martes, 27 de enero de 2015

Capítulo 20 -Sensitive-

Christine

-Caleb –Chillé cuando atravesaba esa línea placentera del orgasmo por segunda o tercera vez, ni siquiera llevaba la cuenta. De lo único que era consciente en ese instante era que tener encima de mí a ese chico de hermosos ojos azules, llenándome por completo entre mis piernas, era lo mejor del mundo. Joder, qué bien se sentía esto. Caleb por último lanzó un sonido gutural desde el fondo de su garganta que hiso resonar mi habitación. Haciéndome ver que había llegado a su punto máximo del cuerpo. Sentí aquel tibio líquido vaciarse en mí después de aquello, provocando sensaciones aún más placenteras. Nuestros cuerpos sudorosos y aún unidos no se querían separar ni por casualidad. Y no es que quisiera lo contrario.

El castaño finalizó por abrir sus ojos, los cuales tenía cerrados para disfrutar el momento que vivió hace unos infinitos segundos, me sonrió maravillado y extasiado. Yo no estaba muy lejos de eso tampoco, mi mirada era una de satisfacción y alegría. Además de la transpiración que nos vestía superficialmente. Me robó el último beso apasionado antes de acomodarse bien. Reí ligeramente esperando regular mi respiración, al igual que él. Se separó lentamente de mí, como si no quisiera hacerlo. Mis piernas con dificultad temblaron después de que lo hiso, al parecer tanto mi cuerpo como el suyo se habían acostumbrados a estar juntos.

Caleb se ganó a mi lado aún sonriente y divertido. Yo tampoco quedaba atrás y la verdad es que ni siquiera sabía el por qué estaba así. El castaño suspiró por último para verme de lado, desnudo y con sólo una sábana blanca cubriendo su cintura. La misma sábana que también cubría mis senos desnudos claro. Habíamos hecho el amor como dos locos, supongo que era por eso la razón por la cual nos sonreíamos como colegiales.

-¿Por qué sonríes tanto? –Pregunté curiosamente divertida. Un poco agitada si es que puedo decirlo. Caleb inspeccionó mi rostro un tiempo determinado, como si pensara pero al mismo tiempo que contemplaba mi cara. Moría por saber lo que pasaba por sus pensamientos.

-Tengo una duda –Fruncí mi ceño, sin sacar la alegría de mis sentimientos.

-¿Me sonríes porque tienes una duda? –Volví a preguntar de forma divertida. Levantó sus hombros para luego acercarse a mí lentamente y abrazarme por la cintura. Asintió robándome un pequeño beso, causándome escalofríos al sentir toda su plenitud desnuda nuevamente junto a mí.

-¿Qué somos Christine? –No entendí su pregunta, por lo que lo vi con un gesto confuso –Quiero decir ¿qué somos? ¿novios? –Asentí ligeramente entendiendo a dónde iba –¿amigos con beneficios? –Caleb me miraba expectante. Solté una carcajada inminente sin poder evitarlo y es que la pregunta de aquel chico me hiso reír hasta más no poder. Joder ¿Por eso tanto alboroto? ¿no saber lo que éramos? Aunque pensándolo bien, nunca me coloqué a pensar en un “nosotros” de esa forma. Y realmente sentía que no lo necesitábamos para convivir bien, quiero decir, nos queríamos y eso era todo, tal vez eso vendría con el tiempo ¿no? No había razón para sentir ese tipo atamiento, pero eso no quitaba el hecho de que en sí me daba risa la situación. No pregunten el por qué, pero me daba risa. Sobre todo porque nos encontrábamos desnudos, juntos y pensar en eso era un poco ilógico.

-No entiendo cuál es la gracia –Pronunció un tanto molesto, observándome mientras trataba de controlar mi risa. Lo logré al pensar que tenía que ser seria con este tipo de cosas. Sabiendo que no quería molestarme con Caleb. Suspiré, dirigiéndole una mirada risueña.

-No lo sé, encuentro divertido que me preguntes después de haber hecho el amor ¿no crees? –Él levantó los hombros. Cambiando su gesto rotundamente a uno serio, exhalé –Además, respecto a lo otro. La verdad es que no creo que necesitemos colocarle alguna seriedad a esto –Su ceño se frunció. Mierda.

-¿Seriedad? ¿qué tiene eso de malo? Nos queremos ¿no?

-Sí, pero Caleb… tú lo sabes más que nadie que las relaciones amorosas no son parte de mí vida. No funcionan para mí y creo que estoy bien con eso –Me sinceré. El castaño dejó de abrazarme para luego sentarse en mi cama, todo eso después de lo que dije.

