jueves, 24 de julio de 2014

Capítulo 1 -Sensitive-

Christine

Entreabrí los ojos haciendo que una luz potente penetrara con fuerza ante mí y pude darme cuenta que las persianas estaban abiertas, haciendo que la luz del sol se colara entre ellas. Estaba claro ¿quién puede dejar las jodidas persianas abiertas de noche si espera no despertar temprano al próximo día? Tal vez había sido yo la estúpida, aunque tampoco es que me acuerde demasiado si es que puedo decir. La cabeza me daba vueltas, toda mi habitación olía mal, a alcohol si puedo descifrarlo mejor y hasta los típicos sonidos de las aves era como si tuviera un equipo música a mi lado. Joder, ni siquiera sabía cómo había llegado a mi cama. Había sido una noche bastante movida y no era para menos. Las chicas querían despedir las largas y benditas vacaciones de verano en el pub de Ramón. No quise negarme aunque tal vez si lo hubiera hecho ahora no estaría con esta jaqueca que era de infiernos.

Para cuando ya tuve la mente media despertada y los ojos ya no se cerraban tanto, pude estar consciente y darme cuenta de que estaba… bueno, desnuda. Mierda, mil veces mierda. Me quejé con un bufido para luego sentarme en la cama y observar mis prendas de ropas. Me tapé la cara avergonzada dándome cuenta de que aún estaba media mareada. Quizás hasta fui abusada por tres negros transformistas y no me acuerdo de nada joder. Muy mal Christine, muy mal. ¿Qué pensaría tu elegante madre si te viera en esta facha eh? O tu difunto padre, que ahora estaría fumándose la última pipa del día, negando con un gesto de cabeza reprobatorio diciendo: “Cuando va a llegar el día en que aprendas, Chris” Aunque yo le respondería con una risa: “Tal vez el día en que dejes de darle dinero a esas compañías que crean cigarros para asesinarte, querido padre” Entonces reiríamos los dos y él me desordenaría el pelo en una coleta bien formada que antes del mediodía mi madre siempre me hacía. Jadee impresionada cuando vi un par de condones usados a un lado de mi mueble, sea quien sea con quien haya tenido relaciones sexuales al parecer no sabía lo que era un bote de basura. Aunque pensándolo bien nadie sabría lo que es un bote de basura con diez wiskis encima y con la calentura de tener sexo, era obvio. Con lentitud me levanté, estaba segura de que si me movía rápido me caería de cara al piso o hasta vomitaría en mi alfombra. Procuré caminar con lentitud hasta el baño que no estaba tan lejos de mi cama. Mi departamento no era de lujo o de esos grandes para tener todos mis caprichos como Paris Hilton, era humilde, sólo tenía las cosas esenciales que podría necesitar una chica independiente como yo. No me quejaba era mi hogar y me encantaba así. Entré al baño y me vi en el espejo, no pude evitar chillar con la persona que veía a través de él. Era yo pero con todo el maldito rímel desparramado y mi piel desnuda sudorosa. Mi cabello castaño con destellos rubios estaba desordenado hasta más no poder, si no me conociera diría que era la exorcista pero sin la posibilidad de girar mi cabeza 360 grados.  Aunque hasta este punto no sabía lo que era capaz de hacer si lo puedo decir.
Me alejé del baño buscando alguna pista con quien había pasado mi endemoniada noche, alguna prenda de ropa con la que reconocería sin duda o una nota. Mi última opción se cumplió como por arte de magia. La nota estaba justo al lado de mi almohada en que minutos antes estaba recostada y no me di cuenta por lo estúpida que comúnmente era en mi vida cotidiana. La leí y me di cuenta de que fuera quien fuera que me la escribió tenía muy linda letra. Con eso terminé de aclarar mis estúpidos pensamientos.

Hola gatita
Lo pasé increíble anoche, la mejor noche de mi vida y sin duda también fue la de Benny. Tomé tu celular para anotar nuestros números (espero que no te moleste, fue por una buena causa) y así estar en contacto.
Saludos y besos de parte mía y de Benny
Greg.


