Christine
Quería besarme. Esos eran los únicos pensamientos que atravesaban mi cabeza desde que salí de la tienda de Caleb. Tuve la oportunidad plena de haber probado esos labios que tenía a tan pocos milímetros de mí, haciéndome dar cuenta que no costaría nada que me volviera peligrosamente adicta a ellos. Sencillamente no pude, eso no estaba bien. Tener algo con Caleb le afectaría tanto a él como a mí. A él por el simple hecho de no saber si lo que “tendríamos” tuviera futuro alguno. Yo no puedo estar con un hombre por más de una semana ¿y si ese gusto no duraba más que eso? Le afectaría y no sólo a él, sino también de quien me encariñé sin querer, Melanie. No quería dañarlos, yo no era para él. Una chica de secundaria era lo que él necesitaba, yo no estaba en su plano más que para ser su amiga. Ahora yo tenía este trabajo que siempre soñé y también me afectaría. Quería procesar tanto para bien en mi vida y un hombre era lo último que necesitaba. En estos momentos tenía a Nick para conocerlo y poder entablar una relación si las cosas funcionaban, él si era para mí en cuanto a todo, pero no me sentía completa a su lado. Ni en comparación con el chico de hermosos ojos. Tenía un revoltijo de mierda en mi cabeza que no debería de haber tenido si tan sólo hubiera seguido a mis principios desde el comienzo. Aventuras, sólo aventuras y nada más. Mi trabajo no hubiera tenido -¿Ya te vas? –preguntó Caleb con un cigarrillo encendido en su mano, viéndome bajar las escaleras de su casa. La verdad era que para cuando recién llegué me sorprendí bastante de lo hermosa y acogedora que era. Todo combinaba con los colores grises y algunos rojos oscuros. No era una casa enorme como tampoco era tan pequeña. Era una típica casa para que vivieran 3 o 4 personas. No más de eso lo cual me parecía bien viendo sólo a Caleb y a Melanie. Ahora mi inquietud o más bien mi incertidumbre aún no se iba ¿Sus padres dónde demonios estaban? Si bien me sentía entrometida al preguntarle eso, pero sentía la necesidad. Después de haber jugado con Melanie y reírnos de las experiencias que pasé cuando niña en el colegio, procesé aquello y decidí que si él quería me lo diría. Sólo tenía que darle tiempo, mierda, Chris no seas estúpida.
Asentí mirando mi reloj de mano que apuntaba las 10:35pm y luego a Caleb quien parecía haberme estado esperando abajo en las escaleras y por lo que veía o no sabía si era mi imaginación, era que estaba muy decepcionado al saber que me iba. Me estremecí al ver el cigarro en su mano pero no le comenté nada, después de todo, viví toda mi niñez inhalando aquel humo que tendía a tener mi padre.
-Sí, ya es un poco tarde –dije tratando de no respirar. Odiaba ese olor, mierda tenía que decirlo. –Por cierto, dejé a Melanie durmiendo con su pijama y todo. No te preocupes. –le hablé con una sonrisa. Él suspiró
-Gracias, por lo de hoy Christine. No tienes idea de cuánto te lo agradezco
-Ya Caleb. Me has estado agradeciendo desde que salimos en la tarde de la tienda –lo interrumpí divertida. Y era cierto ¿Qué acaso no entendía que lo que menos me importaba era la porquería de dinero? –Caleb me sonrió maravillosamente.
-¿Ella está enojada conmigo verdad? –no le respondí sabiendo a quien o a qué se refería, no podía mentirle respecto a lo que sentía su hermana. A lo que él entendió inmediatamente –soy un idiota. –inhaló nuevamente la droga para luego sentarse en el pequeño sofá que tenía a un lado de las escaleras.
-No, no lo eres –me mordí el labio inferior –sólo la cuidas y eso está bien. Más que bien diría yo –asintió pensativo
-Sí, pero me comporté como un imbécil con ella. No se lo merecía –suspiré
-¿Y si yo la acompaño en su fiesta? –levantó su vista de repente. Como si lo que hubiera dicho hubiera sido cosa del demonio o algo por el estilo.
-¿Qué? –asentí
-Sí, digo. Si tú no puedes ir, yo iría y la cuidaría. Después de todo es sólo una fiesta de niños ¿no?
