarlo si quería por hacerle daño de cualquier forma a Christine. Ella frunció sus labios sin poder decir nada. Sentí que si decía algo, lloraría. Algo le había hecho. Quería gritar y romper todo lo que tenía a mí alrededor. Pero de por sí, quería romper algo más valioso que cualquier otra cosa, el cuello de Harrison.

-Nada ¿Por qué supones eso? –Lanzó una risa tan falsa como lo que acababa de decir. Mi cara seguía igual que antes, seria y con mi característico ceño fruncido.

-Christine, no estoy para juegos. ¿Qué te hiso ese hijo de puta? –Hablé con tanto enojo contenido que la asusté en cierta forma. No quería asustarla, sólo quería saber la maldita verdad. Antes de que ella respondiera el timbre de entrada había sonado. Salvando a cualquier tipo de respuesta que Christine hubiera dado. Suspiré, pegando mi frente con la suya. Había sido salvada por la campana literalmente, pero eso no significaba que más tarde tengamos una conversación pendiente. Ambos lo sabíamos –Hoy vendrás a mi casa después de clases ¿de acuerdo? –Ni siquiera le pregunté. Fue algo más como una afirmación a lo que pasaría, sé que era un cabrón al hacer eso, pero Christine me estaba haciendo todo esto un tanto difícil.

-Pero

-“Pero” nada. Vendrás si o si –La besé cortamente a lo que ella terminó exhalando todo el aire extrañamente contenido. Conformándose, supuse.

-¿Qué pasará con Melanie? No sé si sea bueno que hablemos de un tema así con ella presente –Asentí.

-Darrell irá a buscarla después de su escuela e irá a jugar con Chloe. No te preocupes de aquello –Asintió. Terminé por besarla con ternura. Sus manos inmediatamente fueron hacia mi cuello para acercarme a lo que obviamente yo hice lo mismo presionando su cintura. No duró mucho ya que los estudiantes llegarían pronto. Pero lo suficiente para hacernos quedar en las nubes –Te he extrañado –No sé de dónde salieron esas palabras, pero lo único que supe era que fueron sinceramente verdaderas. Sus ojos por fin, después de no verlos tanto, me miraron maravillados. La quería, no sabía hasta qué punto, pero lo hacía y mucho. Más que mucho me atrevería a decir. Me asustaba, sin embargo no me desagradaba.

-Y yo a ti.





-Saquen sus libros en la página 37, por favor –Sentir su voz armoniosa nuevamente en clases me gratificaba a un punto irreversible. Nuestras miradas cómplices que sólo nosotros entendíamos me daban gracia, sin embargo me gustaba sentir esa química en el aula sin que otros se den cuenta de aquello. Todos los estudiantes la obedecieron bufando, incluso yo. Era lindo volver, pero sólo por ella –Hoy vamos a trabajar con el gran poeta francés Victor Hugo, con una de sus obras llamada “Plenitud” y de por sí van a tener que responder las preguntas siguientes. Eso les puede servir para comprender lo que quiere decir y mejorar su entendimiento con las metáforas –Anunció con una sonrisa amable, ahora entendía por qué volvía a locos a todos. Eso y que era extremadamente atractiva y sexy –Hoy estoy de buen humor así que, podrán trabajar esto en parejas. Mucha suerte –Todos silbaron su idea alegres, por supuesto. Preferí hacer aquello solo, no era que no sociabilizara bien con los otros. Sólo que durante toda mi vida, preferí hacer mis cosas en solitario. Sin recibir ni dar órdenes a nadie. Y eso era para todo lo que hiciera, incluyendo trabajos de instituto.

-¿Disculpa? –Una voz suave interrumpió mi iniciación de lectura del poema. Levanté mi vista hacia una chica delgada que jamás antes vi. Tenía el cabello completamente ondulado, rubio y su cara reflejaba el monto exagerado de sus pecas. Se parecía bastante a las muñecas de terciopelo que tenía Melanie a los 5 años –¿Ya tienes pareja? –Preguntó un tanto tímida. Dudé un segundo, viendo que en sí quería ganarse a mi lado, ya que había un asiento desocupado. Negué sin decir nada –¿Te molesta si hacemos las preguntas juntos?

-Uhm no, claro que no –Si bien prefería trabajar solo, no encontraba muy educado negarle algo así a una chica. Ella me sonrió haciéndome ver que usaba frenos, bastante especial para mi gusto.

-¿Eres Caleb verdad? –La miré confuso cuando hiso su pregunta justo en el instante en el que se sentó.

-Sí ¿Por qué? –Pregunté, de verdad me intrigaba saber el hecho del por qué sabía mi nombre. La chica se sonrojó un poco levantando sus hombros.

-Escuché de ti por el altercado que hubo la semana pasada –Respondió casi en un susurro –Por cierto, mi nombre es Katherine, pero me dicen Kathy –Asentí. Bien, sinceramente no me importaba si comenzaba a ser conocido por aquello. De verdad, prefería ser invisible a que me jodieran deliberadamente con el mismo tema.

-Vaya, al parecer falta que salga en la televisión y seré toda una estrella de Hollywood –Hablé con ironía, causando una leve risa de la rubia.

-No es poco lo que hiciste. Golpeaste a uno de los chicos más populares del instituto –Levanté mis hombros, eso era aún más patético. Ahora leyendo las preguntas que estaban en el libro –Pero bueno, veo que no te importa mucho lo que es aquí la “popularidad” –Comentó un poco acongojada.

-La verdad, no. Sólo espero graduarme y ya –Ella asintió

-Entonces, supongo que tampoco te interesa el campamento que viene ¿no? –La miré interrogativo.

-¿Hay un campamento? –Pregunté sin predecir nada, mi mirada se levantó encontrándose con la de Christine, quién me miraba potentemente. Había algo que no distinguía bien de ella en ese instante, me observaba libremente, sin que le importe que otro la encontrara con su vista hacia mí. ¿Acaso no tenía miedo que alguien se enterara de aquello? No parecía en ese momento, ya que su mirada no se despegaba de la mía. Incluso me atrevería a decir que estaba casi con su ceño fruncido. Estaba rara de por sí. Le fruncí mi ceño tratando de preguntarle con la mirada qué le pasaba.

-Pues sí. Todo el alumnado de último año irá –Comentó. No presté mucha atención a lo que dijo, sólo miraba a Christine. Tratando de averiguar el por qué la expresión de su rostro. Giró su vista tímida, ya no sosteniéndome la mirada. Joder, qué pasaba. Una mano se colocó en mi brazo llamando mi atención. La chica rubia había tomado con su mano mi antebrazo –¿Estás bien? –Con, aún, mi ceño fruncido. Saqué mi brazo de la inoportuna caricia de su mano causando incomodidad en Katherine. Pero qué demonios, odiaba que invadieran mi espacio personal.

-Sí, estoy bien –Dije un poco incómodo. Su mirada maravillada iba desde mi rostro hasta mi estómago. Ya que era lo que más relucía sentado, aunque no sabía qué tenía de especial una camiseta de botones remangada. Me inspeccionaba exageradamente, con particularidad veía mis ojos, qué diablos pasaba con esa chica. Me removí inquieto en mi asiento.

-Escucha. Sé que te parecerá extraño esto pero –Suspiró para luego tragar saliva –Mandy va hacer una fiesta en su casa este viernes y no lo sé, pensé que podrías ir y divertirte –Le sonreí fingidamente. No sabía quién era Mandy pero ya qué.

-No creo que pueda. Tengo que cuidar a mi hermana –Traté de no explicarle mucho. Ella asintió.

-¿Cuántos años tiene?

-Nueve –Respondí simplemente. Ojeando las preguntas del poema, de verdad, quería terminar el ejercicio. No quería responder más preguntas de esas, menos a alguien que no conocía.

-Y… ¿Tienes que cuidarla? ¿tus padres no pueden? –Quise bufar ante sus consistentes preguntas. Pero no podía ser tan cabrón con una chica, con un chico hubiera sido diferente ya que le hubiera partido la cara sin reclamos.

-Algo así –Confirmé, sin seguir con el tema –¿Qué te parece si hago las seis primeras y luego tú haces las restantes? –Pregunté refiriéndome a los ejercicios que era de por sí el verdadero hecho de que tuviéramos que sociabilizar. Ella tragó saliva.

-De acuerdo –Respondió tímida. Asentí comenzando, aunque con un toque de culpa. Sabía que la había tratado mal, mierda. A veces mi actitud apestaba en ciertas cosas y no me gustaba, suspiré revolviendo mi pelo con frustración. Dejé de anotar para alzar mi mirada hacia ella y poder aprecias sus particulares pecas.

-Escucha. No es que no me agrades, de verdad, ni siquiera te conozco. Pero ¿Podríamos hacer esto después del trabajo? –Kathy volvió asentir, más segura que antes.

-Claro. Pensé que te gustaría compañía, de todas formas siempre te veo solo en el instituto –Levantó sus hombros. Afirmé con mi cabeza.

-Me llevo mejor solo, qué más te puedo decir –Reí ligeramente. Ella me sonrió volviendo a mostrarme su sonrisa de frenos.

-¿Entonces no tienes novia? –De un momento a otro la miré interrogativo, sin esperarme aquella pregunta. La chica de por sí se sonrojó al extremo después de hacerla –Perdón, soy una tonta al preguntar –Quise reír, pero mi vista de inmediato se dirigió a Christine. La verdad es que no lo sabía. Ambos nos confesamos mutuamente que nos queríamos, hemos pasado por bastantes cosas, sin embargo no sabía lo que éramos. Levanté mis hombros volviendo con mi vista hacia ella.

-Sí, algo así –Exhalé –Supongo que tenemos algo –Respondí más para mí mismo que para responderle a la chica. La vi asentir.

-Bueno, la chica con quién estás muy afortunada, si es que puedo decirlo –Me sonrió consternada. Volví a confirmar en mis pensamientos, era mucha charla por ahora. Incluso no entendí lo que me quiso decir, o por lo menos no quería entenderlo. A la chica de verdad no la conocía y creo que jamás la había visto antes en el instituto. Pero en sí la encontré decaída, sumisa. Sin embargo, nunca hay que fiarse con estos temas de secundaria. De todas formas, por lo que he vivido en esto, todos fingen ser alguien que no son.

-De acuerdo –Dije para cambiar de tema, no me gustaba hacia dónde iba la conversación –¿Cuál era la primera pregunta?



(…)



-Caleb Small ¿Puede quedarse un momento antes de irse por favor? –Habló Christine fingiendo un trato profesional de profesora/alumno. Fruncí mi ceño tratando de comprender aquello. Mientras que todos los estudiantes se iban, incluyendo la chica rubia con pecas. Asentí dejando mi bolso donde estaba. Cuando ya todos y cada uno de los pelmazos se fue, corrí rápidamente a la entrada del aula para cerrar la puerta con llave. Quedándome completamente solo con Christine. Bien, ese era el plan de ella ¿no? No creía que nos hubiéramos quedado ahí para jugar a las cartas.

-Al fin –Susurré yendo con velocidad a secuestrarla entre mis brazos tomando su cintura, extrañamente y sorprendiéndome se alejó a una distancia determinada. Puso sus manos en jarras y con seriedad. Mierda.

-¿Eres Caleb Small verdad? –La miré sin entender –Porque al parecer no te reconozco después de que coqueteas en mi clase con cualquier chica. Fingiendo ser Brad Pitt o alguna mierda parecida –De verdad parecía enfadada o al menos desconcertada. Abrí mis cejas en signo de impresión. ¿Me estaba reclamando por hablar con una chica? Quise reír pero a la vez quería saber hasta dónde podía llegar Christine Parker con esta ridícula discusión.

-¿Estás enfadada porque hice el trabajo en pareja, el cual específicamente, pediste que lo hiciéramos en parejas? –La pregunta era un tanto confusa. Pero lo suficiente para hacer pensar a Christine e inconscientemente hacerle saber que estaba siendo melodramática.

-Dije que podían hacerlos en parejas, no que coquetearas con tu pareja –Dijo con obviedad para luego cruzar sus brazos tercamente. Era impresionante lo loco que me tenía esa chica, sin embargo, no podía negar que me encantaba la situación. Christine estaba celosa.

-¿Estás celosa? –Pregunté con una sonrisa divertida. La pregunta era tonta y la respuesta era obvia. Christine bufó para después sonrojarse. Se estaba delatando sola, aquella chica estaba más que celosa. Me acerqué acechadoramente causando que su cuerpo chocara con su escritorio en la parte de atrás. Presioné mi pecho con el suyo haciendo que suspirara, resignándose a mi acercamiento.

-Por supuesto que no –Respondió sin mantener su mirada con la mía. Le sonreí acercando mis labios a los suyos, tentándola. Obligándola a que desarmara ese cruce de brazos que había estado haciendo desde su escena de celos.

-¿Segura? –Seguía tentándola poniendo mis labios a merced de los suyos como si fuera a besarla, pero no lo hacía.

-Caleb. No hagas esto, estamos en el instituto –Me reprochó susurrante, casi cayendo en mis manos para besarme. Volví a sonreírle traviesamente.

-Sólo respóndeme esto ¿Estás celosa? –Ella me miró titubeante. Me sorprendió cuando hiso un puchero arrebatador. Levantó sus hombros como una niña pequeña.

-Tal vez –Dijo inquieta

-Pues no deberías –Hablé con indiferencia. Resopló

-Te gustó esa chica, admítelo –Rodeé los ojos. La imaginación de la chica que quería estaba cada día más pronunciada. Al parecer no entendía nada –Dios, entiéndeme. Eres guapo y hay chicas que se interesan por ti. Ahora mucho más por lo que pasó el viernes y –La interrumpí antes de que siguiera con esa justificación que por demás, me importaba menos que nada. ¿Era en serio lo que me decía? Porque al parecer no comprendía el hecho de que yo no era quien tenía a todos locos en el instituto. Era ella.

