Caleb
Habían pasado días en los que había estado en esa tonta cama recuperándome de mi cabeza. Al fin podía moverme con fuerza y energía para poder irme de ese maldito lugar. Si algo odiaba era no hacer nada y ser un completo inútil al que deben de cuidar. Al fin sería capaz ver a mi hermana después de días de no verla y no saber cómo está. Por lo que sé ha estado en casa de Eric y eso era bueno ya que aquel pelmazo tenía un hermano menor que jugaría y se compatibilizaría por completo con mi pequeña monstruo. Eso y que la mamá de Eric era como prácticamente su tía. Sabía que pudo estar bien con su familia y me relajaba en cierta forma que el moreno aún no se mudara por completo de aquella casa, para irse a vivir con su hermano mayor.
Me gustaba que estuviera con gente que en realidad conocía, así estar tranquilo por supuesto. Matt se había encargado de decirle que me fui de “viaje” para aclarar unos asuntos fuera de la ciudad respecto a la tienda, funcionó ya que lo creyó. Pero nada sacaba esa espina incómoda que tenía cada vez que le mentía a mi hermana.
No es que ahora no hubiera estado tranquilo por eso. Quitando la situación de que parecía torpe en un hospital durante todos estos días, no fue tanto ya que tuve la mejor enfermera que pude haber tenido. Christine se había ocupado de mí como si hubiera sido un enfermo terminal, me encantaba pero a veces exageraba hasta el punto de darme la comida en la boca. ¿Era eso necesario? Negué con mi cabeza divertido recordando todas esas veces. Mi parte trasera de mi cráneo había mejorado favorablemente, nada me dolía y ahora podía estar como antes. Con fuerzas y energías recargadas. Por lo que ahora sólo me dediqué a ordenar la ropa en mi bolso dispuesto a irme de esa habitación infernal. Lo cerré y suspiré, por fin joder. Quería salir de ahí y respirar el aire matutino de Chicago ahora más que nunca, incluso me atrevería a decir que extrañaba mi cacharro.
-¿Señor Small? –Sentí la voz de una mujer a mis espaldas. Entrando por la puerta de la habitación, era una de las enfermeras que se encargaban de mí mientras estaba en cuidados intensivos. Su cabeza se asomó al ver que estaba ya listo para irme de ese lugar, mi bolso y mis cosas estaban en completo orden –Tiene una visita ¿la dejo pasar? –Asentí, sabiendo de quién se trataba por lo que inmediatamente se formó una sonrisa de bobo en mi rostro. Ella desapareció de la puerta dejándome solo por un pequeño momento.
En el instante más inesperado una castaña sonriente y alegre abrió la puerta impaciente, asustándome y sorprendiéndome de sobremanera. Pero me encantó ya que en segundos la tenía en mis brazos, con sus piernas enrollándose en mi cintura. Había entrado y saltado tan velozmente que el único instinto que tuve fue aceptarla. Como una dulce condena.
Reí dándome cuenta que tanto yo como ella, extrañaba recibirla así. De pie y con energías de sobra para besarla todo el maldito día si era necesario.
-Christine –Dije divertido al ver que no cedía a separarse de mí, con sus piernas apretando mi cintura y sus delgados brazos alrededor de mi cuello. Mis manos fueron a parar desde luego en su pequeña cintura. Era increíble que no pesara, o al menos eso sentía. Tenerla así era como sostener una pluma, sin exagerar por lo que no me acomplejé de no distanciarnos. Podíamos esta así todo el día si era necesario –¿Qué haces? –Ella me mostró un puchero avasallador.
-Extrañé verte así. No es lo mismo verte así que en una cama –Respondió con voz de niña pequeña. Le sonreí abiertamente mirando sus labios carnosos tan cerca de mí, quería probarlos maldita sea. Con excitación y sin sacar mi sonrisa, la tomé para dejarla de espaldas en la cama de hospital que a estas alturas estaba ya ordenada. Suponiendo que no la iba a usar nunca más, hasta ahora.
-Me estás tentando –Christine frunció su ceño fingiendo inocencia. Sin sacar sus piernas de mi cintura, ambos estirados en la cama. Estaba tan cerca de su boca que me estaba volviendo loco.
-¿Yo? –Fingió confusa. Jugué con mis labios en los suyos entre tanto, no podía esperar a estar los dos completamente solos. Asentí.
-Claro que sí –Susurré. Me miró pícara a lo que me hiso entender que quería besarme tanto como yo a ella. Después de unos segundos observándola, la devoré en pocas palabras. Me adentré entre sus labios con mi lengua traviesa pasionalmente. Me respondió de igual forma sin evitar sacar un gemido de lo más profundo de su ser. Durante el beso claro. Me hiso jadear cuando tomó con fuerza mi cabello mientras nos besábamos. Maldición, cómo extrañaba besarla así. Habían pasado días que para mí, habían sido como años interminables por tenerla así conmigo. Jugué con sus labios por varios minutos mientras ella seguía a mi ritmo, mis manos no lograron tener la cordura de mi cerebro ya que fueron a parar en el principio de su blusa. Sabía que no estaba bien hacer aquello, menos era el lugar indicado, pero en cierta manera estaba desesperado. Desesperado por tenerla a mi completa merced, tanto era que empecé a besar su cuello luego de minutos de besos mortales. Su lengua jugueteó con la mía por último para darme lugar a hacer lo mismo con su cuello. Christine gimió.
-Caleb para –Dijo apenas en un susurro. No tenía nada claro en ese momento y es que mi desesperación estaba en su punto máximo. No aguantaba ni un minuto más sin ella, lo cual se empezaba a convertir en un juego peligroso. Para ambos, sin embargo no tomé en cuenta su aviso –Estamos en un hospital –Entonces mi mente se aclaró, mierda. Era cierto, estábamos en ese puto hospital aún. Ni siquiera me di cuenta que la había colocado en esa cama dispuesto a hacerle el amor como un loco. Ateniéndome a las consecuencias. Me separé de su cuello y de su anatomía, mi cuerpo tenía bastante calor si es que lo puedo decir. Por lo que vi, el suyo estaba igual.
-Lo siento amor. Me dejé llevar –Le sonreí nervioso y disculpándome, ayudándola a pararse de la cama. La cual por cierto, duró muy poco ordenada. Christine me sonrió de igual forma levantándose y arreglándose, de por sí me comprendía.
-No te preocupes. Fue la emoción de tener al fuerte Caleb –Bromeó sacándome una risa. Era cierto, éste era el verdadero Caleb. Demonios, había regresado en toda mi plenitud. No podía esperar a salir de ahí y con Christine entre mis brazos. Suspiré.
-Aunque no me arrepiento. Nunca me arrepentiría de estar desesperado por estar contigo –La tomé por la cintura para volver acercarla a mí. Es que no lo podía evitar, joder. Ella sonrió cómplice y su mirada divertida.
-Vaya, qué romántico Small –Bufé, sacando mi gesto relajado.
-No me digas romántico, soy todo menos eso –Christine rodeó los ojos. No es que me molestara, bueno sí me molestaba. No me gustaba esa característica, eso es todo.
-Con esto me queda claro que volvió el verdadero Caleb –Asentí orgulloso robándole un beso. Más tierno que otra cosa, era lindo hacerlo así, me gustaba y nada se comparaba con aquello –¿Vamos? –Volví a asentir, pero tenía una duda. La cual no titubeé en sacármela en un segundo.
-¿Cómo está Melanie? –Mi novia me miró con una sonrisa torcida.
-Me preguntaba el por qué no me preguntaste por ella antes –Dijo negando su cabeza divertida. Le sonreí abiertamente –Pero está bien gracias a Dios. La he ido a visitar bastante seguido, me confesó que raramente te extraña –Lanzó una risa a lo cual me hiso saber que estaba recordando cuando le dijo aquello con melancolía. Para mis adentros me quise golpear, era un idiota al ocultarle cosas a mi hermana. Pero era muy pequeña y no quería involucrarla en cosas malas, no se lo merecía. Como también mis padres jamás hubieran dejado que hiciera lo contrario.
-Y uhm ¿algo más ha pasado en mi ausencia? –Supo de inmediato que no quería hablar de eso. Y en cierta forma me afectaba y ella lo comprendía. Decidimos cambiar de tema deliberadamente. La castaña pensó en un segundo a lo que después me miró con perspicacia y emoción. Algo muy retorcido que no logré comprender.
-No me lo vas a creer –Dijo con expectación. La miré sin entender aún.
-¿Qué?
-A Eric le gustó Alyssa –¿Qué demonios? ¿A Eric le gustó su mejor amiga? No me sorprendía de que al moreno le gustaran en exceso casi todas las mujeres, sin embargo me sorprendía más de quien le gustaba. Joder, no había forma de parar a ese musculito. Fruncí mi ceño notablemente.
-¿Qué? ¿y eso cómo pasó? –Pregunté de forma divertida y un poco confundido. Es que nunca me lo esperé. Ella levantó sus hombros, con la misma pregunta.
-Supongo que se gustaron cuando se vieron en el hospital, no lo sé –Wow. Ver para creer, demonios, necesitaba saber de eso. Reí estúpidamente en mi cabeza.
-Espera ¿a tu amiga también le gustó Eric? –Hablé a punto de soltar una carcajada. Negó de nuevo con entretención.
-No lo sé, ella me dice que sólo le llamó la atención. Pero no le creo, y además espero que respete a su novio alemán –Terminé por reír ávidamente. Nunca se me pasó por la mente que nuestros amigos se fijarían el uno con el otro. Sin embargo, eso no se predice. La vi titubear unos segundos para luego mirarme.
-¿Algo más? –Se mordió el labio un tanto nerviosa, acercándose a mí para luego rodear mi cuello con sus delgados brazos. No entendí su actitud, pero eso no evitó que la aceptara abrazándola por la cintura. Nunca he podido evitar corresponderle, maldición.
-Sí, tal vez –Me sonrió con sospecha, comprendió desde luego que no entendía su mirada –Te he extrañado, eso es lo que ha pasado –Reí levemente, moviendo mi cabeza sanada de un lado a otro provocando un encantador roce entre su nariz y la mía. Algo que hiso que tuviera escalofríos inminentes.
-Me has venido a ver casi todos los días –Dije entretenido. Mi chica bufó.
-Sabes que no es lo mismo. Ya te dije, no es lo mismo verte así de fuerte que en una tonta cama –Mordí mi labio inferior viéndola. Era increíble hasta qué punto amaba a esa chica, era mía. Christine me correspondía lo cual era aún mejor. La abracé con mucho más vigor hacia mí, para que supiera que jamás me separaría de ella.
-Te amo –Susurré sin poder evitarlo en sus labios, sus ojos me miraron maravillados frente a los míos. Los de ella brillaban y estaba seguro que los míos estaban casi o igual a los suyos. Me sonrió con ternura, ahora rozando sus carnosos y exquisitos labios con los míos.
-Y yo a ti, mucho –La besé para hacerla entender mis sentimientos. Los sabía por completo, pero sentía que tenía que expresárselos así. No me salían con palabras, sin embargo me salían con los infinitos besos que yo podía llegar a darle a esa chica. Nuestros labios se rozaban con ternura, sin lenguas de por medio. Sólo algo leve y suave que se volvía aún más extraordinario que cualquier otra cosa. Sentirla mía y capaz de darle todo lo que Christine quisiera en la vida, estaba seguro que lo haría por ella.
-¿Christine? –La llamé en su boca al separarme unos milímetros, después de minutos de estar en cualquier lugar, menos en donde lamentablemente y en realidad estábamos. Una estúpida sala de hospital. Ella abrió sus ojos, como si saliera de su encantamiento con dificultad al igual que yo –¿No has sabido nada de Harrison? –Su gesto cambió por completo, como si no pudiera creer lo que decía. El gesto de por sí había cambiado a uno serio, la había cagado lo sabía. Pero las dudas, había que sacárselas ¿no? Se separó de inmediato de mí, cortando cualquier contacto con mi anatomía.
-Es que no puedo creerlo. Podrías ser un poco más sensible con el momento ¿no? –Me reprimió. Bien, sabía que no le gustó para nada mi intromisión. Pero era mejor que ocultarle mis preguntas. Levanté mis hombros entre divertido y un tanto quejumbroso, mirándola cómo cruzabas sus brazos frente a mí. Sin tocarme.
-¿Y qué esperas que haga? Gracias a ese maldito yo caí en el hospital –Respondí con obviedad. Su vista titubeó y relajó sus brazos al saber que lo que había dicho era cierto. Se resignó con un suspiro a responderme. Tragó saliva.
-Bueno –Tartamudeó –No he sabido nada, por lo que en cierta forma debería alegrarnos –Fruncí mi ceño.
-¿Alegrarnos? ¿Por qué?
-Porque ya no volverá. No sé, pero eso es lo que creo –Volvió a tragar saliva –Lo que hiso fue sólo un susto, algo que quería hacer por “venganza” y ya lo hiso ¿no crees? –Su explicación me dejó sin habla, no sabía si era lo más estúpido que había escuchado o lo más inteligente. No sabía que decirle.
-El informe policial ¿qué dice? –Ella negó con la cabeza.
-Tenías razón, en estos casos la policía no sirve para nada –Suspiró –Dijeron que fue un asalto y que pasa casi todos los días. Investigarán, pero no creo que vayan a tener resultados –Bufé. Era de esperarse, mierda.
-Es una jodida mierda –Casi grite. Me tomé el cabello con frustración. Christine se acercó a mí y comenzó a acariciarme mortalmente mi rostro. Siempre me calmaba, en los peores momentos, maldición.
-Tranquilo amor –Me hiso suspirar al llamarme así, joder cómo amaba a esa chica. La miré agotado, como si aquel hijo de puta fuera una carga para nuestra vida. Y era cierto –Él ya no volverá, y mientras no lo haga debemos estar relajados –La miré. Tal vez tenía razón, como también podía llegar a equivocarse.
-Puede que tengas razón –Apreté mi mandíbula. Mi castaña me besó la mejilla haciéndome sonrojar, más o menos, como si fuera un bobo. Mierda. Ella rio
-Además, sé algo que puedes hacer para estar tranquilo –Giré mi vista hacia sus ojos interrogante.
-¿Qué cosa? –Se mordió el labio sonriente.
-Irnos de aquí
-Iremos a mi casa ¿verdad? –Pregunté tomándola de la cintura y acercarla de nuevo, mucho más a mí. No toleraba tenerla lejos, eso era lo que pasaba. Sus ojos se agrandaron de la impresión.
-¿Es un chiste? –Habló sin tomar en serio mi proposición. Fruncí mi ceño sin comprenderlo –De verdad estás demente si piensas eso. Porque sinceramente ni yo, ni Eric, ni Sidney vamos a dejar que vuelvas ahí por un buen tiempo –Dijo seria nombrando incluso a la mamá del moreno.
-¿Qué? Pero ¿por qué? –Pregunté a punto de desmayarme, joder. Era mi casa.
-Es muy peligroso –Respondió obvia –Al menos debes estar alejado un buen tiempo de tu casa, por el bien tuyo y de Melanie. Para estar seguros –Maldición, por más que reproche aquello. Sabía que tenía razón, debía pensar en la seguridad de mi hermana ante todo. Exhalé resignándome.
-¿Y dónde me quedaré mientras tanto?
-En casa de Eric. Le dirás a Melanie que su casa tuvo una fuga de gas o no lo sé, por lo que no es bueno volver aún –Asentí entendiendo. Todo era por su bien –Además no creo que extrañe estar ahí, por lo que he visto se ha entretenido bastante con la familia de Eric –Volví a asentir, era de esperarse. Siempre fue así.
-Lo sé. Esa es como nuestra segunda familia –Tomé en cuenta su aviso. Por lo menos será por un par de día o quizás más. No importaba, estaba bien convivir con otras personas las cuales siempre te han ayudado en lo que han podido. Sin embargo, siempre odié hacerme ver como una molestia para cualquiera.
-Y Bien… –Suspiró mi castaña dándome un pequeño beso en los labios. Corto y mágico. La miré sin entender.
-¿“Y bien” qué? –Pronuncié interrogativo.
-¿Vamos?
(…)
Darme una ducha después de tanto, era como un milagro en carne propia. Estar en ese maldito hospital era como estar en la cárcel, con la única diferencia que en aquel lugar yo era prácticamente un inútil.
No dejaba de ser incómodo en cierto punto ya que esa ducha no era la mía. Era ajena, por supuesto era más grande que la mía y tal vez por eso lo sentía así. Eric no era extremadamente rico, como tampoco era igual que yo. Su papá era vendedor de diamantes, lo que lo convertía en una persona relativamente de la clase alta por así decirlo. La casa de aquella familia era muy grande, creo que el triple de grandeza que la mía. Pero a pesar de todo, no dejaba de sentirme una basura viviente al lado de todo esto. No voy a negar que Sidney siempre se encargó de darme ayuda cuando apenas era un crío con un bebé en mis manos, creo que gracias a ella no me llevaron a mí ni a Melanie a un orfanato en su debido momento. Ya que tanto mi hermana como yo no podríamos vivir así. Jamás me hubiera sentido feliz así y porque sabía que Mamá no dejaría que fuéramos a para allí. Principalmente porque Sidney y mi madre se conocían desde pequeñas, por lo que sabía lo que hubiera querido nuestra mamá para sus hijos. Eso me hiso aceptar cosas de ayuda para nosotros porque era un niño. Pero cuando entendí que podía valerme por mí mismo dejé de recibir su ayuda. Saldría adelante con mi hermana, costara lo que costara.
Estaba demás decir que tenían más comodidades que yo, y tal vez era por eso que Eric se quería ir de ese hogar para compartir con su hermano mayor. Después de todo él quería comenzar a estar solo, quería ser independiente. Lejos de toda comodidad expuesta que le daba su familia. Para mí esto era demasiado, no dudaba que dentro de poco me llevaría mi hermana de aquí. No me gustaba esta clase de vida, digo, si yo fuera así no dudaría en sentirme una mierda por no servir de nada y vivir del trabajo de mi padre. No me sentiría yo. Tal vez entendía a Eric después de todo.
-¿Caleb? –Sentí la voz de mi novia detrás del vidrio empañado, que lograba tapar mi acción de higiene del cuerpo. El sonido del agua cayendo hacía que su voz se escuchara un poco lejana, pero alcanzaba a escucharla de todas formas.
-¿Sí? –Estaba con los ojos cerrados, evitando el jabón entrara y quedara ciego, más o menos.
-Ahm, te traje ropa para que escojas. Matt fue a recogerlas cuando estabas en el hospital –Asentí, pero luego recordé que no podía verme así que le respondí, era un idiota.
-Gracias amor –Dije mientras hacía que el agua sacara ese maldito jabón de mi vista –Deja todo en la repisa –Pronuncié apenas evitando tragar el agua. Joder, sentía que si abría la boca me ahogaría, sin exagerar. No sentí más habla de Christine por lo que supuse que se había ido. Faltaba sólo unos minutos más y terminaría. El agua estaba exquisita, tenía que admitirlo. Luego de esto inmediatamente iríamos con Christine a buscar a Melanie a su escuela, hoy supuestamente en el instituto había un campamento y a mi chica de por sí le habían dado el día libre por aquello. Así que prácticamente estaríamos todo el día juntos sin complicaciones. Por fin vería a mi hermana, sólo esperaba que sea bueno en cualquier aspecto de la palabra.
-Caleb –Escuché nuevamente. Sólo que esta vez en un susurro desde mis espaldas. Pero sin creer y para mi sorpresa esa voz estaba más que cerca, me di para después abrir mis ojos los cuales estaban cerrados para evitar el acceso a el jabón en esa parte. Y demonios, casi me caí de espaldas con una de las mejores vistas que he tenido en mi vida. Christine estaba posada frente de mí en la ducha tan hermosa como siempre, pero con algo muy característico. Estaba completamente desnuda.
La miré de arriba hacia abajo, luego de ida y vuelta. Joder, casi al instante me puse bastante “feliz” de verla. Si es que me entienden, claro. No era primera vez que la veía así por supuesto, pero eso no quitaba el hecho de que me dejara casi helado al verla. Era tan exquisitamente hermosa que me dejaba sin habla. Todo en ella era perfecto, siempre traté de buscarle alguna imperfección, pero no podía. Su cuerpo era despampanante. Sus piernas largas y torneadas, su feminidad estaba depilada por completa lo cual hacía que me provocara aún más, mierda. Su abdomen era plano lo que en conjunto, formaba una pequeña cintura que amaba abrazar siempre. Los senos de mi novia no eran extremadamente grandes como tampoco eran pequeños, eran perfectos. Y todo aquello, me pertenecía.
-¿Qué haces? –Tartamudeé. Qué estúpida pregunta. Pero no me culpen, estaba tan bobo en ese instante inspeccionando el cuerpo de Christine que ni siquiera pensaba en el agua de la ducha que aún caía sobre mí. Todo me importaba literalmente una mierda, excepto la chica que tenía parada frente a mí. La que por cierto, comenzaba a mojarse con el agua que salpicaba en mi cuerpo con el suyo.
-¿No has visto las noticias? –Preguntó fingiendo inocencia y acercándose a mí, para terminar por mojarse por completo con el agua, claro. Haciendo de su vista al cuerpo mucho más excitante todavía, brilloso y con el agua pasando por sus partes más delicadas. Mierda. Estaba demás decir que tenía una erección de oro en ese instante. Fruncí mi ceño, negando con la cabeza sin dejar de mirarla. No tenía cordura ni para hablar –Hay que ahorrar agua, para cuidar el medio ambiente –Terminó por decir en un susurro tan sensual que jadeé al escucharlo.
-¿En serio? –Hablé un tanto agitado al pensar en nosotros desnudos, en una ducha, solos. Ella asintió mordiéndose el labio inferior traviesamente. Santa mierda.
Sólo eso bastó para que la castaña se abalanzara sobre mí y me besara con una pasión incontrolable. Yo no tardé en responderle con el mismo ardor y vigor que siempre, la tomé con fuerza para acercarla a mí y supiera que estaba más que contento por esto. Sus manos me tomaron por mi cuello en el momento exacto en el que hiso que la besara. Joder, me gustaba esto y mucho. Nuestras lenguas no tardaron en encontrarse ni un segundo y se mezclaban en cada aliento. La giré y la coloqué contra la fría pared de mármol de aquella ducha. Presioné mi entrepierna con la suya haciendo que gimiera fuertemente en mi boca. Era de esperarse, porque yo jadeé con la misma intensidad.
Sin dejar de besarnos, la tomé con lujuria y pasión de su trasero obligándola a que con sus piernas me rodeara la cintura. Haciendo que los roces íntimos se intensificaran por supuesto. Mi miembro estaba hinchado y más que listo para la acción. Desde luego yo también, se notaba que estábamos desesperados pero había que tener paciencia. Aunque se nos hiciera lo más difícil del mundo. Gimió cuando hice un leve movimiento de cadera sobre sí y maldición, eso me puso a mil. Estábamos mojados y ni siquiera tomábamos en cuenta el agua que caía sobre nosotros. Nada nos importaba.
Mis besos apasionados fueron bajando hasta su cuello, sentía su respiración agitada sobre mi oreja y también sus manos acariciando mi espalda, como igualmente parte de mi cabello. Totalmente mojado, como el suyo. Me aproximé mucho más abajo hasta llegar a sus senos. Sus brazos se abrieron hasta tenerlos a cada lado de su cabeza, diciéndome con ese gesto que era completamente mía e hiciera lo que quisiera con ella. De eso estaba seguro.
Sonreí con travesía y lujuria sobre mí. Pasé mi lengua sobre su pezón una sola vez sacándole un gemido desde el fondo de su garganta. Para después hacer lo mismo, pero reiteradas veces. Sumando también la mano que tenía desocupada en su otro seno. Ella sólo se encargaba de mantener sus piernas sujetándose en mi cintura para no caerse. Chupé, mordí y succioné aquella piel sensible de mi chica por varios minutos. Sus jadeos y chillidos me hacían entender que estaba haciendo un buen trabajo. Me incentivaba para seguir y cambiar al otro para hacer lo mismo. Sus manos tiraban con fuerza de mi cabello por el placer que sentía al estimular sus pechos. Gemía altamente y yo no podía estar más desesperado por poseerla, joder, todo esto era el paraíso.
-Caleb –Dijo mi nombre en una exhalación excitante. Todo esto me tenía caliente, no podía mentir con respecto a eso. Y ni siquiera el agua que caía sobre nuestros cuerpos ayudaba a apaciguarnos. Podía sentir su agitada respiración lo que me hiso saber que estaba casi o igual que yo. Subí mi mirada dejando de estimularla para verla a los ojos, los abrió ya que los tenía cerrados disfrutando la sensación y decidí hacer algo que nunca en mi vida había hecho. Tal cual como todo. Christine había sido mi primera mujer en cualquier aspecto y quería que fuera la última.