-Chris, escucha –susurró para luego pararse rápidamente en frente mío. Joder, no pude evitar ruborizarme después de tan sólo horas de haber vivido ese momento hermoso en el que casi nos besamos, si no hubiera sido por mi estúpida boca. –Hoy hiciste algo maravilloso para mí que incluso creería que ni con toda una vida infinita te podría pagar –bufé rodando los ojos. Pero él siguió, ignorando mi expresión –pero ya no puedo aceptar nada, Dios ¿crees que no tengo sentimientos acaso? ¿Cómo crees que después de lo que hiciste voy a poder aceptar más de ti? No es justo.
-Caleb, no importa. Para mí es más que un placer ayudarte y poder pasar tiempo con tu hermana. De verdad ¿por qué no me crees? –pensé en decirle la verdad del por qué no me importaba el dinero que daba. Pero luego me dije que aquello conllevaba a una explicación más amplia, la cual aún no estaba lista para hacer.
-Sí, te creo pero lo que no entiendo es ¿por qué lo haces? –era una buena pregunta. Demonios, sí que lo era. Ahora tendría que responderle pero la realidad era que no tenía una respuesta concreta.
-Si te soy sincera, bueno, la verdad es que no lo sé. Me caes muy bien Caleb, no eres igual a tus compañeros ni a los otros alumnos que he conocido en estos días y –suspiré. Creo que estaba a punto de ahogarme con mis propias palabras. –Es eso, me caes de maravilla, supongo que es por eso.
-¿Y por Mel? ¿por qué quieres hacer todo esto por ella? –levanté los hombros, inquieta
-Es una niña especial. Es preciosa, risueña y creo que en cierto punto, me recuerda a mí cuando era niña –lo contemplé tragar saliva.
-No es justo. Yo no estoy capacitado para darte algo a ti y tú haces todo esto por nosotros Chris. Es que no puedo creerlo –quise golpearlo, al mismo tiempo que deseaba besarlo hasta que el mundo se acabara.
-Pues créelo, yo no tengo ningún otro interés Caleb. ¿Por qué no confías en mí?
-Si confío, pero ¿sabes? es difícil
-Lo sé y es por eso que quiero que me conozcas
-¿Y es por eso que quieres ir a la fiesta con mi hermana? –asentí
-Quiero estar con tu hermana, pasear con ella. Y estoy más que segura que ir a esa fiesta le ayudaría mucho en su confianza –lo vi moverse y apagar su cigarrillo en un cenicero color madera, que por alguna razón no había visto en la mesita de decoración que tenían. Estaba demasiado pensativo, si podía decirlo –por favor sólo dame esa oportunidad tanto a mí como a Melanie.
-¿Y si le pasa algo?
-Entonces, dejaré que me asesines con tus propias manos –él me terminó por mirar con ojos entrecerrados para luego soltar una risa. Si su sonrisa matara creo que ya habría muerto hace mucho tiempo. –Ten confianza en mí ¿Sí? Ella me dijo que la fiesta sería a las 3 pm, yo la vendré a buscar y estaré con ella todo el tiempo. Luego la vendré a dejar a casa o si quieres, a tu tienda para que no esté sola –él terminó por suspirar
-¿Ella te trató de convencer verdad? –no le respondí nuevamente, no podía mentirle, Melanie sí trató de convencerme con argumentos que de verdad me parecían buenos. Lo cual le di la razón, pero también pensaba que Caleb estaba exagerando un poco con la situación. –Es una pequeña hermosa monstruo –reí ante su forma de llamarla
-Entonces… ¿me dejarás ir con ella? –hice un puchero tratando de parecer tierna e inocente a lo cual él no pudo evitar reírse.
-Eres adorable –no recordaba cuando fue la última vez que me sonrojé por un hombre. Pero lo único que recordaba era que en ese momento sentía fuego en mis mejillas. –Pero creo que te pondré a prueba. –mis ojos se iluminaron ante su afirmación tratando de apaciguar mis pensamientos.
-¿También me dejarás ir de compras juntas pasado mañana? –volví hacer un puchero. Y él volvió a poner un gesto serio.
-Chris –me llamó en forma de advertencia. Bufé
-Por favor Caleb cuándo vas a entender que para mí es más que un placer compartir con tu hermana y… bueno, también, contigo –vi que los nervios apoderaron su cuerpo al decir lo último. Me estremecí, mierda. ¿Por qué dije eso?