-¿Y? Tú lo has dicho Chris, hay chicas que se interesan por mí. Pero no has tomado en cuenta algo –Dije abrazándola por la cintura, ella me miró tratando de conseguir una respuesta –No has tomado en cuenta que no me interesa nadie más que no seas tú. ¿Qué no entiendes que cuando te digo “Te quiero” es algo en serio? Nunca he dicho ese par de palabras en mi vida más que a mi hermana y alguna vez se lo dije a mis padres antes de que murieran. Jamás a una persona ajena, pero tú llegaste a cambiarlo todo. Y el hecho de que te tenga en mis brazos justo en estos momentos, es la respuesta clara a todo lo que siento por ti. Es la respuesta a que nunca dejaré que te hagan daño, a que nunca dejaré que te vayas de mi lado y porque nunca he querido a una persona más de lo que te quiero a ti Christine –Creo que jamás fui más sincero en toda mi vida que en ese instante. Christine me miraba diferente, casi con ganas de llorar y yo estaba a punto de besarla para demostrarle lo que de verdad significaban aquellas palabras. Terminó por sonreírme hermosamente, abrazándome por los hombros.

-Caleb, sigo preguntándome esto –Suspiró –¿Cómo haces para cambiar mi humor? –Sonreí abiertamente, tomándola fuertemente entre mis brazos para sentarla sobre el escritorio. La verdad era que mi castaña no pesaba nada, había sido como tomar una pluma prácticamente.

-No lo sé. Tal vez te responderé cuando, me respondas la misma pregunta –Ella rió. La besé, no aguanté más. Lo primero que hice fue abrazarla por la cintura para sentirla aún más de lo que la sentía, joder. Me encantaba tenerla cerca, tenía que admitirlo. Mi lengua entró a su cavidad y ella la aceptó gustosa, como siempre. Christine me abrió las piernas para entender la indirecta, haciendo que me acomodara inmediatamente mejor con ella. La verdad es que nos sentíamos bien íntimamente, pero no tanto ya que lo único que nos separaba era las prendas de ropa que teníamos.

-Nos matarían si nos encontraran aquí. En esta situación –Susurró divertida apenas separada de mi boca. Reí levantando mis hombros. Eso era lo que menos me importaba ahora.

-¿Y qué? Valdría la pena –Reímos juntos para luego volver a besarnos con vehemencia –Te quiero Christine, mucho. Más de lo que crees –Dije tan pronto como nos distanciamos por un par de milímetros. Sintiendo la respiración del otro. Me dio miedo en cierta forma por cómo salieron esas palabras, sin predecirlas. De verdad, la quería a un grado incontrolable. Que no sabía cómo manejar. Tal vez, simplemente, esto iba más allá que un “querer”. Me atrevería a decir que había amor. Demonios, no sabía si era eso. Pero joder, cómo me gustaría descifrar por completo aquellos sentimientos y entender de una vez por todas hasta qué grado sacrificaría mi vida por Christine. La respuesta era clara, no me importaba. Sólo me importaba el hecho de estar juntos, nada más que eso. Eso me llenaba más que nada y era capaz de sacrificar todo por ella.

Christine acarició mi rostro con timidez inspeccionando cada característica de mi cara, tomando ella el lugar para jugar con mis labios traviesamente.

-Y yo a ti Caleb. No tienes idea.

(…)



-Linda habitación –Alcancé a escuchar a Christine mientras se sentaba en mi cama de una plaza y media. La verdad era que no era tan exageradamente grande, era pequeña y acogedora. A mí me gustaba. La había visto observar mis discos antiguos y otros decorativos que tenía pegado en mi pared. Como también no ignoró por supuesto las fotos que había en mi repisa. Me miró con interrogación –Son tus padres ¿no? –Preguntó un tanto tímida, sin quitar la vista de aquello. Me senté a su lado, suspirando.

-Sí. Habíamos ido de vacaciones a California, en ese viaje mi madre le confesó a mi padre que estaba embarazada de Melanie –Su vista estaba puesta en mí, en cada reacción que hiciera.

-Te pareces mucho a ella. Es hermosa, tú y Melanie tienen sus mismos ojos

-Me lo dicen mucho –Me pegó suavemente en el hombro divertida, siguiendo con su curiosidad en cada cuadro que miraba.

-¿Cómo se llamaban? –En sí ya no me molestaba hablar de este tema con ella ya que ya no era una persona cualquiera, sabía que lo haría tarde o temprano.

-Kimberly y Richard –Respondí tragando saliva. Christine asintió sin volver a tocar el tema, se levantó de la cama para observar lo que rellenaba el ambiente de mi habitación. Su mirada quedó pegada en una de mis colecciones de discos.

-¿Te gusta Phil Collins? –Preguntó con un hermoso brillo en sus ojos. Asentí sonriéndole –No puede ser, es uno de mis cantantes favoritos. Su voz es preciosa –Después de su inspección a todos mis discos, la castaña vino hacia mí e hiso algo que de verdad me había encantado. Se sentó en mis piernas, para luego con un brazo suyo abrazarme por los hombros. Mis manos instintivamente poseyeron su adictiva y pequeña cintura. La sentía mía, por alguna razón llegó ese pensamiento a mí. Mis labios fueron a su cuello aun sonriéndole, besándolo y causando escalofríos y un par de risas en la chica. Me encantaba su olor, su sabor, todo de ella. Era algo impresionante. Sin embargo, después de instantes en los que fueron increíblemente lentos seguía teniendo una duda desde la mañana.

-Christine –La llamé. Subiendo mi vista a ella, dándome cuenta que estaba con sus ojos cerrados disfrutando ese maravilloso momento –Dime ¿Qué pasó con Nick? –Pregunté en un leve susurro. De repente su gesto cambió mirándome incrédula, supe que había jodido el momento.

-En serio Caleb. No existe un sujeto más asesino de pasiones que tú –Dijo sin responder a mi pregunta. Quise reír por lo que para mejorar su humor la empujé suavemente a mi cama para caer hacia atrás, quedando yo encima de ella.

-No me culpes preciosa. He estado todo el día pensando en eso y aún no logro entender el por qué se fue –Suspiré acariciando su rostro –Dime ¿Terminaron? –Sentí que Christine se incomodaba nuevamente con la pregunta. No entendía sus reacciones, como había dicho, algo pasaba. Finalizó asintiendo insegura –¿Segura? –Suspiró

-Bueno, hablamos y eso es todo. Ya se fue ¿no? No volverá, eso significa que no estamos juntos de forma segura –Entrecerré los ojos, incrédulo ahora. No creía sus palabras, por primera vez sentía eso con Christine.

-¿Y eso es todo? ¿Ni siquiera se enfadó? –La vi tragar saliva, casi confirmando mi teoría. Si ese hijo de puta se dignaba a tocarla, joder, era capaz de cortarle la cabeza con mis propias manos. Levantó sus hombros, no podíamos ignorar el hecho de que estábamos abrazados en mi cama. Con ella debajo de mi cuerpo, así que podía sentir y ver cada reacción que me proporcionaba. Y las respuestas a aquello no eran muy positivas.

-Sí Caleb. Ya te dije, tuvimos una conversación. Todo quedó aclarado –Fruncí mi ceño.

-Entonces ¿por qué se fue? Debió haberlo tomado mal –Rodó los ojos. Sabía que le estaba colmando la paciencia con cada pregunta, pero nada me olía bien. Era un presentimiento.

-No lo sé. No sé lo que pasa por la cabeza de Nick y nunca lo sabré. Tal vez sólo quiso irse por gusto –Dijo tratando de sonar indiferente. Algo no me calzaba, sin embargo Christine me distrajo favorablemente besándome con pasión. Sin dejar que volviera a tocar el tema. Me separé con dificultad, era adicto a sus labios y no me lo estaba poniendo fácil.

-Pero –Susurré tratando de esquivar ese instante pasional. En donde casi caí, cediendo fácilmente a ser hechizado entre su boca –Christine, si él te hiso algo… –Traté de advertirle y ella resopló.

-No me ha hecho nada ¿Sí? –Exhaló comenzando acariciar mi cabello, pero no le creía. Mi pecho se oprimía a cada instante que respondía de esa forma, no sabía cómo describirlo –¿Por qué no me crees? Él ya no está Caleb, sólo olvidémonos, por favor –Me suplicó. La miré fruncido.

-Pero no entiendo la razón por la que se fue

-Y ¿qué? –Terminó por tragar saliva dándome un pequeño beso después. Sólo debía olvidarme del maldito tema. Y para lograrlo, tenía que enfocarme en la chica que tenía entre mis brazos, de quién haría todo por hacerla feliz. Era increíble, pero cierto. Sin embargo, recién me dignaba a confesarlo. La besé para olvidar a ese idiota. Ella me recibió con pasión y erotismo. Nuestras lenguas se mezclaron sin timidez, era asombrosa joder. No recordé en absoluto luego de un instante el por qué necesitaba un alivio interno. Christine me dejaba en otro mundo, siempre y me gustaba.

-Te quiero –Alcancé a susurrar para luego chupar su labio inferior. Aquel “te quiero” había sido más bien como una metáfora a decirle que confiaba en ella. Lo sabía. Christine me miró maravillada, como si pensara en algo que la tenía con una alegría inmensa pero contenida.

-Caleb –Me habló luego de un instante de besarnos con audacia. Sus piernas me rodearon la cintura para poder acomodarnos mejor en mi cama. Abrí mis ojos para verla, un poco indecisa si es que lo puedo decir. Besé su mentón para escucharla con atención –Quiero que hagas algo por mí –Inhaló con nerviosismo.

-Sabes que haría lo que sea por ti –Me sonrió titubeante. Asintió casi sonriendo.

-Entonces… –Tomó con sus manos, encerrando mi cuello. Observó levemente mis ojos con lo cual me hiso caer en lo más profundo de los suyos. Me sonrió por completo, con algunos rastros de nerviosismo –Hazme el amor –Pronunció aquellas tres palabras en un suspiro lento. La miré impresionado, tenía que admitirlo. Todo eso me hiso sentir cosas inimaginables. Tenía ganas de abrazarla, besarla y hacerle el amor como me lo pedía en ese momento. Todo en uno. Sin embargo, aún no me creía ese pedido. Me había dejado aturdido.

-¿Qué? –Dije en un susurro apenas escuchable. Ella terminó por sonreírme en mis labios.



-Hazme el amor, Caleb.

Capítulo 16 -Sensitive-


Christine


Sentí que una gran claridad atravesaba por poco las persianas, haciendo que un pequeño rayo de sol se sobrepasara y me iluminara despertándome. Entrecerré los ojos suspirando, ya era de día y por lo que vi un poco tarde. Llevé mi vista a lo que estaba debajo de mí y entonces recordé todo, provocándome sin evitar, una sonrisa. Caleb estaba durmiendo tan plácidamente que si tan sólo me moviera lo despertaría. Yo mientras tanto, reposaba sobre su pecho duro y firme. Sonreí abiertamente.

Ese chico realmente era guapo. Pero no una belleza típica de modelos masculinos de revistas, sino algo más común y sin embargo, algo que no veías todos los días. Su rostro demostraba relajación y tranquilidad, su cabello ondulado estaba totalmente desordenado, incluso más de lo que lo tenía generalmente. Lo único que no pude contemplar en ese instante fueron sus inigualables ojos. Exhalé. Bajé mi vista hacia su pecho y luego a sus abdominales. Como siempre he dicho, él no tenía unos abdominales exageradamente marcados, sólo bien definidos y me encantaba.

Un momento después y como si fuera un fuego artificial estrellándose en mi mente me hice una pregunta a mí misma. Tal vez sonaba un poco osada, pero fue algo de mis pensamientos y mi curiosidad como mujer. ¿Cómo sería hacer el amor con Caleb? Sin bien sabía que él no tenía ninguna experiencia la cual tenga que ver con el tema, sin embargo me daban ganas de indagar en eso. A ese chico lo quería, lo había confesado y no había nada que hacer para negarlo o impedirlo. Era lo más verdadero que he dicho y sentido en mi vida. Nunca me sentí querida más que por mi padre y luego quise a esos hombres que sólo me hicieron daño. Conocía ese sentimiento a medias y ahora que lo veía a él, frente a mí descansando, sabía que lo conocía por completo.

Acaricié con lentitud y suavidad su pecho con mi dedo procurando no despertarlo. Pensándolo bien, imaginándome a Caleb y a mí queriéndonos en toda nuestra virilidad me causaba un escalofrío inconfundible. Suspiré, pero no era el momento para pensarlo. Aunque no me culpen, yo estaba en ropa interior y él en bóxer en ese instante, ambos casi desnudos. No era algo que pasara por ignorante frente a mí. Me acomodé nuevamente en su pecho. Sus brazos me rodeaban instintivamente, no dudaba ni un poco que me acostumbraría a esto seguido. Sonreí levemente moviéndome para estar más confortable contra él, dispuesta a seguir durmiendo.

Hasta que sentí un movimiento ajeno a mí. Con mi vista baja y no a la altura de su rostro, logré escuchar su bostezo. Tuve ganas de reír ante su forma graciosa de hacerlo, luego de unos segundos subí mi mirada hacia él quien me miraba maravillado y a la vez, sin poder creerlo. Si hubiera tenido una cámara joder.