-Para mí es exactamente lo mismo. Jamás me he preocupado por tener novia ni nada, pero ahora que realmente quiero intentar algo para ser feliz tú lo rechazas –Tragué saliva. Lo entendía perfectamente –Christine, tú me quieres ¿no? –Asentí de inmediato sin dudar ante su pregunta seria y desconcertante.

-Por supuesto que sí. Te quiero y mucho.

-Entonces no te entiendo –Me ordené mi cabellera con frustración.

-Es por eso que si vamos a tener una relación quiero sea algo serio para nuestro futuro –Me senté de igual forma que él para mirarnos a los ojos. Sin dejar de tapar mis pechos con mi sabana, claro. No era el momento para desvergonzarse con este tema en particular.

-Es una buena forma de decirme que no quieres ser mi novia Christine –Habló sin una pizca de diversión. Fruncí mis labios.

-No he dicho eso –Procuré acariciar con suavidad su espalda, ya que la tenía completamente visible ante mis ojos. Le di un pequeño beso ahí para luego continuar –Pero quiero que las cosas entre nosotros salgan bien, por eso lo digo

-Yo no quiero compartirte –Dijo reservadamente luego de un momento de pensar y sentir mis caricias en su espalda –No quiero pensar que si no estás conmigo seriamente, puedes buscar cariño en otra persona –Paré de golpe para hacerlo girar su vista hacia mí. Aquello dicho por él había provocado mi seriedad absoluta. No podía creerlo.

-No puedo creer que llegues a pensar eso de mí Caleb –Fruncí mi ceño, un tanto cabreada –Jamás te haría eso, maldición –Maldije. No quería que él, precisamente, pensara lo peor de mí.

-Entonces no puedo comprenderlo –Resopló –No quieres que esté contigo como novio, sin embargo tampoco tolerarías estar separada. –Era un tanto complicado, tenía razón. Exhalé todo el aire trabado en mis pulmones, pensé en qué decirle.

-Precisamente porque te quiero, más de lo que jamás he querido a alguien, es la razón por la que quiero que esto funcione –Acaricié su rostro, le di un beso con todo el amor posible que poseía. Mejor dicho, “cariño” o lo que sea, joder. Lo quería y mucho, eso era lo que tenía en claro.

-¿Y si te pidiera que lo fueras formalmente ahora? –El ceño se me frunció de inmediato –¿Qué me responderías? –La boca se me secó, no sabía que decirle. Caleb me ponía nerviosa en algunas situaciones, en cierta forma aquello era bueno. Pero ahora, todo era tan confuso.

-No lo sé. No lo había pensado –Pronuncié apenas. Lo sentí sacar el aire de frustración de su cuerpo, aún se notaba sudoroso por lo que acabábamos de pasar. Su cabello estaba más que revuelto y algunos cabellos estaban adheridos sobre su frente gracias a la transpiración. Se veía malditamente bien. Lo vi encararme y dejándome en las nubes admirando la transparencia de sus ojos azules.

-Está bien ¿Quieres ser mi novia? –Habló simplemente y con indiferencia. Fruncí mi ceño, así no era cómo me imaginaba si alguna vez Caleb me pediría aquello. Al menos si tanto lo ansiaba, debería intentarlo mejor ¿no? Con mi aún ceño fruncido me di vuelta sobre mi cama, haciendo que mi espalda quedara a su vista, lo escuché bufar –De acuerdo, ahora me queda claro que no quieres –Me giré para poder observar cómo aún estaba desconcertado mirándome mientras estaba sentado, desnudo, sobre mi cama.

-No es por eso –Dije sin poder creerlo –Pero si tanto ansías ser mi novio, deberías ser un poco más… sensible –Él me miró compungido para luego soltar una risa irónica.

-¿Quieres que sea sensible? –Rio nuevamente con sarcasmo, luego de aquello siguió. Yo lo estaba asesinando mentalmente –Jamás he pedido algo así en mi vida Christine y no creo que ser “sensible” sea parte de mí a la hora de hacerlo –Rodeé los ojos para luego sonreírle. En cierta forma sabía que Caleb no haría algo así, él no era así.

-Lo sé. Sé que no eres así, pero no me molestaría si me hicieras una propuesta… algo romántica ¿no crees? –Me miró interrogante –Vamos, soy una chica. Cualquier chica quiere encontrar algo con romanticismo en su vida, con un gran hombre y ser felices para siempre ¿no? –Expliqué. Y era verdad. Lo vi revolverse el cabello con frustración, esperando que pronunciara alguna palabra, sin embargo nada salía. Hasta que sentí como exhalaba nuevamente para después tragar saliva.

