❝ Te quiero Christine Parker, más que a nada. Pero no esperes rosas ni chocolates de mi parte. Porque no llegarán ❞
sábado, 20 de diciembre de 2014
Capítulo 16 -Sensitive-
Christine
Sentí que una gran claridad atravesaba por poco las persianas, haciendo que un pequeño rayo de sol se sobrepasara y me iluminara despertándome. Entrecerré los ojos suspirando, ya era de día y por lo que vi un poco tarde. Llevé mi vista a lo que estaba debajo de mí y entonces recordé todo, provocándome sin evitar, una sonrisa. Caleb estaba durmiendo tan plácidamente que si tan sólo me moviera lo despertaría. Yo mientras tanto, reposaba sobre su pecho duro y firme. Sonreí abiertamente.
Ese chico realmente era guapo. Pero no una belleza típica de modelos masculinos de revistas, sino algo más común y sin embargo, algo que no veías todos los días. Su rostro demostraba relajación y tranquilidad, su cabello ondulado estaba totalmente desordenado, incluso más de lo que lo tenía generalmente. Lo único que no pude contemplar en ese instante fueron sus inigualables ojos. Exhalé. Bajé mi vista hacia su pecho y luego a sus abdominales. Como siempre he dicho, él no tenía unos abdominales exageradamente marcados, sólo bien definidos y me encantaba.
Un momento después y como si fuera un fuego artificial estrellándose en mi mente me hice una pregunta a mí misma. Tal vez sonaba un poco osada, pero fue algo de mis pensamientos y mi curiosidad como mujer. ¿Cómo sería hacer el amor con Caleb? Sin bien sabía que él no tenía ninguna experiencia la cual tenga que ver con el tema, sin embargo me daban ganas de indagar en eso. A ese chico lo quería, lo había confesado y no había nada que hacer para negarlo o impedirlo. Era lo más verdadero que he dicho y sentido en mi vida. Nunca me sentí querida más que por mi padre y luego quise a esos hombres que sólo me hicieron daño. Conocía ese sentimiento a medias y ahora que lo veía a él, frente a mí descansando, sabía que lo conocía por completo.
Acaricié con lentitud y suavidad su pecho con mi dedo procurando no despertarlo. Pensándolo bien, imaginándome a Caleb y a mí queriéndonos en toda nuestra virilidad me causaba un escalofrío inconfundible. Suspiré, pero no era el momento para pensarlo. Aunque no me culpen, yo estaba en ropa interior y él en bóxer en ese instante, ambos casi desnudos. No era algo que pasara por ignorante frente a mí. Me acomodé nuevamente en su pecho. Sus brazos me rodeaban instintivamente, no dudaba ni un poco que me acostumbraría a esto seguido. Sonreí levemente moviéndome para estar más confortable contra él, dispuesta a seguir durmiendo.
Hasta que sentí un movimiento ajeno a mí. Con mi vista baja y no a la altura de su rostro, logré escuchar su bostezo. Tuve ganas de reír ante su forma graciosa de hacerlo, luego de unos segundos subí mi mirada hacia él quien me miraba maravillado y a la vez, sin poder creerlo. Si hubiera tenido una cámara joder.
-Estoy en el cielo ¿verdad? –Alcanzó a decir en un susurro soñoliento que casi me hace reír. Caleb terminó por sonreírme abrazándome aún más de lo que me tenía rodeada con sus brazos. Con suavidad me besó, supe que lo hiso para cerciorarse que ambos estábamos ahí, realmente –Creo que nunca me he despertado más feliz que ahora –Dijo cuando ya nos habíamos separado. Con una sonrisa traviesa, mordí ligeramente su labio inferior. Irónicamente me estaba volviendo adicta a sus labios. Él rió.
-¿Cómo amaneciste? –Pregunté cerca de su rostro acariciando con mi mano ahora su pelo desordenado, sinceramente, al pasar mis dedos por ahí desaparecían. Así de revuelto estaba, aunque no dejaba de estar guapo y eso de verdad lo encontraba increíble. Me encantaba, Dios. Sus brazos me tenían presionada aún contra él.
-¿Cómo crees tú? Desperté al lado de la chica más hermosa que existe. No tengo palabras –Respondió con una sonrisa jugando con mis labios. Me terminé sonrojando como una colegiala.
-Pues yo debo admitir que te ves muy lindo durmiendo –Susurré divertida. Él entrecerró los ojos.
-¿Me estabas viendo dormir? –Preguntó gracioso pero sin sacar esa pizca asombro –De todas formas, supe que te gustaba mirarme desde que entraste a mi tienda. Soy demasiado lindo –Habló engreído. Reí, sin poder creerlo.
-Que engreído eres –Negué con mi cabeza entretenida. Caleb sonriente y con destreza logró voltearme, dejándome debajo de su cuerpo. Pude sentir ese “algo” que tienen todos los hombres al despertarse por la mañana nuevamente. Anoche también lo pude sentir cuando me abrazó, sin embargo, preferí no dar ningún comentario como ahora. Supuse que sería algo incómodo hablarlo en ese instante, en esta situación, ambos casi desnudos. Como dije antes, no era momento para pensarlo.
-Estaba pensando en algo –Dijo cerca de mis labios. Despertando completamente, aún tenía signos de recién haberse despertado y era un tanto gracioso –Desayunemos juntos, prepararé todo y tu único trabajo exclusivo será estar en cama ¿Qué te parece? –Abrí mis ojos sorprendida y a la vez encantada. No recordaba la última vez que un hombre me trajo el desayuno a la cama, eso era un gesto muy tierno y de piel. Y estaba claro que esas características iban con la situación en la que estábamos Caleb y yo.
