martes, 27 de enero de 2015

Capítulo 19 -Sensitive-

Caleb
El camino hacia el instituto había sido el momento más silencioso que pude haber vivido con Christine y Melanie al mismo tiempo. Primero que nada tenía que ir a dejar a mi pequeña monstruo a su respectiva escuela, quien iba en el asiento trasero mirándonos inminentemente a ambos. Sospechosa. Lo sabía ya que su mirada era potente y la alcanzaba a ver desde mi espejo retrovisor. Nos miraba con la esperanza que le dijéramos algo, ya que no le dimos explicación alguna cuando nos encontró besándonos en la cocina por la mañana. Christine, joder, ella no podía estar deseando más que la tragara la tierra en ese preciso instante. Lo sabía con sólo mirar su rostro, avergonzada. Eso explicaba el hecho de que no hablara.

-Mel ¿Por qué no nos sacas una foto? Así te duraríamos para siempre ¿no crees? –Pregunté un tanto cabreado por sus miradas cómplices a ambos. Ella bufó, para luego sonreír en su asiento.

-Ash, entiéndeme. Ninguno de los dos me ha explicado nada desde que salimos de casa –Se cruzó de brazos como una niña caprichosa. Rodeé los ojos.

-Y no lo haremos. No es tiempo, tienes cosas que hacer más importantes que andar de curiosa. Como ir a la escuela –Le reproché levemente.

-Pues disculpa por querer saber lo que hay entre mi hermano y mi amiga –Resopló fingiendo hacer un puchero –Aunque si me preguntan, adoro la pareja de novios que hacen –Nos sonrió emocionada. Me acomodé la garganta de inmediato, un poco incómodo. La verdad era que tanto Christine como yo nos encontrábamos embaucados por mi hermana menor, aunque más ella que yo. Al parecer le avergonzaba que Melanie supiera cosas de nosotros. Para salir del momento embarazoso decidí hablar por los dos.

-No somos novios –Que estupidez, pero traté de sonar lo más convencido mientras seguía conduciendo hacia su escuela. Joder, hoy justamente encontraba el camino demasiado largo.

-¿De verdad? –Preguntó irónica con sus pequeños brazos cruzados –Porque yo sabía que cuando un hombre y una mujer se besan en los labios… –Se señaló con sus dedos pequeños su boca, quise reír. Pero no era el momento –Es porque son algo más que amigos o porque simplemente son novios –Completó sabiendo que nos había descubierto, sonriendo con victoria. Mierda.

-De todas formas eso no es tu asunto Mel –Dije en un bufido resoplando y rogando al cielo que no hablara más. No era que no quisiera seguir con el tema, después de todo tarde o temprano lo terminaría sabiendo. Pero ya no quería incomodar a la castaña que tenía a mi lado con preguntas hostigosas. Doblé la última calle que quedaba para poder estacionar mi cacharro en la entrada de su escuela. Al fin, después de largos momentos de silencio, logramos llegar a la primaria –Bien llegamos. Adiós pequeña –Coloqué mi mejilla más a la vista para que la besara y se despidiera, sin embargo y para mi impresión, no lo hizo. Sólo lanzó una risa, besando la mejilla de la castaña. Fruncí mi ceño notoriamente

-Lo siento Caleb. Pero si “besar” es algo que no es asunto mío, no lo voy hacer más. Ni siquiera contigo –Sacó su lengua burlándose de mí –Adiós Christine –Siguió despidiéndose de la castaña clara quien solo le hiso un saludo de mano divertida, y de por sí dejándome más que colgado. Melanie definitivamente siempre sería una pequeña monstruo.

Esperé a que entrara por la puerta de su escuela para arrancar totalmente aturdido. Sólo eso bastó para después sentir una sonora carcajada de la castaña a quien amaba. Su risa provocó que todo mi humor se dislocara, para bien claro. Le sonreí no comprendiendo

-Tu cara, Dios, no puedo –Se tomó la panza sin dejar de reír. Incluso apenas logró decir aquellas palabras entre tanta risa que se provocó. Traté de hacer un esfuerzo para hacerme el indiferente, en serio.

-¿De qué te ríes? –Pregunté relativamente molesto. Luego de calmar un poco su risa y tratar de no desconcentrarme más mirando su sonrisa en vez del camino. Era completamente hermosa, como siempre lo he dicho. Jamás había conocido una chica como Christine y estaba seguro que jamás la conocería.

-De tu rostro. De verdad, Melanie te maneja por completo –Rio de nuevo más suave que antes, supongo que fue por la broma de mal gusto de mi hermana. Pero me importaba un pepino, su sonrisa me estaba tildando hasta mi punto más íntimo. Cuando llegamos al semáforo en rojo, paré para dirigir por completo mi vista hacia ella.

-Aún no le veo la gracia –Hablé fingiendo ser serio. Su sonrisa ahora fue a una más leve, descubriendo que estaba incitando una falsa molestia.

-No me vengas con que no te hiso gracia Caleb, sé que estás riéndote como un loco por dentro –Dijo apuntándome con un dedo y sus ojos verdes entrecerrados. Joder, qué hermosa.

