jueves, 27 de noviembre de 2014

Capítulo 13 -Sensitive-

Christine

-¿De qué me estás hablando? –La mirada de Nick seguía de la misma forma cuando me hizo la pregunta. Joder, ahora tenía que hacerme la estúpida. No por mí, sino por Caleb. Estaba más que segura que si lograba abrir mi boca con respecto a mi “amistad” con él, no dudaría en hacerle lo peor. Y ya no quería involucrarlo en más problemas de los que ya ha vivido. Nick me proporcionó su vista confusa, pero muy directa y seria. Mis manos no podían mantenerse quietas ante aquello por lo que me hacía ver aún más nerviosa.

-Quiero decir, te vi llegar en su camioneta. Debe haber cierto tipo de confianza entre los dos si están así de juntos ¿no? –No pude evitar tragar saliva. Aunque pensándolo mejor ¿Por qué demonios tenía que darle explicación? Es el inspector, estúpida.

-Bueno –Titubeé. Piensa bien en lo que dirás, me decía a mí misma. Después de todo últimamente pasaba abriendo la boca para cagarla, eso estaba claro –Él ayer me pidió ayuda con el trabajo del trimestre, y para compensarme, decidió venir a dejarme –Eso era creíble. Aunque no sabía si el rubio se lo tragaría.

-Entonces ¿Por qué dejaste tu auto aquí? –Buena pregunta. Mierda, ahora piensa rápido puta.

-Mmh. Él me vino a buscar para después ir a dejarme, por lo que dejé mi auto acá. ¿Para qué gastar gasolina demás no? –Reí nerviosa ante mi patética forma de bromear con el tema. Nick me entrecerró los ojos, sabía que le estaba mintiendo. Por alguna razón le encontraba cualquier tipo de defecto emocional a ese hombre, excepto el de ser un idiota. Lo habían engañado antes de la peor forma posible y sabía, gracias a Alyssa, que aquellos hombres eran muy inteligentes en cuanto a descubrir mentiras. Ahora que lo miraba mejor. Era muy guapo, quiero decir, siempre lo encontré guapo. Pero tenía un aire sofisticación increíble, con un toque de erotismo. Diría que si lo veo trabajando en una oficina de abogado apostaría mil y una veces que se habría follado a todas sus secretarias. Por lo que no me costaría caer seducida ante él o por lo menos enamorarme. Lo que por cierto estaría muy lejos si es que lo puedo decir.

Aunque había un “pero”. La noche en la cual aparecieron los gemelos lujuriosos me hiso entender que de algún modo tenía que tener cuidado. Tenía un poder autoritario después de todo. Y tener aquella cualidad a simple vista debía ser peligroso.

Supe que se había resignado en cuanto relajó su ceño. Había creído esa vil mentira mía, pero no sabía si era del todo.

-Está bien, te creo –Asentí tranquila. Precavidamente el aire había vuelto a mis pulmones –No obstante, tengo que decirte que tengas cuidado. Cualquier estudiante del establecimiento puede verlos y pensar otra cosa. Y sabes, que aquí, los rumores abundan –Asentí nuevamente ante su aviso serio. Lo sabía.

-No te preocupes. Tendré precaución –Él exhaló. Como si hubiera estado todos estos segundos aguantando la respiración.

-Quería hablar contigo de otro asunto –Por primera vez se veía nervioso. Su semblante había cambiado, mierda, eso definitivamente no era bueno. Moví mi cabeza para que siguiera.

-¿Es algo malo? –Negó inmediatamente.

-Es algo de nosotros –Se le veía complicado, mierda –Sé que comenzamos con el pie izquierdo. Eso de las citas y el romanticismo sé que no es lo tuyo, como tampoco es lo mío –Inició bien. Esperaba que siguiera así –Pero eso no quita el hecho de que sea como sea, me gustas. –Aclaró acercando su paso hacia mí. Lo que me hiso retroceder instintivamente hacia atrás, haciéndome chocar con el maldito escritorio. Nick no dijo nada al respecto por lo que paró de acercarse quedando a una distancia determinada. Pero no ignorante, había entendido la indirecta.

-Nick…

-Y bueno, yo quería saber si tú… –Tragó saliva dirigiendo su mirada platinada hacia mí –Sentías lo mismo por mí –Puta madre. No pude evitar maldecir para mis adentros, pero sobre todo pensando en mi alumno de ojos como el mar.

¿Qué mierda me pasaba? Tenía que dejar de pensar así de él. Hace poco me había enterado que era virgen y las aventuras no eran parte de sus pensamientos como yo lo veía antes. Si no me acostaba con Caleb, el revoltijo en mi mente se profundizaría a un grado desconocido. Tenía miedo de seguir pensando de ese modo por lo que miré a Nick interrogativamente. No me costaría enamorarme de él, ya que era exactamente del tipo el cual me fijaría si estuviera en un bar. Pero ahí aparecía Caleb. Entremedio, como si no pudiera evitarlo él cruzaba mi mente como una supernova. La única alternativa que veía clara en esos momentos para poder estar y pensar mejor las cosas era acostarme con él. Hace mucho traía esa idea vagando por mi mente pero tenía que tener en cuenta el tiempo que me tardaría en hacerlo. Estaba claro que Caleb no era como los otros y extrañamente no quería que lo fuera. Para mí siempre fue fácil llevar a hombres a la cama, preferentemente mayores que yo, pero lo que tenía entre mis manos en ese instante era algo desconocido y tenía que manejarlo bien. Con cuidado, por alguna razón no quería Caleb me encontrara una “chica fácil”.

Sin embargo, había otro inconveniente. Nick seguía puesto en mi camino y en cierta forma no podía dejarlo escapar. No por sentir cosas iguales a las que siento con mi alumno. Sino por el hecho de inseguridades ¿Qué pasaba si con Caleb no me equivocaba con respecto a una lujuria momentánea? ¿Entonces qué me quedaba? Nick era un buen partido, como lo dije, no me costaría para nada enamorarme de él. Y no iba a arriesgar algo así sólo por unas confusiones que en reiteradas ocasiones me dejaban sin respuestas. Pero sin mentir, Caleb estaba abriendo sentimientos dentro de mí indefinibles.

-Escucha –susurré –Este no es un buen momento para hablar de eso

-¿Entonces cuál es? –Me interrumpió con la voz un poco alta. Asustándome en cierto modo –¿Cuándo es un buen momento Chris? ¿una cena? ¿para que luego aparezcan tus amantes? –Mi mandíbula casi tocó el piso. El idiota se había dado cuenta. Pero recordé una de las tantas frases de mi mejor amiga: “Miente, aunque te descubran, los secretos deben acompañarte hasta en tu tumba zorrita” Quise reír, pero el momento no lo propinaba, al recordar las palabras que me dijo la morena el día en que nos drogábamos en el bar de Ramón.

-¿Vas a seguir con eso? –De verdad me estaba sofocando con esa mierda. No tenía importancia para mí y no entendía el por qué lo era para él. Nick se sobó su rostro nervioso, al parecer estaba igual –¿Cuándo vas a entender que sólo eran mis amigos a los que no veía hace mucho? –Él tragó saliva volviendo a alzar su vista ante mí.

-Bien. Disculpa me salí de tema, eso ya está olvidado –Asentí dudosa. Suspiró.

-Respecto a lo de tu pregunta… –No había pensado en lo que le diría así que solo fui sincera –Me gustas en cierto punto. Pero –No era mentira. El hecho era que me gustaba, no podía negarme a lo obvio. Digo ¿a quién no le gustaría un hombre de casi treinta años, de gesto duro, bien formado físicamente, rubio y varonil como lo era él? Créanme, era un gran partido a simple vista. El caso acá era que ese gusto, no se comparaba a nada de lo que me pasaba con Caleb. Mierda. Me enredé con mis propias palabras para luego seguir, provocando la impresión del hombre –No estoy lista para una relación y nunca lo he estado.

Vi como su ceño se fruncía levemente.

-Lo sé pero –Noté el gran bulto de saliva que tragaba gracias a su manzana de adán. Estaba nervioso y a la vez confundido. Se acercó haciendo que mis sentidos de alerta despertaran, recordando que el escritorio seguía detrás de mí impidiendo el paso. Tragué saliva cuando estuvo a escaso centímetros de mí. Admitía el hecho de que tenía la culpa de eso, le dije que me gustaba y fui demasiado sincera al respecto –¿No te gustaría intentarlo?

-¿Eh? –Traté de hacerme la estúpida ante la susurrante pregunta.

-Chris ¿por qué no lo intentamos? –Pronunció acercándose aún más hasta tenerme presionada contra el escritorio. Su cuerpo y su altura eran mayores que yo por lo que zafarme era algo inútil –Mírame –No había notado que no le seguía la mirada por lo que subí mis ojos a los de él hasta que su vista azulada, nada igual a la de Caleb, me divisaba expectante.

-Nick, no lo sé

-Piénsalo –Pronunció apenas cerca de mis labios provocando, sin poder evitar, escalofríos por mi cuerpo –Nos conocemos desde que éramos unos críos. Pasamos buenos momentos en los que, se podrían volver a repetir si sólo me dijeras un fácil “sí” –Estaba poniéndome a prueba, no lo podía creer.

Demonios, no podía negar que el maldito era sexy. Entonces nuevamente apareció Caleb en mis jodidos pensamientos. ¿Qué le diría a él? No quería alejarme y la verdad era que en pocos días le tomé cariño sin saber cómo. Pero lo hice. Y ya no podía alejarme de él fácilmente como lo planeaba hacer. Pensé en la propuesta de Nick y raramente un sentimiento de comodidad me embriagó. ¿Qué pasaría si con él lograba por fin sacar todo sentimiento apenas creado por Caleb? Era una tonta idea y una muy cruel al usar una persona para eso. Debía olvidarme urgentemente de ese chico y la forma más rápida para hacerlo era la que tenía frente a mí a escasos centímetros.

-Yo –titubeé –¿No crees que vas muy rápido? –Al parecer se impresionó ante mi repentina pregunta a lo cual me miró receptivo

-Bueno –Movió incómodo su mandíbula –¿Rápido? Digo, sé que me equivoqué al tratarte de la peor forma esa noche. Y de verdad te pido perdón –Suspiró para luego retomar el aliento –Pero tienes que admitir que nos conocemos desde que éramos niños –Lo interrumpí, eso ya lo sabía. Lo que pasaba en ese instante era que no importaba si fuimos “novios” de forma inocente hace 10 años. En ese momento lo que importaba era que en esos 10 años no nos veíamos y no sabíamos si cada cual había cambiado. ¿Acaso eso no le molestaba ni un poco?