-¿Harías eso? –Hablé sin creer. Él me frunció su ceño
-Haría eso y mucho más por ti Christine –Suspiré. Entendí que los sentimientos de Caleb eran reales, había algo en mi pecho que me oprimía cada vez que él decía cosas como esas. Que en pocas palabras confirmaba las sensaciones. Reí luego de unos segundos.
-Al menos ¿sabes cocinar? –Pregunté divertida. Me miró como si se hubiera ofendido, irónicamente claro.
-Por supuesto que sí. Cuando estoy con Melanie ¿Quién crees que cocina? ¿Mi chef personal? –Bromeó para luego robarme un pequeño beso. Al parecer ambos no podíamos dejar de hacerlo.
-Ahora sí, definitivamente me siento una fracasada –Frunció su ceño no entendiendo mi resoplido de niña pequeña.
-¿Por qué lo dices?
-Porque ni siquiera sé lo que es hacer algo por el estilo. Hasta hacer un huevo frito me sale mal –Refunfuñé, él me miró sorprendido.
-¿De verdad? –Preguntó, supe que estaba a punto de reírse. Bufé asintiendo. –Pero ¿Tú madre nunca te enseñó a hacer ese tipo de cosas? –Negué a punto de lanzar una carcajada burlándome. Tan sólo el hecho de imaginarme a Leslie Parker friendo un par de papas me causaba gracia hasta más no poder, aquello no sería posible, nunca. Ni en un millón de años. Él se puso serio de un momento a otro. Algo se le pasó por la mente en un instante inesperado.
-Nunca me has hablado de ella –Comentó en un susurro serio y curioso. Levanté mis hombros, él aún seguía encima de mí por lo que no había alternativa que mirarlo a los ojos.
-No encontré que fuera importante
-Claro que lo es –Bufó –Una madre es importante, para cualquiera –Noté que su mirada cambió con lo último, más precisamente a una melancólica. Suspiré resignada.
-No hay mucho que decir, sabes –Tragué saliva –Su nombre es Leslie. Digamos que es una mujer bastante refinada. Estricta y sobretodo rica. Jamás ha lavado un plato en su vida y estoy más que segura que no piensa hacerlo hasta que muera –Dije simplemente. Él no dejaba de mirarme fruncido, como si no creyera lo que decía.
-¿Por qué hablas tan fríamente de ella? –Entrecerré los ojos.
-¿Fría? Sólo digo la verdad Caleb. Mi madre es así y ya ¿no? –Levanté de nuevo mis hombros. Caleb no dejaba de mirarme curiosamente. Exhalé, no se rendiría fácilmente. Era una virtud y a la vez un defecto aquella característica terquedad suya –¿Qué es lo que quieres saber?
-Todo. Háblame de tus padres Christine –Respondió con rapidez e inquietud. Asentí rodando los ojos, este tema siempre sacaba mi impaciencia y a la vez mi intolerancia.
-Mi padre comenzó desde muy joven a aprender las cosas sobre ser un inversionista gracias a mi abuelo. Gracias a eso ganó una gran fortuna y créeme cuando te digo una gran fortuna Caleb. Unas cifras que no te podrías imaginar –Asintió escuchándome atentamente –Cuando estaba en la cúspide de su vida conoció a mi madre. En ese momento ella trabajaba de modelo en distintas compañías y bueno, estaba casada. Para cuando ya se habían enamorado y todo ese cuento de hadas, Leslie le pidió el divorcio en ese entonces a su marido y se separó completamente para poder estar con mi padre –Exhalé tragando saliva –Tiempo después se casaron e inesperadamente ella se embarazó de mí. Su carrera como modelo se fue al excusado una temporada, luego de tenerme volvió a cumplir con su carrera soñada pero nunca fue lo mismo. Tenía que ocuparse de mí ya que mi padre trabajaba día y noche para aumentar las cifras infinitas que cada día ganaba.
-Pero si tenían dinero ¿Por qué ella no contrató a alguien para que lo hiciera mientras ambos trabajaban? –Negué
-Mi padre era muy desconfiado y celoso conmigo. No quería que nadie me cuidara excepto mi madre o él, simplemente no confiaba en alguien extraño –Asintió entendiendo. Él más que nadie debería entenderlo ¿no? –Siguiendo, bueno. Mi padre dejó su trabajo ya que encontró que todo lo que tenía era suficiente. La fortuna que había adquirido era tan abundante que podía llegar a comprar Chicago por completo, dos veces. No lo voy a negar, siempre viví bien económicamente. Más que bien diría yo. A Leslie no le pareció aquello, aunque, a mi madre no le parecían muchas cosas. Empezando por haber dejado su carrera culpándome a mí por aquello.
-¿Te lo decía? –Abrió los ojos sorprendido.
