Sentía la respiración tranquila de Nick sobre mi nuca, con su mano acariciaba lentamente mi espalda desnuda sobre su cama de sábanas negras. Estaba boca abajo y él afirmado de lado, desnudo de igual forma, mientras continuaba con su tacto infernal sobre mí. Planeaba dormir y aquella faena no me dejaba, era tan frustrantemente lento. Odiaba aquello joder, me gustaban las muestras de cariño, pero no exactamente mientras trataba de descansar. Abrí mis ojos y la oscuridad vestía la habitación junto con la luz tenue de la lámpara de Nick, me encantaba el ambiente que había. El olor de haber tenido relaciones aún estaba en el aire, no era malo como tampoco era excelente, pero ese toque no cesaba y me estaba poniendo de mal humor.
-¿Te soy sincero? –habló de la nada en mi oído. –soñé con esto desde el momento en que te vi en el campamento –cerré los ojos con fuerza. Y mi mente de la nada, fue hacia 10 años atrás.
Uno de los tantos campamentos juveniles para los scouts de Massachusetts estaba abriendo las puertas a principio de verano de 2004, tenía 14 años en ese instante. La época perfecta para tener amores platónicos de una recién adolescente, la idea de mamá y papá para despejarme un rato y salirme de la rutina de Chicago me dieron una oportunidad a mis sentidos de cumplir aquello. Me sentí bien en el momento que supe eso, era scout y me gustaba la idea de pasar tardes en lugares rurales apartados de la urbanidad. Estaría todo el verano allá, conocería gente nueva y me saldría de la típica civilización de todos los días. Llegué feliz y no me decepcioné al ver a chicas de mi misma edad compartiendo risas y anécdotas de su vida en la ciudad. Y por si lo piensan, no conocí ahí a la que hoy en día es mi mejor amiga, a Alyssa la conocí en el jardín de niños. Desde entonces hemos sido como hermanas gemelas. Para cuando murió mi padre estuvo ella y su hombro dispuesto a apoyarme en todo. Cada decepción amorosa mía, la morena era la que se encargaba de hacerlos “pagar” por lo que me hicieron. Era como la típica hermana mayor que está dispuesta a todo por ti. Por supuesto tampoco era que pasaba desapercibida ante las miradas masculinas, tenía unas curvas que mataban a cualquiera. Un buen trasero, eso era lo que la destacaba y obviamente su sonrisa contagiosa, la manera de mirar la vida de una manera más positiva y cómica. La adoraba, era en pocas palabras, la hermana que nunca tuve.
En aquel entonces en el campamento todo iba de maravilla, los chicos tampoco iban mal. De todas formas a esa edad nunca había dado un beso, no era por el hecho de que me encontrara fea o tímida, al contrario, siempre me encontré linda y destacada a una belleza típica de una chica de 14 años. La verdad era que quería encontrar al chico adecuado, el cual valiera la pena para compartir los mejores momentos de pareja. Todo esto tenía en mente, hasta que vi la mirada cristalina del ayudante del señor Donovan, el jefe de la tropa de scout, con su libreta en mano y anotando cada actividad hecha para el verano de nosotros. El chico estaba atento a cada cosa que dijera el cuarentón de Donovan. Para cuando dejó de escribir, su mirada se posó en los adolescentes prematuros que estaban dispuestos a pasarla bien. Cuando lo vi a simple vista se notaba que no superaba los 18 años e incluso también cuando me miró supe que mis palabras quedaron secas en mi boca.
-¿De verdad? –susurré luego de un momento, él tardó para contestar. Al parecer no esperaba que estuviera despierta o al menos lo sorprendí tratando de quedarse dormido.
-Bueno –titubeó –siempre me encantaste. Eres una chica muy bella –se acomodó la garganta –Siempre lo has sido. La cual si pasa por las calles, todos los hombres miran. Pero tú eres ajena a eso y es lo que más me vuelve loco –tragué saliva girando mi cabeza que estaba boca abajo en las almohadas para mirarlo.
Entonces no sentí aquel mismo efecto que sentía cuando miraba a… a Caleb. Demonios, esos ojos azules que no podía expresar con palabras cuán maravillosos eran. Los que me atormentaban en cada sueño que lograba conciliar desde que lo vi en la tienda. Creo que incluso escribiría un libro de cinco mil páginas describiendo aquellas dos perlas azules. Basta Chris, Dios, ahora es tu alumno. Está prohibido. Está en la típica lista de hombres que no puedes tocar o tan siquiera respirar cerca de ellos sin que la palabra karma apareciera en tu vida.
Luego de un momento el nombre de aquella pequeña resonó en mis oídos.