-Lo sé, pero no nos veíamos hace mucho

-¿Y qué? Ambos hemos cambiado y aun así sigo sintiendo lo mismo por ti como cuando nos conocimos –Dijo seguro. No había ni una sola pizca de duda en sus palabras –Por favor, sólo danos esta oportunidad a los dos. Te aseguro que no te arrepentirás –Mierda.

-¿Y si no funciona? –Pregunté insegura. Aun pensando en Caleb, maldición, cuándo pensaba salir de ahí. El rubio me sonrió, sabiendo que me tenía vulnerable entre sus manos. Nick me tomó de la cintura inesperadamente para acercarme por completo a él.

-¿Qué perderíamos? Absolutamente nada, solo terminaríamos y ya ¿no? –Tenía razón –Tu trabajo de profesora seguiría igual y mi trabajo, bueno, sería lo mismo –Asentí pensando relativamente la idea. Pensando en que de una vez por todas olvidaría a Caleb de una forma u otra –¿Qué me dices? –Preguntó cuándo me vio mirando a un punto indeterminado, seguían pensándolo por un instante en donde trataba de aguantar la respiración.

Después de unos segundos de revoltijos en mi mente en donde solo el nombre de Caleb aparecía terminé asintiendo. No tenía otra alternativa que dejarlo ir para concentrarme en lo que era mejor para los dos.

-Está bien, acepto –dije con una sonrisa triste. Eso bastó para que el rubio me tomara y me besara con dulzura. Lo acepté de igual forma, admitiendo a regañadientes que aquello nuevamente no se asemejaba al chico de hermosos ojos azules. Demonios, había accedido a su propuesta joder. ¿Quién lo diría? Christine Parker había decidido comenzar una relación seria por primera vez en la vida.

Y desde ahí, por supuesto, había comenzado todo.


Caleb

Había decidido esperarla con Melanie, quién seguía en el auto jugando con mi celular algún juego que tuviera. Los maestros del instituto generalmente salían por lo menos media hora y un poco más después de los estudiantes, lo que me daba tiempo de sobra para ir a buscar a mi hermana y venir a buscar a Christine.

Luego de un instante la vi salir con su tan definido y despampanante contoneo de caderas. Se notaba que estaba atareada ya que llevaba muchas carpetas en sus brazos y un bolso. Divisé cómo su mirada cambió cuando me vio. No fue algo de lo cual estar orgullo, ya que su vista sólo reflejaba amargura y culpabilidad. Tan siquiera se acercó dónde estaba mi camioneta o por lo menos para saludar a Melanie por lo que no dudé ni un segundo en extrañarme ante su actitud. Vi como cruzó el estacionamiento para llegar a su BMW, sin levantar la mirada ni dirigirme alguna sonrisa preciosa que comúnmente lo hacía.

¿Qué le pasaba? Repentinamente me enfadé conmigo mismo ante recibir esa ignorante postura de su parte. ¿Había hecho algo malo? Yendo a recordar el anterior día con lo que habíamos hecho con los chicos, y la extensa conversación que tuvimos en la mañana no indicaba para nada que toda su ignorancia se debiera a mí. ¿Habrá pasado algo en su trabajo? Mierda no toleraba aquella distancia, que intuía, comenzaba a notarse en ella y por ende, rebotaría en mí. Enojado por su postura decidí ir a encararla, pero entonces recordé a una pequeña clonación de mí versión niña que se encontraba en mi cacharro. Vi a Melanie totalmente tranquila jugando quién sabe en mi teléfono, lo único que sabía era que estaba bastante entretenida.

-Pequeña, iré arreglar un asunto –Dije en las afueras del auto, más precisamente en el lado de la ventana donde se encontraba sentada, esperando que despegara su mirada hipnotizada por el artefacto. Pero no lo hiso, sólo se dignó asentir, dándome a entender que de igual forma me escuchaba –Te quedarás aquí, sólo será un instante. Así que cerraré la camioneta por fuera por lo que no saldrás del auto ¿Estarás bien con eso? –Ella colocó un rostro de resignación girando su pequeña cabecita hacia mí. Mirándome con esos ojos azules iguales a los míos, comprobando que había perdido en el juego por culpa mía. Quise reír, pero aún estaba un poco confundido con Christine así que evité hacerlo.

-Estaré bien. Sólo ve –me dijo con su sonrisa tierna y linda. Asentí siguiendo con mi camino al auto de Chris.

-Mierda –chilló cuando me vio subir, sin avisar, a su BMW en el lado del copiloto asustándola por completo. Demonios. Mi cacharro al lado de esto parecía un calcetín comparado con un diamante. Ahora que lo pensaba un pequeño instante, jamás había entrado al auto de Christine. O al menos no recordaba haber entrado a algún auto parecido a este. Todo era de lujo, joder. Esto no era lo mío, pero no me importaba estar un momento más disfrutando de esa inmensa comodidad.

Ahora me importaba más la chica quien tenía a mi lado, quien me miraba atónita y con su teléfono en mano. Por lo que vi estaba hablado con alguien por mensaje de texto.

-¿Qué te pasa? –Pregunté antes de que ella dijera otra cosa. Me frunció su ceño, para luego relajarlo y suspirar. Creo que relajó su ímpetu luego de pasar el susto que le di

-La mayoría de las personas saludan primero –Tragó saliva nerviosamente después de hablar con ironía –No entran en autos ajenos para hacerlo.

-No te he saludado así que no cuenta –Ella bufó para luego guardar su teléfono. La miré confundido ante su manera de ignorarme. Cuando ingresé irrespetuosamente en su carro aún no arrancaba y ahora sabía el por qué –¿Qué te pasa? –volví a repetir. Christine me miró con duda pero a la vez nerviosa.

-¿Por qué supones que me pasa algo? –Levanté mis hombros acomodándome aún más en ese cómodo asiento del auto más lujoso que vi

-Porque no me saludaste. Ignoraste el hecho de que te estaba esperando –Frunció sus labios, que hermosa era maldición.

-¿Me esperabas a mí? No lo sabía –Bufé ¿a quién más esperaría media hora después de que todo el alumnado se fuera? Pensé para mí mismo. La veía tan distinta a como estaba hoy en la mañana. Joder –¿Qué querías hacer? –Suspiré pensando en lo que estuvo en mi mente toda la tarde.

-Quería que vinieras a mi casa y no sé, tal vez que comiéramos con Mel –Dije indiferente. Aunque por dentro sentía un maldito remolino. Ella asintió por un momento, viéndome de forma sensible. Como si le hubieran afectado aquellas palabras así que solo me sonrió con tristeza.

-Me hubiera encantado –Tragó saliva de nuevo para hablarme y mirarme fija –Dios, no sabes cuánto me hubiera encantado pero, demonios, tenía planes con una amiga y bueno –Titubeó al final. La interrumpí, si no quería estaba bien, no obstante admitía que me afectaba en cierta forma no poder compartir con ella.

-Si no quieres está bien –Negó de inmediato

-No es que no quiera es que, fue de improviso –Se tomó su frente, demostrando que estaba exhausta por alguna razón –Me envió un mensaje diciéndome que estaba en mi departamento esperándome y de por sí, no hay nada que haga que Alyssa cambie de opinión porque ella es tan –habló con rapidez. Trataba de encontrar las palabras concretas para describir a su amiga por lo que para tranquilizarla, puse mi mano en su mano inquieta. Para mi sorpresa logré relajarla. Algo me decía que no estaba incómoda por lo de su amiga, había algo más que no me decía y por supuesto tenía que ver con la pregunta que aún no me ha respondido.

-Tranquila –susurré. Christine volvió a mirarme con sensibilidad y culpabilidad –Te entiendo, será otro día. No te agobies –volvió a fruncir sus labios para luego sonreírme

-Es increíble ¿cómo lo haces? –Fruncí mi ceño ante su inesperado comentario.

-¿Qué cosa?

-Siempre logras cambiar mi humor de un momento a otro –Mi estómago se revolvió ante esa confesión. No supe cómo pero terminé sonrojándome como un jodido cobarde. Christine se estaba convirtiendo en la persona que sostenía mi estado de cualquier forma posible. En mis pensamientos de cada día aparecía ella. Cuando me dormía era lo último que veía antes de que me entregara en las manos de Morfeo, y en mis sueños era la única figura que alcanzaba a reconocer por lo que despertaba feliz. Feliz porque un nuevo día, sin demostrarlo, sabía que la vería. Sabiendo que ya cada cosa que he sentido por ella desde que la conocí no se podía evitar de aquí al mañana. ¿En pocos días se podía sentir aquello por una persona? ¿era eso posible? Me resultaba ilógico y poco probable. Pero si era así de imposible ¿por qué lo sentía yo? ¿por qué tenía esos sentimientos por primera vez en la vida? Parecía un cabrón confundido y enamorado. Me estaba enamorando. Mierda tal vez Eric tenía razón. Si eso era, no me importaba al saber que a la mujer que le daría todo por verla feliz, sería la que estaba sentada a mi lado sonriéndome.

-Christine –la llamé apenas tragando saliva. Su mirada iba desde mis ojos a mi boca. Jesús. –Quiero besarte –Me acerqué lentamente a quedando cara a cara. Ella en su asiento de piloto, y yo saliendo traviesamente del lugar que estaba al lado para poder acercarme más.

-Hazlo –susurró la castaña apenas en un hilo de voz, notando que estaba hipnotizada por el azul de mis ojos. Algo que comúnmente ella hacía seguido, por lo menos cuando me miraba detenidamente.

No quería esperar más así que corté nuestra poca distancia hecha y la besé con una lentitud y dureza que sentí como se estremecía. Ella cerró de inmediato sus ojos y respondió a mi gesto, acarició mi cuello con ambas manos para profundizar el beso. Mi lengua con pasión rozó la suya convirtiendo mis suspiros por esa chica, en escalofríos vagando por mi ancha espalda. Christine me volvía loco y sabía en mi interior que también provocaba lo mismo en ella.