-Es, es un poco tarde –tartamudeó, insinuándome que lo que dije le dije le afectó emocionalmente. No supe si aquello era bueno o malo. –Te iré a dejar. –afirmó sin siquiera preguntarme, yendo por una chaqueta de cuero que tenía colgada justo en la parte de atrás de la puerta de entrada y salida. Tenía que admitir que con ella se veía muy caliente, no, extremadamente caliente.
Para cuando me subí a su camioneta destino a mi departamento no hubo palabras más que las indicaciones que les di para ir a mi hogar. Supuse que el comentario que le di no fue muy oportuno a la situación. Y es que tampoco fui consciente de que lo hice, así que para aliviar esa maldita tensión que comúnmente provocaba yo en Caleb, traté de hablarle.
Mala idea.
-¿Te puedo hacer una pregunta?
-Ya la has hecho –rió. Aunque supe en realidad que no le hiso mucha gracia –pero adelante, soy todo oídos –le sonreí
-¿Tienes novia? –alguien, de verdad, si estuvieran justo al lado mío estoy segura que me cortarían la lengua con unas tijeras. ¿Por qué demonios le pregunté eso? De verdad, hoy ha sido uno de esos días en los que callada me veo más bonita. Su gesto se puso serio, pero no tanto como creí.
-No, nunca he tenido –abrí mis ojos sorprendida ¿qué? ¿cómo era eso posible? Digo, debería ser ilegal que un chico como él, nunca haya tenido alguien con quien comprometerse o alguien a quien llamar “amor”. Tragué saliva al imaginarme a Caleb con una chica, mi estómago se contrajo con sólo pensar en eso. ¿Qué me estaba pasando con este chico? No entendía lo que sentía por él. Era algo que nunca pude lograr sentir por nadie más hasta ahora. Ni con mis ex novios que tuve a mis 16 o 17 años pude sentir tal atracción de una forma incomprensible. Mierda.
-¿De verdad? –cada minuto que pasaba con él descubría algo nuevo. Y sin mentir, cada vez que descubría algo, me cautivaba aún más.
-No tengo tiempo Chris. Para mí lo principal en mi vida siempre ha sido Melanie y tener una novia de quien preocuparme es algo que no está en mis planes –la respuesta me dejó en silencio. Aunque en cierta forma lo sabía ¿quién puede tener tiempo para tener una novia cuando tiene una tienda que mantener, y una hermana pequeña a la cual cuidar? Joder, pero si sus padres tan sólo estuvieran presentes. ¿Qué clases de padres eran? Ellos deberían de cuidar a Mel, no Caleb, él es sólo un adolescente a punto de ser un completo adulto.
-¿Y tus padres? Ellos podrían cuidar a Mel ¿no? –dije con cierto tono molesto. Su gesto ya no era relajado ni mucho menos serio. Era algo que no podría descifrar, como si estuviera pensativo. No dije nada malo como para que se pusiera así, me dije a mí misma mentalmente.
No respondió.
El camino se hiso corto para cuando llegó al edificio de mi departamento, quise preguntarle si estaba enfadado por alguna cosa que dije. Pero me mordí la lengua, últimamente meter la pata era uno de esos talentos míos que se desarrollaban en poco tiempo.
-Bien, llegamos –suspiró. Me contempló girando su vista y así darme una oportunidad para ver aquellas perlas que me hacían estar en las nubes. Le sonreí estremeciéndome.
-¿Dije algo malo Caleb?
Negó aun mirándome, daría lo que fuera, por saber que estaba pensando en ese instante.