Tierra, si estás verdaderamente viva te pido o más bien te ruego que me tragues en este mismo instante. Fueron las únicas palabras que cruzaron mi mente antes de que me sonrojara como un verdadero tomate sin saber por qué. Dos hombres, pasé la noche con dos hombres. Y no eran de esos hombres ordinarios que encuentras en un bar con ganas indescriptibles de follar. Ahora que me acordaba mejor y las aclaraciones chocaban con mi mente como si fueran fuegos artificiales, si no me equivoco Benny y Greg eran gemelos. El primero era un cirujano exitoso y el segundo era un atleta innato en el arte del basquetbol. Dios, no sabía qué hacer. No sabía si sentirme orgullosa de mi misma por tener tales partidos para mí una noche o sentirme una zorra de primera categoría. Elegí la segunda ya que era la más convincente ante mis ojos y a los ojos de cualquiera. Admito en cierto punto que no era la primera vez que me pasaba esto, pero era común por lo menos despertar con jaqueca y saber que solo tuve una noche candente con un solo hombre, no con dos. Suspiré tratando de acordarme de qué me llevo a hacer esta estupidez, el alcohol y la calentura eran respuestas bastantes tentadoras. Para cuando me senté en mi cama a pensar y cuestionarme como siempre que esto no se volvería a repetir elegí olvidarlo. Como siempre. Lo único en lo que tenía que concentrarme era que hoy es domingo y mañana comenzaría por fin con la carrera que siempre soñé hacer. Ser una profesora de literatura. Llámenme hipócrita o lo que sea, pero si algo sabía además de despertar y no saber que mierda pasó la noche anterior era que amaba la literatura fuera de una forma u otra. Me encantaba saber que podía enseñarle a alguien que en un futuro próximo podría expresar sus conocimientos también a otra generación y así. Fuera niño o un adolescente precoz. En esta ocasión me tocaba enseñar por primera vez en el instituto DePaul de Chicago. Se supone que tengo que reemplazar a una anciana que planean jubilar en un futuro cercano y con mi currículo convincente no podía dejar de pasar esta oportunidad. No voy a mentir, estoy nerviosa, mi estómago se revuelve de solo pensar en que chicos de 16 años me rechacen por ser la nueva o me tilden con algún apodo que sé que podría inquietarme de algún modo. Suena ridículo pero qué se puede esperar de adolescentes que no saben dónde mierda están parados. Por lo menos yo era así, a esa edad.

Bufé tratando de no acordarme de mi pasado adolescente. Para cuando quise ir de nuevo a al baño queriendo sacarme todo rastro de la noche lasciva que pasé con una ducha en mi tina. Mi celular sonó y mi corazón comenzó a agitarse de manera extraña pensando que por algún motivo, uno de los gemelos lujuriosos quienes osan a llamarme “gatita” me estuviera llamando para preguntarme “¿te gustó como te follamos ayer?”. Una corriente escalofriante de nerviosismo pasó por mi espalda tan solo pensar en eso, pero me tranquilicé al ver en la pantalla la foto de una morena Alyssa llamando.

-Cuéntamelo todo  –me exigió la voz chillona y desesperada que caracterizaba a mi mejor amiga. Ni siquiera pude alcanzar a saludar.

-¿Contarte qué? –me hice la desentendida mirándome nuevamente en el espejo, tratando de arreglarme el horror que tenía en mi cara.

-¿Cómo que qué? –reí ante su forma de preguntarme, me conocía demasiado bien. No sabía si era bueno o malo en realidad –no te rías, no es gracioso. Dime cómo te fue con los bombones de anoche

-No te entiendo

-Claro que si me entiendes. Sobre todo porque te fuiste con ellos después de bailar bastante caliente entre medio del cirujano y el basquetbolista imitando a Beyoncé. –abrí los ojos como platos ante lo dicho. No me acordaba de esa mierda, joder, quizás hasta hice un baile desnuda en el pub y no me acordaba. No vuelvo a beber jamás de eso estaba segura.

-¿Hice eso?

-¿Qué? ¿no lo recuerdas? –soltó una carcajada exagerada luego de decirlo que hizo retumbar mi oreja. –dios, no sé si golpearte o darte un premio zorrita

-Escucha Aly, después de que me fui con ellos. Demonios no lo recuerdo pero, lo único que sé es que me acosté con… digo, no se eh, los dos, creo –luego de eso cerré mis ojos esperando su esperado grito de emoción. Y no me equivoqué.

-¿De verdad? Oh Dios eres mi ídola, chica tienes que contármelo todo –chilló

-Ya te dije que no lo recuerdo, estaba demasiado ebria

-Algo así no tienes que olvidarlo por dios, es la regla número 1 de las perras –gritó y podría jurar que estaba indignada.

-¿Y qué demonios quieres que haga? No lo recuerdo, lo único que tengo en mente es que uno de ellos me dejo una nota diciendo que escribió sus números en mi celular. Y que fue…  –suspiré –la mejor noche de sus vidas –otro grito resonó en mi oreja. Si seguía siendo amiga de Alyssa quedaría sorda joder.

-Christine si no los llamas justo en estos momentos te juro que iré a tu departamento y te patearé el trasero

-Me gustaría que lo intentaras –le gruñí

-Es que no puedo creerlo. Dios, como me gustaría ser tú en estos momentos

-Créeme, no quieres serlo –dije mientras entraba en la tina que estaba preparando, el agua estaba tibia, casi helada. No me importó, lo único que quería era sacarme la suciedad pecaminosa de la noche anterior. Suena cínico pero era la verdad. Quizás cuantas poses del kamasutra hice y yo no me acuerdo de una mierda. –Además si mal no recuerdo, y eso fue mientras yo aún estaba consciente en esta tierra, era que estabas con el hombre empresario pelirrojo –ella bufó. Lo cual me hizo suponer que el chico no la dejó satisfecha como quería o era simplemente gay.

-No quiero ni pensar en eso

-¿Qué pasó? –pregunté preocupada pero a la vez llena de curiosidad.

-¿Puedes creer que el hijo de puta estaba casado? –si no hubiera sido porque mi tina es baja, me hubiera ahogado con la espuma que empezaba a nacer de mi baño de burbujas.

-¿De verdad?

-Si –conocía tanto a Alyssa que juraría que ahora estaba haciendo una mueca de niña de 10 años porque no le dieron su dulce preferido.  –me lo dijo en la habitación del hotel ¡Pero mientras estábamos a punto de follar!

-¿Y por qué no seguiste con él? No es necesario que su mujer se entere –dije para luego arrepentirme. Ya que luego me imaginé en esa situación, por más que me gustara el chico jamás estaría con alguien casado. Porque simplemente me pongo en el lugar de una mujer y no me gustaría que me hicieran eso a mí personalmente, llámenlo solidaridad femenina o como quieran.

-¿Estás loca? Sabes que no soy así Chris

-Si lo sé, perdón soy una idiota –ella suspiró. Quedándonos en silencio por un instante, no un silencio incómodo. Si no de esos en los que te pones a pensar y quedas mirando un punto fijo. Sin que nada te importe a tu alrededor

-Mañana es tu día

-Si –asentí mientras me interrumpía en mis pensamientos silenciosos –Estoy nerviosa –confesé

-No tienes por qué estarlo. Eres buena en lo que haces y más que buena diría yo. –soltó una risa. Sonreí –además si hay algún niñato que te molesta no dudes en decírmelo eh. Te aseguro que haré que se trague sus palabras con un par de patadas en el culo –reí

-Oh estoy muy segura de eso querida. Pero no te preocupes, estaré bien –ella asintió

-¿Qué estás haciendo?

-Me estoy dando un baño de espuma. Quiero sacarme todo rastro de, tú sabes, anoche…  –ella gruñó.

-Si fuera tú estaría saltando como una niña pequeña y con una sonrisa de oreja a oreja

-Yo también estaría así, si tan solo me acordara de lo que hice –Alyssa rió. –no te rías

-Dios, mejor te dejo sola para darte tu baño y recuperar tu virginidad. Quién como tú Chris, quién como tú –me reí soltando una carcajada, pero procurando que no sonara tan exagerada.

-Está bien zorrita. Nos vemos, eh, quién sabe cuándo. Ahora que tengo trabajo no sé si pueda tener mis noches de juergas de verano sabes

-Si lo sé, pero tal vez te vaya a ver mañana por la tarde. Si es que Roger no me deja para que le ordene su maldita archivadora por todos estos tres meses de vacaciones. –Roger era su jefe. Para aclararlo mejor Alyssa trabajaba de secretaria para la mejor empresa de modelaje. Donde venían e iban modelos de alta costura, para tomarse sus estéticas y tontas fotos de portada para alguna revista que haya firmado contrato con la empresa. En este caso Roger era el jefe de todo esto y Alyssa se encargaba de llevarle el café ignorando los constantes coqueteos del anciano. Sus 59 años me hacían querer decir del por qué un anciano totalmente desgastado en cualquier sentido de la palabra sostuviera una empresa de este calibre. Aunque por lo demás tampoco ignoraba el hecho de que Alyssa no le interesaba en lo absoluto seguir sirviéndole. Lo que le interesaba a mi mejor amiga era el hijo de Roger, Stefan. El americano con descendencia alemana con quien ha follado más de un par de veces como conejos en la oficina del padre del chico. Por lo que sé y por lo que he hablado con él, tiene sentimientos bastantes profundos por mi mejor amiga. Lo cual me hace feliz porque sé que es un buen tipo, el dilema está en ella y en que no quiere aferrarse a nadie al igual que yo. Aunque sienta exactamente lo mismo que él.