Segundos infinitos estuvimos así lo cual agradecí. Todo esto era espectacular y entendí que aquello no me molestaría para nada tenerlo cada día por el resto de mi vida. Por un lado tenía miedo, lo admitía. Antes el solo hecho de estar de novio con alguien me causaba escalofríos y pensaba más que nada en el bienestar de mi hermana y que no sería bueno para ella, pero ahora lo veía todo tan familiarizado. Como si siempre lo hubiera querido desde primer lugar. Alguien que me acompañara en todo lo que me propusiera y yo hiciera lo mismo con ella, por lo que supe en ese instante es que Christine era aquella persona. Sus suspiros fueron siendo reiterados cuando la besé con mucha más pasión. Haciendo que mi lengua rebuscara la suya y supiera reguardar los gemidos estruendosos que evitaba sacar a la luz. Lo cual me ponía a mí aún más al cien. Mi cuerpo y mi corazón estaban tan agitados y de por sí nerviosos que no hallaba nada más que hacer que abrazarla y pegarla más a mí. No había duda en esto. Comenzaba a querer a Chris de una forma indefinible; pero a la vez me sentía tranquilo sabiendo que de un modo u otro ella también sentía lo mismo. Aunque aún no salieran sus propios labios esa verdad, lo tenía presente.

-Basta –susurró luego de un momento de besos húmedos, cuando se separó de mí bruscamente. Tragué saliva al ver su cambio de humor inmediato –Caleb, esto está mal –dijo seria y por poco alzando la voz, alejando cualquier contacto conmigo. Fruncí mi ceño.

-¿Qué está mal?

-Lo sabes –Pronunció apenas. No entiendo volví a repetir la pegunta

-¿Qué está mal? ¿besarnos? –Estaba encabronado y ni siquiera comprendía si era con ella o conmigo mismo –Eso no está mal si ambos queremos ¿no? –Christine me vio con ojos temerosos. No entendía su comportamiento por lo que deduje que mi cara daba un claro reflejo de dureza y neutralidad.

-Últimamente hemos estado haciendo cosas erróneas. Cosas que no son buenas, ni para ti ni para mí –Bufé irónico. Sin embargo, esas palabras me afectaron de sobremanera.

-Escucha. No tengo tiempo para hablar de esta mierda Chris, si no quieres seguir con lo que sea que estamos haciendo, está bien –Exhalé enfurecido. Pero tratando de controlar mi temperamento, aunque no sabía si iba muy bien con eso –Pero hay una pequeña, cuya niña es mi hermana y la cual encariñaste, que está esperándome en mi camioneta y la verdad es que no tengo ganas de hablar de esto justo ahora.

-No involucres a Melanie en esto, por favor –Era increíble, en la forma irónica claro.

-¿Qué no la involucre? –Suspiré –Tú la involucraste primero en el momento en que permitiste que se encariñara contigo –Reí con ironía. La cara de Christine, era totalmente confusa y llena de arrepentimiento –Aunque creo que yo fui el idiota por haber dejado que eso pasara.

-Por favor, no quiero hacer esto más difícil –Mi gesto indagó aún más –Perdóname por no acompañarte con tu hermana hoy pero, tenía planes –Dijo suspirando por último cuando no supo que más decir.

-Hoy estás más rara de lo normal ¿y sabes? –Pregunté enojado dispuesto a salir de su coche. Estaba enfurecido con ella y conmigo, joder –No sé si quiero saber la razón –Respondí por último para salir listo para llegar a mi coche.

Sentí que la puerta de su BMW volvió a sonar después de mi estruendoso portazo. Como también sentí unos tacones que venían a toda prisa detrás de mí. Una mano delgada tomó de mi brazo para obligarme a dar la vuelta y encarar a esa preciosa chica que ya realmente, no sabía si me correspondía. Me sentí enfurecido, encabronado pero sobre todo humillado. Mierda. Por esto no quería involucrarme con nadie, siempre saldría perdiendo. Simplemente eso de la “felicidad” y el “amor” no eran parte de mi plan de vida.

-Caleb por favor –Susurró cerca de mí. Mi rostro aún seguía neutro y duro, mierda –Por lo que más quieras, no me odies. No lo soportaría

-¿Y qué mierda quieres que haga? –Le alcé la voz como el cabrón que era mirándola con furor. Christine se asustó cuando lo hice y no era para menos. Ella tragó saliva.

-No me odies –volvió a susurrar cerca de mí –es lo único que te pido –Lancé una risa irónica ante su petición, no la odiaba y aunque quisiera, no podía hacerlo. Jamás lo haría y eso me enfurecía aún más.

-No puedo odiarte Chris –Pronuncié a lo bajo con rabia, dándome cuenta de lo obvio –Aunque quisiera, no puedo –Sus hermosos ojos verdes me miraron con interrogación, mordió su labio inferior con nerviosismo. Esos labios que aún estaban sonrosados por el encuentro que hace poco habíamos tenido. Ya estaba cansado de toda la mierda que estaba sintiendo, me deshice con dureza de su pequeña mano que aún sostenía mi brazo para volver a mi camioneta. Dándole la espalda nuevamente, pasando por todo el estacionamiento. Sus gritos de llamado me interrumpieron de nuevo.

-Caleb –me llamó con la voz alta a mis espaldas. Me giré con resignación para mirarla y verlas acercándose hacia mí, no dejaba que me fuera y la verdad era que necesitaba alejarme de su lado. Sabía que si estaba un instante más cerca de ella colapsaría de una forma u otra –No quiero dejar de ver a Melanie

-¿Qué? –No entendía lo que decía, o al menos no quería comprenderlo. Mi paciencia estaba sobrepasando los límites igual que su comentario respecto a mi hermana.

-Eso –asintió volviendo a tragar saliva –No quiero dejar de verla, ella es una niña espectacular y mañana –Titubeó –mañana tiene su fiesta y prometí cuidarla. Y eso es lo que voy hacer.

-Escucha Christine –Hablé tratando de controlar la furia que tenía por dentro. Traté de estar quieto pero ella, y su distanciamiento claro hacia mí me jodía mucho. No toleraba el hecho de perderla, ese era el caso. Me acerqué a ella con determinación –Cometí el error de dejar que alguien ajeno a mí se acercara a Melanie y lo peor, es que dejé que te convirtieras en alguien especial para ella.

-Dios –Exhaló tomando su frente con frustración –Caleb este no es el lugar para hablar, mierda –Rodé los ojos ¿entonces cuando? Me tenía en el límite con sus palabrerías y actitudes, pero aun así me gustaba joder. Me enojaba por ese hecho.

-Entonces cuando lo será ¿eh? –dije retórico. Bufó tomando su frente con frustración para luego mirarme pensativa y distante.

-Ven a mi departamento

-¿Eh?

-Eso –Habló apenas, noté que tenía un nudo en la garganta y se notaba bastante nerviosa. Hoy, era el peor día para nosotros. –Hoy ven conmigo, para hablar bien y si es que hoy y mañana serán las últimas veces que veré a tu hermana, quiero que pasemos el término para un buen momento. –Bien, ahora nuevamente me sorprendió. Fruncí mi ceño con notabilidad.

-¿Hablas en serio? –Apenas logré hablar, joder. Asintió resignada.

-Responderé a todas las preguntas que has tenido hoy después de verme –Suspiró –Va a estar mi amiga en el departamento y es un tanto “niña” para algunas cosas, así que creo que se llevará bien con Melanie mientras nosotros… –Levantó los hombros acongojada –hablamos –Completó por último entretanto en mi mente solo me dejaba sin habla y sin palabras. Tal vez funcionaría después de todo. Me quedé pensando un momento. Teníamos que desahogarnos y sacar todo lo que sentíamos a la luz. Era lo mejor para nosotros y sabes lo que pasaría a futuro.

-Está bien –terminé asintiendo. Christine completó nuestra charla con una sonrisa triste. Mi humor aún no había cambiado, seguía furioso conmigo mismo a excepción de un sentimiento que se acumuló en mi interior, el miedo. El miedo y la ansiedad se ajustaban bien a lo que sentía para esperar lo que tenía para decirme.

-De acuerdo vamos –Titubeó – vamos a buscar a Mel a tu carro para llevarla

-Espera –La interrumpí cuando iba dispuesta a su destino, es decir, mi hermana pequeña en mi carro –Podemos ir en mi camioneta, no hay problema con eso

-No –sonrió comprensiva –Hoy yo seré la chofer ¿está bien? –Supongo que los ánimos no estaban para ponerse a pelear por eso. Nuevamente asentí.



-Está bien


(…)



-Hola pequeña zorr –En el momento en el que abrió la puerta para abrirle a Christine, la voz chillona de una desconocida morena alegre, se vio obligada a interrumpirse al verme a mí y a mi hermana pequeña a su lado. Su sonrisa se convirtió en una de confusión. La castaña clara rodó los ojos para luego bufar, entrando sin hablar y dejar sus cosas en un pequeño mueble decorativo que tenía a un lado de la entrada. La morena con la mirada nos invitó a pasar para cerrar la puerta.

Me miraba interrogativa, juraba que me decía con la vista “¿quién demonios son?”. Entretanto Chris volvió a aparecer en la escena tensa con un pequeño vaso de alcohol en la mano. Al parecer no le importó el hecho de que su mejor amiga no le hablara, ni nada. Fruncí mi ceño compungido.

-¿Por qué diablos hay un vaso de vodka en la cocina? –Le preguntó Christine a la morena quien no quitaba la vista de nosotros con una ceja levantada, estaba esperando una explicación mía o algo. Mierda –Te he dicho que no me gusta que traigas alcohol.

-Corrección: Has dicho que en la semana no traiga alcohol–Respondió la morena girando su vista a ella –Y si nos fijamos en el calendario hoy es viernes, o sea, comienzo del fin de semana –Habló con una sonrisa orgullosa.

-Eres imposible –Bufó Christine de nuevo –Y supongo que la pizza que está en la encimera, la trajiste tú –Terminó asintiendo, aún la morena desconocida.

-Sí, porque tu comida apesta. Dime ¿quién come tarta de espinaca? –Preguntó con repulsión y asco –Eso es sólo obra de satanás –Bromeó con los brazos cruzados.

-Es comida y es saludable.

-¿Saludable para quién? ¿Popeye? Él no cuenta, es una caricatura –Melanie no pudo aguantar reprimir una risa ante la pataleta de la amiga de Chris. Admitía que su amiga parecía más su hermanita pequeña que su amiga. Me resultaba divertido en cierto aspecto su actitud, me recordaba bastante a Mel y sus berrinches. La morena miró a Melanie de forma admiradora –¿Lo ves? Hasta esta lindura de visita me encuentra la razón. Quienes por cierto, no me has presentado maleducada –Le recalcó a Christine, quien terminó por lanzar una risa irónica.