-¿Por qué lo preguntas? –frunció su ceño. Levanté mis hombros
-Estás serio –exhaló
-Siempre soy así
-Pero a veces sonríes y sinceramente, me gusta más así –algo vi en sus ojos en el momento que dije eso. Se iluminaron y fue como si toda su seriedad se hubiera evaporado en el aire. Su gesto se relajó
-Lo único que puedo decirte Chris es que, no he tenido una vida fácil ¿entiendes? –asentí a punto de derrumbarme sin saber por qué –pero aunque sea así. Aunque haya tenido una vida de mierda, te aseguro y te lo juro por Dios, que nunca he conocido una persona tan maravillosa como tú. –no pude más. Terminé por besar su mejilla con una lentitud que sentí como se estremecía. No supe si fue porque le sorprendió que lo hiciera o porque de verdad sintió cosas que no estaría bien sentir entre nosotros. Tragó saliva para luego girar su rostro y quedarnos solo a milímetros de cercanía. Cómo era posible que con tan sólo ese gesto o esa acción sintiera más cosas de las que jamás pude sentir. Sus ojos me traspasaban y su nariz respingada rosaba con la mía. Mis manos automáticamente fueron a sus hombros y a veces a su cuello. En pocas palabras me tenía abrazada a él. Tan cerca de su boca que creo que me hipnoticé por ella. Quería tocar sus labios, maldición, lo deseaba con toda mi alma. Sus manos lentamente subieron a mi cintura y se quedaron allí acariciándome. Haciéndome tener escalofríos, eso no estaba bien. Pero no quitaba el hecho de que no se sintiera bien. Era tan cómodo estar en sus brazos que me sorprendí de cómo no me volvía adicta a ellos. Sus labios estaban tan accesibles a los míos, rosados naturalmente y para culminar con mi poca cordura mordió su labio inferior. Con lentitud se acercó a mí, respirábamos el mismo aire en su camioneta ¿Quién iba a decir que en ese vehículo hubiera tanta química en el aire? A la mierda, yo quería besarlo y sentía que él también lo quería. También me acerqué y sólo bastó ese gesto para que Caleb me besara con determinación.
Mis labios se abrieron automáticamente a los suyos junto con mis ojos que se cerraron con lentitud. No me esperaba que aquello fuera real, sólo podía sentir eso en mis sueños. Pero esto no era un maldito sueño, aquello era real, sus labios me tenían en el aire. De vez en cuando jugaba con su lengua entre mis labios y aquello ayudaba a que me acercara más a él, gimiendo por el placer interminable que se sentía al compartir suspiros con aquel chico. Caleb estaba sentado en el asiento del conductor y yo en el del copiloto, por lo que el manubrio un poco desgastado era lo único que nos separaba de nuestro tacto infernal y placentero. No podía despagarme, joder, quería respirar pero él tampoco me soltaba. Estaba tan abrazado a mí como yo de él. Sentía sus jadeos cuando lográbamos separarnos sólo unos segundos para retomar el aliento y volver a juntarnos de esa forma que me estaba matando y a la vez regresando a la vida. ¿Podía ser eso posible? He dado muchos besos en mi vida y aquello, aquello ni siquiera se asemejaba ni un poco a esos besos duros y sin ningún sentimiento de por medio. Esto era tan hermoso que me hacía sentir todo tipo de sensaciones. Gemí en sus labios cuando me apretó con sus grandes brazos por mi pequeña cintura mucho más contra él. Casi chillé cuando me llevó a su regazo con sólo un pequeño movimiento. Esto era tan malditamente caliente, contenía tanta pasión guardada entre nosotros. Con cuidado y ni supe cómo mierda lo hice, sin dejar de besarnos, me acomodé encima de él. Mientras que me abrazaba con posesividad y yo ponía mis piernas a cada lado logrando estar a horcajadas encima de mi alumno.
Caleb jadeaba y gruñía con mis movimientos lascivos que hacía, mientras que su cuello lo tenía prisionero en mis manos y mi pequeña cintura sufría una dulce condena de las caricias duras y a la vez suaves de las manos de Caleb. No supe cuánto tiempo estuvimos así, pero al demonio. Yo disfrutaba esto y por lo que veía, él también. No pensaba en nada, no pensaba en cómo podía afectarme en mi trabajo aquello. En qué pasaría si Nick se enterara que yo no estaba tan siquiera interesada en él, ni lo que diría mi madre al estar con alguien del bachillerato. Nada me importaba, todo me valía un pepino en ese instante. Lo único que pasaba por mi cabeza era que Caleb tenía los labios más suaves, dulces y calientes que he probado.