-De cualquier forma me llamas. Quizás me quede hasta tarde para conocer a los demás profesores o el instituto  –ella asintió nuevamente

-De acuerdo, que te vaya bien. Te deseo lo mejor zorrita querida –sonreí.

-Gracias, también para ti Aly –el sonido de una llamada terminada sonó después de que me despedí. Estiré mi cabeza para atrás y relajarme en mi baño. Suspiré.

Después de media hora me salí de la tina, si seguía un largo tiempo ahí quizás hasta me moría de hipotermia. Observé mi cuerpo totalmente desnudo frente al gran espejo de mi habitación. Me miré como si fuera adolescente insegura por lo que me observé desde mi rostro hasta mis pies. Mi piel en sí era blanca pero no tanto como para que diera miedo, mi cabello castaño casi rubio era largo, con las puntas onduladas  y llegaba hasta antes de mi trasero, mis pechos no eran tan grandes como tampoco eran tan pequeños, tenían el tamaño perfecto y no estaban para nada caídos. Mi zona abdominal era plana y mi cintura totalmente definida. La zona púbica totalmente depilada y mis piernas largas bien torneadas. Me di la vuelta para observar mi culo orgullosa de que estuviera ausente de celulitis. Personalmente siempre me encontré atractiva y sensual. Sin ser vanidosa, es sólo que me encontraba bella ¿acaso eso era algo malo? Además, las miradas múltiples de los hombres jamás pasaban desapercibidas ante mis ojos color verdes oscuros. Lo cual me hacía sentir aún más bella y no tenía complicaciones en estar sola, es decir, que si quería compañía la tendría y si no, pues no. Si algo he aprendido en toda mi vida es que a los hombres hay que saber manejarlos, pero siendo precavida. Digamos, un hombre que es guapo y tiene miles de mujeres a sus pies ¿qué es lo que hace? Simplemente, se las folla sin ni siquiera acordarse de cuál era su nombre. Mientras que la chica a la cual folló, quedó tan ilusionada con él que hasta pensó que la llamaría al día siguiente. Siempre ha sido así desde el principio de los tiempos, es el hombre quien deja o empieza una relación si quiere con una mujer. O las domina como si fueran sus cachorros y son las que más sufren ante todo. No es que sea feminista o algo imbécil por el estilo. Créanme, amo a los hombres, ellos tienen lo que a mí más me encanta que es en pocas palabras, su polla. Es sólo que las mujeres somos las imbéciles por dejar que ellos sean los que ilusionen y ellas sean las que derramen lágrimas perdidas. No todas por supuesto, pero la mayoría. Y tanto en los libros actuales como en los antiguos siempre han hecho referencia a lo mismo. Ese es mi punto de vista, pueden decirme que soy una cursi o que lo que digo es estúpido. Pero tienen que admitir que en cierto punto tengo razón. Nunca me gustó aquello y es por eso que sufrí tanto en mi adolescencia con tipos que no sabían apreciar el amor que les daba sin recibir nada a cambio. Hasta que un día decidí que eso ya no podía seguir siendo así, por más que intentara hacer feliz a un hombre no podía, y me dije a mi misma que no bastaba con ser cariñosa y amorosa. Bastaba con saber lo que hacen y hacer lo mismo, para que en un momento dado se desconcierten y no te vean igual a todas sino, que te diferencien. Que te destaquen. Que sepan que si follas con ellos, no van a ser los únicos que se olviden de tu nombre, si no que tú al igual que ellos, ni siquiera sepas quien te metió la polla.

Miré el reloj en mi celular y por primera vez me di cuenta que marcaban las 1:51pm, bastante tarde para mi gusto y a la vez no me sorprendía. Después de la juerga de anoche calculaba que era la hora en la que merecía levantarme.


Pero en sí lo único que deseaba o más bien rogaba era que mañana fuera un gran día, joder.

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