-No directamente. Pero siempre lo insinuó, desde que yo era pequeña –Suspiré –En sí era buena. Nunca se despreocupó de mi aspecto y eso era todo, incluso se lo agradezco. Mi padre era el que se encargaba de enseñarme de la vida y con quien me podía desahogar de todos mis problemas. Después de haber dejado su trabajo de inversionista se volvió adicto al tabaco y ya sabes, el final de esa historia. Cuando me fui de casa tenía 18 años, no podía seguir viviendo una mentira en esa casona. Tanto Leslie como yo sabíamos que no vivíamos bien juntas. Alyssa me ayudó a encontrar este departamento y quise estudiar. No podía y tampoco quería seguir los pasos de mi madre. Quería ser profesional y conseguir un título para vivir bien conmigo misma. Aunque no lo necesitara –Tragué saliva. Se me estaba comenzando a secar la boca, joder –Luego de que mi padre muriera, él increíblemente me heredó el 60% de todos sus bienes, de todo el dinero que tenía acumulado en todos sus años de inversión. Sin embargo, lo he ocupado para lo esencial en mi vida y ahí está, en el banco. Una gran cantidad. Muy pocas personas lo saben y es que tampoco he puesto aquello como primordial. Nunca me importó, porque, demonios. ¿Qué ganaba con todo ese maldito dinero? ¿Acaso aquello me devolvería a mi padre? Él siempre decía que aunque tuvieras toda la plata del mundo, el amor va primero. Y mientras tenga eso claro, el dinero es sólo un billete vacío.
-Tenía razón –dijo asintiendo de acuerdo luego de un instante. –Pero entonces ¿Tu madre se quedó con el 40%? Eso es un poco extraño, considerando que tu madre era su esposa. Se suponía que debería haber una igualdad o algo –Comentó fruncido. Estaba escuchando todo completamente atento. Asentí.
-Lo sé. Yo también lo encontré extraño –Exhalé –Pero él confiaba en mí y sabía que lo usaría para mejor. Leslie no, ella simplemente lo utilizaría para ella y sus conveniencias. Papá la amaba, pero eso no quitaba el hecho de que encontrara que era ambiciosa. Por cierto ¿Te he dicho que se ha casado cinco veces? –Abrió sus ojos asombrado. Sonreí burlona –La primera vez con ese hombre el cual te conté. Se enamoró de mi padre y lo dejó. Luego vino papá, y para cuando éste murió sólo guardó cinco miserables meses de luto para casarse de nuevo. Y lo peor es que lo hiso con imbéciles de primera
-Wow –Resopló con una sonrisa divertida, rozando levemente su nariz con la mía causando un cosquilleo. Le sonreí – Se podría decir que tu madre es Elizabeth Taylor 2.0 ¿no? –Rió ligeramente. Levanté mis hombros
-Hoy en día está dedicada a diseñar moda y está casada con un corredor de bolsas. Su último quinto esposo. El cuál es el primer hombre con quien lleva más tiempo casada después de mi padre, claro –Fruncí mis labios –Aunque espero que sea el último –Él asintió ahora un poco más serio.
-Eres una chica fuerte. Cada día me impresionas más –Dijo mirándome directamente a los ojos. No pude negar el hecho de que me dio escalofríos –Nunca pensé que hayas pasado por tanto –Acaricié su cabello con mis manos al poner mis brazos alrededor de su cuello. Negué con mi cabeza.
-Caleb. Todos hemos pasado por algo que nos marca para bien o para mal, todos. Nadie se salva de aquello –Dije mirándolo. Él, seriamente asintió sabiendo a qué me refería. Quedándonos unos instantes en silencio, nunca, increíblemente nos quedábamos en un silencio incómodo. Era como si nos comunicáramos sin palabras.
-Tal vez –Susurró jugando nuevamente con mis labios. Me tenía a su merced, cueste lo que cueste. Aquello no era bueno para mí, Dios. Se relamió sus labios provocando que nos rozáramos de una manera exquisita. Le robé un pequeño beso al decirlo. A lo que él desde luego no me dejó separarme, reí ligeramente entretenida. Respondí a su beso apasionado con vigorosidad, su lengua entró con brusquedad en mi zona bucal y la acepté con la mía gustosa. Comenzamos una batalla de lenguas colonial. La respiración se me agotaba, ese chico realmente besaba bien y no era tan sólo un beso. Sino que en cada suspiro que nos aguantábamos, ambos sabíamos que nos queríamos. Fuera de la forma que fuera.
Lentamente y sin esperármelo, el beso se tornó cada vez más intenso. Mis manos sujetaban con fuerza su cabello. Las manos de Caleb bajaron para acariciar mi cintura delicadamente, aquello me hiso gemir. Sentir esa caricia tan íntima de la mano del castaño en mi piel desnuda me hizo sentir cosas, cosas que estaba segura que tanto él y yo no estábamos listos para hacer en ese momento. Sin embargo, no lo detuve. Al contrario, sólo digné a hacer algo que probablemente no estaba dentro de mi cordura. Con mis manos traviesas fui bajando desde su ancha espalda hasta su cintura para después acariciar su trasero por encima de su bóxer. Sé que fue algo osado, pero no comparado con lo que Caleb hiso después de aquello.
Con su, ya, notoria erección; comenzó a rosarse encima de mí. Lo cual fue casi como si activara un botón en mis censores que me hizo perder el conocimiento. Gemí como una loca cuando lo hiso justo en mi parte más delicada e íntima. El gruñó de igual forma. Enredé mis piernas alrededor su cintura para que lo sintiera mejor. Joder, estaba ansiosa y extasiada de placer. Cuando ni siquiera nos habíamos desnudado por completo. Todo eso se fue a la mierda en el momento en el que sus labios bajaron a mi cuello y comenzó a besar, chupar y morder esa zona vulnerable de toda mujer. Sin timidez comenzó a morder el lóbulo de mi oreja haciéndome gemir aún más. Me estaba volviendo loca. Con descaro comencé a bajar por la parte atrás su bóxer, haciéndome acariciar su trasero desnudo. Rodeé aún más su cintura con mis piernas presionándonos a ambos, quería que ese chico me llevara al abismo, sea como sea.