Ella no entendió mi mirada obsoleta a lo que quise decir y decidí no decírselo en palabras. Sin despegar mi vista de la suya comencé a besar su cuello hasta llegar nuevamente a sus senos, su respiración era pesada con todas mis caricias. Y es que ninguna parte de su cuerpo había estado aludida por mis caricias. Pasé mis manos por su cintura a medida que bajaba besando húmedamente su abdomen. Mientras tanto sus piernas fueron tomando lugar en el suelo, soltándose por completo de mi cuerpo. El sabor del agua dulce con el exquisito perfume de su piel hacía la combinación perfecta. Besé hasta más debajo de su ombligo para llegar a donde yo quería.
Mi mirada no estaba segura del todo, pero tenía curiosidad por esto. Eso y que estaba excitado. Sin embargo más que nada me satisfacía el hecho de ver a Christine gimiendo por el placer que le otorgaba, le ganaba a todo. Su vista titubeó por unos segundos, sin despegarnos en ese contacto. Ya que frente a mí tenía mi premio mayor.
Con suavidad y lentitud separé sus piernas para verla mejor. Estaba seguro que con esto me daría un buffet de los mejores. Sonreí satisfecho al ver su rostro hacia arriba y de por sí sabía que estaba con los ojos cerrados. Estaba ansiosa, mi chica estaba más que ansiosa. Separé sus piernas haciendo que las enrollara con mi cuello. Todo esto de pie. Nunca imaginé estar así con Christine, pero como dicen hay una primera vez para todo ¿no?
Soplé primeramente en su feminidad causando un largo gemido de satisfacción salir de ella. No tenía experiencias con esto, pero haría lo mejor que podía llegar a hacer. Acerqué mi boca con liviandad, sin prisa. Pero el ver a Christine desesperada, me desesperaba a mí joder. No pude aguantarme por lo que pasé mi lengua con rapidez, causando un chillido en mi chica. No tenía sabor, sin embargo me daban ganas de seguir dándole placer. Volví a hacer lo mismo, sólo que ahora no fue una caricia con mi lengua con rapidez, fue algo más apasionado. Formé las vocales con mi lengua sobre su clítoris, no podía negar que estaba agitado por aquello. Eso y sus inconfundibles chillidos que dejaban en otro planeta a cualquiera. Adentré mi lengua en su abertura con rapidez y a veces parando para agudizar su orgasmo. Sentía sus músculos vaginales en mi boca que me decían que dentro de poco llegaría a su ansiada cima. Sus gritos se hacían cada vez más frecuentes y con fuerza tomaba mi cabello entre los dedos. Su néctar era exquisito y se estaba impregnando en mis labios con audacia. Mi lengua no paraba y en realidad no pensaba parar. Sin poder evitarlo una de mis manos, las cuales estaban puestas en su cintura, fue a ubicarse en la apertura de su feminidad.
Un dedo se adentró tan pronto como sus gritos resonaban en toda la habitación, incluso me atrevería a decir en la casa de por sí. Ahora más que nunca agradecía que estuviéramos solos. Sus chillidos y sus gemidos que decían mi nombre me incentivaban a satisfacerla aún más. Me encantaba, en cualquier aspecto. Un segundo dedo entró sin dejar de estimular su clítoris con la lengua, joder, lo sentía. Sentía que mi chica estaba a punto de llegar a su orgasmo.
-Por favor –Gritó extasiada, tomando mi cabello con fuerza y tirando de él. No supe en sí qué era lo que rogaba, me estaba desesperando, quería poseerla ya. Mi erección estaba a punto de explotar. Después de minutos de sentir sus chillidos, tomé la decisión más dura que pude haber tomado en ese momento. Me detuve. –¿Por qué te detienes? –Preguntó de inmediato asustada y ansiosa. Con los ojos mirándome con determinación y lujuria. Después de dejar sus pies en el suelo de mármol vi cómo Christine me daba su vida de espanto, ni yo mismo podía creer aquello. Pero había una muy buena razón.
Me levanté. Volví a tomar su trasero entre mis manos para presionarla contra mi miembro y sintiera lo que quería que tuviera en su interior. Gimió cuando lo hice. La obligué nuevamente a colocar sus piernas en mi cintura con ardor. Oprimí su cuerpo contra la pared y coloqué mi erección en su entrada. Provocando un quejido salir de su garganta y mucha más agitación de mi parte.
-¿Lo quieres? –Susurré con seriedad entre sus labios, sin quitar mi vista de la suya. Tomé mi virilidad con una mano y jugué con ella sobre su entrada. Tentándola. Me gustaba tentarla, no podía mentir con eso. Christine asintió con sus pupilas dilatadas, estaba a punto de sucumbir por completo, y yo estaba cada segundo más propenso a desmayarme por la desesperación que sentía. Sin previo aviso, me clavé con fuerza en ella como había querido hacerlo desde que la vi desnuda frente a mí. Terminando por sacarle un grito profundo y sacarme un gemido gutural salir de mí.
Penetré con fuerza su interior, evitando erróneamente el hecho de no poder mantener los ojos abiertos para ver su reacción. Fue tanto el placer, joder. Gemí guturalmente para después dirigir mi frente hacia su hombro. Calmando todas las sensaciones placenteras que iban desde mis testículos hasta cada par de mi cuerpo. Lo único que sentí de ella fueron sus uñas rasguñándome la espalda, y los gemidos salir de su boca para escucharlos en directo a mi oreja. Mierda, estaba a punto de explotar.
Comencé a embestirla con lentitud, Christine estaba completamente lubricada y me apretaba cada vez más en cada penetración lenta y paciente que le daba. Joder. Apreté mi mandíbula intentando calmarme, pero sus gemidos profundos no cesaban y aquello me volvía más que loco. Volví a embestirla por segunda vez sacando un jadeo profundo de mí. Ya no podía aguantar más, así que sin poder evitarlo, empecé a hacerle el amor con más rapidez. Sus chillidos se prolongaban en cada penetración por lo que subí mi mirada para ser testigo de aquello. Sus ojos estaban cerrados y su boca formaba una leve “o” en donde de por sí sacaba sus gemidos a medida que seguía con mi trabajo. Yo jadeaba sin poder controlarlo y con aspereza tomé su cintura para adentrarme con más dureza. Seguí con rapidez sin detenerme y Christine de por sí me rasguñaba las espalda hasta más no poder en conjunto con sus gritos.
Las piernas de mi chica me apretaban con fuerza haciendo que llegara al fondo de su feminidad. Estaba loco, quería marcarla con todo mi ser y aquello me estaba llevando al límite.
-Más –Gritó sobre mi oreja cuando me escondí en la cavidad de su cuello. Presionando aún más mi entrepierna en su abertura, causándoles gritos avasalladores. Jadeé guturalmente aumentando la velocidad de mi penetración, joder, estaba sintiendo mis convulsiones cuando pude percibir las paredes vaginales de mi chica apretándome. Jadeé aún más fuerte con eso. Esto era la gloria. Lo estaba disfrutando tanto como también sabía internamente que Christine estaba a punto de correrse, hasta en el segundo más inesperado soltó un chillido que me dejó en las nubes –Caleb –Pronunció por último fuertemente alcanzando la cima y estremeciendo mi cuerpo, pero no paraba. No iba a parar ahora con mis embestidas rápidas, quería que lo disfrutáramos ambos.
Christine había llegado al éxtasis completo y con ello sentí en su interior su líquido y compresión alrededor de mi miembro. Aunque no me detenía, seguí con una velocidad impresionante causando más quejidos en la castaña. Mis convulsiones volvieron después de minutos largos en los cuales Christine nuevamente había tenido su segundo orgasmo gritando de nuevo, gemí guturalmente. Mierda, ahora era mi turno.
Sentía la hinchazón de mis testículos a medida que seguía con una gran rapidez en mis embestidas, dentro y fuera de la feminidad de Christine. La penetré con dureza por última vez para después sentir las corrientes placenteras que pasaron por todo mi cuerpo. En pocas palabras, había alcanzo la cima. Impregné mi semen en su interior terminando con un grito de animal enjaulado, no me importó. Había llegado a la satisfacción máxima con mi chica y nada más me importaba que hacer el amor con ella. En una ducha.
Tuve que esperar un par de segundos para calmarme y regular mi respiración. La suya de igual forma estaba agitada. Joder, siempre quedaba así con esto y es que ella me volvía loco.
-Te amo –Susurró ella para cuando salí de la cavidad de su cuello para verla a los ojos. El agua de la ducha no permitía que nos viéramos sudados, pero con nuestras respiraciones se sabía por completo. Habíamos quedado exhaustos.
-Te amo más –Dije por último para verla poner sus pies en el suelo, desenredándolos de mi cadera. Le sonreí encantado, abrazándola por la cintura y sintiendo el agua cayendo. Nunca me había sentido tan en paz como en ese instante. La besé tiernamente.
Realmente había sido una ducha interesante.
Christine
Por fin podría decir que ahora soy la conductora de Caleb. Ahora que lo pensaba mejor, nunca había llevado a mi novio en mi auto hacia alguna parte. Siempre era él con su camioneta y yo de copiloto. Ahora los papeles se habían invertido. Giré mi vista para admirarlo en aquel asiento y me sonrojé al instante.
Me había estado observando todo el trayecto, desde que salimos de casa de Eric hasta ahora, en lo cual casi llegábamos a la primaria de Melanie. No me quitaba su vista azulada de encima y me estaba poniendo nerviosa a la hora de mirar el frente de la calle. Por suerte no había chocado con ningún auto. Aunque internamente sabía el por qué lo hacía, pero no quería averiguarlo. Mi sonrojo era extremo y para evitar decir alguna estupidez tuve que morderme el labio inferior.
-¿Puedes parar? –Pregunté sin dejar de mirar hacia el frente. Escuché a Caleb dar una risa leve, lo observé con mis ojos entrecerrados.
-¿Parar qué? –Bufé.
-De hacer eso. De mirarme mientras conduzco –Respondí un tanto nerviosa. Levantó sus hombros un tanto divertido, no cabía duda que le entretenía verme nerviosa.
-Lo lamento, no fue mi intención ponerte nerviosa –Pronunció con ironía, estaba a punto de soltar una carcajada. Lo intuía. Rodeé los ojos –Además te miro porque estoy pensando.
-¿En serio? –Pregunté con sarcasmo, desviando un instante mi mirada hacia él.
-Sí –Asintió sonriente –Pienso en dos cosas ahora que te observo –Lo miré sin creer, no me gustaba para nada el sentido que le dio a esa frase. O tal vez sí me gustaba y no quería admitirlo.
-Se puede saber en qué piensas Small
-Primero pienso en que te ves muy linda conduciendo –No pude evitar sonrojarme con aquello. Mierda, aquel chico me tenía a sus pies y de por sí ya me asustaba la situación. Asentí procurando de que no mirara tanto mi cara, pero era inútil, su mirada me inspeccionaba muy cautivamente.
-¿Y cuál es la segunda cosa?
-Y bueno, lo segundo que pienso es que deberíamos ahorrar agua más seguido –Dijo con una sonrisa traviesa. Eso terminó por colocarme como un verdadero tomate con patas. ¿Acaso no entendía que me tenía como una niña de 15 años, totalmente enamorada? Me hacía mal acordarme del momento extraordinario que vivimos en la ducha, mucho más viniendo de la persona que amaba. Dios, tan sólo acordarme me daba escalofríos inigualables. La forma tan pasional y salvaje que… cielos. Suspiré rogando que se me quitara aquel ardor en mis mejillas.
-Caleb ¿de verdad crees que es el momento para hablar de eso? Va a venir Melanie y –Titubeé como una colegiala nerviosa. Él rio con ironía. Acababa de estacionar mi vehículo en la entrada de la primaria de Melanie y ella podía aparecer en cualquier momento. Algo de razón tenía ¿no?
-Está bien, pero luego no te salvarás –Habló determinado y acercándose hacia mi puesto de piloto, sólo lo hiso para darme un beso en realidad. Fue corto y pequeño pero me encantó. Rió rozando mi nariz con la suya para después darme otro beso, el cual por cierto fue muy tierno. Volvió a acomodarse en su asiento para esperar a su hermana pequeña, junto conmigo. Teníamos planeada una sorpresa para ella, el regreso de Caleb. No lo había visto por varios días pensando que estaba de viaje y estaba segura que le alegraría de verlo de nuevo, después de todo no dejaba de ser su hermano.
Habían salido casi todos los niños por la gran puerta de salida de la primaria, algunos con amigos, otros con sus padres pero raramente para mi conmoción. No salía Melanie.
-¿Dónde estará? –Preguntó rápidamente Caleb con seriedad al notar lo mismo que yo, con la diferencia es que no quise comentar nada para no alarmarlo. Joder, si algo no iba bien con su hermana Caleb saltaba como una liebre, a veces incluso sin fundamentos. Tal vez se había quedado haciendo alguna tarea, es algo típico de los profesores hacerlo con los pequeños. Levanté mis hombros, siguiendo observando atentamente desde el auto por si aparecía Melanie.
-Puede que se haya quedado con sus amigas adentro o haciendo tareas –Dije para apaciguar sus sentidos, ya que de por sí a Caleb se le había fruncido el ceño. Y aquello definitivamente no era bueno. Después de minutos de observaciones hacia la salida, me había dado cuenta que habían salido prácticamente todos los niños, sin ninguna excepción mierda. Incluso hasta algunos maestros y Melanie no aparecía, en sí lo encontraba extraño. Pero no había razón por la cual alarmarse, aún no descartaba la posibilidad de que pudo quedarse en la biblioteca o algo. No lo sabía.
En el momento más inesperado sentí la respiración nerviosa de Caleb ambientar mi auto, sin predecirlo, él se bajó de inmediato sin decirme nada como tan siquiera mirarme. Sólo abrió la puerta para salir. Estaba determinado a entrar a la primaria cueste lo que cueste, lo supuse. Salió dando un portazo con rapidez y llegando casi corriendo a la puerta de salida. Que era también la de entrada. Lo seguí desde atrás, estaba un poco nerviosa tenía que admitirlo.
-Disculpe –Dijo nerviosamente mi novio a uno de los porteros de la escuela, que son los que comúnmente se quedan hasta tarde junto con otros maestros. Ambos habíamos entrado y yo para inspeccionar mejor el lugar, le di una vista a todo aquello y no había prácticamente nadie. Con suerte algunos conserjes, pero nada de niños en los pasillos. Era realmente raro y sin querer me asusté –¿Se han ido todos los niños? –Preguntó el castaño. El portero quien se notaba de edad lo miró extrañado.
-Amh, por supuesto que sí joven. Los niños siempre se van a su hora adecuada, no hay excepción con eso –Sentí la agitación de Caleb a sus espaldas, estaba nervioso y a la vez furioso. Lo conocía.
-¿Está seguro? ¿Y qué hay de los niños de cuarto grado? –Pregunté yo. La verdad es que sabía que Caleb necesitaba calmarse para hablar, y de por sí no sería amable si lo hacía. El hombre dirigió su mirada a mí.
-Ellos se fueron como todos. Nadie queda, sino, los conserjes habrían dicho algo para cuando van a limpiar los salones –Se acomodó sus lentes sin sacar la vista de mi nervioso novio. Suspiré, me estaba asustando, pero tenía que controlarme.
-¿Y usted no sabe nada? –Volví a preguntar tragando saliva, si algo le llegara a pasar a Melanie. Dios… ni siquiera me podía imaginar en ese papel –Quiero decir, de una niña precisamente. Melanie Small –Sus cejas grises por la edad se abrieron con comprensión. Al parecer sabía algo
-Ah claro. Él es su hermano ¿Verdad? –Señaló con la mirada a Caleb, quién se mantenía absuelto de las preguntas por nerviosismo, sólo asintió rápidamente.
-¿Sabe algo? ¿hoy vino a clases? –Pronunció Caleb de inmediato. Su agitación se veía desde kilómetros, sólo esperaba que se tranquilizara lo más pronto posible. Porque si no era sí, ardería Troya. El hombre asintió viéndolo con extrañeza, pero supuse que a Caleb no le importaba. Lo único que quería el chico era saber de su hermana.
-Sí claro que vino. Pero se fue antes por
-¿Cómo que se fue antes? –Gritó con furia Caleb sin poder predecirlo, dirigí mi vista hacia su rostro y sus ojos estaban desorbitados. Era capaz de hacer cualquier cosa, lo supe al instante.
-Amor tranquilízate –Dijo tratando de calmarme yo misma, haciéndolo para atrás de mi cuerpo. Por lo que vi era capaz de matar a ese pobre hombre y a quien se le cruzara por el camino, tenía que hacerlo a un lado. De por sí el sujeto se había asustado, pero se vio calmado cuando lo alejé de él –Disculpe pero ¿Cómo es posible que se haya ido antes? Es una niña de 9 años
-Lo sé –Asintió el anciano –Pero no se fue sola por supuesto, se fue con el nuevo inspector que hay en el establecimiento –Creo que sentí los huesos de las manos de Caleb moverse, creo que estaba listo para darle una paliza a cualquiera.
-¿Nuevo inspector? ¿Por qué?
-La pequeña se sintió muy mal del estómago y como no teníamos contacto con usted, el inspector se encargó de llevar a la niña a su casa. La casa de usted, claro.
-¿De qué está hablando? ¿y quién es ese nuevo inspector? –Pregunté con amabilidad, apaciguando a Caleb con una mano en su brazo. El hombre se arregló nuevamente sus lentes.
-No recuerdo muy bien su nombre señorita. Él llegó hace una semana aquí y muy pocos lo conocen –Asentí tragando saliva.
-Pero ¿no recuerda su nombre o alguna característica de él para reconocerlo? –Negó un instante con la cabeza.
-No lo sé. Es un hombre que casi no supera los 30 años, rubio y amm –Se acomodó la garganta para seguir, pensando. Como si tratara de acordarse de algo, mis nervios estaban a flor de piel con esto y ni hablar de mi novio. Después de tener su vista baja, la subió luego de varios segundos. Con la respuesta clara –Harrison, así le decían las maestras. Harrison –Mi mente quedó en blanco por largos segundos en los que tuve que procesar lo que me dijo. Me tapé mi boca con espanto, mi presión se bajó y mis nervios hicieron que derramara lágrimas de improvisto.
Sentí el grito avasallador de Caleb en mis espaldas. Lo intuí, si yo estaba mal, no me podía imaginar la rabia que poseía dentro de sí. Ni siquiera tuve el valor de ser educada con el hombre para ir detrás de Caleb, quien salió hecho una furia del lugar. Era de esperarse, estaba rojo de furia, rabia y coraje. Quería matarlo de eso no había duda. Salió a la entrada del establecimiento, tapándose el rostro con más que enojo y revolviendo su pelo con nerviosismo. Yo aún estaba espanta y ni siquiera sabía qué hacer. Nick se había metido con algo más que personal de Caleb, con su familia y yo no podía creerlo.
-Amor –Dije titubeante a sus espaldas. Estábamos en la calle, en frente de una plena escuela para niños y yo era testigo de la furia animal que estaba viendo salir de mi novio –No sacarás nada con enojarte, tenemos que llamar a la policía o algo por el estilo –Hablé a punto de derramar más lágrimas. Sin predecirlo, el castaño se giró sobre sus talones para verme a los ojos y pude distinguir que quien tenía frente a mí no era Caleb. Su enfado no lograba nada más que alterarlo, tragué saliva. Sus ojos estaban desorbitados y habían perdido su color, su rostro estaba rojo por completo.
-Lo juro Christine –Dijo con toda la rabia del mundo, acercándose a mí. Nunca lo había visto así o tan siquiera imaginado –Lo juro por mis padres que mataré a ese hijo de puta.
❝ Te quiero Christine Parker, más que a nada. Pero no esperes rosas ni chocolates de mi parte. Porque no llegarán ❞
miércoles, 28 de enero de 2015
Capítulo 21 -Sensitive-
Christine
Sentí cómo mi mundo se venía literalmente abajo luego de escuchar aquellas crueles palabras de Eric. No podía pensar en otra cosa que no fuera en Caleb y su bienestar, me hiperventilé. Incluso me atrevería a decir que casi me desmayé en los brazos de mi mejor amiga luego de aquella noticia. Alyssa me miraba desde el asiento del conductor mientras conducía con más rapidez que la normal, ya que prácticamente me tuvo que llevar desde su auto velozmente hacia el hospital. Estaba casi en shock con todo esto ¿Cómo pudo haberle pasado algo así a Caleb? Él no era un chico de los cuales se metían con otros. Él era más bien de que “si no me jodes, yo no te jodo” así de simple. Sin embargo, ahora estaba en un hospital, grave y yo acá. Con Alyssa de conductora, no podía estar más nerviosa con su forma de conducir tan lenta. Quería llegar ya y no me importaba si algún puto auto se enojaba por aquello. Ni siquiera me importaba faltar a mi trabajo en ese instante. La persona que quiero está en un hospital y pueden irse todos a la mierda.
-Más rápido, mierda –Casi le grité a mi mejor amiga con mi voz más que titubeante. La morena se mordió el labio con nerviosismo mientras apretaba lo que más podía el pedal de aceleración, sé que no debía gritarle ya que no tenía la culpa de nada, pero estaba mal. Todo, desde que Eric me llamó, me hiso estar completamente mal.
-Hago lo mejor que puedo Christine, relájate –Habló con determinación mientras no despegaba la vista del frente. No le respondí ya que no tenía tiempo de pensar en otra cosa que no fuera mi Caleb. Suspiré estirando mi cuerpo hacia atrás en el asiento del copiloto, decidí abrir la ventana un poco para que la brisa de otoño lograra relajarme por lo menos un poco. Sin embargo no funcionaba. Cerré los ojos tratando de disimular mi ansiedad mientras veía como mi mejor amiga conducía lo más veloz posible tratando de llegar a ese maldito hospital, que por demás sentía que estaba lo más lejos del mundo.
Mi ansiedad se convirtió en nerviosismo al darme cuenta que Alyssa estacionó el auto en frente de aquel establecimiento. No dudé ni un segundo en salir casi volando del vehículo para entrar y darme desde luego una vista plena a una secretaria en la entrada, ella y un par de pacientes más esperando, no me importó en realidad cómo me vieran de agitada y temblorosa. Quería saber de Caleb. No dudé en ir hacia la recepcionista morena.
-Disculpe ¿dónde se interna Caleb Small? –Su vista se levantó fruncida. Hija de puta, no tengo tiempo para inspecciones.
-¿Su nombre? –Tragué saliva.
-Christine Parker
-¿Es alguna familiar? –Asentí de inmediato. Joder, estaba a punto de golpearla si seguía haciendo preguntas imbéciles. Sabía que era su trabajo, sin embargo todo lo que me atrasaba me molestaba en ese instante.
-Soy su novia –Sentí a mi mejor amiga venir detrás de mí para luego ganarse a mi lado. La mujer morena asintió, sacando un gran libro de inscripciones o alguna mierda así. Mi paciencia se fue al límite –¿En dónde se encuentra? –Su mirada volvió a mirarme con veracidad para después suspirar resignándose al ver mi cara de preocupación.
-Sala 83, piso 4 –Asentí dándole un leve “gracias” susurrante, yendo con rapidez hacia el ascensor. Alyssa me acompañó desde atrás hasta llegar a ese encierro metálico. Tragué saliva a punto de derramar lágrimas cuando veía el ascensor ascender con aquella lentitud para llegar al cuarto piso. No quería que nada malo le pasara a Caleb y en cierta forma algo me decía que lo que le ocurrió fue mi culpa. No debí haber dejado que se fuera, él quería quedarse tanto como yo en mi casa. Sin embargo, si tan sólo hubiera sabido, ni de mierda lo dejaba salir de mi departamento. Sentí el suspiro de mi mejor amiga, quien seguía a mi lado. Como siempre ha sido cuando una de las dos está mal.
-Sé lo que estás pensando –Volví a tragar saliva ante la acotación seria de la morena –No es tu culpa Christine –Negué con mi cabeza.
-Es mi culpa por haber dejado que se fuera. Ambos no queríamos separarnos, pero yo lo dejé ir e incluso lo incité a que se fuera más temprano –Dije derramando las primeras lágrimas. Ya que estaba segura que a continuación vendrían más.
-Lo sé. Pero tú no sabías que esto pasaría, los accidentes ocurren cuando menos lo esperas –Con mis manos acaricié mi frente nerviosa, viendo el monitor que daba a la vista en qué piso íbamos. Piso tres, joder ¿cuánto se tardaría esta mierda? Sólo eran cuatro pisos.
-Si te soy sincera. No sé si esto fue un accidente Aly –Hablé en un susurro, algo que sólo ella alcanzó a escuchar y a lo que no dijo nada. Aquello me había salido sin siquiera haberlo pensado. Tal vez lo pensaba en cierta forma, pero no me atrevía a decirlo. Tenía ciertas dudas que me hacían cruzar con ese tipo de sentimientos de incertidumbre, las cuales me hacían rogar que no fueran ciertas. Sino, que todo fuera como Alyssa decía. Un inusual accidente.
Suspiré sacando todos los nervios cuando por fin las puertas del ascensor se abrieron para hacerme notar un pasillo, el cual tuve que cruzar casi corriendo para encontrar esa bendita sala. Al llegar me encontré con Eric, Jessica y aun sujeto desconocido que jamás había visto. Al menos recordaría haber visto a alguien con aquel característico afro. Quienes por cierto estaban sentados en unas par de sillas de esperas que estaban en cada rincón del pasillo. Estaban serios y preocupados. Todos, absolutamente todos se notaron que habían llorado. Mis lágrimas no tardaron en salir al ver la tensión espeluznante que había.