-No sé cuántos cuentos de hadas has leído, pero te aseguro que hoy en día nada es así –Respondió irónico –Lo único que te puedo decir es que te quiero, mucho. Más que a nadie. Y ya el hecho de decirlo es algo complicado para mí, puede que suene cruel, pero nunca he querido a nadie más que a mi familia. Pero llegaste tú y ahora me encuentro pidiéndote que seas mi novia porque de verdad lo siento así. No quiero que nadie esté contigo, que nadie te haga daño, que nadie te toque excepto yo y no quiero que quieras a nadie más que no sea yo. Llámame egoísta o que soy un insensible pero así lo siento, y la verdad es que prefiero ser así a ser igual que todos los niñatos de hoy en día. Que solo llaman “amor” a chicas para que se sientan queridas y luego lograr follar con ellas. No soy hipócrita y mucho menos falso con lo que realmente siento –Suspiró –Te quiero Christine Parker, más que a nada. Mucho más de lo que crees. Pero no esperes sensibilidad, rosas ni chocolates, porque no llegarán –Mi mirada titubeó indudablemente. Empezando por su confesión increíblemente seria y su sinceridad. Era increíble al ponerme a pensar que aquellas palabras no se denominaban como romanticismo, sino que como una confesión de lo más profundo de sus sentimientos. Nada de sensibilidad, sólo sinceridad.

Caleb me tenía hechizada hasta más no poder, y no sabía hasta dónde podía llegar. Exhalé todo el aire contenido que me habían dejado sus palabras, mirando cómo me observaba con determinación. Sin decir nada. Me hiso pensar en estar con él y es que jamás me habían tratado de esa forma, como también estaba segura que jamás conocería a alguien como él. Razoné un poco todo lo que sentía y llegué a la conclusión de que no había por qué razonar cuando se quiere a alguien. Y yo quería a Caleb. Lo observé totalmente risueña luego de un instante sin hablar, donde nuestras palabras sobraban. Tragué saliva cuando en un momento inesperado se instaló de espaldas a mi lado, pero todo esto sin tocarme. Dio un último suspiro para después girarse y darme una vista plena de su ancha espalda. Me estaba ignorando al ver que no daba ninguna respuesta ante su sincera proposición, y no era por el hecho de que no quisiera responderle. Realmente era porque no sabía qué decir.

Con timidez me acurruqué entre medio de mis sábanas quedando detrás de él pero no juntos, sentía frío al no tener el contacto del cuerpo de Caleb. Supuse que se había enfadado por mis constantes indecisiones, era obvio, hasta yo misma me aburría de mis complicaciones emocionales. Pero quería que estuviéramos juntos, aquello estaba completamente claro ante mis ojos. Retraídamente, debajo de mis sábanas, mi mano fue a parar sobre su espalda para acariciarla. No se separó. Sabía que no estaba durmiendo, podía sentir su respiración un poco más reiterada comparada a una pausada que teníamos cuando dormíamos. Comencé a acariciarlo suavemente para luego acercarme y besar su hombro. No veía sus ojos, pero estaba completamente segura que estaba acongojado. Para mi sorpresa y luego de varios segundos de besos inocentes de parte mía hacia sus músculos posteriores, se giró con lentitud para quedar frente a frente hacia mí. Mirando esos hermosos ojos que me volvían loca desde el primer día que los vi. No sabía lo que pasaba por su mente, sin embargo sabía lo yo pensaba de esta situación. Y todo ya estaba más que aclarado.

Me abracé a él sin poder evitarlo, colocando mis brazos alrededor de su cadera, acercándome a Caleb y aprovechar de que sintiera mi desnudez fija contra su cuerpo. Suspiró sacándome una sonrisa tierna. Sus manos me tocaron con suavidad por debajo de la sábana. Empezando por mis muslos hasta mi cintura, quedándose ahí e inesperadamente acercándome a él para sentirlo por completo. Nos besamos con pasión. No podíamos estar enfadados, ambos no deseábamos estar así mientras nos queríamos. No era la gracia. Lo acepté de inmediato, sintiendo sus manos presionarme contra su cuerpo. Abrazándome con posesividad, mientras que yo hacía lo mismo secuestrando su ancha cadera con mis delgados brazos. Sonreí entre medio del beso, sentir nuestras anatomías desnudas era el placer más grande que he sentido en mucho tiempo. Pero aquello no era por estar así después de haber hecho el amor, aquello era sólo por la persona con quien lo hice. Era por Caleb.

-Sí –Susurré de improviso al separarme después de un rato de los labios de Caleb. Sus ojos se abrieron para mirarme impresionado y casi con una sonrisa en su lindo rostro. Sus labios estaban tan cerca de los míos que no pude evitar morder su labio inferior mientras lo miraba. Él aún seguía viéndome pasmado. Mezclando nuestras respiraciones.