-No entiendo de lo que hablas –Respondí indiferente. Terminó por hacerme un puchero y acercarse a mi lado para poner sus manos en mi cara, y obligarme a mirarla directamente. Sin poder evitarlo, la abracé por la cintura. Si ella me daba un mínimo indicio de querer estar en mis brazos, no podía negarme a aquello. En serio, algo instintivamente lo hacía por mí. No sabía si era yo mismo y eran los sentimientos, hablando por sí solos.

-Eres un idiota –Dijo en forma tierna sin sacar ese característico puchero. Sonrió después, cautivándome –Pero un idiota al que quiero –Suspiré, joder. Qué bueno era todo esto y ni siquiera empezábamos la mañana. Terminé por reír dándome por aludido. La besé tiernamente, acercándola aún más a mí. Podría vivir con esto por el resto de mi vida, jamás me aburriría de todas las sensaciones que provocaba aquella chica en mí. Mi lengua se enredó con la suya en una danza mortal, que nos hiso viajar más allá de las nubes.

-Mmh ¿es necesario que tengamos que ir? –Pregunté entre besos húmedos. Sabía lo que me refería, ese maldito instituto. Si no fuera por ir a ese jodido establecimiento, ahora estaríamos en mi casa con Christine, solos y besándonos. Incluso hasta haciendo el amor. Mierda. Ella me miró sospechosa, entendió a la perfección lo que quise decir.

-¿Quieres descuidar tus estudios? –Frunció su ceño, entre tanto divertida –Eso no me gusta para nada señor Small –Le sonreí volviendo a besarla cortamente.

-Me desconcentras ¿Qué quieres que haga? –Ella rio respondiendo fugazmente a mi beso. Yo sólo me digné a tomar con una sola mano su cintura para presionarla contra mí, y con la otra masajear su muslo mientras continuaba con esa adictiva acción. Con Christine perdía el control de todo; de mí, del entorno. Incluso de mis deberes, en cierta forma no era bueno. Pero ¿qué importaba? La amaba, aún no era capaz de confesárselo completamente. Sin embargo, sabía que teníamos tiempo para eso. Todo debía ir con tranquilidad.

-Quiero que hoy te quedes en mi casa, de nuevo –Susurré cuando me separé milímetros de sus labios. Ella me vio compungida, sabía que dudaría joder.

-No puedo. Hoy saldré más temprano para ordenar exámenes, tendré la tarde libre e iré a mi departamento para hacerlo.

-Esa es una mejor razón Christine. Puedes ir a ordenar los exámenes, yo salgo tarde así que puedes venir a esperarme después de eso y venir a buscarme al instituto y –Me interrumpió dándome un pequeño beso. Resoplé.

-Lo pensaré, ahora ni quisiera hemos entrado a estudiar. Pensémoslo más tarde ¿sí? –Asentí volviendo a besarla apasionadamente. Tenía que confesarlo, era adicto a su boca. Era adicto a Christine. Y estaba más que seguro en apostar cualquier cosa por comprobar su amor.

Una estorbosa bocina de un auto ajeno nos interrumpió. Venía de la parte trasera, diciéndonos con aquel gesto que el semáforo ya había cambiado a verde necesitando avanzar. Ambos nos miramos avergonzados, sin embargo ella me dio un último beso para luego acomodarse normalmente en su asiento. Neutralizando cualquier contacto físico conmigo. Encendí mi camioneta para seguir hasta el destino no deseado.

-Será mejor que te apresures –Me dijo entre una diversión melancólica, lo mismo que sentía yo, maldición. –No creo que quieras… que lleguemos tarde.



Christine

Por primera vez, desde que entré al instituto, tenía una “tarde libre”. Y lo digo así ya que prácticamente no estaré libre. Hace poco le hice unos exámenes a la mitad del alumnado de DePaul y aquello, sólo correspondía a horas interminables para corregirlos. Suspiré tirando aquellas malditas carpetas a mi sofá, cerré mi puerta apenas. Ni energía para eso tenía, me sentía cansada y ni siquiera había empezado joder. Sin embargo, había una sola cosa que me subía el poco ánimo que me quedaba. O más bien era una persona. Caleb se había metido de lleno a mi interior, superando todos los límites expuestos que he tenido precisamente en mi corazón. Era lo único bueno de todo esto. De todas formas, el haber visto todo el día a ese chico sin poder hablarle o acercarme a darle un tan mínimo abrazo me estresaba. Quería estar cerca de él a un grado temeroso para mí, pero quería hacerlo. El haber hecho el amor con él hace poco tiempo me había dejado en claro que Caleb no era una persona cualquiera. Fue quien me dio la oportunidad de ser la primera con quien compartió ese tipo de deseo y la verdad, no podía sentirme mejor al saberlo. Fui su primera mujer y de eso estaba segura, que jamás se olvidaría.