-Estoy en el cielo ¿verdad? –Alcanzó a decir en un susurro soñoliento que casi me hace reír. Caleb terminó por sonreírme abrazándome aún más de lo que me tenía rodeada con sus brazos. Con suavidad me besó, supe que lo hiso para cerciorarse que ambos estábamos ahí, realmente –Creo que nunca me he despertado más feliz que ahora –Dijo cuando ya nos habíamos separado. Con una sonrisa traviesa, mordí ligeramente su labio inferior. Irónicamente me estaba volviendo adicta a sus labios. Él rió.

-¿Cómo amaneciste? –Pregunté cerca de su rostro acariciando con mi mano ahora su pelo desordenado, sinceramente, al pasar mis dedos por ahí desaparecían. Así de revuelto estaba, aunque no dejaba de estar guapo y eso de verdad lo encontraba increíble. Me encantaba, Dios. Sus brazos me tenían presionada aún contra él.

-¿Cómo crees tú? Desperté al lado de la chica más hermosa que existe. No tengo palabras –Respondió con una sonrisa jugando con mis labios. Me terminé sonrojando como una colegiala.

-Pues yo debo admitir que te ves muy lindo durmiendo –Susurré divertida. Él entrecerró los ojos.

-¿Me estabas viendo dormir? –Preguntó gracioso pero sin sacar esa pizca asombro –De todas formas, supe que te gustaba mirarme desde que entraste a mi tienda. Soy demasiado lindo –Habló engreído. Reí, sin poder creerlo.

-Que engreído eres –Negué con mi cabeza entretenida. Caleb sonriente y con destreza logró voltearme, dejándome debajo de su cuerpo. Pude sentir ese “algo” que tienen todos los hombres al despertarse por la mañana nuevamente. Anoche también lo pude sentir cuando me abrazó, sin embargo, preferí no dar ningún comentario como ahora. Supuse que sería algo incómodo hablarlo en ese instante, en esta situación, ambos casi desnudos. Como dije antes, no era momento para pensarlo.

-Estaba pensando en algo –Dijo cerca de mis labios. Despertando completamente, aún tenía signos de recién haberse despertado y era un tanto gracioso –Desayunemos juntos, prepararé todo y tu único trabajo exclusivo será estar en cama ¿Qué te parece? –Abrí mis ojos sorprendida y a la vez encantada. No recordaba la última vez que un hombre me trajo el desayuno a la cama, eso era un gesto muy tierno y de piel. Y estaba claro que esas características iban con la situación en la que estábamos Caleb y yo.

-¿Harías eso? –Hablé sin creer. Él me frunció su ceño

-Haría eso y mucho más por ti Christine –Suspiré. Entendí que los sentimientos de Caleb eran reales, había algo en mi pecho que me oprimía cada vez que él decía cosas como esas. Que en pocas palabras confirmaba las sensaciones. Reí luego de unos segundos.

-Al menos ¿sabes cocinar? –Pregunté divertida. Me miró como si se hubiera ofendido, irónicamente claro.

-Por supuesto que sí. Cuando estoy con Melanie ¿Quién crees que cocina? ¿Mi chef personal? –Bromeó para luego robarme un pequeño beso. Al parecer ambos no podíamos dejar de hacerlo.

-Ahora sí, definitivamente me siento una fracasada –Frunció su ceño no entendiendo mi resoplido de niña pequeña.

-¿Por qué lo dices?

-Porque ni siquiera sé lo que es hacer algo por el estilo. Hasta hacer un huevo frito me sale mal –Refunfuñé, él me miró sorprendido.

-¿De verdad? –Preguntó, supe que estaba a punto de reírse. Bufé asintiendo. –Pero ¿Tú madre nunca te enseñó a hacer ese tipo de cosas? –Negué a punto de lanzar una carcajada burlándome. Tan sólo el hecho de imaginarme a Leslie Parker friendo un par de papas me causaba gracia hasta más no poder, aquello no sería posible, nunca. Ni en un millón de años. Él se puso serio de un momento a otro. Algo se le pasó por la mente en un instante inesperado.

-Nunca me has hablado de ella –Comentó en un susurro serio y curioso. Levanté mis hombros, él aún seguía encima de mí por lo que no había alternativa que mirarlo a los ojos.

-No encontré que fuera importante

-Claro que lo es –Bufó –Una madre es importante, para cualquiera –Noté que su mirada cambió con lo último, más precisamente a una melancólica. Suspiré resignada.

-No hay mucho que decir, sabes –Tragué saliva –Su nombre es Leslie. Digamos que es una mujer bastante refinada. Estricta y sobretodo rica. Jamás ha lavado un plato en su vida y estoy más que segura que no piensa hacerlo hasta que muera –Dije simplemente. Él no dejaba de mirarme fruncido, como si no creyera lo que decía.

-¿Por qué hablas tan fríamente de ella? –Entrecerré los ojos.

-¿Fría? Sólo digo la verdad Caleb. Mi madre es así y ya ¿no? –Levanté de nuevo mis hombros. Caleb no dejaba de mirarme curiosamente. Exhalé, no se rendiría fácilmente. Era una virtud y a la vez un defecto aquella característica terquedad suya –¿Qué es lo que quieres saber?

-Todo. Háblame de tus padres Christine –Respondió con rapidez e inquietud. Asentí rodando los ojos, este tema siempre sacaba mi impaciencia y a la vez mi intolerancia.

-Mi padre comenzó desde muy joven a aprender las cosas sobre ser un inversionista gracias a mi abuelo. Gracias a eso ganó una gran fortuna y créeme cuando te digo una gran fortuna Caleb. Unas cifras que no te podrías imaginar –Asintió escuchándome atentamente –Cuando estaba en la cúspide de su vida conoció a mi madre. En ese momento ella trabajaba de modelo en distintas compañías y bueno, estaba casada. Para cuando ya se habían enamorado y todo ese cuento de hadas, Leslie le pidió el divorcio en ese entonces a su marido y se separó completamente para poder estar con mi padre –Exhalé tragando saliva –Tiempo después se casaron e inesperadamente ella se embarazó de mí. Su carrera como modelo se fue al excusado una temporada, luego de tenerme volvió a cumplir con su carrera soñada pero nunca fue lo mismo. Tenía que ocuparse de mí ya que mi padre trabajaba día y noche para aumentar las cifras infinitas que cada día ganaba.

-Pero si tenían dinero ¿Por qué ella no contrató a alguien para que lo hiciera mientras ambos trabajaban? –Negué

-Mi padre era muy desconfiado y celoso conmigo. No quería que nadie me cuidara excepto mi madre o él, simplemente no confiaba en alguien extraño –Asintió entendiendo. Él más que nadie debería entenderlo ¿no? –Siguiendo, bueno. Mi padre dejó su trabajo ya que encontró que todo lo que tenía era suficiente. La fortuna que había adquirido era tan abundante que podía llegar a comprar Chicago por completo, dos veces. No lo voy a negar, siempre viví bien económicamente. Más que bien diría yo. A Leslie no le pareció aquello, aunque, a mi madre no le parecían muchas cosas. Empezando por haber dejado su carrera culpándome a mí por aquello.

-¿Te lo decía? –Abrió los ojos sorprendido.

-No directamente. Pero siempre lo insinuó, desde que yo era pequeña –Suspiré –En sí era buena. Nunca se despreocupó de mi aspecto y eso era todo, incluso se lo agradezco. Mi padre era el que se encargaba de enseñarme de la vida y con quien me podía desahogar de todos mis problemas. Después de haber dejado su trabajo de inversionista se volvió adicto al tabaco y ya sabes, el final de esa historia. Cuando me fui de casa tenía 18 años, no podía seguir viviendo una mentira en esa casona. Tanto Leslie como yo sabíamos que no vivíamos bien juntas. Alyssa me ayudó a encontrar este departamento y quise estudiar. No podía y tampoco quería seguir los pasos de mi madre. Quería ser profesional y conseguir un título para vivir bien conmigo misma. Aunque no lo necesitara –Tragué saliva. Se me estaba comenzando a secar la boca, joder –Luego de que mi padre muriera, él increíblemente me heredó el 60% de todos sus bienes, de todo el dinero que tenía acumulado en todos sus años de inversión. Sin embargo, lo he ocupado para lo esencial en mi vida y ahí está, en el banco. Una gran cantidad. Muy pocas personas lo saben y es que tampoco he puesto aquello como primordial. Nunca me importó, porque, demonios. ¿Qué ganaba con todo ese maldito dinero? ¿Acaso aquello me devolvería a mi padre? Él siempre decía que aunque tuvieras toda la plata del mundo, el amor va primero. Y mientras tenga eso claro, el dinero es sólo un billete vacío.

-Tenía razón –dijo asintiendo de acuerdo luego de un instante. –Pero entonces ¿Tu madre se quedó con el 40%? Eso es un poco extraño, considerando que tu madre era su esposa. Se suponía que debería haber una igualdad o algo –Comentó fruncido. Estaba escuchando todo completamente atento. Asentí.

-Lo sé. Yo también lo encontré extraño –Exhalé –Pero él confiaba en mí y sabía que lo usaría para mejor. Leslie no, ella simplemente lo utilizaría para ella y sus conveniencias. Papá la amaba, pero eso no quitaba el hecho de que encontrara que era ambiciosa. Por cierto ¿Te he dicho que se ha casado cinco veces? –Abrió sus ojos asombrado. Sonreí burlona –La primera vez con ese hombre el cual te conté. Se enamoró de mi padre y lo dejó. Luego vino papá, y para cuando éste murió sólo guardó cinco miserables meses de luto para casarse de nuevo. Y lo peor es que lo hiso con imbéciles de primera

-Wow –Resopló con una sonrisa divertida, rozando levemente su nariz con la mía causando un cosquilleo. Le sonreí – Se podría decir que tu madre es Elizabeth Taylor 2.0 ¿no? –Rió ligeramente. Levanté mis hombros

-Hoy en día está dedicada a diseñar moda y está casada con un corredor de bolsas. Su último quinto esposo. El cuál es el primer hombre con quien lleva más tiempo casada después de mi padre, claro –Fruncí mis labios –Aunque espero que sea el último –Él asintió ahora un poco más serio.

-Eres una chica fuerte. Cada día me impresionas más –Dijo mirándome directamente a los ojos. No pude negar el hecho de que me dio escalofríos –Nunca pensé que hayas pasado por tanto –Acaricié su cabello con mis manos al poner mis brazos alrededor de su cuello. Negué con mi cabeza.

-Caleb. Todos hemos pasado por algo que nos marca para bien o para mal, todos. Nadie se salva de aquello –Dije mirándolo. Él, seriamente asintió sabiendo a qué me refería. Quedándonos unos instantes en silencio, nunca, increíblemente nos quedábamos en un silencio incómodo. Era como si nos comunicáramos sin palabras.

-Tal vez –Susurró jugando nuevamente con mis labios. Me tenía a su merced, cueste lo que cueste. Aquello no era bueno para mí, Dios. Se relamió sus labios provocando que nos rozáramos de una manera exquisita. Le robé un pequeño beso al decirlo. A lo que él desde luego no me dejó separarme, reí ligeramente entretenida. Respondí a su beso apasionado con vigorosidad, su lengua entró con brusquedad en mi zona bucal y la acepté con la mía gustosa. Comenzamos una batalla de lenguas colonial. La respiración se me agotaba, ese chico realmente besaba bien y no era tan sólo un beso. Sino que en cada suspiro que nos aguantábamos, ambos sabíamos que nos queríamos. Fuera de la forma que fuera.

Lentamente y sin esperármelo, el beso se tornó cada vez más intenso. Mis manos sujetaban con fuerza su cabello. Las manos de Caleb bajaron para acariciar mi cintura delicadamente, aquello me hiso gemir. Sentir esa caricia tan íntima de la mano del castaño en mi piel desnuda me hizo sentir cosas, cosas que estaba segura que tanto él y yo no estábamos listos para hacer en ese momento. Sin embargo, no lo detuve. Al contrario, sólo digné a hacer algo que probablemente no estaba dentro de mi cordura. Con mis manos traviesas fui bajando desde su ancha espalda hasta su cintura para después acariciar su trasero por encima de su bóxer. Sé que fue algo osado, pero no comparado con lo que Caleb hiso después de aquello.

Con su, ya, notoria erección; comenzó a rosarse encima de mí. Lo cual fue casi como si activara un botón en mis censores que me hizo perder el conocimiento. Gemí como una loca cuando lo hiso justo en mi parte más delicada e íntima. El gruñó de igual forma. Enredé mis piernas alrededor su cintura para que lo sintiera mejor. Joder, estaba ansiosa y extasiada de placer. Cuando ni siquiera nos habíamos desnudado por completo. Todo eso se fue a la mierda en el momento en el que sus labios bajaron a mi cuello y comenzó a besar, chupar y morder esa zona vulnerable de toda mujer. Sin timidez comenzó a morder el lóbulo de mi oreja haciéndome gemir aún más. Me estaba volviendo loca. Con descaro comencé a bajar por la parte atrás su bóxer, haciéndome acariciar su trasero desnudo. Rodeé aún más su cintura con mis piernas presionándonos a ambos, quería que ese chico me llevara al abismo, sea como sea.

Luego de aquello salió de su escondite que tenía en la cavidad de mi cuello para verme a los ojos. Ambos agitados y acalorados. Me miró de una forma interrogativa, estaba pidiéndome permiso. Asentí, pero no de forma común sino contoneándome debajo de su cuerpo.

