sábado, 20 de diciembre de 2014

Capítulo 14 -Sensitive-

Dos semanas después…



Christine

Exactamente dos malditas semanas habían pasado desde que no hablaba con Caleb o por lo menos no sabía nada de él. En las clases que hemos tenido juntos ni siquiera me dirigía la mirada y con suerte sus palabras salían para responder preguntas que hacía en literatura. No es que esperara lo contrario, pero extrañamente esperaba que me hablara para tan siquiera pedirme la hora o alguna mierda parecida. Mentiría si dijera que en estas semanas me he sentido bien emocionalmente. Empezando por el rechazo de mi alumno y terminando en el supuesto novio que ahora tenía.

Nick me había tratado como cualquier mujer hubiera querido. Atento, amable y cariñoso era lo que más se asemejaba a lo que era recientemente, no me quejaba en ese sentido. Era muy lindo. Incluso cuando teníamos relaciones actuaba de una manera tierna. Sinceramente, no disfrutaba el sexo con él. Sentía que lo hacía por obligación o por el deber de corresponderle como su novia. Ni siquiera sentía una pizca de placer cuando me tocaba y de verdad aquello me preocupaba.

Extrañaba a Caleb. A quién demonios engañaba con eso, todos estos días han sido una verdadera pesadilla sin él y sin poder contemplar sus ojos con detenimiento como siempre lo hacía a escondidas, o al menos tratando de que no se diera cuenta. Nick trataba de hacerme olvidar sin ser consciente de aquello cuando me consentía y me regalaba joyas que realmente eran preciosas. Pero aun así no lograba estar satisfecha. Sentía que me faltaba algo y estaba segura que ese algo era Caleb. Después de saber que me quería y esas hermosas palabras que salieron de sus labios.–¿No esperabas que yo te quisiera Christine? –Incluso en estas dos semanas no pude olvidarme de esa pregunta que me había dejado sin habla. Caleb era así, un momento podía ser el sujeto más terco del mundo lleno de furia y remordimiento, y al otro podía llegar a ser el chico más sensible que existía.

Melanie era otro asunto. Esa pequeña le había tomado un cariño especial increíble y más aun la última vez que habíamos hablado. Recordé cuando la llevé a su tan ansiada fiesta, se veía preciosa, una princesa sin duda. El tema fue que en ningún momento me encontré con Caleb y fue ahí donde entendí que sus palabras no fueron en vano. El chico en todo momento no había escapado de mis pensamientos como hubiera querido hasta hoy. No podía negar que me afectaba no poder estar cerca de él o por lo menos sentir que estaba conmigo, no para una relación, sino que sentir que tenía a alguien con quien hablar que no fuera Alyssa. Tal vez un amigo o lo que sea, pero lo único que me daba cuenta hasta ahora era que necesitaba a Caleb.

¿Qué me pasaba? Después de todos estos días aún seguía con la pregunta del millón. ¿Qué me pasaba con Caleb? En toda mi vida fui una persona independiente o al menos desde que había muerto mi padre. Todas las cosas que hice fueron hechas gracias a mi esfuerzo diario para ganarme el dinero, aunque no lo necesitara. Incluso a la hora de estar con un hombre. Digo, nunca fui la típica chica que si se acostaba con alguien al otro día despertaría esperándolo a su lado o con una sonrisa en su rostro por haber “hecho el amor” con alguien. Desde en la época en la que daba y no recibía nada a cambio por parte de ellos, jamás se me pasó por la mente querer a alguien a tal extremo. Hasta ahora.

Hace exactamente una semana que estuvo de cumpleaños y ni siquiera fui capaz de acercarme a él como hubiera querido. A tal extremo era el sentimiento abrumador que poseía que me acobardaba cuando tenía que estar frente a frente. Parte de mí necesitaba sentirse querida de la forma en la que Caleb me lo dijo. Pero todo eso era imposible. Él no era para mí, como yo tampoco lo era para él joder. No podía lidiar con mi pasado y mis errores que a diario cometía, las relaciones son eso. Tolerar a la otra persona y hacerla feliz cueste lo que cueste. Pero sé que no podía batallar contra eso, o más bien conmigo. Hasta me atrevería a decir que era muy inmadura para él y Caleb, bueno tenía sus asuntos propios que lo hacían pensar más como un adulto responsable que un adolescente. Sus temas personales que lo atormentaban e intuía que tenía más que yo. Lo que no entendía era el hecho de que me quisiera sin que le importara aquello. Al menos una de las cosas que no entendía de él. No era como los otros, maldición Christine. No era como los otros y eso cambiaba toda la historia.

Respiré profundo tomando mi cuarta taza de café en el día. Era viernes así que no me importaba si por las noches no podía dormir gracias a eso. Estábamos en el receso del almuerzo y yo patéticamente me encontraba en el aula de Tercero, pensando sola en el escritorio como algo que diariamente hacía. Además no tenía ganas de estar con los otros profesores que al igual que ayer, hablarían de un ridículo campamento de bienvenida. No querían hacer el típico “baile de bienvenida al año escolar” porque simplemente querían ir en contra de todo lo acordado. Principalmente se enfocarían en el campamento los alumnos más grandes, es decir, en los cursos que este año se graduarían del instituto. Los otros tendrían que hacer cualquier otra cosa creativa.