Con suavidad y siempre, con lentitud. Bajé mis manos desde su cuello hasta su pecho que por lo veía era duro como roca, luego bajé mis manos hasta su estómago y tampoco me equivoqué al acariciarlo. El chico estaba bien ejercitado y sus abdominales bien definidos. Con descaro, metí mis manos por debajo de su camisa a cuadros y sentí como él aguantaba su respiración sin dejar de besarme. Mi juego al parecer le gustó ya que sus besos se fueron desde mis labios hasta mi mejilla, y desde mi mejilla hasta mi cuello. Por lo que se quedó ahí, besando, succionando y mordiendo. Haciéndome gemir fuertemente. Siguiendo con la faena de acariciarlo con mis manos en su piel suave debajo de la estorbosa ropa, comencé a besarlo de igual forma en su cuello. Olía tan bien, no era un olor exagerado a colonia masculina que algunos hombres extrañamente se obsesionaban. Sino que era algo natural, olía a un perfume propio, exuberante y extremadamente bienoliente. Me encantaba en pocas palabras. Creo que no pude más cuando sentí las manos de Caleb subiendo mi blusa y acariciando mi espalda con extrema suavidad mientras seguía ocupándose de mi acalorado cuello. Todo era tan mágico, nunca, en toda mi puta vida había sentido tanto placer como el que sentía ahora. Me había acostado con varios hombres y ninguno logró complacerme a este extremo tan siquiera llegando a la parte del sexo. Ni con el sexo llegaba a tener este semejante placer, joder. Eso y que sólo nos estábamos besando. Dios, ni siquiera me imaginaba lo que sería hacer el amor con Caleb. Con todos esos pensamientos que me tenían más allá de las nubes. Lo volví a besar, necesitándolo, como si mi vida dependiera de aquello.
La magia, terminó con un inoportuno sonido de un celular que para precisar mejor, no era el mío.
-Mierda –susurró él.
Con un sonrojo más allá de lo extremo y con la respiración agitada a más no poder, me salí rápidamente del regazo de Caleb para acomodarme mi blusa que la tenía más arriba de mis estómago, pero no tanto como en la altura de mis senos. Vi a Caleb, también, agitado con el pelo más desordenado de lo que normalmente lo tenía. La camisa subida de igual manera y su abrigo de cuero totalmente abierto. Con prisa y nerviosismo empezó a buscar su celular que al parecer no lo tenía a simple vista. Luego de varios segundos buscándolo con impaciencia entre todas sus cosas que tenía en la parte trasera y si lo miraba mejor, aún estaba con la excitación a simple vista. Igual que yo, maldición.
-¿Hola? –dijo tragando saliva al teléfono. Aún con su respiración alterada, aunque la trataba de fingir. Mientras lo escuchaba hablar con quién sabe quién. Me tapé el rostro con mis manos avergonzada ¿con qué cara lo miraba ahora? Esto fue más allá de mi maldito control. No me reprendía de haber besado a Caleb y haber actuado así. Digo ¿cómo mierda una persona se puede arrepentir de algo que en serio disfrutó? Lo que verdaderamente me reprochaba era el hecho de que no me pude contener. Él me llevaba fuera de mis límites. Tan siquiera hoy por la tarde él me quería besar y se lo prohibí por el simple hecho de hacer lo correcto. Pero hacer lo correcto no necesariamente es lo mejor para nosotros. No pude aguantarme, joder. Lo vi, ahí, a mi lado. Tan perfecto que no pude evitarlo. Mis sentimientos hablaron verdaderamente, no mi mente.
Entonces decidí alejarme, lo mejor era pensar en esto sola y no con quien me confundía. Por lo menos hasta calmarme. Tomé mi bolso que lo tenía a un lado y salí rápidamente de su camioneta directo a mi departamento, el cual debí haber entrado hace ya por lo menos 15 minutos. Sentí el llamado de Caleb desde su camioneta que con prisa sentía como se iba alejando, me iba yendo de ahí casi corriendo con la mirada hacia abajo ignorando sus insistentes llamados. Ni siquiera era capaz de verlo a los ojos. Alejarme era lo mejor tanto para él como para mí. Con esos pensamientos me fui.
Aunque sabía en el fondo de mí ser que hacer eso, no era suficiente.