-¿Qué? –Frunció su ceño, mientras me observaba interrogante. Moví mi cabeza de un lado al otro provocando un leve rose de nariz. Que me causó tantos escalofríos que me temblaron las piernas. Si no hubiera sido porque estuviera acostada en mi cama en los brazos de Caleb de seguro me caigo al piso.

-Quiero decir, que no es lo esencial esperar rosas y flores. Quiero que seas sensible a tu manera, como lo principal que me gustó de ti –Reí levemente mirando sus ojos increíblemente cerca –Y sí Caleb, quiero ser tu novia –Me besó casi de inmediato luego de dar mi respuesta final. Su lengua se encontró de rápidamente con la mía empezando un juego mortal para cualquier persona con sensibilidad. Sin dejar un poco la ternura de lado. Estaba todo aclarado, todo y por más que titubeara al decirlo.

Quería infinitamente a Caleb Small, mi novio.



(…)



-Ya vete –Susurré divertida. Irónicamente lo decía ya que estábamos en la salida de mi departamento, lo tenía abrazado por los hombros y sus fuertes brazos no se despegaban de mi cintura. Era la milésima vez que nos despedíamos y realmente, ninguno de los dos quería aquello. Pero tenía que irse, no podía quedarse, tanto él como yo teníamos deberes qué hacer –Tienes que ir a ver a Melanie –Dije besándolo, adentrando mi traviesa lengua en su cavidad mientras que la de él no me daba tregua. Caleb hiso un puchero que me hiso reír en su boca.

-¿Y tú que harás? –Levanté mis hombros, besando su mentón. Demonios, el chico olía demasiado bien –No hagas eso si no quieres volver a la habitación –Dijo en un jadeo seriamente, sonreí.

-Tal vez termine de corregir los exámenes que me faltan, no son muchos –Pronuncié ignorando la advertencia lujuriosa del castaño. Asintió aun tocando con suavidad mi cintura, pegándome más a él –Por cierto, sacaste un 8.9. Bastante bien señor Small –Hablé divertida, sus ojos azules se abrieron con asombro.

-¿De verdad? –Asentí sonriendo, me robó un beso pequeño y tierno –Aunque no me sorprende, siempre fui bueno en el instituto –Pronunció completamente adulador. Lo miré sin creer y risueña

-Esa es una de las cosas que me encantan de ti, tú y tu humildad –Respondí con ironía. Rio conmigo unos leves segundos. Preferí cambiar de tema, aquello de crear una conversación mientras tratábamos de separarnos, no era bueno –Dime ¿qué harás tú?

-Ahora iré a mi casa a buscar dinero para arreglar mi camioneta, las llantas están un poco gastadas y necesito un par de nuevas. Luego iré por Mel a casa de Jessica –Me explicó. Lo miré perspicacia, ahora yo asintiendo

-Puedo darte el diner –Él me interrumpió antes de que siguiera de la forma más hermosa existente, con un beso. Se separó mirándome fruncido.

-Sabía que lo dirías y antes de que termines, la respuesta es no –Dijo en forma determinada.

-Ash Caleb yo –Volvió a interrumpirme. Mierda.

-No pienso aceptarte cosas monetarias nunca más en la vida Christine. Has hecho mucho por mí

-Pero –Me interrumpió nuevamente besándome. Bufé después de que se separó –No es problema para mí dártelo, lo sabes de sobra –Me quejé como una niña pequeña, aun abrazando sus hombros.

-Para ti no será un problema, para mí sí lo es a la consciencia –Fruncí mi ceño no entendiendo –Tal vez para ti es sólo dinero, para mí es un pase a la facilidad. No me gusta lo fácil y menos que me lo den para mis responsabilidades –Ahora lo observé cautivada, la verdad es que no me impresionaba que me haya fijado en un chico como él. Me impresionaba el hecho de que él se fijara en mí, definitivamente soy un fracaso a su lado. A veces me ponía a pensar qué hubiera hecho en el lugar de Caleb cuando quedó huérfano y con una criatura dependiente de mí, jamás hubiera podido salir adelante sola. Sin embargo él sí lo hiso, y aquello me cautivaba mucho más de lo que estaba.

-Cómo te dije, eres un idiota pero un idiota al que quiero mucho. Cada día más –Sus ojos tomaron un brillo especial, tan especial que vi un reflejo tan hermoso que me dieron ganas de llorar. Nos besamos por última vez, sabiendo que no podíamos estar ahí mucho más tiempo. Le sonreí, acariciando su nariz con la mía.