Tomé mis cosas, más precisamente mi bolso para ir a comer. De todas formas si iba a estar sola y sin profesores alrededor mío, prefería estar en el comedor para admirar a los estudiantes y sus pleitos de adolescentes. Llegué y como de costumbre en el instituto todas las miradas quedaron pegadas a mí. Al menos la mitad del alumnado varonil me miraba con deseo y uno que otro me gritaba algún halago. En todas estas semanas me acostumbré a ese hecho, entendiendo que todos tenemos hormonas, aunque unos más desarrolladas que otros.

Llegué a una mesa desocupada y libre de ancianos profesores y alumnos precoces, saqué mi comida y mis utensilios. Divisé de inmediato a Caleb mirándome con gesto neutro en la mesa que comúnmente todos los días estaba, negué con mi cabeza quitando mi vista tímida. Debía dejar de preocuparme de él y tenía que empezar desde ahora sino, sería muy tarde.

-Hola linda –Una voz bastante conocida para mi gusto susurró en mi oído. Giré mi mirada para identificarla y me encontré Nick me mirándome divertido a un lado –¿Cómo estás?

-Me asustaste –Fingí sonreírle aceptándole el pequeño beso que me brindaba. Ya no me importaba el hecho de mostrarme en ese aspecto, después de todo los rumores se disiparon rápidamente por lo que todos se enteraron de nuestra “relación”. Nick se sentó a un lado acomodando su comida –Pues bien ¿y tú?

-Bien ahora que te veo –Levemente me sonrojé. Era lindo recibir cumplidos así, creo que eso era lo único que me gustaba de él.

-Tú si sabes llamar la atención

-¿Disculpa? –Fruncí mi ceño no entiendo su comentario. Me terminó sonriendo levemente.

-No me digas que no te diste cuenta Chris –rió incrédulo –Todo estos adolescentes hormonales te miraban embobados cuando entraste. ¿Cómo lo haces? –Preguntó lanzando una risa irónica. Rodé los ojos, eso hace bastante tiempo dejó de ser un tema.

-No lo sé. Ni me importa –levanté mis hombros comiendo un bocado de mi almuerzo. Nick me miró sonriendo, hoy estaba más feliz de lo normal –¿Te pasa algo? –Se acomodó la garganta afirmando mi pregunta.

-Además del hecho de tener que ayudar a planear ese tonto campamento, bueno… sí –Asentí.

-¿Es algo serio? –negó sin sacar esa sonrisa maliciosa de su rostro.

-Tal vez –Se hacía el interesante sonriéndome de esa forma, lo sabía. Se colocó más cerca de mí, mire a todos los lados posibles sin pensarlo. No me preocupaba que nos vieran, pero tampoco correspondía el hecho de que actuáramos como una pareja juvenil como los demás –Te estaba esperando ya que –Se acercó a mis labios, jugando con ellos. Sinceramente no me provocaba nada con eso –Después del trabajo pienso raptarte para ir, no sé… tal vez a cenar y luego a ir a mí casa ¿Te parece? –Su mirada indicaba solo una cosa que me hiso bufar mentalmente y de por sí, sonreír de nuevo con falsedad. Quería sexo.

-Claro ¿por qué no? –Respondí optimista. Procurando que nadie nos mirara volvió a darme un beso como al principio, pequeño y corto. Después mirarlo sonriente, su cara cambió totalmente cuando nos interrumpieron.

-Inspector Harrison –sentí que gritaron un par de estudiantes a lo lejos. Llamando a Nick, él dirigió su mirada detrás de mí cambiando notablemente su gesto de tranquilidad. Con su ceño fruncido se levantó de inmediato dejándome colgada. Pero qué demonios pasaba. Mi curiosidad pudo conmigo para voltear y ver lo que pasaba dejándome con los ojos casi como huevos fritos.

Había un altercado en medio del comedor, al menos eso alcancé a ver luego de que todo el alumnado fuera a formar un círculo alrededor de los muchachos e incitaran la violencia que se estaba practicando. Como un rayo me levanté de mi mesa y fui detrás de Nick para ver de qué se trataba. Después de todo era profesora, tenía algo de autoridad ahí además de Nick. Me hice a un lado entre todos los estudiantes para ver de qué trataba el conflicto y lo que vi, de verdad me había dejado sin habla.

Caleb estaba encima de un chico golpeándolo hasta más no poder y sin detenerse. Estaba horrorizada y ni siquiera mi cuerpo respondió de inmediato a lo que veía. Era realmente impresionante ver como Caleb estaba encima y golpeaba a ese tipo sin tener piedad alguna, como también lo era como todo el instituto apoyaba la pelea. Vi al muchacho que si mal no recuerdo era Kevin, su compañero de clase, con todo su rostro magullado y demacrado y aún así Caleb seguía golpeándolo como si fuera un alfiletero humano. Dios.