Luego de aquello salió de su escondite que tenía en la cavidad de mi cuello para verme a los ojos. Ambos agitados y acalorados. Me miró de una forma interrogativa, estaba pidiéndome permiso. Asentí, pero no de forma común sino contoneándome debajo de su cuerpo.
Qué más daba, estábamos solos y por lo que vi, ambos queríamos que pasara. En sí quería saber claramente que él lo quería, después de todo, yo sería su primera mujer. Con sus manos traviesas, acariciándome toda mi cintura y mi abdomen hiso que levantara mi espalda para darle acceso a lo que quería. Que por cierto, lo tenía bastante claro. Con dificultad logró tomar la parte de atrás de mi brasier para desabrocharlo con un poco de inconveniencia. Pero lo logró después unos largos segundos en donde hubieron risas y miradas cómplices entre ambos. Me sonrió hermosamente cuando había deshecho la unión. Con cuidado lo sacó de encima de mis senos para verme completamente, como Dios me había traído al mundo. Sólo de la parte de arriba claro. Le sonreí ante su mirada de hipnotismo al mirar mis pechos. Supuse que le gustaron porque no le quitó la vista de encima por un largo instante. De por sí, tuvo ternura al iniciar besando mi cuello de nuevo para ir viajando hasta su destino. Comenzó con el izquierdo primero, su lengua con habilidad que no pude comprender empezó a besar y morder aquella carne sensible de mí. Chillé como una desquiciada. Con mi cabeza hacia atrás gimiendo y mi espalda retorcida, lo incentivé a que siguiera. Demostrándole que era suya y tal vez, lo sería para siempre.
Con una habilidad impresionante jugó con su lengua y lo hiso sólo en mi seno izquierdo, pero lo suficiente para quedar en el cielo y estar completamente lista para él. Su mano subió hasta mi pecho derecho el cual estaba desocupado y comenzó a masajearlo mientras tenía toda su concentración en dedicárselo al otro. Sin embargo, durante su labor su vista estaba en mí y en cada acción de placer que demostraba. Supe que en cierto punto le excitaba mirarme así, dispuesta a él. Luego de minutos agonizantes en los que se dedicó a mi pecho izquierdo, fue por el otro. Repitiendo así la acción y lograr que estuviéramos extasiados hasta el extremo punto.
Gemía, no había nada más en mi cabeza que gemir. Caleb me estaba complaciendo en puntos que no sabía que tenía, joder. Me daba miedo pero a la vez, satisfacción absoluta. Minutos más tarde de dedicación a mis pechos, subió su vista a mí para besarme con vigor. Como si nuestras vidas dependieran de aquello. Su lengua en reiteradas ocasiones jugaba con la mía en una danza mortal. Incluso sentí que mis labios estaban cansados y mi respiración se iba a la mierda. Pero él quería seguir, no entendía cómo aguantaba pero no paraba.
Ahora era mi turno.
Mis manos fueron bajando con lentitud hasta la tira elástica del bóxer, lo bajé ligeramente provocando gruñidos de parte de él en los besos que me daba. Estábamos, al límite lo sabía. Continué bajando hasta que logré mi premio. Su miembro.
-Christine –Gruñó en mi boca como león enjaulado cuando lo tomé entre mis manos, para luego volver a besarme con vehemencia. Creo que fui un poco lejos y un tanto rápido pero ya qué ¿no? Nos gustaba y eso era lo que nos importaba. No pude ver su virilidad ya que la parte de la cintura para abajo, ambos, estábamos tapados. Sin embargo, lo pude sentir entre mi mano y terminé por deducir que mi alumno estaba bien dotado. Lo acaricié lentamente causando gruñidos animales de parte del chico, quien no paraba de besarme y aun así gruñir como bestia enjaulada. Sonreí. Nunca pensé sentir algo así. Me atrevería a decir que jamás sentí este tipo de placer con otro hombre, aquello era inigualable y ni siquiera habíamos llegado a la parte del sexo. Sus manos inquietas no me dejaban de acariciar tanto mis pechos como mi cintura y todas las demás partes de mi cuerpo. Después paró de golpe, paró de besarme dejándome fruncida. Me miró de nuevo interrogativo, esperando que le respondiera a la pregunta del millón. Sonreí, confirmando. Aunque yo también terminé mirándolo así, después de todo, él era el inexperto. Como respuesta él sólo rió para después besarme, también confirmando a mi pregunta.
Nos volvimos a besar con pasión, pero ahora sin dejar la ternura de lado. Saqué mi mano traviesa de su bóxer para estirar ambos brazos por encima de mí, sus caricias fueron bajando hasta llegar a mis bragas blancas y casi transparentes. Él me sonrió nervioso, yo también lo estaba, no podía negarlo. Con ligereza tomó los lados extremos de mis bragas dispuesto a bajarlas, le sonreí. Nada podía separarnos, lo supe de inmediato y casi lloré joder.
-Hola zorri… Ay santa madre –Escuché una voz chillona interrumpirse en un grito. Caleb y yo nos volteamos rápidamente para ver la entrada y la inoportuna intromisión de la persona. Me cubrí como alma que lleva el diablo con mis sábanas para cubrir mis senos y Caleb sólo se colocó a mi lado, gracias a Dios cubierto, pero sonrojado al ver cómo Alyssa entraba sin ninguna invitación a mi habitación. Vi como la morena mantenía los ojos como huevos fritos. Mierda y mil veces mierda. Maldije a la morena de todas las formas posible. Siempre, cada vez que venía le decía que me avisara joder.