-Ella es Melanie, la hermana menor de Caleb –Por último me señaló con una mano. Ella saltó como un resorte para abrazar a mi pequeña monstruo provocando mi extrañeza y la vez diversión. Melanie con una risa aceptó su abrazo.

-Dios, es un gusto pequeña Melanie –La abrazó besando estruendosamente su mejilla, provocando una risa más de mi hermana.

-¿Cómo te llamas? –Preguntó con timidez y curiosidad la pequeña clonación mía. La morena se puso recta con una sonrisa de oreja a oreja.

-Mi nombre es Alyssa. Soy la mejor amiga de la comespinacas y tu futuro pase hacia la diversión infinita –Levantó ambas cejas al mismo tiempo reiteradamente. Sonrió una vez más para luego apartar la vista de la niña y verme a mí, haciéndome un leve saludo de manos, sin sacar su extrovertida sonrisa. Volvió a dirigir su vista a Melanie para abrazarla una vez más.

-Ya suéltala por Dios. La vas a ahogar –dijo sarcásticamente la chica con quien tendría una conversación más adelante, sin embargo después de un momento, seguía nervioso de aquello.

-Ash, no me hables mala amiga –Pronunció Alyssa mirándola con un fingido enojo luego de soltar a mi hermana por segunda vez –Si me hubieras avisado antes que teníamos visitas hubiera comprado una pizza más grande. Eso no se hace, menos con una lindura como esta –Dijo poniéndose al lado de Mel.

-Fue de último momento ¿sí? Además puedes llamar para pedir otra pizza a los gustos de Melanie ¿no? –Alyssa terminó por chillar asintiendo. Con una extrovertida risa volvió a abrazar a mi hermana pero con la única excepción de que ahora la tomó en sus brazos para levantarla. Mi hermana realmente parecía divertida con la situación, le había caído bien. De acuerdo esto iba mal.

-¿Te gustaría una pizza con todos tus gustos lindura? –Le preguntó a la pequeña quien asintió de inmediato con una sonrisa de oreja a oreja –Bien, entonces vamos a la cocina a pedirla porque a mí me dieron ganas de comer pizza y un par de patatas fritas –Con su extrovertida invitación desapareció por la puerta de la cocina dejándonos solos a mí y a la persona quien comenzaba a querer.

-Discúlpame por eso –Le fruncí el ceño.

-¿Por qué te disculpas?

-Alyssa es un poco… extrovertida e hiperactiva. Sobre todo con niñitas –Reí comprendiendo a lo que se refería.

-¿Por qué es así? –Suspiró sonriéndome.

-Nunca ha tenido una hermana menor. Creo que ese es su mayor sueño si es que lo puedo decir sabes –rió divertida –En cambio a sus deseos, ella se crio con hombres. Digo, tiene sólo dos hermanos mayores y vivió toda su vida así. Sin una oportunidad de estar alguien con quien compartir su sentimiento de “hermandad” o algo así –Dijo con melancolía divertida–Por eso, creo que nos consideramos como hermanas.

-¿Tú no tienes hermanos? –Me dio curiosidad de un momento a otro saber ese hecho. Negó suspirando, cambiando su semblante de un momento a otro –¿Conoces a sus hermanos? –El nerviosismo repentino se apoderó de ella al preguntarle de los familiares de su mejor amiga.

-Algo así –titubeó. Lo entendí todo, no soy idiota mierda.

-Te acostaste con ellos ¿no? –Pregunté serio, ni siquiera tenía ganas de saber la respuesta. La vi tragar saliva.

-Sólo con uno y bueno… él ya está casado y todo. No fue una relación ni nada. –Asintiendo sin querer saber más. Exhalé consternado, me había enfadado solo como un cabrón. No entendía por qué me enojaba por ese hecho. Hace una semana ni siquiera sabíamos de nuestras propias existencias y no había por qué avergonzarse por eso. Sin embargo, no quitaba la pequeña espina que había entre nosotros.

-Quiero que hablemos –dije cambiando de tema inmediatamente. Supuse que su amiga estaría jugando o hablando con Melanie un buen rato, al menos tiempo suficiente para que nosotros intercambiemos palabras que nos faltaban aclarar. Ella asintió de acuerdo.

-Vamos a mi cuarto. –Señaló con la cabeza para que la siguiera, así que lo hice.

Su habitación estaba decorada elegantemente, con una cama matrimonial, alfombras de un color rojo oscuro y paredes con retratos de ella con la morena extrovertida e incluso con su padre. Otras con su madre. No me sorprendí en cierta forma, había cierta forma de sofisticación en ella lo cual me gustaba aún más joder.

-Siéntate –la escuché decir para luego hacerlo. Me sentía un poco cansado en cierto aspecto –¿Qué es lo que quieres saber?

-¿Qué te pasó hoy? Si no fuera porque entré a tu auto sin pedirte permiso, no me hubieras hablado –Hablé de inmediato, de verdad estaba lleno de curiosidad con ese tema. Christine suspiró.

-Empecemos parte por parte –Dijo, aunque creo que fue algo más para ella misma. Asintiendo.

-De acuerdo

-Primero que nada quiero que entiendas o… que entendamos, ambos –Tragó saliva para luego volver a hablar con profundidad –Que entre los dos no hay nada y que nunca va a haber algo –susurró apenas, como si le afectara decirlo. La entendía. Esas palabras fueron como un puñal en mi pecho. Me dolieron, mierda. Apreté mi mandíbula con fuerza.

-Lo sé. ¿Era eso lo que te pasaba? –Pregunté acongojado a punto de romper nuevamente su pared. Ella negó cabizbaja

-Y-yo –Exhaló –Estoy intentando algo con alguien y, creo que no es bueno que sigamos con, lo que sea que estamos haciendo –Confesó viéndome los ojos. No tenía ni una idea de lo cuanto me afectaban sus palabras. Reí con ironía. No sabía de qué me sorprendía, desde que murieron mis padres supe que el amor en cualquier sentido de la palabra no existía para mí. Y aunque existiera siempre saldría dañado.

-Es con Harrison ¿verdad? –No respondió confirmando mi pregunta. Saqué todo el aire contenido sin darme cuenta. Volví a lanzar una risa sarcástica –No soy idiota y no sé por qué, pero me lo esperaba sabes.

-Te lo juro Caleb. Jamás quise hacerte daño, ni a ti ni a Melanie –Me levanté de la cama en donde estaba sentado. La furia comenzaba a crecer nuevamente y eso no era bueno.

-Entonces ¿qué esperabas? –Le hablé con voz alta acercándome amenazadoramente a ella, quien retrocedía con miedo hasta chocar con la dureza de su puerta. Estaba respirando en su rostro con brusquedad y sentí como se derretía mientras miraba mis ojos. No engañaba a nadie. Ella sentía lo mismo por mí, con la diferencia en que tenía más miedo que yo en cualquier aspecto –Dime ¿Qué mierda esperabas después de hacer todo lo que nos hiciste? ¿Qué te odiáramos?

-No lo sé –susurró cerca de mi rostro. Terminé poniendo ambos brazos en la puerta, uno a cada lado de su cabeza para encerrarla y que no pudiera salir de mi lado, nunca –Pero no esperaba esto.

-¿No esperabas esto? –Susurré de igual forma. Jugando con su anatomía, pegándome a ella como siempre lo he querido. Su pecho bajaba y subía, sentía todo su aliento agitado en mi boca como ella sentía lo mismo conmigo. Christine tragó saliva mirando con deseo mis labios. Y yo mierda, estaba ardiendo por poseerla y besarla hasta que el maldito mundo se acabara –¿No esperabas que yo te quisiera Christine? –Su mirada cambió de inmediato para encontrarse con la mía. La suya estaba repleta de impresión y sorpresa.

-¿Qué dijiste? –pronunció sin hablar. Incluso supuse por un instante que se desmayaría.

-Que te quiero Christine –Jugué con mi labios en los suyos sin despegar mi mirada de sus ojos como tampoco sin besarla, provocando que un gemido hermoso saliera de su boca. Quería que la besara, estaba claro –Te quiero como jamás pensé querer a alguien que no fuera mi familia. –Suspiré derrotado por ella y por su corazón.

-Estás loco –susurró. Con lágrimas a punto de salir de sus ojos. Lo sabía joder –Ni siquiera me conoces.

-¿Entonces como explicas el hecho de que te quiero con esta intensidad si no nos conocemos? –La pregunta dio en el clavo cuando ella no supo qué responder –Te quiero tanto Christine, tanto como tú me quieres a mí. –Christine tragó saliva.

-¿Cómo sabes que te quiero? –Me reí cerca de sus labios, provocando un leve cosquilleo entre ambos.

-Porque lo vi –Me frunció el ceño débilmente, interrogativa. –Porque lo vi en el primer momento en el que entraste a mi tienda, en el que giraste tu rostro hacia mí y quedaste hipnotizada viendo mis ojos. Desde ese momento lo supe Christine y tal cual como tú, no supe admitirlo. Hasta ahora –Con su mirada vidriosa por las lágrimas aguantadas nuevamente bajó su vista.

-No lo entiendes –Suspiró –Nada puede haber entre nosotros porque no estoy acostumbrada a lo desconocido –Terminó por sacar su primera lágrima –Soy tu profesora y tú un alumno. Tú eres blanco y yo soy negro. Tú eres menor, yo soy mayor. Yo soy sentido y tú eres sensibilidad. Somos tan diferentes que todo lo hace complicado –Relajó su respiración. Asentí comprendiéndola, viendo como lloraba en frente de mí. Tragué saliva comprendiendo todo, maldita sea.

-¿Crees que estando con otro vas a sacar eso de tu mente? –Negó.

-Pero al menos sabré que estoy haciendo lo correcto. Por ambos –Mis labios jugaron una vez a los roces con los suyos por última vez. Para luego separarse obligatoriamente. Ya todo me hacía abrir los ojos de una forma alucinante. Asintiendo hice que levantara mi vista hacia mí.

-Entiendo –Lo hacía, entendía todo y ya todo me era más fácil de entender –Mañana va a ser la última vez que veas a Melanie, porque como dijiste prometiste llevarla a su fiesta. Y las promesas se cumplen –dije serio cambiando de tema y con neutralidad. Suspiré revolviendo mi pelo frustrado. Quería golpear algo lo que sea, era capaz de todo joder. Era capaz de todo por Christine –Pero eso será todo. –Me acerqué a ella sin intenciones más que para hablarle con determinación. –Después de eso no volverás a saber de mí, ni de ella.