-Y yo te quiero a ti Christine. Mucho, mucho más de lo que crees –Le sonreí, verdaderamente no sabía hasta qué punto era ese “mucho” y en cierta forma no quería descubrirlo. Dejarlo en incógnita lo hacía más satisfactorio.

-Nos vemos mañana linda –Me besó dulcemente, nada de lengua. Sólo un contacto de labios suaves, tiernos y perfectos. Me encantaba, mierda. Asentí más que segura.

-Nos vemos –Dije por último para luego ver cómo nos separábamos físicamente dándonos un último y pequeño beso. Dejando cero contacto con nuestras anatomías. Lo vi cruzar todo el pasillo con abundancia de departamentos en sus interiores para luego llegar al ascensor que luego lo haría bajar. Observé que cuando entró y ya no lo veía de espaldas, me dio un beso en el aire. Causando un sonrojo de colegiala en mí. Dios, cómo quería a ese hombre. El cual no era un “chico” para mí, era por completo un hombre. Me encantaba. Las puertas plateadas del ascensor se cerraron, prohibiendo verle la cara más tiempo. Suspiré entrando, tranquila de que mañana lo vería de nuevo.

Vería de nuevo a mi novio.



Caleb

Respiré tranquilo al llegar a las puertas de mi casa. La verdad es que ni siquiera me di cuenta en el momento en el que llegué. Ya que mi cabeza estaba en todos lados menos en arreglar mi camioneta por sus ruedas desgastadas. Quise reír al ser tan idiota, pero ya no podía evitarlo. Definitivamente Christine y yo éramos novios, es sólo significaba que lo nuestro podíamos gritarlo a todo el mundo. Sin ser cursi, claro. Negué con mi cabeza sin sacar mi sonrisa, podía decir que el saber que Christine era completamente mía me ponía más feliz que nunca. Como nunca lo estuve. Mi chica me removía hasta la última célula de mi cuerpo y estaba seguro que jamás me aburriría de aquello. Tenía que admitir que el ser sincero con lo que sentía hace un par de horas me había servido mucho, admitir que no era sensible ni mucho menos romántico me incentivó a hacerle entender a mi castaña mis verdaderas intenciones con ella. Amarla.

Me bajé de mi camioneta dispuesto a ir a mi casa a buscar ese maldito dinero. Ya había llamado a Kross para que me hiciera el favor con mi camioneta para mañana en la mañana, hoy sólo tendría que entregarle el dinero. Exhalé, extrañamente aunque me estresara tener que ir de un lado a otro por mis responsabilidades, Christine era lo que me llenaba por completo en mi cabeza. Aquello sólo significaba un bloqueo obvio a todas mis complicaciones. Apreté el botón para sellar por fuera mi vehículo, de todas formas no tardaría tanto en buscar en mi cajón aquella ayuda monetaria. Al llegar para abrir el pomo de la puerta de entrada, mi sonrisa de tranquilidad se borró por completo. Ya que prácticamente mi casa no tenía el pomo de la puerta, estaba completamente roto dándome a saber que habían forzado la cerradura.

Mi pulso de inmediato aumentó, alguien había entrado a mi casa. Estaba seguro. Lo primero que pensé fue en Melanie, pero me alcancé a relajar al saber que estaba en lo de Jessica. Entonces no pudo haber corrido ningún peligro, gracias a Dios. Tragué saliva, ahora más que nunca sentía rabia más que alguna otra cosa. Terminé por abrir de una patada la puerta de mi hogar terminando o algo menos por último haciéndome ver un desastre de oro. Mi hogar ya no era mi hogar, era un verdadero basurero viviente.

¿Qué clase de bestia hijo de puta pudo haber hecho algo así? Mierda. La impresión me cegó y la rabia contenida por no entender el por qué me pasaba esto a mí. De todas las putas familias adineradas que existían, por qué demonios tenían que venir a mi casa a buscar algo que para nada nos sobraba. La rabia poco a poco fue disminuyendo al caminar entre todos mis vidrios rotos, los sillones estaban girados, mi televisor roto y mis cortinas rasgadas. Cada cosa que tenía estaba en el suelo o quebrado. Nada se había salvado, joder. Mi rabia disminuyó para luego sentir confusión vagar por mis venas. A medida que pasaba entre los escombros de mis cosas, pude ver que no me habían robado nada. Nada, ni siquiera mi televisor que estaba en la sala principal. Subí mis escaleras para llegar a mi habitación para seguir inspeccionando la cual estaba igual que toda mi casa, destruida. Mi mandíbula se apretó hasta más no poder al entrar al cuarto de Melanie y ver lo mismo.