Qué más daba, estábamos solos y por lo que vi, ambos queríamos que pasara. En sí quería saber claramente que él lo quería, después de todo, yo sería su primera mujer. Con sus manos traviesas, acariciándome toda mi cintura y mi abdomen hiso que levantara mi espalda para darle acceso a lo que quería. Que por cierto, lo tenía bastante claro. Con dificultad logró tomar la parte de atrás de mi brasier para desabrocharlo con un poco de inconveniencia. Pero lo logró después unos largos segundos en donde hubieron risas y miradas cómplices entre ambos. Me sonrió hermosamente cuando había deshecho la unión. Con cuidado lo sacó de encima de mis senos para verme completamente, como Dios me había traído al mundo. Sólo de la parte de arriba claro. Le sonreí ante su mirada de hipnotismo al mirar mis pechos. Supuse que le gustaron porque no le quitó la vista de encima por un largo instante. De por sí, tuvo ternura al iniciar besando mi cuello de nuevo para ir viajando hasta su destino. Comenzó con el izquierdo primero, su lengua con habilidad que no pude comprender empezó a besar y morder aquella carne sensible de mí. Chillé como una desquiciada. Con mi cabeza hacia atrás gimiendo y mi espalda retorcida, lo incentivé a que siguiera. Demostrándole que era suya y tal vez, lo sería para siempre.

Con una habilidad impresionante jugó con su lengua y lo hiso sólo en mi seno izquierdo, pero lo suficiente para quedar en el cielo y estar completamente lista para él. Su mano subió hasta mi pecho derecho el cual estaba desocupado y comenzó a masajearlo mientras tenía toda su concentración en dedicárselo al otro. Sin embargo, durante su labor su vista estaba en mí y en cada acción de placer que demostraba. Supe que en cierto punto le excitaba mirarme así, dispuesta a él. Luego de minutos agonizantes en los que se dedicó a mi pecho izquierdo, fue por el otro. Repitiendo así la acción y lograr que estuviéramos extasiados hasta el extremo punto.

Gemía, no había nada más en mi cabeza que gemir. Caleb me estaba complaciendo en puntos que no sabía que tenía, joder. Me daba miedo pero a la vez, satisfacción absoluta. Minutos más tarde de dedicación a mis pechos, subió su vista a mí para besarme con vigor. Como si nuestras vidas dependieran de aquello. Su lengua en reiteradas ocasiones jugaba con la mía en una danza mortal. Incluso sentí que mis labios estaban cansados y mi respiración se iba a la mierda. Pero él quería seguir, no entendía cómo aguantaba pero no paraba.

Ahora era mi turno.

Mis manos fueron bajando con lentitud hasta la tira elástica del bóxer, lo bajé ligeramente provocando gruñidos de parte de él en los besos que me daba. Estábamos, al límite lo sabía. Continué bajando hasta que logré mi premio. Su miembro.

-Christine –Gruñó en mi boca como león enjaulado cuando lo tomé entre mis manos, para luego volver a besarme con vehemencia. Creo que fui un poco lejos y un tanto rápido pero ya qué ¿no? Nos gustaba y eso era lo que nos importaba. No pude ver su virilidad ya que la parte de la cintura para abajo, ambos, estábamos tapados. Sin embargo, lo pude sentir entre mi mano y terminé por deducir que mi alumno estaba bien dotado. Lo acaricié lentamente causando gruñidos animales de parte del chico, quien no paraba de besarme y aun así gruñir como bestia enjaulada. Sonreí. Nunca pensé sentir algo así. Me atrevería a decir que jamás sentí este tipo de placer con otro hombre, aquello era inigualable y ni siquiera habíamos llegado a la parte del sexo. Sus manos inquietas no me dejaban de acariciar tanto mis pechos como mi cintura y todas las demás partes de mi cuerpo. Después paró de golpe, paró de besarme dejándome fruncida. Me miró de nuevo interrogativo, esperando que le respondiera a la pregunta del millón. Sonreí, confirmando. Aunque yo también terminé mirándolo así, después de todo, él era el inexperto. Como respuesta él sólo rió para después besarme, también confirmando a mi pregunta.

Nos volvimos a besar con pasión, pero ahora sin dejar la ternura de lado. Saqué mi mano traviesa de su bóxer para estirar ambos brazos por encima de mí, sus caricias fueron bajando hasta llegar a mis bragas blancas y casi transparentes. Él me sonrió nervioso, yo también lo estaba, no podía negarlo. Con ligereza tomó los lados extremos de mis bragas dispuesto a bajarlas, le sonreí. Nada podía separarnos, lo supe de inmediato y casi lloré joder.

-Hola zorri… Ay santa madre –Escuché una voz chillona interrumpirse en un grito. Caleb y yo nos volteamos rápidamente para ver la entrada y la inoportuna intromisión de la persona. Me cubrí como alma que lleva el diablo con mis sábanas para cubrir mis senos y Caleb sólo se colocó a mi lado, gracias a Dios cubierto, pero sonrojado al ver cómo Alyssa entraba sin ninguna invitación a mi habitación. Vi como la morena mantenía los ojos como huevos fritos. Mierda y mil veces mierda. Maldije a la morena de todas las formas posible. Siempre, cada vez que venía le decía que me avisara joder.

-Alyssa, mierda –Maldije arropándome más con mi sábana, viendo la cara pálida de la morena. Ella sólo nos veía con cara de llorar de arrepentimiento, como una niña de cinco años

-Perdón –Repetía una infinidad de veces tapándose sus ojos, con su voz de niña pequeña y de por sí con su cara de arrepentimiento. Dirigí mi mirada a Caleb arrepentida mientras ella seguía pidiendo disculpas sin parar, él sólo me sonrió verdaderamente para robarme un pequeño beso. Le sonreí, no había problemas. Caleb, un tanto sonrojado terminó riendo con ligereza, casi en un susurro. Me hiso un gesto con la cabeza para pedirme permiso para usar su ducha. Asentí. Supuse que quería darse una ducha de agua helada. Él solo se levantó despacio para ir a la ducha con rapidez, sin tomar en cuenta que la morena seguía repitiendo aquella palabra. Yo sólo bufé rodando los ojos para luego tomar mi bata que estaba en el suelo para ponérmela –Perdón, perdón, perdón, perdón –Seguía repitiendo como un verdadero disco rayado. Me levanté para verla con los brazos cruzados –Perdón, perdón, perdón

-Alyssa –La llamé para que parara. Ella siguió con su palabrería

-Perdón, perdón, perdón

-Alyssa, por Dios cállate y abre los ojos –La morena los terminó abriendo con miedo –Ven, acompáñame –La tomé del brazo para llevarla a mi sala de estar. No había nada más en sus grandes ojos que arrepentimiento de una niña de cinco años. Sabía que estaba a punto de hacer un puchero.

-Perdón. Es que pasé a ver a mi hermano ya que mamá quería que lo fuera a ver junto con su esposa que por cierto está embarazada y quería venir a decírtelo por la emoción ya que voy a ser tía bueno ambas vamos a hacerlo ya que somos como hermanas y las hermanas se perdonan todo hasta interrumpir sus folladas ¿no? –Terminó haciendo una sonrisa angelical. Habló con tanta rapidez que no supe en qué momento no se asfixió por falta de aire. Rodeé los ojos.

-Sabes que no es eso.

-De acuerdo, sé que estás enfadada por no terminar de tener tu orgasmo y te entiendo, me ha pasado. Pero lo siento ¿sí? Entiéndeme Chris –Chilló haciendo un berrinche –Estaba emocionada por mi hermano y quería venir compartirlo contigo, no fue mi intención interrumpirlos

-Tampoco es eso Aly, por Dios

-Entonces ¿qué es? –Suspiré –Vamos, perdóname ¿sí? Sé que merezco una patada en el trasero y sabes qué, ya que eres como mi hermana e interrumpí tu momento, voy a dejar que lo hagas –Fruncí mi ceño sin entender.

-¿Qué? –Alyssa asintió dándose vuelta y arqueando su trasero hacia atrás. Arqueé una ceja sin creerlo

-Vamos hazlo, patéame, me lo merezco –Bufé de nuevo.

-Alyssa no seas ridícula, date vuelta –Ella como una niña pequeña lo hiso. Como lo deduje antes, terminó por hacerme un puchero –Ese no es el punto que me enfada, lo que me enfada es que no me avises cuando vienes. Porque si es por eso estoy considerando no dejar una llave de repuesto en mi tapete y darte así un acceso a mi hogar –Alyssa negó con rapidez.

-No me hagas eso ¿Y si te pasa algo? ¿O si te viene a violar un travesti loco? Dime, quién más que yo te va a venir a ayudar –Resoplé, la imaginación de mi mejor amiga rebasaba los límites. Terminé por cruzar mis brazos.

-Escucha –Hablé con determinación –Esta va a ser la última vez que no me llames cuando vienes, la próxima te quitaré las llaves de mi departamento ¿de acuerdo? –Ella asintió afirmando –Prométemelo Alyssa

-Lo prometo, lo juro por mi madre –Levantó su mano derecha demostrando un juramento solemne. Reí ligeramente sorprendiéndome del abrazo que me proporcionó.

-Y bien… ¿Cómo es eso de que Jared y Rosie están esperando un hijo? –Luego de esa pregunta en la que nombré a su hermano y a su esposa, la morena chilló como un bebé emocionado. Incluso palmeó rápidamente sus manos al demostrar excitación con el tema. Quise reír, Alyssa a veces era un chiste.

-Sí, Rosie tiene casi un mes de embarazo. Voy a ser tía ¿puedes creerlo? –Sonreí. De verdad, me alegraba por ella y su hermano.

-Me alegro mucho, de verdad. Ya era hora de que aquel pelmazo sentara cabeza realmente –Comenté. Era cierto, el hermano de Alyssa era un mujeriego de primera y saber que se enamoró por completo de aquella castaña para luego cambiar, daba mucho que agradecer. La morena asintió.

-Es muy gracioso que lo digas, después de haber follado con él –Bufé ante su réplica con su típica sonrisa burlona. Ese tema me tenía cansada. Cada vez que salía Jared de tema central de la boca de Alyssa, salía yo al margen recordándome lo que había pasado hace años. Antes de que conociera a Rosie.

-Aún no superas eso –Ella me miró sin creer.

-Ahora que lo pienso, no –Respondió sin sacar su sonrisa burlona –Créeme cuando te digo que casi vomito al escuchar desde mi habitación de mi propia casa, a ti y a mi hermano follar –Me habló acusadoramente recordando ese día, pero a la vez haciendo un gesto de asco. Levanté mis hombros con indiferencia, ese para mí ya no era un tema. Incluso apenas lo recordaba. Ella rió

-No te conviene molestarme Aly, tal vez reconsidere no dejar las llaves de mi departamento debajo del tapete después de todo –Hablé. La morena abrió los ojos sabiendo que hablaba en serio, luego me sonrió con ese estilo angelical que poseen las niñas para que las perdonen. Hiso un gesto con su mano imitando cerrar algo con llave, pero en su boca.

Estaba claro que ese tema no se volvería a sacar.



(…)



-Chris –Sentí una voz a mis espaldas. Caleb venía saliendo de mi habitación ya vestido y con su pelo ondulado mojado, dando a entender que estaba listo después de su ducha. Repentinamente me sonrojé al instante al imaginar el por qué se tuvo que bañar. Si no hubiera sido por la morena, quien se había ido luego de pedirme nuevamente perdón por lo sucedido, hubiéramos hecho cosas que no sabía si estaban bien o era el momento para aquello. Sin embargo me encantó saber que entre ambos, la pasión también era parte. La confianza sin querer se estaba reforzando llegando a un grado que sin duda, me daba miedo. Tantas cosas que tenía por decirle como también sentía que él callaba cosas que aún no salían de su boca.

-Llamó Jessica –Habló de repente tragando saliva, como si estuviera triste de ese hecho –Dijo que tenía que ir rápido ya que se tenían que ir y no querían dejar sola a Mel. Aunque siguiera durmiendo –Asentí de acuerdo. Melanie era lo primordial, no debía alejarlo de ella.

Le sonreí comprensiva.

-Claro, sólo déjame ir a dejarte a la puerta –Él asintió en silencio, un tan incómodo. Llegamos a la puerta y Caleb no me quitaba la mirada de encima como tampoco sacaba sus manos de sus bolsillos. Como si tuviera algo que decirme, yo estaba igual.

-¿Cómo estás? –Pregunté un tanto nerviosa. Me quise cortar la lengua por la torpe pregunta que hice. No lo pude evitar, de tan sólo imaginarme las cosas que estábamos a punto de hacer hace unos momentos. Él me miró de una forma tan extraña que no supe reconocer. Era como si me mirara, como si me mirara con amor. Caleb se acercó a sólo unos pocos centímetros de mi cuerpo. Volví a sonreírle.

-Más que bien. Ni siquiera sé cómo describirme –Respondió divertido y sincero. Lo vi maravillada, era increíble todas las sensaciones mezcladas que sentíamos, con timidez me tomó de la cintura. Robándome un abrazo que me hiso suspirar.

-Discúlpame –No sé ni de donde salió aquello, sólo sé que salió de mi corazón. Tragué saliva. Él se separó con lentitud para verme fruncido y extrañado.

-¿Por qué me pides disculpas?

-Por todo –Suspiré apartando mi vista –Especialmente por Alyssa y lo que, casi, esto, pasó y eso ¿Entiendes? –Hablé con dificultad, joder. Caleb terminó por relajar su ceño para luego exhalar, creo que algo al fin y al cabo le causó entretención.