-Caleb…

-Has como si nunca hubieras entrado en mi tienda, ni que me hubieras conocido. Sólo soy tu alumno y nada más ¿me oyes? –Hablé sin titubear, pero tampoco demostrando enojo. Christine me miró incrédula y triste, con lágrimas débiles vagando por sus mejillas. Estaba todo claro.






“Todas las obras de arte deben empezar. . . Por el final.”

                                                                                               —Edgar Allan Poe

jueves, 13 de noviembre de 2014

Capítulo 12 -Sensitive-

Christine

Sabía que era la segunda vez que mi estorboso despertador sonaba. Joder ¿qué hora era? Entrecerré los ojos para acentuar mejor la fuerte luz que entraba por las persianas, indicaba con fervor que el sol estaba saliendo. Tenía que levantarme o llegaría tarde. Aunque en realidad lo primero que se me asomó no fue el hecho de ir al trabajo. Sino que por fin me relajaba o por lo menos después de tantos días por alguna razón despertaba feliz. Era final de semana. No podía negar que el día anterior lo había sentido más que largo. Pero ahora que lo pensaba mejor, había valido toda la jodida pena. Era viernes y por fin tendría tiempo de sobra para descansar sola en mi departamento después de mi empleo.

Me levanté con rapidez, me arreglé y maquillé suavemente con una lentitud que realmente me impresionó. Estaba feliz, contenta y extrañamente sonriente. Dios, ni yo misma encontraba respuesta a aquello. Aunque era una idiota al no encontrarla. Esa felicidad matutina sólo era gracias a mi alumno de ojos preciosos. Después de la larga jornada de ayer y luego de que su amigo nos viera besándonos, decidimos no volver a tocar el tema. Eso y que Caleb amenazó a Eric para que no abriera la boca respecto a lo que vio. Y la verdad es que no supe en qué momento terminamos despidiéndonos nuevamente con un beso intenso para después dejarme en la puerta de mi departamento. Me estiré en mi cama y lo último que recuerdo de anoche fue la sensación de haberme dormido con una gran sonrisa.

¿Desde cuándo era así? Mierda, mi comportamiento en serio me empezaba a preocupar de una forma inexplicable. Pero algo en mi interior me recordaba lo que había pensado la tarde anterior y era el hecho de que la respuesta a todo esto, era sólo la lujuria que sentía por Caleb. Nada más. Con eso claro todo debería ser más sencillo en cuanto a mis pensamientos o sentimientos hacia él, pero increíblemente no lo era. Seguía sintiendo cosas estúpidas que no podía definir.

El timbre interrumpió los últimos retoques que le daba al mínimo maquillaje que tenía. Me miré al espejo por última vez. Estaba bien vestida con aquellos jeans negros ajustados a mis largas piernas, tacones marrones y una blusa floreada pequeña, casi transparente y totalmente ajustada, o por lo menos a mí medida. Abrí y en pocas palabras quedé más blanca que un papel, definitivamente mi sonrisa se había borrado de la impresión.

Caleb se encontraba al frente mío con una de sus tantas camisas a cuadros y jeans rasgados, manos en sus bolsillos y su cabello característicamente desordenado. Dios santo.

-¿Qué haces aquí? –pregunté susurrante para luego arrepentirme. La realidad era que me encantaba la idea de que estuviera ahí, conmigo, pero la Christine mala e imbécil que poseía dentro de mí siempre me llevaba la contraria. Él me frunció el ceño

-Vaya. Al parecer tu memoria empeora con los días –fruncí mis labios no entendiendo. Que estúpida.

-Mmm –Caleb suspiró resignado

-¿De verdad no lo recuerdas?

-Mmm n-no –titubé. Joder era una idiota. El castaño bufó para luego sonreírme divertido.

-Dime ¿dónde está tu auto ahora? –Mierda. Ahora comprendía o más bien me acordaba de todo. La promesa de que me vendría a buscar para no darme el espantoso gusto de irme en taxi, ya que, mi carro se encontraba de igual forma que ayer en el instituto. Tomé mi frente exhalando, haciéndome un lado e invitándolo a pasar.

-Demonios. Lo había olvidado por completo –tontamente me tomé la cabeza. Él asintió –lo siento

-No te preocupes. Ahora si decidiste en último momento irte en un taxi yo no tengo proble –antes de que siguiera lo interrumpí. Me estaba probando, lo sabía.

-No, no es eso. Puedes ir a dejarme, es sólo que lo había olvidado. –Caleb asintió de nuevo.

-¿Y bien? ¿estás lista? –preguntó cuándo nos quedamos un leve instante sin despegarnos las vistas. Algo muy común entre nosotros. Lo que no era común era que Caleb era el que tuviera la cordura activa primero. Asentí aturdida.

-Espérame aquí. Iré por mis cosas –él asintió neutro. Algo le pasaba para variar y de por sí ya no me sorprendía de aquel hecho. Entré y salí de mi habitación lo más rápido que podía para tan sólo encontrar mi bolso y mi chaqueta. El clima aún no se regulaba completamente y ya comenzaba a notarse los primeros signos del otoño.

Salí y me encontré con una curiosa sorpresa. Caleb miraba una de las tantas fotos que tenía en diversas partes de mi pared. Todo esto en mi sala de estar. Noté como miraba algunas fotos donde aparecía de pequeña junto con mi madre. Otra más grande en la cual aparecía de la mano con mi padre. Incluso había un cuadro pequeño en una repisa donde me encontraba yo junto a mi padre, en la camilla donde se notaba completamente demacrado por su enfermedad, pero sin dejar de sonreírme. De sonreír para la cámara sabiendo que sería la última foto que se sacaría con su única hija. Tragué un buen bulto de saliva. Estaba tratando de investigar de mi vida.

-Estoy lista –lo interrumpí de su revisión. Vi cómo se colocó tenso al verme. No sabía lo que pasaba por su cabeza en el momento en que me dio su mirada furtiva y confusa. Aunque no negaba de que daría lo que fuera por saberlo.

-¿Quién es él? –preguntó sin pelos en la lengua. Señalando la famosa foto.

-¿Estás revisando mis cosas? –que estúpida pregunta, sobre todo por la forma seria en la que se la hice. Pero en ese momento ya no pensaba en nada que no fuera en él, ni en el miedo que sentía si llegaba descubrir mis cosas personales.

Levantó sus hombros.

-No pensé que te molestara que viera tus fotos –Negué con la cabeza.

-No me molesta

-Entonces… ¿quién es él? –suspiré. No se rendiría fácilmente.

-Nadie importante

-Si no es alguien importante ¿Por qué lo tienes en un cuadro de fotos? –sonó un poco irónico de su parte. Pero ahora que lo pensaba mejor, no había ninguna razón para que no le contara sólo esa parte de mi vida. Lo otro vendría solo con el tiempo. Suspiré resignándome a responderle.

-Mmm él, era, esto –su flamante voz me interrumpió de mi nerviosismo. Y mierda, aunque me costara admitirlo. Aún me afectaba hablar de él.

-Tu padre –no hubo ni una sola pizca de interrogación, así que le dio por completo en el clavo ante su afirmación. Demonios, no sabía si yo era demasiado evidente o él era un hechicero. Terminé asintiendo débilmente. Exhaló volviendo a mirar el otro retrato que tenía ahí. Con la diferencia con que ésta foto salía con mi madre –Lo supuse –fruncí mi ceño.

-Ah ¿sí? –asintió ahora dirigiendo su mirada hacia mí.

-Son iguales. Si no eran padre e hija de por sí serían familiares, eso te lo aseguro –tragué saliva. Siempre me decían lo mismo, sobre todo cuando pequeña y él estaba vivo. –¿Qué pasó con él? –Mierda. ¿Acaso hoy había despertado curioso?

-¿Por qué quieres saber todo eso? –De verdad me estaba cabreando y el chico estaba presionando cada vez más la herida. Caleb se sentó en mi sofá mirando hacia el suelo, con sus codos afirmados en sus rodillas.

-Ayer no pude dormir pensando en lo que me dijiste –soltó de golpe –Y tienes razón. No nos conocemos. –Lo apoyé asintiendo con mi cabeza. Con un instinto desconocido me coloqué a su lado en el sofá. La verdad era que no me importaba llegar tarde a el trabajo, de todas formas aún estábamos a la hora. Lo que me preocupaba de sobremanera era la conversación que conllevábamos, estaba nerviosa y tensa. Había tantas cosas sin decir, ocultas, atascadas en mi garganta.

-¿Y quieres conocerme? –le sonreí. Tenía que controlarme, apartar con precisión las cosas que diría y las que no. Caleb movió su cabeza afirmando mi pregunta. Suspiré. Bien, por dónde empezaba –De acuerdo ¿qué es lo primero que quieres saber?

-¿Cuántos años tienes? –tuve que reprimir una risa ante su pregunta tan primitiva y básica. Así que sólo me dediqué a responderle

-24. Eso ya lo sabías

-Quería cerciorarme si era verdad. Realmente pareces más joven, incluso más como mi compañera de clase que maestra –bufé divertida. Estaba ya bastante acostumbrada a que se sorprendieran con mi edad real e incluso con mi profesión. –¿Hace cuánto eres maestra?

-Desde el lunes –reí provocando su sonrisa –El año pasado recién terminé mi carrera y para mí siempre fue un sueño poder enseñar lo que más me gusta.

-¿Tu segundo nombre?

-Melissa

-¿Cuántos novios has tenido? –una pregunta personal y de relación. Algo interesante. Le sonreí, apostaba lo que fuera que no me creería lo que le diría.

-Cero –levantó una ceja irónico.

-No, Chris, por favor te pregunto en serio.

-Y yo te respondo en serio. Nunca he tenido novio –Dios, si hubiera tenido una cámara estaba demás decir que lo hubiera fotografiado. Era gracioso.

-¿Hablas de verdad?

-¿Por qué no me crees?

-Bueno –titubeó –eres una chica hermosa y no me cuadra el hecho de que nunca eh, bueno, tú sabes –Ignoré el dicho de su atributo. Decidí aclararlo.