Algo que me afectó en particular fue ver la foto de nuestros padres en el suelo, con el típico vidrio para el marco de la foto totalmente quebrado. Bajé de inmediato de regreso a mi sala de estar con toda la maldita rabia del mundo. Realmente no sabía qué hacer más que pensar en quién pudo haber hecho esto, las probabilidades no me calzaban. Al menos en ese momento no me llegaba ningún nombre a la mente. Los nervios de enojo se estaban apoderando de mí peligrosamente, juro por Dios que en este instante era capaz de hacer cualquier cosa. Se habían metido con algo más que personal, era mi hogar. El hogar de mi familia y era algo que no iba a tardar en vengarme si era posible. Al inspeccionar mejor todas las piezas destruidas, con mis zapatos haciendo ruido al pisar aquel vidrio molido que estaba por todo mi piso, me di cuenta en algo en especial que había en el suelo. Algo especial que sobresalía de toda la basura rota de mi casa. Era un ladrillo. Fruncí mi ceño notablemente, lo tomé para verlo mejor. Encontraba extraño que aquello estuviera ahí ya que mi vivienda no poseía nada hecho de ladrillos. Lo cogí con cuidado de no hacerme daño entre cualquier puto vidrio, que al parecer se multiplicaba cada vez que lo miraba. Lo giré entre mis manos y tragué saliva. Maldijo hijo de puta fue lo primero que pasó por mi mente. Resultó que en aquella mierda, había una nota explícita, haciéndome ver quién había sido el idiota que pudo haber hecho esto. Y por fin las piezas me calzaban más que correctamente.


Siento con profundidad no haber podido despedirme correctamente hoy por la tarde de usted señor Small, pero creo que para compensar aquello le hice una nueva remodelación a su casa. Espero que no me lo tome a mal, y por supuesto que le guste tanto a usted como a su novia.

Con mis más sinceros respetos

N. Harrison.


Lo iba a matar. Eso estaba claro y de por sí más que seguro. Primero lo ahorcaré para gozar con plenitud aquello. Mierda, gruñí. Cruzó una línea bastante inminente para mí o para cualquiera. Hacer esto había ido lejos. Lo primero que pensé fue llamar a la policía, pero eso no me serviría para nada. Para lo único que serviría sería para perder el tiempo. De seguro Nick había enviado a alguien para hacer este trabajo sucio, no creo que sea tan idiota para hacerlo él mismo. Además tenía que confesar que prefería tomar justicia por mis propias manos. Y si llamaba a la puta policía no encontrarían ni huellas de esos hijos de puta. Joder, tenía tanta rabia. Conmigo, con él y con cualquiera que se cruzara en mi camino en este instante. El día en que me encuentre cara a cara a Nicholas, juro por mis padres que aquel tipejo lo lamentará. Lamentará haber hecho esto algo mayor. Apreté mi mandíbula lanzando ese ladrillo a cualquier lado, no importaba. Nada podía destruir más mi hogar que como ya estaba.

Suspiré tomando mi cabello con frustración, ahora pensando en algo que me relajara. Christine apareció solemnemente en mis pensamientos. Rápidamente pensé en llamarla, mierda, tenía que advertirle lo que Nick me había hecho. Joder, si esto me lo hace a mí, podía hacérselo a ella y mucho peor. Saqué mi celular de mis bolsillos dispuesto a llamarla, no quería asustarla. Pero este hijo de puta al parecer era capaz de hacer cualquier. Cuando buscaba su número en mis registros un golpe en seco fue a parar en mi cabeza. Causando que cayera con estruendosamente de estómago al suelo.

Al menos eso sentí antes de caer al piso mareado y con un dolor ardiente sobre mi cabeza. Sentí algo caliente correr entre mi cabello hasta mi frente con rapidez luego del golpe, supe de inmediato en mi subconsciente que era sangre. Abrí con una fuerza de voluntad los ojos para darme cuenta que no estaba solo en mi casa. Cuatro o cinco hombres vestidos completamente de negro se encontraban también sin haberme dado cuenta antes, sus rostros no los veía por lo mareado que estaba y lo borroso que todo se veía a mi alrededor. Quería levantarme y enfrentarlos, pero no podía. Mi cuerpo no reaccionaba y la sangre caía en gotas desde mi cabellera hasta el suelo. Había caído de estómago al piso entre todo el vidrio. Supe de inmediato que aquellos malditos me habían golpeado con un bate de béisbol por la espalda, distinguido por mi vista entre todo lo borroso que apenas veía. Entre todo ese enrollo, apenas podía respirar y comencé a toser sangre. Quería levantarme, por Melanie. No podía morir joder, no ahora. Ella me necesitaba, la dejaría completamente sola si fallecía y de por sí no podía tolerar imaginármela en un orfanato. Pero mierda y mil veces mierda, ni siquiera podía mover mis brazos. La sangre no dejaba de correr por mi rostro, y mi vista poco a poco se iba nublando más y más.