-Alyssa, mierda –Maldije arropándome más con mi sábana, viendo la cara pálida de la morena. Ella sólo nos veía con cara de llorar de arrepentimiento, como una niña de cinco años
-Perdón –Repetía una infinidad de veces tapándose sus ojos, con su voz de niña pequeña y de por sí con su cara de arrepentimiento. Dirigí mi mirada a Caleb arrepentida mientras ella seguía pidiendo disculpas sin parar, él sólo me sonrió verdaderamente para robarme un pequeño beso. Le sonreí, no había problemas. Caleb, un tanto sonrojado terminó riendo con ligereza, casi en un susurro. Me hiso un gesto con la cabeza para pedirme permiso para usar su ducha. Asentí. Supuse que quería darse una ducha de agua helada. Él solo se levantó despacio para ir a la ducha con rapidez, sin tomar en cuenta que la morena seguía repitiendo aquella palabra. Yo sólo bufé rodando los ojos para luego tomar mi bata que estaba en el suelo para ponérmela –Perdón, perdón, perdón, perdón –Seguía repitiendo como un verdadero disco rayado. Me levanté para verla con los brazos cruzados –Perdón, perdón, perdón
-Alyssa –La llamé para que parara. Ella siguió con su palabrería
-Perdón, perdón, perdón
-Alyssa, por Dios cállate y abre los ojos –La morena los terminó abriendo con miedo –Ven, acompáñame –La tomé del brazo para llevarla a mi sala de estar. No había nada más en sus grandes ojos que arrepentimiento de una niña de cinco años. Sabía que estaba a punto de hacer un puchero.
-Perdón. Es que pasé a ver a mi hermano ya que mamá quería que lo fuera a ver junto con su esposa que por cierto está embarazada y quería venir a decírtelo por la emoción ya que voy a ser tía bueno ambas vamos a hacerlo ya que somos como hermanas y las hermanas se perdonan todo hasta interrumpir sus folladas ¿no? –Terminó haciendo una sonrisa angelical. Habló con tanta rapidez que no supe en qué momento no se asfixió por falta de aire. Rodeé los ojos.
-Sabes que no es eso.
-De acuerdo, sé que estás enfadada por no terminar de tener tu orgasmo y te entiendo, me ha pasado. Pero lo siento ¿sí? Entiéndeme Chris –Chilló haciendo un berrinche –Estaba emocionada por mi hermano y quería venir compartirlo contigo, no fue mi intención interrumpirlos
-Tampoco es eso Aly, por Dios
-Entonces ¿qué es? –Suspiré –Vamos, perdóname ¿sí? Sé que merezco una patada en el trasero y sabes qué, ya que eres como mi hermana e interrumpí tu momento, voy a dejar que lo hagas –Fruncí mi ceño sin entender.
-¿Qué? –Alyssa asintió dándose vuelta y arqueando su trasero hacia atrás. Arqueé una ceja sin creerlo
-Vamos hazlo, patéame, me lo merezco –Bufé de nuevo.
-Alyssa no seas ridícula, date vuelta –Ella como una niña pequeña lo hiso. Como lo deduje antes, terminó por hacerme un puchero –Ese no es el punto que me enfada, lo que me enfada es que no me avises cuando vienes. Porque si es por eso estoy considerando no dejar una llave de repuesto en mi tapete y darte así un acceso a mi hogar –Alyssa negó con rapidez.
-No me hagas eso ¿Y si te pasa algo? ¿O si te viene a violar un travesti loco? Dime, quién más que yo te va a venir a ayudar –Resoplé, la imaginación de mi mejor amiga rebasaba los límites. Terminé por cruzar mis brazos.
-Escucha –Hablé con determinación –Esta va a ser la última vez que no me llames cuando vienes, la próxima te quitaré las llaves de mi departamento ¿de acuerdo? –Ella asintió afirmando –Prométemelo Alyssa
-Lo prometo, lo juro por mi madre –Levantó su mano derecha demostrando un juramento solemne. Reí ligeramente sorprendiéndome del abrazo que me proporcionó.
-Y bien… ¿Cómo es eso de que Jared y Rosie están esperando un hijo? –Luego de esa pregunta en la que nombré a su hermano y a su esposa, la morena chilló como un bebé emocionado. Incluso palmeó rápidamente sus manos al demostrar excitación con el tema. Quise reír, Alyssa a veces era un chiste.
-Sí, Rosie tiene casi un mes de embarazo. Voy a ser tía ¿puedes creerlo? –Sonreí. De verdad, me alegraba por ella y su hermano.
-Me alegro mucho, de verdad. Ya era hora de que aquel pelmazo sentara cabeza realmente –Comenté. Era cierto, el hermano de Alyssa era un mujeriego de primera y saber que se enamoró por completo de aquella castaña para luego cambiar, daba mucho que agradecer. La morena asintió.
-Es muy gracioso que lo digas, después de haber follado con él –Bufé ante su réplica con su típica sonrisa burlona. Ese tema me tenía cansada. Cada vez que salía Jared de tema central de la boca de Alyssa, salía yo al margen recordándome lo que había pasado hace años. Antes de que conociera a Rosie.
-Aún no superas eso –Ella me miró sin creer.