-Christine ¿de qué te disculpas? –Volvió a colocar esas manos íntimamente en mi cintura. Para pronunciar cerca de mi rostro, mirándome directamente. Él era un poco más alto que yo así que tenía que dirigir mis ojos hacia arriba para ver bien los suyos –Lo que hubiera pasado o no ¿Qué importa? No entiendes que lo que más me llena es el hecho de saber que estoy contigo. Nada me hace más feliz que abrazarte y besarte, sea de la forma que sea –Dijo tan sinceramente que creo que se me escapó una lágrima. Nadie nunca me había dicho algo así, imaginar que un hombre que te quisiera hasta el punto máximo era difícil de creer. Pero ahí estaba, en carne propia frente a mí diciéndome las palabras más hermosas que he escuchado. Joder, Caleb estaba yendo hasta un lugar tan profundo de mí que ni siquiera sabía cómo describirlo.

-¿De verdad? –Pregunté maravillada, apoyando mis brazos en sus hombros. Él asintió rozando su nariz con la mía.

-¿Y sabes de lo que me arrepiento? –Negué –De no poder haberte llevado el desayuno a la cama –Respondió a su pregunta con una sonrisa. Reí entretenida mientras que sus labios se acercaban a mí. Nos besamos con ternura y tranquilidad. Casi un roce de lenguas que sin embargo, me hicieron sentir escalofríos desde la punta de mis pies hasta la cabeza. Se notaba a kilómetros que ese beso era de despedida, pero sin duda, no sería el último.

-Anda –Susurré después de besarnos durante largos segundos. Ambos no queríamos separarnos, eso estaba claro –Melanie te está esperando –Le sonreí después de que me robó el último beso, húmedo y dulce –Por cierto, salúdala de mi parte ¿sí? –Dije cuando se separó definitivamente y con dificultad. Él asintió. Le costó tanto separarse que ni siquiera soltaba mi mano cuando comenzó a abrir la puerta para irse.

-Ven conmigo –Estuve a punto de soltar una carcajada cuando colocó su cara de cachorro abandonado.

-No pongas esa cara Caleb, por Dios –Resoplé divertida.

-Christine, entiéndeme. Mañana no te veré, como tampoco los otros próximos días –Mi sonrisa se fue a la mierda al recordar de su suspensión. Mierda y mil veces mierda –¿Lo ves? Tú tampoco quieres separarte. Lo dice tu cara. Vamos, ven conmigo –Volví a negar entre una sonrisa divertida y otra melancólica.

-Ve tú. A diferencia tuya, mañana tengo que despertar temprano y trabajar –Él bufó

-Entonces dame un último beso –Estiró sus labios hacia afuera cuando estaba en la salida de mi departamento. Negué con mi cabeza entretenida. Coloqué mis manos en su cuello y lo besé cortamente. A lo que él por supuesto no dejó que me separara con lo cual me respondió con un beso fugaz. Después de otros largos segundos de aquel beso apasionado me separé dándole una distancia y el tiempo para que se fuera. ¿Acaso no entendía que para mí también era una tortura? Joder. Le sonreí levemente, señalando con mi vista a que se fuera.

-Vete. Te están esperando –Pronuncié divertida cerca de sus adictivos labios. Él me sonrió.

-Te quiero, eso nunca lo dudes –Volvió a besarme cortamente. Lo sabía, de eso jamás estaría insegura –Adiós linda –Mis ojos se iluminaron al escuchar cómo me llamó. Dios santo. Si no se iba de ahí, estaba más que segura que lo secuestraría. Él volvió a sonreírme hermosamente para luego irse, reí al ver que me daba un beso al aire cuando cruzó el pasillo hasta llegar al ascensor del edificio. Negué con mi cabeza entrando nuevamente a mi departamento.

Cerré mi puerta y reí sola como una tonta colegiala. Estaba actuando como una adolescente enamorada, mierda. Eso no estaba bien, no daba buenos signos hacia el futuro. Todo este día había sido una completa locura. Comenzando por el hecho de haber despertado en los brazos de Caleb y terminado en una pataleta de Alyssa. Aún no podía creer lo que estábamos a punto de hacer antes de que de ella llegara. Admitía que era una chica con una vida sexual activa y viendo en contraste con aquello, de seguro que si no tuviera sentimientos sinceros por Caleb, no hubiera esperado ni un maldito día a que estuviéramos juntos de todas las formas posibles. Pero ahora las cosas eran diferentes, por ambos lados todos nuestros miedos estaban aceptados y fuera de nuestras vidas. Lo que hacía aún más gustosa cada cosa que nos involucrara a los dos. Nos hacíamos felices y es no se lograba de un día para otro.

El único traspié que quedaba y de por sí era mi culpa por ser una estúpida hipócrita, era Nick. El rubio inspector de quien estaba más que segura terminaría mañana. Ambos sabíamos que una relación en donde sólo había una atracción momentánea, no era una relación, más bien era una obligación por la cual había que estar atado. Tenía que ser cuidadosa con cada cosa que diría. Si algo había aprendido en todo este tiempo era que el humor de Nick era inestable y con pocas probabilidades de reaccionar bien con toda cosa que se le cruzara. Suspiré.

No quería pensar en él ni en ninguna otra cosa por el resto del día, así todo estaría más tranquilo. Fui a mi habitación para luego ver mi cama, la cual estaba desordenada. Joder, sin poder evitarlo recordé lo que había pasado ahí. O más bien lo que “casi” pasó. Bufé dirigiéndome a mi baño, estaba dispuesta a darme una ducha y así por lo menos relajarme. Saqué mi bata para luego encender mi típico baño de burbujas relajante. Estaba feliz en cierta forma. Hoy había sido un día tranquilo y todo aquello se lo debía al chico de ojos azules que me hacían delirar. Exhalé.

Para cuando iba a sacar la única que prenda que tenía en ese instante que eran mis bragas para entrar a mi tina, el timbre de mi departamento sonó. Una sonrisa atravesó mi rostro de repente. Definitivamente era Caleb, tal vez se le olvidó algo o simplemente lo hiso para molestarme y sacar de excusa algo para besarme. Negué con mi cabeza divertida. Volví a ponerme mi bata de seda color plata y fui de inmediato para recibirlo con la sonrisa que comúnmente sólo le hacía a él.

-Caleb eres un pesad –Mi sonrisa se desvaneció al ver de quién se trataba. Antes de que siguiera mi rostro se desfiguró por completo al ver quien tenía en frente. Nick. Quien no me dio tiempo para mirarlo ya que un golpe en seco, aterrizó en mi mejilla haciéndome caer al suelo con tal vigor. El rubio furioso cerró la puerta detrás de sí para mirarme. Yo estaba paralizada y mis lágrimas no tardaron en salir, el golpe había sido demasiado duro.

-Así que un trabajo de trimestre ¿No? –Gritó furioso viéndome desde la altura. Yo ya estaba sollozando en el suelo tomando la mejilla víctima de su golpe, sin poder creer lo que me acababa de hacer. Sentía una llama de fuego en mi lado derecho el cual no tardé en acariciar con la mano. Yo lo miraba sin entender, llorando a mares. Me había golpeado sin darme una explicación. Ese hombre estaba loco –No llores ahora maldita perra hipócrita –Pronunció con rabia viéndome. Con toda la fuerza del mundo logré susurrar entre sollozos. Mi mejilla ardía hasta más no poder.

-No entiendo de qué me hablas –Pronuncié dificultosamente, con un nudo en la garganta que me impedía hablar normalmente. Él, inesperadamente, tomó con fuerza de mi cabello obligando a pararme. Grité desconsolada. Me tomó con tanta fuerza que sentí cómo sacaba con brusquedad un par de cabellos de mi cabeza. Para cuando hiso el esfuerzo de pararme con viveza, tomó mi cuello para variar. Mis lágrimas y mis sollozos no podían estar más claros que ahora. Me tomó y me empujó hacia una pared cercana para presionarme ahí para después comenzar a ahorcarme con fuerza. Sollocé tratando de separarlo de mí. Pero era inútil, él me ganaba en peso. Mis lágrimas no paraban de salir. No entendía qué le pasaba. Joder, hace unos segundos quería tomar un baño caliente. Y ahora me encontraba golpeada y sin aire por culpa de Nick.

-Ahora no entiendes de qué hablo ¿verdad? Zorra estúpida –Presionó más cuello, provocando una arcada. Me faltaba el aire y no podía separarme, traté de quitar sus manos sobre mí pero nada servía. –Te vigilé toda la maldita noche y ¿qué me encuentro? Al niñato suspendido, pasar la noche en tu departamento –Siguió presionando mi cuello. Comenzaba a nublarse mi vista. Todo esto sobrepasó más que un límite, Nick me estaba matando

-Suéltame –Ni siquiera sé cómo logré decir esa palabra –Suéltame, por favor –Rogué, las lágrimas no dejaban de salir y sin embargo, mi mejilla me dolía demasiado.

-Pero ¿sabes qué fue lo que me impresionó más? –Seguía gritando en mi rostro con rabia y odio. Sus ojos estaban tan desorbitados, como yo en ese instante. Que estaba a punto de ser asesinada –El hecho de no haberme dado cuenta antes. En el primer momento en el que te vi llegar con él en su camioneta –Rió con histeria. Sin dejar de ahorcarme, rasguñé sus manos intentando sacarlo de encima. Pero increíblemente, nada funcionaba.

-Por favor. Suéltame –Después de decir eso, mi vista estaba llegando a blanco definitivamente. Pero luego algo pasó, él me soltó con brusquedad. Con apuro traté de recuperar el aire perdido. Tomé mi cuello, me dolía. La fuerza infinita con la que había actuado casi me quiebra el cuello. Maldición. Mis lágrimas salían sin parar y mis sollozos no se hicieron esperar –Nick, él y yo –Traté de hablar entre mi recuperación de aire, pero otro golpe en mi mejilla volvió a aterrizar en el mismo lado que antes. Causando nuevamente que volviera al piso. Lloré humillada, mi puta mejilla dolía como el infierno, al igual que mi cuello y mi cabeza.

-No te atrevas a negarlo perra –Pronunció histérico apuntándome con un dedo. Luego en un movimiento rápido, con su mano subió mi rostro para obligarme a mirarlo. Era increíble que mis sollozos y mis lágrimas siguieran manifestándose. Pero era aquello que no toleraba, había algo que me dolía más que los golpes que me había dado, la humillación –No deseabas tener sexo conmigo ayer, pero felizmente lo tuviste con él ¿Verdad? –Apretó más mi cara provocando que gritara de dolor. Estaba apretando mi mejilla que estaba ardiendo, el desconsuelo era interminable –Responde –Gritó en mi rostro repleto de lágrimas y rojo por sus bofetadas.

-Nick. Por favor –No sabía qué rogaba, pero lo único que pedía internamente en ese instante era paz y tranquilidad. Él seguía con su furia impregnada en su cara.

-Escúchame hija de puta –Habló presionando mi cara haciéndome gritar nuevamente –Escucha bien lo que te voy a decir –Susurró con odio dándome otro golpe leve en mi cara –Te metiste con la persona equivocada. Y te juro por lo que más quieras, que voy hacerte pagar por esto –Sollocé

-Por fav –Él interrumpió mi ruego. Dios santo, no podía hacer nada. Estaba más que atemorizada.

-Voy hacerte pagar igual como lo hice con mi hermano y esa estúpida zorra –Mi mente recordó la vez que habló de ellos. Y cómo encontró en su propia cama a su prometida con la persona que poseía su misma sangre. El miedo se apoderó aún más de mí –Tal cual como me encargué de ese maldito imbécil. Y con la facilidad lo podría hacer ahora mismo contigo –Mis ojos se abrieron hasta más no poder. No podía creer lo que me decía, me hiperventilé joder. Estaba con un demente, todo este tiempo lo había estado. Quise gritar para alejarme, pero aún me sostenía con fuerza.

-Déjame en paz –Pronuncié entre medio de mi llanto. Él rió

-¿Dejarte en paz? –Me sonrió como el verdadero demente y psicótico que era –Pero si esto está recién comenzando, cielo –Habló para luego soltarme con fuerza, haciendo que mi cabeza chocara con el piso de mi departamento. Mi vista estaba nublada por todas lágrimas que salían sin cesar junto con mis sollozos. Me hiperventilé sin poder creer lo que pasaba.

Sentí mi puerta cerrar con fuerza. Nick se había ido dejándome con temor y miedo por todo mi cuerpo. Además de múltiples dolores causados por su increíble fuerza. Me enrollé entre mi cuerpo como una niña pequeña asustada. Quería a mi padre, quería a Caleb. Quería que alguien me abrazara y me dijera que estaría todo bien, sin embargo estaba sola. En el suelo de mi departamento con dolores y llorando desconsolada. Terminé por dar un grito que resonó en todo mi hogar y que me hiso sacar todo lo que tenía contenido. Nick era capaz de cualquier cosa, lo sabía. Lo había entendido por completo en ese instante. Acaricié mi mejilla magullada. Todo esto sin dejar de sollozar.



Estaba completamente atemorizada.

Capítulo 15 -Sensitive-

Caleb

-Así que… ¿no piensas volver a hablarme? –Pregunté sin despegar la vista de la carretera, conduciendo para llegar a casa. Melanie iba viendo por la ventana mientras lo hacía. No respondió, tal cual como lo ha hecho con todas mis preguntas durante estas dos semanas. Suspiré tomando con fuerza el volante, no podía entender esa ignorancia. Digo, antes habíamos peleado como hermanos por asuntos sin importancias y con suerte toleraba no hablarme por uno o dos días. Pero ahora era el tema principal era Christine y el hecho de que prácticamente le quité a su “amiga”.

