sábado, 20 de diciembre de 2014

Capítulo 15 -Sensitive-

Caleb

-Así que… ¿no piensas volver a hablarme? –Pregunté sin despegar la vista de la carretera, conduciendo para llegar a casa. Melanie iba viendo por la ventana mientras lo hacía. No respondió, tal cual como lo ha hecho con todas mis preguntas durante estas dos semanas. Suspiré tomando con fuerza el volante, no podía entender esa ignorancia. Digo, antes habíamos peleado como hermanos por asuntos sin importancias y con suerte toleraba no hablarme por uno o dos días. Pero ahora era el tema principal era Christine y el hecho de que prácticamente le quité a su “amiga”.

No podía negar que hoy había sido un día de locos, comenzando por la estúpida pelea en el comedor y terminando con ese encuentro magnífico con Christine. Joder, ella sí me quería. No sabía hasta qué punto pero lo hacía. Tenía que ser un completo idiota para no darme cuenta. Quién iba a decir que ese asqueroso y totalmente común baño de hombres iba a ser el lugar más pasional del mundo. Al menos para mí y para Christine. Todo ya lo tenía más que claro, y por supuesto era lo que necesitaba para que me impulsara a sobrepasar todos los límites que me he impuesto por ella. Harrison no tenía ni puta idea de lo que deseaba ella, su corazón, ni nada. Y estaba seguro que con todas estas semanas ni una sola vez pudo complacerla, sólo era superficial. Eso era todo. Admitía el hecho de que cada vez que los veía juntos quería romper los huesos de alguien, de quien sea, sólo quería hacerlo. Pero ya qué, entre esos dos nunca hubo nada más que una mierda de relación que ni ellos mismos se creían.

Aunque sea un cabrón al cual acaban de suspender, me sentía feliz y alegre después de todo. La conducta en el instituto se podía recuperar comportándose bien, pero Christine y los sentimientos que ya nacieron entre nosotros es algo de lo cual no hay vuelta atrás. Suspiré relajado como si por fin, después de semanas, dejara estar tenso.

-Hoy Christine y yo hablamos –Dije después de un rato. Melanie giró su cabeza de inmediato, llamé su atención de inmediato al pronunciar su nombre. Negué con mi cabeza irónicamente, esa niña de verdad quería a la castaña. De diferente modo que yo, pero la quería.

-¿Y? ¿te perdonó? –Fruncí mi ceño ante su insistente pregunta.

-¿Por qué me tendría que perdonar por algo? –Ella bufó rodando sus ojos, iguales a los míos.

-Es obvio que hiciste algo. Si no, Chris no nos hubiera dejado de hablar –Cruzó pequeños brazos en forma de indiferencia. Lancé una leve risa irónica, ni mi hermana me defendía. Qué perdedor.

-¿Me culpas por eso? –Pregunté divertido. Terminé suspirando tratando de comprender la imaginación de la pequeña.

-Tal vez. Entonces ¿por qué sería?

-Sólo fue un malentendido entre ambos. No hubo nada de culpabilidad en ninguno de los dos Mel –Traté no mentirle en todo, odiaba eso. Melanie asintió acongojada, demonios, algo le pasó por su mente que la dejó triste. Me puse serio de inmediato –Pequeña, si te afectó el alejamiento de Christine, de verdad lo siento. Pero a veces las cosas no se pueden predecir y bueno, también los adultos pelean ¿sabes? –Asintió de nuevo.

-Es sólo que… Caleb yo siempre me he preguntado el por qué no tengo amigas. Y cuando por fin logré tener una, tú la espantaste –Suspiró. Apostaría lo que fuera a que estaba a punto de hacer un puchero. Me sentía una mierda –¿Va hacer así para siempre? –Preguntó con ojos de cachorro. Negué rápidamente, después de tragar saliva claro.

-Ya te dije que sólo fue un malentendido pequeña. Algo que no esperábamos y de por sí no fue mi intención –Exhalé tratando de controlarme. Por fin me di cuenta que habíamos llegado a la tienda para trabajar –¿Me perdonas? –Hablé cuando ya había estacionado. La vi pensar por un instante. Era increíble el grado en el cual Christine había encariñado a mi hermana, aunque no me sorprendía. Terminó haciéndome quererla también, en poco tiempo.

-Sí. Pero no vuelvas hacerlo nunca más ¿sí? –Colocó su dedo meñique a modo de promesa. Le sonreí con ternura aceptándola. Sin querer, recordé algo que sin duda le subiría el ánimo.

-Adivina –Dije soltando una risa. Ella frunció su ceño –Me suspendieron –Luego de que dijera aquellas dos palabras, Melanie abrió sus ojos como platos demostrando sorpresa. Para después sacar una chillona carcajada. Lo había esperado, a mi hermana le gustaba verme jodido, de la buena forma.

-¿Qué? –Preguntó tratando de apaciguar su risa –¿Por qué? –Levanté mis hombros no tomando en cuenta mis acciones.

-Me peleé con un chico. Fue una estupidez, pero una estupidez que me costó tres días de suspensión –Melanie volvió a reír, sólo que en menor cantidad que antes.

-¿Christine lo supo? –Asentí en seguida. Estábamos en mi camioneta, ella en lado del copiloto y yo en el del conductor, hablando de mis desgracias. Perfecto.