-Eric –Apenas susurré, cuando la vista del moreno se subió para mirarme. Inquietantemente también la de Jessica. La única diferencia era que Eric me miraba conmovido, ella con seriedad.
-Christine –Se levantó de su asiento para abrazarme en gesto de comprensión. Eso terminó con mi poco grado de cordura para soltar las lágrimas restantes. Era increíble que alguien llegara a provocar algo así en mí. Pero no era cualquier persona de la que estaba hablando. Era Caleb, el hombre que quería.
-¿Qué pasó? –Pregunté de inmediato luego de separarme del musculoso Eric. Alyssa apareció a mi lado de improviso lo que hiso que agradeciera mentalmente. En el interior me relajaba que ella estuviera ahí conmigo. Él se revolvió su cabello negro oscuro con nerviosismo.
-Es lo mismo que nos preguntamos todos –Cerré los ojos, secando mis lágrimas. Debía ser fuerte con esto, mierda –Al parecer asaltaron su casa y bueno, para mala suerte de Caleb al llegar los ladrones lo golpearon. Esa es la teoría principal de la policía –¿Asalto? Qué ridiculez. Por lo poco y nada que veía reportajes de aquello, los delincuentes principalmente roban a casas ricas. Pero Caleb no era de esos, era alguien humilde y si hicieron algo así fue por alguna otra intención. Más personal que otra cosa. Joder, pero no me importaba ahora. El bienestar de Caleb era lo primordial ahora. Nada más que eso.
-¿Y está estable? –Pregunté con angustia. Levantó sus hombros.
-No lo sé. Los doctores aún no nos dicen nada.
-¿Cómo está Melanie? –Ese tema también me preocupaba. No me podía imaginar a aquella princesa llorando por su hermano. No podría tolerarlo.
-Ella está bien, Matt la está cuidando ahora en su casa. Por suerte cuando ocurrió eso Jessica la cuidaba y no tuvo el horror de presenciar lo que pasó –Asentí más o menos tranquila.
-¿Cómo se enteraron? –Sé que parecía loca preguntando, pero tenía que saberlo todo para estar tranquila. Aunque sin mentir, no me iba a tranquilizar hasta que Caleb esté bien. Eric tragó saliva.
-No sé si…
-Eric, dímelo –Hablé determinante interrumpiéndolo. Quería escuchar, quería escuchar cómo habían encontrado a Caleb como para que ocurriera esto. Aunque me doliera en el alma. Él me miró titubeante para luego resignarse. Hoy no andaba con rodeos, quería saberlo todo.
-Jessica encontró extraño que Caleb no fuera a buscar a Mel a la hora acordada, y llamó a Darrell para que fuera a ver si estaba en su casa, ya que él vive más cerca –Señaló con la mirada al afro quien estaba serio, con su mirada fija al piso sin señales de algún gesto –Él fue a verlo y –Paró su explicación de repente –Christine no encuentro que sea necesario
-Eric por favor. Sólo quiero saber –Dije en un susurro suplicante, a punto de abofetearlo si no me lo decía. Él asintió exhalando.
-Darrell fue a verlo y encontró la puerta abierta. Se asustó cuando vio que la casa estaba destrozada. Se asustó mucho más aún cuando vio a Caleb, tirado en el piso de su cocina y en su alrededor repleto de –Tragó saliva con dificultad. Como si estuviera a punto de vomitar –Repleto de sangre. Y al parecer, todo indica que golpearon a Caleb en la cabeza –Después de escuchar tuve que tomar asiento en unos de los asientos, mi presión se bajó de repente evitando permitir el paso de la noticia.
Comencé sentir cómo las lágrimas empezaban a hacerse notar nuevamente, sollocé fuertemente. Inmediatamente sentí una mano delgada sobre mi espalda. Supe que era Alyssa consolándome. Es que no me pude imaginar cuánto pudo haber sufrido Caleb con aquello, fue un golpe duro en cualquier sentido de la palabra. No pude evitar sollozar en los brazos de mi amiga, imaginarme eso me ponía más que mal. No creo que haya podido soportar verlo así. Mi hiperventilé, mierda. La respiración ya no llegaba saludablemente a mis pulmones.
-¿Te traigo un vaso de agua? –Preguntó Alyssa luego de que me separé de ella para respirar mejor. Necesitaba estar cómoda sino, me desmayaría ahí mismo. Asentí. Mi mejor amiga me conocía bastante. La morena fue rápidamente, dándome tiempo para regular mi respiración. Pero se me hacía complicado con las putas lágrimas que no dejaban de salir, joder.
-Tranquila Christine –Alcancé a escuchar a Eric con voz apagada, quien se sentó a mi lado –Todos estamos igual o peor que tú. Caleb no se merecía esto pero, de nadie es la culpa. Son cosas que pasan, lamentablemente no podemos hacer nada –Tragué saliva, lo sabía.
-Los familiares de Caleb Small –Alcancé a escuchar a una enfermera preguntando de la nada aquello, luego de media hora más de espera en ese infernal lugar. Entrando a la parte donde estaban, prácticamente, todos los pacientes esperando respuestas para personas desvalidas del cuarto piso. Todos los que conocíamos a Caleb, nos levantamos respondiendo el aviso. La chica rubia nos miró a todos un poco acongojada y tímida. Mierda, quería saber ya –Mmmh bueno ¿Ustedes son sus familiares? –Eric decidió responder por todos. A mí de un segundo a otro se me había secado la boca de la desesperación.
-Somos sus amigos –Ella asintió comprendiendo –¿Pasó algo malo con él? –Preguntó el moreno con miedo en su voz grave de por sí.
-No –Negó y algo, más o menos todo, en mi cuerpo se relajó. Vi lo mismo en el cuerpo de todos los presentes –Pero está en un estado delicado. El golpe que sufrió fue muy fuerte por lo que es lógico que quedara inconsciente por bastante tiempo, y por cierto muy certero en la parte baja de su cráneo. El doctor fue obligado a cerrar esa herida para detener el sangrado, es una suerte inmensa que no haya pasado a mayores –Suspiré tranquila. Dios mío, jamás estuve con mi alma en un hilo desde que supe que mi padre estaba enfermo. Era gratificante saber que esto tuvo éxito, por lo menos.
-¿Él está despierto? –Preguntó Jessica, un tanto acelerada. Yo estaba igual, pero podría soportarlo, más o menos. La chica rubia asintió de nuevo.
-Sí, pero está un poco débil –Suspiré de nuevo –No voy a negar que cuando esté completamente consciente en su cuerpo sentirá un dolor horrible en esa parte pero se pasará, sólo tiene que estar seguro y con reposo hasta que se recupere –Tomé en cuenta la precaución. Ahora más que nunca se tendría que cuidar a Caleb. Y estaba más que segura que ayudaría con eso, me convertiré en una enfermera profesional si es necesario, de eso no hay duda.
-¿Podemos visitarlo? –Pronunció de nuevo la pelirroja. La enfermera asintió.
-Sí, pero sólo uno. El doctor Gómez, quiere que el señor Small esté en buenas manos primordialmente. Sin emociones que lo puedan alterar
-Muchas gracias –Agradeció Eric y todos asentimos viendo cómo la enfermera se retiraba del lugar. De pronto pasó algo que me colocó más que nerviosa, todas las miradas se posaron en mí extrañamente colocándome acongojada de por sí. Creo que me perdí de algo –Creo que será mejor que vayas tú –Dijo el musculoso mirándome directamente casi con una sonrisa. Jessica gruñó de inmediato
-¿Qué? ¿Estás loco Eric? –Estaba segura que le faltaban un par de escalas vocales más, y terminaba gritando para que todos la escucharan en el edificio. Él la miró.
-Creo que es algo obvio. Christine es su –Lo interrumpí antes de que siguiera. No quería problemas, menos ahora.
-No Eric. No me corresponde, ve tu –Hablé con determinación un poco débil.
-Pero
-Eres su mejor amigo y no hay objeciones para eso ¿De acuerdo? Luego, y si se da la ocasión vendrá mi turno –Dije tratando de sonar firme, pero las emociones de toda esa mañana me tenían en otra galaxia. Sonreí para luego recibir un inesperado abrazo amistoso de su parte. Me sonrió con esa particular forma galante que tenía ese chico por naturaleza para después ir a la sala casi corriendo.
Giré mi vista para encontrarme con Alyssa, quien siempre estuvo a mi lado en cualquier momento. Ella me sonrió al fin alegre después de todo esto, yo le respondí de vuelta abrazándola y riendo. Demonios, cómo quería a esa idiota.
-¿Ves? Todo salió bien –Comentó luego de separarse de mí para verme a los ojos. Levanté mis hombros –Ahora quita esa cara de culo que tienes y acompáñame –Me tomó de la mano llevándome a quién sabe dónde. Fruncí mi ceño.
-No estoy de ánimo Alyssa. Caleb estaba mal para mí hace unos instantes y no sé si sea bueno que hagas unas de tus locuras ahora –Respondí más o menos débil. La morena rodeó sus ojos.
-No es una locura para mí ir a tomar un café para que despiertes y sonrías –Frunció sus labios divertida –A Caleb no le gustaría ver esa cara de no haber tenido un orgasmo hace 10 años –Reí levemente ante su broma, ella era experta en subirme el maldito ánimo en mis peores momentos. Por eso la quería.
-Bueno, esa es otra cosa –Terminé asintiendo siguiéndola hasta la cafetería del primer piso.
Ahora mi mente y mi corazón podían estar más tranquilos joder. Sin embargo ahora tenía una duda rondando en mis pensamientos que no me dejaba tranquila en todo el trayecto hacia el comedor, era raro que Caleb haya sufrido algo así. Él nunca se metía con nadie y si tenía algún problema personal, no era para que la persona con quien tuvo algún roce cometa una acción así. Este “robo” definitivamente me olía mal, como nunca antes. Luego estaba lo otro que me tenía conmocionada. El hecho de que nunca estuve a tal extremo con un alma en un hilo desde que mi padre se había enfermado, y en tiempo presente extrañamente me ocurría con este chico. Eso no demostraba que yo lo quería, yo sentía algo más profundo que eso. Pero no tenía la certeza completa como para descubrirlo y la verdad es que no sabía si quería hacerlo. Alyssa me entregó un café luego de unos minutos después de pedirlo. Estaba pensativa, esa mañana había tenido emociones más que mezcladas.
-Suéltalo –Habló de la nada mi mejor amiga interrumpiendo mis pensamientos, mientras se sentaba a mi lado en una mesa de la cafetería. Con su cafeína en sus manos. Fruncí mi ceño notablemente no entendiendo su comentario.
-¿Disculpa? –Bufó entretenida. No entendía para nada su actitud
-No te hagas la tonta, vamos, dime qué sientes por ese chico –Levanté mis hombros. Con que a eso se refería, típico de Alyssa.
-No lo sé –Dije siendo sincera –Lo quiero, de eso estoy segura –Ella negó con la cabeza tomando un sorbo de café.
-Bueno. Para ser sincera, jamás te vi así de mal por alguien que no fuera tu padre –Suspiré, tenía razón en todo maldita sea –Dime Christine, no tienes por qué tener miedo. Si amas a Caleb no hay ningún problema con eso –La miré en forma de alerta. Nunca me imaginé que precisamente, Alyssa Jefferson me dijera eso como algo tan común. Pero luego exhalé, resignándome a hablar aquello con ella. De todas formas es mi mejor amiga, no había secretos entre nosotros.
-¿Cómo sabes eso?
-Porque el amor no se sabe, se ve. Y yo veo en tu mirada más que amor por Caleb, zorrita –Lanzó una risa leve y comprensiva hacia mí. Volví a fruncir mi ceño.
-No, lo que quiero decir es que ¿Cómo puedes saber que amas a alguien, si no conoces lo que es el amor? –Pregunté acongojada y confundida, Alyssa me miró interrogante. Sabía a dónde iba con este tema.
-No soy una experta sin embargo, pienso que el amor es algo sensible pero a la vez lo más fuerte que existe –Se acomodó la garganta tomando otro sorbo de café –Es algo que por más fuerte que seas, te hace sensible. Y no existe nada que pueda evitarlo –Pensé en eso un momento, tal vez sea cierto. Tal vez amaba a Caleb y no era capaz de mirar por un segundo más allá que el “querer”.
-No sé si lo amo. Pero lo quiero y mucho –Alyssa negó divertida nuevamente, soltando una leve carcajada. La miré confusa.
-Cómo te dije, jamás te vi más mal que cuando tu padre se enfermó. Eso sólo demuestra que tú no quieres a ese chico –Tragué saliva al ver su mirada delatadora –Tú lo amas, y eso está más que perfecto –Reí un poco.
-¿Tú crees? –Asintió de inmediato.
-Por supuesto y me parece perfecto. Él es un chico responsable y maduro para su edad –Habló con sensatez –Incluso me atrevería a decir que es mucho más maduro que tú –La miré sin creer ¿ella era mi mejor amiga verdad? La golpeé divertida y con suavidad en el hombro. Aly soltó una carcajada.
-Tal vez tengas razón –Dije en un suspiro –Tal vez yo, yo lo amo –La morena soltó una risa, esta vez irónica.
-Desde luego ¿Alguna vez me he equivocado, zorrita? –Preguntó haciéndome reír. Levanté mis hombros –Además, cambiando de tema: ¿Cómo se llamaba ese moreno amigo de tu amor? –Preguntó interesada. Abrí mis ojos sorprendida ante su inesperada pregunta.
-Espera ¿te interesa Eric? –Pronuncié atónita a punto de caerme de espaldas. Ella rio un poco acongojada, confirmando mi pregunta –Eres una perra –Dije divertida y en broma. Alyssa hiso un puchero.
-No es eso. Pero quería saber –Dijo haciéndose la inocente.
-Estás con Stefan, no puedes hacerle eso al alemán –Alyssa bufó ante mi réplica de madre preocupada, rodeando los ojos.
-No estoy diciendo que follaré con él, pero quería saber su nombre eso es todo –Volvió hacer un puchero de niña pequeña –Igualmente, él no está muerto y yo tampoco –Habló por lo bajo. Repetí esa mirada de reproche, de verdad Alyssa era un caso especial.
-No puedo creerlo –Sonreí negando mi cabeza entretenida, observando la actitud de mi mejor amiga.
-Ash no seas melodramática, Dios. Quería saber su nombre solamente –Levantó sus manos declarándose inofensiva. Rodeé los ojos.
-De todas formas…
-Christine –Sentí una voz femenina llamándome a mis espaldas, interrumpiendo mi conversación. El ceño de mi mejor amiga se frunció al mirar por detrás de mí a la persona que me había llamado, por lo que con rapidez e instintivamente giré mi vista para encontrarme con la chica pelirroja y amiga de Caleb. Quien me miraba seria y expectante. Mis pensamientos se extrañaron desde luego, jamás esta chica había buscado alguna conversación conmigo y es que siempre he supuesto que me quiere más bajo tierra que viva dispuesta a hablar –Me gustaría hablar contigo, un momento si no es mucha molestia –Fruncí de nuevo mi ceño notablemente girando mi vista hacia la morena quien no sabía cómo reaccionar ante la tensión del instante. Ella entendió mi mirada por lo que se levantó con lentitud de su asiento a mi lado un poco seria, dándoselo implícitamente a Jessica.
-Umh, yo te espero arriba ¿sí? –Asentí ante el aviso de la morena y ver cómo se retiraba del comedor para volver arriba. Aún estaba extrañada del por qué la pelirroja querría mantener una conversación conmigo. Yo no le simpatizaba, para qué dar más cuerda al asunto ¿no? Jessica caminó hacia donde estaba sentada Alyssa y tomó asiento, justo a mi lado. Su mirada cobriza me inspeccionó potentemente, no sabía lo que pasaba por la mente de la chica, sin embargo si quería buscar algún tipo de pelea no estaba de ánimos. Menos ahora.
-No es muy largo lo que quiero preguntarte Christine, pero es muy preciso –Asentí de nuevo invitándola a hablar, hasta el momento ninguna palabra salía de mi boca y es que realmente no tenía palabras del por qué me hablaba así –¿Estás de novia con Caleb verdad? –No era más bien una pregunta, más bien una afirmación esperando ser confirmada. Me incomodé un tanto ante su pregunta.
-Sí, algo así –Dije un tanto seria y confusa. Ella asintió cruzándose de brazos. Por primera vez me fijaba que era muy blanca y bonita. Pero no era esa belleza despampanante que te dejaba con la boca abierta, sino algo más tierno y sencillo. Natural.
-Y supongo que sabes que tú… no me agradas ¿no? –Mi ceja se levantó sin poder creer lo que me decía esta chica. ¿Para esto quería conversar? Bufé mentalmente.
-Escucha Jessica, de verdad no quiero discutir justo ahora –Suspiré aclarando la situación con la chica –Si te caigo como patada al estómago, no es mi problema y por favor, te pido amablemente que te retires y me dejes sola –Ella me sonrió, no amigablemente si es que lo puedo decir.
-Pues debería ser tu problema Christine, porque todo lo que pasó ahora con Caleb no es nada más que tu culpa –Mi cara casi cayó al piso de lo último que dijo, la impresión se apoderó de mí, mierda.
-¿Qué? ¿cómo te atreves a decirme eso? –Mi enojo se hiso visible. Jessica me observó indiferente de abajo hacia arriba. En lo que se me podía observar mientras estaba sentada, claro.
-Es obvio. A Caleb jamás le ocurrió algo así en la vida y ahora, en el preciso momento en el que apareciste tú pasa por esto –Me miró despectiva –Si no es una tonta coincidencia, entonces ¿qué es? –Nuevamente su observación hacia mí era de enojo múltiple. Y yo prácticamente me quedé helada por todo esto que injustificadamente proporcionaba hacia mi persona. ¿Quién mierda se creía? Ni mi propio padre, cuando estaba vivo, me reprochó cosas con tal altanería. Y definitivamente no dejaría que aquella chica que no superaba los 18 años viniera a enfrentarme.
-Lo que pasó con Caleb fue un accidente. Tal como le pudo pasar a cualquiera y lamentablemente le pasó a él –Me levanté de mi asiento indignada y tratando de convencerme a mí misma de aquello, sin embargo algo en mi interior me decía lo contrario. La apunté con mi dedo totalmente furiosa pero tratando de controlarme, después de todo no dejaba de estar en un hospital –Pero no voy a permitir que ninguna niña como tú ponga en duda aquello –Ella se levantó de igual forma para estar cara a cara.
-¿Entonces cómo explicas que todo esto pase cuando llegaste tú? –Rio irónica –Primero su inesperadas salidas de no llegar a casa hasta el otro día, su despreocupación por la tienda y ahora un supuesto “asalto” –Negué con mi cabeza sin poder creer el coraje que me estaba aguantando de no mandarla a la mierda. Contó cada una de las acciones realizadas por Caleb al contar con sus dedos –Todo esto desde que llegaste
-Aun no entiendo qué tiene que ver eso conmigo, yo lo único que he hecho es querer a Caleb más que a nada. Si no puedes entenderlo entonces no vale la pena seguir “hablando” –Hice comillas con mis dedos, ella se acercó amenazante. No amenazaba a nadie por Dios, ni a una sola mosca.
-Bien. Si dices quererlo tanto, pues aléjate de él. Sólo lo estás distrayendo de sus reales responsabilidades –Tragué saliva, pensando. En cierta forma, reconocí apenas en mi interior, algo de todo lo dicho tenía razón –Tiene una hermana que depende de él y un trabajo qué mantener. No tiene tiempo para responsabilizarte por tu trasero niña bonita –Me dijo dándome un gesto de asquerosidad. Me mordí la lengua, demonios, cómo lo hice. A nadie le haría bien saber que ella tanto como yo nos estábamos asesinando verbalmente. Pero no, no iba a dejar que ni Jessica ni nadie me pisoteara. Eso era lo principal que papá me había enseñado en la vida.
-¿Quieres que me aleje de él por su bien? ¿O porque quieres tener el camino libre para ti? Porque déjame decirte que no engañas a nadie con tu máscara de “amiga preocupada” –Sonreí con ironía, haciendo que la pelirroja se colocara roja de furia –Admítelo, sólo quieres estar con Caleb y sacarme a mí del camino con excusas baratas. Pero aunque lo logres y me vaya, tú no lograrás nada con él. Porque simplemente… –Yo me acerqué ahora, mirándola hacia abajo. Era un chiste de mal gusto decir que esa chica me superaba en altura –Porque simplemente, él me quiere a mí –Tragó saliva, con furia vagando por sus venas. Le di en el punto fijo.
-Sólo te digo que te alejes de él por el bienestar de Caleb y su alrededor, nada más. Tómalo como quieras –Respondió firme. Asentí.
-Pues, ahórrate aquellos comentarios. Si no es mucha molestia, porque yo no pienso alejarme de él –Ella se cruzó de brazos a la defensiva.
-Uhm ¿Christine? –Nuevamente interrumpieron una conversación propia alguien desconocido, sólo que esta vez fue una voz masculina y la pude reconocer. Eric. Me giré sobre mis talones para poder verlo –No sé, si estaban conversando mejor después… –Lo interrumpí. Esta conversación no iba para ningún lado, de todas formas.
-No es nada, dime –Hablé tratando de tranquilizar mi temperamento. Él asintió.
-Es Caleb, quiere verte
(…)
Abrí la puerta que demostraba ser de la sala 83 con cuidado, pensando internamente que Caleb estaría durmiendo o algo así y no quería ser inoportuna para despertarlo. Así que entré pero me llevé la sorpresa de que mi castaño estaba más que despierto en aquella horrible cama de hospital, y una cosa espantosa tenía en su boca que le permitía respirar adecuadamente. Aquello era transparente y al irme acercando, me di cuenta que al verme me sonrió abiertamente. Yo sólo me dediqué a mirarlo conmovida, recién me daba cuenta que no podía estar tranquila si no estaba él a mi lado. Como también sabía que no podía tolerar verlo así, me gustaba más cuando estaba lleno de energía, e incluso prefería verlo enfadado conmigo por alguna estupidez salida de mi boca que verlo así en ese estado.
Al entrar y no poder decir alguna palabra de la impresión, me fijé que tenía una gran venda en la parte baja de su cabeza. Por atrás. Por lo que lo veía un poco incómodo, joder, debe estar sufriendo un dolor de mierda y yo no podía hacer nada.
-No piensas saludarme –Dijo sonriente en una voz débil a través del respiratorio. El cual se sacó lentamente levantando con mucho esfuerzo su mano, para quitárselo por supuesto. Me acerqué de inmediato a su cama para sentarme en algún pequeño hueco a su lado. No pude evitar derramar lágrimas tanto de tristeza como de felicidad. Tristeza por el hecho de verlo así y felicidad por saber que no fue peor, por saber que estaba ahí conmigo dispuesto a recuperarse. Me las limpié rápidamente con mis manos.
-No puedo creer verte así, es demasiado para mí –Respondí a punto de lanzarme a llorar como una niña pequeña. Su mano con suavidad cayó ante las mías, las cuales por supuesto tenía puestas sobre mis piernas desnudas, y sentía cómo caían mis lágrimas pasando por mis mejillas. Caleb me acarició con todo el amor del mundo.
-Bésame y te juro que estaré mejor –Reí ante su comentario para después acercarme a su rostro pálido. Eso sólo significaba que había perdido bastante sangre. Aun así, seguía siendo lindo para mí, sea del modo que sea, por lo que me aproximé hacia su rostro y junté mis labios con los suyos. Al parecer tanto él como yo quería que esto sucediera, ya era bastante el tiempo en el que estuvimos alejados y yo estaba con una angustia infinita. Con dulzura moví mi boca con la de él, quien también hiso lo mismo con ternura. Tenía que admitir que sus labios estaban fríos y sin esa calidez pasional que sentía cada vez que nos besábamos. Ahora eran diferentes, era por todo. Por el golpe y por el hecho de estar en el hospital. Adentré mi lengua con suavidad y timidez entre sus labios, no hubo respuesta alguna a esa más que un jadeo de su parte. Sabía que no podía responderme como hubiera querido, sin embargo me estaba volviendo adicta a sentirlo en ese modo. Y no pude evitarlo. Con suavidad y paciencia lo besé con cariño, jugando con su linda boca por unos largos segundos. Incluso me atrevería a decir que fueron minutos, minutos hermosos.
Me separé tratando de no caer ante la tentación de lanzarme encima de él y besarlo de alguna forma frenética, como tanto nos gustaba a ambos. Suspiré, aunque no lo estuviera besando, estábamos cerca. Ahora pude observar mejor cómo la debilidad se notaba en su cara, Dios, no sabía se hubiera sido capaz de soportar esto.