No podía negar que hoy había sido un día de locos, comenzando por la estúpida pelea en el comedor y terminando con ese encuentro magnífico con Christine. Joder, ella sí me quería. No sabía hasta qué punto pero lo hacía. Tenía que ser un completo idiota para no darme cuenta. Quién iba a decir que ese asqueroso y totalmente común baño de hombres iba a ser el lugar más pasional del mundo. Al menos para mí y para Christine. Todo ya lo tenía más que claro, y por supuesto era lo que necesitaba para que me impulsara a sobrepasar todos los límites que me he impuesto por ella. Harrison no tenía ni puta idea de lo que deseaba ella, su corazón, ni nada. Y estaba seguro que con todas estas semanas ni una sola vez pudo complacerla, sólo era superficial. Eso era todo. Admitía el hecho de que cada vez que los veía juntos quería romper los huesos de alguien, de quien sea, sólo quería hacerlo. Pero ya qué, entre esos dos nunca hubo nada más que una mierda de relación que ni ellos mismos se creían.

Aunque sea un cabrón al cual acaban de suspender, me sentía feliz y alegre después de todo. La conducta en el instituto se podía recuperar comportándose bien, pero Christine y los sentimientos que ya nacieron entre nosotros es algo de lo cual no hay vuelta atrás. Suspiré relajado como si por fin, después de semanas, dejara estar tenso.

-Hoy Christine y yo hablamos –Dije después de un rato. Melanie giró su cabeza de inmediato, llamé su atención de inmediato al pronunciar su nombre. Negué con mi cabeza irónicamente, esa niña de verdad quería a la castaña. De diferente modo que yo, pero la quería.

-¿Y? ¿te perdonó? –Fruncí mi ceño ante su insistente pregunta.

-¿Por qué me tendría que perdonar por algo? –Ella bufó rodando sus ojos, iguales a los míos.

-Es obvio que hiciste algo. Si no, Chris no nos hubiera dejado de hablar –Cruzó pequeños brazos en forma de indiferencia. Lancé una leve risa irónica, ni mi hermana me defendía. Qué perdedor.

-¿Me culpas por eso? –Pregunté divertido. Terminé suspirando tratando de comprender la imaginación de la pequeña.

-Tal vez. Entonces ¿por qué sería?

-Sólo fue un malentendido entre ambos. No hubo nada de culpabilidad en ninguno de los dos Mel –Traté no mentirle en todo, odiaba eso. Melanie asintió acongojada, demonios, algo le pasó por su mente que la dejó triste. Me puse serio de inmediato –Pequeña, si te afectó el alejamiento de Christine, de verdad lo siento. Pero a veces las cosas no se pueden predecir y bueno, también los adultos pelean ¿sabes? –Asintió de nuevo.

-Es sólo que… Caleb yo siempre me he preguntado el por qué no tengo amigas. Y cuando por fin logré tener una, tú la espantaste –Suspiró. Apostaría lo que fuera a que estaba a punto de hacer un puchero. Me sentía una mierda –¿Va hacer así para siempre? –Preguntó con ojos de cachorro. Negué rápidamente, después de tragar saliva claro.

-Ya te dije que sólo fue un malentendido pequeña. Algo que no esperábamos y de por sí no fue mi intención –Exhalé tratando de controlarme. Por fin me di cuenta que habíamos llegado a la tienda para trabajar –¿Me perdonas? –Hablé cuando ya había estacionado. La vi pensar por un instante. Era increíble el grado en el cual Christine había encariñado a mi hermana, aunque no me sorprendía. Terminó haciéndome quererla también, en poco tiempo.

-Sí. Pero no vuelvas hacerlo nunca más ¿sí? –Colocó su dedo meñique a modo de promesa. Le sonreí con ternura aceptándola. Sin querer, recordé algo que sin duda le subiría el ánimo.

-Adivina –Dije soltando una risa. Ella frunció su ceño –Me suspendieron –Luego de que dijera aquellas dos palabras, Melanie abrió sus ojos como platos demostrando sorpresa. Para después sacar una chillona carcajada. Lo había esperado, a mi hermana le gustaba verme jodido, de la buena forma.

-¿Qué? –Preguntó tratando de apaciguar su risa –¿Por qué? –Levanté mis hombros no tomando en cuenta mis acciones.

-Me peleé con un chico. Fue una estupidez, pero una estupidez que me costó tres días de suspensión –Melanie volvió a reír, sólo que en menor cantidad que antes.

-¿Christine lo supo? –Asentí en seguida. Estábamos en mi camioneta, ella en lado del copiloto y yo en el del conductor, hablando de mis desgracias. Perfecto.

-Fue eso lo que hablamos más o menos –Me acomodé la garganta, poniéndome nervioso de un momento a otro. Sería un imbécil si le dijera que casi, esto, follamos en unos de los baños del instituto. Mi pequeña monstruo me sonrió, por fin relajando su risa.

-¿Ella está bien?

-Claro ¿por qué preguntas? –Mi hermana levantó sus hombros cambiando su sonrisa, por una sonrisa triste.

-No lo sé. Hace mucho que no la veo.

-La verás pronto, te lo aseguro –Pellizqué una de sus mejillas con suavidad para luego abrir mi cinturón de seguridad. Ella volvió a alegrarse, me impresionaba el hecho de que sea tan positiva para todo. Ignorando su tristeza. No sabía si era bueno o malo en realidad.

-¿Te puedo hacer una pregunta antes de que vayamos a la tienda? –Pronunció cuando estaba empezando a quitarle a ella su cinturón de seguridad, que por cierto, por fin había arreglado la semana pasada. Estábamos dispuestos para comenzar mi aburrida rutina laboral, pero nuestra conversación de hermandad al parecer aún no terminaba.

-Por supuesto pequeña –Respondí acomodándome de nuevo en mi asiento para escucharla. De nuevo me sonrió tiernamente, con sus ojos azules grandes y con brillo.

-¿Tú la quieres verdad? –Preguntó, sabiendo a quién se refería. Tragué saliva. Esa pregunta no era una pregunta concreta, quiero decir, era un tipo de confirmación a lo que ya se sabía. No sabía si era bueno hablar de este tema con mi hermana de 9 años, pero si iba en serio a luchar por Christine, tenía que hacerle saber lo que sentía si ocurría algún cambio en mi vida. Y en mi vida existía Melanie. No tuve opción en mi mente que pensar en una respuesta clara y verdadera para ella, se lo merecía. Después de todo, en cierta forma era madura para entender lo que sentía su hermano mayor ¿no?

-Sí. Nunca pensé quererla pero ya qué, lo hago y mucho –Confesé con resignación. La castaña suspiró con una sonrisa de relajación. La confusión se apoderó de mi mente.

-Lo sabía. Pensé que nunca lo confesarías –Finalicé por reír divertido ante su manera de manifestarse. Aunque tenía una duda, tenía la oportunidad de desmentirla justo en ese momento.

-¿No te molesta?

-Claro que no –Negó con rapidez moviendo su pequeña cabecita –Christine es mi amiga y me convendría mucho que estuviera contigo, para que así esté todos los días conmigo –Sonrió orgullosa. No pude evitar reír de nuevo. No podía creer que aquella pequeña y hermosa monstruo tuviera mi misma sangre.

-Ven bonita –Besé su frente con ternura luego de un instante para después abrir la puerta de mi cacharro. La cruda realidad era que comenzaba mi turno y aquello era una completa mierda. –Es hora de trabajar



Christine

¿Qué hora era? ¿8 o 9 de la mañana? Más o menos calculaba esa hora entre sueños, maldita sea. Abrí mis ojos lentamente dándome cuenta de la claridad de la luz del sol y del sonido agudo del timbre de la puerta. Era sábado y algún idiota subnormal estaba tocando la puerta esperando respuesta. Quién me vendría a visitar a esta hora ¿Alyssa? No lo creía, la morena con suerte lograba despertarse los fines de semana y el hecho de imaginarla levantándose a las 8am un día sábado, bueno, habría que pedir un deseo para eso. Con dificultad y algo despacio me levanté de mi cama. Me di cuenta que estaba en ropa interior por lo que tomé una bata de seda pequeña para atender. Ni siquiera supe cómo me levanté, aún tenía los ojos cerrados y caminaba tan lentamente como una estúpida sonámbula. Estaba desastrosa y antes de ir hacia la puerta para abrir bostecé unas millón veces. Mi aspecto de por sí sabía que era una mierda pero qué importaba, la visita inoportuna en ese momento se merecía verme en mi peor lado.

-¿Nick? –Susurré apenas tratando de controlar mi voz soñolienta. Entrecerré los ojos para mirarlo mejor de lo que lo hacía. Esto era una de las desventajas de despertar a alguien que planeaba pasar todo el día en cama. Apaciguando mi vista me di cuenta que el rostro del rubio reflejaba de todo, pero menos alegría. Mierda, esta no era una buena forma de despertar. Él ladeó su rostro con seriedad.

-Hola –Alcancé a ver que me saludaba –Discúlpame si te desperté –dijo de inmediato al verme. Yo asentí sin responder. Pero sin esperármelo, Nick dio un resoplido para luego entrar deliberadamente a mi departamento sin esperar una invitación mía. Tenía sueño, pero no era una idiota. Fruncí mi ceño. Tratando de aclarar mi mente a la inesperada visita de mi “novio”.

-¿Qué haces aquí? –No pude evitar preguntar débilmente, no me culpen ¿Qué demonios hacía en mi hogar aquel hombre? Por lo menos hubiera avisado, eso me habría molestado menos. Nick seguía mirándome con seriedad mientras me veía cerrar la puerta a mis espaldas. Traté de tomar toda la atención posible a la situación y sacar el sueño que aún poseía en mis sentidos.

-¿Te molesta que venga a visitarte? –Levanté mis hombros cruzando mis brazos ante su neutra pregunta. Algo le pasaba. Dejando en incógnita aquella respuesta, me dirigí más a él.

-Pero ¿un día sábado? ¿en la mañana? No sé si sea algo común –Traté de no darle mucha importancia.

-No sé tú, pero yo me despierto todos los días un poco antes que a esta hora –Dijo aún con formalidad –Pero no vine a hablarte de los estúpidos horarios Chris –Suspiró paseándose por mi sala de estar, yo sólo lo veía confusa –Vine a preguntarte qué has hecho estos días –Quise reír si era sincera. ¿Venía hasta mi departamento un fin de semana para preguntarme que he hecho? Aunque no quitaba una pizca de sospecha, me simpatizaban un poco las circunstancias. Lancé una leve risa irónica, interrumpiendo su inspección a mi sala de estar. Como si estuviera buscando algo.

-Pudiste haberme preguntado eso por celular ¿no crees? –le sonreí divertida un tanto ligera. Era cierto. Sentí que no le había gustado que yo le cuestionara lo que hacía o llegara a hacer

-Exacto “cielo” –Mi interior se sobresaltó al escuchar ese apodo. Joder, algo no estaba bien. No estuvo bien la forma en la que me lo dijo –Tu celular ha estado apagado, más precisamente desde el viernes –Fruncí mi ceño cambiando con notabilidad mi humor, pero qué mierda. Asentí admitiéndolo.

-Sí. Bueno, es que no quería que nadie me llamara y me molestara. Eso es todo –Otra vez no mentía. Creo que era la única vez que he sido sincera con Nick, hasta ahora.

-Lo comprendo –asintió. Nunca lo había visto tan serio como en ese instante, algo realmente estaba mal –Pero hay algo que aún no me cuadra. El viernes el chico Caleb se fue suspendido ¿no? –Tragué saliva al escuchar su nombre asintiendo. Pero de por sí no mostré nerviosismo, joder ¿y si sabía lo que hubo en el baño? Mierda y mil veces mierda.

-Sí pero ¿en qué influye él en esto? –Me hice la idiota, ese papel me venía.

-El viernes te esperé fuera del instituto para ir a cenar, y no llegaste Christine. Porque te fuiste antes –Pronunció con retórica. Era eso. Estaba serio porque no fui a una cena, bien. –Pero eso no es lo importante.

-Perdón ¿sí? Soy una idiota despistada Nick y te prometo que no volverá a pasar, lo siento –Me tomé la frente demostrando culpabilidad. De todas formas, no sabía si lo sentía. Pero era verdad el hecho de que se me había olvidado –Pero aun así sigo sin entender qué tiene que ver el alumno Caleb en esto

-Caleb por irse suspendido, se fue más temprano del establecimiento ¿verdad? –Preguntó lentamente. Como si saboreara todo el nerviosismo que me estaba carcomiéndome por dentro –Y extrañamente a la misma hora que desapareció él, desapareciste tú. –Dio en el clavo, pero exactamente había dado en el clavo. Quise abofetearme por ser tan estúpida. Justo ese día por arte de magia había salido antes y no mentiría si dijera que estuve con Caleb después de clases. Digo estuve con él un “tiempo” en el baño de varones pero luego de eso él tenía que irse y yo, bueno, tenía el resto de las horas libres por lo que preferí ir a lavar mi auto para luego comprar cosas en el supermercado que estar en el instituto. Estuve sin cursos. Pero ahora el dilema era cómo convencía a Nick que no me fui con él.

-¿Estás tratando de decir que me fui antes para irme con él? –Traté de que la pregunta saliera lo más irónica posible. Y lo logré, más o menos. Nick cruzó sus brazos viéndome con sospecha, como si canalizara mi forma de expresarme.

-No lo sé –Levantó sus hombros con brusquedad –Pero es algo raro de que hace unas semanas te fuiste y regresaste con él en su propia camioneta, luego entre estas semanas el chico nunca despegó su mirada de ti como si estuviera enojado contigo y ahora esto. Algo extraño ¿no? –Quise reír pero a la vez quise salir corriendo. Era muy observador aquel hombre si podía decirlo. Negué con mi cabeza negando divertida, no sabía si era estúpido lo que me decía o era un descubrimiento asombroso.