Exhalé el aire contenido. Pensar en ese momento me ponía feliz, por lo que me dio el ánimo para tomar las primeras hojas y procesar mejor las respuestas escritas. Algunas eran un tanto idiotas, pero qué se podía esperar. Yo a esa edad respondía cosas peores, sin mentir. Tomé mi lápiz y me senté en mi sofá con un café en mano mientras, y con las hojas en la otra. El clima era un tanto frío. El otoño estaba más que presente y la verdad era que me encantaba.

El timbre sonó de repente. Justo cuando comenzaba a corregir la primera pregunta. Mierda, había comenzado mal y esto no me ayudaba. Bufé notoriamente dejando las cosas que tenía en manos de lado. Me levanté y abrí la puerta, realmente no deseé haberlo hecho. Sentí ganas de llorar al ver su rostro nuevamente, recordando lo que pasé hace unos días y cómo costó guardármelo y hacer que pasara por indiferente en mi vida. Como todo lo malo que he pasado. Asegurando que jamás volvería a pasar.

-¿Qué haces aquí? –Mi pregunta fue susurrante e impredecible para mí. No la pensé antes de hacerla, y es que pensé que ya era un tema zanjado para mí. Ya me había convencido que lo que pasó, no pasó. Más bien, sólo fue una pesadilla. Nick levantó su vista azulada y totalmente neutra hacia mí. Frunció su ceño.

-¿No me vas a invitar a pasar? –Preguntó, casi le creí que se había ofendido, joder. Tragué saliva.

-No. No eres bienvenido aquí, no después de lo que me hiciste –Rodó sus ojos.

-Por favor. No seas melodramática mujer, sólo quiero pasar y hablar como dos personas adultas –Habló con simpleza, no podía creer su cinismo –De paso me disculpo, me sobrepasé un poco contigo. Lo admito, pero todos cometemos errores ¿no? –Me sonrió por primera vez de oreja a oreja, sin embargo sabía que su sonrisa era de todo menos verdadera.

-¿Sobrepasarte un poco? –Pregunté incrédula. Sin saber qué decirle ante su antipatía –Nick, me golpeaste. Eso no es sobrepasarte un poco, eso es ser una mierda de persona. Me heriste –Dije entre dolida y con rabia, más rabia de por sí.

-No hables de heridas aquí Christine. Porque tú comenzaste con todo esto, tú comenzaste cuando follabas a escondidas con un niñato –Cambió por completo su semblante a uno con furia, me asustó de nuevo. Sabía que era capaz de todo y mantener mi puerta abierta a aquello, no podía ser bueno –Pero ya te lo dije. No vine a desquitarme contigo, sólo vine a hablar como la persona adulta que soy con otra persona adulta y ya ¿no? Además no será largo lo que te tengo que decir –Suspiró, supe al ver su mirada que lo hacía para relajarse –Ahora va mi pregunta ¿Puedo pasar? –Su mirada era inquietante y demostraba que no podía nadar contra la corriente. No podía ir en contra de lo que veía. Si esta era la última vez que veía a Nick, quería que fuera de una buena forma. Sin un veneno mortífero de por medio. Me hice a una lado invitándolo a pasar, preguntándome interiormente si era correcto lo que hacía o no.

-¿Para qué vienes? –Titubeé un poco insegura. Tratando de demostrar relajación. Nick me sonrió deliberadamente, pero sin dejar esa morbosidad de lado.

-No es muy largo lo que voy a decirte o más bien a preguntarte –Bufé.

-Sólo dime a qué vienes.

-Directa al grano ¿eh? –Resopló cruzándose de brazos –Pero bueno, sólo vine a hacerte un par de preguntas para estar claro con lo de nosotros –Fruncí mi ceño.

-Aquí ya no hay ningún “nosotros” Nick

-Eh, tranquila tigresa –Rio levemente y yo sólo apreté mi mandíbula –Mi pregunta sencillamente es ¿Desde cuándo te gusta Caleb? –La garganta se me secó. Vino sólo a preguntarme por Caleb. Debí habérmelo imaginado.

-Nunca vas a parar con eso ¿verdad? –Resoplé irónica, sin embargo sabiendo que sus teorías eran más que ciertas. Mierda –Yo no estoy con él ¿Cuándo piensas comprenderlo? –Él seguía con sus brazos cruzados, mirándome retóricamente. No sabía cuánto tendría que esperar para que sus teorías no magnificaran la situación. Después de todo, ninguno de nosotros nos queríamos. Jamás nos quisimos.

-No te pregunté si estabas con él. Te pregunté precisamente que desde cuándo te gusta. Creo que no pude haber sido más explícito con lo que dije –Dijo sin más preámbulo. Suspiré, tenía que pensar bien lo que diría. No quería que le hiciera daño a Caleb. Ya que después de lo que me hiso a mí, tenía en mente todo lo que podía llegar a hacerle y de verdad, no lo toleraría. Tragué un gran bulto de saliva. La respuesta salió de mi boca con inseguridad.

-No me gusta. Es ridículo que preguntes todo esto –Él me miró sin ningún gesto que hacer, con sus brazos aún cruzados. Sé que debí haberle dicho la verdad, pero todo el tiempo pensaba en el bienestar de Caleb.

