jueves, 24 de julio de 2014

Capítulo 2 -Sensitive-

Caleb

Desperté de un sueño tórrido y totalmente ajeno a mi realidad en mi sofá de la sala de estar. Sabía que no era hora de dormir ya que por alguna razón las cortinas de la sala estaban claras lo que me hacía ver que era una hora de la tarde en donde el sol aún sobresalía. Me quedé dormido, supongo que no era porque el libro que tenía en mi pecho recostado era aburrido, al contrario, La brújula Interior era uno de los libros de superación personal más buenos que he leído. Por lo que no dormir bien en la noche por estudiar y estar completamente preparado para entrar luego de un año de ausencia al instituto, no me sirvió de mucho. Sabía que tendría que repetir el año con chicos de 16, tengo 17 y ya debería de estar en mi último año planeando ir a la universidad y ver qué demonios quiero estudiar en el futuro. Si algo aprendí con la novela de Álex Rovira era que el futuro depende principalmente de mi capacidad de generar cambios en mí y en mis circunstancias, y de mi capacidad y voluntad para pasar de ser efecto a ser causa. Ustedes tal vez no entiendan aquellas palabras concretas, o tal vez sí. Pero en pocas palabras me está diciendo que cada paso que doy para mi futuro depende de mí y de mis propias decisiones para lograr lo que me proponga. Aunque por circunstancias de mierdas que comúnmente me pone la vida no pude terminar mi año de superación que planeaba tener y completar mi excelencia académica. Leer y mantener la tienda de discos que me heredó mi padre han sido mi prioridad en este año, como también tanto estudiar en las materias más complejas como en las más fáciles. Eso y que tengo que cuidar a mi hermana pequeña con problemas de comportamiento. Ahora que me acordaba mejor ¿dónde se había metido esa niña? Me levanté más rápido que un rayo buscando a esa cosa baja con patas y energía de sobra que se hacía llamar mi hermana. Melanie podría ser de esas pequeñas que si le decían que el mundo se acababa mañana, se reirían, saltarían y jugarían sin tomar en cuenta lo dicho. En cierto punto era bueno, digo, así veía la vida de un punto más optimista. Aunque teniendo 9 años ¿qué clase de niño normal no ve el mundo de una manera drásticamente positiva? Por lo menos, yo no fui así a esa edad y es que no tuve una infancia muy normal por así decirlo. A nuestros padres Melanie nunca los conoció y no es que le preocupe mucho el tema teniéndome a mí como ejemplo de “adulto” siendo que tuve que crecer muy rápido y ocuparme de ella cuando solo tenía casi su misma edad actual. 8 años. Nuestros padres murieron en un accidente automovilístico cuando tenía esa edad, una horrible tragedia que duele cada vez que la recuerdo haciéndome pensar qué fue lo que pasó por la cabeza de papá que no miró el maldito semáforo que estaba claramente en rojo como para que un camión de trabajos forestales chocara justo por el lado del copiloto, el lado en el cual iba mamá matándola primeramente. Varias personas o más bien testigos dijeron que venían discutiendo por algún tema que no tenía entendido, y que tenía claro que jamás lo sabría. Aún recuerdo cuando me enteré de la noticia y cómo llegó a mis censores con movimientos lentos, haciéndome ver a las personas como monstruos que repetían una y otra vez la misma frase. Provocando que una espada invisible se clavara directamente en mí pecho. –Tus padres acaban de fallecer Caleb, lo siento –Nunca entendí por qué cada vez que alguien fallecía decían “Lo siento” ¿qué sienten? ¿acaso saben lo que es perder a las personas que más aman y que darían todo por ti? ¿o sólo lo dicen porque simplemente sienten pena por ti? Lo encuentro extrañamente estúpido. Les doy un consejo, pueden tomarlo o dejarlo si quieren. Si ven a una persona que le tienen aprecio y sufrió alguna perdida por una persona amada. No le digan “lo siento” porque esa persona, les aseguro que lloraría más y más porque inconscientemente sabe que está provocando que personas sientan pena por ella. Y créanme, no hay un sentimiento más humillante en el mundo que sea peor que la pena. Solamente siéntense a su lado y pongan una mano en su hombro. Sin decir nada. Haciéndoles saber que pueden contar contigo y ser su pañuelo de lágrimas sea como sea.

Pero ya no se preocupen por mí. Sigmund Freud me enseñó que si quiero poder soportar la vida, debo estar dispuesto a aceptar la muerte. Con los años aprendí a superarlo y por un lado me tranquiliza saber que Melanie solo tenía 3 meses de nacida para cuando pasó aquello y así no podría notar el dolor que emanaba a su alrededor. Me hice cargo de ella porque era el único recuerdo vivo que tengo pendiente de mis padres. Y ella por supuesto tiene claro que nuestros padres están en el cielo y son ángeles que nos cuidan, yo me he encargado de que lo supiera y que siempre lo tuviera en mente pase lo que pase.

-¿Melanie? ¿estás ahí? –pregunté estúpidamente al llegar al cuarto con una puerta de por medio color rosa. Sabía que estaba ahí, la canción de una comedia musical sonaba desde el televisor hasta afuera. Abrí con lentitud dándome la vista a una Melanie totalmente cerca de la gran pantalla, como si estuviera hipnotizada por la música de la película que no lograba reconocer –Pequeña no te ganes tan cerca del televisor, te hace mal –ella giró la vista hacia mí con su pelo castaño oscuro hermosamente ondulado y sus grandes ojos azules iguales a los míos y a los de mamá.

-¿Y por qué me hace mal? –preguntó ella totalmente inocente

-Te daña la vista

-Ahmm –respondió para luego volver su vista al televisor siguiendo sin tomar en cuenta mi reproche. Bufé.

-Mel si no sales de ahí te quedarás ciega y ya no podrás ver lo monitos animados que dan por la mañana. Y por supuesto yo no te ayudaré a saber si el conejo de verdad cruzó el bosque buscando su zanahoria dorada –mi hermana abrió aún más sus grandes ojos y saltó como trampolín alejándose a una distancia determinada desde su cama con vista clara a la pantalla. Reí victorioso

-Eres un pesado Caleb

-No soy pesado pequeña, soy precavido

-No, eres un pesado, un pesado aburrido y perezoso –abrí los ojos curioso

-¿Aburrido y perezoso? –ella asintió

-Sí, te quedaste dormido leyendo un libro aburrido. Eso te hace un aburrido y perezoso –dijo obvia. Fruncí el ceño acercándome y ganándome a su lado sentado en su cama rosa. Por alguna razón nunca supe por qué a mi hermana le gustaba tanto ese color. Mel seguía con su vista puesta en el televisor

-¿Estás lista para mañana? –asintió –¿tus libros los tienes todos? –asintió de nuevo –¿segura?

-Si Caleb, segura. Pero aun así no entiendo por qué tengo que ir, no quiero volver –dijo soltando un suspiro exagerado.

-Tienes que ir pequeña

-Pero ¿por qué? Digo, no es necesario

-¿Hay algún problema por el que no quieras ir? –pregunté tragando saliva. Si alguien se dignaba a tocar a mi hermana o tan siquiera decirle algo que la ofenda. Joder, era capaz hasta de matar, sin exagerar. Negó

-No, es que solo –suspiró –no tengo amigas Caleb. No tengo con quien charlar allá. Solo eso –dirigió su mirada hacia abajo tiernamente. Juro que quise abrazarla.

-¿No tienes con quién charlar? ¿y para qué crees tú que sirve tu hermano mayor?

Ella rió

-Lo sé, pero no es lo mismo que charlar con una niña

-Es complicado hacer amigos y no te lo voy a negar, seas tanto de la primaria como de la secundaria. Siempre va a ser difícil, pero nunca olvides que los amigos vienen sin ser buscados. Te aseguro y te doy firmado que este año vas a encontrar muchos amigos, te lo aseguro pequeña

-¿Y si no pasa?

-Entonces ellos se lo pierden Mel. Debes ser tu misma, sin importar qué pase –mi celular sonó de repente interrumpiendo el momento familiar. Lo saqué de mi bolsillo trasero y lo vi mostrando la imagen de Matt –¿Hola?

-Tienes que venir ahora a la tienda –fruncí el ceño

-¿Qué? ¿y para qué? Es domingo –él suspiró a través de la línea telefónica

-Por si no sabías maldito gilipollas mañana empieza el año laboral. Necesito que vengas a ver la tienda y ordenar los horarios semanales para este año con Eric y Jessica –bufé

-¿Tiene que ser ahora? Estoy con Melanie…

-Sí, a menos que quieras que mañana no haya trabajo y perdamos dinero con los chicos

-De acuerdo, de acuerdo. Supongo que llamaré a Darrell para que cuide a mi hermana. Nos vemos en la tienda –terminé cortando y mirando a Melanie que aún estaba pendiente a su tan amado musical el cual aún no sabía su nombre. Envié un texto rápido al afro con quien mi hermana se divertía demasiado, por lo menos eso era lo que más me dejaba tranquilo. Darrell era un pendejo, un niño en el cuerpo de uno de 18, un total fiestero que con solo mirarle la cara te podías reír a más no poder. Tenía una extraña complicidad con Melanie de amigos, me confiaba demasiado en él ya que prácticamente crecimos juntos y me ayudó en mis momentos más difíciles cuidándola.

-Mel –la llamé captando su atención –Darrell vendrá pequeña. –dije para que luego sus ojos se agrandaran de felicidad.

-¿De verdad? ¿y traerá los caramelos que le pedí la otra vez? –sus ojos brillaron aún más haciéndome entender del por qué se entusiasmó tanto con su llegada. Solté una risa negando con la cabeza. Unos 15 minutos después un BMW se estacionaba en frente de casa haciendo ver a un loco Darrell con su afro característico.

-Necesito que cuides a Mel –dije nervioso. Joder, ni siquiera sabía por qué –sólo será una hora o quizás un poco más. Necesito arreglar un problema con la tienda porque los hor –me interrumpió antes de que siguiera con mi súplica estúpida

-Eh, tranquilo pelmazo. Tu hermanita es como mi hermanita, así que vete tranquilo –respondió ladeando la cabeza y sus ojos entrecerrados con una media sonrisa amigable y a la vez bastante idiota

-Gracias –dije por lo último para irme de casa como un rayo subiendo a mi camioneta bastante, eh, bueno, humilde. Era un cacharro del año de antes de cristo más o menos, pero me servía mucho en cuanto al transporte de último minuto si es que se podía llamarse así. Lo compré en una subasta de camionetas usadas. En ese entonces era una de las más decentes y por 200 dólares era una oferta muy tentadora. Llegué inmediatamente abriendo la puerta de la tienda quedando abierta ante cualquier tipo de visita y raramente estaba cansado. Los chicos me miraron como si fuera Jesús haciéndoles un milagro o algo por el estilo.

-Hola ¿qué pasó?

-Al fin llegaste Caleb –dijo apareciendo una pelirroja con cabello corto, jeans sueltos desgastados y una caja de discos dispuestos a ponerse en vitrina. Jessica. Le gustaba el skate y era una total fanática y lunática del rap. Acababa de salir del instituto para trabajar y dedicarse totalmente a la tienda. Desde siempre he sabido que le gusto pero siempre me he mantenido al margen en cuanto a ella y a otras citas. Sobre todo sabiendo que tengo una hermana a la cual cuidar, no tengo tiempo, además de que no me interesaba. –Eric se tiene que ir, sus padres no saben que está aquí y Matt, bueno, no quiere estar aquí por eso te apuramos chico.

-Si, además quiero saber cuál va a ser mi horario de hora en adelante –suspiré ante la acotación del pálido y delgado Matt. Sus ojos marrones y pelo totalmente oscuro me daban miedo en algunas ocasiones. Tenía una mirada llena de misterios. Es de esos chicos que si te acercas demasiado a ellos te dan una mirada “muérete, me harías un favor”. Pero en cierto punto lo aprendí a conocer cuando Eric me lo presentó junto con Jessica en cuanto comenzó a estrenarse la tienda. Es un chico bastante simpático si charlas un buen tiempo con él. Por cierto, tiene mi misma edad.

-Está bien. No es difícil, pudimos a ver hablado eso por teléfono

-También tenemos que ver en donde quieres que pongamos los discos nuevos que llegaron ¿en la vitrina o los unimos a los otros? –dudé ante la pregunta del musculoso, moreno de ojos verdes y bien tonificado Eric. Era un tipo bastante adulado ante las vistas de las féminas. Creo que era por él que teníamos varias clientas chicas, eso y que le pedían su número inmediatamente, pero él era totalmente ajeno a eso. Tenía 19 años y estaba a punto de mudarse de la casa de sus padres para irse a vivir al departamento de su hermano mayor. No tenía novia lo cual era bastante extraño, aunque sabíamos de sobra que compañías en la cama no le faltaban. Y luego estaba yo, delgado pero no tanto como Matt, tenía un par de músculos definidos pero no demasiado como Eric. Mi cabello estaba totalmente ondulado y desordenado, mis ojos bastante grandes y azules.

-Los actuales será mejor que los pongas en la vitrina, los otros deberías ponerlos en las repisas –miré hacia las repisas y estaban totalmente listas para el negocio de mañana y empezar el empleo del año –con respecto a los horarios. Creo que es obvio que Eric tome el turno en la mañana de 8am a 11am –él asintió de acuerdo con lo dicho –Jessica tomará el negocio desde las 11am hasta las 2pm que es hora de cerrar por el almuerzo. Se abrirá nuevamente a las 3pm que es cuando lo tomará Matt hasta las 6pm. Ahí es cuando vendré yo y me quedaré hasta la hora de cierre ¿fue difícil de entender esto? –solté la pregunta con una risa. Los chicos asintieron apoyándome en mi decisión. –Bien, entonces será mejor que me vaya y ejem, Eric, quiero que te ocup –mi voz fue interrumpida con las miradas puestas detrás de mí. Los ojos impresionados de Eric y Matt, y el ceño fruncido de Jessica no pudieron con mi curiosidad y gire mi vista para ver lo que espantaba sus ojos.

Una chica, de más o menos 22 o 23 años si lo calculaba con la vista entraba a la tienda sin saber que ésta estaba cerrada. Tal vez fue una estupidez de mi parte en cuanto a dejar la puerta abierta de la tienda y pasara una chica viendo discos como si fuera un día de semana común y corriente. Aunque tenía que admitirlo, la mujer me había dejado con la boca seca. Tenía una figura de infiernos y más aún se notaba aquello con los jeans azules totalmente apretados, tacones negros altos y un top blanco, también muy ajustado a su pequeña cintura. Traía gafas negras ray-ban con un bolso grande de accesorio del mismo color y venía totalmente concentrada en un disco de Vanessa Carlton. Era uno de los discos más antiguos, aunque no tanto, que teníamos. Era del 2000 o algo así, si no me equivocaba, Be Not Nobody.

Se acercó en donde estábamos nosotros, más precisamente donde teníamos la caja recibidora de dinero. Eric se fue rápidamente a recibirle el dinero antes de que llegara caminando con un contoneo de caderas que casi se me cae la baba sin exagerar. Aunque me contuve y me fijé que tanto Eric y Matt estaban igual o peor que yo. Jessica fue la que me sacó de la fascinación de verla sacar su billetera dispuesta a pagar, sin duda.

-Quiero este, por favor

-Hey –le dijo la pelirroja haciendo que la chica subiera su mirada para verla. Se sacó los anteojos y para mirarla mejor. Estaba de lado así que no pude apreciar muy bien el color de sus ojos, aunque ganas de verlos no me faltaban. –si no te das cuenta la tienda está cerrada –la chica desconocida miró hacia la puerta en la que había entrado y respondió

-Pues no pareciera que estuviera cerrada si te soy sincera –la pelirroja alzó una ceja a la defensiva. ¿Qué demonios le pasaba a Jessica?

-Es obvio que lo está, es domingo y ninguna tienda está abierta un día así por si no sabía –la chica asintió sacando una sonrisa. Era totalmente magnífica.

-Sí, tal vez. Pero también creo que no aceptar el dinero por un disco que quiera un cliente sería un tanto estúpido. ¿No crees, niña?

-¿Qué mier –antes de pudiera decir un insulto más Matt apartó a Jessica llevándola al sótano. Impidiendo que fuera a decir una palabra más, lo cual agradecí mentalmente. La mujer miró a Eric quien en el anterior momento estaba al lado de Jessica y ahora estaba frente a ella. Y lo único que los separaba era la vitrina para observar los discos actuales que aún no terminaban de colocar. Lo examinó de arriba hacia abajo con un gesto serio. Bufé en mis pensamientos, era prácticamente obvio que cualquier chica que pasara en la tienda se fijaría en el metrosexual de Eric, no es que me esperaba lo contrario. Si no que con esta chica, resultaba totalmente frustrante.