-Fue eso lo que hablamos más o menos –Me acomodé la garganta, poniéndome nervioso de un momento a otro. Sería un imbécil si le dijera que casi, esto, follamos en unos de los baños del instituto. Mi pequeña monstruo me sonrió, por fin relajando su risa.

-¿Ella está bien?

-Claro ¿por qué preguntas? –Mi hermana levantó sus hombros cambiando su sonrisa, por una sonrisa triste.

-No lo sé. Hace mucho que no la veo.

-La verás pronto, te lo aseguro –Pellizqué una de sus mejillas con suavidad para luego abrir mi cinturón de seguridad. Ella volvió a alegrarse, me impresionaba el hecho de que sea tan positiva para todo. Ignorando su tristeza. No sabía si era bueno o malo en realidad.

-¿Te puedo hacer una pregunta antes de que vayamos a la tienda? –Pronunció cuando estaba empezando a quitarle a ella su cinturón de seguridad, que por cierto, por fin había arreglado la semana pasada. Estábamos dispuestos para comenzar mi aburrida rutina laboral, pero nuestra conversación de hermandad al parecer aún no terminaba.

-Por supuesto pequeña –Respondí acomodándome de nuevo en mi asiento para escucharla. De nuevo me sonrió tiernamente, con sus ojos azules grandes y con brillo.

-¿Tú la quieres verdad? –Preguntó, sabiendo a quién se refería. Tragué saliva. Esa pregunta no era una pregunta concreta, quiero decir, era un tipo de confirmación a lo que ya se sabía. No sabía si era bueno hablar de este tema con mi hermana de 9 años, pero si iba en serio a luchar por Christine, tenía que hacerle saber lo que sentía si ocurría algún cambio en mi vida. Y en mi vida existía Melanie. No tuve opción en mi mente que pensar en una respuesta clara y verdadera para ella, se lo merecía. Después de todo, en cierta forma era madura para entender lo que sentía su hermano mayor ¿no?

-Sí. Nunca pensé quererla pero ya qué, lo hago y mucho –Confesé con resignación. La castaña suspiró con una sonrisa de relajación. La confusión se apoderó de mi mente.

-Lo sabía. Pensé que nunca lo confesarías –Finalicé por reír divertido ante su manera de manifestarse. Aunque tenía una duda, tenía la oportunidad de desmentirla justo en ese momento.

-¿No te molesta?

-Claro que no –Negó con rapidez moviendo su pequeña cabecita –Christine es mi amiga y me convendría mucho que estuviera contigo, para que así esté todos los días conmigo –Sonrió orgullosa. No pude evitar reír de nuevo. No podía creer que aquella pequeña y hermosa monstruo tuviera mi misma sangre.

-Ven bonita –Besé su frente con ternura luego de un instante para después abrir la puerta de mi cacharro. La cruda realidad era que comenzaba mi turno y aquello era una completa mierda. –Es hora de trabajar



Christine

¿Qué hora era? ¿8 o 9 de la mañana? Más o menos calculaba esa hora entre sueños, maldita sea. Abrí mis ojos lentamente dándome cuenta de la claridad de la luz del sol y del sonido agudo del timbre de la puerta. Era sábado y algún idiota subnormal estaba tocando la puerta esperando respuesta. Quién me vendría a visitar a esta hora ¿Alyssa? No lo creía, la morena con suerte lograba despertarse los fines de semana y el hecho de imaginarla levantándose a las 8am un día sábado, bueno, habría que pedir un deseo para eso. Con dificultad y algo despacio me levanté de mi cama. Me di cuenta que estaba en ropa interior por lo que tomé una bata de seda pequeña para atender. Ni siquiera supe cómo me levanté, aún tenía los ojos cerrados y caminaba tan lentamente como una estúpida sonámbula. Estaba desastrosa y antes de ir hacia la puerta para abrir bostecé unas millón veces. Mi aspecto de por sí sabía que era una mierda pero qué importaba, la visita inoportuna en ese momento se merecía verme en mi peor lado.

-¿Nick? –Susurré apenas tratando de controlar mi voz soñolienta. Entrecerré los ojos para mirarlo mejor de lo que lo hacía. Esto era una de las desventajas de despertar a alguien que planeaba pasar todo el día en cama. Apaciguando mi vista me di cuenta que el rostro del rubio reflejaba de todo, pero menos alegría. Mierda, esta no era una buena forma de despertar. Él ladeó su rostro con seriedad.

-Hola –Alcancé a ver que me saludaba –Discúlpame si te desperté –dijo de inmediato al verme. Yo asentí sin responder. Pero sin esperármelo, Nick dio un resoplido para luego entrar deliberadamente a mi departamento sin esperar una invitación mía. Tenía sueño, pero no era una idiota. Fruncí mi ceño. Tratando de aclarar mi mente a la inesperada visita de mi “novio”.

-¿Qué haces aquí? –No pude evitar preguntar débilmente, no me culpen ¿Qué demonios hacía en mi hogar aquel hombre? Por lo menos hubiera avisado, eso me habría molestado menos. Nick seguía mirándome con seriedad mientras me veía cerrar la puerta a mis espaldas. Traté de tomar toda la atención posible a la situación y sacar el sueño que aún poseía en mis sentidos.

-¿Te molesta que venga a visitarte? –Levanté mis hombros cruzando mis brazos ante su neutra pregunta. Algo le pasaba. Dejando en incógnita aquella respuesta, me dirigí más a él.