-No es que sea monja Caleb, ni que merezca irme a un convento –reí ante esa estúpida idea –No soy para nada inocente en cuanto a hombres, pero han pasado cosas en mi vida que, me han enseñado que tener novio es sólo una carga para mi vida.

-¿Qué cosas? –levanté los hombros.

-No lo sé. Cuando adolescente siempre estuve interesada en chicos totalmente inalcanzables para mí. Siempre estuve atenta a ser amorosa con ellos, intentar acercarme de la forma clásica. Tú sabes, hablando, conociéndonos, tener una cita y que el romanticismo sólo sea parte de eso. Los buscaba porque –suspiré – Por cosas, sentimientos de soledad o depresión. Lo que sea. Pero después de un tiempo me di cuenta que todos esos hombres no buscaban aquello. Buscaban más facilidad, a chicas que sólo le sirvan para tener una revolcada en cuanto les hables y adiós. Nada de amor, ni sensibilidad, ni mucho menos gestos cariñosos. Para ellos nunca significaron nada.

-Así que tú decidiste ser igual ¿no? –asentí –¿Qué te hiso cambiar de opinión?

-Bastantes experiencias. Sólo eso. –Él se revolvió incómodo en el suave sofá.

-No sé qué decirte más que, bueno, no todos los hombres son así. –Exhaló –Existen los idiotas. Y lamentablemente en tu vida sólo te topaste con ellos. No con uno que valiera la pena.

-O tal vez yo no he sabido escoger –El castaño estuvo de acuerdo con sólo mirarme intensamente. Sus ojos, Dios.

-¿Te gusta leer? –asentí entendiendo que quería cambiar de tema –¿Cuál es tu libro favorito? –antes de que respondiera me interrumpió cerciorándose –Por favor, espero algo que no tenga que ver con vampiros, ni contratos sadomasoquistas porque de verdad me decepcionarías –reí ante su cara de espanto.

-No te preocupes –solté una risa –Jane Austen es una de mis novelistas favoritas. Y creo que Persuasión se ganaría ese puesto de favoritismo. –sonreí sinceramente –Ese y por supuesto Sentido y Sensibilidad, que están a la par ya que tienen la misma autora –Pronuncié divertida. Vi en su mirada como estuvo de acuerdo conmigo nuevamente.

-¿Has vivido siempre en Chicago? –asentí nuevamente –¿Por qué no te gusta el olor a cigarrillo? –La sonrisa se me evaporó. El cambio de tema que proporcionaba aquel chico era impresionante pero sin dejar de ser algo intenso.

-¿Por qué supones que no me gusta?

-No soy idiota. Puedo ver a kilómetros tu mirada de incomodidad cuando fumo –Irónicamente, me moví incómoda mi mandíbula. Esperando que no siguiera con su insistencia. –¿Me vas a decir o creo que metí la pata? –negué con la cabeza. Si se iba alejar de mí, prefería que lo hiciera ahora. Demonios, ya no podía fingir lo que empezaba a sentir por él. Lo mejor era decirle y había algo en su mirada que me incitaba a revelar mis más íntimos secretos. Ese chico no era malo y ni siquiera se asemejaba a lo que eran los chicos de hoy en día. Al menos en la mayoría.

-Sólo hazme una promesa –él asintió de inmediato. Mirándome directamente a los ojos, sabía que era sincero. –Prométeme que no le dirás a nadie. Dios, Caleb esto ni siquiera lo sabe mi propia madre. Sólo mi mejor amiga, que me conoce desde que tenemos uso de razón –Caleb se tensó. Ahora su gesto era mucho más serio. Algo me decía que podía confiar en él, no sabía si como un amigo o algo más, pero él tenía la llave que abría todo lo que había dentro de mí.

-Te he abierto las puertas de mi casa. Algo que no hago con cualquiera. –suspiró. Tomando mi mano, haciéndome sentir escalofríos –Créeme, puedes confiar en mí tanto como he confiado en ti en el momento en que dejé que entraras a mi vida.

-Prométemelo –dije apenas en un susurro. Tragando más saliva.

-Lo prometo –buscó mi mirada titubeante –Y lo juro por lo que más amo. –Sabía que se refería a su hermana. Lo cual me hiso adorarlo aún más.

-Mi padre murió de cáncer pulmonar –Sentía que de alguna u otra forma Caleb lo había descubierto por cuenta propia. –Él fumaba mucho, Dios, mi madre y yo siempre lo cuestionábamos por su exceso y su adicción al tabaco. Pero nunca nos escuchó. Hasta que llegó lo peor.

-Cáncer –afirmó él. Asentí.

-Nunca me lo dijeron hasta que regresé del campamento juvenil. Donde conocí a Nick. –Exhalé –Cuando regresé se acercaba mi cumpleaños y yo estaba emocionada. Demonios, Caleb, mi padre era todo para mí. Mi héroe, quien más admiraba, quería pasar mi cumpleaños con él. Pero cuando regresé, me encuentro a enfermeras y médicos por todos lados en mi casa –Mi voz se estaba quebrando, joder. –yo no entendía nada.

-¿Nunca te lo dijeron?

-No. Pensaron que era la manera en la que menos sufriría y tal vez por eso me enviaron a ese campamento. Para ausentarme mientras mi padre moría, los odié por un instante –Las imágenes que discutía con mi madre llegaron a mí como fuegos artificiales. –Pero al ver a mi padre de una manera tan demacrada, no me hacía pensar en otra cosa que no fuera él. Trataron de averiguar si podía haber algún trasplante o algo para curarlo, pero cuando supieron de su estado aquello era demasiado tarde. Sus días estaba contados –Tragué más saliva para continuar –Estaba ya en una cama cuando regresé ya que se había desmayado por una baja presión. El último tiempo pasó para él más rápido de lo que hubiera querido. Yo pasé mi cumpleaños a su lado que era lo que más me ponía feliz. No me importaba su estado, quería estar cerca de él y no me importaba cómo ni cuándo. –Terminé por soltar mi primera lágrima –Cumplí mis 15 años y tiempo después murió. No soportó más.

-¿Es por eso que odias el tabaco? ¿te recuerda a él? –La forma seria en que me preguntó aquello me hizo entender que no importaba lo que le dijera, él estaría conmigo siempre. Dios mío. Basta, joder.

Negué.

-Es una de las razones. Pero no es la principal –Suspiré limpiando aquella lágrima traviesa –Cuando él murió yo entré en una depresión profunda. Nada me hacía sonreír, todo estaba negro o en pausa para mí en el momento en que me dijeron que mi padre había muerto. Pero ¿sabes? irónicamente encontré la fórmula para recuperarme, y esa era el cigarrillo. –Vi como frunció su ceño.

-No entiendo

-Fumaba mucho. Cada día una cajetilla completa, por alguna razón, sentía que aquello me acercaba más a él. Lo sentía más cerca de mí con eso –Me mordí el labio inferior, estaba nerviosa. Este tema siempre sacaba lo más vulnerable de mí –Me salté un año de escuela por estar en la adicción al tabaco. Mi madre nunca se preocupó, pensó que era una etapa adolescente y de todas formas nunca me importó su preocupación –Ya no podía más, la verdad estaba a punto de salir por primera vez con alguien que no era mi mejor amiga –Y allá va el clímax de la historia –lancé una risa irónica. Caleb escuchaba atento –Antes de que mi padre muriera, mi madre conoció a su mejor amigo. Un hombre con unos pocos años mayor que él, muy misterioso para mi gusto. Siempre lo iba a visitar cuando estaba en cama o se desmayaba, etc. Aquel sujeto compartía sus puros con mi padre cuando se divertían felizmente y él estaba sano.

-¿Cuántos años tenías cuando lo conociste?

-16 –respondí con un nudo –Un día apareció en mi casa, diciendo que tenía que hablar con mi madre de un asunto de negocios. Yo en ese instante estaba fumando, bebiendo alcohol, completamente sola en mí casa. Ella no estaba así que le dije que podía quedarse a esperarla –Cerré mis ojos. Después de años aún seguía avergonzada de aquello –Me habló cosas buenas del pasado de mi padre y que lo conocía desde que eran niños. Me pareció simpático y amable a primera vista por lo que nos sentamos en la gran sala de estar de la casa, pero siempre en mi interior algo decía que ese hombre no tenía buenas intenciones. Un instinto.

-¿Qué pasó Chris? –Caleb me miraba confuso, interrogativo y ansioso. Todo en uno.

-Compartimos copas y cigarrillos por lo demás. No te voy a mentir. Una cosa llevó a la otra y después de un rato y terminé besando a ese hombre –Con mis manos me cubrí el rostro avergonzada –Te lo juro Caleb, yo no quería. Y la verdad era que no sabía qué me impulsó a besarlo; podía ser el alcohol, el tabaco o ambas. Él quería otra cosa. Demonios, ni siquiera sé por qué lo hice. Traté de pararlo pero él comenzó encimarse, colocarse encima de mí. Traté de empujarlo lejos. Pero era inútil. Aquel hombre tenía mucha fuerza. Era un ex del ejército, mierda, no podía hacer nada.

-Por favor dime que no es cierto –Sentía que el chico sabía lo que pasó después. Lo sentí en su voz de enojo y furia.

-Él abusó de mí Caleb –solté de golpe –Y a medida que lo hacía él fumaba, inhala su asqueroso puro y me lo echaba en la cara mientras me violaba. Yo gritaba desesperada, pidiendo ayuda pero era estúpido, estaba sola. Decía que era una hipócrita, que lo que me hacía me gustaba y que me gustaba aún más si fumaba con él. –Aún tenía esas imágenes en mi mente. Eran horrorosas y asquerosas, joder. Vi como el castaño estaba blanco como un papel y su mandíbula tensa. Me sorprendí por el hecho de que no se la dislocara.

-¿Qué pasó después? –susurró furioso. Ardiendo en enojo. Nunca pensé verlo así, mierda.

-Nada. Me amenazó diciéndome que si lo denunciaba a la policía, me arrepentiría. Ya que yo fui la que comenzó y la que quiso que pasara. Que todo eso fue solo mi culpa. –La segunda lágrima había salido. Joder, estaba aguantándome las lágrimas y no me estaba yendo bien –Yo no sabía que hacer más que acatar esas órdenes, tenía miedo. Nunca volvió a asomarse después de eso en mi casa. Por dentro yo estaba destrozada, quería quitarme la piel por lo sucia y puta que me sentía en ese momento. Pensé en mi padre y lo que pensaría él de mí. –Inhalé tratando de retomar el aire aguantado –Pero hay algo que se llevó de mí, mucho más preciado que mi adicción por aquellos asquerosos cigarrillos.

-¿Qué cosa? –susurró él sin saber. Pero sin dejar ese tono de furia y enojo de lado. Era impresionante verlo y ver como su vena de aquella frente sobresalía de su piel.

-Mi virginidad



Caleb

Lo primero que sentí después de que pronunciara esas dos palabras, fueron mis nudillos sangrar. Mi puño fue a parar contra la dura pared que tenía el hermoso y bien decorado departamento de Christine. Llegué a romper aquello y de por sí no fue difícil. Fue un instinto que no pude evitar. Tenía tanto enojo dentro de mí que era capaz de descuartizar a cualquiera que estuviera frente a mí. Lo que me acababa de contar Christine era lo más horroroso que había escuchado. ¿Toda esa mierda tuvo que pasar? Joder, estaba furioso.

-Caleb –me llamó a mis espaldas después de ver horrorizada su pared –Por favor. Lo siento si te hice daño

-Por favor dime que todo lo que me dijiste fue una broma de mal gusto –Ella no contestó. Maldición. –Mierda ¿después de años no has denunciado a ese hijo de puta? –grité colérico. Ni yo mismo me reconocía. Nunca en mi vida me había sentido tan enojado que en ese momento.

-No. Caleb, tenía miedo –pronunció susurrante –Eso ya está superado en mi vida. Es algo que me costó olvidar y que después de esta conversación, no quiero volver a recordar.

-Él te ensució y no hiciste nada. No dijiste nada Chris –Asintió arrepentida.

-¿Acaso piensas que me creerían? Mi madre nunca fue una buena madre para mí. Ponía su dinero siempre antes que a mí –suspiró. No lloraba, pero sentía que cada palabra que salía de su boca aún seguían afectándola de sobremanera –Y la policía, mierda, no tenía pruebas para decir aquello. Ese hombre era un ex del ejército, cada cosa que él haría no la tomarían en cuenta por su reputación en ese aspecto.

-Habían más opciones

-¿Cómo qué? –Exhaló –Siempre he estado sola. Mi mejor amiga me ayudó en su momento pero en sí siempre estuve sola

-¿Ella nunca pensó en tu bienestar denunciándolo? –Asintió de inmediato

-Por supuesto que sí. Yo nunca la dejé, y se quedó conmigo en todo. Ayudándome a dejar eso en el pasado –Tomó mi brazo para verme a los ojos. Sentí escalofríos y una extraña tranquilidad cuando lo hiso. Esa chica me volvía loco y sentía algo en mi interior que me incitaba a protegerla, a cuidarla de todo el daño que ha vivido. Tenía miedo de esas sensaciones, no voy a mentir –Por favor. Si te lo conté fue porque sentí que podía confiar en ti. Por favor no me decepciones –Tenía razón. Ella confió en mí y yo no podía desilusionarla, como tampoco podía dejar que alguien, ni yo mismo, le hicieran daño.

-Es por eso que buscaste amor en hombres que sólo querían sexo contigo –Lo entendí todo. Al fin las piezas me calzaban –Te sentías sola. –Ella terminó asintiendo

-Y nada me va hacer cambiar –La miré enojado pero al mismo tiempo resignado –Por favor, yo solo quiero olvidarme. Como lo he hecho durante todos estos años.

-Pero te hiso daño Chris –hablé retórico ¿Cómo podía autodestruirse así misma de ese modo? No lo comprendía, y yo no me comprendía a mí mismo el hecho de que haría todo lo que estuviera en mis manos para que ella fuera feliz.

-Lo sé. Pero ya pasó, él nunca volverá y mientras no lo haga yo voy a estar bien –susurró –He tratado este tema en mi mente indiferente a mi vida y quiero que tú lo hagas del mismo modo.

-Pero

-“Pero” nada. Has esto por mi ¿sí? –Me suplicó. Sus ojos me suplicaban que olvidara el tema, pero demonios, me costaba. –Por, nuestra amistad –tragó saliva. El hecho de que dijera “amistad” me tensó, no lo niego. Tal cual como también la tensó a ella. No nos podíamos mentir a nosotros mismos. Pero lo dejé pasar.

-Trataré –pronuncié con la mandíbula apretada. Si tan sólo tuviera ese hijo de puta en frente mío –Pero antes de seguir quiero saber algo. –Christine asintió de inmediato –¿Cuál era su nombre?

-No te rendirás fácilmente ¿no? –suspiró resignada. No le respondí, confirmando su pregunta –Frederick. Su nombre era Frederick –Asentí. No olvidaría aquello.

-Bien –Ella me sonrió tristemente –¿Por qué me sonríes? ¿te parece gracioso verme furioso? –Christine lanzó una risa leve, negando con la cabeza.

-Ahora me toca a mí preguntarte –Terminé por tragar saliva. Mierda. Ahora me preguntaría cosas de mi vida, personales. No sabía si estaba listo. Christine llegaba a ser muy impredecible en esta forma y no sabía si era algo bueno o una verdadera pesadilla. Asentí escuchándola y sentándome a su lado nuevamente.

-Antes que empieces, me quiero disculpar por –Señalé con la mirada el orificio que dejé en su pared por el golpe. Ella rio –Te lo voy a pagar.

-No te preocupes por el dinero. Yo lo arreglaré, te aseguro que no costará mucho –habló simplemente. Fruncí mi ceño

-No Christine. Yo lo voy a pagar y por favor, no quiero que discutamos eso

-Caleb para mí no es problema –la interrumpí. Joder.

-No puedes estar a cada instante pagando mis cosas. Fue suficiente con la tienda y los regalos que le hiciste a Melanie. –Rodó los ojos. Mierda, era tan niña a veces. ¿No entendía que yo no quiero su maldito dinero?

-Eres tan terco a veces –resopló. La miré retórico a lo que ella sólo me sonrió divertida –Pero bueno, voy comenzar con mis preguntas. ¿Color favorito? –Qué básica pregunta. Aunque la agradecí en cierta forma

-Azul –ella asintió

-¿Hace cuánto tienes tu tienda de discos? –Bien, una pregunta más o menos personal.

-Desde que –tragué saliva –Eso no importa, la tengo desde que era pequeño –Noté en su mirada verde que tenía mucha curiosidad conmigo, pero no se atrevía. Por alguna razón.

-¿De verdad nunca has tenido novia? –preguntó incrédula. La miré divertido. ¿Con qué derecho me preguntaba eso? Demonios, cuando ella estaba de la misma forma. Negué con la cabeza, aún divertido –¿Nadie de nadie? –volví a negar

-Nadie de nadie –le confirmé. Christine se acomodó su garganta.

-Digo, es obvio que has tenido tus aventuras diarias. Pero hablo, siendo un chico que de por sí tiene más neuronas que sus hormonas alborotadas ¿No te han dado ganas de tener a alguien a quien llamar “amor”? –Fruncí mi ceño notoriamente.

-¿En qué momento te dije que tenía aventuras diarias? –pregunté confuso. No recordaba haberle hablado de mi vida sexual. Vi cómo se sonrojaba al extremo, me dieron ganas de besarla, no lo niego. La castaña tragó saliva nerviosa.

-Pero es obvio ¿no? Cualquiera que tuviera tu edad, tiene una vida sexual, relativamente activa –Fruncí el ceño para luego soltar una gran carcajada. Provocando aún más el sonrojo de la chica. Dios, me dolía el maldito estómago de tanto reírme. De verdad, ninguna chica se comparaba a Christine. Era increíble como mi humor cambiaba con ella –No entiendo cuál es la gracia –Habló seria. Aunque sabía que en el fondo quería reír.

Cuando me hablé mentalmente para relajarme y tranquilizar mi risa la enfrenté.

-No entiendo de qué te ríes Caleb

-La primera vez que me preguntaste si tenía novia. Dime Chris ¿qué fue lo que te respondí? –La vi pensando un instante.

-Que para ti lo principal era Melanie y no tenías tiempo para una novia. Ni para encargarte de nadie –repitió exactamente las mismas palabras que le di ese día. Y que aún seguían vigentes en mi mente. Asentí.

-Es exactamente para toda clase de “relación” que haga. Ni para aventuras ni para novias, ni para nada. El cuidado de Melanie para mí es esencial y toda mi vida ha sido así –Hablé seriamente. Christine me miró con los ojos entrecerrados.

-Entonces ¿nunca has tenido algo de sexo sin compromiso? –Preguntó casi sin habla. Sabía que hablaba en serio. Terminé negando con mi cabeza –O sea ¿eres virgen?

-Sí Christine, soy virgen –Respondí divertido y noté cómo la impresión dominaba su rostro y la dejaba totalmente anonadada. ¿No me creía? ¿Desde cuando existen las reglas en las que un hombre no puede ser virgen? Demonios, nunca he tenido sexo y es que jamás me ha importado. Hay cosas que en mi vida que son más importantes que esas. Empezando por Melanie.

-No te creo –logró pronunciar. Bufé.

-No me creas. De todas formas te estoy diciendo la verdad –Levanté mis hombros. Ya no encontraba interesante ese tema. Así que traté de seguir con sus mágicas preguntas –¿Alguna otra pregunta?

-Caleb ¿me hablas en serio? Tienes casi 18 años –No entendía su asombro. Aunque igual decidí responder.

-¿Para qué te mentiría Christine? Dime ¿qué ganaría con eso? –ella quedó aún más sorprendida. Era gracioso pero a la vez intenso.

-No lo sé –Suspiró tomando su frente. Como si se hubiera arrepentido de hacer algo –Bueno, tienes que admitir que es algo raro ver hoy en día a un chico, esto, virgen. –Asentí –Más aún un chico como tú –Fruncí el ceño.

-¿Un chico como yo?

-Sí, digo. Guapo –rió nerviosa –Estoy segura que no te faltaron las oportunidades

-¿Crees que soy guapo? –le sonreí engreídamente. Christine me sonrió nerviosa, terminando de sonrojarse levemente –Pero sí, tienes razón, nunca me faltaron las oportunidades.

-¿No crees que eres guapo? –volví a levantar los hombros.

-No soy como Eric. No me importa mucho cómo me vea, ni cómo me vean las chicas –Le hablé con simpleza –Como te dije. Tengo cosas más importantes en las que pensar –Ella comprendió. Entonces entendí que aquel tema ya estaba zanjado, no me importaba lo que pensara de mí en mis inexperiencias. Sabía de sobra que no necesitaba de aquello para estar bien.

-Bueno, entonces, siguiendo con mis preguntas –Se volvió a acomodar su garganta. Sabía que en su mente seguía pensando en aquello. Lo cual me divertía. Christine podía llegar a ser muy niña a veces y me encantaba así –Mmm, sé que te debe incomodar esto pero ¿Por qué repetiste un año? –Suspiré. Mi sonrisa de diversión que tenía hace unos segundos se había evaporado. Aquel tema era un tema sensible, igual que cualquier tema personal que he tenido en mi vida.

-Melanie se enfermó –La mirada de Christine cambió a una de angustia. La entendía. El año pasado, yo estaba peor –Le detectaron anemia. Estuvo unos días en los que estuvo débil, por lo que la tuvieron que internar en el hospital por un corto tiempo. Por lo menos hasta que tuviera fuerza. –Exhalé –El día en que le dieron de alta me prometí a mí mismo no dejarla sola nunca. Decidí saltarme un año para cuidarla y lo mismo decidí con ella para que no entrara por un tiempo a la escuela, no me importaba. La salud de Melanie para mí siempre fue primordial. Créeme Chris, yo soy capaz de hacer cualquier cosa por mi hermana.

Ella asintió.

-¿Está mejor ahora? –preguntó preocupada. Asentí serio –Caleb, perdóname si te afecta que te haga esta pregunta.

-¿Otra pregunta personal? –Hablé divertido pero a la vez tenso por dentro. No sabía si estaba preparado para la curiosidad de Christine. Ella tragó saliva.

-Cuéntame de tus padres –Mi gesto se endureció. Sabía que tenía que ver con algo parecido, no me cabía duda joder.

-¿Por qué quieres saber de ellos? –Fui un cabrón imbécil en la forma tan dura en la que le hablé. Deseé con todas mis fuerzas no hacerlo, pero ese tema maldición, era tan personal. Y más que personal, odiaba el hecho de pensar que ella me viera de sólo una forma lastimosa. Levantó sus delgados hombros.

-Nunca me has hablado de tu familia más que de Melanie. Perdóname, pero no me puedes culpar por querer saber de ti –Le fruncí el ceño. Levanté mi mano para ver mi reloj y la maldita hora. Joder, estábamos más que atrasados con nuestra “conversación”

-Tenemos que irnos. Ya es tarde –Sentí su pequeña mano tomar mi brazo, evitando que me levantara del sofá –¿Qué es lo que esperas que te diga? –le pregunté furioso. Mierda. Se asustó, lo sabía. Pero de una increíble manera logró hablarme con rectitud.

-No espero que me digas nada. Sólo quiero que confíes en mí, de igual forma como yo lo hice –Pronunció con determinación. Me sorprendió.

-Mis padres murieron en un accidente automovilístico –solté de golpe y con furia. Más conmigo mismo que con ella. Que por cierto, me miraba atenta pero increíblemente sin sorpresa ni pena. Exactamente cómo me miraban cuando todos mis familiares se enteraron de sus muertes –Tenía apenas 8 años. Tenía 8 cuando me enteré que en una distracción en el auto de papá, un maldito camión forestal chocó por el lado de mi madre matándola primero para luego asesinar a mi padre –Tragué saliva para volver hablar con dureza –Melanie tenía apenas 3 meses de nacida cuando eso pasó. Yo me quedé solo cuidándola, y ahora si piensas que con tus ojos llenos pena hacia mí logras algo, te sugiero que no lo hagas. Porque me importa una reverenda mierda –Christine para mi impresión personal no dijo nada, solo se dignó a hacer algo que en verdad, hacía bastante que no recibía. Un abrazo. Un abrazo que me dejó en cielo.

Mi nariz tocaba algunas partes desnudas de su cuerpo, sus hombros. Olía de maravilla y yo sólo me dispuse a tomarla de la cintura. Me encantaba, demonios, no tenía problema en admitirlo. Christine me abrazó por los hombros. Joder, suspiré en su piel causándole escalofríos.

-Puedes contar conmigo para lo que sea Caleb –susurró cuando levantó su cabeza de mis hombros para verme a los ojos –No me importa lo que hayas pasado. Nada más me importa ¿por qué te cuesta tanto creerlo? –La besé tan lentamente. No pude aguantarme, mierda. Aquella chica me volvía loco, me encantaba. Christine suspiró en cuanto lo hice para responderme de la misma forma.

Había algo tan distinto en ese beso. Tranquilidad, paz y… amor. La sensibilidad de aquello me hiso sentir escalofríos. Sus labios suavemente se acoplaban con los míos con mucha lentitud. Mi lengua apenas se rozaba una que otra vez con la suya. Mis manos en su cintura la acariciaban con delicadeza.

-Me encantas –susurré para volver a besarla. Ahora, más pasional que antes. No dejando que Christine hablara, aunque lo que alcancé a ver fue la impresión del rostro sin habla que me proporcionó. Me correspondió de igual forma cuando la volví a besar. Besarla era el maldito paraíso. Cada gemido que se aguantaba y quedaba en su garganta, me hacía abrazarla aún más hacia mí –Me encantas Christine –volví a susurrarle. Su vista se abrió ante mi rostro. Sus hermosos ojos iban desde mi mirada azulada hasta mis labios, que estaban un poco hinchados por el buen momento en donde se compartieron con los suyos, que se encontraban de la misma forma.

Noté cómo me fruncía su ceño para luego apaciguar su mirada. Todo esto pensativa. Mierda, daría lo que fuera para saber lo que pasaba por su mente. Luego de unos segundos, sin hablarme…

Volvió a besarme.


Christine

Llegué media hora tarde al aula de los chicos de 2º año. Joder, estaba hiperventilada de todo lo que pasó esa corta mañana. Pero sobre todo, sin sacar de mi mente los besos que Caleb y yo nos habíamos dado desde que salimos desde nuestro departamento hasta que estuvimos dentro de su camioneta.

Luego de toda la hora enseñando, llegó la hora de receso. Por suerte cuando llegué no estaba Nick para me cuestionara mi llegada tarde, nadie me vio y estaba más que segura que los chicos a quienes les di clases no dirían nada. Cuando estuve un pequeño instante en el aula me puse a pensar en la estrecha relación que tenía con un alumno. Joder, estar con Caleb me traería problemas si se enteraba en el instituto. No lo dudaba, mierda. Pero lo que me relajaba de por sí era el hecho de que Caleb estaba a punto de cumplir su mayoría de edad en unos días.

En cierto punto eso era bueno en el ámbito legal. Pero en el profesional ni de mierda, perdería mi empleo. Me puse a pensar en todo lo que nos dijimos el uno con el otro hoy en la mañana ¿Quién iba a imaginar que mi departamento fuera el testigo de todas nuestras verdades? Sabía que aún faltaban más, pero no eran esenciales. Había sabido tomar bien la verdad de sus padres aunque por dentro me desmoroné al escuchar aquella cruel historia. También le hablé de Frederick, un nombre que siempre he ignorado y que prefería que siguiera así. Lo que me sorprendió de sobremanera fue su actitud al saber de él. Se había enfurecido y yo jamás lo imaginé ver de esa forma. Pero ya no había nada de lo que enojarse, él ya no era parte de mis pesadillas y esperaba que fuera así por el resto de mi vida.

La puerta del salón sonó y se abrió de repente. Sacándome de mis cortos pensamientos. Se abrió mostrando la presencia de Nick. Los nervios se apoderaron de mí al recordar la última vez que nos vimos. Ya no quedaba nadie en el aula por lo que entró y cerró rápidamente para mirarme neutro

-¿Por qué llegaste tan tarde? –Tragué saliva. Traté de no parecer nerviosa por lo que me paré de mi asiento para mirarlo.

-Me quedé dormida. Lo siento –Asintió serio –¿Qué quieres? –No sé cómo fui capaz de hablarle con tal altanería pero no me arrepentí. Él se acercó a mí a paso lento

-Ayer no te vi mucho en el instituto y no tuve oportunidad para hablarte

-Estuve un poco ocupada –mentí. Nick me miró a los ojos. Había cierto arrepentimiento en los suyos.

-Quería pedirte disculpas –Sabía a lo que se refería. Recordé la fuerza de su brazo presionarme ese día. Asentí comprendiendo –Me puse celoso y no te miento. Te imaginé con ellos y… perdóname. Fui un idiota al hablarte de esa forma.

-Lo fuiste –afirmé. Vi cómo apretó su mandíbula, lo cual por alguna razón me dio un poco de miedo –Pero no te preocupes. El tema ya está olvidado –Él asintió agradecido y de sorpresa mía, me abrazó. Joder aquel abrazo por más que traté de compararlo con los brazos de Caleb sobre mí, no había manera de hacerlo. Esos dos eran más que diferentes y no había forma de compararlos. Caleb era el que me hacía sentir cosas impresionantes.

-Gracias –dijo cuándo se separó lentamente de mí. Asentí con una sonrisa fingida –Pero Chris ¿puedo hacerte una pregunta? –Su mirada se hizo punzante de un momento a otro. Me entró la curiosidad de su actitud tan alejada, así que terminé afirmando.

-Claro ¿qué es? –Nick titubeó por un instante

-Antes de que entraras hoy al instituto… –La mirada de él cambió notablemente. La seriedad se apoderó de su rostro y me habló con dureza –Vi tu auto –El nerviosismo llenó mis censores y suspiré. Tenía que hacerme la idiota

-Ah ¿si? –pregunté con curiosidad. Nick asintió

-No sé. Cuando llegué vi tu auto, pensé que habías llegado más temprano de lo normal cuando me entero que –Se acomodó su garganta antes de seguir. Algo estaba insinuando –Tu auto estuvo aquí toda la noche –le confirmé aquello asintiendo de nuevo.

-Sí, es que me vino a buscar una amiga y –El rubio me interrumpió

-No tienes que explicarme nada. Sólo quiero hacerte una pregunta porque hoy, raramente, te vi llegar en una camioneta –De acuerdo, ahora sí estaba jodida. Nick me vio. –Con Caleb

Me acomodé la garganta nerviosa y al parecer, me sonrojé notablemente porque sentí mis mejillas arder.

-¿Disculpa?

-Te vi llegar con Caleb –Soltó de una manera agresiva, pero sin levantar la voz. Se acercó amenazadoramente –¿Qué te traes con ese niñato, Chris?



Mierda.