-¿Es tan ridícula la razón por la que mientas tan descaradamente? Pero de todas formas, eso me ayuda a conocer a la verdadera Christine Parker ¿no? –Rio con amargura y un toque de enojo contenido. Joder.

-No te estoy mintiendo. No me gusta, todo eso es sólo tu maldita mente

-¿Acaso me ves cara de idiota? –La verdad, no. Pero qué mierda me quedaba. Sabía que él era capaz de hacerle cualquier cosa a ese chico. Comparando a lo que fue capaz de hacerme a mí –No necesitas seguir mintiendo. Tengo más que claro lo que sientes por él, lo supe desde el primer momento en el que los vi hablando.

-No viste nada, no seas ridículo –Traté de convencerme a mí misma.

-Lo que más me hace preguntar a mi cabeza y la verdad es que no puedo deducirlo con facilidad es que ¿Desde cuándo pasa esto? –Siguió sin tomar en cuenta mi comentario –¿Te gustó desde que lo conociste? O fue con el pasar de los días y lo veías más seguido –Apreté mi mandíbula, definitivamente no había manera de convencerlo

-No voy a responder tus preguntas porque es obvio que no hay manera humana que te convenza de lo contrario –Nick asintió

-He sido engañado bastantes veces Christine y conozco cuando alguien me miente, créeme cuando lo digo, conozco cada faceta de aquello –Negué con mi cabeza. Realmente ese hombre que tenía frente a mí lo desconocía más que nadie.

-¿Es por eso que te renunciaste al instituto? Porque según tú ¿Yo te mentí? –Él movió su cabeza en forma de negación, seriamente.

-Me fui porque me daba asco verte –Dijo con repulsión. Apreté mi mandíbula –Imaginarte con un niñato de bachillerato, demonios Christine, yo te veía con alguien más con… clase –Volvió a reír, levemente. No me gustó la forma en la que habló de Caleb y tuve que contenerme a decirle algo. Por ambos. Exhalé para luego tragar saliva.

-¿Qué te pasó? Antes no eras así –Comenté en un leve susurro, él sonrió.

-Tú sólo me conocías cuando era un idiota. Inocente e inconsciente a todas las mierdas que pasaría más adelante. Sin embargo, tú sí que has cambiado –Suspiró, ahora él, negando con su cabeza –Te has vuelto más mentirosa con el pasar del tiempo

-Como te dije, no hay manera humana que te haga cambiar de parecer ¿no? –Pregunté petulante. Él rio para luego hacer algo, que de por sí me sorprendió al momento en el que estábamos hablando. Tomó de mi cuello con fuerza arrinconándome a la pared. No me estaba asfixiando como la última vez, pero me presionaba con fuerza. Mierda. Traté de sacar sus fuertes manos de mí, sin embargo era inútil.

-Esta es tu última oportunidad. Quiero que me respondas la pregunta del principio ¿Desde cuándo te gusta Caleb? –Susurró con furia cerca de mi rostro. Mis ojos lo miraban con miedo y ardor. Joder –Responde –Terminó por gritar cerca de mi cara. Su mirada azulada se volvió desorbitada, pero mis sentidos estaban más fuertes que nunca. Conscientes y temerosos de lo que podía llegar a hacer con Caleb si respondía afirmando su pregunta.

-No me gusta –Dije finalmente separando cada palabra, sacando fuerzas de algo desconocido dentro de mí. Él asintió soltándome sorpresivamente.

-Desaprovechaste la única oportunidad que te di Christine –Me apuntó con un dedo luego de separarse –Ahora acepta las consecuencias –Siguió diciendo con tanto odio y furia que me dio miedo que se volviera a repetir lo que había pasado días atrás. Tragué saliva sabiendo que decía la verdad, que lo que me día no era una amenaza. Sino una advertencia. Mierda.

Sin decir más se giró sobre sus talones para dirigirse a mi puerta, la misma por la que entró. Con miedo y sin quererlo, terminé tomando su brazo para que se girara y me mirara. Quería callarme pero sólo me delataría yo misma. Sin embargo, no podía quedarme con esa duda y miedo.

-¿A dónde vas? –Pregunté. Volviendo a tragar saliva temerosa, ese hombre me daba miedo. Tenía que admitirlo. Su mirada prepotente y furiosa lo decían todo. Nick sonrió abiertamente, sin querer me había delatado. Sacando a la luz mis pensamientos de querer saber si iba a ver a Caleb o hacer cualquier otra cosa que no me importaba.

-No lo sé. Iré hacia donde me lleve el viento, cielo –Respondió con ironía para luego tomarme con fuerza mis mejillas y darme un beso asqueroso que sinceramente me repugnó. Intenté sacarlo de encima de mí, aunque era inútil, su fuerza me triplicaba. Fue rápido, pero lo bastante apasionado para que con mi mano me limpiara la boca. Demonios, ahora tendría que lavarme los dientes –Nos vemos pronto –Finalizó para después reír y salir de mi departamento. Intuía algo. Mierda, sentía algo que no estaba bien, ni en órbita. Aquello no era bueno.