Noté a Nick tratando de tomar al castaño y al ver que no podía con facilidad ordenó a otros chicos a que los ayudaran a separarse. Con dificultad lo lograron y por fin fijándome bien en el rostro de Caleb estaba con un par de rasguños, pero ni comparado a Kevin que definitivamente necesitaría terapia para superar esa paliza mortal. Negué con la cabeza al ver como Caleb levantaba su vista un segundo determinado para lanzarme una mirada la cual nunca olvidaría.

-Basta –Gritó serio Nick a Caleb, quien impresionantemente quería seguir golpeando al chico ¿Qué demonios le pasaba? O más bien ¿qué le había hecho Kevin que lo enfadara tanto? –A la oficina, ahora, ambos –Volvió a gritar colérico viendo como dificultosamente Kevin lograba levantarse. Me sorprendí ante eso, o al menos me sorprendía que siguiera con vida después de tantos golpes. Nick se llevó a Caleb del brazo a la oficina mientras el otro los seguía desde atrás cojeando.

Mi cuerpo después de darse cuenta de lo que pasaba terminó respondiendo a mi cerebro. No pude evitar preocuparme así que solo hice lo que me dictó mi mente, seguirlos hasta la oficina de Gibson para ver qué pasaba. Era una maldita inoportuna, pero Caleb me preocupaba, no podía negarlo.

Llegamos a la oficina para presenciar las siguientes acciones que tomaría Gibson. La verdad es que tenía que estar ahí por dos razones, como testigo de lo sucedido y por ser una profesora. Como dije, ser profesora tenía algo de autoridad ahí. Aunque me importaba un pepino, quería saber cómo estaba Caleb.

-Señor Small y señor Albert ¿alguien de los dos me puede explicar lo que pasó en el comedor? –Habló el director tratando de parecer calmado, viendo como los adolescentes estaban sentados al frente de él, sólo separados por el escritorio. Yo mientras tanto estaba con Nick en una esquina, como testigo o la mierda que sea.

-Vamos, habla maldito hijo de puta –Pronunció Caleb enojado llamando la atención de Kevin. Le estaba recriminando algo. Fruncí mi ceño sin decir nada. Gibson enfadado se levantó de su silla para reprimirlo, joder que tenso ambiente. Nick estaba serio, callado y neutro. Sin dirigirme la mirada.

-Caleb, no permito ese tipo de vocabulario en mi establecimiento –El castaño bufó.

-Él me provocó ¿qué esperaba que hiciera? –El cuarentón miró delatadoramente a Kevin, quien mantenía su mirada baja. O al menos eso alcancé a ver debajo de todos los golpes que se notaban a la vista.

-Kevin ¿eso es verdad? –El chico no respondió nuevamente –Señor Albert, le estoy haciendo una pregunta: ¿Provocó a Caleb? –Nuevamente el moreno de cabello claro no respondió después de unos largos segundos por lo que la impaciencia de Gibson se estaba yendo a la mierda –Está bien si no quiere hablar conmigo, entonces me temo que tendré que hablar con sus padres –Kevin saltó como un trampolín del asiento, al parecer eso lo incentivó a decir lo que pasó.

-No, por favor no lo haga

-Marica –Habló Caleb en un susurro que solo yo escuché. Quise soltar una carcajada pero me contuve.

-Entonces dígame lo que pasó. Porque la verdad es que yo no los cité aquí para hacer vida social –dijo con ironía mientras volvía a sentarse. El muchacho suspiró resignado.

-Le dije que me follaba a su madre por 1 dólar todos los días –Pronunció apenas provocando el gruñido animal de Caleb, pero él siguió sin decir ni hacer nada. Abrí mis ojos como platos. Los padres de Caleb eran un tema que hasta mí me daba miedo tocar en frente de él. Aquello era sagrado al igual como si hablaran de su hermana sin saber. Ahora entendía su incontrolable reacción.

-¿Por qué le dijo eso? –Preguntó mi jefe. La misma pregunta me hacía en la cabeza. Si bien sabía que el castaño tenía un temperamento cambiante, pero jamás reaccionaba de una manera sin una razón contundente.

-Él se levantó enojado de su asiento y no me vio venir, por lo que chocamos –Volvió a suspirar debajo de todo su rostro rojo por los golpes. No dudaba que mañana le dolería hasta el trasero –Fue algo estúpido. Yo me enfadé y él también, hasta que llegamos a los golpes. Eso es todo –Gibson se tomó la frente tratando de tranquilizarse.

-¿Eso es cierto Caleb? –Él asintió con la cabeza sin decir nada –Disculpen que les diga esto pero, su pelea fue una estupidez con todas sus letras. Y en mi establecimiento tenemos estudiantes de bien, y usted señor Small debería saberlo más que nadie –Bufó rodando los ojos, sabiendo que se refería a su repetición de año escolar –La violencia no es la solución muchachos, jamás lo es. Y la verdad es que me dejan sin opciones.

-No fue mi intención –Habló Kevin.

-Lo sé. Pero creo que ya son lo bastante adultos para saber lo que es bueno y malo ¿no? Al menos, eso es lo que creo.

-¿Qué va a hacernos? –Preguntó el castaño sin escrúpulos y serio. Gibson exhaló.

-No quiero ser el malo pero, me temo que tendré que suspenderlos por tres días y por supuesto, escribir esto en sus reportes de conducta. –Habló con seriedad el cuarentón –Si esto vuelve a ocurrir después de cumplir su castigo, creo que van a tener que empezar a buscar un nuevo instituto porque yo no deseo a vándalos en mi establecimiento ¿correcto? –Ambos chicos asintieron con sus cabezas, serios –Bien, pueden irse, pero primero pasen a enfermería. Al menos para que se vayan bien a sus casas –Fue lo último que mi jefe dijo antes de despedirme a mí como a los muchachos.

Después de salir, supe que Nick se había quedado hablando con Gibson de algún tema que no me importaba, por lo que aproveché mi oportunidad para ir a buscar a Caleb. Quien iba a toda prisa al baño del instituto, a diferencia de su compañero de batalla quien fue a enfermería de inmediato. Fruncí mi ceño siguiéndolo por su espalda a las afueras del lugar. Joder, era rápido. Pensé dos veces antes de entrar al baño de hombres. Mierda si alguien me encontraba, definitivamente me cortaría el cuello

-Caleb –susurré procurando que nadie nos viera cuando ya había entrado. Caleb estaba limpiándose la cara con agua en el lavabo lo que me llevó a cerrar la puerta detrás de mí. Vi por debajo de los baños si había alguien, pero no. Era inútil, todos estaban en clases así que prácticamente las afueras de las aulas estaba desierto. Él se paró con rectitud y de golpe para luego girar sobre sus talones con su ceño fruncido. Por primera vez me fijé que tenía una herida en el extremo de su labio inferior y un pequeño rasguño en su ceja. –¿En qué pensabas? –Pregunté refiriéndome al altercado. Fue una estúpida pregunta, pero ya no había nada en mi mente que me hiciera pensar más que en el nerviosismo que sentía por volver hablarle.

-Y a ti qué te importa –respondió retórico mientras estaba dispuesto a salir de ahí, al parecer arruiné su limpieza facial. Fui más rápida, impresionantemente, por lo que me puse en frente de él. Joder cómo extrañaba ver sus ojos de cerca. Él bufó resignándose a hablarme.

-Me importa, porque estás suspendido

-¿Y?

-¿”Y”? –No podía creer lo que decía –Caleb esto te afecta mucho en tu reporte, además reza para que ese chico que magullaste no te demande. Piensa en tu hermana, Dios –Él se puso a centímetros de mí tan rápido que se me fue la respiración. Extrañaba tenerlo cerca, mierda.

-Eres la persona menos indicada para decirme que me preocupe por ella ¿no crees? –Susurró cerca de mi rostro con enojo y sin sacar su ceño fruncido. No hacía falta hablar normalmente, susurrar bastaba para que le entendiera. Tragué saliva.

-No puedes andar por la vida arreglando tus problemas así

-Vuelvo a repetir… ¿a ti qué te importa?

-No lo entiendes ¿verdad? –Lancé una risa irónica, sin alejarme de él. Era una completa hipócrita –Ya eres mayor de edad, puedes ir a la cárcel y luego qué ¿Qué pasará con Melanie? ¿Quién la cuidaría? –Estaba siendo un poco paranoica, pero había que ver todas las posibilidades ¿no? Él hiso una risa que jamás se me olvidaría.

-Eso dejó de ser un tema para ti hace mucho. Así que me harías un gran favor si no te metieras en lo que no te importa.

-Me importa y me importa mucho –Caleb se separó a una distancia determinada.

-¿Por qué mejor no vas con Harrison? Tal vez a él le importe tu opinión –Habló entre divertido y enfadado –Porque ¿sabes una cosa? A mí ya me importa una mierda lo que pienses –No sabía a qué grado me afectaban sus palabras. Sin hablar nada más, volvió a seguir el camino del principio dispuesto a irse. Sin ni siquiera hablarme o responder. Eso me hiso enfadar joder

-Deja de actuar como un niño –Grité cuando lo vi lejos de mí, listo para abrir la puerta que aún estaba cerrada. Nuevamente paró de golpe para girar sobre sus talones con rectitud. Respiré profundamente cuando vi cómo se aproximaba hacia mí con cautela.

-¿Qué yo actúo como un niño? –Preguntó con ironía cuando volvió a estar cerca de mí –Cuando tú eres la persona más inmadura que he conocido. Escapas de tus problemas y sentimientos, prefieres ser una cobarde que enfrentarlos.

-¿Lo dices por lo de la pelea o por lo que pasó hace dos semanas? –dije perdiendo los estribos. Mirándolo a los ojos –Porque aunque no lo admitas, tú actúas de la misma forma.

-Claro, y yo fui la persona que se consiguió a otra para evitar tener sentimientos incorrectos –Describió a la perfección mi situación con sarcasmo mezclado. –No sé si te acuerdes, pero fui yo el que te dijo que te quería y fuiste tú la que me diste excusas baratas para no estar conmigo

-Pero es que tú no entiendes nada –Hablé con la voz más o menos alta moviendo mis manos exasperada. Estábamos a la mitad del baño de varones del instituto discutiendo. Esto era lindo, con ironía claro –Eres tan terco que no eres capaz de escuchar ni darte el tiempo de entender mi situación.