-¿Te das cuenta de lo que dices? Nick, perdón pero, es completamente estúpido lo que me dices. Si tratas de saber si hay algo entre ese chico y yo, te aseguro que estás lejos de la realidad –Fui un poco cruel, pero quería despistarlo. El rubio seguía serio observándome, sólo que ahora con los ojos entrecerrados.

-Espero que esté equivocado. Pero no es para acusarte ni nada si es lo que crees… –Dijo con indiferencia –Sólo quería hacerte esa pregunta ya que fue un tanto, inusual.

-Lo es pero, puedes preguntarle a cualquiera. Ese día fui a lavar mi auto y por unas cosas al supermercado. Después llegué y estaba Alyssa. Eso es todo –dije sincera. La primera vez que le decía completamente la verdad y no me creía. Lo que era, claro, “la verdad”.

-Está bien. No es necesario que me des explicaciones, confío en ti –Podían decirme lunática o lo que sea, pero nada más me hacía convencer que Nick no me había creído. Sea como sea, él nunca me creería en nada. Era una mentirosa por no contarle las cosas que habían estado pasando con Caleb, sin embargo había un sentimiento de desconfianza más allá del que veía en ese momento. Él era una persona insegura y con exactitud podía decir que tenía un desorden emocional, no sabía a qué grado, pero lo tenía.

-Entonces ¿está todo bien? –Susurré con inestabilidad. Pensé por un instante terminar con aquella farsa, con esa relación la cual no tenía sentimientos de por medio. Sólo había una atracción física y superficial. Nada más que eso, era lo mejor para ambos. Pero entonces me dije que no era el momento, él me había estado haciendo un interrogatorio de celos y si le decía que quería terminar, tal vez sólo empeoraría las cosas.

Nick tragó saliva sin sacar ese rostro recto con neutralidad que casualmente poseía. Con paso lento se acercó a mí para abrazarme por la cintura. Supe que quería besarme cuando su rostro se aproximó con rapidez ante mí. Sus labios tocaron los míos tan rápido que no tuve tiempo para reprimirme. Ese beso fue sin fondo. Pasional pero hueco, sin sabor ni nada. No quería ser cruel, pero era como besar una pared fría. Su lengua con rudeza se encontró con la mía, no tenía nada más que hacer que aceptarlo como la “novia” que era y por supuesto que no me sentía orgullosa. Mis ojos ni siquiera se cerraron, mi lengua jugó con la de él para ser pasional y seguir su juego. Lo abracé para hacerle saber que también me gustaba, joder, pero era mentira.

Mi pulso se aceleró cuando sus manos acariciaron mi trasero debajo de mi bata y apretó con fuerza aquello pegándome a él, y por si no sabían estaba en ropa interior por lo que el contacto era más íntimo de lo que quería. El nerviosismo se apoderó de mí, él quería otra cosa de la cual yo no estaba lista física ni emocionalmente. Sus besos bajaron rápidamente a mi cuello, tratando de tentarme y sin embargo no lo lograba. Mis brazos salieron al instante al notar su plan y ver cómo quería que lo siguiera hasta mi habitación.

-Nick –Susurré de nuevo, con mis brazos tratando de separarlo de mí –Para –Dije ya un poco más clara. El rubio ignoró mi petición y siguió esparciendo su lengua por mi cuello, queriendo que me excitara con aquello pero no lo lograba mierda –De verdad Nick, para –hablé con rectitud. Sacó su rostro de la cavidad de mi cuello para mirarme fruncido.

-¿No quieres? –Preguntó, sin querer, enojado. Asentí tragando saliva.

-Lo lamento ¿de acuerdo? Pero no me siento bien para hacerlo hoy, será otro día –Respondí simplemente. Intentando separarlo nuevamente, pero fallé al tratarlo. Sus manos aún seguían íntimamente tomando mi trasero y pegándome obligatoriamente contra él. Nick bufó, estaba colmando su paciencia, lo sabía.

-¿Y desde cuando no quieres? –Lo miré sin poder creer ante su forma furiosa en hacerme la pregunta. ¿Me estaba cuestionando? Joder, si no quería simplemente no quería. No era difícil entenderlo.

-Es sólo hoy. No quiero tener sexo contigo y ya ¿no? –Traté sonar indiferente por lo que volví a tratar de que me soltara. Fracasando en el intento, de nuevo. Nick con brusquedad y para mi sorpresa tomó con fuerza mi rostro con una sola mano, obligándome a mirarlo. Dios santo, mi pulso nuevamente se comenzó acelerar pero no fue por nervios, sino por miedo. Ese hombre tenía fuerza, su mano derecha tomaba la parte baja de mi cara haciendo que lo mirara penetrante, me dejaba sin opciones. Su mirada azul demostraba furia, no había nada más ahí que eso. Sabía que quería gritarme, sin embargo, me hablaba de una forma peor; susurrante y llena de odio. Sin quitar por supuesto ese ceño fruncido.

-Hay otro –sólo eso dijo con esa neutralidad desafiante. Y de por sí rabia. Mi respiración se agitó no entendiendo sus palabras cortas. Su rostro estaba a unos centímetros de mí y podía distinguir la rabia que tenía por lo que me tomaba con más vigor, no sólo ahora, sino todo el tiempo. Al menos desde que entró a mi departamento sin avisar, la diferencia era que lo fingía claro. Tragué saliva con dificultad, entonces luego de un instante de una inspección de su mirada azulada, Nick me soltó con fuerza haciendo que casi me cayera. No podía tolerar ese tipo de actitud de parte de él, y algo en mi interior me decía que esa forma de tomarme no era nada. Era sólo el maldito comienzo.

-¿Qué mierda te crees? –Pregunté entre asustada y colérica cambiando mi vista hacia él, acariciando mi parte baja de mi semblante, que por demás sabía que podía estar roja por la potencia que tenía la mano de Nick. Él no respondió y otra vez, sorprendiéndome, se fue de mi departamento a la velocidad de la luz en pocas palabras. Sin darme ninguna explicación, y de por sí dando un fuerte portazo antes de irse. ¿Qué demonios había pasado? ¿qué había sido todo eso? Nick, no sabía quién era realmente y me asustaba averiguarlo. Estuve un buen momento sin hacer ningún movimiento pensando en esa actitud y por supuesto en casi la misma conducta que tuvo hace semanas. Suspiré.

Él definitivamente, era un hombre peligroso.



Caleb

Tenía entre manos mi celular, lo miraba pensando o no en lo que haría. En cualquier momento pensaba que iba a cobrar vida o alguna mierda tonta parecida. Pero no, en realidad estaba concentrado y viendo mis opciones para llamar. Estaba estresado, todo el maldito día he estado en lo mismo, joder. Los pelmazos de Eric y Jessica estaban con mi hermana planeando hacer una pizza para disfrutar el fin de semana, Matt llegaría un poco más tarde por la tienda así que no estaba preocupado por eso.

Bufé precaviendo que no haya moros en la costa. Mi hermana y los invitados estaban abajo en la cocina y yo en mi cuarto. De por sí era un poco inútil hacer eso. Bien, me decidí después de un rato. No lograba nada si no me arriesgaba ¿no? Marqué el número y esperé a que contestaran. Tres veces sonó, antes de respondieran. Joder.

-¿Hola? –Suspiré al oír su voz. Era una mierda, de verdad hasta eso me volvía loco de ella. Estaba mal.

-Christine, soy yo Caleb –Pasó un gran instante de silencio a través de la otra línea. Sabía que no había cortado, aún sentía su respiración. Exhalé, entre nosotros, sobraban las palabras.

-Hola –habló apenas. Se notaba un poco nerviosa, aunque yo no estaba de forma diferente. Tragué saliva.

-¿Cómo estás?

-Bien, algo así –La sentí titubear. Algo no muy común en ella, me hiso fruncir el ceño –¿Y tú? –Traté de ignorar su actitud de nerviosismo, se me hacía difícil pero de igual forma le respondí.

-Pues muy bien. Melanie está con los chicos preparando una pizza y yo, bueno, es divertida la situación –Tartamudeé, mierda. Christine esperaba que le diera una explicación por celular del por qué la llamaba un día sábado, cuando comenzaba anochecer y sin habla alguna dispuesta a salir de mi boca –Estaba pensando, tal vez si quieres, que podrías venir con nosotros. Como fin de semana ¿no crees? –Hubo un silencio más en la línea telefónica. Supuse que estaba pensando la invitación y su respuesta. Estaba nervioso, parecía un niñato a punto de invitar a salir a la chica de sus sueños. Aunque se parecía bastante a la situación, no podía diferir bien si yo era el niñato entre todo esto. La escuché suspirar.

-No creo que pueda. Perdón –Respondió inquieta y yo quise romper mi pared. No podía obligarla a nada, pero aún no entendía su comportamiento. Después de todo, estaba en absoluto aceptado nuestros sentimientos o algo así.

-Lo siento si sueno insistente pero ¿por qué? ¿hay algún problema? –Mi curiosidad era uno de mis tantos defectos. No la veía, pero sabía que se había mordido el labio ya que de por sí, se notaba nerviosa. Me corrompí al pensar que estaba con Harrison.

-No, ninguno. Digo, más o menos –Se enredó en su propio círculo de palabras. Nuevamente suspiró, estaba acongojada por algo –Caleb –me llamó luego un instante.

-¿Qué es lo que ocurre Christine? –Quise saber sin pelos en la lengua, me había puesto serio de un momento a otro. Si algo le pasaba a Christine juro por Dios que era capaz de todo. De nuevo un silencio inminente se provocó, estaba más que seguro que estaba mal.

-Sé que no es un buen momento para esto pero… ¿Puedes venir? –Preguntó aún más nerviosa de lo que la sentía. Me quedé un instante pensando, los chicos estaban en casa ¿no? Cuidarían de Melanie, que era lo primordial mientras yo iba al departamento de ella. No había complicación en ese sentido, y hasta este punto era capaz de todo por saber lo que pasaba con Chris y hacer lo posible por hacerla sentir bien. Terminé asintiendo.

-Voy para allá –Corté de inmediato mi celular y me coloqué mi abrigo. Estaba con una camiseta blanca sin mangas y sabía de sobra que me iba a ir a la mierda si iba a salir así con el frío que hacía. Bajé rápidamente para contactarme con los chicos, quienes aún estaban en mi cocina.

-Hey –les llamé la atención. Más precisamente a Eric y a Jessica. Melanie estaba sonriente en una esquina poniéndole condimentos a la pizza mientras que los pelmazos sólo se dignaban a mirarla con entretención. Giraron sus vistas hacia mí –Tengo que ir hacer algo importante ¿les molesta si se quedan con Mel un rato? –Eric me miró con diversión y ojos entrecerrados. Supo de inmediato al ver mi cara de angustia y nervios, mierda.

-Claro que sí pendejo. Nosotros cuidaremos a tu hermanita, no te preocupes –Me habló con confianza mientras me miraba entre sospechoso y entretenido. Jessica se acomodó su garganta un poco incómoda, joder ahora qué pasaba.

-¿Pasó algo con la tienda? –Preguntó curiosamente la pelirroja. Fruncí mi ceño, serio, estaba ansioso por ir donde Christine y esto sólo me retrasaba. Negué –Entonces ¿A dónde vas? –Aceptaba si Melanie me preguntara eso ya que era mi hermana, pero por lo que veía le importaba un pepino. El tema era Jessica y que cualquier tema personal mío, no le incumbía. Eric me interrumpió antes de que le respondiera.

-¿A dónde crees tú? Irá por su doncella –Respondió divertido haciéndome rodar los ojos. Gracias, imbécil. Melanie por primera vez sacó su vista de su creación italiana para verme sonriente, mi mirada ignoró la de Jessica quien me observaba totalmente blanca.

-¿Irás con Christine? –Pronunció mi hermana con ojos de ilusión provocando más tensión en el ambiente. El tema se me fue de las manos por lo que bufé sin responderle. Jessica no me despegó la mirada de impresión y consternación, la seguí ignorando. Terminando el tema desde ya, le di un leve beso en la frente a mi hermana despidiéndome y con los chicos sólo hice un saludo de mano al aire al cual sólo respondió Eric con una sonrisa estúpida. Jessica aún estaba en su mundo.

-Caleb –llamó una voz femenina detrás de mí, impidiéndome salir de mi casa. Joder, tenía el pomo de la puerta de salida justo en mi mano. Quería irme. Me giré sobre mis talones para ver a la autora pelirroja del llamado.

-¿Sí?

-Te vas donde ella ¿verdad? –Preguntó con cautela y apenas en un susurro. Rodeé los ojos de nuevo, suspirando ¿Acaso no entendían que ese tema no le incumbía a ninguno más que a mi hermana? No le respondí. Sólo me digné a girarme sobre mis talones otra vez –Sabes que no te corresponde –Apreté mi mandíbula.

-Adiós Jessica



(…)



-Hola –dije mientras la veía en la entrada de su puerta. Ella me veía afirmándose de un lado de la entrada, sonriéndome levemente. Estaba más sexy que de costumbre. Una bata de seda color plata poseía su cuerpo, además de lo corto que era haciéndole ver sus torneadas piernas. Nada más que eso poseía, joder, estaba más que hermosa.

-Hola –Respondió en un susurro que jamás se me olvidaría. Me hiso un gesto para que entrara. No sabía si saludarla con un leve beso de mejilla o un verdadero beso, que por cierto, me moría por darle. Elegí la segunda opción. La besé levemente cuando di un par de pasos hacia ella, con ternura y casi sin hacer de nuestras lenguas una guerra, sólo un roce. Christine tomó mi cuello con suavidad aceptándome y respondiendo de igual forma. No fue un beso largo ni pasional, sino, algo pequeño pero con una infinidad de sentimientos de por medio. Se separó un poco agitada y aun mirándome sonriente, sin embargo, sabía que había algo más –Vamos, entra –susurró. Ni siquiera me había dado cuenta que nos habíamos quedado en la entrada de su departamento besándonos. Asentí embobado.