-Has llorado –Pronunció con suavidad y un tanto débil, tenía que estar consciente que Caleb no hablaría normalmente como siempre por su situación. Aunque lo que me dijo no fue una pregunta por parte de él, ya que al estar cerca pudo ver rastros de lágrimas en mis ojos. Era obvio. Asentí
-¿Cómo querías que estuviera? –Hablé en un susurro triste –Estaba asustada, pensé que nunca más te volvería a ver –Dije aun recordando el espanto y el miedo que sentí cuando Eric me dijo la noticia. Él suspiró con una sonrisa de tristeza.
-No debiste pensar en eso. Jamás te dejaría sola, ni a ti ni a Melanie –Asentí a punto de llorar de felicidad, pero me contuve. Ya que de un instante a otro mis sentimientos comenzaron a regularse con firmeza, dejándome en claro lo que comenzaba a sentir por él y de lo que hubiera sido de mi vida si no despertado de aquel infierno.
-Lo sé –Me sinceré a lo bajo, sin quitar la vista de sus ojos. Que de por sí, aunque estuviera débil, no dejaban de ser hermosos y brillantes –¿Vas a decirle? –Pregunté cambiando de tema, pero sin quitar mi tono bajo de la voz. No hacía falta hablar fuerte para comunicarnos. Él tragó saliva para luego tragar, sabía a quién se refería.
-Me encargué de que no lo supiera para no asustarla –Pronunció –Mientras me recupere ella se quedará en casa de Eric –Titubeé en mis pensamientos, sinceramente no sabía si era buena idea ocultarle algo así a Melanie.
-No sé si es buena idea Caleb, ella tiene derecho a saberlo y bueno, también sabes que preguntará por ti –Él negó, no quería discutir por supuesto como tampoco yo.
-Eso es algo que no quiero involucrarla. Mientras más alejada de todo lo malo que pase, mejor –Bien, no diferí en eso. Como dije no quería discutir.
-¿Y qué le dirás? Porque no te verá por un par de días hasta que estés bien –Caleb exhaló.
-Supongo que Matt ya le habrá dicho algo y me tendré que someter a lo que haya hablado –Confirmé con mi cabeza. Era impresionante que aunque esté postrado en cama no deja de ser responsable con sus cosas. Lo quería mucho y cada vez me conmovía más. Si es que se le puede llamar “conmoción” claro –Pero ahora no quiero hablar de eso. Quiero que vengas y estés en mis brazos –Negué de inmediato levantándome con miedo. Joder, acaso no veía cómo estaba su estado actual.
-¿No has visto cómo estás? Siento que si te llego a tocar, te romperé algún hueso o algo –Exageré, pero en cierta forma tenía razón. Caleb no podía estarme pidiendo que lo abrace, no sería bueno para ambos. Él bufó.
-No seas dramática Chris, ven. Sólo me duele mi cabeza pero lo puedo soportar –Abrió sus brazos con lentitud con una sonrisa traviesa, sentía que aún estaba débil por supuesto. Pero aún no podía, tenía tantas dudas rondando como ganas de estar con él en ese instante.
-Quiero saber que pasó –Titubeé nerviosa con el tema –Quiero saber que pasó en tu casa Caleb, no he podido estar tranquila desde que me enteré –Su sonrisa traviesa por supuesto se fue a la mierda. Su gesto se convirtió en algo más que serio, algo duro.
-Nena. En realidad no recuerdo muy bien lo que pasó –Dijo con dificultad al ver mi cara de que no me iba a resignar a respuestas cortas. Tal vez estaba siendo muy dura viendo el estado de Caleb, pero el alma la tenía en un hilo y quería sacar de una vez por todas mis dudas –Pero sí se me vienen imágenes de mi casa destrozada y… –De un instante a otro su rostro débil tomó color y a la vez sorpresa. Fruncí mi ceño al ver cómo abría los ojos como platos como si algo hubiera pasado por su mente recordándole cosas. No habló por un buen rato en los cuales se encontraba en un estado de shock. No quise hablarle pero me moría de curiosidad ver cómo no respondía. Tragué saliva arriesgándome
-¿Caleb? –Él no respondió de inmediato, no supe cómo pero terminó sacando fuerzas de no sé dónde y se logró sentar en la cama donde estaba acostado. Pude ver cómo su venda, la cual estaba ubicada en la parte baja de toda su cabellera y demostraba un mínimo sangrado. Que hacía ver que el doctor realmente le hiso una operación para cerrar la herida de aquella parte. Aún no comprendía su reacción y no tardé en volver a preguntar –¿Estás bien? ¿necesitas algo? –Pregunté de inmediato, él negó dificultosamente con su cabeza y haciéndome un gesto que necesitaba pensar. Decidí cerrar mi boca, tal vez así le daba lo que quería.
-Harrison –Lo nombró con seriedad y sus ojos cerrados, como si le doliera pensar en aquello –Él fue –Tragué saliva tratando de entender lo que me decía, o al parecer no quería entenderlo. Levantó su mirada azulada para mirarme fruncido.
-¿Qué? –Pregunté asustada, de por sí perdiendo el color de mi rostro. Lo sentí mierda.
-Recuerdo esa maldita nota –Dijo mirándome, levantando su voz y sacando fuerzas. Supuse que de la rabia que sentía por supuesto –Él mandó a unos tipos a destrozar mi casa y también a, matarme –Negué con mi cabeza de inmediato, tratando de creer en mis contradicciones que en las propias palabras de Caleb. Estaba siendo una estúpida, pero no quería creerlo.
-Es imposible –Negué de nuevo tratando de creérmelo –Nick es celoso y a veces un poco antipático, pero no creo que sea capaz de ser un… asesino –Me costaba admitirlo, tanto como me costaba creerlo. Él bufó, ahora enojado y recobrando mucho más el sentido.
-Pues créelo Christine ¿Cómo explicas el hecho de que hoy estoy en este maldito lugar? –Ahora con mis manos nerviosas me rocé mi rostro con ansiedad, joder. No podía creerlo, no me calzaba –Él me dejó una nota, no recuerdo lo que decía pero sé exactamente de quién era. Y estoy más que seguro que al final del escrito salía su nombre –Volví a tragar saliva y respiré agitadamente. No podía ser cierto, Nick, digo no me cabía en la cabeza después de haberlo conocido cuando él apenas tenía 18 años. La gente cambia, Christine. Me recordé a mí misma de las mínimas enseñanzas que te dan los obstáculos de la vida, eso y el recuerdo de Nick golpeándome al llegar a mi departamento.
-¿Quieres decir que Nick mandó a personas a que te… –No completé mi pregunta ya que sencillamente no podía terminarlo de tan sólo imaginarlo.
-Es algo obvio ¿no crees?
-No sé –Suspiré –No sé qué creer en realidad, es complicado imaginarme a alguien siendo malo a tal aspecto –Caleb nuevamente bufó, se había enojado no por el hecho de que supiera quién había sido, sino que yo no le demostraba que le creía. Lo sabía. Pero ahí estaba mi estupidez, mis dudas.
-¿Qué clase de pruebas necesitas? ¿una foto? ¿un dibujo retratado con alguna escena? –Preguntó con ironía. Fruncí mis labios –Christine, estoy postrado en una maldita cama ente instante luego de que destruyeran mi puta casa, la cual tenía una nota de prueba que todo eso fue idea de Nick. Si no lo quieres ver, entonces me haces dudar de tu inteligencia –Tenía razón. En todo y al parecer mis pensamientos no me querían dejar ver más allá de lo que había.
-No me digas eso, por favor –Me acerqué para acariciar su rostro. Ya que al estar sentado en esa camilla quedaba a mí misma altura. Él lo giró demostrando que estaba más que furioso conmigo –Caleb, perdón ¿sí? Pero quiero estar segura de todo y así ir a la policía –Él negó de inmediato, mierda.
-No servirá de nada, buscarán a las personas equivocadas –Apretó su mandíbula con rabia –Más precisamente a las que hicieron el trabajo sucio. Es por eso que Harrison lo hiso así, para no ensuciarse las manos en ningún aspecto.
-¿Y la nota? Debe tener alguna huella suya por la cual incriminarlo –Propuse –Esto no debe quedar así –El castaño volvió a negar
-No creo que Harrison sea tan idiota de mandarme una nota si lo hiso con sus propias manos, debió haber hecho lo mismo que cuando mandó a esos tipejos a matarme –Mi aire se fue a la mierda al escucharlo decir eso. Es que no podía creerlo, esto no era una estúpida película de delincuencia, mierda.
-Caleb… ¿Y si fue sólo un acto de vandalismo? –Me miró sin poder creer lo que le había, sacando mis manos que aún estaban en su rostro con brusquedad. La había cagado con abrir mi boca, de nuevo. Joder.
-Como te he dicho. No sé qué clase de cuento de hadas has leído, pero existen personas malas –Habló con furia, pero no tanta. Por su situación claro –Y el hecho de que tú no me creas me haces dudar de tus sentimientos, así que por favor… -Pronunció apretando mucho más su mandíbula y una mano señalando la salida de la habitación –Te pido que te vayas, no necesito a una persona en mi vida que no confíe en mí.
Mi mandíbula casi cayó al piso después de lo dicho, estaba claro que me odiaba por dudar. Lo que no entendía era el por qué lo hacía, estaba más que claro que Caleb no me mentiría en ese aspecto ni en ningún otro ¿Qué beneficio tendría? El castaño me miraba esperando que hiciera algo e hice lo primero que se me vino a la mente y al corazón. Besarlo.
Lo besé con ternura y de improviso, no me respondió de inmediato ya que sentía que aún estaba dolido por mis dudas. Sin embargo luego de unos segundos de tentarlo y atravesando sus labios neutros con mi lengua traviesa de vez en cuando, terminó por responderme con avidez. No con mucha pasión ya que debíamos calmarnos en cierto aspecto, por el lugar y su estado. Pero lo suficiente para ponerme a volar sobre las nubes. Joder, había algo en mi pecho oprimiéndome. Algo muy raro ya que no había sentido eso antes cuando he besado a Caleb, pero ahora. Todo era tan distinto, como si por dentro de mi cuerpo se hubiera aclarado un millón de cosas respecto a él y a mí. No debía tener miedo de afrontarlo, porque de por sí el hombre que tenía besando ante mí no era como los otros. Él no me usaría, nunca me trataría mal ni mucho menos me haría daño. En ningún aspecto, cosas que me ayudaron a aclararme.
-Perdón, soy una tonta –Le dije susurrante después un rato de besos tiernos y a la ves apasionados. Levanté mi vista baja para verlo y demostrarle que era sincera, en cualquier aspecto. Suspiré –Te amo Caleb –Esas palabras ni siquiera titubearon en mi boca al salir, sólo lo hicieron. Dejando al castaño mucho más que sorprendido, me mordí el labio nerviosa, no sabía qué esperar con lo que dije. Pero me había salido del alma, sin poder evitarlo lo cual demostraba que había sido más que sincero.
-¿Qué dijiste? –Preguntó alzando su mano hasta mi cuello para acariciarlo lentamente y con dulzura. Como si me tocara y aceptara que lo que le dije había sido real y no un sueño. Me sonrojé más o menos, no tenía por qué tener miedo. La vida era demasiado corta para tenerlo. Asentí.
-Quiero que tengas claros mis sentimientos hacia ti, y esos son Caleb. Te amo –Pronuncié tímidamente sin despegar mi vista de él. Me sonrió abiertamente, de oreja a oreja como nunca antes. Lo cual me iluminó todo el día y a la vez mi vida.
-Y yo a ti –Dijo rápidamente, captando mi atención y dejándome blanca. Dios santo.
-¿Qué? –Tragó saliva sonriéndome y robándome un pequeño beso que fue el más corto, pero el más sincero que exista.
-Te amo, y desde hace mucho tiempo Christine Parker.
Sentí cómo mi mundo se venía literalmente abajo luego de escuchar aquellas crueles palabras de Eric. No podía pensar en otra cosa que no fuera en Caleb y su bienestar, me hiperventilé. Incluso me atrevería a decir que casi me desmayé en los brazos de mi mejor amiga luego de aquella noticia. Alyssa me miraba desde el asiento del conductor mientras conducía con más rapidez que la normal, ya que prácticamente me tuvo que llevar desde su auto velozmente hacia el hospital. Estaba casi en shock con todo esto ¿Cómo pudo haberle pasado algo así a Caleb? Él no era un chico de los cuales se metían con otros. Él era más bien de que “si no me jodes, yo no te jodo” así de simple. Sin embargo, ahora estaba en un hospital, grave y yo acá. Con Alyssa de conductora, no podía estar más nerviosa con su forma de conducir tan lenta. Quería llegar ya y no me importaba si algún puto auto se enojaba por aquello. Ni siquiera me importaba faltar a mi trabajo en ese instante. La persona que quiero está en un hospital y pueden irse todos a la mierda.
-Más rápido, mierda –Casi le grité a mi mejor amiga con mi voz más que titubeante. La morena se mordió el labio con nerviosismo mientras apretaba lo que más podía el pedal de aceleración, sé que no debía gritarle ya que no tenía la culpa de nada, pero estaba mal. Todo, desde que Eric me llamó, me hiso estar completamente mal.
-Hago lo mejor que puedo Christine, relájate –Habló con determinación mientras no despegaba la vista del frente. No le respondí ya que no tenía tiempo de pensar en otra cosa que no fuera mi Caleb. Suspiré estirando mi cuerpo hacia atrás en el asiento del copiloto, decidí abrir la ventana un poco para que la brisa de otoño lograra relajarme por lo menos un poco. Sin embargo no funcionaba. Cerré los ojos tratando de disimular mi ansiedad mientras veía como mi mejor amiga conducía lo más veloz posible tratando de llegar a ese maldito hospital, que por demás sentía que estaba lo más lejos del mundo.
Mi ansiedad se convirtió en nerviosismo al darme cuenta que Alyssa estacionó el auto en frente de aquel establecimiento. No dudé ni un segundo en salir casi volando del vehículo para entrar y darme desde luego una vista plena a una secretaria en la entrada, ella y un par de pacientes más esperando, no me importó en realidad cómo me vieran de agitada y temblorosa. Quería saber de Caleb. No dudé en ir hacia la recepcionista morena.
-Disculpe ¿dónde se interna Caleb Small? –Su vista se levantó fruncida. Hija de puta, no tengo tiempo para inspecciones.
-¿Su nombre? –Tragué saliva.
-Christine Parker
-¿Es alguna familiar? –Asentí de inmediato. Joder, estaba a punto de golpearla si seguía haciendo preguntas imbéciles. Sabía que era su trabajo, sin embargo todo lo que me atrasaba me molestaba en ese instante.
-Soy su novia –Sentí a mi mejor amiga venir detrás de mí para luego ganarse a mi lado. La mujer morena asintió, sacando un gran libro de inscripciones o alguna mierda así. Mi paciencia se fue al límite –¿En dónde se encuentra? –Su mirada volvió a mirarme con veracidad para después suspirar resignándose al ver mi cara de preocupación.
-Sala 83, piso 4 –Asentí dándole un leve “gracias” susurrante, yendo con rapidez hacia el ascensor. Alyssa me acompañó desde atrás hasta llegar a ese encierro metálico. Tragué saliva a punto de derramar lágrimas cuando veía el ascensor ascender con aquella lentitud para llegar al cuarto piso. No quería que nada malo le pasara a Caleb y en cierta forma algo me decía que lo que le ocurrió fue mi culpa. No debí haber dejado que se fuera, él quería quedarse tanto como yo en mi casa. Sin embargo, si tan sólo hubiera sabido, ni de mierda lo dejaba salir de mi departamento. Sentí el suspiro de mi mejor amiga, quien seguía a mi lado. Como siempre ha sido cuando una de las dos está mal.
-Sé lo que estás pensando –Volví a tragar saliva ante la acotación seria de la morena –No es tu culpa Christine –Negué con mi cabeza.
-Es mi culpa por haber dejado que se fuera. Ambos no queríamos separarnos, pero yo lo dejé ir e incluso lo incité a que se fuera más temprano –Dije derramando las primeras lágrimas. Ya que estaba segura que a continuación vendrían más.
-Lo sé. Pero tú no sabías que esto pasaría, los accidentes ocurren cuando menos lo esperas –Con mis manos acaricié mi frente nerviosa, viendo el monitor que daba a la vista en qué piso íbamos. Piso tres, joder ¿cuánto se tardaría esta mierda? Sólo eran cuatro pisos.
-Si te soy sincera. No sé si esto fue un accidente Aly –Hablé en un susurro, algo que sólo ella alcanzó a escuchar y a lo que no dijo nada. Aquello me había salido sin siquiera haberlo pensado. Tal vez lo pensaba en cierta forma, pero no me atrevía a decirlo. Tenía ciertas dudas que me hacían cruzar con ese tipo de sentimientos de incertidumbre, las cuales me hacían rogar que no fueran ciertas. Sino, que todo fuera como Alyssa decía. Un inusual accidente.
Suspiré sacando todos los nervios cuando por fin las puertas del ascensor se abrieron para hacerme notar un pasillo, el cual tuve que cruzar casi corriendo para encontrar esa bendita sala. Al llegar me encontré con Eric, Jessica y aun sujeto desconocido que jamás había visto. Al menos recordaría haber visto a alguien con aquel característico afro. Quienes por cierto estaban sentados en unas par de sillas de esperas que estaban en cada rincón del pasillo. Estaban serios y preocupados. Todos, absolutamente todos se notaron que habían llorado. Mis lágrimas no tardaron en salir al ver la tensión espeluznante que había.
-Eric –Apenas susurré, cuando la vista del moreno se subió para mirarme. Inquietantemente también la de Jessica. La única diferencia era que Eric me miraba conmovido, ella con seriedad.
-Christine –Se levantó de su asiento para abrazarme en gesto de comprensión. Eso terminó con mi poco grado de cordura para soltar las lágrimas restantes. Era increíble que alguien llegara a provocar algo así en mí. Pero no era cualquier persona de la que estaba hablando. Era Caleb, el hombre que quería.
-¿Qué pasó? –Pregunté de inmediato luego de separarme del musculoso Eric. Alyssa apareció a mi lado de improviso lo que hiso que agradeciera mentalmente. En el interior me relajaba que ella estuviera ahí conmigo. Él se revolvió su cabello negro oscuro con nerviosismo.
-Es lo mismo que nos preguntamos todos –Cerré los ojos, secando mis lágrimas. Debía ser fuerte con esto, mierda –Al parecer asaltaron su casa y bueno, para mala suerte de Caleb al llegar los ladrones lo golpearon. Esa es la teoría principal de la policía –¿Asalto? Qué ridiculez. Por lo poco y nada que veía reportajes de aquello, los delincuentes principalmente roban a casas ricas. Pero Caleb no era de esos, era alguien humilde y si hicieron algo así fue por alguna otra intención. Más personal que otra cosa. Joder, pero no me importaba ahora. El bienestar de Caleb era lo primordial ahora. Nada más que eso.
-¿Y está estable? –Pregunté con angustia. Levantó sus hombros.
-No lo sé. Los doctores aún no nos dicen nada.
-¿Cómo está Melanie? –Ese tema también me preocupaba. No me podía imaginar a aquella princesa llorando por su hermano. No podría tolerarlo.
-Ella está bien, Matt la está cuidando ahora en su casa. Por suerte cuando ocurrió eso Jessica la cuidaba y no tuvo el horror de presenciar lo que pasó –Asentí más o menos tranquila.
-¿Cómo se enteraron? –Sé que parecía loca preguntando, pero tenía que saberlo todo para estar tranquila. Aunque sin mentir, no me iba a tranquilizar hasta que Caleb esté bien. Eric tragó saliva.
-No sé si…
-Eric, dímelo –Hablé determinante interrumpiéndolo. Quería escuchar, quería escuchar cómo habían encontrado a Caleb como para que ocurriera esto. Aunque me doliera en el alma. Él me miró titubeante para luego resignarse. Hoy no andaba con rodeos, quería saberlo todo.
-Jessica encontró extraño que Caleb no fuera a buscar a Mel a la hora acordada, y llamó a Darrell para que fuera a ver si estaba en su casa, ya que él vive más cerca –Señaló con la mirada al afro quien estaba serio, con su mirada fija al piso sin señales de algún gesto –Él fue a verlo y –Paró su explicación de repente –Christine no encuentro que sea necesario
-Eric por favor. Sólo quiero saber –Dije en un susurro suplicante, a punto de abofetearlo si no me lo decía. Él asintió exhalando.
-Darrell fue a verlo y encontró la puerta abierta. Se asustó cuando vio que la casa estaba destrozada. Se asustó mucho más aún cuando vio a Caleb, tirado en el piso de su cocina y en su alrededor repleto de –Tragó saliva con dificultad. Como si estuviera a punto de vomitar –Repleto de sangre. Y al parecer, todo indica que golpearon a Caleb en la cabeza –Después de escuchar tuve que tomar asiento en unos de los asientos, mi presión se bajó de repente evitando permitir el paso de la noticia.
Comencé sentir cómo las lágrimas empezaban a hacerse notar nuevamente, sollocé fuertemente. Inmediatamente sentí una mano delgada sobre mi espalda. Supe que era Alyssa consolándome. Es que no me pude imaginar cuánto pudo haber sufrido Caleb con aquello, fue un golpe duro en cualquier sentido de la palabra. No pude evitar sollozar en los brazos de mi amiga, imaginarme eso me ponía más que mal. No creo que haya podido soportar verlo así. Mi hiperventilé, mierda. La respiración ya no llegaba saludablemente a mis pulmones.
-¿Te traigo un vaso de agua? –Preguntó Alyssa luego de que me separé de ella para respirar mejor. Necesitaba estar cómoda sino, me desmayaría ahí mismo. Asentí. Mi mejor amiga me conocía bastante. La morena fue rápidamente, dándome tiempo para regular mi respiración. Pero se me hacía complicado con las putas lágrimas que no dejaban de salir, joder.
-Tranquila Christine –Alcancé a escuchar a Eric con voz apagada, quien se sentó a mi lado –Todos estamos igual o peor que tú. Caleb no se merecía esto pero, de nadie es la culpa. Son cosas que pasan, lamentablemente no podemos hacer nada –Tragué saliva, lo sabía.
-Los familiares de Caleb Small –Alcancé a escuchar a una enfermera preguntando de la nada aquello, luego de media hora más de espera en ese infernal lugar. Entrando a la parte donde estaban, prácticamente, todos los pacientes esperando respuestas para personas desvalidas del cuarto piso. Todos los que conocíamos a Caleb, nos levantamos respondiendo el aviso. La chica rubia nos miró a todos un poco acongojada y tímida. Mierda, quería saber ya –Mmmh bueno ¿Ustedes son sus familiares? –Eric decidió responder por todos. A mí de un segundo a otro se me había secado la boca de la desesperación.
-Somos sus amigos –Ella asintió comprendiendo –¿Pasó algo malo con él? –Preguntó el moreno con miedo en su voz grave de por sí.
-No –Negó y algo, más o menos todo, en mi cuerpo se relajó. Vi lo mismo en el cuerpo de todos los presentes –Pero está en un estado delicado. El golpe que sufrió fue muy fuerte por lo que es lógico que quedara inconsciente por bastante tiempo, y por cierto muy certero en la parte baja de su cráneo. El doctor fue obligado a cerrar esa herida para detener el sangrado, es una suerte inmensa que no haya pasado a mayores –Suspiré tranquila. Dios mío, jamás estuve con mi alma en un hilo desde que supe que mi padre estaba enfermo. Era gratificante saber que esto tuvo éxito, por lo menos.
-¿Él está despierto? –Preguntó Jessica, un tanto acelerada. Yo estaba igual, pero podría soportarlo, más o menos. La chica rubia asintió de nuevo.
-Sí, pero está un poco débil –Suspiré de nuevo –No voy a negar que cuando esté completamente consciente en su cuerpo sentirá un dolor horrible en esa parte pero se pasará, sólo tiene que estar seguro y con reposo hasta que se recupere –Tomé en cuenta la precaución. Ahora más que nunca se tendría que cuidar a Caleb. Y estaba más que segura que ayudaría con eso, me convertiré en una enfermera profesional si es necesario, de eso no hay duda.
-¿Podemos visitarlo? –Pronunció de nuevo la pelirroja. La enfermera asintió.
-Sí, pero sólo uno. El doctor Gómez, quiere que el señor Small esté en buenas manos primordialmente. Sin emociones que lo puedan alterar
-Muchas gracias –Agradeció Eric y todos asentimos viendo cómo la enfermera se retiraba del lugar. De pronto pasó algo que me colocó más que nerviosa, todas las miradas se posaron en mí extrañamente colocándome acongojada de por sí. Creo que me perdí de algo –Creo que será mejor que vayas tú –Dijo el musculoso mirándome directamente casi con una sonrisa. Jessica gruñó de inmediato
-¿Qué? ¿Estás loco Eric? –Estaba segura que le faltaban un par de escalas vocales más, y terminaba gritando para que todos la escucharan en el edificio. Él la miró.
-Creo que es algo obvio. Christine es su –Lo interrumpí antes de que siguiera. No quería problemas, menos ahora.
-No Eric. No me corresponde, ve tu –Hablé con determinación un poco débil.