-¿Qué situación? Tú sola te marginas en tu mundo y luego piensas que todo es un problema

-¿Lo ves? Eres un terco, un muchacho terco e impulsivo, que no entiende razones. –Traté de describir lo mejor que pude, pero mi enojo comenzaba a notarse.

-Bueno ¿entonces qué haces aquí conmigo Christine? –Gritó encabronado, quería golpearlo tanto como quería besarlo.

-Me preocupo por ti, eso es lo que pasa –respondí en voz alta. Estaba tan enojada como él, mierda.

-Pues ya no te preocupes. Mejor preocúpate del cabrón de Harrison porque yo no te necesito

-¿Ves? Eres tan terco, un idiota que no entiende nada que me dan ganas de –Moví mis manos frente a su cara tratando de controlar mi temperamento. No sabía qué decir, mis palabras se enredaron al ver su rostro de enfado tan cerca de mí.

-¿Qué te dan ganas de qué? –Susurró enfadado tomando mis brazos con brusquedad, acercándome a él con dureza y sin querer, pasión. Así que con todo ese revoltijo de sentimientos sólo hice lo primero que se me pasó por la mente.

Lo besé.

Demonios, cómo extrañaba sentir sus labios. Al principio me impresioné yo misma ante mi impulsividad, incluso el chico no me respondió primeramente. Todo eso se fue a la mierda cuando sus brazos con fuerza me tomaron de la cintura para profundizar el contacto. Me relajé cuando lo sentí tan pasional, abriendo sus labios y con su lengua explorando toda mi sensibilidad bucal. Era majestuoso. Tenía que confesar que era la primera vez que nos besábamos con tanta agresividad y erotismo. Su boca y la mía se abrían con dureza mezclando sus alientos. Ese beso estaba en un debate totalmente fuera de este mundo, joder, hasta me atrevería a decir que su lengua llegaba a tocar mi campanilla. Me quedé sin respiración cuando sus fuertes brazos y su empuje corporal hacían que me moviera hasta quedar prisionera con algo que tenía atrás. No me di cuenta que era el lavabo por estar pendiente de responder a su beso agresivo. No pude evitar chillar en su boca cuando inesperadamente, él con vigor hiso que mi cuerpo se rozara contra su… erección. Caleb con furia volvió a juntar sus labios con los míos.

Mierda, estaba al límite. Jamás nos había pasado esto antes y ahora, todo era distinto. Nunca pensé que fuera tan asombroso. Ni siquiera con todos los hombres con quien he compartido este tipo de placer se comparaban a esto. Caleb me besaba con intensidad como nunca antes, gemí un par de veces y él gruñó cuando con mis brazos rodeé su cuello. Llevándolo conmigo. Mi cordura en ese momento no existía ni por casualidad, así que la lujuria tomó el visto bueno de todo. Me subí como una verdadera puta traviesa al lavabo que todos los días los estudiantes ocupaban. Caleb se puso inmediatamente entre mis piernas, todo esto sin separarnos. Sus manos me recorrieron con aspereza, no hubo ni un centímetro de mi cuerpo el cual no haya tocado mientras me besaba. Al menos con la ropa que tenía.

Con mis manos revoltosas y muy inquietas, logré subir su camisa negra, tocando esos abdominales no exageradamente voluptuosos pero sí muy notables y marcados. Su cabello, que normalmente no era tan ondulado pero sí daba la expresión de que jamás se peinaba, estaba más que revoltoso. Joder que lindo era. Nuestros ojos estaban cerrados y nuestras bocas seguían sin separarse compartiendo y batallando con sus lenguas sin parar. En el momento en el que lo acaricié tan íntimamente gruño en mi boca que me hiso sentir escalofríos. Aunque no me arrepiento ya que hiso que se pusiera más pasional de lo que ya estaba. Con sus traviesas manos, sacándolas de mi cuerpo, comenzó a desabrochar mi blusa ajustada. A todo esto, mi falda corta estaba toda subida si es que lo puedo decir. Siguiendo con su camino, alcanzó a desabrochar toda mi blusa separándose levemente de mí y viendo mi brasier negro decorado. Sentí que lo puso a mil ya que volvió a besarme después de respirar uno con el otro agitadamente. Su erección la sentía tan firme que no podía pensar en otra cosa que no sea su cuerpo. Ni siquiera en pensar que nos encontrábamos en un puto baño de instituto y podía entrar cualquier persona para vernos. Junté más mis piernas alrededor de su cintura para sentirlo mejor, más de lo que ya lo hacía.

-Caleb –gemí cuando sus besos bajaron a mi cuello. No fui capaz de decirle algo que nos hiciera parar ya que sencillamente, no quería que eso sucediera. Él salió de su escondite entre mi cuello para mirarme con pasión, pero sobre todo con su aliento agitado cayendo sobre mí. Yo estaba igual, por supuesto.

-Eres una hipócrita –Susurró para volver a comerme la boca y separarse con brusquedad –No pudiste durar dos semanas sin mí –Pronunció. Yo sólo fui capaz de fruncir mi ceño, aún agitada y siendo nuevamente seducida por sus labios.