-Ahora que lo pienso, no –Respondió sin sacar su sonrisa burlona –Créeme cuando te digo que casi vomito al escuchar desde mi habitación de mi propia casa, a ti y a mi hermano follar –Me habló acusadoramente recordando ese día, pero a la vez haciendo un gesto de asco. Levanté mis hombros con indiferencia, ese para mí ya no era un tema. Incluso apenas lo recordaba. Ella rió
-No te conviene molestarme Aly, tal vez reconsidere no dejar las llaves de mi departamento debajo del tapete después de todo –Hablé. La morena abrió los ojos sabiendo que hablaba en serio, luego me sonrió con ese estilo angelical que poseen las niñas para que las perdonen. Hiso un gesto con su mano imitando cerrar algo con llave, pero en su boca.
Estaba claro que ese tema no se volvería a sacar.
(…)
-Chris –Sentí una voz a mis espaldas. Caleb venía saliendo de mi habitación ya vestido y con su pelo ondulado mojado, dando a entender que estaba listo después de su ducha. Repentinamente me sonrojé al instante al imaginar el por qué se tuvo que bañar. Si no hubiera sido por la morena, quien se había ido luego de pedirme nuevamente perdón por lo sucedido, hubiéramos hecho cosas que no sabía si estaban bien o era el momento para aquello. Sin embargo me encantó saber que entre ambos, la pasión también era parte. La confianza sin querer se estaba reforzando llegando a un grado que sin duda, me daba miedo. Tantas cosas que tenía por decirle como también sentía que él callaba cosas que aún no salían de su boca.
-Llamó Jessica –Habló de repente tragando saliva, como si estuviera triste de ese hecho –Dijo que tenía que ir rápido ya que se tenían que ir y no querían dejar sola a Mel. Aunque siguiera durmiendo –Asentí de acuerdo. Melanie era lo primordial, no debía alejarlo de ella.
Le sonreí comprensiva.
-Claro, sólo déjame ir a dejarte a la puerta –Él asintió en silencio, un tan incómodo. Llegamos a la puerta y Caleb no me quitaba la mirada de encima como tampoco sacaba sus manos de sus bolsillos. Como si tuviera algo que decirme, yo estaba igual.
-¿Cómo estás? –Pregunté un tanto nerviosa. Me quise cortar la lengua por la torpe pregunta que hice. No lo pude evitar, de tan sólo imaginarme las cosas que estábamos a punto de hacer hace unos momentos. Él me miró de una forma tan extraña que no supe reconocer. Era como si me mirara, como si me mirara con amor. Caleb se acercó a sólo unos pocos centímetros de mi cuerpo. Volví a sonreírle.
-Más que bien. Ni siquiera sé cómo describirme –Respondió divertido y sincero. Lo vi maravillada, era increíble todas las sensaciones mezcladas que sentíamos, con timidez me tomó de la cintura. Robándome un abrazo que me hiso suspirar.
-Discúlpame –No sé ni de donde salió aquello, sólo sé que salió de mi corazón. Tragué saliva. Él se separó con lentitud para verme fruncido y extrañado.
-¿Por qué me pides disculpas?
-Por todo –Suspiré apartando mi vista –Especialmente por Alyssa y lo que, casi, esto, pasó y eso ¿Entiendes? –Hablé con dificultad, joder. Caleb terminó por relajar su ceño para luego exhalar, creo que algo al fin y al cabo le causó entretención.
-Christine ¿de qué te disculpas? –Volvió a colocar esas manos íntimamente en mi cintura. Para pronunciar cerca de mi rostro, mirándome directamente. Él era un poco más alto que yo así que tenía que dirigir mis ojos hacia arriba para ver bien los suyos –Lo que hubiera pasado o no ¿Qué importa? No entiendes que lo que más me llena es el hecho de saber que estoy contigo. Nada me hace más feliz que abrazarte y besarte, sea de la forma que sea –Dijo tan sinceramente que creo que se me escapó una lágrima. Nadie nunca me había dicho algo así, imaginar que un hombre que te quisiera hasta el punto máximo era difícil de creer. Pero ahí estaba, en carne propia frente a mí diciéndome las palabras más hermosas que he escuchado. Joder, Caleb estaba yendo hasta un lugar tan profundo de mí que ni siquiera sabía cómo describirlo.
-¿De verdad? –Pregunté maravillada, apoyando mis brazos en sus hombros. Él asintió rozando su nariz con la mía.
-¿Y sabes de lo que me arrepiento? –Negué –De no poder haberte llevado el desayuno a la cama –Respondió a su pregunta con una sonrisa. Reí entretenida mientras que sus labios se acercaban a mí. Nos besamos con ternura y tranquilidad. Casi un roce de lenguas que sin embargo, me hicieron sentir escalofríos desde la punta de mis pies hasta la cabeza. Se notaba a kilómetros que ese beso era de despedida, pero sin duda, no sería el último.
-Anda –Susurré después de besarnos durante largos segundos. Ambos no queríamos separarnos, eso estaba claro –Melanie te está esperando –Le sonreí después de que me robó el último beso, húmedo y dulce –Por cierto, salúdala de mi parte ¿sí? –Dije cuando se separó definitivamente y con dificultad. Él asintió. Le costó tanto separarse que ni siquiera soltaba mi mano cuando comenzó a abrir la puerta para irse.
-Ven conmigo –Estuve a punto de soltar una carcajada cuando colocó su cara de cachorro abandonado.
-No pongas esa cara Caleb, por Dios –Resoplé divertida.
-Christine, entiéndeme. Mañana no te veré, como tampoco los otros próximos días –Mi sonrisa se fue a la mierda al recordar de su suspensión. Mierda y mil veces mierda –¿Lo ves? Tú tampoco quieres separarte. Lo dice tu cara. Vamos, ven conmigo –Volví a negar entre una sonrisa divertida y otra melancólica.