Suspiré, por alguna razón el miedo se apoderó más que nunca de mí.



Caleb

Salí rápido del instituto como todos. Venía mensajeándome sin tomar en cuenta mi vista del frente, pero sí sabiendo que me tenía que dirigir al estacionamiento. Hablaba con Eric para saber cómo iba la tienda y al parecer todo iba perfecto. Eso y que también el moreno musculoso tenía compañía de sobra para esta noche, una “stripper rubia con plástico hasta en las orejas” como describió él, pero lo suficiente para una noche. Después de todo era para lo único que servían ese tipo de chica, al menos para él. Reí negando con mi cabeza y levantando mi vista para llegar a mi cacharro. Mierda.

Christine no había venido, eso sólo significaba que se quedó toda la tarde corrigiendo malditos exámenes. Levanté mis hombros, después de la tienda me obligaba a ir a su departamento. Ni de mierda me quedaba en el día sin verla. Bufé sacando mis llaves y activando mi camioneta para abrirla. Miré al cielo por primera vez e instintivamente sin querer, me fijé que estaba a punto de llover. Eso era bueno para mí, me gustaban los días de lluvia. Pero eso sí, me hubiera quedado viendo el cielo como placer visual sin embargo tenía que ir por mi hermana primeramente. Suspiré, volviendo mi vista al frente para abrir mi auto y me encontré con una cara que no planeaba ver ni en un millón de años. Mi ceño se frunció de inmediato.

-¿Le gusta los días de lluvia Señor Small? –Preguntó simplemente, como si fuera un amigo de toda la vida. Harrison cruzó sus brazos para ver al cielo, tal cual como yo lo había hecho hace unos segundos –No entiendo el por qué. Son fríos, turbios y tristes –Volvió a dirigir su mirada hacia la mía, que estaba totalmente confundida. No podía encontrar más extraña su forma de hablarme.

-Es por eso que me gustan –Respondí serio, sin una pizca de burla ante su acotación en doble sentido –Exactamente porque son fríos, turbios y tristes –Nick asintió dando un par de pasos hacia mí.

-Tiene un par de gustos exóticos ¿no? –Rio, no de forma amigable si es que me entienden –Pero bueno, ya que es el único estudiante que queda luego de que los otros se hayan ido como pájaros hambrientos. Le quería preguntar algo –Dijo en forma lenta –¿Cómo ha estado el instituto últimamente? ¿Ya no hay altercados en la cafetería? –Insinuó mi pelea preguntando esa mierda. Ya sabía a dónde iba su maldita forma de conversación.

-No. Creo que no, el instituto al parecer está mejor sin usted señor Harrison –Me afirmé por mi hombro derecho en mi camioneta y mis brazos cruzados. Si aquel hijo de puta creía que me podía joder, estaba muy equivocado. Su sonrisa cambió de inmediato. Asintió con gesto duro y serio, que no movía ni a una mosca si es que podía decirlo.

-Me alegro entonces –Respondió falsamente –¿Y los profesores cómo están? ¿mejor? –Entrecerré mis ojos, por fin veía a dónde iba realmente. Christine. Asentí sonriendo, no podía creer lo hijo de puta que podía llegar a ser Nicholas Harrison. Pero por lo que veía ahora, superaba cualquier límite propuesto.

-No lo sé ¿Usted debería saberlo no? –Él movió su cabeza –Aunque no entiendo este tipo de formalidad si es que puedo decirlo, ya que no trabajas más en este establecimiento por lo que podría tutearlo ¿verdad? –Pregunté irónico. Nick lo afirmó.

-Tienes razón, puedes tutearme –Suspiró –Y con respecto a tu pregunta, sí. La verdad es que sí sé cómo están los profesores o al menos uno de ellos.

-¿Y cómo se supone que están? –Reí, esto de verdad era un chiste con todas sus letras. Él parado frente a mí, queriendo parecer amigable y la pura y santa verdad era que reflejaba furia hasta más no poder. No era idiota, si él quisiera matarme ahora mismo, lo haría. La contradicción era que yo no lo dejaría.

-La señorita Parker, al parecer muy atareada ordenando exámenes ¿o me equivoco? –Mi sonrisa se evaporó ¿Cómo demonios sabía eso? Acaso él fue a… no, Christine jamás me haría algo así.

-¿Cómo sabes eso? –La pregunta salió tan de repente que no tuve el valor para pararla, joder. Él levantó sus hombros, haciéndose el indiferente.

-Por cosas de la vida. Bueno, pero no voy a entrar en detalles. Nuestra relación es pasada y creo que ya todos lo saben. –Asentí pensando aún en lo que me dijo –A propósito ¿Cómo te llevas con ella? Supe que todos hablan solamente virtudes de su profesora favorita –Bufé. Esto ya me estaba hartando, era un hombre con bastante paciencia. Y esto había rebalsado todo.

-Dime Harrison, sin rodeos ¿A qué viniste? –Frunció su ceño divertido. En su subconsciente sabía que le diría aquello.

-¿De verdad quieres saber por qué vine? –Exhaló para inhalar aire. Al parecer quería contarme algo verdaderamente personal. Terminé asintió –Bien, por dónde empiezo…Tú estás con Christine ¿verdad? –Preguntó sonriendo, burlándose en cierto aspecto de mí. No me importó, la única persona que en realidad llegaba a importarme en mi vida era Melanie y mi castaña clara. Nadie más.

-¿Por qué lo preguntas? –Si quería saber la verdad, tenía que hacerlo con cuidado. Después de todo, desde que lo conocí supe que Harrison estaba loco. Eso lo demostraba su forma de expresarse con los demás. Levantó sus hombros, de nuevo. Como si todo lo que comenzó a hablar conmigo estuviera indiferente para él.

-Porque vengo de hablar con ella –¿Qué demonios tenía que hablar Christine con él? Mi estómago se oprimió deliberadamente, sin poder contenerme. Aunque lo disimulé bien estando frente a ese lunático –Y me confesó absolutamente todo sobre ustedes –Me sonrió. Christine no pudo haberle dicho todo, pero no estaba completamente seguro de aquello. Pudo haberlo hecho, como también no. Sin embargo, la duda me embargó rápidamente.

-¿Y qué te dijo? –Su sonrisa se fue, supuse que esperaba que le respondiera yo con la verdad. De inmediato.

-Todo, ya sabes –Asentí.

-¿Y qué te parece? Después de todo eras su novio ¿no?

-¿Era? Christine y yo no hemos terminado nuestra relación oficialmente. Al menos no hemos conversado de aquello –Respondió, cantando una victoria que para él estaba más que pérdida. Aunque de igual forma me hiso apretar mi mandíbula con fuerza. Ella me había dicho que con él no había nada, y yo de por sí le creo más a Christine –No sé qué te habrá dicho ella pero, no hemos terminado. Para mala suerte tuya –Volví a asentir.

-Qué mala suerte –Repetí después de un momento susurrante. Quería reírme en su cara, pero tenía que ser paciente con este tipo de cosas. Pero sin mentir, ya la hubiera roto la quijada si no fuera por la conversación que estábamos teniendo para aclarar las cosas.

-Aunque no te voy a mentir. Me sorprende el hecho de que Christine escogiera estar con un sujeto como tú –Fruncí mi ceño, sin dejar mi seriedad que llegó a mí de repente –Con un niñato de bachillerato que no tiene nada que ofrecerle, huérfano y que se tiene que ocupar de una tienda y su hermana por el resto de su vida –Rio burlesco. Juro por Dios que quise golpearlo hasta matarlo. Pero me tranquilicé pensando en las palabras de Christine, tenía que pensar bien las cosas antes de hacerlas. No por mi bienestar, sino por el de Melanie. Si golpeaba a Nick ahora mismo, estaría en la policía y mi hermana estaría completamente sola. Tragué saliva conteniéndome.

-¿Cómo sabes eso? –Esa era mi interrogante ¿Cómo mierda sabía todo eso de mi vida?

-Digamos que te investigué un poco. Como inspector tenía la posibilidad de hacerlo –Sonreí comprendiendo. Sarcásticamente, claro.

-Eres un psicótico malnacido –Dije instintivamente. Él rio para luego asentir con su cabeza –Y no sabes cuánto me alegra saber que fuiste tan poca cosa para Christine, que tuvo que buscarse un niñato de bachillerato para sentirse satisfecha. Porque contigo, jamás lo estuvo –Hablé con lentitud saboreando cada maldita palabra verdadera que decía. Su sonrisa nuevamente se fue a la mierda. Le di en el punto fijo.

-No te metas conmigo niño –Se acercó a paso amenazador, quise reír. Porque si pensaba que me espantó con acercarse así, estaba más que equivocado. Nuestra altura era la misma, nada me podía intimidar de él. –Además, con eso confirmaste que ella está contigo ¿verdad?

-¿Qué es lo que quieres Harrison? –Pregunté sin tomar en cuenta su argumento, a punto de golpearlo. Sólo estaba contando hasta 10 para tranquilizarme. Apreté mis puños.

-Es fácil. Quiero que termines lo que sea que tengas con Christine, para siempre –Respondió simplemente, vi en su mirada las ganas que tenía por iniciar un altercado conmigo en ese minuto. Yo encantado lo haría, patearía su trasero tan fuerte que su cara se profundizaría en el pavimento del estacionamiento. Reí mentalmente.

-¿Y si no lo hago? ¿qué pasaría? –Pregunté divertido –¿Patearás mi trasero? –Él negó seriamente.

-¿Por qué mejor no le preguntas a Christine lo que le hice antes de tus tres días de suspensión? –Mi mirada se alertó a unos segundos. Recordando su llegada tan temerosa de mí y un tanto de distanciamiento. Sin titubear lo tomé de su camisa para presionarlo contra mi camioneta y comenzar a ahorcarlo. El maldito hijo de puta comenzó a reír. Presioné con toda mi fuerza su cuello para comenzar a notar cómo su piel de su rostro comenzaba a notarse roja. No me importaba. Podía asfixiarlo si quería, pero por ahora sólo quería saber la verdad.