-¿Y qué hay de ti? ¿crees que no me daba cuenta tus constantes observaciones? –Dije de la misma forma que él. Sólo que esta vez, mordí su labio inferior sin besarlo. Supe que quería besarme mientras yo me separaba abruptamente –Porque, déjame decirte que estamos a la par Caleb Small –Caleb rió sensualmente para luego volver a besarme. Y yo, de por sí, lo volví a aceptar. Revolví su pelo mientras lo hacíamos sin esperar más, sin pensar en lo que pudiera pasar más adelante. El castaño volvió a apretarme contra él haciendo que gimiera en su boca y chupara esos labios que estaban más carnosos que nunca. Rojos y con un poco de mi brillo que siempre usaba, ni siquiera quería imaginarme cómo estaba yo en ese momento. Estaba segura que estaba más que desastrosa, pero la verdad era que me importaba una mierda. Él sonrió mientras me seguía besando con audacia, pasión y erotismo. Y lo irónico de todo era que nunca sentí más placer que en ese momento, en los brazos de Caleb.

Todo estaba perfecto, incluso mis manos bajaron inquietas a la hebilla de su pantalón. Joder, no pregunten por qué, pero en ese instante no estaba por completa en mis cabales por lo que no pensaba bien en la situación en la que estábamos. Así que sólo comencé a hacerlo mientras ni por casualidad nos separábamos para respirar.

Pero mi celular sonó.

O más bien vibró en la parte trasera de mi falda blanca y pequeña que en esa ocasión, estaba por la cintura. Me sonrojé como la hipócrita que era separando a Caleb de mí con susto. Estaba tan acalorada, mierda. Respiré con profundidad viendo como el chico delante de mí me miraba con una sonrisa agitada, claro que con un poco de brillo en aquello que tenía por mi culpa. Por supuesto su aspecto no era mejor o al menos igual al mío. Se bajó su camisa negra con lentitud y sin sacar esa sonrisa, abrochó su jean azul oscuro. No pude evitar gemir mentalmente al ver su notable erección, así que de nuevo me volvía a sonrojar. Me bajé con rapidez del lavabo bajando mi falda con ello, ambos sin decir una palabra, solo apaciguando nuestra respiración que no se relajaba todavía. Abroché mi blusa azul transparente, me giré sobre mis talones para verme en el espejo del baño para notar que parecía la niña del exorcista. O al menos la mitad de eso. Mi cabello estaba despeinado a más no poder, mi rostro un poco transpirado y mis labios, joder nunca había visto mis labios más hinchados que ese día.

-¿Hola? –Pregunté cuando mi celular resonó por tercera vez.

-Pequeña zorrita llegué a tu departamento –chilló Alyssa, al parecer felizmente. Bufé. Me había olvidado por completo que hoy era viernes y por ende, sus visitas semanales no se harían esperar.

-¿Era necesario que me avisaras? –volví a preguntar. Sin despegar mi vista de Caleb, quien lo veía a través del espejo. Y de por sí veía cómo me tomaba con suavidad por mi cintura, sin decir una palabra. Apoyando su cabeza en mi hombro, increíblemente, me encantó aquello. Sentí el bufido de mi amiga por el teléfono.

-¿Quién te entiende? La semana pasada me dijiste que te avisara cuando viniera y ahora que te aviso me reclamas –dijo rápidamente la morena. Su voz se encontraba extraña ahora, como si, como si estuviera comiendo –Dime ¿estás teniendo problemas de menstruación? –Habló con ironía. Sabía que estaba con comida en la boca, me dio gracia en cierto punto.

-¿Quieres dejar de comer mientras estás hablando conmigo por teléfono?

-Lo siento, es que compré un par de tartas y están deliciosas

-Tú de verdad quieres engordarme ¿no? –Pregunté divertida. La sentí reír levemente.

-Tal vez, tal vez quiera engordarte para comerte –Fingió poner una voz sensual para luego soltar una carcajada. Las manos de Caleb las sentía en mi cintura tan hermosamente que no tuve el tiempo para responder a su ironía –Aunque créeme, soy fiel a mi alemán sexy –Mi sonrisa de satisfacción se borró al instante a la escuchar esa palabra. “Fiel”. Mierda.

-Mmmh –Me acomodé la garganta ignorando su comentario –Aly ¿para eso me llamabas?

-Eso y para decirte que te estoy esperando con un par de películas –Dijo con indiferencia, fingida de nuevo claro –Hubiera hecho una cita doble para Stefan y Nick como la semana pasada, pero no quiero vomitar la tarta que acabo de comer –Rodé los ojos ante su broma de mal gusto.

-¿Vas a seguir con eso? –Sentí su quejido de niña pequeña.

-No, hasta que lo dejes. Sabes en tu interior que es un cabrón con todas sus letras. Créeme, te lo dice tu mejor amiga, es un plástico engreído y controlador.

-Ni siquiera lo conoces –Traté de excusarlo. La verdad era que Alyssa tenía un sexto sentido para todo y de por sí no le había caído bien Nick. Principalmente por ese tema de ser “un plástico engreído y controlador”

-No hace falta conocer a los idiotas honey, por favor créeme, es un idiota –Bufé de nuevo.

-Aly, no tengo tiempo para discutir eso –No la veía, pero sabía que había rodado los ojos –Además aún estoy en el trabajo. Cuida mi departamento mientras tanto ¿sí?

-Por supuesto que lo haré ¿Por quién me tomas? –Reí levemente –Te esperaré, tú sólo disfruta de todos los placeres del trabajo con estudiantes precoces –Habló con ironía haciendo que sonriera.

-Ya estás avisada. Nos vemos –Me despedí por último hasta sentir que la llamada se había cortado. Suspiré estirando mi cabeza para atrás y sentir el placer de aún estar en los brazos de Caleb. Olía tan malditamente a bien, y lo mejor era que no era un perfume que comprabas en una tienda. Era un olor natural, que me dejaba en las nubes definitivamente. Sus manos me recorrían toda mi pequeña cintura, y con sus labios esparcía besos mojados en mi cuello haciéndome gemir silenciosamente.

-Me tengo que ir –Sus palabras me dejaron congelada y mataron el momento de relajación que sentía. No quería que se fuera, pero no pregunten por qué. Abrí mi vista para luego girar sobre mis talones para verlo a los ojos. Sus manos seguían manteniendo prisionera mi cintura.

-¿Por qué? –Susurré apenada sin poder evitarlo. Pero ya qué maldición, puse mis manos alrededor de su cuello, acariciándolo. Caleb rió levemente en silencio cerca de mi rostro.

-Porque estoy suspendido –Habló con obviedad, robándome un pequeño beso. Bufé rodando los ojos.

-¿Por qué golpeaste a ese chico? –Volví a tocar el tema. De verdad estaba preocupada por su reciente altercado –Digo, es bueno que defiendas a tus padres frente a todo pero ¿los golpes? ¿en serio?

-He tenido un par de semanas difíciles –Fruncí mi ceño. El castaño levantó sus hombros –Supongo que terminé desquitándome con él.

-¿Qué ha pasado?

-Por dónde empezar –Preguntó, más para sí mismo que para mí –Empezando por Melanie que no me ha hablado, o al menos es difícil que lo haga, desde que fue a la fiesta contigo –Me puse triste ante ese hecho, extrañaba a esa pequeña Dios. –Además que en la tienda, las ganancias han bajado. Creo que comenzamos el año con el pie izquierdo –Asentí poniendo por completo mis brazos alrededor de su bien formado cuello. Acercándolo más que lo que ya estábamos.

-La tienda. Eso es un proceso que lleva tiempo y bueno, si en ese tiempo no funciona bien entonces no dudes en decírmelo ¿sí? –Él negó de inmediato

-No Chris. No te voy a involucrar en eso

-¿Por qué no? Si yo puedo ayudarte, lo haré –Volvió a negar, que terco era.

-No y es mi últim –Lo besé antes que siguiera. Fue corto, tierno y pequeño. Aunque con sentimientos de sobra.

-En cuanto a Mel… –seguí explicándole. Le sonreí traviesamente –Eso sólo depende si tú, como hermano mayor me dejas verla. Así ella ya no estará enojada contigo –Él me sonrió rozando su nariz con la mía.

-Eres una chantajista –Me reí ante su forma de llamarme –Aunque una chantajista hermosa –Otro beso pequeño y corto, sólo que esta vez él fue el que me lo dio.

-Vamos ¿me vas a dejar volver a verla? –Hice un puchero, atrayendo su atención por parte de la ternura. Caleb negó con la cabeza divertido, no creyendo lo que hacía.

-Sólo con una condición –Sabía que trataba de hacerse el serio al decirme eso, lo cual encontré gracioso.

-¿Cuál?



-Bésame



(…)



-Hola zorrita –chilló mi morena amiga mientras que yo entraba y la veía comer su tarta enfrente del televisor. Estaba viendo alguna película romántica, no supe cuál, pero sabía que era una romántica ya que tenía su caja de pañuelos lista a su lado –¿Por qué llegaste tarde? –Fruncí mi ceño ante su pregunta. Dejé mis cosas a un lado del sofá, terminando de sentarme junto a ella.

-No sabía que mi madre había llegado de New York antes –Respondí con ironía. Alyssa bufó poniendo en pausa la película, mirándome con sus ojos entrecerrados.

-Que yo me preocupe por tu trasero no significa que actúe como tu madre, sino que me preocupas Parker –Bufé

-Por favor, sabes que odio que me digas Parker –Levantó sus hombros sabiendo que no me equivocaba.

-Yo no sé nada –Alzó sus manos a respuesta de inocencia. Con audacia quité el pequeño trozo de tarta que tenía en su plato para darle una mordida. Ella no tardó en reclamarme como la niña que era, interiormente –Hey

-No he comido nada, no me reclames –Alyssa rodó los ojos cruzándose de brazos resignada. Suspiró luego de un rato de mirarme, comiéndome su comida.

-Y bien… ¿qué hiciste hoy? –Preguntó saliéndose de tema. Dejé de comer para luego mirarla y tragar con dificultad. Joder, qué le decía. Alyssa era la única persona que confiaba ciegamente, la persona con quien he compartido mis más íntimos secretos y con quién más me he desahogado. Sus consejos siempre me habían servido, a su manera claro. Pensé un instante antes de decirle todo lo que pasaba últimamente –Wow, al parecer te pasó algo increíble ya que quedaste más pálida que un papel. Ahora, mismo, suéltalo todo –Ordenó poniéndose recta.

-Bueno. Me pasó algo hoy que, no pretendía que pasara –Ella abrió sus ojos como platos.

-¿Mataste a alguien?

-No Aly –Negué inmediatamente rodando los ojos. Suspiró aliviada –Pero hice algo, que creo que no debí haber hecho –Por primera vez la morena se comportó de manera seria.

-¿Tiene algo que ver con tu estúpido novio? –Exhalé mirándola con reproche –¿Qué quieres que diga? Hasta a Stefan le cayó como patada en las pelotas, no soy la única que piensa eso –Habló tratando de parecer inocente.

-No quiero hablar de eso por ahora ¿Sí? –Asintió entendiendo –Es algo con respecto a eso, pero no completamente –Tragué saliva, empezando con lentitud –¿Recuerdas a Caleb? –Ella frunció de inmediato su ceño, sabía que no entendía de quién hablaba.

-¿El chico que vino hace dos semanas con esa ternurita de niña? –Preguntó. Asentí con la cabeza como respuesta –¿Qué pasa con él?

-Hace unas semanas, él y yo nos habíamos estado conociendo como algo más… –Titubeé. Traté de explicar con las mejores palabras posibles, pero se me hacía difícil al ver su rostro de confusión –Como algo más que unos simples amigos

-¿Y? –No lo entendía aún, joder.

-¿Cómo que “y”? Él es mi alumno Aly –Dije pronunciando todo lo malo. Ella abrió sus ojos impresionada y poniendo su boca en forma de “o”. Comprendiendo mi situación.

-¿De verdad? No parece un niñato de instituto si es que lo puedo decir –Respondió confundida. Por supuesto que no lo parecía, incluso hasta sentía que era más adulto que yo.

-Tiene 18 y eso no es todo. Hoy hubo una pelea entre un muchacho de su clase y él –Me acomodé la garganta –Por lo que me preocupé, fui a verlo y, terminamos besándonos con calentura en el baño de varones –Terminé diciendo acongojada. Alyssa me sonrió con una sonrisa traviesa, rodeé los ojos.

-No entiendo qué es lo malo. Él te gusta, tú le gustas ¿por qué no? –Preguntó simplemente, después de sacar su sonrisa de idiota –Ambos ya son adultos, no veo cuál es el problema

-Yo estoy con Nick y, él es un poco menor y no es como los otros –Traté de sonar relajada al nombrar las cosas que se interponían entre nosotros. Pero no pude. Estaba histérica ante la situación. Alyssa rió levemente.

-Escucha zorrita. Tú de verdad necesitas que alguien te diga las cosas para que no te acomplejes –Una mano de ella se colocó en mi hombro, en señal de entendimiento –Primero que nada a Nick lo puedes mandar al infierno, es un cabrón. ¿La edad? Dios, Chris hablas como si tuvieras 40 años y estuvieras con un niñato. Apenas hace un mes y medio cumpliste 24, no jodas. Y el hecho de que no sea como los otros… bueno, hoy en día es difícil encontrar a un hombre que cumpla tus expectativas de mujer. Así que deberías sentirte agradecida de aquello –Habló como toda una psicóloga. Respondiendo a mis quejas por orden. Tal vez tenía toda la razón y yo era la estúpida, que era lo más probable.

Terminé lloriqueando como una niña cubriendo con mis manos mi cara. Era una idiota, tratando de buscar excusas para estar con él. No había nada malo con él, era yo, mierda.

-Soy una tonta –Suspiré debajo de mis manos. Alyssa con su ceño fruncido saco de repente mis manos de mi cara. Con brusquedad para ser sincera.

-Mírame a los ojos –Dijo con los ojos entrecerrados. Como si estuviera a punto de descubrir algo. Su mirada iba desde mis ojos, por toda mi cara para ser precisa. Me estaba examinando ¿Qué demonios le pasaba? Todo eso se fue a la mierda cuando de repente, con impresión se levantó del sofá chillando como una niña asustada.

-¿Qué mierda te pasa? –Pregunté con confusión. No la entendía, de verdad que no entendía a mi mejor amiga y sus reacciones.

-Dulce maría –Gimió. Colocó su mano delgada en pecho y con la otra comenzó a echarse aire. Luego para terminar con su locura repentina empezó a caminar de un lado a otro, pensativa y atolondrada. Todo esto en dos minutos más o menos.

-¿Qué te pasa? –Volví a repetir cuando no dejaba de moverse. De verdad me estaba aburriendo. En un segundo de palidez de su rostro se sentó nuevamente al lado mío. Me miró con tristeza y asombro, todo en uno –¿Me vas a decir? –Alyssa tragó saliva, comenzando a hablar con dificultad.

-A ti no sólo te gusta ese chico –pronunció en forma de afirmación. Fruncí mi ceño ¿De qué diablos me hablaba? Joder.

-¿Eh? –Ella luchó una vez con sus palabras enredadas en su garganta. Me miró compasiva.





-Estás enamorada Christine.

No hay comentarios:

Publicar un comentario