Melanie, el chico tenía una hermanita hermosa con sus mismos ojos y una mirada tan tierna que por un momento en que la observé, me sentí la persona más miserable del mundo. Aunque no supe el porqué de aquello. Aquella hermosa niña era una copia exacta de mi alumno. Por un lado me sentí satisfecha por el hecho de que pude saber más a fondo la vida personal de Caleb. Pero aún no me podía sacar de la cabeza del por qué tiene que llevar a su hermanita a su puesto de trabajo ¿Y sus padres? ¿Acaso ellos trabajan tanto que ni siquiera tienen tiempo para cuidar a su niña? No le encontraba mucho sentido a ese hecho.
Me acomodé la garganta al darme cuenta que últimamente me preocupaba bastante de lo que hacía o dejaba de hacer mi alumno puesto que lo conocía sólo hace 2 días. Como también me di cuenta que nunca antes me preocupé así de un hombre que acababa de conocer. Sentí un leve escalofrío vagando por mi espalda al pensar de ese modo.
Nick me sonrió
-¿Qué te pasa? Estás muy pensativa –susurró acomodándose más a mi lado, abrazándome y hablando en mi cuello. Suspiré
-Nada, sólo quiero irme a mi departamento –él me frunció el ceño, borrando inmediatamente su sonrisa
-¿Por qué? ¿Acaso… –se acomodó de nuevo la garganta –no te gustó, digo, tu sabes, lo que hicimos? –titubeó. Negué con la cabeza con una sonrisa irónica
-No, no es eso. Quiero irme a casa, eso es todo
-Pensé que podrías quedarte y mañana irnos juntos al trabajo –tragó saliva. Bufé en mi mente, odiaba eso. Odiaba tener que dar explicaciones del por qué no me gusta quedarme a dormir con alguien que acababa de acostarme. ¿Es que acaso eso está escrito en la biblia o en algún otro libro sagrado? Simplemente el estar con alguien de ese modo implicaba un compromiso más allá de una noche, de un noviazgo, de algo que obviamente yo no buscaba.
-Tal vez para la próxima –creo que no debí haber dicho eso –pero por hoy no ¿sí? Quiero estar en mi departamento, tranquila. Después de todo mañana es sólo mi segundo día de trabajo –dije luego darle un suave beso en la mejilla y levantarme con lentitud de la gran cama que poseía el departamento de lujo de Nick.
-Pero –se interrumpió antes de que pudiera decir otra cosa observando mi cuerpo desnudo dirigiéndose al baño con descaro. De todas formas ¿para qué sentir vergüenza al mostrar mis atributos después de haber practicado las cosas más lascivas que pudimos hacer? Es un tanto ridículo.
-¿Vas a ir a dejarme? –pregunté un tanto sorprendida al verlo vestido esperándome luego de un largo momento que tuve en el baño, en la esquina de su cama.
-Sí ¿acaso no puedo? –habló ahora él retóricamente. Fruncí el ceño ante su despectiva pregunta. Para después por último tomar mi bolso y salir. Sentía un aire distinto, como si el humor de Nick mágicamente haya cambiado en el momento justo en el que entré a su baño. Incluso de camino a mi departamento no hubo palabra alguna entre él y yo. Odiaba eso, demonios, si alguien tenía que decirme algo. Sea quien sea. Debería decirlo sin rodeos, maldición.
-¿Estás enfadado? –pregunté luego de que estacionara mi BMW en las afueras del edificio. Lo vi echar su cuerpo sobre el asiento del piloto, como si estuviera cansado. Cansado de sus propios pensamientos
-¿Por qué no quisiste quedarte conmigo Chris?
Mierda.
-¿Qué? Yo…
-Digo, es solo una noche. Es dormir, abrazados ¿qué tiene eso de malo? –creo que me atraganté con mis propias palabras a punto de salir.
-No eres tú Nick. No es nada personal –me toqué la frente, por alguna razón me empezaba a doler de infiernos la cabeza. –Quedarse a dormir con alguien, implica sentimientos. Algo más allá que un aventura y siendo hombre, creo que deberías saberlo
-Créeme lo sé. –me miró fijamente –Pero no entiendo el hecho que no quieras dormir conmigo. Conmigo. No estamos hablando de alguien que conociste en una fiesta o una borrachera. Estamos hablando de alguien del pasado, que conociste en tu pre adolescencia.
-Pero no nos veíamos hace años, Dios, no es lo mismo –Suspiré agobiada. ¿No debería ser aquello al revés? La mujer pidiendo explicaciones y el macho alfa seductor rompecorazones tratando de sacársela de encima. Creo que el mundo es extrañamente loco.