-Pero ¿un día sábado? ¿en la mañana? No sé si sea algo común –Traté de no darle mucha importancia.

-No sé tú, pero yo me despierto todos los días un poco antes que a esta hora –Dijo aún con formalidad –Pero no vine a hablarte de los estúpidos horarios Chris –Suspiró paseándose por mi sala de estar, yo sólo lo veía confusa –Vine a preguntarte qué has hecho estos días –Quise reír si era sincera. ¿Venía hasta mi departamento un fin de semana para preguntarme que he hecho? Aunque no quitaba una pizca de sospecha, me simpatizaban un poco las circunstancias. Lancé una leve risa irónica, interrumpiendo su inspección a mi sala de estar. Como si estuviera buscando algo.

-Pudiste haberme preguntado eso por celular ¿no crees? –le sonreí divertida un tanto ligera. Era cierto. Sentí que no le había gustado que yo le cuestionara lo que hacía o llegara a hacer

-Exacto “cielo” –Mi interior se sobresaltó al escuchar ese apodo. Joder, algo no estaba bien. No estuvo bien la forma en la que me lo dijo –Tu celular ha estado apagado, más precisamente desde el viernes –Fruncí mi ceño cambiando con notabilidad mi humor, pero qué mierda. Asentí admitiéndolo.

-Sí. Bueno, es que no quería que nadie me llamara y me molestara. Eso es todo –Otra vez no mentía. Creo que era la única vez que he sido sincera con Nick, hasta ahora.

-Lo comprendo –asintió. Nunca lo había visto tan serio como en ese instante, algo realmente estaba mal –Pero hay algo que aún no me cuadra. El viernes el chico Caleb se fue suspendido ¿no? –Tragué saliva al escuchar su nombre asintiendo. Pero de por sí no mostré nerviosismo, joder ¿y si sabía lo que hubo en el baño? Mierda y mil veces mierda.

-Sí pero ¿en qué influye él en esto? –Me hice la idiota, ese papel me venía.

-El viernes te esperé fuera del instituto para ir a cenar, y no llegaste Christine. Porque te fuiste antes –Pronunció con retórica. Era eso. Estaba serio porque no fui a una cena, bien. –Pero eso no es lo importante.

-Perdón ¿sí? Soy una idiota despistada Nick y te prometo que no volverá a pasar, lo siento –Me tomé la frente demostrando culpabilidad. De todas formas, no sabía si lo sentía. Pero era verdad el hecho de que se me había olvidado –Pero aun así sigo sin entender qué tiene que ver el alumno Caleb en esto

-Caleb por irse suspendido, se fue más temprano del establecimiento ¿verdad? –Preguntó lentamente. Como si saboreara todo el nerviosismo que me estaba carcomiéndome por dentro –Y extrañamente a la misma hora que desapareció él, desapareciste tú. –Dio en el clavo, pero exactamente había dado en el clavo. Quise abofetearme por ser tan estúpida. Justo ese día por arte de magia había salido antes y no mentiría si dijera que estuve con Caleb después de clases. Digo estuve con él un “tiempo” en el baño de varones pero luego de eso él tenía que irse y yo, bueno, tenía el resto de las horas libres por lo que preferí ir a lavar mi auto para luego comprar cosas en el supermercado que estar en el instituto. Estuve sin cursos. Pero ahora el dilema era cómo convencía a Nick que no me fui con él.

-¿Estás tratando de decir que me fui antes para irme con él? –Traté de que la pregunta saliera lo más irónica posible. Y lo logré, más o menos. Nick cruzó sus brazos viéndome con sospecha, como si canalizara mi forma de expresarme.

-No lo sé –Levantó sus hombros con brusquedad –Pero es algo raro de que hace unas semanas te fuiste y regresaste con él en su propia camioneta, luego entre estas semanas el chico nunca despegó su mirada de ti como si estuviera enojado contigo y ahora esto. Algo extraño ¿no? –Quise reír pero a la vez quise salir corriendo. Era muy observador aquel hombre si podía decirlo. Negué con mi cabeza negando divertida, no sabía si era estúpido lo que me decía o era un descubrimiento asombroso.

-¿Te das cuenta de lo que dices? Nick, perdón pero, es completamente estúpido lo que me dices. Si tratas de saber si hay algo entre ese chico y yo, te aseguro que estás lejos de la realidad –Fui un poco cruel, pero quería despistarlo. El rubio seguía serio observándome, sólo que ahora con los ojos entrecerrados.

-Espero que esté equivocado. Pero no es para acusarte ni nada si es lo que crees… –Dijo con indiferencia –Sólo quería hacerte esa pregunta ya que fue un tanto, inusual.

-Lo es pero, puedes preguntarle a cualquiera. Ese día fui a lavar mi auto y por unas cosas al supermercado. Después llegué y estaba Alyssa. Eso es todo –dije sincera. La primera vez que le decía completamente la verdad y no me creía. Lo que era, claro, “la verdad”.

-Está bien. No es necesario que me des explicaciones, confío en ti –Podían decirme lunática o lo que sea, pero nada más me hacía convencer que Nick no me había creído. Sea como sea, él nunca me creería en nada. Era una mentirosa por no contarle las cosas que habían estado pasando con Caleb, sin embargo había un sentimiento de desconfianza más allá del que veía en ese momento. Él era una persona insegura y con exactitud podía decir que tenía un desorden emocional, no sabía a qué grado, pero lo tenía.

-Entonces ¿está todo bien? –Susurré con inestabilidad. Pensé por un instante terminar con aquella farsa, con esa relación la cual no tenía sentimientos de por medio. Sólo había una atracción física y superficial. Nada más que eso, era lo mejor para ambos. Pero entonces me dije que no era el momento, él me había estado haciendo un interrogatorio de celos y si le decía que quería terminar, tal vez sólo empeoraría las cosas.

Nick tragó saliva sin sacar ese rostro recto con neutralidad que casualmente poseía. Con paso lento se acercó a mí para abrazarme por la cintura. Supe que quería besarme cuando su rostro se aproximó con rapidez ante mí. Sus labios tocaron los míos tan rápido que no tuve tiempo para reprimirme. Ese beso fue sin fondo. Pasional pero hueco, sin sabor ni nada. No quería ser cruel, pero era como besar una pared fría. Su lengua con rudeza se encontró con la mía, no tenía nada más que hacer que aceptarlo como la “novia” que era y por supuesto que no me sentía orgullosa. Mis ojos ni siquiera se cerraron, mi lengua jugó con la de él para ser pasional y seguir su juego. Lo abracé para hacerle saber que también me gustaba, joder, pero era mentira.

Mi pulso se aceleró cuando sus manos acariciaron mi trasero debajo de mi bata y apretó con fuerza aquello pegándome a él, y por si no sabían estaba en ropa interior por lo que el contacto era más íntimo de lo que quería. El nerviosismo se apoderó de mí, él quería otra cosa de la cual yo no estaba lista física ni emocionalmente. Sus besos bajaron rápidamente a mi cuello, tratando de tentarme y sin embargo no lo lograba. Mis brazos salieron al instante al notar su plan y ver cómo quería que lo siguiera hasta mi habitación.

-Nick –Susurré de nuevo, con mis brazos tratando de separarlo de mí –Para –Dije ya un poco más clara. El rubio ignoró mi petición y siguió esparciendo su lengua por mi cuello, queriendo que me excitara con aquello pero no lo lograba mierda –De verdad Nick, para –hablé con rectitud. Sacó su rostro de la cavidad de mi cuello para mirarme fruncido.

-¿No quieres? –Preguntó, sin querer, enojado. Asentí tragando saliva.

-Lo lamento ¿de acuerdo? Pero no me siento bien para hacerlo hoy, será otro día –Respondí simplemente. Intentando separarlo nuevamente, pero fallé al tratarlo. Sus manos aún seguían íntimamente tomando mi trasero y pegándome obligatoriamente contra él. Nick bufó, estaba colmando su paciencia, lo sabía.

-¿Y desde cuando no quieres? –Lo miré sin poder creer ante su forma furiosa en hacerme la pregunta. ¿Me estaba cuestionando? Joder, si no quería simplemente no quería. No era difícil entenderlo.

-Es sólo hoy. No quiero tener sexo contigo y ya ¿no? –Traté sonar indiferente por lo que volví a tratar de que me soltara. Fracasando en el intento, de nuevo. Nick con brusquedad y para mi sorpresa tomó con fuerza mi rostro con una sola mano, obligándome a mirarlo. Dios santo, mi pulso nuevamente se comenzó acelerar pero no fue por nervios, sino por miedo. Ese hombre tenía fuerza, su mano derecha tomaba la parte baja de mi cara haciendo que lo mirara penetrante, me dejaba sin opciones. Su mirada azul demostraba furia, no había nada más ahí que eso. Sabía que quería gritarme, sin embargo, me hablaba de una forma peor; susurrante y llena de odio. Sin quitar por supuesto ese ceño fruncido.

-Hay otro –sólo eso dijo con esa neutralidad desafiante. Y de por sí rabia. Mi respiración se agitó no entendiendo sus palabras cortas. Su rostro estaba a unos centímetros de mí y podía distinguir la rabia que tenía por lo que me tomaba con más vigor, no sólo ahora, sino todo el tiempo. Al menos desde que entró a mi departamento sin avisar, la diferencia era que lo fingía claro. Tragué saliva con dificultad, entonces luego de un instante de una inspección de su mirada azulada, Nick me soltó con fuerza haciendo que casi me cayera. No podía tolerar ese tipo de actitud de parte de él, y algo en mi interior me decía que esa forma de tomarme no era nada. Era sólo el maldito comienzo.

-¿Qué mierda te crees? –Pregunté entre asustada y colérica cambiando mi vista hacia él, acariciando mi parte baja de mi semblante, que por demás sabía que podía estar roja por la potencia que tenía la mano de Nick. Él no respondió y otra vez, sorprendiéndome, se fue de mi departamento a la velocidad de la luz en pocas palabras. Sin darme ninguna explicación, y de por sí dando un fuerte portazo antes de irse. ¿Qué demonios había pasado? ¿qué había sido todo eso? Nick, no sabía quién era realmente y me asustaba averiguarlo. Estuve un buen momento sin hacer ningún movimiento pensando en esa actitud y por supuesto en casi la misma conducta que tuvo hace semanas. Suspiré.

Él definitivamente, era un hombre peligroso.



Caleb

Tenía entre manos mi celular, lo miraba pensando o no en lo que haría. En cualquier momento pensaba que iba a cobrar vida o alguna mierda tonta parecida. Pero no, en realidad estaba concentrado y viendo mis opciones para llamar. Estaba estresado, todo el maldito día he estado en lo mismo, joder. Los pelmazos de Eric y Jessica estaban con mi hermana planeando hacer una pizza para disfrutar el fin de semana, Matt llegaría un poco más tarde por la tienda así que no estaba preocupado por eso.

Bufé precaviendo que no haya moros en la costa. Mi hermana y los invitados estaban abajo en la cocina y yo en mi cuarto. De por sí era un poco inútil hacer eso. Bien, me decidí después de un rato. No lograba nada si no me arriesgaba ¿no? Marqué el número y esperé a que contestaran. Tres veces sonó, antes de respondieran. Joder.

-¿Hola? –Suspiré al oír su voz. Era una mierda, de verdad hasta eso me volvía loco de ella. Estaba mal.

-Christine, soy yo Caleb –Pasó un gran instante de silencio a través de la otra línea. Sabía que no había cortado, aún sentía su respiración. Exhalé, entre nosotros, sobraban las palabras.

-Hola –habló apenas. Se notaba un poco nerviosa, aunque yo no estaba de forma diferente. Tragué saliva.

-¿Cómo estás?

-Bien, algo así –La sentí titubear. Algo no muy común en ella, me hiso fruncir el ceño –¿Y tú? –Traté de ignorar su actitud de nerviosismo, se me hacía difícil pero de igual forma le respondí.

-Pues muy bien. Melanie está con los chicos preparando una pizza y yo, bueno, es divertida la situación –Tartamudeé, mierda. Christine esperaba que le diera una explicación por celular del por qué la llamaba un día sábado, cuando comenzaba anochecer y sin habla alguna dispuesta a salir de mi boca –Estaba pensando, tal vez si quieres, que podrías venir con nosotros. Como fin de semana ¿no crees? –Hubo un silencio más en la línea telefónica. Supuse que estaba pensando la invitación y su respuesta. Estaba nervioso, parecía un niñato a punto de invitar a salir a la chica de sus sueños. Aunque se parecía bastante a la situación, no podía diferir bien si yo era el niñato entre todo esto. La escuché suspirar.

-No creo que pueda. Perdón –Respondió inquieta y yo quise romper mi pared. No podía obligarla a nada, pero aún no entendía su comportamiento. Después de todo, estaba en absoluto aceptado nuestros sentimientos o algo así.

-Lo siento si sueno insistente pero ¿por qué? ¿hay algún problema? –Mi curiosidad era uno de mis tantos defectos. No la veía, pero sabía que se había mordido el labio ya que de por sí, se notaba nerviosa. Me corrompí al pensar que estaba con Harrison.

-No, ninguno. Digo, más o menos –Se enredó en su propio círculo de palabras. Nuevamente suspiró, estaba acongojada por algo –Caleb –me llamó luego un instante.

-¿Qué es lo que ocurre Christine? –Quise saber sin pelos en la lengua, me había puesto serio de un momento a otro. Si algo le pasaba a Christine juro por Dios que era capaz de todo. De nuevo un silencio inminente se provocó, estaba más que seguro que estaba mal.

-Sé que no es un buen momento para esto pero… ¿Puedes venir? –Preguntó aún más nerviosa de lo que la sentía. Me quedé un instante pensando, los chicos estaban en casa ¿no? Cuidarían de Melanie, que era lo primordial mientras yo iba al departamento de ella. No había complicación en ese sentido, y hasta este punto era capaz de todo por saber lo que pasaba con Chris y hacer lo posible por hacerla sentir bien. Terminé asintiendo.

-Voy para allá –Corté de inmediato mi celular y me coloqué mi abrigo. Estaba con una camiseta blanca sin mangas y sabía de sobra que me iba a ir a la mierda si iba a salir así con el frío que hacía. Bajé rápidamente para contactarme con los chicos, quienes aún estaban en mi cocina.

-Hey –les llamé la atención. Más precisamente a Eric y a Jessica. Melanie estaba sonriente en una esquina poniéndole condimentos a la pizza mientras que los pelmazos sólo se dignaban a mirarla con entretención. Giraron sus vistas hacia mí –Tengo que ir hacer algo importante ¿les molesta si se quedan con Mel un rato? –Eric me miró con diversión y ojos entrecerrados. Supo de inmediato al ver mi cara de angustia y nervios, mierda.

-Claro que sí pendejo. Nosotros cuidaremos a tu hermanita, no te preocupes –Me habló con confianza mientras me miraba entre sospechoso y entretenido. Jessica se acomodó su garganta un poco incómoda, joder ahora qué pasaba.

-¿Pasó algo con la tienda? –Preguntó curiosamente la pelirroja. Fruncí mi ceño, serio, estaba ansioso por ir donde Christine y esto sólo me retrasaba. Negué –Entonces ¿A dónde vas? –Aceptaba si Melanie me preguntara eso ya que era mi hermana, pero por lo que veía le importaba un pepino. El tema era Jessica y que cualquier tema personal mío, no le incumbía. Eric me interrumpió antes de que le respondiera.

-¿A dónde crees tú? Irá por su doncella –Respondió divertido haciéndome rodar los ojos. Gracias, imbécil. Melanie por primera vez sacó su vista de su creación italiana para verme sonriente, mi mirada ignoró la de Jessica quien me observaba totalmente blanca.

-¿Irás con Christine? –Pronunció mi hermana con ojos de ilusión provocando más tensión en el ambiente. El tema se me fue de las manos por lo que bufé sin responderle. Jessica no me despegó la mirada de impresión y consternación, la seguí ignorando. Terminando el tema desde ya, le di un leve beso en la frente a mi hermana despidiéndome y con los chicos sólo hice un saludo de mano al aire al cual sólo respondió Eric con una sonrisa estúpida. Jessica aún estaba en su mundo.

-Caleb –llamó una voz femenina detrás de mí, impidiéndome salir de mi casa. Joder, tenía el pomo de la puerta de salida justo en mi mano. Quería irme. Me giré sobre mis talones para ver a la autora pelirroja del llamado.

-¿Sí?

-Te vas donde ella ¿verdad? –Preguntó con cautela y apenas en un susurro. Rodeé los ojos de nuevo, suspirando ¿Acaso no entendían que ese tema no le incumbía a ninguno más que a mi hermana? No le respondí. Sólo me digné a girarme sobre mis talones otra vez –Sabes que no te corresponde –Apreté mi mandíbula.

-Adiós Jessica



(…)



-Hola –dije mientras la veía en la entrada de su puerta. Ella me veía afirmándose de un lado de la entrada, sonriéndome levemente. Estaba más sexy que de costumbre. Una bata de seda color plata poseía su cuerpo, además de lo corto que era haciéndole ver sus torneadas piernas. Nada más que eso poseía, joder, estaba más que hermosa.

-Hola –Respondió en un susurro que jamás se me olvidaría. Me hiso un gesto para que entrara. No sabía si saludarla con un leve beso de mejilla o un verdadero beso, que por cierto, me moría por darle. Elegí la segunda opción. La besé levemente cuando di un par de pasos hacia ella, con ternura y casi sin hacer de nuestras lenguas una guerra, sólo un roce. Christine tomó mi cuello con suavidad aceptándome y respondiendo de igual forma. No fue un beso largo ni pasional, sino, algo pequeño pero con una infinidad de sentimientos de por medio. Se separó un poco agitada y aun mirándome sonriente, sin embargo, sabía que había algo más –Vamos, entra –susurró. Ni siquiera me había dado cuenta que nos habíamos quedado en la entrada de su departamento besándonos. Asentí embobado.

Sentí como cerró su puerta detrás de mí, a paso lento fui a su sala de estar y vi que su televisor estaba encendido y viendo una película que estaba en pausa. Más precisamente El Cisne Negro. Sentía que hace mil años no venía a este lugar, me giré para poder verla observándome. Dios, era increíble que con cualquier gesto que hiciera era hermosa.

-¿Quieres algo para tomar? –Preguntó luego unos minutos de observaciones cómplices. Vi que quería reír ante eso pero no lo hiso. Negué con la cabeza, sin sacar la sonrisa de idiota de mi rostro.

-No, gracias –Suspiré. Christine con lentos pasos fue hacia su sofá y se sentó –¿Qué has hecho hoy?

-Pues nada. A veces llega el momento en el que sólo te dan ganas de estar en tu sofá, todo el día y sin nada que hacer. Sin preocuparte por nada, supongo que eso fue lo que me pasó hoy –Levantó sus hombros. Asentí entendiéndola –¿Y qué has hecho tú?

-Soportar visitas –Reí levemente –Más precisamente de Eric y Jessica –Christine resopló riendo ligeramente. Me quedó mirando un instante, sin despegar su mirada verdosa de mí. Sentí escalofríos, no podía mentir.

-Ven –Me dijo señalando a su lado del sofá, cambiando de tema. Estaba loco, no sabía si podría controlarme. Fui de inmediato. A quién engañaba, iría de ida y vuelta hasta el infierno por ella.

Estuvimos en silencio un rato. Christine se estiró hacia atrás en el sofá exhalando. No sabía que pasaba por su mente en todo este silencio pleno, sin embargo, quería saberlo y ayudar desde luego.

-¿Qué te ocurrió hoy? –Pregunté con cautela, sin despegar mi mirada de ella. Como ella tampoco se despegaba de la mía. Como dije, entre nosotros las palabras sobraban –Te noté nerviosa por celular –Christine asintió, confirmando mi teoría por supuesto. Cambiando su semblante a uno serio de por sí.

-Vino Nick –Mi gesto de relajación se fue a la mierda. Tragó saliva –No te he dicho esto pero, ese hombre no es igual al que conocí hace diez años –Fruncí mi ceño. Era cierto que odiaba el hecho de hablar de él, pero ya qué. Christine era lo importante.

-¿Te ha hecho algo? –Pregunté de inmediato. Su mirada divagó con nerviosismo por un instante, me puse en alarma en un segundo. Si ese hijo de puta de dignaba a tocarla, era capaz de descuartizarlo, sin bromear.

-Bueno, no –Titubeó. No supe si creerle en verdad. –Pero se ha comportado de forma extraña. Comenzando por sus celos y eso, eso es algo que me intimida en cierto punto –Dijo mirando un punto fijo. Suspiré por lo que en un movimiento rápido y ella sin esperarlo, la abracé provocando que cayera de espaldas en el sofá y yo encima. Era más alto que ella así que no me costó hacerlo. Christine de inmediato me abrazó colocando una pierna desnuda en mi cintura y sus manos en mis hombros. No sin antes escucharla reír hermosamente ante mi inesperada acción. Yo sólo me digné a abrazarla y poner mis brazos a cada lado de su cabeza para que estuviera cómoda.

-¿Por qué no lo dejas y así evitas todo esto? –Le di un pequeño beso, no pude evitarlo. Christine me miró pensativa.

-Estaba pensando en eso –Suspiró. Le sonreí jugando con sus labios exquisitos –Él y yo no tenemos nada en común. Sólo algo superficial –Asentí de acuerdo, vaya que estaba de acuerdo. Nuevamente la besé, joder, estaría todo un día besando esos labios sin respirar y juro que jamás me cansaría.

-Christine –Me separé con lentitud de nuestro beso tierno para llamarla. Quería que todo estuviera claro desde ahora –¿Me quieres? –Su mirada me inspeccionó curiosa, con una sonrisa preciosa. Estaba de acuerdo de que jamás me olvidaría de este momento.

-Sí Caleb, te quiero –Entonces recién me había dado cuenta de que estaba completamente feliz. Christine lo había aceptado y fue lo más maravilloso del mundo haberla escuchado decir esas hermosas palabras. Mis ojos no pudieron haberla mirado con más admiración e ilusión que en ese minuto. Christine me tenía a sus pies y era increíble.

-No tienes idea de lo feliz que me haces –Susurré sincero mirándola fijamente. Sus ojos brillaron. Era hermosa, la criatura más hermosa que haya visto, joder.

-Tengo que confesarte algo –Dijo de igual forma. Fruncí mi ceño divertido, nada podía empeorar mi humor. Estaba feliz, mierda. Por fin me sentía así, como ese sentimiento del que todos hablan y anhelan tener. –El día en que ingresé a la tienda y vi tus ojos, me hipnotizaste por completo –La miré entretenido.

-¿De verdad? –Pregunté en un tono bajo. Lo sabía en cierto punto, cada vez que me miraba lo que más me inspeccionaba era eso. Asintió un tanto sonrojada.

-Sí –Exhaló, irónicamente, mirando mis ojos –Son azules, grandes y profundos. No recuerdo haber visto algo más bello que eso antes –No mentía, lo comprendí en un instante. Le sonreí, y yo realmente no recordaba haberme sentido más pleno que tenerla en mis brazos.

-Christine, hablo en serio. Juro que me haces feliz –Nunca creí habérselo dicho alguna vez. Su mirada brilló aún más. Me acerqué más a ella y ladeé mi cabeza de un lado a otro, provocando que su nariz se rozara con la mía. Era más que placer, era el placer de estar con ella. –Te quiero –Susurré, volviendo a besarla con lentitud. Incitando sus suspiros. Me relajaba el hecho de saber que por fin nos hablábamos con la verdad. Sin rodeos y era lo más lindo. Me robé su aliento, juntando mis labios con los suyos pausadamente. Casi sin rozar nuestras traviesas lenguas. Sus manos me tomaron del cuello para que no me separara y realmente, nunca pensaba hacerlo. Mis manos estaban a cada lado de su rostro, precaviendo no dañarla con todo mi peso sobre ella –Dilo de nuevo –Alcancé a susurrar entre cortos besos. Christine sabía a lo que me refería.

-Te quiero Caleb, mucho –Pronunció también en un susurro sin despegar nuestros labios. Le sonreí entre besos. A la mierda todo, ella era la mujer de mi vida. Sé que era loco, pero sentía eso en mi pecho joder.

-Y yo a ti –Volví a besarla. Más pasional que antes, con ella me descontrolaba y me encantaba así. Christine se separó levemente de mí, sólo a centímetros. No había nada más que curiosidad en su vista.

-Caleb –Titubeó apenas –¿Te quedarías conmigo esta noche? –Mis sentidos se fueron a la mierda para mirarla impresionado. La vi tragar saliva nerviosa. No me esperé esa pregunta, tal vez por la emoción y la ansiedad. Alguna otra cosa debería ser ya que, me gustó que me hiciera esa pregunta. Sin embargo, me dejó un poco confuso.

-¿Qué? –Levantó sus hombros, apartando su vista tímida dirigiéndola hacia abajo.

-Me gusta que estés conmigo. Y bueno, ya que no te voy a ver tres días en la semana, no me gustaría que te fueras ahora –Suspiró sin mirarme. Parecía una niña tímida y joder, me encantó de igual forma. Terminé por sonreír pensando en mi hermana. Ella estaría con los chicos y confiaba en ellos en cualquier sentido, sólo bastaba que hiciera una llamada para que la cuidaran. Podía con eso ¿no? Ahora el tema de tenerla a tan sólo unos pocos metros lejos de mí, no sabía si podría tolerarlo.

Con una mano hice que levantara su rostro y me mirara nuevamente, como lo hacía al principio. Reí ligeramente viendo que estaba sonrojada.

-¿Qué clase de idiota sería si no aceptara? –Christine terminó por reír de esa manera tan especial que me dejaba loco. Dejó de hacerlo en un segundo, algo le pasó por la mente que la sacó de esa sonrisa hermosa.

-Pero ¿qué pasará con tu hermana? ¿Quién la va a cuidar?

-No te preocupes por eso. Eric y Jessica la están cuidando, luego va a llegar Matt. Confío en esos imbéciles –Ella asintió riendo un momento. Sonreí travieso pensando en una cosa fascinante –Y bien… ¿Dónde dormiré? –Alcé ambas cejas al mismo tiempo provocando una señal en doble sentido. Christine abrió los ojos divertida e impresionada.

-Eres increíble –Dijo sin creerlo. Se levantó separándome. Haciendo que me sentara y ella quedando a mi lado. No pude evitar reír ante su reacción –Pero no te voy a dejar dormir en el sofá. Sería muy maleducado de mi parte –Susurró en mi oído mirándome de una forma totalmente contraria a la que me miraba hace unos segundos. Al momento en el que se sentó y yo igual, ella se acercó a mí para decirme aquello. Era increíble. Volví a sonreírle travieso, me gustaba ese juego.

-Y bien ¿Dónde? ¿Dormiré acurrucado al lado tuyo? ¿En tu cama? –Me arriesgué a preguntar, abrazándola por la cintura. Ella me miró con una sonrisa levantando sus hombros.

-No lo sé ¿Dónde quieres? –Esa pregunta era fácil.

-Cualquier lado en donde te encuentres tú –Susurré hablando con sinceridad. Sus ojos brillaron.

Supe la respuesta de inmediato.



(…)



Su cama era un poco más grande que una matrimonial. Sin embargo, sea como sea, no dormiría separado de ella. Eran casi las doce de la noche y al estar todo el resto la tarde viendo películas y besándonos nos llegó el sueño. Pero a la vez, el nerviosismo nos despertó. Christine estaba en su baño mientras yo comenzaba a quitarme la camiseta y los jeans rasgados. Normalmente dormía en bóxer, lo cual no era extraño que lo estuviera haciendo ahora. Después de todo no estaba completamente desnudo ¿no? Me estiré en su cama, me cubrí con un par de sábanas y esperé suspirando. Tenía que confesar que aquello no se veía todos los días.

La puerta de su baño se abrió haciéndola ver aún con su bata. Apagó la luz de su baño para verme, la veía un poco nerviosa y a quién engañaba yo, estaba igual. Luego abrió sus ojos como platos.

-¿Estás con bóxer? –Preguntó impresionada. Asentí titubeando, mierda.

-Perdón, es que acostumbro a dormir así y pensé que –Joder, quería enterrarme bajo tierra. Estaba tartamudeando nervioso. Alguien de verdad debería pegarme un tiro –Lo siento Christine si te incomodó, me pondré mi pantalón y –Ella negó al instante interrumpiéndome.

-No te disculpes. No me incomoda es sólo que yo también esto, eh –Suspiró tomándose su frente. Caminando hacia el otro lado de la cama. La ansiedad me estaba carcomiendo. Ella no siguió con su explicación así que sola la miré… sacándose su bata.

Santa madre. Era el único pensamiento coherente que existía en mi mente. Al menos eso y la imagen de ver a Christine en ropa interior blanca, totalmente sexy. Su abdomen era totalmente plano, sus senos no tenía poco volumen como tampoco tenía tanto y sus piernas, Dios, sus piernas eran un tesoro bien torneado. Sin duda era una afrodita en vivo y en directo. La alcancé a ver unos segundos para después verla escabullirse rápidamente a su cama. Precaviendo que no la mirara tanto. Su sonrojo era notorio. Eso ya que la luz tenue de su lámpara me ayudaba a verla. Le sonreí levemente

-¿Estás bien? –Asintió un poco cohibida. Al menos ya se había metido a la cama, un poco lejos de mí, pero lo suficiente para tenerla a una distancia. Lo cual era bueno ya que así no pudo sentir lo que tenía entre mis piernas en ese instante. No me sentía orgulloso de aquello, en serio –¿Tú también duermes en ropa interior no? –Pregunté divertido a lo que ella había hablado antes. Siendo sincero no quería acercarme mucho porque tenía vergüenza que notara mí, esto, erección. Volvió a confirmarlo.

La sentí suspirar. Dirigió sus tímidos ojos verdes oscuros hacia mí.

-Caleb –Susurró apenas. Me coloqué de lado para mirarla con atención –Abrázame –Pronunció. Titubeé un momento pensando irónicamente en el bulto que tenía y cómo demonios podría ocultarlo. Pero a la mierda, ella me pedía un abrazo y con el gusto infinito yo lo haría. Christine se colocó de espaldas hacia mí y yo con cautela la abracé con un brazo pasando por su cintura. Quedando con mi pecho firme junto con su fina y suave espalda. De por sí estaba más que seguro que ella me sentiría en toda mi virilidad, pero mientras no hiciera algún comentario, yo no diría nada. Ni de mierda.

Vi que se incomodó un poco con aquello y me terminé sonrojando. Qué podía hacer, era hombre ¿no? Lo bueno es que no me veía el rostro y me daba la espalda, así no tenía que pasar más vergüenza. Así que para poder sacar todo esto a otro lado, sin poder evitarlo, besé su cuello. Lo tenía a completa disposición frente a mí y era la tentación en vivo. Provoqué un leve gemido en ella que me dejó en otro universo.

Le di un tierno y largo beso cuando giró su rostro hacia mí, fue de buenas noches lo que me hiso sonreír a la vez que lo hacía ella. Nunca en mi memoria olvidaría esta noche, lo juro.



Christine era todo para mí y ya no había nada que hacer al respecto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario