jueves, 13 de noviembre de 2014

Capítulo 12 -Sensitive-

Christine

Sabía que era la segunda vez que mi estorboso despertador sonaba. Joder ¿qué hora era? Entrecerré los ojos para acentuar mejor la fuerte luz que entraba por las persianas, indicaba con fervor que el sol estaba saliendo. Tenía que levantarme o llegaría tarde. Aunque en realidad lo primero que se me asomó no fue el hecho de ir al trabajo. Sino que por fin me relajaba o por lo menos después de tantos días por alguna razón despertaba feliz. Era final de semana. No podía negar que el día anterior lo había sentido más que largo. Pero ahora que lo pensaba mejor, había valido toda la jodida pena. Era viernes y por fin tendría tiempo de sobra para descansar sola en mi departamento después de mi empleo.

Me levanté con rapidez, me arreglé y maquillé suavemente con una lentitud que realmente me impresionó. Estaba feliz, contenta y extrañamente sonriente. Dios, ni yo misma encontraba respuesta a aquello. Aunque era una idiota al no encontrarla. Esa felicidad matutina sólo era gracias a mi alumno de ojos preciosos. Después de la larga jornada de ayer y luego de que su amigo nos viera besándonos, decidimos no volver a tocar el tema. Eso y que Caleb amenazó a Eric para que no abriera la boca respecto a lo que vio. Y la verdad es que no supe en qué momento terminamos despidiéndonos nuevamente con un beso intenso para después dejarme en la puerta de mi departamento. Me estiré en mi cama y lo último que recuerdo de anoche fue la sensación de haberme dormido con una gran sonrisa.

¿Desde cuándo era así? Mierda, mi comportamiento en serio me empezaba a preocupar de una forma inexplicable. Pero algo en mi interior me recordaba lo que había pensado la tarde anterior y era el hecho de que la respuesta a todo esto, era sólo la lujuria que sentía por Caleb. Nada más. Con eso claro todo debería ser más sencillo en cuanto a mis pensamientos o sentimientos hacia él, pero increíblemente no lo era. Seguía sintiendo cosas estúpidas que no podía definir.

El timbre interrumpió los últimos retoques que le daba al mínimo maquillaje que tenía. Me miré al espejo por última vez. Estaba bien vestida con aquellos jeans negros ajustados a mis largas piernas, tacones marrones y una blusa floreada pequeña, casi transparente y totalmente ajustada, o por lo menos a mí medida. Abrí y en pocas palabras quedé más blanca que un papel, definitivamente mi sonrisa se había borrado de la impresión.

Caleb se encontraba al frente mío con una de sus tantas camisas a cuadros y jeans rasgados, manos en sus bolsillos y su cabello característicamente desordenado. Dios santo.

-¿Qué haces aquí? –pregunté susurrante para luego arrepentirme. La realidad era que me encantaba la idea de que estuviera ahí, conmigo, pero la Christine mala e imbécil que poseía dentro de mí siempre me llevaba la contraria. Él me frunció el ceño

-Vaya. Al parecer tu memoria empeora con los días –fruncí mis labios no entendiendo. Que estúpida.

-Mmm –Caleb suspiró resignado

-¿De verdad no lo recuerdas?

-Mmm n-no –titubé. Joder era una idiota. El castaño bufó para luego sonreírme divertido.

-Dime ¿dónde está tu auto ahora? –Mierda. Ahora comprendía o más bien me acordaba de todo. La promesa de que me vendría a buscar para no darme el espantoso gusto de irme en taxi, ya que, mi carro se encontraba de igual forma que ayer en el instituto. Tomé mi frente exhalando, haciéndome un lado e invitándolo a pasar.

-Demonios. Lo había olvidado por completo –tontamente me tomé la cabeza. Él asintió –lo siento

-No te preocupes. Ahora si decidiste en último momento irte en un taxi yo no tengo proble –antes de que siguiera lo interrumpí. Me estaba probando, lo sabía.

-No, no es eso. Puedes ir a dejarme, es sólo que lo había olvidado. –Caleb asintió de nuevo.

-¿Y bien? ¿estás lista? –preguntó cuándo nos quedamos un leve instante sin despegarnos las vistas. Algo muy común entre nosotros. Lo que no era común era que Caleb era el que tuviera la cordura activa primero. Asentí aturdida.

-Espérame aquí. Iré por mis cosas –él asintió neutro. Algo le pasaba para variar y de por sí ya no me sorprendía de aquel hecho. Entré y salí de mi habitación lo más rápido que podía para tan sólo encontrar mi bolso y mi chaqueta. El clima aún no se regulaba completamente y ya comenzaba a notarse los primeros signos del otoño.

Salí y me encontré con una curiosa sorpresa. Caleb miraba una de las tantas fotos que tenía en diversas partes de mi pared. Todo esto en mi sala de estar. Noté como miraba algunas fotos donde aparecía de pequeña junto con mi madre. Otra más grande en la cual aparecía de la mano con mi padre. Incluso había un cuadro pequeño en una repisa donde me encontraba yo junto a mi padre, en la camilla donde se notaba completamente demacrado por su enfermedad, pero sin dejar de sonreírme. De sonreír para la cámara sabiendo que sería la última foto que se sacaría con su única hija. Tragué un buen bulto de saliva. Estaba tratando de investigar de mi vida.

-Estoy lista –lo interrumpí de su revisión. Vi cómo se colocó tenso al verme. No sabía lo que pasaba por su cabeza en el momento en que me dio su mirada furtiva y confusa. Aunque no negaba de que daría lo que fuera por saberlo.

-¿Quién es él? –preguntó sin pelos en la lengua. Señalando la famosa foto.

-¿Estás revisando mis cosas? –que estúpida pregunta, sobre todo por la forma seria en la que se la hice. Pero en ese momento ya no pensaba en nada que no fuera en él, ni en el miedo que sentía si llegaba descubrir mis cosas personales.

Levantó sus hombros.

-No pensé que te molestara que viera tus fotos –Negué con la cabeza.

-No me molesta

-Entonces… ¿quién es él? –suspiré. No se rendiría fácilmente.

-Nadie importante

-Si no es alguien importante ¿Por qué lo tienes en un cuadro de fotos? –sonó un poco irónico de su parte. Pero ahora que lo pensaba mejor, no había ninguna razón para que no le contara sólo esa parte de mi vida. Lo otro vendría solo con el tiempo. Suspiré resignándome a responderle.

-Mmm él, era, esto –su flamante voz me interrumpió de mi nerviosismo. Y mierda, aunque me costara admitirlo. Aún me afectaba hablar de él.

-Tu padre –no hubo ni una sola pizca de interrogación, así que le dio por completo en el clavo ante su afirmación. Demonios, no sabía si yo era demasiado evidente o él era un hechicero. Terminé asintiendo débilmente. Exhaló volviendo a mirar el otro retrato que tenía ahí. Con la diferencia con que ésta foto salía con mi madre –Lo supuse –fruncí mi ceño.

-Ah ¿sí? –asintió ahora dirigiendo su mirada hacia mí.

-Son iguales. Si no eran padre e hija de por sí serían familiares, eso te lo aseguro –tragué saliva. Siempre me decían lo mismo, sobre todo cuando pequeña y él estaba vivo. –¿Qué pasó con él? –Mierda. ¿Acaso hoy había despertado curioso?

-¿Por qué quieres saber todo eso? –De verdad me estaba cabreando y el chico estaba presionando cada vez más la herida. Caleb se sentó en mi sofá mirando hacia el suelo, con sus codos afirmados en sus rodillas.

-Ayer no pude dormir pensando en lo que me dijiste –soltó de golpe –Y tienes razón. No nos conocemos. –Lo apoyé asintiendo con mi cabeza. Con un instinto desconocido me coloqué a su lado en el sofá. La verdad era que no me importaba llegar tarde a el trabajo, de todas formas aún estábamos a la hora. Lo que me preocupaba de sobremanera era la conversación que conllevábamos, estaba nerviosa y tensa. Había tantas cosas sin decir, ocultas, atascadas en mi garganta.

-¿Y quieres conocerme? –le sonreí. Tenía que controlarme, apartar con precisión las cosas que diría y las que no. Caleb movió su cabeza afirmando mi pregunta. Suspiré. Bien, por dónde empezaba –De acuerdo ¿qué es lo primero que quieres saber?

-¿Cuántos años tienes? –tuve que reprimir una risa ante su pregunta tan primitiva y básica. Así que sólo me dediqué a responderle

-24. Eso ya lo sabías

-Quería cerciorarme si era verdad. Realmente pareces más joven, incluso más como mi compañera de clase que maestra –bufé divertida. Estaba ya bastante acostumbrada a que se sorprendieran con mi edad real e incluso con mi profesión. –¿Hace cuánto eres maestra?

-Desde el lunes –reí provocando su sonrisa –El año pasado recién terminé mi carrera y para mí siempre fue un sueño poder enseñar lo que más me gusta.

-¿Tu segundo nombre?

-Melissa

-¿Cuántos novios has tenido? –una pregunta personal y de relación. Algo interesante. Le sonreí, apostaba lo que fuera que no me creería lo que le diría.

-Cero –levantó una ceja irónico.

-No, Chris, por favor te pregunto en serio.

-Y yo te respondo en serio. Nunca he tenido novio –Dios, si hubiera tenido una cámara estaba demás decir que lo hubiera fotografiado. Era gracioso.

-¿Hablas de verdad?

-¿Por qué no me crees?

-Bueno –titubeó –eres una chica hermosa y no me cuadra el hecho de que nunca eh, bueno, tú sabes –Ignoré el dicho de su atributo. Decidí aclararlo.

-No es que sea monja Caleb, ni que merezca irme a un convento –reí ante esa estúpida idea –No soy para nada inocente en cuanto a hombres, pero han pasado cosas en mi vida que, me han enseñado que tener novio es sólo una carga para mi vida.

-¿Qué cosas? –levanté los hombros.

-No lo sé. Cuando adolescente siempre estuve interesada en chicos totalmente inalcanzables para mí. Siempre estuve atenta a ser amorosa con ellos, intentar acercarme de la forma clásica. Tú sabes, hablando, conociéndonos, tener una cita y que el romanticismo sólo sea parte de eso. Los buscaba porque –suspiré – Por cosas, sentimientos de soledad o depresión. Lo que sea. Pero después de un tiempo me di cuenta que todos esos hombres no buscaban aquello. Buscaban más facilidad, a chicas que sólo le sirvan para tener una revolcada en cuanto les hables y adiós. Nada de amor, ni sensibilidad, ni mucho menos gestos cariñosos. Para ellos nunca significaron nada.

-Así que tú decidiste ser igual ¿no? –asentí –¿Qué te hiso cambiar de opinión?

-Bastantes experiencias. Sólo eso. –Él se revolvió incómodo en el suave sofá.

-No sé qué decirte más que, bueno, no todos los hombres son así. –Exhaló –Existen los idiotas. Y lamentablemente en tu vida sólo te topaste con ellos. No con uno que valiera la pena.

-O tal vez yo no he sabido escoger –El castaño estuvo de acuerdo con sólo mirarme intensamente. Sus ojos, Dios.

-¿Te gusta leer? –asentí entendiendo que quería cambiar de tema –¿Cuál es tu libro favorito? –antes de que respondiera me interrumpió cerciorándose –Por favor, espero algo que no tenga que ver con vampiros, ni contratos sadomasoquistas porque de verdad me decepcionarías –reí ante su cara de espanto.

-No te preocupes –solté una risa –Jane Austen es una de mis novelistas favoritas. Y creo que Persuasión se ganaría ese puesto de favoritismo. –sonreí sinceramente –Ese y por supuesto Sentido y Sensibilidad, que están a la par ya que tienen la misma autora –Pronuncié divertida. Vi en su mirada como estuvo de acuerdo conmigo nuevamente.

-¿Has vivido siempre en Chicago? –asentí nuevamente –¿Por qué no te gusta el olor a cigarrillo? –La sonrisa se me evaporó. El cambio de tema que proporcionaba aquel chico era impresionante pero sin dejar de ser algo intenso.

-¿Por qué supones que no me gusta?

-No soy idiota. Puedo ver a kilómetros tu mirada de incomodidad cuando fumo –Irónicamente, me moví incómoda mi mandíbula. Esperando que no siguiera con su insistencia. –¿Me vas a decir o creo que metí la pata? –negué con la cabeza. Si se iba alejar de mí, prefería que lo hiciera ahora. Demonios, ya no podía fingir lo que empezaba a sentir por él. Lo mejor era decirle y había algo en su mirada que me incitaba a revelar mis más íntimos secretos. Ese chico no era malo y ni siquiera se asemejaba a lo que eran los chicos de hoy en día. Al menos en la mayoría.

-Sólo hazme una promesa –él asintió de inmediato. Mirándome directamente a los ojos, sabía que era sincero. –Prométeme que no le dirás a nadie. Dios, Caleb esto ni siquiera lo sabe mi propia madre. Sólo mi mejor amiga, que me conoce desde que tenemos uso de razón –Caleb se tensó. Ahora su gesto era mucho más serio. Algo me decía que podía confiar en él, no sabía si como un amigo o algo más, pero él tenía la llave que abría todo lo que había dentro de mí.

-Te he abierto las puertas de mi casa. Algo que no hago con cualquiera. –suspiró. Tomando mi mano, haciéndome sentir escalofríos –Créeme, puedes confiar en mí tanto como he confiado en ti en el momento en que dejé que entraras a mi vida.

-Prométemelo –dije apenas en un susurro. Tragando más saliva.

-Lo prometo –buscó mi mirada titubeante –Y lo juro por lo que más amo. –Sabía que se refería a su hermana. Lo cual me hiso adorarlo aún más.

-Mi padre murió de cáncer pulmonar –Sentía que de alguna u otra forma Caleb lo había descubierto por cuenta propia. –Él fumaba mucho, Dios, mi madre y yo siempre lo cuestionábamos por su exceso y su adicción al tabaco. Pero nunca nos escuchó. Hasta que llegó lo peor.

-Cáncer –afirmó él. Asentí.

-Nunca me lo dijeron hasta que regresé del campamento juvenil. Donde conocí a Nick. –Exhalé –Cuando regresé se acercaba mi cumpleaños y yo estaba emocionada. Demonios, Caleb, mi padre era todo para mí. Mi héroe, quien más admiraba, quería pasar mi cumpleaños con él. Pero cuando regresé, me encuentro a enfermeras y médicos por todos lados en mi casa –Mi voz se estaba quebrando, joder. –yo no entendía nada.

-¿Nunca te lo dijeron?

-No. Pensaron que era la manera en la que menos sufriría y tal vez por eso me enviaron a ese campamento. Para ausentarme mientras mi padre moría, los odié por un instante –Las imágenes que discutía con mi madre llegaron a mí como fuegos artificiales. –Pero al ver a mi padre de una manera tan demacrada, no me hacía pensar en otra cosa que no fuera él. Trataron de averiguar si podía haber algún trasplante o algo para curarlo, pero cuando supieron de su estado aquello era demasiado tarde. Sus días estaba contados –Tragué más saliva para continuar –Estaba ya en una cama cuando regresé ya que se había desmayado por una baja presión. El último tiempo pasó para él más rápido de lo que hubiera querido. Yo pasé mi cumpleaños a su lado que era lo que más me ponía feliz. No me importaba su estado, quería estar cerca de él y no me importaba cómo ni cuándo. –Terminé por soltar mi primera lágrima –Cumplí mis 15 años y tiempo después murió. No soportó más.

-¿Es por eso que odias el tabaco? ¿te recuerda a él? –La forma seria en que me preguntó aquello me hizo entender que no importaba lo que le dijera, él estaría conmigo siempre. Dios mío. Basta, joder.

Negué.

-Es una de las razones. Pero no es la principal –Suspiré limpiando aquella lágrima traviesa –Cuando él murió yo entré en una depresión profunda. Nada me hacía sonreír, todo estaba negro o en pausa para mí en el momento en que me dijeron que mi padre había muerto. Pero ¿sabes? irónicamente encontré la fórmula para recuperarme, y esa era el cigarrillo. –Vi como frunció su ceño.

-No entiendo

-Fumaba mucho. Cada día una cajetilla completa, por alguna razón, sentía que aquello me acercaba más a él. Lo sentía más cerca de mí con eso –Me mordí el labio inferior, estaba nerviosa. Este tema siempre sacaba lo más vulnerable de mí –Me salté un año de escuela por estar en la adicción al tabaco. Mi madre nunca se preocupó, pensó que era una etapa adolescente y de todas formas nunca me importó su preocupación –Ya no podía más, la verdad estaba a punto de salir por primera vez con alguien que no era mi mejor amiga –Y allá va el clímax de la historia –lancé una risa irónica. Caleb escuchaba atento –Antes de que mi padre muriera, mi madre conoció a su mejor amigo. Un hombre con unos pocos años mayor que él, muy misterioso para mi gusto. Siempre lo iba a visitar cuando estaba en cama o se desmayaba, etc. Aquel sujeto compartía sus puros con mi padre cuando se divertían felizmente y él estaba sano.

-¿Cuántos años tenías cuando lo conociste?

-16 –respondí con un nudo –Un día apareció en mi casa, diciendo que tenía que hablar con mi madre de un asunto de negocios. Yo en ese instante estaba fumando, bebiendo alcohol, completamente sola en mí casa. Ella no estaba así que le dije que podía quedarse a esperarla –Cerré mis ojos. Después de años aún seguía avergonzada de aquello –Me habló cosas buenas del pasado de mi padre y que lo conocía desde que eran niños. Me pareció simpático y amable a primera vista por lo que nos sentamos en la gran sala de estar de la casa, pero siempre en mi interior algo decía que ese hombre no tenía buenas intenciones. Un instinto.

-¿Qué pasó Chris? –Caleb me miraba confuso, interrogativo y ansioso. Todo en uno.

-Compartimos copas y cigarrillos por lo demás. No te voy a mentir. Una cosa llevó a la otra y después de un rato y terminé besando a ese hombre –Con mis manos me cubrí el rostro avergonzada –Te lo juro Caleb, yo no quería. Y la verdad era que no sabía qué me impulsó a besarlo; podía ser el alcohol, el tabaco o ambas. Él quería otra cosa. Demonios, ni siquiera sé por qué lo hice. Traté de pararlo pero él comenzó encimarse, colocarse encima de mí. Traté de empujarlo lejos. Pero era inútil. Aquel hombre tenía mucha fuerza. Era un ex del ejército, mierda, no podía hacer nada.

-Por favor dime que no es cierto –Sentía que el chico sabía lo que pasó después. Lo sentí en su voz de enojo y furia.

-Él abusó de mí Caleb –solté de golpe –Y a medida que lo hacía él fumaba, inhala su asqueroso puro y me lo echaba en la cara mientras me violaba. Yo gritaba desesperada, pidiendo ayuda pero era estúpido, estaba sola. Decía que era una hipócrita, que lo que me hacía me gustaba y que me gustaba aún más si fumaba con él. –Aún tenía esas imágenes en mi mente. Eran horrorosas y asquerosas, joder. Vi como el castaño estaba blanco como un papel y su mandíbula tensa. Me sorprendí por el hecho de que no se la dislocara.

-¿Qué pasó después? –susurró furioso. Ardiendo en enojo. Nunca pensé verlo así, mierda.

-Nada. Me amenazó diciéndome que si lo denunciaba a la policía, me arrepentiría. Ya que yo fui la que comenzó y la que quiso que pasara. Que todo eso fue solo mi culpa. –La segunda lágrima había salido. Joder, estaba aguantándome las lágrimas y no me estaba yendo bien –Yo no sabía que hacer más que acatar esas órdenes, tenía miedo. Nunca volvió a asomarse después de eso en mi casa. Por dentro yo estaba destrozada, quería quitarme la piel por lo sucia y puta que me sentía en ese momento. Pensé en mi padre y lo que pensaría él de mí. –Inhalé tratando de retomar el aire aguantado –Pero hay algo que se llevó de mí, mucho más preciado que mi adicción por aquellos asquerosos cigarrillos.

-¿Qué cosa? –susurró él sin saber. Pero sin dejar ese tono de furia y enojo de lado. Era impresionante verlo y ver como su vena de aquella frente sobresalía de su piel.