-¿Qué onda con su amiga eh? –preguntó después de un instante. Eric le respondió antes de que yo pudiera decir algo, la verdad era que estaba bastante cabreado y ni sabía por qué.

-No te preocupes. Se pone así cuando está nerviosa, digo, mañana empieza nuevamente el trabajo ¿cualquiera estaría así no?

La chica asintió con la cabeza seria sin responder, poniendo nuevamente el disco encima del vidrio y un billete de 20 dólares sobre él.

-¿Te gusta Vanessa Carlton? –la pregunta salió de mi boca tan de repente que no tuve ni el tiempo ni el valor para pararla. Me sentí un imbécil, un completo imbécil al preguntar esa mierda. Ella giró su vista de Eric hasta donde estaba yo, al parecer no se había percatado de mi existencia hasta el momento en que hablé. Por fin pude apreciar sus ojos, eran verdes, pero no un verde como los de Eric. Si no un verde profundo, oscuro, que daban ganas de nadar en ellos. La chica al parecer me quedó mirando lo mismo ya que no habló por unos largos segundos procesando el color de mis ojos.

-No, digo, bueno, sí. El disco éste es muy, bueno –dijo por primera vez haciéndose notar nerviosa. Frunció el ceño. Eric terminó por darle el cambio junto con el disco en una bolsa negra. La chica lo tomó y lo guardó en su bolso para luego sonreírnos. –Aunque parezca extraño nunca había venido a esta tienda y creo que vendré más seguido, me gustó mucho. Tienen música de todo tipo

-Mañana abriremos de nuevo si quieres venir. Estaremos desde muy temprano –respondió de nuevo Eric, totalmente adulador. No tenía ninguna duda que quería acostarse con ella. Apreté nuevamente la mandíbula, demonios ¿acaso sabe en qué momento planeo hablar?

-Me temo que no puedo venir tan temprano. También tengo trabajo y tal vez con algo de suerte logre venir antes de que cierren

-Sí, bueno te entiendo. De cualquier forma te estaremos esperando –la chica quitó la vista amable de Eric para luego toparse con la mía. Sin poder evitarlo un escalofrío vagó por mi espalda

-Adiós, fue un gusto venir y conocerlos chicos –se despidió con una leve sonrisa y volvió a colocarse sus gafas para después salir con su tan definido contoneo de caderas. Aguantando con pésame que Eric también no le quitara la vista de encima. La diferencia entre la mirada mía con la de él era que yo me fijaba en todo, en su forma de mover los hombros, sus piernas, sus caderas y la forma tan femenina de caminar pero a la vez tan desafiante. Y la mirada de Eric iba desde sus senos hasta su trasero.

-¿La viste hermano? ¿la viste? Joder, dime que no estaba soñando con semejante belleza –dijo para luego morderse el labio y suspirar como si todo el tiempo en el que estuvo hablando con ella se aguantó la respiración. –No puede ser –habló pálido. Fruncí el ceño

-¿Qué?

-No le pregunté ni siquiera su nombre, ni siquiera su número –bufé

-Tranquilo, tal vez cuando venga de nuevo puedes preguntarle –hablé con la mandíbula apretada. Él me miró sospechoso –¿y ahora que bicho te picó?

-A ti también te gustó –afirmó. Negué con la cabeza –no te hagas el imbécil, también te gustó y por lo que veo, demasiado diría yo. –sonrió cómplice

-Cállate

-Wow, esto tengo que grabarlo. Por fin a Caleb Small le gusta a una chica, no puedo creerlo –negué nuevamente

-¿Quieres dejar de ser tan gilipollas? Lo que te iba a decir antes de que llegara esa chica era que tenías que ocuparte de las putas cámaras de la tienda. No quiero que pase de nuevo lo del año pasado –él asintió aún con una sonrisa. Bufé con ganas de patearle la cara.



Y por mucho que me cabree con esa sonrisa estúpida en cierto punto y en mi interior, sabía que tenía razón. 

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