-¿Entonces sólo fue una aventura y nada más no? Después de esto tu seguirás siendo la profesora de literatura y yo el odioso inspector. Como si nunca hubiera pasado algo en el primer día. ¿Verdad? –apretó la mandíbula. Debía admitir que con ese gesto se veía malditamente caliente.
-Escucha Nick –exhalé. –Desde que tengo memoria siempre he dado lo mejor de mí en cuanto a relaciones, pero hace ya muchos años aprendí por las malas que eso no debería de ser así. No quiero compromisos, ni hombres de quienes preocuparme o cuidar. Quiero ser yo Nick y es por eso que para evitarnos malos ratos prefiero que las cosas sean así. Lo siento, de verdad, pero así tiene que ser.
-¿Y si eso cambiara?
-Es imposible
-¿Si nos conocemos y recuperamos los años que perdimos desde aquel campamento? –abrí mis ojos como platos
-¿De qué estás hablando?
-Sí, quiero decir –tragó saliva –no te estoy pidiendo que seamos novios ni nada por el estilo porque sé cuál será la respuesta. Pero ¿Y si intentamos conocernos?
-¿Cómo? ¿tener citas, flores, chocolates y todo eso? –fruncí el ceño escandalizada. Asintió
-Vamos Chris, si aquello no funciona. Entonces todo seguirá igual que antes –Se acercó a mí suavemente –y si funciona, entonces, veremos qué pasa con nosotros. –sonrió sincero. Titubé en mis pensamientos por varios segundos. El tipo de verdad parecía que quería intentar algo conmigo. ¿Y yo? Bueno, no tenía a nadie y sinceramente han pasado varios años de los cuales nadie me ha consentido de esa forma clásica romántica más que para abrirme las piernas o tener dedos para abrir un par de condones. –¿Qué me dices?
-No, no creo que sea buena idea –dije insegura
-Haré lo que sea para convencerte y cambies de opinión acerca de todo. Haré que te sientas una mujer completa Chris, una mujer amada y hermosa. Ya que, es eso exactamente lo que eres. –me sonrió tierno
-Nick…
-Vamos, sólo intentémoslo ¿Qué tenemos para perder? –no puedo creer que vaya a decir esto. Pero el tipo tenía razón ¿qué podía perder con eso? Si por algún motivo lo de las citas, pedidos románticos o cenas a la luz de la luna no me convencían para ser la novia de Nick entonces le diría y todo eso acabaría. Yo volvería a mis juergas de fin de semana y él a las suyas. ¿Qué tan malo podría ser?
-Quiero decir –pronuncié confusa –sí, creo que podemos intentarlo. –dije por último aceptando la propuesta. Cerrando un trato que en mi interior luchaba por saber si era buena o mala idea.
Y, para ser sincera, la segunda opción parecía tentadora a más no poder.
Caleb
-¿Estás enojado? –preguntó esa vocecita. Aquella vocecita de la pequeña y hermosa monstruo catalogada como mi hermana. La estaba arropando en su cama para cuando comenzó hacer una y otra vez esas malditas preguntas, las cuales si se le meten en su pequeña cabecita no hay forma sobrehumana de sacárselas. Habían pasado más de 2 horas desde que había terminado mi turno en la tienda y llegar a casa para hacerla dormir. Y en todo el maldito transcurso no paré de pensar en los pagos que debía de la inauguración de la tienda y por supuesto, en la propuesta que le hizo Melanie a Christine. Demonios ¿qué se suponía que debía hacer o decirle a mi hermana después de esa estupidez? O más bien, podía agradecerle por darme un pequeño empujón para acercarme más a la chica que me roba el sueño.
-¿Por qué lo estaría? –pregunté con un gesto serio, como si una pequeña de 9 años no notara el significado de aquello. Idiota.
-Por lo de Christine… –habló inocentemente. Mierda, no podía enojarme con esa mirada de inocencia. Era como mi debilidad, joder. Podría jurar que era idéntica al gato con botas con esa mirada famosa que derrite hasta el ser más serio.
-Lo encontré raro, no te lo voy a negar nena –dije para luego sentarme a su lado, su cara aún no cambiaba. –Pero si te cayó bien, no puedo negarte eso –ella asintió suspirando
-Además también lo hice por ti –fruncí el ceño
-¿Por mí?
-Nunca te he visto con una novia Caleb. Tampoco te he visto, realmente feliz –dijo con una sonrisa triste. Ante lo último no pude evitar sentirme mal.