-¿Qué le hiciste? Maldito hijo de puta –Grité colérico, apunto de sacarle su cabeza. El imbécil sonrió mientras apenas podía hablar con la respiración que le estaba cortando.

-Que te responda ella –Logró decir, mientras sus pupilas de dilataban con la poca respiración que le quedaba. Era capaz de matarlo, lo juro. Gruñí soltándolo, no sin antes golpear su rostro hasta que quedara en el piso. Como la basura viviente que era. Terminé por darle una mirada seria y furiosa para luego subir rápidamente a mi camioneta. Demonios, comencé a mensajear a Jessica mientras manejaba con velocidad para que fuera a buscar a Melanie y se encargara de ella. No sabía si estaba enfadado con el hijo de puta de Nick por haberle hecho algo a Christine, o con ella por no haberme dicho nada. Incluso lo pensé y pensé en estar enfadado conmigo mismo por no haberme dado cuenta antes. Golpeé mi volante con rabia. Mierda.

Por ahora sólo sabía que necesitaba hablar seriamente con Christine.



(…)



-Caleb –Me saludó Christine sonriendo abiertamente saltando a mis brazos, luego de que abriera su puerta del departamento hacia mí –Perdón por no ir a buscarte, es que los exámenes… tú sabes –Se justificó colocando su frente en mi hombro. La acepté abrazándola levemente por su cintura porque después de todo, mis sentimientos hacia ella no habían cambiado para nada. Me besó tiernamente, pero mi orgullo y el no poder olvidarme de lo que me dijo Nick, me hicieron no aceptarla por primera vez de esa forma. Ella se separó frunciendo su ceño. Pasé a su departamento sin pedirle permiso. Sé que fui un cabrón, pero Christine y su silencio con cosas fundamentales me estaba sacando de quicio.

-Quiero hablarte de algo –Pronuncié sin pelos en la lengua. La vi tragar saliva cuando cerró la puerta detrás de sí. Nos encontrábamos tan separado en ese instante, jamás me llegué a sentir así con ella. Joder, y no me gustaba –Y me gustaría que me respondieras con la verdad… –La castaña asintió, cruzándose de brazos. No podía negar que se veía en su mirada un tanto de miedo.

-Caleb, si es porque no fui hoy de verdad lo siento –La interrumpí, mierda. Soy un idiota.

-No es por eso Christine, joder –Tomé con frustración mi pelo, el cual estaba ya desordenado por naturaleza. Ella me vio inquieta. Jamás le haría daño, pero eso no quitaba el hecho de que me enfadara cuando me omitía la verdad –Quiero saber lo que pasó el domingo, luego de que me fuera –La divisé más blanca que nunca, al parecer no se esperaba que le preguntara aquello.

-No pasó nada –Titubeó. Bufé, mi paciencia se estaba yendo a la mierda.

-Christine no me mientas, por favor. Tú no –Ella tragó saliva, sus ojos se volvieron más llorosos. Bien, Nick estaba jodidamente muerto –Dime, ahora ¿Qué ocurrió con Nick esa tarde? –Su mirada se colocó cabizbaja.

-Caleb no quise decirte porque no quería complicar las cosas –Pronunció apenas en un susurro. Exhalé, algo le había hecho y me estaba carcomiendo por dentro saberlo

-Sólo dímelo por favor

-Prométeme que no harás nada –Dijo acercándose a mí, con sus ojos lagrimosos –Prométemelo Caleb –Volvió a repetirlo suplicante. Fruncí mi ceño, cauteloso con lo que le diría.

-¿Qué no haga nada? –Pregunté sin creer –Pues entonces díselo a Nick, quien fue el que me habló hoy después del instituto. Quien fue el que me dijo todo y de paso me amenazó –Ella abrió sus ojos más grande que dos pepas de la impresión.

-¿Qué te dijo? –Volví a bufar

-Eso no importa. Lo único que me importa saber ahora es qué fue lo que te hiso aquel día y quiero saberlo ya –Dije alzando un poco mi voz. Christine cerró los ojos para luego hablar. No sin antes pensar por un instante.

-Él me –Suspiró para después inhalar aire. Yo sólo la escuchaba atentamente –Nick me golpeó –Mi puño se oprimió tanto que sentí mis nudillos hacer ruido. Mierda, lo sabía. Cómo fui tan estúpido al no darme cuenta ayer, cuando la vi después de mis días de suspensión.

-¿Por qué no me lo dijiste antes? Cuando te pregunté… –Pronuncié apenas, apretando mi mandíbula. Casi dislocándomela. Era increíble la opresión que sentía, tenía ganas de golpear cualquier cosa que estuviera a mi alcance. Sea lo que sea. Christine mordió su labio inferior, nerviosa a todo lo que pasaba.