-Ya muérete hijo de perra –Escuché una voz masculina completamente desconocida a lo lejos. Mis ojos entrecerrados no alcanzaban a ver sus rostros, sólo sus figuras y contemplar que todos estaban expectantes por presenciar el fin de mi espectáculo. La respiración ya no me llegaba, la sangre incluso llegaba a tapar mi vista. Dios, por favor cuida de Melanie. Fueron mis últimos pensamientos antes de que mi visión, que hace unos segundos estaba perfecta, se fuera por completo a negro.



Christine

Un vestido corto de color gris claro con una blusa negra con transparencia era todo lo que necesitaba para hoy. Eso y que mis botas chanel largas me acompañen. Al fin era día viernes, joder. Último día de la semana y me ponía más que feliz. Por alguna razón hoy había despertado sin necesidad de escuchar mi molestosa alarma. Era bastante placentero aquello ya que por fin mi sueño no había sido interrumpido. Alyssa me vendría a buscar en segundos para irnos juntas a trabajar y la verdad es que estaba relajada. Me maquillé con naturalidad y en pocos segundos más estaría lista para salir, sólo me faltaba impregnar mi exquisito perfume de todos los días sobre mi cuello para salir sobre las brisas de otoño. Tomé mi taza de café por último antes de salir para luego colocarme mi amada chaqueta negra, en conjunto con mi atuendo para irme. Pero como siempre, algo interrumpía mi actividad matutina. Mierda, nadie podía dejarme tranquila al menos el último día laboral para mí. Vi por el rabillo de la puerta recordando lo que había dicho mi novio respecto a mi seguridad. “Novio” jamás pensé en decir eso relacionando a Caleb, reí internamente. Pero como dicen, la vida te sorprende en el momento menos esperado.

Coloqué mi vista verdosa por el rabillo de la puerta para hacerme ver que venía una hambrienta Alyssa. Negué con mi cabeza divertida, abriendo la puerta hacia mi mejor amiga. Quien venía comiendo un emparedado de no sé qué, sólo bufé al ver cómo entraba sin ningún permiso otorgado

-¿Vamos? –Preguntó con la boca llena de pan. Cerré la puerta detrás de mí.

-Hola zorrita ¿sabes? Yo también me alegro de verte, y de verdad también me alegro que estés bien –Ahora la morena fue la que bufó ante mi ironía, tragando con dificultad lo que sea que estaba comiendo.

-Ash, por favor, tú no –Se cruzó de brazos pasando a mi sala de estar para sentarse en mi sofá actuando como una niña pequeña. Le fruncí el ceño yendo a parar a su lado con confusión.

-¿“Tú no” qué? –Al parecer, por primera vez en la vida veía a Alyssa de mal humor. Y para que pasara aquello debía ser realmente grave para ella –Aly ¿qué ocurre? –Me senté a su lado para saber con profundidad lo que pasaba por la mente de la morena. Ella resopló.

-¿Por qué supones que me pasa algo? –Levanté una ceja, creyendo que lo que me decía era broma.

-¿Es un chiste? Nos conocemos desde que tenemos uso de razón, sé cuando estás mal y cuando estás bien. Y realmente me gustaría saber la razón por la cual es que por primera vez en la vida Alyssa Jefferson no está con una sonrisa en su rostro –Ella sonrió apenas, tomando otro trozo de su sándwich de jamón, por lo que alcancé a ver. Suspiró resignada a contarme.

-Hoy en la mañana discutí con Stefan –Fruncí mi ceño nuevamente, intuía que tenía que ver con el alemán –Estábamos hablando tranquilamente y me encantaba hasta que de un momento a otro él tocó un tema un tanto… raro. Que me hiso poner nerviosa y por lo demás terminé discutiendo con él –Asentí frunciendo mis labios. Aunque no entendía completamente ¿Qué clase de tema ponía nerviosa a Alyssa? al menos yo no había descubierto ninguno a lo largo de nuestras vidas.

-¿Se puede saber de qué trataba el tema? –Pregunté con cautela, procurando no meter la pata como comúnmente lo hacía con estas situaciones. La morena se sonrojó.

-Me da vergüenza –Bufé.

-Vamos, te he visto vomitar desnuda sobre plantas de marihuana. No vengas con vergüenzas ahora jovencita –Hablé como toda una madre retando a su hija. Ella asintió de acuerdo.

-Lo sé. Pero esto es diferente, es más delicado y bueno, un tanto raro –Rodeé los ojos.