-Pero
-Eres su mejor amigo y no hay objeciones para eso ¿De acuerdo? Luego, y si se da la ocasión vendrá mi turno –Dije tratando de sonar firme, pero las emociones de toda esa mañana me tenían en otra galaxia. Sonreí para luego recibir un inesperado abrazo amistoso de su parte. Me sonrió con esa particular forma galante que tenía ese chico por naturaleza para después ir a la sala casi corriendo.
Giré mi vista para encontrarme con Alyssa, quien siempre estuvo a mi lado en cualquier momento. Ella me sonrió al fin alegre después de todo esto, yo le respondí de vuelta abrazándola y riendo. Demonios, cómo quería a esa idiota.
-¿Ves? Todo salió bien –Comentó luego de separarse de mí para verme a los ojos. Levanté mis hombros –Ahora quita esa cara de culo que tienes y acompáñame –Me tomó de la mano llevándome a quién sabe dónde. Fruncí mi ceño.
-No estoy de ánimo Alyssa. Caleb estaba mal para mí hace unos instantes y no sé si sea bueno que hagas unas de tus locuras ahora –Respondí más o menos débil. La morena rodeó sus ojos.
-No es una locura para mí ir a tomar un café para que despiertes y sonrías –Frunció sus labios divertida –A Caleb no le gustaría ver esa cara de no haber tenido un orgasmo hace 10 años –Reí levemente ante su broma, ella era experta en subirme el maldito ánimo en mis peores momentos. Por eso la quería.
-Bueno, esa es otra cosa –Terminé asintiendo siguiéndola hasta la cafetería del primer piso.
Ahora mi mente y mi corazón podían estar más tranquilos joder. Sin embargo ahora tenía una duda rondando en mis pensamientos que no me dejaba tranquila en todo el trayecto hacia el comedor, era raro que Caleb haya sufrido algo así. Él nunca se metía con nadie y si tenía algún problema personal, no era para que la persona con quien tuvo algún roce cometa una acción así. Este “robo” definitivamente me olía mal, como nunca antes. Luego estaba lo otro que me tenía conmocionada. El hecho de que nunca estuve a tal extremo con un alma en un hilo desde que mi padre se había enfermado, y en tiempo presente extrañamente me ocurría con este chico. Eso no demostraba que yo lo quería, yo sentía algo más profundo que eso. Pero no tenía la certeza completa como para descubrirlo y la verdad es que no sabía si quería hacerlo. Alyssa me entregó un café luego de unos minutos después de pedirlo. Estaba pensativa, esa mañana había tenido emociones más que mezcladas.
-Suéltalo –Habló de la nada mi mejor amiga interrumpiendo mis pensamientos, mientras se sentaba a mi lado en una mesa de la cafetería. Con su cafeína en sus manos. Fruncí mi ceño notablemente no entendiendo su comentario.
-¿Disculpa? –Bufó entretenida. No entendía para nada su actitud
-No te hagas la tonta, vamos, dime qué sientes por ese chico –Levanté mis hombros. Con que a eso se refería, típico de Alyssa.
-No lo sé –Dije siendo sincera –Lo quiero, de eso estoy segura –Ella negó con la cabeza tomando un sorbo de café.
-Bueno. Para ser sincera, jamás te vi así de mal por alguien que no fuera tu padre –Suspiré, tenía razón en todo maldita sea –Dime Christine, no tienes por qué tener miedo. Si amas a Caleb no hay ningún problema con eso –La miré en forma de alerta. Nunca me imaginé que precisamente, Alyssa Jefferson me dijera eso como algo tan común. Pero luego exhalé, resignándome a hablar aquello con ella. De todas formas es mi mejor amiga, no había secretos entre nosotros.
-¿Cómo sabes eso?
-Porque el amor no se sabe, se ve. Y yo veo en tu mirada más que amor por Caleb, zorrita –Lanzó una risa leve y comprensiva hacia mí. Volví a fruncir mi ceño.
-No, lo que quiero decir es que ¿Cómo puedes saber que amas a alguien, si no conoces lo que es el amor? –Pregunté acongojada y confundida, Alyssa me miró interrogante. Sabía a dónde iba con este tema.
-No soy una experta sin embargo, pienso que el amor es algo sensible pero a la vez lo más fuerte que existe –Se acomodó la garganta tomando otro sorbo de café –Es algo que por más fuerte que seas, te hace sensible. Y no existe nada que pueda evitarlo –Pensé en eso un momento, tal vez sea cierto. Tal vez amaba a Caleb y no era capaz de mirar por un segundo más allá que el “querer”.
-No sé si lo amo. Pero lo quiero y mucho –Alyssa negó divertida nuevamente, soltando una leve carcajada. La miré confusa.
-Cómo te dije, jamás te vi más mal que cuando tu padre se enfermó. Eso sólo demuestra que tú no quieres a ese chico –Tragué saliva al ver su mirada delatadora –Tú lo amas, y eso está más que perfecto –Reí un poco.
-¿Tú crees? –Asintió de inmediato.
-Por supuesto y me parece perfecto. Él es un chico responsable y maduro para su edad –Habló con sensatez –Incluso me atrevería a decir que es mucho más maduro que tú –La miré sin creer ¿ella era mi mejor amiga verdad? La golpeé divertida y con suavidad en el hombro. Aly soltó una carcajada.
-Tal vez tengas razón –Dije en un suspiro –Tal vez yo, yo lo amo –La morena soltó una risa, esta vez irónica.
-Desde luego ¿Alguna vez me he equivocado, zorrita? –Preguntó haciéndome reír. Levanté mis hombros –Además, cambiando de tema: ¿Cómo se llamaba ese moreno amigo de tu amor? –Preguntó interesada. Abrí mis ojos sorprendida ante su inesperada pregunta.
-Espera ¿te interesa Eric? –Pronuncié atónita a punto de caerme de espaldas. Ella rio un poco acongojada, confirmando mi pregunta –Eres una perra –Dije divertida y en broma. Alyssa hiso un puchero.
-No es eso. Pero quería saber –Dijo haciéndose la inocente.
-Estás con Stefan, no puedes hacerle eso al alemán –Alyssa bufó ante mi réplica de madre preocupada, rodeando los ojos.
-No estoy diciendo que follaré con él, pero quería saber su nombre eso es todo –Volvió hacer un puchero de niña pequeña –Igualmente, él no está muerto y yo tampoco –Habló por lo bajo. Repetí esa mirada de reproche, de verdad Alyssa era un caso especial.
-No puedo creerlo –Sonreí negando mi cabeza entretenida, observando la actitud de mi mejor amiga.
-Ash no seas melodramática, Dios. Quería saber su nombre solamente –Levantó sus manos declarándose inofensiva. Rodeé los ojos.
-De todas formas…
-Christine –Sentí una voz femenina llamándome a mis espaldas, interrumpiendo mi conversación. El ceño de mi mejor amiga se frunció al mirar por detrás de mí a la persona que me había llamado, por lo que con rapidez e instintivamente giré mi vista para encontrarme con la chica pelirroja y amiga de Caleb. Quien me miraba seria y expectante. Mis pensamientos se extrañaron desde luego, jamás esta chica había buscado alguna conversación conmigo y es que siempre he supuesto que me quiere más bajo tierra que viva dispuesta a hablar –Me gustaría hablar contigo, un momento si no es mucha molestia –Fruncí de nuevo mi ceño notablemente girando mi vista hacia la morena quien no sabía cómo reaccionar ante la tensión del instante. Ella entendió mi mirada por lo que se levantó con lentitud de su asiento a mi lado un poco seria, dándoselo implícitamente a Jessica.
-Umh, yo te espero arriba ¿sí? –Asentí ante el aviso de la morena y ver cómo se retiraba del comedor para volver arriba. Aún estaba extrañada del por qué la pelirroja querría mantener una conversación conmigo. Yo no le simpatizaba, para qué dar más cuerda al asunto ¿no? Jessica caminó hacia donde estaba sentada Alyssa y tomó asiento, justo a mi lado. Su mirada cobriza me inspeccionó potentemente, no sabía lo que pasaba por la mente de la chica, sin embargo si quería buscar algún tipo de pelea no estaba de ánimos. Menos ahora.
-No es muy largo lo que quiero preguntarte Christine, pero es muy preciso –Asentí de nuevo invitándola a hablar, hasta el momento ninguna palabra salía de mi boca y es que realmente no tenía palabras del por qué me hablaba así –¿Estás de novia con Caleb verdad? –No era más bien una pregunta, más bien una afirmación esperando ser confirmada. Me incomodé un tanto ante su pregunta.
-Sí, algo así –Dije un tanto seria y confusa. Ella asintió cruzándose de brazos. Por primera vez me fijaba que era muy blanca y bonita. Pero no era esa belleza despampanante que te dejaba con la boca abierta, sino algo más tierno y sencillo. Natural.
-Y supongo que sabes que tú… no me agradas ¿no? –Mi ceja se levantó sin poder creer lo que me decía esta chica. ¿Para esto quería conversar? Bufé mentalmente.
-Escucha Jessica, de verdad no quiero discutir justo ahora –Suspiré aclarando la situación con la chica –Si te caigo como patada al estómago, no es mi problema y por favor, te pido amablemente que te retires y me dejes sola –Ella me sonrió, no amigablemente si es que lo puedo decir.
-Pues debería ser tu problema Christine, porque todo lo que pasó ahora con Caleb no es nada más que tu culpa –Mi cara casi cayó al piso de lo último que dijo, la impresión se apoderó de mí, mierda.
-¿Qué? ¿cómo te atreves a decirme eso? –Mi enojo se hiso visible. Jessica me observó indiferente de abajo hacia arriba. En lo que se me podía observar mientras estaba sentada, claro.
-Es obvio. A Caleb jamás le ocurrió algo así en la vida y ahora, en el preciso momento en el que apareciste tú pasa por esto –Me miró despectiva –Si no es una tonta coincidencia, entonces ¿qué es? –Nuevamente su observación hacia mí era de enojo múltiple. Y yo prácticamente me quedé helada por todo esto que injustificadamente proporcionaba hacia mi persona. ¿Quién mierda se creía? Ni mi propio padre, cuando estaba vivo, me reprochó cosas con tal altanería. Y definitivamente no dejaría que aquella chica que no superaba los 18 años viniera a enfrentarme.
-Lo que pasó con Caleb fue un accidente. Tal como le pudo pasar a cualquiera y lamentablemente le pasó a él –Me levanté de mi asiento indignada y tratando de convencerme a mí misma de aquello, sin embargo algo en mi interior me decía lo contrario. La apunté con mi dedo totalmente furiosa pero tratando de controlarme, después de todo no dejaba de estar en un hospital –Pero no voy a permitir que ninguna niña como tú ponga en duda aquello –Ella se levantó de igual forma para estar cara a cara.
-¿Entonces cómo explicas que todo esto pase cuando llegaste tú? –Rio irónica –Primero su inesperadas salidas de no llegar a casa hasta el otro día, su despreocupación por la tienda y ahora un supuesto “asalto” –Negué con mi cabeza sin poder creer el coraje que me estaba aguantando de no mandarla a la mierda. Contó cada una de las acciones realizadas por Caleb al contar con sus dedos –Todo esto desde que llegaste
-Aun no entiendo qué tiene que ver eso conmigo, yo lo único que he hecho es querer a Caleb más que a nada. Si no puedes entenderlo entonces no vale la pena seguir “hablando” –Hice comillas con mis dedos, ella se acercó amenazante. No amenazaba a nadie por Dios, ni a una sola mosca.
-Bien. Si dices quererlo tanto, pues aléjate de él. Sólo lo estás distrayendo de sus reales responsabilidades –Tragué saliva, pensando. En cierta forma, reconocí apenas en mi interior, algo de todo lo dicho tenía razón –Tiene una hermana que depende de él y un trabajo qué mantener. No tiene tiempo para responsabilizarte por tu trasero niña bonita –Me dijo dándome un gesto de asquerosidad. Me mordí la lengua, demonios, cómo lo hice. A nadie le haría bien saber que ella tanto como yo nos estábamos asesinando verbalmente. Pero no, no iba a dejar que ni Jessica ni nadie me pisoteara. Eso era lo principal que papá me había enseñado en la vida.
-¿Quieres que me aleje de él por su bien? ¿O porque quieres tener el camino libre para ti? Porque déjame decirte que no engañas a nadie con tu máscara de “amiga preocupada” –Sonreí con ironía, haciendo que la pelirroja se colocara roja de furia –Admítelo, sólo quieres estar con Caleb y sacarme a mí del camino con excusas baratas. Pero aunque lo logres y me vaya, tú no lograrás nada con él. Porque simplemente… –Yo me acerqué ahora, mirándola hacia abajo. Era un chiste de mal gusto decir que esa chica me superaba en altura –Porque simplemente, él me quiere a mí –Tragó saliva, con furia vagando por sus venas. Le di en el punto fijo.
-Sólo te digo que te alejes de él por el bienestar de Caleb y su alrededor, nada más. Tómalo como quieras –Respondió firme. Asentí.
-Pues, ahórrate aquellos comentarios. Si no es mucha molestia, porque yo no pienso alejarme de él –Ella se cruzó de brazos a la defensiva.
-Uhm ¿Christine? –Nuevamente interrumpieron una conversación propia alguien desconocido, sólo que esta vez fue una voz masculina y la pude reconocer. Eric. Me giré sobre mis talones para poder verlo –No sé, si estaban conversando mejor después… –Lo interrumpí. Esta conversación no iba para ningún lado, de todas formas.
-No es nada, dime –Hablé tratando de tranquilizar mi temperamento. Él asintió.
-Es Caleb, quiere verte
(…)
Abrí la puerta que demostraba ser de la sala 83 con cuidado, pensando internamente que Caleb estaría durmiendo o algo así y no quería ser inoportuna para despertarlo. Así que entré pero me llevé la sorpresa de que mi castaño estaba más que despierto en aquella horrible cama de hospital, y una cosa espantosa tenía en su boca que le permitía respirar adecuadamente. Aquello era transparente y al irme acercando, me di cuenta que al verme me sonrió abiertamente. Yo sólo me dediqué a mirarlo conmovida, recién me daba cuenta que no podía estar tranquila si no estaba él a mi lado. Como también sabía que no podía tolerar verlo así, me gustaba más cuando estaba lleno de energía, e incluso prefería verlo enfadado conmigo por alguna estupidez salida de mi boca que verlo así en ese estado.
Al entrar y no poder decir alguna palabra de la impresión, me fijé que tenía una gran venda en la parte baja de su cabeza. Por atrás. Por lo que lo veía un poco incómodo, joder, debe estar sufriendo un dolor de mierda y yo no podía hacer nada.
-No piensas saludarme –Dijo sonriente en una voz débil a través del respiratorio. El cual se sacó lentamente levantando con mucho esfuerzo su mano, para quitárselo por supuesto. Me acerqué de inmediato a su cama para sentarme en algún pequeño hueco a su lado. No pude evitar derramar lágrimas tanto de tristeza como de felicidad. Tristeza por el hecho de verlo así y felicidad por saber que no fue peor, por saber que estaba ahí conmigo dispuesto a recuperarse. Me las limpié rápidamente con mis manos.
-No puedo creer verte así, es demasiado para mí –Respondí a punto de lanzarme a llorar como una niña pequeña. Su mano con suavidad cayó ante las mías, las cuales por supuesto tenía puestas sobre mis piernas desnudas, y sentía cómo caían mis lágrimas pasando por mis mejillas. Caleb me acarició con todo el amor del mundo.
-Bésame y te juro que estaré mejor –Reí ante su comentario para después acercarme a su rostro pálido. Eso sólo significaba que había perdido bastante sangre. Aun así, seguía siendo lindo para mí, sea del modo que sea, por lo que me aproximé hacia su rostro y junté mis labios con los suyos. Al parecer tanto él como yo quería que esto sucediera, ya era bastante el tiempo en el que estuvimos alejados y yo estaba con una angustia infinita. Con dulzura moví mi boca con la de él, quien también hiso lo mismo con ternura. Tenía que admitir que sus labios estaban fríos y sin esa calidez pasional que sentía cada vez que nos besábamos. Ahora eran diferentes, era por todo. Por el golpe y por el hecho de estar en el hospital. Adentré mi lengua con suavidad y timidez entre sus labios, no hubo respuesta alguna a esa más que un jadeo de su parte. Sabía que no podía responderme como hubiera querido, sin embargo me estaba volviendo adicta a sentirlo en ese modo. Y no pude evitarlo. Con suavidad y paciencia lo besé con cariño, jugando con su linda boca por unos largos segundos. Incluso me atrevería a decir que fueron minutos, minutos hermosos.
Me separé tratando de no caer ante la tentación de lanzarme encima de él y besarlo de alguna forma frenética, como tanto nos gustaba a ambos. Suspiré, aunque no lo estuviera besando, estábamos cerca. Ahora pude observar mejor cómo la debilidad se notaba en su cara, Dios, no sabía se hubiera sido capaz de soportar esto.
-Has llorado –Pronunció con suavidad y un tanto débil, tenía que estar consciente que Caleb no hablaría normalmente como siempre por su situación. Aunque lo que me dijo no fue una pregunta por parte de él, ya que al estar cerca pudo ver rastros de lágrimas en mis ojos. Era obvio. Asentí
-¿Cómo querías que estuviera? –Hablé en un susurro triste –Estaba asustada, pensé que nunca más te volvería a ver –Dije aun recordando el espanto y el miedo que sentí cuando Eric me dijo la noticia. Él suspiró con una sonrisa de tristeza.
-No debiste pensar en eso. Jamás te dejaría sola, ni a ti ni a Melanie –Asentí a punto de llorar de felicidad, pero me contuve. Ya que de un instante a otro mis sentimientos comenzaron a regularse con firmeza, dejándome en claro lo que comenzaba a sentir por él y de lo que hubiera sido de mi vida si no despertado de aquel infierno.
-Lo sé –Me sinceré a lo bajo, sin quitar la vista de sus ojos. Que de por sí, aunque estuviera débil, no dejaban de ser hermosos y brillantes –¿Vas a decirle? –Pregunté cambiando de tema, pero sin quitar mi tono bajo de la voz. No hacía falta hablar fuerte para comunicarnos. Él tragó saliva para luego tragar, sabía a quién se refería.
-Me encargué de que no lo supiera para no asustarla –Pronunció –Mientras me recupere ella se quedará en casa de Eric –Titubeé en mis pensamientos, sinceramente no sabía si era buena idea ocultarle algo así a Melanie.
-No sé si es buena idea Caleb, ella tiene derecho a saberlo y bueno, también sabes que preguntará por ti –Él negó, no quería discutir por supuesto como tampoco yo.
-Eso es algo que no quiero involucrarla. Mientras más alejada de todo lo malo que pase, mejor –Bien, no diferí en eso. Como dije no quería discutir.
-¿Y qué le dirás? Porque no te verá por un par de días hasta que estés bien –Caleb exhaló.
-Supongo que Matt ya le habrá dicho algo y me tendré que someter a lo que haya hablado –Confirmé con mi cabeza. Era impresionante que aunque esté postrado en cama no deja de ser responsable con sus cosas. Lo quería mucho y cada vez me conmovía más. Si es que se le puede llamar “conmoción” claro –Pero ahora no quiero hablar de eso. Quiero que vengas y estés en mis brazos –Negué de inmediato levantándome con miedo. Joder, acaso no veía cómo estaba su estado actual.
-¿No has visto cómo estás? Siento que si te llego a tocar, te romperé algún hueso o algo –Exageré, pero en cierta forma tenía razón. Caleb no podía estarme pidiendo que lo abrace, no sería bueno para ambos. Él bufó.
-No seas dramática Chris, ven. Sólo me duele mi cabeza pero lo puedo soportar –Abrió sus brazos con lentitud con una sonrisa traviesa, sentía que aún estaba débil por supuesto. Pero aún no podía, tenía tantas dudas rondando como ganas de estar con él en ese instante.
-Quiero saber que pasó –Titubeé nerviosa con el tema –Quiero saber que pasó en tu casa Caleb, no he podido estar tranquila desde que me enteré –Su sonrisa traviesa por supuesto se fue a la mierda. Su gesto se convirtió en algo más que serio, algo duro.
-Nena. En realidad no recuerdo muy bien lo que pasó –Dijo con dificultad al ver mi cara de que no me iba a resignar a respuestas cortas. Tal vez estaba siendo muy dura viendo el estado de Caleb, pero el alma la tenía en un hilo y quería sacar de una vez por todas mis dudas –Pero sí se me vienen imágenes de mi casa destrozada y… –De un instante a otro su rostro débil tomó color y a la vez sorpresa. Fruncí mi ceño al ver cómo abría los ojos como platos como si algo hubiera pasado por su mente recordándole cosas. No habló por un buen rato en los cuales se encontraba en un estado de shock. No quise hablarle pero me moría de curiosidad ver cómo no respondía. Tragué saliva arriesgándome
-¿Caleb? –Él no respondió de inmediato, no supe cómo pero terminó sacando fuerzas de no sé dónde y se logró sentar en la cama donde estaba acostado. Pude ver cómo su venda, la cual estaba ubicada en la parte baja de toda su cabellera y demostraba un mínimo sangrado. Que hacía ver que el doctor realmente le hiso una operación para cerrar la herida de aquella parte. Aún no comprendía su reacción y no tardé en volver a preguntar –¿Estás bien? ¿necesitas algo? –Pregunté de inmediato, él negó dificultosamente con su cabeza y haciéndome un gesto que necesitaba pensar. Decidí cerrar mi boca, tal vez así le daba lo que quería.
-Harrison –Lo nombró con seriedad y sus ojos cerrados, como si le doliera pensar en aquello –Él fue –Tragué saliva tratando de entender lo que me decía, o al parecer no quería entenderlo. Levantó su mirada azulada para mirarme fruncido.
-¿Qué? –Pregunté asustada, de por sí perdiendo el color de mi rostro. Lo sentí mierda.
-Recuerdo esa maldita nota –Dijo mirándome, levantando su voz y sacando fuerzas. Supuse que de la rabia que sentía por supuesto –Él mandó a unos tipos a destrozar mi casa y también a, matarme –Negué con mi cabeza de inmediato, tratando de creer en mis contradicciones que en las propias palabras de Caleb. Estaba siendo una estúpida, pero no quería creerlo.
-Es imposible –Negué de nuevo tratando de creérmelo –Nick es celoso y a veces un poco antipático, pero no creo que sea capaz de ser un… asesino –Me costaba admitirlo, tanto como me costaba creerlo. Él bufó, ahora enojado y recobrando mucho más el sentido.
-Pues créelo Christine ¿Cómo explicas el hecho de que hoy estoy en este maldito lugar? –Ahora con mis manos nerviosas me rocé mi rostro con ansiedad, joder. No podía creerlo, no me calzaba –Él me dejó una nota, no recuerdo lo que decía pero sé exactamente de quién era. Y estoy más que seguro que al final del escrito salía su nombre –Volví a tragar saliva y respiré agitadamente. No podía ser cierto, Nick, digo no me cabía en la cabeza después de haberlo conocido cuando él apenas tenía 18 años. La gente cambia, Christine. Me recordé a mí misma de las mínimas enseñanzas que te dan los obstáculos de la vida, eso y el recuerdo de Nick golpeándome al llegar a mi departamento.
-¿Quieres decir que Nick mandó a personas a que te… –No completé mi pregunta ya que sencillamente no podía terminarlo de tan sólo imaginarlo.
-Es algo obvio ¿no crees?
-No sé –Suspiré –No sé qué creer en realidad, es complicado imaginarme a alguien siendo malo a tal aspecto –Caleb nuevamente bufó, se había enojado no por el hecho de que supiera quién había sido, sino que yo no le demostraba que le creía. Lo sabía. Pero ahí estaba mi estupidez, mis dudas.
-¿Qué clase de pruebas necesitas? ¿una foto? ¿un dibujo retratado con alguna escena? –Preguntó con ironía. Fruncí mis labios –Christine, estoy postrado en una maldita cama ente instante luego de que destruyeran mi puta casa, la cual tenía una nota de prueba que todo eso fue idea de Nick. Si no lo quieres ver, entonces me haces dudar de tu inteligencia –Tenía razón. En todo y al parecer mis pensamientos no me querían dejar ver más allá de lo que había.
-No me digas eso, por favor –Me acerqué para acariciar su rostro. Ya que al estar sentado en esa camilla quedaba a mí misma altura. Él lo giró demostrando que estaba más que furioso conmigo –Caleb, perdón ¿sí? Pero quiero estar segura de todo y así ir a la policía –Él negó de inmediato, mierda.
-No servirá de nada, buscarán a las personas equivocadas –Apretó su mandíbula con rabia –Más precisamente a las que hicieron el trabajo sucio. Es por eso que Harrison lo hiso así, para no ensuciarse las manos en ningún aspecto.
-¿Y la nota? Debe tener alguna huella suya por la cual incriminarlo –Propuse –Esto no debe quedar así –El castaño volvió a negar
-No creo que Harrison sea tan idiota de mandarme una nota si lo hiso con sus propias manos, debió haber hecho lo mismo que cuando mandó a esos tipejos a matarme –Mi aire se fue a la mierda al escucharlo decir eso. Es que no podía creerlo, esto no era una estúpida película de delincuencia, mierda.