Sentí como cerró su puerta detrás de mí, a paso lento fui a su sala de estar y vi que su televisor estaba encendido y viendo una película que estaba en pausa. Más precisamente El Cisne Negro. Sentía que hace mil años no venía a este lugar, me giré para poder verla observándome. Dios, era increíble que con cualquier gesto que hiciera era hermosa.

-¿Quieres algo para tomar? –Preguntó luego unos minutos de observaciones cómplices. Vi que quería reír ante eso pero no lo hiso. Negué con la cabeza, sin sacar la sonrisa de idiota de mi rostro.

-No, gracias –Suspiré. Christine con lentos pasos fue hacia su sofá y se sentó –¿Qué has hecho hoy?

-Pues nada. A veces llega el momento en el que sólo te dan ganas de estar en tu sofá, todo el día y sin nada que hacer. Sin preocuparte por nada, supongo que eso fue lo que me pasó hoy –Levantó sus hombros. Asentí entendiéndola –¿Y qué has hecho tú?

-Soportar visitas –Reí levemente –Más precisamente de Eric y Jessica –Christine resopló riendo ligeramente. Me quedó mirando un instante, sin despegar su mirada verdosa de mí. Sentí escalofríos, no podía mentir.

-Ven –Me dijo señalando a su lado del sofá, cambiando de tema. Estaba loco, no sabía si podría controlarme. Fui de inmediato. A quién engañaba, iría de ida y vuelta hasta el infierno por ella.

Estuvimos en silencio un rato. Christine se estiró hacia atrás en el sofá exhalando. No sabía que pasaba por su mente en todo este silencio pleno, sin embargo, quería saberlo y ayudar desde luego.

-¿Qué te ocurrió hoy? –Pregunté con cautela, sin despegar mi mirada de ella. Como ella tampoco se despegaba de la mía. Como dije, entre nosotros las palabras sobraban –Te noté nerviosa por celular –Christine asintió, confirmando mi teoría por supuesto. Cambiando su semblante a uno serio de por sí.

-Vino Nick –Mi gesto de relajación se fue a la mierda. Tragó saliva –No te he dicho esto pero, ese hombre no es igual al que conocí hace diez años –Fruncí mi ceño. Era cierto que odiaba el hecho de hablar de él, pero ya qué. Christine era lo importante.

-¿Te ha hecho algo? –Pregunté de inmediato. Su mirada divagó con nerviosismo por un instante, me puse en alarma en un segundo. Si ese hijo de puta de dignaba a tocarla, era capaz de descuartizarlo, sin bromear.

-Bueno, no –Titubeó. No supe si creerle en verdad. –Pero se ha comportado de forma extraña. Comenzando por sus celos y eso, eso es algo que me intimida en cierto punto –Dijo mirando un punto fijo. Suspiré por lo que en un movimiento rápido y ella sin esperarlo, la abracé provocando que cayera de espaldas en el sofá y yo encima. Era más alto que ella así que no me costó hacerlo. Christine de inmediato me abrazó colocando una pierna desnuda en mi cintura y sus manos en mis hombros. No sin antes escucharla reír hermosamente ante mi inesperada acción. Yo sólo me digné a abrazarla y poner mis brazos a cada lado de su cabeza para que estuviera cómoda.

-¿Por qué no lo dejas y así evitas todo esto? –Le di un pequeño beso, no pude evitarlo. Christine me miró pensativa.

-Estaba pensando en eso –Suspiró. Le sonreí jugando con sus labios exquisitos –Él y yo no tenemos nada en común. Sólo algo superficial –Asentí de acuerdo, vaya que estaba de acuerdo. Nuevamente la besé, joder, estaría todo un día besando esos labios sin respirar y juro que jamás me cansaría.

-Christine –Me separé con lentitud de nuestro beso tierno para llamarla. Quería que todo estuviera claro desde ahora –¿Me quieres? –Su mirada me inspeccionó curiosa, con una sonrisa preciosa. Estaba de acuerdo de que jamás me olvidaría de este momento.

-Sí Caleb, te quiero –Entonces recién me había dado cuenta de que estaba completamente feliz. Christine lo había aceptado y fue lo más maravilloso del mundo haberla escuchado decir esas hermosas palabras. Mis ojos no pudieron haberla mirado con más admiración e ilusión que en ese minuto. Christine me tenía a sus pies y era increíble.

-No tienes idea de lo feliz que me haces –Susurré sincero mirándola fijamente. Sus ojos brillaron. Era hermosa, la criatura más hermosa que haya visto, joder.

-Tengo que confesarte algo –Dijo de igual forma. Fruncí mi ceño divertido, nada podía empeorar mi humor. Estaba feliz, mierda. Por fin me sentía así, como ese sentimiento del que todos hablan y anhelan tener. –El día en que ingresé a la tienda y vi tus ojos, me hipnotizaste por completo –La miré entretenido.

-¿De verdad? –Pregunté en un tono bajo. Lo sabía en cierto punto, cada vez que me miraba lo que más me inspeccionaba era eso. Asintió un tanto sonrojada.

-Sí –Exhaló, irónicamente, mirando mis ojos –Son azules, grandes y profundos. No recuerdo haber visto algo más bello que eso antes –No mentía, lo comprendí en un instante. Le sonreí, y yo realmente no recordaba haberme sentido más pleno que tenerla en mis brazos.

-Christine, hablo en serio. Juro que me haces feliz –Nunca creí habérselo dicho alguna vez. Su mirada brilló aún más. Me acerqué más a ella y ladeé mi cabeza de un lado a otro, provocando que su nariz se rozara con la mía. Era más que placer, era el placer de estar con ella. –Te quiero –Susurré, volviendo a besarla con lentitud. Incitando sus suspiros. Me relajaba el hecho de saber que por fin nos hablábamos con la verdad. Sin rodeos y era lo más lindo. Me robé su aliento, juntando mis labios con los suyos pausadamente. Casi sin rozar nuestras traviesas lenguas. Sus manos me tomaron del cuello para que no me separara y realmente, nunca pensaba hacerlo. Mis manos estaban a cada lado de su rostro, precaviendo no dañarla con todo mi peso sobre ella –Dilo de nuevo –Alcancé a susurrar entre cortos besos. Christine sabía a lo que me refería.

-Te quiero Caleb, mucho –Pronunció también en un susurro sin despegar nuestros labios. Le sonreí entre besos. A la mierda todo, ella era la mujer de mi vida. Sé que era loco, pero sentía eso en mi pecho joder.

-Y yo a ti –Volví a besarla. Más pasional que antes, con ella me descontrolaba y me encantaba así. Christine se separó levemente de mí, sólo a centímetros. No había nada más que curiosidad en su vista.

-Caleb –Titubeó apenas –¿Te quedarías conmigo esta noche? –Mis sentidos se fueron a la mierda para mirarla impresionado. La vi tragar saliva nerviosa. No me esperé esa pregunta, tal vez por la emoción y la ansiedad. Alguna otra cosa debería ser ya que, me gustó que me hiciera esa pregunta. Sin embargo, me dejó un poco confuso.

-¿Qué? –Levantó sus hombros, apartando su vista tímida dirigiéndola hacia abajo.

-Me gusta que estés conmigo. Y bueno, ya que no te voy a ver tres días en la semana, no me gustaría que te fueras ahora –Suspiró sin mirarme. Parecía una niña tímida y joder, me encantó de igual forma. Terminé por sonreír pensando en mi hermana. Ella estaría con los chicos y confiaba en ellos en cualquier sentido, sólo bastaba que hiciera una llamada para que la cuidaran. Podía con eso ¿no? Ahora el tema de tenerla a tan sólo unos pocos metros lejos de mí, no sabía si podría tolerarlo.

Con una mano hice que levantara su rostro y me mirara nuevamente, como lo hacía al principio. Reí ligeramente viendo que estaba sonrojada.

-¿Qué clase de idiota sería si no aceptara? –Christine terminó por reír de esa manera tan especial que me dejaba loco. Dejó de hacerlo en un segundo, algo le pasó por la mente que la sacó de esa sonrisa hermosa.

-Pero ¿qué pasará con tu hermana? ¿Quién la va a cuidar?

-No te preocupes por eso. Eric y Jessica la están cuidando, luego va a llegar Matt. Confío en esos imbéciles –Ella asintió riendo un momento. Sonreí travieso pensando en una cosa fascinante –Y bien… ¿Dónde dormiré? –Alcé ambas cejas al mismo tiempo provocando una señal en doble sentido. Christine abrió los ojos divertida e impresionada.

-Eres increíble –Dijo sin creerlo. Se levantó separándome. Haciendo que me sentara y ella quedando a mi lado. No pude evitar reír ante su reacción –Pero no te voy a dejar dormir en el sofá. Sería muy maleducado de mi parte –Susurró en mi oído mirándome de una forma totalmente contraria a la que me miraba hace unos segundos. Al momento en el que se sentó y yo igual, ella se acercó a mí para decirme aquello. Era increíble. Volví a sonreírle travieso, me gustaba ese juego.

-Y bien ¿Dónde? ¿Dormiré acurrucado al lado tuyo? ¿En tu cama? –Me arriesgué a preguntar, abrazándola por la cintura. Ella me miró con una sonrisa levantando sus hombros.

-No lo sé ¿Dónde quieres? –Esa pregunta era fácil.

-Cualquier lado en donde te encuentres tú –Susurré hablando con sinceridad. Sus ojos brillaron.

Supe la respuesta de inmediato.



(…)



Su cama era un poco más grande que una matrimonial. Sin embargo, sea como sea, no dormiría separado de ella. Eran casi las doce de la noche y al estar todo el resto la tarde viendo películas y besándonos nos llegó el sueño. Pero a la vez, el nerviosismo nos despertó. Christine estaba en su baño mientras yo comenzaba a quitarme la camiseta y los jeans rasgados. Normalmente dormía en bóxer, lo cual no era extraño que lo estuviera haciendo ahora. Después de todo no estaba completamente desnudo ¿no? Me estiré en su cama, me cubrí con un par de sábanas y esperé suspirando. Tenía que confesar que aquello no se veía todos los días.

La puerta de su baño se abrió haciéndola ver aún con su bata. Apagó la luz de su baño para verme, la veía un poco nerviosa y a quién engañaba yo, estaba igual. Luego abrió sus ojos como platos.

-¿Estás con bóxer? –Preguntó impresionada. Asentí titubeando, mierda.

-Perdón, es que acostumbro a dormir así y pensé que –Joder, quería enterrarme bajo tierra. Estaba tartamudeando nervioso. Alguien de verdad debería pegarme un tiro –Lo siento Christine si te incomodó, me pondré mi pantalón y –Ella negó al instante interrumpiéndome.

-No te disculpes. No me incomoda es sólo que yo también esto, eh –Suspiró tomándose su frente. Caminando hacia el otro lado de la cama. La ansiedad me estaba carcomiendo. Ella no siguió con su explicación así que sola la miré… sacándose su bata.

Santa madre. Era el único pensamiento coherente que existía en mi mente. Al menos eso y la imagen de ver a Christine en ropa interior blanca, totalmente sexy. Su abdomen era totalmente plano, sus senos no tenía poco volumen como tampoco tenía tanto y sus piernas, Dios, sus piernas eran un tesoro bien torneado. Sin duda era una afrodita en vivo y en directo. La alcancé a ver unos segundos para después verla escabullirse rápidamente a su cama. Precaviendo que no la mirara tanto. Su sonrojo era notorio. Eso ya que la luz tenue de su lámpara me ayudaba a verla. Le sonreí levemente

-¿Estás bien? –Asintió un poco cohibida. Al menos ya se había metido a la cama, un poco lejos de mí, pero lo suficiente para tenerla a una distancia. Lo cual era bueno ya que así no pudo sentir lo que tenía entre mis piernas en ese instante. No me sentía orgulloso de aquello, en serio –¿Tú también duermes en ropa interior no? –Pregunté divertido a lo que ella había hablado antes. Siendo sincero no quería acercarme mucho porque tenía vergüenza que notara mí, esto, erección. Volvió a confirmarlo.

La sentí suspirar. Dirigió sus tímidos ojos verdes oscuros hacia mí.

-Caleb –Susurró apenas. Me coloqué de lado para mirarla con atención –Abrázame –Pronunció. Titubeé un momento pensando irónicamente en el bulto que tenía y cómo demonios podría ocultarlo. Pero a la mierda, ella me pedía un abrazo y con el gusto infinito yo lo haría. Christine se colocó de espaldas hacia mí y yo con cautela la abracé con un brazo pasando por su cintura. Quedando con mi pecho firme junto con su fina y suave espalda. De por sí estaba más que seguro que ella me sentiría en toda mi virilidad, pero mientras no hiciera algún comentario, yo no diría nada. Ni de mierda.

Vi que se incomodó un poco con aquello y me terminé sonrojando. Qué podía hacer, era hombre ¿no? Lo bueno es que no me veía el rostro y me daba la espalda, así no tenía que pasar más vergüenza. Así que para poder sacar todo esto a otro lado, sin poder evitarlo, besé su cuello. Lo tenía a completa disposición frente a mí y era la tentación en vivo. Provoqué un leve gemido en ella que me dejó en otro universo.

Le di un tierno y largo beso cuando giró su rostro hacia mí, fue de buenas noches lo que me hiso sonreír a la vez que lo hacía ella. Nunca en mi memoria olvidaría esta noche, lo juro.



Christine era todo para mí y ya no había nada que hacer al respecto.