-Sólo dime, esto quedará solo entre tú y yo. Es una promesa –La miré a los ojos para saber que es cierto lo que decía. Alyssa suspiró por último luego de tomar una buena bocanada de aire.

-Él de un instante a otro me comenzó a hablar de –Titubeó –de hijos –Completó luego de unos segundos con cara de miedo. Mi ceño se frunció notablemente ¿Alyssa con hijos? Demonios, era como imaginar a Lindsay Lohan como monja. Algo completamente imposible. Aunque viéndolo mejor ¿por qué no? Cualquier chica de 23 a 30 quedaba embarazada hoy en día, por lo menos era un poco común. De todas formas no veo que ese sea el problema de Alyssa, el verdadero problema de Alyssa era que estaba asustada. Como cualquier chica que se fuera de juerga cada fin de semana y de un instante a otro tenga algún atraso.

-No veo lo malo. Es sólo hablar de eso, no quiere decir que estén en busca de abrir la fábrica –Levanté mis hombros. Ella rodeó los ojos.

-Lo sé, pero me asusté ¿sí? Es un tema delicado para mí y un tanto raro. Además que nunca en la vida he pensado en tener hijos –Puse mi mano en su hombro mientras la veía a punto de sacar un puchero, bastante gracioso.

-Las cosas pasan con el tiempo, tómatelo con calma y sé feliz con tu alemán sexy que está demás decir que se muere por ti –Alyssa asintió sonriéndome amigablemente para luego cambiar su mirada de paz a una de sospecha. Mierda, había vuelto Alyssa Jefferson.

-Ahora que lo pienso mejor ¿Desde cuando eres tú la que me aconseja a mí sobre mis complicaciones? –Preguntó ahora cruzando sus brazos y mirándome entrecortadamente. Queriendo sacar mis secretos a la luz, quise reír, pero el ambiente extrañamente se volvió sofocante.

-El mundo gira y las personas cambian –Sonreí queriendo parecer inocente. Alyssa asintió sin creerme. Siguiendo con sus sospechas absurdas.

-Entonces eso quiere decir que el chico Caleb ha hecho bien su trabajo ¿no? –Reí sin poder evitarlo para después sentir el chillido de emoción de mi amiga –Suéltalo todo –Levanté mis hombros.

-No hay mucho que decir sabes, bueno, estamos intentando “algo” –Otro chillido agudo salió de la boca de Alyssa. Mi mejor amiga había vuelto.

-¿Eso quiere decir que son novios? –Levanté mis hombros dejando en incógnita su pregunta, para después reír animadamente con ella. Dios, recién me daba cuenta que estaba feliz de estar con alguien por primera vez. Y ni siquiera se llegaba a comparar con el “intento” que quise probar con Nick. Que desperdicio.

-Bueno, algo así, ayer él me –El sonido de mi celular interrumpió mi conversación anímica con mi mejor amiga. Bufé yendo a buscar mi cartera, buscando entre todo mi laberinto de cosas hasta encontrar mi aparato. Número desconocido.

-¿Quién es? –Preguntó la morena viendo mi cara de desconcierto, ahora comiendo el último trozo de pan con jamón que le quedaba. Levanté mis hombros en señal de no saber. Exhalé escogiendo la opción de contestar la llamada, no perdería nada si lo intentaba.



-¿Hola?

-Ahm ¿Christine? –Fruncí mi ceño notablemente al no reconocer la voz masculina del otro lado de la línea telefónica –Soy Eric –Mi rostro se relajó al recordar al adulador amigo de Caleb. Encontré extraño que me llamara, pero no por eso debía ser menos educada. Alyssa entre tanto seguía mirándome atenta.

-Ah hola Eric ¿cómo estás? –Pregunté amigablemente. Lo sentí suspirar a través del celular.

-No muy bien, si es que lo puedo decir –Titubeó un poco. Era bastante extraño saber que un hombre tan seguro como él me estuviera hablando con nerviosismo. Lo dejé pasar para luego preguntar, no lo podía dejar hablando solo con el aire.

-¿Qué te ocurrió? –Él no contestó de inmediato, lo sentí hablar con alguien. No supe descifrar bien su conversación externa. Exhaló. De acuerdo, esto no me daba buenas señales.

-A mí nada pero –No habló nada por unos segundos –Imaginé que no lo sabías de todos modos –Tragué saliva. Me estaba asustando y si era una broma de mal gusto juro por mi padre que le cortaría los huevos.

-¿Saber qué?



-Caleb –Lo nombró de una forma tan horrible que me sentí desfallecer, ni siquiera había hablado y pude sentir como el mundo se me venía abajo –Está en el hospital Christine y está muy mal.

No hay comentarios:

Publicar un comentario