-Caleb… ¿Y si fue sólo un acto de vandalismo? –Me miró sin poder creer lo que le había, sacando mis manos que aún estaban en su rostro con brusquedad. La había cagado con abrir mi boca, de nuevo. Joder.
-Como te he dicho. No sé qué clase de cuento de hadas has leído, pero existen personas malas –Habló con furia, pero no tanta. Por su situación claro –Y el hecho de que tú no me creas me haces dudar de tus sentimientos, así que por favor… -Pronunció apretando mucho más su mandíbula y una mano señalando la salida de la habitación –Te pido que te vayas, no necesito a una persona en mi vida que no confíe en mí.
Mi mandíbula casi cayó al piso después de lo dicho, estaba claro que me odiaba por dudar. Lo que no entendía era el por qué lo hacía, estaba más que claro que Caleb no me mentiría en ese aspecto ni en ningún otro ¿Qué beneficio tendría? El castaño me miraba esperando que hiciera algo e hice lo primero que se me vino a la mente y al corazón. Besarlo.
Lo besé con ternura y de improviso, no me respondió de inmediato ya que sentía que aún estaba dolido por mis dudas. Sin embargo luego de unos segundos de tentarlo y atravesando sus labios neutros con mi lengua traviesa de vez en cuando, terminó por responderme con avidez. No con mucha pasión ya que debíamos calmarnos en cierto aspecto, por el lugar y su estado. Pero lo suficiente para ponerme a volar sobre las nubes. Joder, había algo en mi pecho oprimiéndome. Algo muy raro ya que no había sentido eso antes cuando he besado a Caleb, pero ahora. Todo era tan distinto, como si por dentro de mi cuerpo se hubiera aclarado un millón de cosas respecto a él y a mí. No debía tener miedo de afrontarlo, porque de por sí el hombre que tenía besando ante mí no era como los otros. Él no me usaría, nunca me trataría mal ni mucho menos me haría daño. En ningún aspecto, cosas que me ayudaron a aclararme.
-Perdón, soy una tonta –Le dije susurrante después un rato de besos tiernos y a la ves apasionados. Levanté mi vista baja para verlo y demostrarle que era sincera, en cualquier aspecto. Suspiré –Te amo Caleb –Esas palabras ni siquiera titubearon en mi boca al salir, sólo lo hicieron. Dejando al castaño mucho más que sorprendido, me mordí el labio nerviosa, no sabía qué esperar con lo que dije. Pero me había salido del alma, sin poder evitarlo lo cual demostraba que había sido más que sincero.
-¿Qué dijiste? –Preguntó alzando su mano hasta mi cuello para acariciarlo lentamente y con dulzura. Como si me tocara y aceptara que lo que le dije había sido real y no un sueño. Me sonrojé más o menos, no tenía por qué tener miedo. La vida era demasiado corta para tenerlo. Asentí.
-Quiero que tengas claros mis sentimientos hacia ti, y esos son Caleb. Te amo –Pronuncié tímidamente sin despegar mi vista de él. Me sonrió abiertamente, de oreja a oreja como nunca antes. Lo cual me iluminó todo el día y a la vez mi vida.
-Y yo a ti –Dijo rápidamente, captando mi atención y dejándome blanca. Dios santo.
-¿Qué? –Tragó saliva sonriéndome y robándome un pequeño beso que fue el más corto, pero el más sincero que exista.
-Te amo, y desde hace mucho tiempo Christine Parker.
martes, 27 de enero de 2015
Capítulo 20 -Sensitive-
Christine
-Caleb –Chillé cuando atravesaba esa línea placentera del orgasmo por segunda o tercera vez, ni siquiera llevaba la cuenta. De lo único que era consciente en ese instante era que tener encima de mí a ese chico de hermosos ojos azules, llenándome por completo entre mis piernas, era lo mejor del mundo. Joder, qué bien se sentía esto. Caleb por último lanzó un sonido gutural desde el fondo de su garganta que hiso resonar mi habitación. Haciéndome ver que había llegado a su punto máximo del cuerpo. Sentí aquel tibio líquido vaciarse en mí después de aquello, provocando sensaciones aún más placenteras. Nuestros cuerpos sudorosos y aún unidos no se querían separar ni por casualidad. Y no es que quisiera lo contrario.
El castaño finalizó por abrir sus ojos, los cuales tenía cerrados para disfrutar el momento que vivió hace unos infinitos segundos, me sonrió maravillado y extasiado. Yo no estaba muy lejos de eso tampoco, mi mirada era una de satisfacción y alegría. Además de la transpiración que nos vestía superficialmente. Me robó el último beso apasionado antes de acomodarse bien. Reí ligeramente esperando regular mi respiración, al igual que él. Se separó lentamente de mí, como si no quisiera hacerlo. Mis piernas con dificultad temblaron después de que lo hiso, al parecer tanto mi cuerpo como el suyo se habían acostumbrados a estar juntos.
Caleb se ganó a mi lado aún sonriente y divertido. Yo tampoco quedaba atrás y la verdad es que ni siquiera sabía el por qué estaba así. El castaño suspiró por último para verme de lado, desnudo y con sólo una sábana blanca cubriendo su cintura. La misma sábana que también cubría mis senos desnudos claro. Habíamos hecho el amor como dos locos, supongo que era por eso la razón por la cual nos sonreíamos como colegiales.
-¿Por qué sonríes tanto? –Pregunté curiosamente divertida. Un poco agitada si es que puedo decirlo. Caleb inspeccionó mi rostro un tiempo determinado, como si pensara pero al mismo tiempo que contemplaba mi cara. Moría por saber lo que pasaba por sus pensamientos.
-Tengo una duda –Fruncí mi ceño, sin sacar la alegría de mis sentimientos.
-¿Me sonríes porque tienes una duda? –Volví a preguntar de forma divertida. Levantó sus hombros para luego acercarse a mí lentamente y abrazarme por la cintura. Asintió robándome un pequeño beso, causándome escalofríos al sentir toda su plenitud desnuda nuevamente junto a mí.
-¿Qué somos Christine? –No entendí su pregunta, por lo que lo vi con un gesto confuso –Quiero decir ¿qué somos? ¿novios? –Asentí ligeramente entendiendo a dónde iba –¿amigos con beneficios? –Caleb me miraba expectante. Solté una carcajada inminente sin poder evitarlo y es que la pregunta de aquel chico me hiso reír hasta más no poder. Joder ¿Por eso tanto alboroto? ¿no saber lo que éramos? Aunque pensándolo bien, nunca me coloqué a pensar en un “nosotros” de esa forma. Y realmente sentía que no lo necesitábamos para convivir bien, quiero decir, nos queríamos y eso era todo, tal vez eso vendría con el tiempo ¿no? No había razón para sentir ese tipo atamiento, pero eso no quitaba el hecho de que en sí me daba risa la situación. No pregunten el por qué, pero me daba risa. Sobre todo porque nos encontrábamos desnudos, juntos y pensar en eso era un poco ilógico.
-No entiendo cuál es la gracia –Pronunció un tanto molesto, observándome mientras trataba de controlar mi risa. Lo logré al pensar que tenía que ser seria con este tipo de cosas. Sabiendo que no quería molestarme con Caleb. Suspiré, dirigiéndole una mirada risueña.
-No lo sé, encuentro divertido que me preguntes después de haber hecho el amor ¿no crees? –Él levantó los hombros. Cambiando su gesto rotundamente a uno serio, exhalé –Además, respecto a lo otro. La verdad es que no creo que necesitemos colocarle alguna seriedad a esto –Su ceño se frunció. Mierda.
-¿Seriedad? ¿qué tiene eso de malo? Nos queremos ¿no?
-Sí, pero Caleb… tú lo sabes más que nadie que las relaciones amorosas no son parte de mí vida. No funcionan para mí y creo que estoy bien con eso –Me sinceré. El castaño dejó de abrazarme para luego sentarse en mi cama, todo eso después de lo que dije.
-Para mí es exactamente lo mismo. Jamás me he preocupado por tener novia ni nada, pero ahora que realmente quiero intentar algo para ser feliz tú lo rechazas –Tragué saliva. Lo entendía perfectamente –Christine, tú me quieres ¿no? –Asentí de inmediato sin dudar ante su pregunta seria y desconcertante.
-Por supuesto que sí. Te quiero y mucho.
-Entonces no te entiendo –Me ordené mi cabellera con frustración.
-Es por eso que si vamos a tener una relación quiero sea algo serio para nuestro futuro –Me senté de igual forma que él para mirarnos a los ojos. Sin dejar de tapar mis pechos con mi sabana, claro. No era el momento para desvergonzarse con este tema en particular.
-Es una buena forma de decirme que no quieres ser mi novia Christine –Habló sin una pizca de diversión. Fruncí mis labios.
-No he dicho eso –Procuré acariciar con suavidad su espalda, ya que la tenía completamente visible ante mis ojos. Le di un pequeño beso ahí para luego continuar –Pero quiero que las cosas entre nosotros salgan bien, por eso lo digo
-Yo no quiero compartirte –Dijo reservadamente luego de un momento de pensar y sentir mis caricias en su espalda –No quiero pensar que si no estás conmigo seriamente, puedes buscar cariño en otra persona –Paré de golpe para hacerlo girar su vista hacia mí. Aquello dicho por él había provocado mi seriedad absoluta. No podía creerlo.
-No puedo creer que llegues a pensar eso de mí Caleb –Fruncí mi ceño, un tanto cabreada –Jamás te haría eso, maldición –Maldije. No quería que él, precisamente, pensara lo peor de mí.
-Entonces no puedo comprenderlo –Resopló –No quieres que esté contigo como novio, sin embargo tampoco tolerarías estar separada. –Era un tanto complicado, tenía razón. Exhalé todo el aire trabado en mis pulmones, pensé en qué decirle.
-Precisamente porque te quiero, más de lo que jamás he querido a alguien, es la razón por la que quiero que esto funcione –Acaricié su rostro, le di un beso con todo el amor posible que poseía. Mejor dicho, “cariño” o lo que sea, joder. Lo quería y mucho, eso era lo que tenía en claro.
-¿Y si te pidiera que lo fueras formalmente ahora? –El ceño se me frunció de inmediato –¿Qué me responderías? –La boca se me secó, no sabía que decirle. Caleb me ponía nerviosa en algunas situaciones, en cierta forma aquello era bueno. Pero ahora, todo era tan confuso.
-No lo sé. No lo había pensado –Pronuncié apenas. Lo sentí sacar el aire de frustración de su cuerpo, aún se notaba sudoroso por lo que acabábamos de pasar. Su cabello estaba más que revuelto y algunos cabellos estaban adheridos sobre su frente gracias a la transpiración. Se veía malditamente bien. Lo vi encararme y dejándome en las nubes admirando la transparencia de sus ojos azules.
-Está bien ¿Quieres ser mi novia? –Habló simplemente y con indiferencia. Fruncí mi ceño, así no era cómo me imaginaba si alguna vez Caleb me pediría aquello. Al menos si tanto lo ansiaba, debería intentarlo mejor ¿no? Con mi aún ceño fruncido me di vuelta sobre mi cama, haciendo que mi espalda quedara a su vista, lo escuché bufar –De acuerdo, ahora me queda claro que no quieres –Me giré para poder observar cómo aún estaba desconcertado mirándome mientras estaba sentado, desnudo, sobre mi cama.
-No es por eso –Dije sin poder creerlo –Pero si tanto ansías ser mi novio, deberías ser un poco más… sensible –Él me miró compungido para luego soltar una risa irónica.
-¿Quieres que sea sensible? –Rio nuevamente con sarcasmo, luego de aquello siguió. Yo lo estaba asesinando mentalmente –Jamás he pedido algo así en mi vida Christine y no creo que ser “sensible” sea parte de mí a la hora de hacerlo –Rodeé los ojos para luego sonreírle. En cierta forma sabía que Caleb no haría algo así, él no era así.
-Lo sé. Sé que no eres así, pero no me molestaría si me hicieras una propuesta… algo romántica ¿no crees? –Me miró interrogante –Vamos, soy una chica. Cualquier chica quiere encontrar algo con romanticismo en su vida, con un gran hombre y ser felices para siempre ¿no? –Expliqué. Y era verdad. Lo vi revolverse el cabello con frustración, esperando que pronunciara alguna palabra, sin embargo nada salía. Hasta que sentí como exhalaba nuevamente para después tragar saliva.
-No sé cuántos cuentos de hadas has leído, pero te aseguro que hoy en día nada es así –Respondió irónico –Lo único que te puedo decir es que te quiero, mucho. Más que a nadie. Y ya el hecho de decirlo es algo complicado para mí, puede que suene cruel, pero nunca he querido a nadie más que a mi familia. Pero llegaste tú y ahora me encuentro pidiéndote que seas mi novia porque de verdad lo siento así. No quiero que nadie esté contigo, que nadie te haga daño, que nadie te toque excepto yo y no quiero que quieras a nadie más que no sea yo. Llámame egoísta o que soy un insensible pero así lo siento, y la verdad es que prefiero ser así a ser igual que todos los niñatos de hoy en día. Que solo llaman “amor” a chicas para que se sientan queridas y luego lograr follar con ellas. No soy hipócrita y mucho menos falso con lo que realmente siento –Suspiró –Te quiero Christine Parker, más que a nada. Mucho más de lo que crees. Pero no esperes sensibilidad, rosas ni chocolates, porque no llegarán –Mi mirada titubeó indudablemente. Empezando por su confesión increíblemente seria y su sinceridad. Era increíble al ponerme a pensar que aquellas palabras no se denominaban como romanticismo, sino que como una confesión de lo más profundo de sus sentimientos. Nada de sensibilidad, sólo sinceridad.
Caleb me tenía hechizada hasta más no poder, y no sabía hasta dónde podía llegar. Exhalé todo el aire contenido que me habían dejado sus palabras, mirando cómo me observaba con determinación. Sin decir nada. Me hiso pensar en estar con él y es que jamás me habían tratado de esa forma, como también estaba segura que jamás conocería a alguien como él. Razoné un poco todo lo que sentía y llegué a la conclusión de que no había por qué razonar cuando se quiere a alguien. Y yo quería a Caleb. Lo observé totalmente risueña luego de un instante sin hablar, donde nuestras palabras sobraban. Tragué saliva cuando en un momento inesperado se instaló de espaldas a mi lado, pero todo esto sin tocarme. Dio un último suspiro para después girarse y darme una vista plena de su ancha espalda. Me estaba ignorando al ver que no daba ninguna respuesta ante su sincera proposición, y no era por el hecho de que no quisiera responderle. Realmente era porque no sabía qué decir.
Con timidez me acurruqué entre medio de mis sábanas quedando detrás de él pero no juntos, sentía frío al no tener el contacto del cuerpo de Caleb. Supuse que se había enfadado por mis constantes indecisiones, era obvio, hasta yo misma me aburría de mis complicaciones emocionales. Pero quería que estuviéramos juntos, aquello estaba completamente claro ante mis ojos. Retraídamente, debajo de mis sábanas, mi mano fue a parar sobre su espalda para acariciarla. No se separó. Sabía que no estaba durmiendo, podía sentir su respiración un poco más reiterada comparada a una pausada que teníamos cuando dormíamos. Comencé a acariciarlo suavemente para luego acercarme y besar su hombro. No veía sus ojos, pero estaba completamente segura que estaba acongojado. Para mi sorpresa y luego de varios segundos de besos inocentes de parte mía hacia sus músculos posteriores, se giró con lentitud para quedar frente a frente hacia mí. Mirando esos hermosos ojos que me volvían loca desde el primer día que los vi. No sabía lo que pasaba por su mente, sin embargo sabía lo yo pensaba de esta situación. Y todo ya estaba más que aclarado.
Me abracé a él sin poder evitarlo, colocando mis brazos alrededor de su cadera, acercándome a Caleb y aprovechar de que sintiera mi desnudez fija contra su cuerpo. Suspiró sacándome una sonrisa tierna. Sus manos me tocaron con suavidad por debajo de la sábana. Empezando por mis muslos hasta mi cintura, quedándose ahí e inesperadamente acercándome a él para sentirlo por completo. Nos besamos con pasión. No podíamos estar enfadados, ambos no deseábamos estar así mientras nos queríamos. No era la gracia. Lo acepté de inmediato, sintiendo sus manos presionarme contra su cuerpo. Abrazándome con posesividad, mientras que yo hacía lo mismo secuestrando su ancha cadera con mis delgados brazos. Sonreí entre medio del beso, sentir nuestras anatomías desnudas era el placer más grande que he sentido en mucho tiempo. Pero aquello no era por estar así después de haber hecho el amor, aquello era sólo por la persona con quien lo hice. Era por Caleb.
-Sí –Susurré de improviso al separarme después de un rato de los labios de Caleb. Sus ojos se abrieron para mirarme impresionado y casi con una sonrisa en su lindo rostro. Sus labios estaban tan cerca de los míos que no pude evitar morder su labio inferior mientras lo miraba. Él aún seguía viéndome pasmado. Mezclando nuestras respiraciones.
-¿Qué? –Frunció su ceño, mientras me observaba interrogante. Moví mi cabeza de un lado al otro provocando un leve rose de nariz. Que me causó tantos escalofríos que me temblaron las piernas. Si no hubiera sido porque estuviera acostada en mi cama en los brazos de Caleb de seguro me caigo al piso.
-Quiero decir, que no es lo esencial esperar rosas y flores. Quiero que seas sensible a tu manera, como lo principal que me gustó de ti –Reí levemente mirando sus ojos increíblemente cerca –Y sí Caleb, quiero ser tu novia –Me besó casi de inmediato luego de dar mi respuesta final. Su lengua se encontró de rápidamente con la mía empezando un juego mortal para cualquier persona con sensibilidad. Sin dejar un poco la ternura de lado. Estaba todo aclarado, todo y por más que titubeara al decirlo.
Quería infinitamente a Caleb Small, mi novio.
(…)
-Ya vete –Susurré divertida. Irónicamente lo decía ya que estábamos en la salida de mi departamento, lo tenía abrazado por los hombros y sus fuertes brazos no se despegaban de mi cintura. Era la milésima vez que nos despedíamos y realmente, ninguno de los dos quería aquello. Pero tenía que irse, no podía quedarse, tanto él como yo teníamos deberes qué hacer –Tienes que ir a ver a Melanie –Dije besándolo, adentrando mi traviesa lengua en su cavidad mientras que la de él no me daba tregua. Caleb hiso un puchero que me hiso reír en su boca.
-¿Y tú que harás? –Levanté mis hombros, besando su mentón. Demonios, el chico olía demasiado bien –No hagas eso si no quieres volver a la habitación –Dijo en un jadeo seriamente, sonreí.
-Tal vez termine de corregir los exámenes que me faltan, no son muchos –Pronuncié ignorando la advertencia lujuriosa del castaño. Asintió aun tocando con suavidad mi cintura, pegándome más a él –Por cierto, sacaste un 8.9. Bastante bien señor Small –Hablé divertida, sus ojos azules se abrieron con asombro.
-¿De verdad? –Asentí sonriendo, me robó un beso pequeño y tierno –Aunque no me sorprende, siempre fui bueno en el instituto –Pronunció completamente adulador. Lo miré sin creer y risueña
-Esa es una de las cosas que me encantan de ti, tú y tu humildad –Respondí con ironía. Rio conmigo unos leves segundos. Preferí cambiar de tema, aquello de crear una conversación mientras tratábamos de separarnos, no era bueno –Dime ¿qué harás tú?
-Ahora iré a mi casa a buscar dinero para arreglar mi camioneta, las llantas están un poco gastadas y necesito un par de nuevas. Luego iré por Mel a casa de Jessica –Me explicó. Lo miré perspicacia, ahora yo asintiendo
-Puedo darte el diner –Él me interrumpió antes de que siguiera de la forma más hermosa existente, con un beso. Se separó mirándome fruncido.
-Sabía que lo dirías y antes de que termines, la respuesta es no –Dijo en forma determinada.
-Ash Caleb yo –Volvió a interrumpirme. Mierda.
-No pienso aceptarte cosas monetarias nunca más en la vida Christine. Has hecho mucho por mí
-Pero –Me interrumpió nuevamente besándome. Bufé después de que se separó –No es problema para mí dártelo, lo sabes de sobra –Me quejé como una niña pequeña, aun abrazando sus hombros.
-Para ti no será un problema, para mí sí lo es a la consciencia –Fruncí mi ceño no entendiendo –Tal vez para ti es sólo dinero, para mí es un pase a la facilidad. No me gusta lo fácil y menos que me lo den para mis responsabilidades –Ahora lo observé cautivada, la verdad es que no me impresionaba que me haya fijado en un chico como él. Me impresionaba el hecho de que él se fijara en mí, definitivamente soy un fracaso a su lado. A veces me ponía a pensar qué hubiera hecho en el lugar de Caleb cuando quedó huérfano y con una criatura dependiente de mí, jamás hubiera podido salir adelante sola. Sin embargo él sí lo hiso, y aquello me cautivaba mucho más de lo que estaba.
-Cómo te dije, eres un idiota pero un idiota al que quiero mucho. Cada día más –Sus ojos tomaron un brillo especial, tan especial que vi un reflejo tan hermoso que me dieron ganas de llorar. Nos besamos por última vez, sabiendo que no podíamos estar ahí mucho más tiempo. Le sonreí, acariciando su nariz con la mía.
-Y yo te quiero a ti Christine. Mucho, mucho más de lo que crees –Le sonreí, verdaderamente no sabía hasta qué punto era ese “mucho” y en cierta forma no quería descubrirlo. Dejarlo en incógnita lo hacía más satisfactorio.
-Nos vemos mañana linda –Me besó dulcemente, nada de lengua. Sólo un contacto de labios suaves, tiernos y perfectos. Me encantaba, mierda. Asentí más que segura.
-Nos vemos –Dije por último para luego ver cómo nos separábamos físicamente dándonos un último y pequeño beso. Dejando cero contacto con nuestras anatomías. Lo vi cruzar todo el pasillo con abundancia de departamentos en sus interiores para luego llegar al ascensor que luego lo haría bajar. Observé que cuando entró y ya no lo veía de espaldas, me dio un beso en el aire. Causando un sonrojo de colegiala en mí. Dios, cómo quería a ese hombre. El cual no era un “chico” para mí, era por completo un hombre. Me encantaba. Las puertas plateadas del ascensor se cerraron, prohibiendo verle la cara más tiempo. Suspiré entrando, tranquila de que mañana lo vería de nuevo.
Vería de nuevo a mi novio.
Caleb
Respiré tranquilo al llegar a las puertas de mi casa. La verdad es que ni siquiera me di cuenta en el momento en el que llegué. Ya que mi cabeza estaba en todos lados menos en arreglar mi camioneta por sus ruedas desgastadas. Quise reír al ser tan idiota, pero ya no podía evitarlo. Definitivamente Christine y yo éramos novios, es sólo significaba que lo nuestro podíamos gritarlo a todo el mundo. Sin ser cursi, claro. Negué con mi cabeza sin sacar mi sonrisa, podía decir que el saber que Christine era completamente mía me ponía más feliz que nunca. Como nunca lo estuve. Mi chica me removía hasta la última célula de mi cuerpo y estaba seguro que jamás me aburriría de aquello. Tenía que admitir que el ser sincero con lo que sentía hace un par de horas me había servido mucho, admitir que no era sensible ni mucho menos romántico me incentivó a hacerle entender a mi castaña mis verdaderas intenciones con ella. Amarla.
Me bajé de mi camioneta dispuesto a ir a mi casa a buscar ese maldito dinero. Ya había llamado a Kross para que me hiciera el favor con mi camioneta para mañana en la mañana, hoy sólo tendría que entregarle el dinero. Exhalé, extrañamente aunque me estresara tener que ir de un lado a otro por mis responsabilidades, Christine era lo que me llenaba por completo en mi cabeza. Aquello sólo significaba un bloqueo obvio a todas mis complicaciones. Apreté el botón para sellar por fuera mi vehículo, de todas formas no tardaría tanto en buscar en mi cajón aquella ayuda monetaria. Al llegar para abrir el pomo de la puerta de entrada, mi sonrisa de tranquilidad se borró por completo. Ya que prácticamente mi casa no tenía el pomo de la puerta, estaba completamente roto dándome a saber que habían forzado la cerradura.
Mi pulso de inmediato aumentó, alguien había entrado a mi casa. Estaba seguro. Lo primero que pensé fue en Melanie, pero me alcancé a relajar al saber que estaba en lo de Jessica. Entonces no pudo haber corrido ningún peligro, gracias a Dios. Tragué saliva, ahora más que nunca sentía rabia más que alguna otra cosa. Terminé por abrir de una patada la puerta de mi hogar terminando o algo menos por último haciéndome ver un desastre de oro. Mi hogar ya no era mi hogar, era un verdadero basurero viviente.