-Soy feliz Mel, contigo lo soy –no mentí. Para nada y al parecer ella lo sabía
-Lo sé, pero no hablo en ese sentido. Quiero que seas feliz pero no sólo conmigo, sino contigo mismo. –tragué saliva. Cielos. ¿Desde cuándo una niña de tan sólo 9 años puede lograr hablarte de esa forma y dejarte totalmente desconcertado? No me lo creía, también por el hecho de que tuviera razón en que nunca me preocupé de la felicidad más que por la suya. Nunca por la mía. Desde la muerte de mis padres nunca logré ser completamente feliz más que por ver la sonrisa de Mel, dependiendo de ella. Una de las razones por la que nunca quise tener una relación amorosa era eso, pero ahora que veía a Melanie dispuesta que rehacer mi forma de vida en ese aspecto me desconcertaba. Como dicen, los niños tienen un sexto sentido y veía que a mi hermana le gustaba Christine para mí por alguna razón que no lograba entender. Eso y que no la conocía para nada, sólo con verla contemplándola supe aquello. Supe en su mirada que decía que aquella mujer era para mí.
Un escalofrío vagó por mi espalda de repente.
-¿Te cayó bien? –pregunté de nuevo tratando de desviarme de aquel tema de mi felicidad. Era algo que no iba en mis planes comunes, habían cosas más importantes. Como Mel. Quien asintió de inmediato –¿Cómo es eso? Ni siquiera la conoces…
-¿Recuerdas lo que me dijiste antes de llegar a la tienda?
Fruncí nuevamente el ceño
-Creo, bueno, no sé –ella bufó divertida
-Dijiste “me gustaría conocerla” –levantó sus pequeños hombros –supongo que yo también quiero. –Reí ante su explicación. No pude evitarlo, la abracé. Esa pequeña monstruo tenía más que mi corazón ganado y no quería ni imaginarme el día en el cual creciera. Me sentía un padre con ella, protector y dependiente de ella. Dios. –¿Crees que papá y mamá estén viéndonos en estos momentos? –preguntó ella luego de un buen instante abrazándola y sintiendo su colonia con olor a frutillas. La pregunta me tomó por sorpresa para que luego todo lo sentía en ese instante se fuera literalmente a la mierda. No era culpa de mi hermana por supuesto, pero cualquiera que tocara el tema de mis padres me tomaba de una forma débil y vulnerable comparado a como soy en realidad.
-Sí princesa –dije tratando de tragar ese jodido nudo en la garganta cada vez que hablaba de mis padres –y no sólo lo creo. Así es. Ellos nos cuidan y nos guían por cualquier camino que elijamos, siempre ha sido y será así.
-¿Cómo eran ellos Caleb? –pronunció aun abrazándome. Yo sólo podía seguir acariciándole su suave cabellera
-Eran, muy fuertes. Protectores pero sobre todo, alegres. Eran tan compatibles que cada día que los veía, sentía que se enamoraban más uno del otro –los recordaba con nostalgia. Cada día en los que mamá cocinaba esos asquerosos espaguetis que sólo le quedaban bien a papá, pero él los aceptaba sólo por el hecho de que lo hacía la mujer que amaba. Recordé cuántas veces él la abrazaba y la sorprendía cocinando por detrás diciéndole lo mucho que le gustaba verla en su cocina. Recordé cuando nació Mel, tres meses antes de sus muertes. Estaban tan felices por la llegada de la nueva integrante a la familia que invitaron a todos nuestros familiares a recibirla. Ayudé a papá a decorar el rosado cuarto de Melanie, cuándo jugábamos béisbol imitando a Adam Dunn en nuestro jardín y mamá nos reprochaba que entráramos a casa porque se aproximaba una tormenta. Incluso cuándo discutían por las cosas más absurdas que existían ellos aun así se demostraban su amor. Lo veía en sus ojos, en las miradas cómplices de unos mejores amigos, amantes y esposos.
-Me hubiera gustado conocerlos –solté una risa triste ante su pedido
-Estoy seguro que ellos dirían que eres la niña más linda del universo. Lo cual no es mentira
-Que tonto eres –dijo en una sonrisa
-Tú te pareces mucho a mamá, bueno, ambos tenemos sus grandes ojos. Creo que en la personalidad tienes un poco de ambos –dije sonriendo en su cabellera castaña, que por cierto, era igual a la mía. Ella terminó suspirando, dejándome ver que estaba cansada y que estaba a punto de irse a un sueño profundo y tranquilo.
-Te quiero Caleb, mucho –dijo suave y con los ojos entrecerrados dejándola con lentitud en su cama decorada con flores rosas. Le dejé un suave beso en su frente, cosa que hizo que mi corazón se encogiera.
-Y yo a ti pequeña monstruo –me despedí para luego apagar su luz, cuando noté que se había entregado a un sueño profundo claro. Mi pequeña estaba cansada.
Mañana será otro nuevo día.

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