-Ya te lo dije, no quería causarte problemas –Susurró. Quería matarlo, con mis propias manos. Mierda, me arrepentía tanto de no haberlo matado antes de que viniera hasta acá.

-Joder –Terminé maldiciendo sacando toda mi rabia con ese grito.

-Lo siento Caleb. Pero pensé en ti y en tu bienestar –Se abrazó a sí misma, totalmente tímida y sumisa con lo que pasaba. Nunca pensé verla así.

-No me importa tener tantos problemas, si con eso te defiendo Christine ¿Acaso no lo entiendes? –La tomé por lo hombros para que mirara más fijamente. Ella, compungida, nuevamente asintió.

-Lo sé. Perdóname por favor –Tomó mi cuello para acercarme a su cuerpo o más precisamente a sus labios. No podía olvidarme fácilmente de que aquel idiota la tocó de una forma cruel.

-Te perdono –Susurré pensándolo por un instante –Pero ahora tú prométeme que jamás me ocultarás más nada. Por favor –Tomé sus mejillas para que me mirara mejor. La castaña asintió de inmediato.

-Lo prometo –Dijo sin titubear. La besé apasionadamente, no podía dejar de hacerlo. Pero nada quitaba el hecho de que tarde o temprano iba a encarar a ese hijo de puta por haberse dignado a tocarla. Para quitar esa suciedad de mierda que de seguro dejó él en ella, la presioné contra mí. Con su cintura la abracé con fuerza. Sin embargo, aún había cosas por aclarar. Lamentablemente.

-¿Y hoy qué fue lo que hablaron? –Susurré cuando nos separamos apenas. Frunció su ceño para luego relajar su respiración. Tampoco esperaba que le preguntara aquello, ella asintió recordando su promesa.

-Quería saber lo que teníamos –Exactamente lo mismo que me preguntó a mí.

-Está bien. Porque ahora lo tiene más que claro –Su mirada se volvió confusa no entendiéndolo.

-¿A qué te refieres?

-A que ya lo sabe todo –Luego de decirlo, se revolvió su cabello frustrada saliendo del hábitat de mis brazos. La miré, ahora yo confundido.

-Caleb eso no es bueno –Maldijo –Eso era justo lo que quería evitar, Nick me demostró que estaba loco con lo que me hiso y no va a dudar en hacer estupideces. Recalcando las palabras que me amenazaron ese día –Mi ceño se frunció aún más.

-¿Qué fue lo que te dijo? –Pregunté de inmediato, con mi mandíbula apretada de nuevo.

-Que me iba hacer pagar por lo que le hice. Y Caleb, sinceramente, creo que decía la verdad –Habló con miedo y la vez rabia contenida. Nick también me había dicho que me separara de ella pero ¿Por qué? Se suponía que si sabía lo que pasaba entre ella y yo, no había nada qué hacer. Sin embargo, luego sacó el tema de lo que le hiso a Christine. Insinuando que le haría daño si no lo hacía, mierda. Harrison estaba más loco de lo que pensaba.

-Escúchame –Tomé su mano y obligarla a que me mirara –Estás loca si crees que voy a dejar que él te toque un solo pelo –Ella me afirmó con su cabeza.

-Estaba pensando en llamar a la policía. Lo que hiso es ilegal, no pudo haberme golpeado y menos si soy… bueno, su novia. –Negué de inmediato.

-No tienes pruebas de que él lo hiso Christine. No tienes marcas de golpes y ni nadie que haya visto aquello. Podría ir yo, pero no serviría de nada –La castaña bufó para luego mirarme fijamente. Sabiendo que estaba en lo correcto –Lo único que te voy a pedir es que no abras más la puerta. O si lo haces, por favor, procura mirar por el rabillo de la puerta. Para estar seguros ¿De acuerdo? –Asintió, abrazándose a mí como un cacharrito asustado. La presioné contra mí, sin dejar que ninguna brisa de aire pasara entre medio de nosotros.

-¿Y tú que vas hacer? –Susurró, pero entonces la besé para que no siguiera. Fue un beso pequeño, pero lleno de amor. Suspiré.

-Voy a cuidarte –Ella levantó su vista. Negó

-No quiero que te pase nada, por favor, no hagas locuras

-No las voy hacer, confía en mí –La besé de nuevo. Era adicto a ella, a su boca –Dime Christine ¿Me quieres? –Abrió sus ojos los cuales estaban cerrados por el hermoso y reciente contacto de labios que tuvimos. Vi en su mirada verdosa que tenía ganas de llorar.

-Más de lo que crees –Respondió cerca de mi boca, le robé un pequeño beso después de lo que dijo. No podía amar más a esa mujer como lo hacía con Christine. Pero tenía que ser cuidadoso con ese tipo de cosas. Sentía que aún no era el momento de decírselo –¿Y tú? –Me sonrió levemente. Yo sólo me digné a besarla nuevamente para expresar sólo un poco de lo mucho que poseía en interior.





-Te quiero desde aquí, hasta el fin del universo Christine Parker.

No hay comentarios:

Publicar un comentario