Caleb
Ni siquiera fue necesario poner el despertador ya que prácticamente no pude conciliar el sueño en toda la maldita noche. En cada parpadeo que daba estaba ella, ella y su olor. Sus labios con los míos. Por un momento en mi vida podría decirse que me sentí condenadamente feliz, aunque hubiera sido sólo por un instante. Me sentí completo, supremo. Como si Christine le hubiera dado ese último toque a mi vida para ponerlas patas arriba y cambiar todo. Para bien, por supuesto. Demonios, nunca me sentí más feliz en mi vida como cuando la tuve en mis brazos. En cuanto la sentí mía, completamente mía. Donde compartimos más que unos besos cualquieras. En donde traspasábamos más que una calentura de mierda. Sentí por un instante que ella era mi todo, por lo que todo lo que he sufrido me hubieran dado una recompensa. Y más que una recompensa. Sus labios eran más que un regalo, los gemidos que trataba de contener mientras la acariciaba y otros que no tuvieron tanta suerte por lo que gemía en mi boca. Todo era malditamente perfecto que parecía irreal. El sonido de mi celular fue el único obstáculo que tuvimos con Christine para seguir con esa danza perfecta de nuestras bocas o mejor dicho, de nuestros cuerpos. Juro que nunca en mi puta vida pensé en sentir ese tipo de placer, Chris me llevaba a donde nadie logró llevarme nunca. Como si estuviera hecha para mí como yo de ella. Hasta que se fue. No entendí aquello, ella también quería besarme ¿no? ¿Por qué demonios el arrepentimiento? Estaba claro que entre nosotros no podía haber nada más que una relación de profesora y alumno. Pero eso no cambiaba las cosas, demonios, ella quiso entrar en mi vida, encariñarse con mi hermana y crear sentimientos entre nosotros ¿a cambio de qué? ¿de su huida? No la entendía como tampoco entendía lo que sentía por ella. El amor resonó de la nada en mi mente. Mierda. ¿Era eso? Joder, y sí lo era, no estaba preparado. Melanie y mis padres fueron las únicas personas que estuvieron más cerca del amor en cuanto en mis sensaciones. Jamás me fijé en una chica de ese modo. Y ahora aparecía Christine, quien arranca para cuando mis sentamientos se estaban aclarando referente a ella.
Suspiré llegando al instituto luego de ir a dejar a Melanie a la primaria. Me ignoró todo el trayecto, aún seguía enojada conmigo así que decidí no decirle nada respecto a Christine. Aunque quisiera, mi subconsciente al parecer aún no creía lo que había pasado entre nosotros ayer por la noche. ¿Qué pensaría ella de todo esto? Conociéndola y viendo la manera en la que le agrada, le encantaría. Con todos esos pensamientos grabados sólo en mi profesora llegué a mi salón sabiendo que a primera hora no me tocaba con Chris. El anciano Martins empezó a hablar de la historia de Europa o no sé qué mierda, no logré prestar la mínima atención pensando en ella. Pasé toda la mañana y parte de la tarde solo en la cafetería. Me gustaba estar así, además sabía que si no jodía, no me podían joder a mí. Busqué siempre con la mirada a Christine pero en ningún momento la vi, supuse que estaba en el salón de profesores o algo por el estilo.
Cuando llegó la última hora, los silbidos de los adolescentes necesitados se hicieron notar haciéndome ver que venía Christine con su tan definido contoneo de caderas.
-Buenos tardes estudiantes –saludó con una sonrisa fingida que sólo la noté yo. Me enderecé en mi silla. Su mirada estuvo baja todo el tiempo, evitaba mi mirada en todo el transcurso de la clase. Jamás me miró o tomó en cuenta las respuestas que daba. Cosa que yo hacía para llamar su atención pero ni eso tomaba en cuenta. Para cuando terminó se fue rápidamente, se fue tan a prisa que ni siquiera pude alcanzarla fuera del salón. Era más que obvio que arrancaba de mí. Mierda y mil veces mierda. ¿Era eso lo que quería? Maldita sea, poner mi mundo patas arriba ¿y luego irse? La seguí, mandé al demonio el hecho de guardar mis cosas en mi casillero ya que luego lo haría. Me puse mi bolso en mis hombros mientras corría hasta la salida y en donde podría estar ella. Fui hasta el estacionamiento y la vi. Pero no como quisiera.
La vi subiéndose a un auto que resultaba bastante familiar, un BMW negro para ser más preciso. Pero no era eso lo que caracterizaba la situación. Sino, quien le abrió la puerta y le dio un abrazo bastante comprometedor antes de que subiera. Apreté la mandíbula entendiendo todo.
Ella estaba con Harrison, Nicholas Harrison.
Oh dios
ResponderEliminarno puedo, tienes que seguirla, dios mío, voy a morir, SÍGUELA
Seguida <3 jajj espero que la sigas disfrutando :D
EliminarMe encanta <3
ResponderEliminartienes mucho talento escribiendo en serio :) siguelaaaaa pls
Gracias de verdad, se hace lo que se puede jaja c: y por cierto, ya está seguida cielo :)
EliminarAmo tu novela profundamente. Escribís súper lindo! Te felicito
ResponderEliminarMuchas gracias, de verdad :) me agrada que te guste, espero que la sigas disfrutando c:
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