¿Qué clase de bestia hijo de puta pudo haber hecho algo así? Mierda. La impresión me cegó y la rabia contenida por no entender el por qué me pasaba esto a mí. De todas las putas familias adineradas que existían, por qué demonios tenían que venir a mi casa a buscar algo que para nada nos sobraba. La rabia poco a poco fue disminuyendo al caminar entre todos mis vidrios rotos, los sillones estaban girados, mi televisor roto y mis cortinas rasgadas. Cada cosa que tenía estaba en el suelo o quebrado. Nada se había salvado, joder. Mi rabia disminuyó para luego sentir confusión vagar por mis venas. A medida que pasaba entre los escombros de mis cosas, pude ver que no me habían robado nada. Nada, ni siquiera mi televisor que estaba en la sala principal. Subí mis escaleras para llegar a mi habitación para seguir inspeccionando la cual estaba igual que toda mi casa, destruida. Mi mandíbula se apretó hasta más no poder al entrar al cuarto de Melanie y ver lo mismo.
Algo que me afectó en particular fue ver la foto de nuestros padres en el suelo, con el típico vidrio para el marco de la foto totalmente quebrado. Bajé de inmediato de regreso a mi sala de estar con toda la maldita rabia del mundo. Realmente no sabía qué hacer más que pensar en quién pudo haber hecho esto, las probabilidades no me calzaban. Al menos en ese momento no me llegaba ningún nombre a la mente. Los nervios de enojo se estaban apoderando de mí peligrosamente, juro por Dios que en este instante era capaz de hacer cualquier cosa. Se habían metido con algo más que personal, era mi hogar. El hogar de mi familia y era algo que no iba a tardar en vengarme si era posible. Al inspeccionar mejor todas las piezas destruidas, con mis zapatos haciendo ruido al pisar aquel vidrio molido que estaba por todo mi piso, me di cuenta en algo en especial que había en el suelo. Algo especial que sobresalía de toda la basura rota de mi casa. Era un ladrillo. Fruncí mi ceño notablemente, lo tomé para verlo mejor. Encontraba extraño que aquello estuviera ahí ya que mi vivienda no poseía nada hecho de ladrillos. Lo cogí con cuidado de no hacerme daño entre cualquier puto vidrio, que al parecer se multiplicaba cada vez que lo miraba. Lo giré entre mis manos y tragué saliva. Maldijo hijo de puta fue lo primero que pasó por mi mente. Resultó que en aquella mierda, había una nota explícita, haciéndome ver quién había sido el idiota que pudo haber hecho esto. Y por fin las piezas me calzaban más que correctamente.
Siento con profundidad no haber podido despedirme correctamente hoy por la tarde de usted señor Small, pero creo que para compensar aquello le hice una nueva remodelación a su casa. Espero que no me lo tome a mal, y por supuesto que le guste tanto a usted como a su novia.
Con mis más sinceros respetos
N. Harrison.
Lo iba a matar. Eso estaba claro y de por sí más que seguro. Primero lo ahorcaré para gozar con plenitud aquello. Mierda, gruñí. Cruzó una línea bastante inminente para mí o para cualquiera. Hacer esto había ido lejos. Lo primero que pensé fue llamar a la policía, pero eso no me serviría para nada. Para lo único que serviría sería para perder el tiempo. De seguro Nick había enviado a alguien para hacer este trabajo sucio, no creo que sea tan idiota para hacerlo él mismo. Además tenía que confesar que prefería tomar justicia por mis propias manos. Y si llamaba a la puta policía no encontrarían ni huellas de esos hijos de puta. Joder, tenía tanta rabia. Conmigo, con él y con cualquiera que se cruzara en mi camino en este instante. El día en que me encuentre cara a cara a Nicholas, juro por mis padres que aquel tipejo lo lamentará. Lamentará haber hecho esto algo mayor. Apreté mi mandíbula lanzando ese ladrillo a cualquier lado, no importaba. Nada podía destruir más mi hogar que como ya estaba.
Suspiré tomando mi cabello con frustración, ahora pensando en algo que me relajara. Christine apareció solemnemente en mis pensamientos. Rápidamente pensé en llamarla, mierda, tenía que advertirle lo que Nick me había hecho. Joder, si esto me lo hace a mí, podía hacérselo a ella y mucho peor. Saqué mi celular de mis bolsillos dispuesto a llamarla, no quería asustarla. Pero este hijo de puta al parecer era capaz de hacer cualquier. Cuando buscaba su número en mis registros un golpe en seco fue a parar en mi cabeza. Causando que cayera con estruendosamente de estómago al suelo.
Al menos eso sentí antes de caer al piso mareado y con un dolor ardiente sobre mi cabeza. Sentí algo caliente correr entre mi cabello hasta mi frente con rapidez luego del golpe, supe de inmediato en mi subconsciente que era sangre. Abrí con una fuerza de voluntad los ojos para darme cuenta que no estaba solo en mi casa. Cuatro o cinco hombres vestidos completamente de negro se encontraban también sin haberme dado cuenta antes, sus rostros no los veía por lo mareado que estaba y lo borroso que todo se veía a mi alrededor. Quería levantarme y enfrentarlos, pero no podía. Mi cuerpo no reaccionaba y la sangre caía en gotas desde mi cabellera hasta el suelo. Había caído de estómago al piso entre todo el vidrio. Supe de inmediato que aquellos malditos me habían golpeado con un bate de béisbol por la espalda, distinguido por mi vista entre todo lo borroso que apenas veía. Entre todo ese enrollo, apenas podía respirar y comencé a toser sangre. Quería levantarme, por Melanie. No podía morir joder, no ahora. Ella me necesitaba, la dejaría completamente sola si fallecía y de por sí no podía tolerar imaginármela en un orfanato. Pero mierda y mil veces mierda, ni siquiera podía mover mis brazos. La sangre no dejaba de correr por mi rostro, y mi vista poco a poco se iba nublando más y más.
-Ya muérete hijo de perra –Escuché una voz masculina completamente desconocida a lo lejos. Mis ojos entrecerrados no alcanzaban a ver sus rostros, sólo sus figuras y contemplar que todos estaban expectantes por presenciar el fin de mi espectáculo. La respiración ya no me llegaba, la sangre incluso llegaba a tapar mi vista. Dios, por favor cuida de Melanie. Fueron mis últimos pensamientos antes de que mi visión, que hace unos segundos estaba perfecta, se fuera por completo a negro.
Christine
Un vestido corto de color gris claro con una blusa negra con transparencia era todo lo que necesitaba para hoy. Eso y que mis botas chanel largas me acompañen. Al fin era día viernes, joder. Último día de la semana y me ponía más que feliz. Por alguna razón hoy había despertado sin necesidad de escuchar mi molestosa alarma. Era bastante placentero aquello ya que por fin mi sueño no había sido interrumpido. Alyssa me vendría a buscar en segundos para irnos juntas a trabajar y la verdad es que estaba relajada. Me maquillé con naturalidad y en pocos segundos más estaría lista para salir, sólo me faltaba impregnar mi exquisito perfume de todos los días sobre mi cuello para salir sobre las brisas de otoño. Tomé mi taza de café por último antes de salir para luego colocarme mi amada chaqueta negra, en conjunto con mi atuendo para irme. Pero como siempre, algo interrumpía mi actividad matutina. Mierda, nadie podía dejarme tranquila al menos el último día laboral para mí. Vi por el rabillo de la puerta recordando lo que había dicho mi novio respecto a mi seguridad. “Novio” jamás pensé en decir eso relacionando a Caleb, reí internamente. Pero como dicen, la vida te sorprende en el momento menos esperado.
Coloqué mi vista verdosa por el rabillo de la puerta para hacerme ver que venía una hambrienta Alyssa. Negué con mi cabeza divertida, abriendo la puerta hacia mi mejor amiga. Quien venía comiendo un emparedado de no sé qué, sólo bufé al ver cómo entraba sin ningún permiso otorgado
-¿Vamos? –Preguntó con la boca llena de pan. Cerré la puerta detrás de mí.
-Hola zorrita ¿sabes? Yo también me alegro de verte, y de verdad también me alegro que estés bien –Ahora la morena fue la que bufó ante mi ironía, tragando con dificultad lo que sea que estaba comiendo.
-Ash, por favor, tú no –Se cruzó de brazos pasando a mi sala de estar para sentarse en mi sofá actuando como una niña pequeña. Le fruncí el ceño yendo a parar a su lado con confusión.
-¿“Tú no” qué? –Al parecer, por primera vez en la vida veía a Alyssa de mal humor. Y para que pasara aquello debía ser realmente grave para ella –Aly ¿qué ocurre? –Me senté a su lado para saber con profundidad lo que pasaba por la mente de la morena. Ella resopló.
-¿Por qué supones que me pasa algo? –Levanté una ceja, creyendo que lo que me decía era broma.
-¿Es un chiste? Nos conocemos desde que tenemos uso de razón, sé cuando estás mal y cuando estás bien. Y realmente me gustaría saber la razón por la cual es que por primera vez en la vida Alyssa Jefferson no está con una sonrisa en su rostro –Ella sonrió apenas, tomando otro trozo de su sándwich de jamón, por lo que alcancé a ver. Suspiró resignada a contarme.
-Hoy en la mañana discutí con Stefan –Fruncí mi ceño nuevamente, intuía que tenía que ver con el alemán –Estábamos hablando tranquilamente y me encantaba hasta que de un momento a otro él tocó un tema un tanto… raro. Que me hiso poner nerviosa y por lo demás terminé discutiendo con él –Asentí frunciendo mis labios. Aunque no entendía completamente ¿Qué clase de tema ponía nerviosa a Alyssa? al menos yo no había descubierto ninguno a lo largo de nuestras vidas.
-¿Se puede saber de qué trataba el tema? –Pregunté con cautela, procurando no meter la pata como comúnmente lo hacía con estas situaciones. La morena se sonrojó.
-Me da vergüenza –Bufé.
-Vamos, te he visto vomitar desnuda sobre plantas de marihuana. No vengas con vergüenzas ahora jovencita –Hablé como toda una madre retando a su hija. Ella asintió de acuerdo.
-Lo sé. Pero esto es diferente, es más delicado y bueno, un tanto raro –Rodeé los ojos.
-Sólo dime, esto quedará solo entre tú y yo. Es una promesa –La miré a los ojos para saber que es cierto lo que decía. Alyssa suspiró por último luego de tomar una buena bocanada de aire.
-Él de un instante a otro me comenzó a hablar de –Titubeó –de hijos –Completó luego de unos segundos con cara de miedo. Mi ceño se frunció notablemente ¿Alyssa con hijos? Demonios, era como imaginar a Lindsay Lohan como monja. Algo completamente imposible. Aunque viéndolo mejor ¿por qué no? Cualquier chica de 23 a 30 quedaba embarazada hoy en día, por lo menos era un poco común. De todas formas no veo que ese sea el problema de Alyssa, el verdadero problema de Alyssa era que estaba asustada. Como cualquier chica que se fuera de juerga cada fin de semana y de un instante a otro tenga algún atraso.
-No veo lo malo. Es sólo hablar de eso, no quiere decir que estén en busca de abrir la fábrica –Levanté mis hombros. Ella rodeó los ojos.
-Lo sé, pero me asusté ¿sí? Es un tema delicado para mí y un tanto raro. Además que nunca en la vida he pensado en tener hijos –Puse mi mano en su hombro mientras la veía a punto de sacar un puchero, bastante gracioso.
-Las cosas pasan con el tiempo, tómatelo con calma y sé feliz con tu alemán sexy que está demás decir que se muere por ti –Alyssa asintió sonriéndome amigablemente para luego cambiar su mirada de paz a una de sospecha. Mierda, había vuelto Alyssa Jefferson.
-Ahora que lo pienso mejor ¿Desde cuando eres tú la que me aconseja a mí sobre mis complicaciones? –Preguntó ahora cruzando sus brazos y mirándome entrecortadamente. Queriendo sacar mis secretos a la luz, quise reír, pero el ambiente extrañamente se volvió sofocante.
-El mundo gira y las personas cambian –Sonreí queriendo parecer inocente. Alyssa asintió sin creerme. Siguiendo con sus sospechas absurdas.
-Entonces eso quiere decir que el chico Caleb ha hecho bien su trabajo ¿no? –Reí sin poder evitarlo para después sentir el chillido de emoción de mi amiga –Suéltalo todo –Levanté mis hombros.
-No hay mucho que decir sabes, bueno, estamos intentando “algo” –Otro chillido agudo salió de la boca de Alyssa. Mi mejor amiga había vuelto.
-¿Eso quiere decir que son novios? –Levanté mis hombros dejando en incógnita su pregunta, para después reír animadamente con ella. Dios, recién me daba cuenta que estaba feliz de estar con alguien por primera vez. Y ni siquiera se llegaba a comparar con el “intento” que quise probar con Nick. Que desperdicio.
-Bueno, algo así, ayer él me –El sonido de mi celular interrumpió mi conversación anímica con mi mejor amiga. Bufé yendo a buscar mi cartera, buscando entre todo mi laberinto de cosas hasta encontrar mi aparato. Número desconocido.
-¿Quién es? –Preguntó la morena viendo mi cara de desconcierto, ahora comiendo el último trozo de pan con jamón que le quedaba. Levanté mis hombros en señal de no saber. Exhalé escogiendo la opción de contestar la llamada, no perdería nada si lo intentaba.
-¿Hola?
-Ahm ¿Christine? –Fruncí mi ceño notablemente al no reconocer la voz masculina del otro lado de la línea telefónica –Soy Eric –Mi rostro se relajó al recordar al adulador amigo de Caleb. Encontré extraño que me llamara, pero no por eso debía ser menos educada. Alyssa entre tanto seguía mirándome atenta.
-Ah hola Eric ¿cómo estás? –Pregunté amigablemente. Lo sentí suspirar a través del celular.
-No muy bien, si es que lo puedo decir –Titubeó un poco. Era bastante extraño saber que un hombre tan seguro como él me estuviera hablando con nerviosismo. Lo dejé pasar para luego preguntar, no lo podía dejar hablando solo con el aire.
-¿Qué te ocurrió? –Él no contestó de inmediato, lo sentí hablar con alguien. No supe descifrar bien su conversación externa. Exhaló. De acuerdo, esto no me daba buenas señales.
-A mí nada pero –No habló nada por unos segundos –Imaginé que no lo sabías de todos modos –Tragué saliva. Me estaba asustando y si era una broma de mal gusto juro por mi padre que le cortaría los huevos.
-¿Saber qué?
-Caleb –Lo nombró de una forma tan horrible que me sentí desfallecer, ni siquiera había hablado y pude sentir como el mundo se me venía abajo –Está en el hospital Christine y está muy mal.
-Caleb –Chillé cuando atravesaba esa línea placentera del orgasmo por segunda o tercera vez, ni siquiera llevaba la cuenta. De lo único que era consciente en ese instante era que tener encima de mí a ese chico de hermosos ojos azules, llenándome por completo entre mis piernas, era lo mejor del mundo. Joder, qué bien se sentía esto. Caleb por último lanzó un sonido gutural desde el fondo de su garganta que hiso resonar mi habitación. Haciéndome ver que había llegado a su punto máximo del cuerpo. Sentí aquel tibio líquido vaciarse en mí después de aquello, provocando sensaciones aún más placenteras. Nuestros cuerpos sudorosos y aún unidos no se querían separar ni por casualidad. Y no es que quisiera lo contrario.
El castaño finalizó por abrir sus ojos, los cuales tenía cerrados para disfrutar el momento que vivió hace unos infinitos segundos, me sonrió maravillado y extasiado. Yo no estaba muy lejos de eso tampoco, mi mirada era una de satisfacción y alegría. Además de la transpiración que nos vestía superficialmente. Me robó el último beso apasionado antes de acomodarse bien. Reí ligeramente esperando regular mi respiración, al igual que él. Se separó lentamente de mí, como si no quisiera hacerlo. Mis piernas con dificultad temblaron después de que lo hiso, al parecer tanto mi cuerpo como el suyo se habían acostumbrados a estar juntos.
Caleb se ganó a mi lado aún sonriente y divertido. Yo tampoco quedaba atrás y la verdad es que ni siquiera sabía el por qué estaba así. El castaño suspiró por último para verme de lado, desnudo y con sólo una sábana blanca cubriendo su cintura. La misma sábana que también cubría mis senos desnudos claro. Habíamos hecho el amor como dos locos, supongo que era por eso la razón por la cual nos sonreíamos como colegiales.
-¿Por qué sonríes tanto? –Pregunté curiosamente divertida. Un poco agitada si es que puedo decirlo. Caleb inspeccionó mi rostro un tiempo determinado, como si pensara pero al mismo tiempo que contemplaba mi cara. Moría por saber lo que pasaba por sus pensamientos.
-Tengo una duda –Fruncí mi ceño, sin sacar la alegría de mis sentimientos.
-¿Me sonríes porque tienes una duda? –Volví a preguntar de forma divertida. Levantó sus hombros para luego acercarse a mí lentamente y abrazarme por la cintura. Asintió robándome un pequeño beso, causándome escalofríos al sentir toda su plenitud desnuda nuevamente junto a mí.
-¿Qué somos Christine? –No entendí su pregunta, por lo que lo vi con un gesto confuso –Quiero decir ¿qué somos? ¿novios? –Asentí ligeramente entendiendo a dónde iba –¿amigos con beneficios? –Caleb me miraba expectante. Solté una carcajada inminente sin poder evitarlo y es que la pregunta de aquel chico me hiso reír hasta más no poder. Joder ¿Por eso tanto alboroto? ¿no saber lo que éramos? Aunque pensándolo bien, nunca me coloqué a pensar en un “nosotros” de esa forma. Y realmente sentía que no lo necesitábamos para convivir bien, quiero decir, nos queríamos y eso era todo, tal vez eso vendría con el tiempo ¿no? No había razón para sentir ese tipo atamiento, pero eso no quitaba el hecho de que en sí me daba risa la situación. No pregunten el por qué, pero me daba risa. Sobre todo porque nos encontrábamos desnudos, juntos y pensar en eso era un poco ilógico.
-No entiendo cuál es la gracia –Pronunció un tanto molesto, observándome mientras trataba de controlar mi risa. Lo logré al pensar que tenía que ser seria con este tipo de cosas. Sabiendo que no quería molestarme con Caleb. Suspiré, dirigiéndole una mirada risueña.
-No lo sé, encuentro divertido que me preguntes después de haber hecho el amor ¿no crees? –Él levantó los hombros. Cambiando su gesto rotundamente a uno serio, exhalé –Además, respecto a lo otro. La verdad es que no creo que necesitemos colocarle alguna seriedad a esto –Su ceño se frunció. Mierda.
-¿Seriedad? ¿qué tiene eso de malo? Nos queremos ¿no?
-Sí, pero Caleb… tú lo sabes más que nadie que las relaciones amorosas no son parte de mí vida. No funcionan para mí y creo que estoy bien con eso –Me sinceré. El castaño dejó de abrazarme para luego sentarse en mi cama, todo eso después de lo que dije.
-Para mí es exactamente lo mismo. Jamás me he preocupado por tener novia ni nada, pero ahora que realmente quiero intentar algo para ser feliz tú lo rechazas –Tragué saliva. Lo entendía perfectamente –Christine, tú me quieres ¿no? –Asentí de inmediato sin dudar ante su pregunta seria y desconcertante.
-Por supuesto que sí. Te quiero y mucho.
-Entonces no te entiendo –Me ordené mi cabellera con frustración.
-Es por eso que si vamos a tener una relación quiero sea algo serio para nuestro futuro –Me senté de igual forma que él para mirarnos a los ojos. Sin dejar de tapar mis pechos con mi sabana, claro. No era el momento para desvergonzarse con este tema en particular.
-Es una buena forma de decirme que no quieres ser mi novia Christine –Habló sin una pizca de diversión. Fruncí mis labios.
-No he dicho eso –Procuré acariciar con suavidad su espalda, ya que la tenía completamente visible ante mis ojos. Le di un pequeño beso ahí para luego continuar –Pero quiero que las cosas entre nosotros salgan bien, por eso lo digo
-Yo no quiero compartirte –Dijo reservadamente luego de un momento de pensar y sentir mis caricias en su espalda –No quiero pensar que si no estás conmigo seriamente, puedes buscar cariño en otra persona –Paré de golpe para hacerlo girar su vista hacia mí. Aquello dicho por él había provocado mi seriedad absoluta. No podía creerlo.
-No puedo creer que llegues a pensar eso de mí Caleb –Fruncí mi ceño, un tanto cabreada –Jamás te haría eso, maldición –Maldije. No quería que él, precisamente, pensara lo peor de mí.
-Entonces no puedo comprenderlo –Resopló –No quieres que esté contigo como novio, sin embargo tampoco tolerarías estar separada. –Era un tanto complicado, tenía razón. Exhalé todo el aire trabado en mis pulmones, pensé en qué decirle.
-Precisamente porque te quiero, más de lo que jamás he querido a alguien, es la razón por la que quiero que esto funcione –Acaricié su rostro, le di un beso con todo el amor posible que poseía. Mejor dicho, “cariño” o lo que sea, joder. Lo quería y mucho, eso era lo que tenía en claro.
-¿Y si te pidiera que lo fueras formalmente ahora? –El ceño se me frunció de inmediato –¿Qué me responderías? –La boca se me secó, no sabía que decirle. Caleb me ponía nerviosa en algunas situaciones, en cierta forma aquello era bueno. Pero ahora, todo era tan confuso.
-No lo sé. No lo había pensado –Pronuncié apenas. Lo sentí sacar el aire de frustración de su cuerpo, aún se notaba sudoroso por lo que acabábamos de pasar. Su cabello estaba más que revuelto y algunos cabellos estaban adheridos sobre su frente gracias a la transpiración. Se veía malditamente bien. Lo vi encararme y dejándome en las nubes admirando la transparencia de sus ojos azules.
-Está bien ¿Quieres ser mi novia? –Habló simplemente y con indiferencia. Fruncí mi ceño, así no era cómo me imaginaba si alguna vez Caleb me pediría aquello. Al menos si tanto lo ansiaba, debería intentarlo mejor ¿no? Con mi aún ceño fruncido me di vuelta sobre mi cama, haciendo que mi espalda quedara a su vista, lo escuché bufar –De acuerdo, ahora me queda claro que no quieres –Me giré para poder observar cómo aún estaba desconcertado mirándome mientras estaba sentado, desnudo, sobre mi cama.
-No es por eso –Dije sin poder creerlo –Pero si tanto ansías ser mi novio, deberías ser un poco más… sensible –Él me miró compungido para luego soltar una risa irónica.
-¿Quieres que sea sensible? –Rio nuevamente con sarcasmo, luego de aquello siguió. Yo lo estaba asesinando mentalmente –Jamás he pedido algo así en mi vida Christine y no creo que ser “sensible” sea parte de mí a la hora de hacerlo –Rodeé los ojos para luego sonreírle. En cierta forma sabía que Caleb no haría algo así, él no era así.
-Lo sé. Sé que no eres así, pero no me molestaría si me hicieras una propuesta… algo romántica ¿no crees? –Me miró interrogante –Vamos, soy una chica. Cualquier chica quiere encontrar algo con romanticismo en su vida, con un gran hombre y ser felices para siempre ¿no? –Expliqué. Y era verdad. Lo vi revolverse el cabello con frustración, esperando que pronunciara alguna palabra, sin embargo nada salía. Hasta que sentí como exhalaba nuevamente para después tragar saliva.
-No sé cuántos cuentos de hadas has leído, pero te aseguro que hoy en día nada es así –Respondió irónico –Lo único que te puedo decir es que te quiero, mucho. Más que a nadie. Y ya el hecho de decirlo es algo complicado para mí, puede que suene cruel, pero nunca he querido a nadie más que a mi familia. Pero llegaste tú y ahora me encuentro pidiéndote que seas mi novia porque de verdad lo siento así. No quiero que nadie esté contigo, que nadie te haga daño, que nadie te toque excepto yo y no quiero que quieras a nadie más que no sea yo. Llámame egoísta o que soy un insensible pero así lo siento, y la verdad es que prefiero ser así a ser igual que todos los niñatos de hoy en día. Que solo llaman “amor” a chicas para que se sientan queridas y luego lograr follar con ellas. No soy hipócrita y mucho menos falso con lo que realmente siento –Suspiró –Te quiero Christine Parker, más que a nada. Mucho más de lo que crees. Pero no esperes sensibilidad, rosas ni chocolates, porque no llegarán –Mi mirada titubeó indudablemente. Empezando por su confesión increíblemente seria y su sinceridad. Era increíble al ponerme a pensar que aquellas palabras no se denominaban como romanticismo, sino que como una confesión de lo más profundo de sus sentimientos. Nada de sensibilidad, sólo sinceridad.
Caleb me tenía hechizada hasta más no poder, y no sabía hasta dónde podía llegar. Exhalé todo el aire contenido que me habían dejado sus palabras, mirando cómo me observaba con determinación. Sin decir nada. Me hiso pensar en estar con él y es que jamás me habían tratado de esa forma, como también estaba segura que jamás conocería a alguien como él. Razoné un poco todo lo que sentía y llegué a la conclusión de que no había por qué razonar cuando se quiere a alguien. Y yo quería a Caleb. Lo observé totalmente risueña luego de un instante sin hablar, donde nuestras palabras sobraban. Tragué saliva cuando en un momento inesperado se instaló de espaldas a mi lado, pero todo esto sin tocarme. Dio un último suspiro para después girarse y darme una vista plena de su ancha espalda. Me estaba ignorando al ver que no daba ninguna respuesta ante su sincera proposición, y no era por el hecho de que no quisiera responderle. Realmente era porque no sabía qué decir.