-Mi virginidad



Caleb

Lo primero que sentí después de que pronunciara esas dos palabras, fueron mis nudillos sangrar. Mi puño fue a parar contra la dura pared que tenía el hermoso y bien decorado departamento de Christine. Llegué a romper aquello y de por sí no fue difícil. Fue un instinto que no pude evitar. Tenía tanto enojo dentro de mí que era capaz de descuartizar a cualquiera que estuviera frente a mí. Lo que me acababa de contar Christine era lo más horroroso que había escuchado. ¿Toda esa mierda tuvo que pasar? Joder, estaba furioso.

-Caleb –me llamó a mis espaldas después de ver horrorizada su pared –Por favor. Lo siento si te hice daño

-Por favor dime que todo lo que me dijiste fue una broma de mal gusto –Ella no contestó. Maldición. –Mierda ¿después de años no has denunciado a ese hijo de puta? –grité colérico. Ni yo mismo me reconocía. Nunca en mi vida me había sentido tan enojado que en ese momento.

-No. Caleb, tenía miedo –pronunció susurrante –Eso ya está superado en mi vida. Es algo que me costó olvidar y que después de esta conversación, no quiero volver a recordar.

-Él te ensució y no hiciste nada. No dijiste nada Chris –Asintió arrepentida.

-¿Acaso piensas que me creerían? Mi madre nunca fue una buena madre para mí. Ponía su dinero siempre antes que a mí –suspiró. No lloraba, pero sentía que cada palabra que salía de su boca aún seguían afectándola de sobremanera –Y la policía, mierda, no tenía pruebas para decir aquello. Ese hombre era un ex del ejército, cada cosa que él haría no la tomarían en cuenta por su reputación en ese aspecto.

-Habían más opciones

-¿Cómo qué? –Exhaló –Siempre he estado sola. Mi mejor amiga me ayudó en su momento pero en sí siempre estuve sola

-¿Ella nunca pensó en tu bienestar denunciándolo? –Asintió de inmediato

-Por supuesto que sí. Yo nunca la dejé, y se quedó conmigo en todo. Ayudándome a dejar eso en el pasado –Tomó mi brazo para verme a los ojos. Sentí escalofríos y una extraña tranquilidad cuando lo hiso. Esa chica me volvía loco y sentía algo en mi interior que me incitaba a protegerla, a cuidarla de todo el daño que ha vivido. Tenía miedo de esas sensaciones, no voy a mentir –Por favor. Si te lo conté fue porque sentí que podía confiar en ti. Por favor no me decepciones –Tenía razón. Ella confió en mí y yo no podía desilusionarla, como tampoco podía dejar que alguien, ni yo mismo, le hicieran daño.

-Es por eso que buscaste amor en hombres que sólo querían sexo contigo –Lo entendí todo. Al fin las piezas me calzaban –Te sentías sola. –Ella terminó asintiendo

-Y nada me va hacer cambiar –La miré enojado pero al mismo tiempo resignado –Por favor, yo solo quiero olvidarme. Como lo he hecho durante todos estos años.

-Pero te hiso daño Chris –hablé retórico ¿Cómo podía autodestruirse así misma de ese modo? No lo comprendía, y yo no me comprendía a mí mismo el hecho de que haría todo lo que estuviera en mis manos para que ella fuera feliz.

-Lo sé. Pero ya pasó, él nunca volverá y mientras no lo haga yo voy a estar bien –susurró –He tratado este tema en mi mente indiferente a mi vida y quiero que tú lo hagas del mismo modo.

-Pero

-“Pero” nada. Has esto por mi ¿sí? –Me suplicó. Sus ojos me suplicaban que olvidara el tema, pero demonios, me costaba. –Por, nuestra amistad –tragó saliva. El hecho de que dijera “amistad” me tensó, no lo niego. Tal cual como también la tensó a ella. No nos podíamos mentir a nosotros mismos. Pero lo dejé pasar.

-Trataré –pronuncié con la mandíbula apretada. Si tan sólo tuviera ese hijo de puta en frente mío –Pero antes de seguir quiero saber algo. –Christine asintió de inmediato –¿Cuál era su nombre?

-No te rendirás fácilmente ¿no? –suspiró resignada. No le respondí, confirmando su pregunta –Frederick. Su nombre era Frederick –Asentí. No olvidaría aquello.

-Bien –Ella me sonrió tristemente –¿Por qué me sonríes? ¿te parece gracioso verme furioso? –Christine lanzó una risa leve, negando con la cabeza.

-Ahora me toca a mí preguntarte –Terminé por tragar saliva. Mierda. Ahora me preguntaría cosas de mi vida, personales. No sabía si estaba listo. Christine llegaba a ser muy impredecible en esta forma y no sabía si era algo bueno o una verdadera pesadilla. Asentí escuchándola y sentándome a su lado nuevamente.

-Antes que empieces, me quiero disculpar por –Señalé con la mirada el orificio que dejé en su pared por el golpe. Ella rio –Te lo voy a pagar.

-No te preocupes por el dinero. Yo lo arreglaré, te aseguro que no costará mucho –habló simplemente. Fruncí mi ceño

-No Christine. Yo lo voy a pagar y por favor, no quiero que discutamos eso

-Caleb para mí no es problema –la interrumpí. Joder.

-No puedes estar a cada instante pagando mis cosas. Fue suficiente con la tienda y los regalos que le hiciste a Melanie. –Rodó los ojos. Mierda, era tan niña a veces. ¿No entendía que yo no quiero su maldito dinero?

-Eres tan terco a veces –resopló. La miré retórico a lo que ella sólo me sonrió divertida –Pero bueno, voy comenzar con mis preguntas. ¿Color favorito? –Qué básica pregunta. Aunque la agradecí en cierta forma

-Azul –ella asintió

-¿Hace cuánto tienes tu tienda de discos? –Bien, una pregunta más o menos personal.

-Desde que –tragué saliva –Eso no importa, la tengo desde que era pequeño –Noté en su mirada verde que tenía mucha curiosidad conmigo, pero no se atrevía. Por alguna razón.

-¿De verdad nunca has tenido novia? –preguntó incrédula. La miré divertido. ¿Con qué derecho me preguntaba eso? Demonios, cuando ella estaba de la misma forma. Negué con la cabeza, aún divertido –¿Nadie de nadie? –volví a negar

-Nadie de nadie –le confirmé. Christine se acomodó su garganta.

-Digo, es obvio que has tenido tus aventuras diarias. Pero hablo, siendo un chico que de por sí tiene más neuronas que sus hormonas alborotadas ¿No te han dado ganas de tener a alguien a quien llamar “amor”? –Fruncí mi ceño notoriamente.

-¿En qué momento te dije que tenía aventuras diarias? –pregunté confuso. No recordaba haberle hablado de mi vida sexual. Vi cómo se sonrojaba al extremo, me dieron ganas de besarla, no lo niego. La castaña tragó saliva nerviosa.

-Pero es obvio ¿no? Cualquiera que tuviera tu edad, tiene una vida sexual, relativamente activa –Fruncí el ceño para luego soltar una gran carcajada. Provocando aún más el sonrojo de la chica. Dios, me dolía el maldito estómago de tanto reírme. De verdad, ninguna chica se comparaba a Christine. Era increíble como mi humor cambiaba con ella –No entiendo cuál es la gracia –Habló seria. Aunque sabía que en el fondo quería reír.

Cuando me hablé mentalmente para relajarme y tranquilizar mi risa la enfrenté.

-No entiendo de qué te ríes Caleb

-La primera vez que me preguntaste si tenía novia. Dime Chris ¿qué fue lo que te respondí? –La vi pensando un instante.

-Que para ti lo principal era Melanie y no tenías tiempo para una novia. Ni para encargarte de nadie –repitió exactamente las mismas palabras que le di ese día. Y que aún seguían vigentes en mi mente. Asentí.

-Es exactamente para toda clase de “relación” que haga. Ni para aventuras ni para novias, ni para nada. El cuidado de Melanie para mí es esencial y toda mi vida ha sido así –Hablé seriamente. Christine me miró con los ojos entrecerrados.

-Entonces ¿nunca has tenido algo de sexo sin compromiso? –Preguntó casi sin habla. Sabía que hablaba en serio. Terminé negando con mi cabeza –O sea ¿eres virgen?

-Sí Christine, soy virgen –Respondí divertido y noté cómo la impresión dominaba su rostro y la dejaba totalmente anonadada. ¿No me creía? ¿Desde cuando existen las reglas en las que un hombre no puede ser virgen? Demonios, nunca he tenido sexo y es que jamás me ha importado. Hay cosas que en mi vida que son más importantes que esas. Empezando por Melanie.

-No te creo –logró pronunciar. Bufé.

-No me creas. De todas formas te estoy diciendo la verdad –Levanté mis hombros. Ya no encontraba interesante ese tema. Así que traté de seguir con sus mágicas preguntas –¿Alguna otra pregunta?

-Caleb ¿me hablas en serio? Tienes casi 18 años –No entendía su asombro. Aunque igual decidí responder.

-¿Para qué te mentiría Christine? Dime ¿qué ganaría con eso? –ella quedó aún más sorprendida. Era gracioso pero a la vez intenso.

-No lo sé –Suspiró tomando su frente. Como si se hubiera arrepentido de hacer algo –Bueno, tienes que admitir que es algo raro ver hoy en día a un chico, esto, virgen. –Asentí –Más aún un chico como tú –Fruncí el ceño.

-¿Un chico como yo?

-Sí, digo. Guapo –rió nerviosa –Estoy segura que no te faltaron las oportunidades

-¿Crees que soy guapo? –le sonreí engreídamente. Christine me sonrió nerviosa, terminando de sonrojarse levemente –Pero sí, tienes razón, nunca me faltaron las oportunidades.

-¿No crees que eres guapo? –volví a levantar los hombros.

-No soy como Eric. No me importa mucho cómo me vea, ni cómo me vean las chicas –Le hablé con simpleza –Como te dije. Tengo cosas más importantes en las que pensar –Ella comprendió. Entonces entendí que aquel tema ya estaba zanjado, no me importaba lo que pensara de mí en mis inexperiencias. Sabía de sobra que no necesitaba de aquello para estar bien.

-Bueno, entonces, siguiendo con mis preguntas –Se volvió a acomodar su garganta. Sabía que en su mente seguía pensando en aquello. Lo cual me divertía. Christine podía llegar a ser muy niña a veces y me encantaba así –Mmm, sé que te debe incomodar esto pero ¿Por qué repetiste un año? –Suspiré. Mi sonrisa de diversión que tenía hace unos segundos se había evaporado. Aquel tema era un tema sensible, igual que cualquier tema personal que he tenido en mi vida.

-Melanie se enfermó –La mirada de Christine cambió a una de angustia. La entendía. El año pasado, yo estaba peor –Le detectaron anemia. Estuvo unos días en los que estuvo débil, por lo que la tuvieron que internar en el hospital por un corto tiempo. Por lo menos hasta que tuviera fuerza. –Exhalé –El día en que le dieron de alta me prometí a mí mismo no dejarla sola nunca. Decidí saltarme un año para cuidarla y lo mismo decidí con ella para que no entrara por un tiempo a la escuela, no me importaba. La salud de Melanie para mí siempre fue primordial. Créeme Chris, yo soy capaz de hacer cualquier cosa por mi hermana.

Ella asintió.

-¿Está mejor ahora? –preguntó preocupada. Asentí serio –Caleb, perdóname si te afecta que te haga esta pregunta.

-¿Otra pregunta personal? –Hablé divertido pero a la vez tenso por dentro. No sabía si estaba preparado para la curiosidad de Christine. Ella tragó saliva.

-Cuéntame de tus padres –Mi gesto se endureció. Sabía que tenía que ver con algo parecido, no me cabía duda joder.

-¿Por qué quieres saber de ellos? –Fui un cabrón imbécil en la forma tan dura en la que le hablé. Deseé con todas mis fuerzas no hacerlo, pero ese tema maldición, era tan personal. Y más que personal, odiaba el hecho de pensar que ella me viera de sólo una forma lastimosa. Levantó sus delgados hombros.

-Nunca me has hablado de tu familia más que de Melanie. Perdóname, pero no me puedes culpar por querer saber de ti –Le fruncí el ceño. Levanté mi mano para ver mi reloj y la maldita hora. Joder, estábamos más que atrasados con nuestra “conversación”

-Tenemos que irnos. Ya es tarde –Sentí su pequeña mano tomar mi brazo, evitando que me levantara del sofá –¿Qué es lo que esperas que te diga? –le pregunté furioso. Mierda. Se asustó, lo sabía. Pero de una increíble manera logró hablarme con rectitud.

-No espero que me digas nada. Sólo quiero que confíes en mí, de igual forma como yo lo hice –Pronunció con determinación. Me sorprendió.

-Mis padres murieron en un accidente automovilístico –solté de golpe y con furia. Más conmigo mismo que con ella. Que por cierto, me miraba atenta pero increíblemente sin sorpresa ni pena. Exactamente cómo me miraban cuando todos mis familiares se enteraron de sus muertes –Tenía apenas 8 años. Tenía 8 cuando me enteré que en una distracción en el auto de papá, un maldito camión forestal chocó por el lado de mi madre matándola primero para luego asesinar a mi padre –Tragué saliva para volver hablar con dureza –Melanie tenía apenas 3 meses de nacida cuando eso pasó. Yo me quedé solo cuidándola, y ahora si piensas que con tus ojos llenos pena hacia mí logras algo, te sugiero que no lo hagas. Porque me importa una reverenda mierda –Christine para mi impresión personal no dijo nada, solo se dignó a hacer algo que en verdad, hacía bastante que no recibía. Un abrazo. Un abrazo que me dejó en cielo.

Mi nariz tocaba algunas partes desnudas de su cuerpo, sus hombros. Olía de maravilla y yo sólo me dispuse a tomarla de la cintura. Me encantaba, demonios, no tenía problema en admitirlo. Christine me abrazó por los hombros. Joder, suspiré en su piel causándole escalofríos.

-Puedes contar conmigo para lo que sea Caleb –susurró cuando levantó su cabeza de mis hombros para verme a los ojos –No me importa lo que hayas pasado. Nada más me importa ¿por qué te cuesta tanto creerlo? –La besé tan lentamente. No pude aguantarme, mierda. Aquella chica me volvía loco, me encantaba. Christine suspiró en cuanto lo hice para responderme de la misma forma.

Había algo tan distinto en ese beso. Tranquilidad, paz y… amor. La sensibilidad de aquello me hiso sentir escalofríos. Sus labios suavemente se acoplaban con los míos con mucha lentitud. Mi lengua apenas se rozaba una que otra vez con la suya. Mis manos en su cintura la acariciaban con delicadeza.

-Me encantas –susurré para volver a besarla. Ahora, más pasional que antes. No dejando que Christine hablara, aunque lo que alcancé a ver fue la impresión del rostro sin habla que me proporcionó. Me correspondió de igual forma cuando la volví a besar. Besarla era el maldito paraíso. Cada gemido que se aguantaba y quedaba en su garganta, me hacía abrazarla aún más hacia mí –Me encantas Christine –volví a susurrarle. Su vista se abrió ante mi rostro. Sus hermosos ojos iban desde mi mirada azulada hasta mis labios, que estaban un poco hinchados por el buen momento en donde se compartieron con los suyos, que se encontraban de la misma forma.

Noté cómo me fruncía su ceño para luego apaciguar su mirada. Todo esto pensativa. Mierda, daría lo que fuera para saber lo que pasaba por su mente. Luego de unos segundos, sin hablarme…

Volvió a besarme.


Christine

Llegué media hora tarde al aula de los chicos de 2º año. Joder, estaba hiperventilada de todo lo que pasó esa corta mañana. Pero sobre todo, sin sacar de mi mente los besos que Caleb y yo nos habíamos dado desde que salimos desde nuestro departamento hasta que estuvimos dentro de su camioneta.

Luego de toda la hora enseñando, llegó la hora de receso. Por suerte cuando llegué no estaba Nick para me cuestionara mi llegada tarde, nadie me vio y estaba más que segura que los chicos a quienes les di clases no dirían nada. Cuando estuve un pequeño instante en el aula me puse a pensar en la estrecha relación que tenía con un alumno. Joder, estar con Caleb me traería problemas si se enteraba en el instituto. No lo dudaba, mierda. Pero lo que me relajaba de por sí era el hecho de que Caleb estaba a punto de cumplir su mayoría de edad en unos días.

En cierto punto eso era bueno en el ámbito legal. Pero en el profesional ni de mierda, perdería mi empleo. Me puse a pensar en todo lo que nos dijimos el uno con el otro hoy en la mañana ¿Quién iba a imaginar que mi departamento fuera el testigo de todas nuestras verdades? Sabía que aún faltaban más, pero no eran esenciales. Había sabido tomar bien la verdad de sus padres aunque por dentro me desmoroné al escuchar aquella cruel historia. También le hablé de Frederick, un nombre que siempre he ignorado y que prefería que siguiera así. Lo que me sorprendió de sobremanera fue su actitud al saber de él. Se había enfurecido y yo jamás lo imaginé ver de esa forma. Pero ya no había nada de lo que enojarse, él ya no era parte de mis pesadillas y esperaba que fuera así por el resto de mi vida.

La puerta del salón sonó y se abrió de repente. Sacándome de mis cortos pensamientos. Se abrió mostrando la presencia de Nick. Los nervios se apoderaron de mí al recordar la última vez que nos vimos. Ya no quedaba nadie en el aula por lo que entró y cerró rápidamente para mirarme neutro

-¿Por qué llegaste tan tarde? –Tragué saliva. Traté de no parecer nerviosa por lo que me paré de mi asiento para mirarlo.

-Me quedé dormida. Lo siento –Asintió serio –¿Qué quieres? –No sé cómo fui capaz de hablarle con tal altanería pero no me arrepentí. Él se acercó a mí a paso lento

-Ayer no te vi mucho en el instituto y no tuve oportunidad para hablarte

-Estuve un poco ocupada –mentí. Nick me miró a los ojos. Había cierto arrepentimiento en los suyos.

-Quería pedirte disculpas –Sabía a lo que se refería. Recordé la fuerza de su brazo presionarme ese día. Asentí comprendiendo –Me puse celoso y no te miento. Te imaginé con ellos y… perdóname. Fui un idiota al hablarte de esa forma.

-Lo fuiste –afirmé. Vi cómo apretó su mandíbula, lo cual por alguna razón me dio un poco de miedo –Pero no te preocupes. El tema ya está olvidado –Él asintió agradecido y de sorpresa mía, me abrazó. Joder aquel abrazo por más que traté de compararlo con los brazos de Caleb sobre mí, no había manera de hacerlo. Esos dos eran más que diferentes y no había forma de compararlos. Caleb era el que me hacía sentir cosas impresionantes.

-Gracias –dijo cuándo se separó lentamente de mí. Asentí con una sonrisa fingida –Pero Chris ¿puedo hacerte una pregunta? –Su mirada se hizo punzante de un momento a otro. Me entró la curiosidad de su actitud tan alejada, así que terminé afirmando.

-Claro ¿qué es? –Nick titubeó por un instante

-Antes de que entraras hoy al instituto… –La mirada de él cambió notablemente. La seriedad se apoderó de su rostro y me habló con dureza –Vi tu auto –El nerviosismo llenó mis censores y suspiré. Tenía que hacerme la idiota

-Ah ¿si? –pregunté con curiosidad. Nick asintió

-No sé. Cuando llegué vi tu auto, pensé que habías llegado más temprano de lo normal cuando me entero que –Se acomodó su garganta antes de seguir. Algo estaba insinuando –Tu auto estuvo aquí toda la noche –le confirmé aquello asintiendo de nuevo.

-Sí, es que me vino a buscar una amiga y –El rubio me interrumpió

-No tienes que explicarme nada. Sólo quiero hacerte una pregunta porque hoy, raramente, te vi llegar en una camioneta –De acuerdo, ahora sí estaba jodida. Nick me vio. –Con Caleb

Me acomodé la garganta nerviosa y al parecer, me sonrojé notablemente porque sentí mis mejillas arder.

-¿Disculpa?

-Te vi llegar con Caleb –Soltó de una manera agresiva, pero sin levantar la voz. Se acercó amenazadoramente –¿Qué te traes con ese niñato, Chris?



Mierda.

No hay comentarios:

Publicar un comentario