-Ve tú. A diferencia tuya, mañana tengo que despertar temprano y trabajar –Él bufó
-Entonces dame un último beso –Estiró sus labios hacia afuera cuando estaba en la salida de mi departamento. Negué con mi cabeza entretenida. Coloqué mis manos en su cuello y lo besé cortamente. A lo que él por supuesto no dejó que me separara con lo cual me respondió con un beso fugaz. Después de otros largos segundos de aquel beso apasionado me separé dándole una distancia y el tiempo para que se fuera. ¿Acaso no entendía que para mí también era una tortura? Joder. Le sonreí levemente, señalando con mi vista a que se fuera.
-Vete. Te están esperando –Pronuncié divertida cerca de sus adictivos labios. Él me sonrió.
-Te quiero, eso nunca lo dudes –Volvió a besarme cortamente. Lo sabía, de eso jamás estaría insegura –Adiós linda –Mis ojos se iluminaron al escuchar cómo me llamó. Dios santo. Si no se iba de ahí, estaba más que segura que lo secuestraría. Él volvió a sonreírme hermosamente para luego irse, reí al ver que me daba un beso al aire cuando cruzó el pasillo hasta llegar al ascensor del edificio. Negué con mi cabeza entrando nuevamente a mi departamento.
Cerré mi puerta y reí sola como una tonta colegiala. Estaba actuando como una adolescente enamorada, mierda. Eso no estaba bien, no daba buenos signos hacia el futuro. Todo este día había sido una completa locura. Comenzando por el hecho de haber despertado en los brazos de Caleb y terminado en una pataleta de Alyssa. Aún no podía creer lo que estábamos a punto de hacer antes de que de ella llegara. Admitía que era una chica con una vida sexual activa y viendo en contraste con aquello, de seguro que si no tuviera sentimientos sinceros por Caleb, no hubiera esperado ni un maldito día a que estuviéramos juntos de todas las formas posibles. Pero ahora las cosas eran diferentes, por ambos lados todos nuestros miedos estaban aceptados y fuera de nuestras vidas. Lo que hacía aún más gustosa cada cosa que nos involucrara a los dos. Nos hacíamos felices y es no se lograba de un día para otro.
El único traspié que quedaba y de por sí era mi culpa por ser una estúpida hipócrita, era Nick. El rubio inspector de quien estaba más que segura terminaría mañana. Ambos sabíamos que una relación en donde sólo había una atracción momentánea, no era una relación, más bien era una obligación por la cual había que estar atado. Tenía que ser cuidadosa con cada cosa que diría. Si algo había aprendido en todo este tiempo era que el humor de Nick era inestable y con pocas probabilidades de reaccionar bien con toda cosa que se le cruzara. Suspiré.
No quería pensar en él ni en ninguna otra cosa por el resto del día, así todo estaría más tranquilo. Fui a mi habitación para luego ver mi cama, la cual estaba desordenada. Joder, sin poder evitarlo recordé lo que había pasado ahí. O más bien lo que “casi” pasó. Bufé dirigiéndome a mi baño, estaba dispuesta a darme una ducha y así por lo menos relajarme. Saqué mi bata para luego encender mi típico baño de burbujas relajante. Estaba feliz en cierta forma. Hoy había sido un día tranquilo y todo aquello se lo debía al chico de ojos azules que me hacían delirar. Exhalé.
Para cuando iba a sacar la única que prenda que tenía en ese instante que eran mis bragas para entrar a mi tina, el timbre de mi departamento sonó. Una sonrisa atravesó mi rostro de repente. Definitivamente era Caleb, tal vez se le olvidó algo o simplemente lo hiso para molestarme y sacar de excusa algo para besarme. Negué con mi cabeza divertida. Volví a ponerme mi bata de seda color plata y fui de inmediato para recibirlo con la sonrisa que comúnmente sólo le hacía a él.
-Caleb eres un pesad –Mi sonrisa se desvaneció al ver de quién se trataba. Antes de que siguiera mi rostro se desfiguró por completo al ver quien tenía en frente. Nick. Quien no me dio tiempo para mirarlo ya que un golpe en seco, aterrizó en mi mejilla haciéndome caer al suelo con tal vigor. El rubio furioso cerró la puerta detrás de sí para mirarme. Yo estaba paralizada y mis lágrimas no tardaron en salir, el golpe había sido demasiado duro.
-Así que un trabajo de trimestre ¿No? –Gritó furioso viéndome desde la altura. Yo ya estaba sollozando en el suelo tomando la mejilla víctima de su golpe, sin poder creer lo que me acababa de hacer. Sentía una llama de fuego en mi lado derecho el cual no tardé en acariciar con la mano. Yo lo miraba sin entender, llorando a mares. Me había golpeado sin darme una explicación. Ese hombre estaba loco –No llores ahora maldita perra hipócrita –Pronunció con rabia viéndome. Con toda la fuerza del mundo logré susurrar entre sollozos. Mi mejilla ardía hasta más no poder.