Con timidez me acurruqué entre medio de mis sábanas quedando detrás de él pero no juntos, sentía frío al no tener el contacto del cuerpo de Caleb. Supuse que se había enfadado por mis constantes indecisiones, era obvio, hasta yo misma me aburría de mis complicaciones emocionales. Pero quería que estuviéramos juntos, aquello estaba completamente claro ante mis ojos. Retraídamente, debajo de mis sábanas, mi mano fue a parar sobre su espalda para acariciarla. No se separó. Sabía que no estaba durmiendo, podía sentir su respiración un poco más reiterada comparada a una pausada que teníamos cuando dormíamos. Comencé a acariciarlo suavemente para luego acercarme y besar su hombro. No veía sus ojos, pero estaba completamente segura que estaba acongojado. Para mi sorpresa y luego de varios segundos de besos inocentes de parte mía hacia sus músculos posteriores, se giró con lentitud para quedar frente a frente hacia mí. Mirando esos hermosos ojos que me volvían loca desde el primer día que los vi. No sabía lo que pasaba por su mente, sin embargo sabía lo yo pensaba de esta situación. Y todo ya estaba más que aclarado.
Me abracé a él sin poder evitarlo, colocando mis brazos alrededor de su cadera, acercándome a Caleb y aprovechar de que sintiera mi desnudez fija contra su cuerpo. Suspiró sacándome una sonrisa tierna. Sus manos me tocaron con suavidad por debajo de la sábana. Empezando por mis muslos hasta mi cintura, quedándose ahí e inesperadamente acercándome a él para sentirlo por completo. Nos besamos con pasión. No podíamos estar enfadados, ambos no deseábamos estar así mientras nos queríamos. No era la gracia. Lo acepté de inmediato, sintiendo sus manos presionarme contra su cuerpo. Abrazándome con posesividad, mientras que yo hacía lo mismo secuestrando su ancha cadera con mis delgados brazos. Sonreí entre medio del beso, sentir nuestras anatomías desnudas era el placer más grande que he sentido en mucho tiempo. Pero aquello no era por estar así después de haber hecho el amor, aquello era sólo por la persona con quien lo hice. Era por Caleb.
-Sí –Susurré de improviso al separarme después de un rato de los labios de Caleb. Sus ojos se abrieron para mirarme impresionado y casi con una sonrisa en su lindo rostro. Sus labios estaban tan cerca de los míos que no pude evitar morder su labio inferior mientras lo miraba. Él aún seguía viéndome pasmado. Mezclando nuestras respiraciones.
-¿Qué? –Frunció su ceño, mientras me observaba interrogante. Moví mi cabeza de un lado al otro provocando un leve rose de nariz. Que me causó tantos escalofríos que me temblaron las piernas. Si no hubiera sido porque estuviera acostada en mi cama en los brazos de Caleb de seguro me caigo al piso.
-Quiero decir, que no es lo esencial esperar rosas y flores. Quiero que seas sensible a tu manera, como lo principal que me gustó de ti –Reí levemente mirando sus ojos increíblemente cerca –Y sí Caleb, quiero ser tu novia –Me besó casi de inmediato luego de dar mi respuesta final. Su lengua se encontró de rápidamente con la mía empezando un juego mortal para cualquier persona con sensibilidad. Sin dejar un poco la ternura de lado. Estaba todo aclarado, todo y por más que titubeara al decirlo.
Quería infinitamente a Caleb Small, mi novio.
(…)
-Ya vete –Susurré divertida. Irónicamente lo decía ya que estábamos en la salida de mi departamento, lo tenía abrazado por los hombros y sus fuertes brazos no se despegaban de mi cintura. Era la milésima vez que nos despedíamos y realmente, ninguno de los dos quería aquello. Pero tenía que irse, no podía quedarse, tanto él como yo teníamos deberes qué hacer –Tienes que ir a ver a Melanie –Dije besándolo, adentrando mi traviesa lengua en su cavidad mientras que la de él no me daba tregua. Caleb hiso un puchero que me hiso reír en su boca.
-¿Y tú que harás? –Levanté mis hombros, besando su mentón. Demonios, el chico olía demasiado bien –No hagas eso si no quieres volver a la habitación –Dijo en un jadeo seriamente, sonreí.
-Tal vez termine de corregir los exámenes que me faltan, no son muchos –Pronuncié ignorando la advertencia lujuriosa del castaño. Asintió aun tocando con suavidad mi cintura, pegándome más a él –Por cierto, sacaste un 8.9. Bastante bien señor Small –Hablé divertida, sus ojos azules se abrieron con asombro.
-¿De verdad? –Asentí sonriendo, me robó un beso pequeño y tierno –Aunque no me sorprende, siempre fui bueno en el instituto –Pronunció completamente adulador. Lo miré sin creer y risueña
-Esa es una de las cosas que me encantan de ti, tú y tu humildad –Respondí con ironía. Rio conmigo unos leves segundos. Preferí cambiar de tema, aquello de crear una conversación mientras tratábamos de separarnos, no era bueno –Dime ¿qué harás tú?
-Ahora iré a mi casa a buscar dinero para arreglar mi camioneta, las llantas están un poco gastadas y necesito un par de nuevas. Luego iré por Mel a casa de Jessica –Me explicó. Lo miré perspicacia, ahora yo asintiendo
-Puedo darte el diner –Él me interrumpió antes de que siguiera de la forma más hermosa existente, con un beso. Se separó mirándome fruncido.
-Sabía que lo dirías y antes de que termines, la respuesta es no –Dijo en forma determinada.
-Ash Caleb yo –Volvió a interrumpirme. Mierda.
-No pienso aceptarte cosas monetarias nunca más en la vida Christine. Has hecho mucho por mí
-Pero –Me interrumpió nuevamente besándome. Bufé después de que se separó –No es problema para mí dártelo, lo sabes de sobra –Me quejé como una niña pequeña, aun abrazando sus hombros.
-Para ti no será un problema, para mí sí lo es a la consciencia –Fruncí mi ceño no entendiendo –Tal vez para ti es sólo dinero, para mí es un pase a la facilidad. No me gusta lo fácil y menos que me lo den para mis responsabilidades –Ahora lo observé cautivada, la verdad es que no me impresionaba que me haya fijado en un chico como él. Me impresionaba el hecho de que él se fijara en mí, definitivamente soy un fracaso a su lado. A veces me ponía a pensar qué hubiera hecho en el lugar de Caleb cuando quedó huérfano y con una criatura dependiente de mí, jamás hubiera podido salir adelante sola. Sin embargo él sí lo hiso, y aquello me cautivaba mucho más de lo que estaba.
-Cómo te dije, eres un idiota pero un idiota al que quiero mucho. Cada día más –Sus ojos tomaron un brillo especial, tan especial que vi un reflejo tan hermoso que me dieron ganas de llorar. Nos besamos por última vez, sabiendo que no podíamos estar ahí mucho más tiempo. Le sonreí, acariciando su nariz con la mía.
-Y yo te quiero a ti Christine. Mucho, mucho más de lo que crees –Le sonreí, verdaderamente no sabía hasta qué punto era ese “mucho” y en cierta forma no quería descubrirlo. Dejarlo en incógnita lo hacía más satisfactorio.
-Nos vemos mañana linda –Me besó dulcemente, nada de lengua. Sólo un contacto de labios suaves, tiernos y perfectos. Me encantaba, mierda. Asentí más que segura.
-Nos vemos –Dije por último para luego ver cómo nos separábamos físicamente dándonos un último y pequeño beso. Dejando cero contacto con nuestras anatomías. Lo vi cruzar todo el pasillo con abundancia de departamentos en sus interiores para luego llegar al ascensor que luego lo haría bajar. Observé que cuando entró y ya no lo veía de espaldas, me dio un beso en el aire. Causando un sonrojo de colegiala en mí. Dios, cómo quería a ese hombre. El cual no era un “chico” para mí, era por completo un hombre. Me encantaba. Las puertas plateadas del ascensor se cerraron, prohibiendo verle la cara más tiempo. Suspiré entrando, tranquila de que mañana lo vería de nuevo.
Vería de nuevo a mi novio.
Caleb
Respiré tranquilo al llegar a las puertas de mi casa. La verdad es que ni siquiera me di cuenta en el momento en el que llegué. Ya que mi cabeza estaba en todos lados menos en arreglar mi camioneta por sus ruedas desgastadas. Quise reír al ser tan idiota, pero ya no podía evitarlo. Definitivamente Christine y yo éramos novios, es sólo significaba que lo nuestro podíamos gritarlo a todo el mundo. Sin ser cursi, claro. Negué con mi cabeza sin sacar mi sonrisa, podía decir que el saber que Christine era completamente mía me ponía más feliz que nunca. Como nunca lo estuve. Mi chica me removía hasta la última célula de mi cuerpo y estaba seguro que jamás me aburriría de aquello. Tenía que admitir que el ser sincero con lo que sentía hace un par de horas me había servido mucho, admitir que no era sensible ni mucho menos romántico me incentivó a hacerle entender a mi castaña mis verdaderas intenciones con ella. Amarla.
Me bajé de mi camioneta dispuesto a ir a mi casa a buscar ese maldito dinero. Ya había llamado a Kross para que me hiciera el favor con mi camioneta para mañana en la mañana, hoy sólo tendría que entregarle el dinero. Exhalé, extrañamente aunque me estresara tener que ir de un lado a otro por mis responsabilidades, Christine era lo que me llenaba por completo en mi cabeza. Aquello sólo significaba un bloqueo obvio a todas mis complicaciones. Apreté el botón para sellar por fuera mi vehículo, de todas formas no tardaría tanto en buscar en mi cajón aquella ayuda monetaria. Al llegar para abrir el pomo de la puerta de entrada, mi sonrisa de tranquilidad se borró por completo. Ya que prácticamente mi casa no tenía el pomo de la puerta, estaba completamente roto dándome a saber que habían forzado la cerradura.
Mi pulso de inmediato aumentó, alguien había entrado a mi casa. Estaba seguro. Lo primero que pensé fue en Melanie, pero me alcancé a relajar al saber que estaba en lo de Jessica. Entonces no pudo haber corrido ningún peligro, gracias a Dios. Tragué saliva, ahora más que nunca sentía rabia más que alguna otra cosa. Terminé por abrir de una patada la puerta de mi hogar terminando o algo menos por último haciéndome ver un desastre de oro. Mi hogar ya no era mi hogar, era un verdadero basurero viviente.
¿Qué clase de bestia hijo de puta pudo haber hecho algo así? Mierda. La impresión me cegó y la rabia contenida por no entender el por qué me pasaba esto a mí. De todas las putas familias adineradas que existían, por qué demonios tenían que venir a mi casa a buscar algo que para nada nos sobraba. La rabia poco a poco fue disminuyendo al caminar entre todos mis vidrios rotos, los sillones estaban girados, mi televisor roto y mis cortinas rasgadas. Cada cosa que tenía estaba en el suelo o quebrado. Nada se había salvado, joder. Mi rabia disminuyó para luego sentir confusión vagar por mis venas. A medida que pasaba entre los escombros de mis cosas, pude ver que no me habían robado nada. Nada, ni siquiera mi televisor que estaba en la sala principal. Subí mis escaleras para llegar a mi habitación para seguir inspeccionando la cual estaba igual que toda mi casa, destruida. Mi mandíbula se apretó hasta más no poder al entrar al cuarto de Melanie y ver lo mismo.
Algo que me afectó en particular fue ver la foto de nuestros padres en el suelo, con el típico vidrio para el marco de la foto totalmente quebrado. Bajé de inmediato de regreso a mi sala de estar con toda la maldita rabia del mundo. Realmente no sabía qué hacer más que pensar en quién pudo haber hecho esto, las probabilidades no me calzaban. Al menos en ese momento no me llegaba ningún nombre a la mente. Los nervios de enojo se estaban apoderando de mí peligrosamente, juro por Dios que en este instante era capaz de hacer cualquier cosa. Se habían metido con algo más que personal, era mi hogar. El hogar de mi familia y era algo que no iba a tardar en vengarme si era posible. Al inspeccionar mejor todas las piezas destruidas, con mis zapatos haciendo ruido al pisar aquel vidrio molido que estaba por todo mi piso, me di cuenta en algo en especial que había en el suelo. Algo especial que sobresalía de toda la basura rota de mi casa. Era un ladrillo. Fruncí mi ceño notablemente, lo tomé para verlo mejor. Encontraba extraño que aquello estuviera ahí ya que mi vivienda no poseía nada hecho de ladrillos. Lo cogí con cuidado de no hacerme daño entre cualquier puto vidrio, que al parecer se multiplicaba cada vez que lo miraba. Lo giré entre mis manos y tragué saliva. Maldijo hijo de puta fue lo primero que pasó por mi mente. Resultó que en aquella mierda, había una nota explícita, haciéndome ver quién había sido el idiota que pudo haber hecho esto. Y por fin las piezas me calzaban más que correctamente.
Siento con profundidad no haber podido despedirme correctamente hoy por la tarde de usted señor Small, pero creo que para compensar aquello le hice una nueva remodelación a su casa. Espero que no me lo tome a mal, y por supuesto que le guste tanto a usted como a su novia.
Con mis más sinceros respetos
N. Harrison.
Lo iba a matar. Eso estaba claro y de por sí más que seguro. Primero lo ahorcaré para gozar con plenitud aquello. Mierda, gruñí. Cruzó una línea bastante inminente para mí o para cualquiera. Hacer esto había ido lejos. Lo primero que pensé fue llamar a la policía, pero eso no me serviría para nada. Para lo único que serviría sería para perder el tiempo. De seguro Nick había enviado a alguien para hacer este trabajo sucio, no creo que sea tan idiota para hacerlo él mismo. Además tenía que confesar que prefería tomar justicia por mis propias manos. Y si llamaba a la puta policía no encontrarían ni huellas de esos hijos de puta. Joder, tenía tanta rabia. Conmigo, con él y con cualquiera que se cruzara en mi camino en este instante. El día en que me encuentre cara a cara a Nicholas, juro por mis padres que aquel tipejo lo lamentará. Lamentará haber hecho esto algo mayor. Apreté mi mandíbula lanzando ese ladrillo a cualquier lado, no importaba. Nada podía destruir más mi hogar que como ya estaba.
Suspiré tomando mi cabello con frustración, ahora pensando en algo que me relajara. Christine apareció solemnemente en mis pensamientos. Rápidamente pensé en llamarla, mierda, tenía que advertirle lo que Nick me había hecho. Joder, si esto me lo hace a mí, podía hacérselo a ella y mucho peor. Saqué mi celular de mis bolsillos dispuesto a llamarla, no quería asustarla. Pero este hijo de puta al parecer era capaz de hacer cualquier. Cuando buscaba su número en mis registros un golpe en seco fue a parar en mi cabeza. Causando que cayera con estruendosamente de estómago al suelo.
Al menos eso sentí antes de caer al piso mareado y con un dolor ardiente sobre mi cabeza. Sentí algo caliente correr entre mi cabello hasta mi frente con rapidez luego del golpe, supe de inmediato en mi subconsciente que era sangre. Abrí con una fuerza de voluntad los ojos para darme cuenta que no estaba solo en mi casa. Cuatro o cinco hombres vestidos completamente de negro se encontraban también sin haberme dado cuenta antes, sus rostros no los veía por lo mareado que estaba y lo borroso que todo se veía a mi alrededor. Quería levantarme y enfrentarlos, pero no podía. Mi cuerpo no reaccionaba y la sangre caía en gotas desde mi cabellera hasta el suelo. Había caído de estómago al piso entre todo el vidrio. Supe de inmediato que aquellos malditos me habían golpeado con un bate de béisbol por la espalda, distinguido por mi vista entre todo lo borroso que apenas veía. Entre todo ese enrollo, apenas podía respirar y comencé a toser sangre. Quería levantarme, por Melanie. No podía morir joder, no ahora. Ella me necesitaba, la dejaría completamente sola si fallecía y de por sí no podía tolerar imaginármela en un orfanato. Pero mierda y mil veces mierda, ni siquiera podía mover mis brazos. La sangre no dejaba de correr por mi rostro, y mi vista poco a poco se iba nublando más y más.
-Ya muérete hijo de perra –Escuché una voz masculina completamente desconocida a lo lejos. Mis ojos entrecerrados no alcanzaban a ver sus rostros, sólo sus figuras y contemplar que todos estaban expectantes por presenciar el fin de mi espectáculo. La respiración ya no me llegaba, la sangre incluso llegaba a tapar mi vista. Dios, por favor cuida de Melanie. Fueron mis últimos pensamientos antes de que mi visión, que hace unos segundos estaba perfecta, se fuera por completo a negro.
Christine
Un vestido corto de color gris claro con una blusa negra con transparencia era todo lo que necesitaba para hoy. Eso y que mis botas chanel largas me acompañen. Al fin era día viernes, joder. Último día de la semana y me ponía más que feliz. Por alguna razón hoy había despertado sin necesidad de escuchar mi molestosa alarma. Era bastante placentero aquello ya que por fin mi sueño no había sido interrumpido. Alyssa me vendría a buscar en segundos para irnos juntas a trabajar y la verdad es que estaba relajada. Me maquillé con naturalidad y en pocos segundos más estaría lista para salir, sólo me faltaba impregnar mi exquisito perfume de todos los días sobre mi cuello para salir sobre las brisas de otoño. Tomé mi taza de café por último antes de salir para luego colocarme mi amada chaqueta negra, en conjunto con mi atuendo para irme. Pero como siempre, algo interrumpía mi actividad matutina. Mierda, nadie podía dejarme tranquila al menos el último día laboral para mí. Vi por el rabillo de la puerta recordando lo que había dicho mi novio respecto a mi seguridad. “Novio” jamás pensé en decir eso relacionando a Caleb, reí internamente. Pero como dicen, la vida te sorprende en el momento menos esperado.
Coloqué mi vista verdosa por el rabillo de la puerta para hacerme ver que venía una hambrienta Alyssa. Negué con mi cabeza divertida, abriendo la puerta hacia mi mejor amiga. Quien venía comiendo un emparedado de no sé qué, sólo bufé al ver cómo entraba sin ningún permiso otorgado
-¿Vamos? –Preguntó con la boca llena de pan. Cerré la puerta detrás de mí.
-Hola zorrita ¿sabes? Yo también me alegro de verte, y de verdad también me alegro que estés bien –Ahora la morena fue la que bufó ante mi ironía, tragando con dificultad lo que sea que estaba comiendo.
-Ash, por favor, tú no –Se cruzó de brazos pasando a mi sala de estar para sentarse en mi sofá actuando como una niña pequeña. Le fruncí el ceño yendo a parar a su lado con confusión.
-¿“Tú no” qué? –Al parecer, por primera vez en la vida veía a Alyssa de mal humor. Y para que pasara aquello debía ser realmente grave para ella –Aly ¿qué ocurre? –Me senté a su lado para saber con profundidad lo que pasaba por la mente de la morena. Ella resopló.
-¿Por qué supones que me pasa algo? –Levanté una ceja, creyendo que lo que me decía era broma.
-¿Es un chiste? Nos conocemos desde que tenemos uso de razón, sé cuando estás mal y cuando estás bien. Y realmente me gustaría saber la razón por la cual es que por primera vez en la vida Alyssa Jefferson no está con una sonrisa en su rostro –Ella sonrió apenas, tomando otro trozo de su sándwich de jamón, por lo que alcancé a ver. Suspiró resignada a contarme.
-Hoy en la mañana discutí con Stefan –Fruncí mi ceño nuevamente, intuía que tenía que ver con el alemán –Estábamos hablando tranquilamente y me encantaba hasta que de un momento a otro él tocó un tema un tanto… raro. Que me hiso poner nerviosa y por lo demás terminé discutiendo con él –Asentí frunciendo mis labios. Aunque no entendía completamente ¿Qué clase de tema ponía nerviosa a Alyssa? al menos yo no había descubierto ninguno a lo largo de nuestras vidas.
-¿Se puede saber de qué trataba el tema? –Pregunté con cautela, procurando no meter la pata como comúnmente lo hacía con estas situaciones. La morena se sonrojó.
-Me da vergüenza –Bufé.
-Vamos, te he visto vomitar desnuda sobre plantas de marihuana. No vengas con vergüenzas ahora jovencita –Hablé como toda una madre retando a su hija. Ella asintió de acuerdo.
-Lo sé. Pero esto es diferente, es más delicado y bueno, un tanto raro –Rodeé los ojos.
-Sólo dime, esto quedará solo entre tú y yo. Es una promesa –La miré a los ojos para saber que es cierto lo que decía. Alyssa suspiró por último luego de tomar una buena bocanada de aire.
-Él de un instante a otro me comenzó a hablar de –Titubeó –de hijos –Completó luego de unos segundos con cara de miedo. Mi ceño se frunció notablemente ¿Alyssa con hijos? Demonios, era como imaginar a Lindsay Lohan como monja. Algo completamente imposible. Aunque viéndolo mejor ¿por qué no? Cualquier chica de 23 a 30 quedaba embarazada hoy en día, por lo menos era un poco común. De todas formas no veo que ese sea el problema de Alyssa, el verdadero problema de Alyssa era que estaba asustada. Como cualquier chica que se fuera de juerga cada fin de semana y de un instante a otro tenga algún atraso.
-No veo lo malo. Es sólo hablar de eso, no quiere decir que estén en busca de abrir la fábrica –Levanté mis hombros. Ella rodeó los ojos.
-Lo sé, pero me asusté ¿sí? Es un tema delicado para mí y un tanto raro. Además que nunca en la vida he pensado en tener hijos –Puse mi mano en su hombro mientras la veía a punto de sacar un puchero, bastante gracioso.
-Las cosas pasan con el tiempo, tómatelo con calma y sé feliz con tu alemán sexy que está demás decir que se muere por ti –Alyssa asintió sonriéndome amigablemente para luego cambiar su mirada de paz a una de sospecha. Mierda, había vuelto Alyssa Jefferson.
-Ahora que lo pienso mejor ¿Desde cuando eres tú la que me aconseja a mí sobre mis complicaciones? –Preguntó ahora cruzando sus brazos y mirándome entrecortadamente. Queriendo sacar mis secretos a la luz, quise reír, pero el ambiente extrañamente se volvió sofocante.
-El mundo gira y las personas cambian –Sonreí queriendo parecer inocente. Alyssa asintió sin creerme. Siguiendo con sus sospechas absurdas.
-Entonces eso quiere decir que el chico Caleb ha hecho bien su trabajo ¿no? –Reí sin poder evitarlo para después sentir el chillido de emoción de mi amiga –Suéltalo todo –Levanté mis hombros.
-No hay mucho que decir sabes, bueno, estamos intentando “algo” –Otro chillido agudo salió de la boca de Alyssa. Mi mejor amiga había vuelto.
-¿Eso quiere decir que son novios? –Levanté mis hombros dejando en incógnita su pregunta, para después reír animadamente con ella. Dios, recién me daba cuenta que estaba feliz de estar con alguien por primera vez. Y ni siquiera se llegaba a comparar con el “intento” que quise probar con Nick. Que desperdicio.
-Bueno, algo así, ayer él me –El sonido de mi celular interrumpió mi conversación anímica con mi mejor amiga. Bufé yendo a buscar mi cartera, buscando entre todo mi laberinto de cosas hasta encontrar mi aparato. Número desconocido.
-¿Quién es? –Preguntó la morena viendo mi cara de desconcierto, ahora comiendo el último trozo de pan con jamón que le quedaba. Levanté mis hombros en señal de no saber. Exhalé escogiendo la opción de contestar la llamada, no perdería nada si lo intentaba.
-¿Hola?
-Ahm ¿Christine? –Fruncí mi ceño notablemente al no reconocer la voz masculina del otro lado de la línea telefónica –Soy Eric –Mi rostro se relajó al recordar al adulador amigo de Caleb. Encontré extraño que me llamara, pero no por eso debía ser menos educada. Alyssa entre tanto seguía mirándome atenta.
-Ah hola Eric ¿cómo estás? –Pregunté amigablemente. Lo sentí suspirar a través del celular.
-No muy bien, si es que lo puedo decir –Titubeó un poco. Era bastante extraño saber que un hombre tan seguro como él me estuviera hablando con nerviosismo. Lo dejé pasar para luego preguntar, no lo podía dejar hablando solo con el aire.
-¿Qué te ocurrió? –Él no contestó de inmediato, lo sentí hablar con alguien. No supe descifrar bien su conversación externa. Exhaló. De acuerdo, esto no me daba buenas señales.
-A mí nada pero –No habló nada por unos segundos –Imaginé que no lo sabías de todos modos –Tragué saliva. Me estaba asustando y si era una broma de mal gusto juro por mi padre que le cortaría los huevos.
-¿Saber qué?
-Caleb –Lo nombró de una forma tan horrible que me sentí desfallecer, ni siquiera había hablado y pude sentir como el mundo se me venía abajo –Está en el hospital Christine y está muy mal.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