-No entiendo de qué me hablas –Pronuncié dificultosamente, con un nudo en la garganta que me impedía hablar normalmente. Él, inesperadamente, tomó con fuerza de mi cabello obligando a pararme. Grité desconsolada. Me tomó con tanta fuerza que sentí cómo sacaba con brusquedad un par de cabellos de mi cabeza. Para cuando hiso el esfuerzo de pararme con viveza, tomó mi cuello para variar. Mis lágrimas y mis sollozos no podían estar más claros que ahora. Me tomó y me empujó hacia una pared cercana para presionarme ahí para después comenzar a ahorcarme con fuerza. Sollocé tratando de separarlo de mí. Pero era inútil, él me ganaba en peso. Mis lágrimas no paraban de salir. No entendía qué le pasaba. Joder, hace unos segundos quería tomar un baño caliente. Y ahora me encontraba golpeada y sin aire por culpa de Nick.
-Ahora no entiendes de qué hablo ¿verdad? Zorra estúpida –Presionó más cuello, provocando una arcada. Me faltaba el aire y no podía separarme, traté de quitar sus manos sobre mí pero nada servía. –Te vigilé toda la maldita noche y ¿qué me encuentro? Al niñato suspendido, pasar la noche en tu departamento –Siguió presionando mi cuello. Comenzaba a nublarse mi vista. Todo esto sobrepasó más que un límite, Nick me estaba matando
-Suéltame –Ni siquiera sé cómo logré decir esa palabra –Suéltame, por favor –Rogué, las lágrimas no dejaban de salir y sin embargo, mi mejilla me dolía demasiado.
-Pero ¿sabes qué fue lo que me impresionó más? –Seguía gritando en mi rostro con rabia y odio. Sus ojos estaban tan desorbitados, como yo en ese instante. Que estaba a punto de ser asesinada –El hecho de no haberme dado cuenta antes. En el primer momento en el que te vi llegar con él en su camioneta –Rió con histeria. Sin dejar de ahorcarme, rasguñé sus manos intentando sacarlo de encima. Pero increíblemente, nada funcionaba.
-Por favor. Suéltame –Después de decir eso, mi vista estaba llegando a blanco definitivamente. Pero luego algo pasó, él me soltó con brusquedad. Con apuro traté de recuperar el aire perdido. Tomé mi cuello, me dolía. La fuerza infinita con la que había actuado casi me quiebra el cuello. Maldición. Mis lágrimas salían sin parar y mis sollozos no se hicieron esperar –Nick, él y yo –Traté de hablar entre mi recuperación de aire, pero otro golpe en mi mejilla volvió a aterrizar en el mismo lado que antes. Causando nuevamente que volviera al piso. Lloré humillada, mi puta mejilla dolía como el infierno, al igual que mi cuello y mi cabeza.
-No te atrevas a negarlo perra –Pronunció histérico apuntándome con un dedo. Luego en un movimiento rápido, con su mano subió mi rostro para obligarme a mirarlo. Era increíble que mis sollozos y mis lágrimas siguieran manifestándose. Pero era aquello que no toleraba, había algo que me dolía más que los golpes que me había dado, la humillación –No deseabas tener sexo conmigo ayer, pero felizmente lo tuviste con él ¿Verdad? –Apretó más mi cara provocando que gritara de dolor. Estaba apretando mi mejilla que estaba ardiendo, el desconsuelo era interminable –Responde –Gritó en mi rostro repleto de lágrimas y rojo por sus bofetadas.
-Nick. Por favor –No sabía qué rogaba, pero lo único que pedía internamente en ese instante era paz y tranquilidad. Él seguía con su furia impregnada en su cara.
-Escúchame hija de puta –Habló presionando mi cara haciéndome gritar nuevamente –Escucha bien lo que te voy a decir –Susurró con odio dándome otro golpe leve en mi cara –Te metiste con la persona equivocada. Y te juro por lo que más quieras, que voy hacerte pagar por esto –Sollocé
-Por fav –Él interrumpió mi ruego. Dios santo, no podía hacer nada. Estaba más que atemorizada.
-Voy hacerte pagar igual como lo hice con mi hermano y esa estúpida zorra –Mi mente recordó la vez que habló de ellos. Y cómo encontró en su propia cama a su prometida con la persona que poseía su misma sangre. El miedo se apoderó aún más de mí –Tal cual como me encargué de ese maldito imbécil. Y con la facilidad lo podría hacer ahora mismo contigo –Mis ojos se abrieron hasta más no poder. No podía creer lo que me decía, me hiperventilé joder. Estaba con un demente, todo este tiempo lo había estado. Quise gritar para alejarme, pero aún me sostenía con fuerza.
-Déjame en paz –Pronuncié entre medio de mi llanto. Él rió
-¿Dejarte en paz? –Me sonrió como el verdadero demente y psicótico que era –Pero si esto está recién comenzando, cielo –Habló para luego soltarme con fuerza, haciendo que mi cabeza chocara con el piso de mi departamento. Mi vista estaba nublada por todas lágrimas que salían sin cesar junto con mis sollozos. Me hiperventilé sin poder creer lo que pasaba.
Sentí mi puerta cerrar con fuerza. Nick se había ido dejándome con temor y miedo por todo mi cuerpo. Además de múltiples dolores causados por su increíble fuerza. Me enrollé entre mi cuerpo como una niña pequeña asustada. Quería a mi padre, quería a Caleb. Quería que alguien me abrazara y me dijera que estaría todo bien, sin embargo estaba sola. En el suelo de mi departamento con dolores y llorando desconsolada. Terminé por dar un grito que resonó en todo mi hogar y que me hiso sacar todo lo que tenía contenido. Nick era capaz de cualquier cosa, lo sabía. Lo había entendido por completo en ese instante. Acaricié mi mejilla magullada. Todo esto sin dejar de sollozar.
Estaba completamente atemorizada.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario