Christine
-¿De qué me estás hablando? –La mirada de Nick seguía de la misma forma cuando me hizo la pregunta. Joder, ahora tenía que hacerme la estúpida. No por mí, sino por Caleb. Estaba más que segura que si lograba abrir mi boca con respecto a mi “amistad” con él, no dudaría en hacerle lo peor. Y ya no quería involucrarlo en más problemas de los que ya ha vivido. Nick me proporcionó su vista confusa, pero muy directa y seria. Mis manos no podían mantenerse quietas ante aquello por lo que me hacía ver aún más nerviosa.-Quiero decir, te vi llegar en su camioneta. Debe haber cierto tipo de confianza entre los dos si están así de juntos ¿no? –No pude evitar tragar saliva. Aunque pensándolo mejor ¿Por qué demonios tenía que darle explicación? Es el inspector, estúpida.
-Bueno –Titubeé. Piensa bien en lo que dirás, me decía a mí misma. Después de todo últimamente pasaba abriendo la boca para cagarla, eso estaba claro –Él ayer me pidió ayuda con el trabajo del trimestre, y para compensarme, decidió venir a dejarme –Eso era creíble. Aunque no sabía si el rubio se lo tragaría.
-Entonces ¿Por qué dejaste tu auto aquí? –Buena pregunta. Mierda, ahora piensa rápido puta.
-Mmh. Él me vino a buscar para después ir a dejarme, por lo que dejé mi auto acá. ¿Para qué gastar gasolina demás no? –Reí nerviosa ante mi patética forma de bromear con el tema. Nick me entrecerró los ojos, sabía que le estaba mintiendo. Por alguna razón le encontraba cualquier tipo de defecto emocional a ese hombre, excepto el de ser un idiota. Lo habían engañado antes de la peor forma posible y sabía, gracias a Alyssa, que aquellos hombres eran muy inteligentes en cuanto a descubrir mentiras. Ahora que lo miraba mejor. Era muy guapo, quiero decir, siempre lo encontré guapo. Pero tenía un aire sofisticación increíble, con un toque de erotismo. Diría que si lo veo trabajando en una oficina de abogado apostaría mil y una veces que se habría follado a todas sus secretarias. Por lo que no me costaría caer seducida ante él o por lo menos enamorarme. Lo que por cierto estaría muy lejos si es que lo puedo decir.
Aunque había un “pero”. La noche en la cual aparecieron los gemelos lujuriosos me hiso entender que de algún modo tenía que tener cuidado. Tenía un poder autoritario después de todo. Y tener aquella cualidad a simple vista debía ser peligroso.
Supe que se había resignado en cuanto relajó su ceño. Había creído esa vil mentira mía, pero no sabía si era del todo.
-Está bien, te creo –Asentí tranquila. Precavidamente el aire había vuelto a mis pulmones –No obstante, tengo que decirte que tengas cuidado. Cualquier estudiante del establecimiento puede verlos y pensar otra cosa. Y sabes, que aquí, los rumores abundan –Asentí nuevamente ante su aviso serio. Lo sabía.
-No te preocupes. Tendré precaución –Él exhaló. Como si hubiera estado todos estos segundos aguantando la respiración.
-Quería hablar contigo de otro asunto –Por primera vez se veía nervioso. Su semblante había cambiado, mierda, eso definitivamente no era bueno. Moví mi cabeza para que siguiera.
-¿Es algo malo? –Negó inmediatamente.
-Es algo de nosotros –Se le veía complicado, mierda –Sé que comenzamos con el pie izquierdo. Eso de las citas y el romanticismo sé que no es lo tuyo, como tampoco es lo mío –Inició bien. Esperaba que siguiera así –Pero eso no quita el hecho de que sea como sea, me gustas. –Aclaró acercando su paso hacia mí. Lo que me hiso retroceder instintivamente hacia atrás, haciéndome chocar con el maldito escritorio. Nick no dijo nada al respecto por lo que paró de acercarse quedando a una distancia determinada. Pero no ignorante, había entendido la indirecta.
-Nick…
-Y bueno, yo quería saber si tú… –Tragó saliva dirigiendo su mirada platinada hacia mí –Sentías lo mismo por mí –Puta madre. No pude evitar maldecir para mis adentros, pero sobre todo pensando en mi alumno de ojos como el mar.
¿Qué mierda me pasaba? Tenía que dejar de pensar así de él. Hace poco me había enterado que era virgen y las aventuras no eran parte de sus pensamientos como yo lo veía antes. Si no me acostaba con Caleb, el revoltijo en mi mente se profundizaría a un grado desconocido. Tenía miedo de seguir pensando de ese modo por lo que miré a Nick interrogativamente. No me costaría enamorarme de él, ya que era exactamente del tipo el cual me fijaría si estuviera en un bar. Pero ahí aparecía Caleb. Entremedio, como si no pudiera evitarlo él cruzaba mi mente como una supernova. La única alternativa que veía clara en esos momentos para poder estar y pensar mejor las cosas era acostarme con él. Hace mucho traía esa idea vagando por mi mente pero tenía que tener en cuenta el tiempo que me tardaría en hacerlo. Estaba claro que Caleb no era como los otros y extrañamente no quería que lo fuera. Para mí siempre fue fácil llevar a hombres a la cama, preferentemente mayores que yo, pero lo que tenía entre mis manos en ese instante era algo desconocido y tenía que manejarlo bien. Con cuidado, por alguna razón no quería Caleb me encontrara una “chica fácil”.
Sin embargo, había otro inconveniente. Nick seguía puesto en mi camino y en cierta forma no podía dejarlo escapar. No por sentir cosas iguales a las que siento con mi alumno. Sino por el hecho de inseguridades ¿Qué pasaba si con Caleb no me equivocaba con respecto a una lujuria momentánea? ¿Entonces qué me quedaba? Nick era un buen partido, como lo dije, no me costaría para nada enamorarme de él. Y no iba a arriesgar algo así sólo por unas confusiones que en reiteradas ocasiones me dejaban sin respuestas. Pero sin mentir, Caleb estaba abriendo sentimientos dentro de mí indefinibles.
-Escucha –susurré –Este no es un buen momento para hablar de eso
-¿Entonces cuál es? –Me interrumpió con la voz un poco alta. Asustándome en cierto modo –¿Cuándo es un buen momento Chris? ¿una cena? ¿para que luego aparezcan tus amantes? –Mi mandíbula casi tocó el piso. El idiota se había dado cuenta. Pero recordé una de las tantas frases de mi mejor amiga: “Miente, aunque te descubran, los secretos deben acompañarte hasta en tu tumba zorrita” Quise reír, pero el momento no lo propinaba, al recordar las palabras que me dijo la morena el día en que nos drogábamos en el bar de Ramón.
-¿Vas a seguir con eso? –De verdad me estaba sofocando con esa mierda. No tenía importancia para mí y no entendía el por qué lo era para él. Nick se sobó su rostro nervioso, al parecer estaba igual –¿Cuándo vas a entender que sólo eran mis amigos a los que no veía hace mucho? –Él tragó saliva volviendo a alzar su vista ante mí.
-Bien. Disculpa me salí de tema, eso ya está olvidado –Asentí dudosa. Suspiró.
-Respecto a lo de tu pregunta… –No había pensado en lo que le diría así que solo fui sincera –Me gustas en cierto punto. Pero –No era mentira. El hecho era que me gustaba, no podía negarme a lo obvio. Digo ¿a quién no le gustaría un hombre de casi treinta años, de gesto duro, bien formado físicamente, rubio y varonil como lo era él? Créanme, era un gran partido a simple vista. El caso acá era que ese gusto, no se comparaba a nada de lo que me pasaba con Caleb. Mierda. Me enredé con mis propias palabras para luego seguir, provocando la impresión del hombre –No estoy lista para una relación y nunca lo he estado.
Vi como su ceño se fruncía levemente.
-Lo sé pero –Noté el gran bulto de saliva que tragaba gracias a su manzana de adán. Estaba nervioso y a la vez confundido. Se acercó haciendo que mis sentidos de alerta despertaran, recordando que el escritorio seguía detrás de mí impidiendo el paso. Tragué saliva cuando estuvo a escaso centímetros de mí. Admitía el hecho de que tenía la culpa de eso, le dije que me gustaba y fui demasiado sincera al respecto –¿No te gustaría intentarlo?
-¿Eh? –Traté de hacerme la estúpida ante la susurrante pregunta.
-Chris ¿por qué no lo intentamos? –Pronunció acercándose aún más hasta tenerme presionada contra el escritorio. Su cuerpo y su altura eran mayores que yo por lo que zafarme era algo inútil –Mírame –No había notado que no le seguía la mirada por lo que subí mis ojos a los de él hasta que su vista azulada, nada igual a la de Caleb, me divisaba expectante.
-Nick, no lo sé
-Piénsalo –Pronunció apenas cerca de mis labios provocando, sin poder evitar, escalofríos por mi cuerpo –Nos conocemos desde que éramos unos críos. Pasamos buenos momentos en los que, se podrían volver a repetir si sólo me dijeras un fácil “sí” –Estaba poniéndome a prueba, no lo podía creer.
Demonios, no podía negar que el maldito era sexy. Entonces nuevamente apareció Caleb en mis jodidos pensamientos. ¿Qué le diría a él? No quería alejarme y la verdad era que en pocos días le tomé cariño sin saber cómo. Pero lo hice. Y ya no podía alejarme de él fácilmente como lo planeaba hacer. Pensé en la propuesta de Nick y raramente un sentimiento de comodidad me embriagó. ¿Qué pasaría si con él lograba por fin sacar todo sentimiento apenas creado por Caleb? Era una tonta idea y una muy cruel al usar una persona para eso. Debía olvidarme urgentemente de ese chico y la forma más rápida para hacerlo era la que tenía frente a mí a escasos centímetros.
-Yo –titubeé –¿No crees que vas muy rápido? –Al parecer se impresionó ante mi repentina pregunta a lo cual me miró receptivo
-Bueno –Movió incómodo su mandíbula –¿Rápido? Digo, sé que me equivoqué al tratarte de la peor forma esa noche. Y de verdad te pido perdón –Suspiró para luego retomar el aliento –Pero tienes que admitir que nos conocemos desde que éramos niños –Lo interrumpí, eso ya lo sabía. Lo que pasaba en ese instante era que no importaba si fuimos “novios” de forma inocente hace 10 años. En ese momento lo que importaba era que en esos 10 años no nos veíamos y no sabíamos si cada cual había cambiado. ¿Acaso eso no le molestaba ni un poco?
-Lo sé, pero no nos veíamos hace mucho
-¿Y qué? Ambos hemos cambiado y aun así sigo sintiendo lo mismo por ti como cuando nos conocimos –Dijo seguro. No había ni una sola pizca de duda en sus palabras –Por favor, sólo danos esta oportunidad a los dos. Te aseguro que no te arrepentirás –Mierda.
-¿Y si no funciona? –Pregunté insegura. Aun pensando en Caleb, maldición, cuándo pensaba salir de ahí. El rubio me sonrió, sabiendo que me tenía vulnerable entre sus manos. Nick me tomó de la cintura inesperadamente para acercarme por completo a él.
-¿Qué perderíamos? Absolutamente nada, solo terminaríamos y ya ¿no? –Tenía razón –Tu trabajo de profesora seguiría igual y mi trabajo, bueno, sería lo mismo –Asentí pensando relativamente la idea. Pensando en que de una vez por todas olvidaría a Caleb de una forma u otra –¿Qué me dices? –Preguntó cuándo me vio mirando a un punto indeterminado, seguían pensándolo por un instante en donde trataba de aguantar la respiración.
Después de unos segundos de revoltijos en mi mente en donde solo el nombre de Caleb aparecía terminé asintiendo. No tenía otra alternativa que dejarlo ir para concentrarme en lo que era mejor para los dos.
-Está bien, acepto –dije con una sonrisa triste. Eso bastó para que el rubio me tomara y me besara con dulzura. Lo acepté de igual forma, admitiendo a regañadientes que aquello nuevamente no se asemejaba al chico de hermosos ojos azules. Demonios, había accedido a su propuesta joder. ¿Quién lo diría? Christine Parker había decidido comenzar una relación seria por primera vez en la vida.
Y desde ahí, por supuesto, había comenzado todo.
Caleb
Había decidido esperarla con Melanie, quién seguía en el auto jugando con mi celular algún juego que tuviera. Los maestros del instituto generalmente salían por lo menos media hora y un poco más después de los estudiantes, lo que me daba tiempo de sobra para ir a buscar a mi hermana y venir a buscar a Christine.
Luego de un instante la vi salir con su tan definido y despampanante contoneo de caderas. Se notaba que estaba atareada ya que llevaba muchas carpetas en sus brazos y un bolso. Divisé cómo su mirada cambió cuando me vio. No fue algo de lo cual estar orgullo, ya que su vista sólo reflejaba amargura y culpabilidad. Tan siquiera se acercó dónde estaba mi camioneta o por lo menos para saludar a Melanie por lo que no dudé ni un segundo en extrañarme ante su actitud. Vi como cruzó el estacionamiento para llegar a su BMW, sin levantar la mirada ni dirigirme alguna sonrisa preciosa que comúnmente lo hacía.
¿Qué le pasaba? Repentinamente me enfadé conmigo mismo ante recibir esa ignorante postura de su parte. ¿Había hecho algo malo? Yendo a recordar el anterior día con lo que habíamos hecho con los chicos, y la extensa conversación que tuvimos en la mañana no indicaba para nada que toda su ignorancia se debiera a mí. ¿Habrá pasado algo en su trabajo? Mierda no toleraba aquella distancia, que intuía, comenzaba a notarse en ella y por ende, rebotaría en mí. Enojado por su postura decidí ir a encararla, pero entonces recordé a una pequeña clonación de mí versión niña que se encontraba en mi cacharro. Vi a Melanie totalmente tranquila jugando quién sabe en mi teléfono, lo único que sabía era que estaba bastante entretenida.
-Pequeña, iré arreglar un asunto –Dije en las afueras del auto, más precisamente en el lado de la ventana donde se encontraba sentada, esperando que despegara su mirada hipnotizada por el artefacto. Pero no lo hiso, sólo se dignó asentir, dándome a entender que de igual forma me escuchaba –Te quedarás aquí, sólo será un instante. Así que cerraré la camioneta por fuera por lo que no saldrás del auto ¿Estarás bien con eso? –Ella colocó un rostro de resignación girando su pequeña cabecita hacia mí. Mirándome con esos ojos azules iguales a los míos, comprobando que había perdido en el juego por culpa mía. Quise reír, pero aún estaba un poco confundido con Christine así que evité hacerlo.
-Estaré bien. Sólo ve –me dijo con su sonrisa tierna y linda. Asentí siguiendo con mi camino al auto de Chris.
-Mierda –chilló cuando me vio subir, sin avisar, a su BMW en el lado del copiloto asustándola por completo. Demonios. Mi cacharro al lado de esto parecía un calcetín comparado con un diamante. Ahora que lo pensaba un pequeño instante, jamás había entrado al auto de Christine. O al menos no recordaba haber entrado a algún auto parecido a este. Todo era de lujo, joder. Esto no era lo mío, pero no me importaba estar un momento más disfrutando de esa inmensa comodidad.
Ahora me importaba más la chica quien tenía a mi lado, quien me miraba atónita y con su teléfono en mano. Por lo que vi estaba hablado con alguien por mensaje de texto.
-¿Qué te pasa? –Pregunté antes de que ella dijera otra cosa. Me frunció su ceño, para luego relajarlo y suspirar. Creo que relajó su ímpetu luego de pasar el susto que le di
-La mayoría de las personas saludan primero –Tragó saliva nerviosamente después de hablar con ironía –No entran en autos ajenos para hacerlo.
-No te he saludado así que no cuenta –Ella bufó para luego guardar su teléfono. La miré confundido ante su manera de ignorarme. Cuando ingresé irrespetuosamente en su carro aún no arrancaba y ahora sabía el por qué –¿Qué te pasa? –volví a repetir. Christine me miró con duda pero a la vez nerviosa.
-¿Por qué supones que me pasa algo? –Levanté mis hombros acomodándome aún más en ese cómodo asiento del auto más lujoso que vi
-Porque no me saludaste. Ignoraste el hecho de que te estaba esperando –Frunció sus labios, que hermosa era maldición.
-¿Me esperabas a mí? No lo sabía –Bufé ¿a quién más esperaría media hora después de que todo el alumnado se fuera? Pensé para mí mismo. La veía tan distinta a como estaba hoy en la mañana. Joder –¿Qué querías hacer? –Suspiré pensando en lo que estuvo en mi mente toda la tarde.
-Quería que vinieras a mi casa y no sé, tal vez que comiéramos con Mel –Dije indiferente. Aunque por dentro sentía un maldito remolino. Ella asintió por un momento, viéndome de forma sensible. Como si le hubieran afectado aquellas palabras así que solo me sonrió con tristeza.
-Me hubiera encantado –Tragó saliva de nuevo para hablarme y mirarme fija –Dios, no sabes cuánto me hubiera encantado pero, demonios, tenía planes con una amiga y bueno –Titubeó al final. La interrumpí, si no quería estaba bien, no obstante admitía que me afectaba en cierta forma no poder compartir con ella.
-Si no quieres está bien –Negó de inmediato
-No es que no quiera es que, fue de improviso –Se tomó su frente, demostrando que estaba exhausta por alguna razón –Me envió un mensaje diciéndome que estaba en mi departamento esperándome y de por sí, no hay nada que haga que Alyssa cambie de opinión porque ella es tan –habló con rapidez. Trataba de encontrar las palabras concretas para describir a su amiga por lo que para tranquilizarla, puse mi mano en su mano inquieta. Para mi sorpresa logré relajarla. Algo me decía que no estaba incómoda por lo de su amiga, había algo más que no me decía y por supuesto tenía que ver con la pregunta que aún no me ha respondido.
-Tranquila –susurré. Christine volvió a mirarme con sensibilidad y culpabilidad –Te entiendo, será otro día. No te agobies –volvió a fruncir sus labios para luego sonreírme
-Es increíble ¿cómo lo haces? –Fruncí mi ceño ante su inesperado comentario.
-¿Qué cosa?
-Siempre logras cambiar mi humor de un momento a otro –Mi estómago se revolvió ante esa confesión. No supe cómo pero terminé sonrojándome como un jodido cobarde. Christine se estaba convirtiendo en la persona que sostenía mi estado de cualquier forma posible. En mis pensamientos de cada día aparecía ella. Cuando me dormía era lo último que veía antes de que me entregara en las manos de Morfeo, y en mis sueños era la única figura que alcanzaba a reconocer por lo que despertaba feliz. Feliz porque un nuevo día, sin demostrarlo, sabía que la vería. Sabiendo que ya cada cosa que he sentido por ella desde que la conocí no se podía evitar de aquí al mañana. ¿En pocos días se podía sentir aquello por una persona? ¿era eso posible? Me resultaba ilógico y poco probable. Pero si era así de imposible ¿por qué lo sentía yo? ¿por qué tenía esos sentimientos por primera vez en la vida? Parecía un cabrón confundido y enamorado. Me estaba enamorando. Mierda tal vez Eric tenía razón. Si eso era, no me importaba al saber que a la mujer que le daría todo por verla feliz, sería la que estaba sentada a mi lado sonriéndome.
-Christine –la llamé apenas tragando saliva. Su mirada iba desde mis ojos a mi boca. Jesús. –Quiero besarte –Me acerqué lentamente a quedando cara a cara. Ella en su asiento de piloto, y yo saliendo traviesamente del lugar que estaba al lado para poder acercarme más.
-Hazlo –susurró la castaña apenas en un hilo de voz, notando que estaba hipnotizada por el azul de mis ojos. Algo que comúnmente ella hacía seguido, por lo menos cuando me miraba detenidamente.
No quería esperar más así que corté nuestra poca distancia hecha y la besé con una lentitud y dureza que sentí como se estremecía. Ella cerró de inmediato sus ojos y respondió a mi gesto, acarició mi cuello con ambas manos para profundizar el beso. Mi lengua con pasión rozó la suya convirtiendo mis suspiros por esa chica, en escalofríos vagando por mi ancha espalda. Christine me volvía loco y sabía en mi interior que también provocaba lo mismo en ella.
Segundos infinitos estuvimos así lo cual agradecí. Todo esto era espectacular y entendí que aquello no me molestaría para nada tenerlo cada día por el resto de mi vida. Por un lado tenía miedo, lo admitía. Antes el solo hecho de estar de novio con alguien me causaba escalofríos y pensaba más que nada en el bienestar de mi hermana y que no sería bueno para ella, pero ahora lo veía todo tan familiarizado. Como si siempre lo hubiera querido desde primer lugar. Alguien que me acompañara en todo lo que me propusiera y yo hiciera lo mismo con ella, por lo que supe en ese instante es que Christine era aquella persona. Sus suspiros fueron siendo reiterados cuando la besé con mucha más pasión. Haciendo que mi lengua rebuscara la suya y supiera reguardar los gemidos estruendosos que evitaba sacar a la luz. Lo cual me ponía a mí aún más al cien. Mi cuerpo y mi corazón estaban tan agitados y de por sí nerviosos que no hallaba nada más que hacer que abrazarla y pegarla más a mí. No había duda en esto. Comenzaba a querer a Chris de una forma indefinible; pero a la vez me sentía tranquilo sabiendo que de un modo u otro ella también sentía lo mismo. Aunque aún no salieran sus propios labios esa verdad, lo tenía presente.
-Basta –susurró luego de un momento de besos húmedos, cuando se separó de mí bruscamente. Tragué saliva al ver su cambio de humor inmediato –Caleb, esto está mal –dijo seria y por poco alzando la voz, alejando cualquier contacto conmigo. Fruncí mi ceño.
-¿Qué está mal?
-Lo sabes –Pronunció apenas. No entiendo volví a repetir la pegunta
-¿Qué está mal? ¿besarnos? –Estaba encabronado y ni siquiera comprendía si era con ella o conmigo mismo –Eso no está mal si ambos queremos ¿no? –Christine me vio con ojos temerosos. No entendía su comportamiento por lo que deduje que mi cara daba un claro reflejo de dureza y neutralidad.
-Últimamente hemos estado haciendo cosas erróneas. Cosas que no son buenas, ni para ti ni para mí –Bufé irónico. Sin embargo, esas palabras me afectaron de sobremanera.
-Escucha. No tengo tiempo para hablar de esta mierda Chris, si no quieres seguir con lo que sea que estamos haciendo, está bien –Exhalé enfurecido. Pero tratando de controlar mi temperamento, aunque no sabía si iba muy bien con eso –Pero hay una pequeña, cuya niña es mi hermana y la cual encariñaste, que está esperándome en mi camioneta y la verdad es que no tengo ganas de hablar de esto justo ahora.
-No involucres a Melanie en esto, por favor –Era increíble, en la forma irónica claro.
-¿Qué no la involucre? –Suspiré –Tú la involucraste primero en el momento en que permitiste que se encariñara contigo –Reí con ironía. La cara de Christine, era totalmente confusa y llena de arrepentimiento –Aunque creo que yo fui el idiota por haber dejado que eso pasara.
-Por favor, no quiero hacer esto más difícil –Mi gesto indagó aún más –Perdóname por no acompañarte con tu hermana hoy pero, tenía planes –Dijo suspirando por último cuando no supo que más decir.
-Hoy estás más rara de lo normal ¿y sabes? –Pregunté enojado dispuesto a salir de su coche. Estaba enfurecido con ella y conmigo, joder –No sé si quiero saber la razón –Respondí por último para salir listo para llegar a mi coche.
Sentí que la puerta de su BMW volvió a sonar después de mi estruendoso portazo. Como también sentí unos tacones que venían a toda prisa detrás de mí. Una mano delgada tomó de mi brazo para obligarme a dar la vuelta y encarar a esa preciosa chica que ya realmente, no sabía si me correspondía. Me sentí enfurecido, encabronado pero sobre todo humillado. Mierda. Por esto no quería involucrarme con nadie, siempre saldría perdiendo. Simplemente eso de la “felicidad” y el “amor” no eran parte de mi plan de vida.
-Caleb por favor –Susurró cerca de mí. Mi rostro aún seguía neutro y duro, mierda –Por lo que más quieras, no me odies. No lo soportaría
-¿Y qué mierda quieres que haga? –Le alcé la voz como el cabrón que era mirándola con furor. Christine se asustó cuando lo hice y no era para menos. Ella tragó saliva.
-No me odies –volvió a susurrar cerca de mí –es lo único que te pido –Lancé una risa irónica ante su petición, no la odiaba y aunque quisiera, no podía hacerlo. Jamás lo haría y eso me enfurecía aún más.
-No puedo odiarte Chris –Pronuncié a lo bajo con rabia, dándome cuenta de lo obvio –Aunque quisiera, no puedo –Sus hermosos ojos verdes me miraron con interrogación, mordió su labio inferior con nerviosismo. Esos labios que aún estaban sonrosados por el encuentro que hace poco habíamos tenido. Ya estaba cansado de toda la mierda que estaba sintiendo, me deshice con dureza de su pequeña mano que aún sostenía mi brazo para volver a mi camioneta. Dándole la espalda nuevamente, pasando por todo el estacionamiento. Sus gritos de llamado me interrumpieron de nuevo.
-Caleb –me llamó con la voz alta a mis espaldas. Me giré con resignación para mirarla y verlas acercándose hacia mí, no dejaba que me fuera y la verdad era que necesitaba alejarme de su lado. Sabía que si estaba un instante más cerca de ella colapsaría de una forma u otra –No quiero dejar de ver a Melanie
-¿Qué? –No entendía lo que decía, o al menos no quería comprenderlo. Mi paciencia estaba sobrepasando los límites igual que su comentario respecto a mi hermana.
-Eso –asintió volviendo a tragar saliva –No quiero dejar de verla, ella es una niña espectacular y mañana –Titubeó –mañana tiene su fiesta y prometí cuidarla. Y eso es lo que voy hacer.
-Escucha Christine –Hablé tratando de controlar la furia que tenía por dentro. Traté de estar quieto pero ella, y su distanciamiento claro hacia mí me jodía mucho. No toleraba el hecho de perderla, ese era el caso. Me acerqué a ella con determinación –Cometí el error de dejar que alguien ajeno a mí se acercara a Melanie y lo peor, es que dejé que te convirtieras en alguien especial para ella.
-Dios –Exhaló tomando su frente con frustración –Caleb este no es el lugar para hablar, mierda –Rodé los ojos ¿entonces cuando? Me tenía en el límite con sus palabrerías y actitudes, pero aun así me gustaba joder. Me enojaba por ese hecho.
-Entonces cuando lo será ¿eh? –dije retórico. Bufó tomando su frente con frustración para luego mirarme pensativa y distante.
-Ven a mi departamento
-¿Eh?
-Eso –Habló apenas, noté que tenía un nudo en la garganta y se notaba bastante nerviosa. Hoy, era el peor día para nosotros. –Hoy ven conmigo, para hablar bien y si es que hoy y mañana serán las últimas veces que veré a tu hermana, quiero que pasemos el término para un buen momento. –Bien, ahora nuevamente me sorprendió. Fruncí mi ceño con notabilidad.
-¿Hablas en serio? –Apenas logré hablar, joder. Asintió resignada.
-Responderé a todas las preguntas que has tenido hoy después de verme –Suspiró –Va a estar mi amiga en el departamento y es un tanto “niña” para algunas cosas, así que creo que se llevará bien con Melanie mientras nosotros… –Levantó los hombros acongojada –hablamos –Completó por último entretanto en mi mente solo me dejaba sin habla y sin palabras. Tal vez funcionaría después de todo. Me quedé pensando un momento. Teníamos que desahogarnos y sacar todo lo que sentíamos a la luz. Era lo mejor para nosotros y sabes lo que pasaría a futuro.
-Está bien –terminé asintiendo. Christine completó nuestra charla con una sonrisa triste. Mi humor aún no había cambiado, seguía furioso conmigo mismo a excepción de un sentimiento que se acumuló en mi interior, el miedo. El miedo y la ansiedad se ajustaban bien a lo que sentía para esperar lo que tenía para decirme.
-De acuerdo vamos –Titubeó – vamos a buscar a Mel a tu carro para llevarla
-Espera –La interrumpí cuando iba dispuesta a su destino, es decir, mi hermana pequeña en mi carro –Podemos ir en mi camioneta, no hay problema con eso
-No –sonrió comprensiva –Hoy yo seré la chofer ¿está bien? –Supongo que los ánimos no estaban para ponerse a pelear por eso. Nuevamente asentí.
-Está bien
(…)
-Hola pequeña zorr –En el momento en el que abrió la puerta para abrirle a Christine, la voz chillona de una desconocida morena alegre, se vio obligada a interrumpirse al verme a mí y a mi hermana pequeña a su lado. Su sonrisa se convirtió en una de confusión. La castaña clara rodó los ojos para luego bufar, entrando sin hablar y dejar sus cosas en un pequeño mueble decorativo que tenía a un lado de la entrada. La morena con la mirada nos invitó a pasar para cerrar la puerta.
Me miraba interrogativa, juraba que me decía con la vista “¿quién demonios son?”. Entretanto Chris volvió a aparecer en la escena tensa con un pequeño vaso de alcohol en la mano. Al parecer no le importó el hecho de que su mejor amiga no le hablara, ni nada. Fruncí mi ceño compungido.
-¿Por qué diablos hay un vaso de vodka en la cocina? –Le preguntó Christine a la morena quien no quitaba la vista de nosotros con una ceja levantada, estaba esperando una explicación mía o algo. Mierda –Te he dicho que no me gusta que traigas alcohol.
-Corrección: Has dicho que en la semana no traiga alcohol–Respondió la morena girando su vista a ella –Y si nos fijamos en el calendario hoy es viernes, o sea, comienzo del fin de semana –Habló con una sonrisa orgullosa.
-Eres imposible –Bufó Christine de nuevo –Y supongo que la pizza que está en la encimera, la trajiste tú –Terminó asintiendo, aún la morena desconocida.
-Sí, porque tu comida apesta. Dime ¿quién come tarta de espinaca? –Preguntó con repulsión y asco –Eso es sólo obra de satanás –Bromeó con los brazos cruzados.
-Es comida y es saludable.
-¿Saludable para quién? ¿Popeye? Él no cuenta, es una caricatura –Melanie no pudo aguantar reprimir una risa ante la pataleta de la amiga de Chris. Admitía que su amiga parecía más su hermanita pequeña que su amiga. Me resultaba divertido en cierto aspecto su actitud, me recordaba bastante a Mel y sus berrinches. La morena miró a Melanie de forma admiradora –¿Lo ves? Hasta esta lindura de visita me encuentra la razón. Quienes por cierto, no me has presentado maleducada –Le recalcó a Christine, quien terminó por lanzar una risa irónica.
-Ella es Melanie, la hermana menor de Caleb –Por último me señaló con una mano. Ella saltó como un resorte para abrazar a mi pequeña monstruo provocando mi extrañeza y la vez diversión. Melanie con una risa aceptó su abrazo.
-Dios, es un gusto pequeña Melanie –La abrazó besando estruendosamente su mejilla, provocando una risa más de mi hermana.
-¿Cómo te llamas? –Preguntó con timidez y curiosidad la pequeña clonación mía. La morena se puso recta con una sonrisa de oreja a oreja.
-Mi nombre es Alyssa. Soy la mejor amiga de la comespinacas y tu futuro pase hacia la diversión infinita –Levantó ambas cejas al mismo tiempo reiteradamente. Sonrió una vez más para luego apartar la vista de la niña y verme a mí, haciéndome un leve saludo de manos, sin sacar su extrovertida sonrisa. Volvió a dirigir su vista a Melanie para abrazarla una vez más.
-Ya suéltala por Dios. La vas a ahogar –dijo sarcásticamente la chica con quien tendría una conversación más adelante, sin embargo después de un momento, seguía nervioso de aquello.
-Ash, no me hables mala amiga –Pronunció Alyssa mirándola con un fingido enojo luego de soltar a mi hermana por segunda vez –Si me hubieras avisado antes que teníamos visitas hubiera comprado una pizza más grande. Eso no se hace, menos con una lindura como esta –Dijo poniéndose al lado de Mel.
-Fue de último momento ¿sí? Además puedes llamar para pedir otra pizza a los gustos de Melanie ¿no? –Alyssa terminó por chillar asintiendo. Con una extrovertida risa volvió a abrazar a mi hermana pero con la única excepción de que ahora la tomó en sus brazos para levantarla. Mi hermana realmente parecía divertida con la situación, le había caído bien. De acuerdo esto iba mal.
-¿Te gustaría una pizza con todos tus gustos lindura? –Le preguntó a la pequeña quien asintió de inmediato con una sonrisa de oreja a oreja –Bien, entonces vamos a la cocina a pedirla porque a mí me dieron ganas de comer pizza y un par de patatas fritas –Con su extrovertida invitación desapareció por la puerta de la cocina dejándonos solos a mí y a la persona quien comenzaba a querer.
-Discúlpame por eso –Le fruncí el ceño.
-¿Por qué te disculpas?
-Alyssa es un poco… extrovertida e hiperactiva. Sobre todo con niñitas –Reí comprendiendo a lo que se refería.
-¿Por qué es así? –Suspiró sonriéndome.
-Nunca ha tenido una hermana menor. Creo que ese es su mayor sueño si es que lo puedo decir sabes –rió divertida –En cambio a sus deseos, ella se crio con hombres. Digo, tiene sólo dos hermanos mayores y vivió toda su vida así. Sin una oportunidad de estar alguien con quien compartir su sentimiento de “hermandad” o algo así –Dijo con melancolía divertida–Por eso, creo que nos consideramos como hermanas.
-¿Tú no tienes hermanos? –Me dio curiosidad de un momento a otro saber ese hecho. Negó suspirando, cambiando su semblante de un momento a otro –¿Conoces a sus hermanos? –El nerviosismo repentino se apoderó de ella al preguntarle de los familiares de su mejor amiga.
-Algo así –titubeó. Lo entendí todo, no soy idiota mierda.
-Te acostaste con ellos ¿no? –Pregunté serio, ni siquiera tenía ganas de saber la respuesta. La vi tragar saliva.
-Sólo con uno y bueno… él ya está casado y todo. No fue una relación ni nada. –Asintiendo sin querer saber más. Exhalé consternado, me había enfadado solo como un cabrón. No entendía por qué me enojaba por ese hecho. Hace una semana ni siquiera sabíamos de nuestras propias existencias y no había por qué avergonzarse por eso. Sin embargo, no quitaba la pequeña espina que había entre nosotros.
-Quiero que hablemos –dije cambiando de tema inmediatamente. Supuse que su amiga estaría jugando o hablando con Melanie un buen rato, al menos tiempo suficiente para que nosotros intercambiemos palabras que nos faltaban aclarar. Ella asintió de acuerdo.
-Vamos a mi cuarto. –Señaló con la cabeza para que la siguiera, así que lo hice.
Su habitación estaba decorada elegantemente, con una cama matrimonial, alfombras de un color rojo oscuro y paredes con retratos de ella con la morena extrovertida e incluso con su padre. Otras con su madre. No me sorprendí en cierta forma, había cierta forma de sofisticación en ella lo cual me gustaba aún más joder.
-Siéntate –la escuché decir para luego hacerlo. Me sentía un poco cansado en cierto aspecto –¿Qué es lo que quieres saber?
-¿Qué te pasó hoy? Si no fuera porque entré a tu auto sin pedirte permiso, no me hubieras hablado –Hablé de inmediato, de verdad estaba lleno de curiosidad con ese tema. Christine suspiró.
-Empecemos parte por parte –Dijo, aunque creo que fue algo más para ella misma. Asintiendo.
-De acuerdo
-Primero que nada quiero que entiendas o… que entendamos, ambos –Tragó saliva para luego volver a hablar con profundidad –Que entre los dos no hay nada y que nunca va a haber algo –susurró apenas, como si le afectara decirlo. La entendía. Esas palabras fueron como un puñal en mi pecho. Me dolieron, mierda. Apreté mi mandíbula con fuerza.
-Lo sé. ¿Era eso lo que te pasaba? –Pregunté acongojado a punto de romper nuevamente su pared. Ella negó cabizbaja
-Y-yo –Exhaló –Estoy intentando algo con alguien y, creo que no es bueno que sigamos con, lo que sea que estamos haciendo –Confesó viéndome los ojos. No tenía ni una idea de lo cuanto me afectaban sus palabras. Reí con ironía. No sabía de qué me sorprendía, desde que murieron mis padres supe que el amor en cualquier sentido de la palabra no existía para mí. Y aunque existiera siempre saldría dañado.
-Es con Harrison ¿verdad? –No respondió confirmando mi pregunta. Saqué todo el aire contenido sin darme cuenta. Volví a lanzar una risa sarcástica –No soy idiota y no sé por qué, pero me lo esperaba sabes.
-Te lo juro Caleb. Jamás quise hacerte daño, ni a ti ni a Melanie –Me levanté de la cama en donde estaba sentado. La furia comenzaba a crecer nuevamente y eso no era bueno.
-Entonces ¿qué esperabas? –Le hablé con voz alta acercándome amenazadoramente a ella, quien retrocedía con miedo hasta chocar con la dureza de su puerta. Estaba respirando en su rostro con brusquedad y sentí como se derretía mientras miraba mis ojos. No engañaba a nadie. Ella sentía lo mismo por mí, con la diferencia en que tenía más miedo que yo en cualquier aspecto –Dime ¿Qué mierda esperabas después de hacer todo lo que nos hiciste? ¿Qué te odiáramos?
-No lo sé –susurró cerca de mi rostro. Terminé poniendo ambos brazos en la puerta, uno a cada lado de su cabeza para encerrarla y que no pudiera salir de mi lado, nunca –Pero no esperaba esto.
-¿No esperabas esto? –Susurré de igual forma. Jugando con su anatomía, pegándome a ella como siempre lo he querido. Su pecho bajaba y subía, sentía todo su aliento agitado en mi boca como ella sentía lo mismo conmigo. Christine tragó saliva mirando con deseo mis labios. Y yo mierda, estaba ardiendo por poseerla y besarla hasta que el maldito mundo se acabara –¿No esperabas que yo te quisiera Christine? –Su mirada cambió de inmediato para encontrarse con la mía. La suya estaba repleta de impresión y sorpresa.
-¿Qué dijiste? –pronunció sin hablar. Incluso supuse por un instante que se desmayaría.
-Que te quiero Christine –Jugué con mi labios en los suyos sin despegar mi mirada de sus ojos como tampoco sin besarla, provocando que un gemido hermoso saliera de su boca. Quería que la besara, estaba claro –Te quiero como jamás pensé querer a alguien que no fuera mi familia. –Suspiré derrotado por ella y por su corazón.
-Estás loco –susurró. Con lágrimas a punto de salir de sus ojos. Lo sabía joder –Ni siquiera me conoces.
-¿Entonces como explicas el hecho de que te quiero con esta intensidad si no nos conocemos? –La pregunta dio en el clavo cuando ella no supo qué responder –Te quiero tanto Christine, tanto como tú me quieres a mí. –Christine tragó saliva.
-¿Cómo sabes que te quiero? –Me reí cerca de sus labios, provocando un leve cosquilleo entre ambos.
-Porque lo vi –Me frunció el ceño débilmente, interrogativa. –Porque lo vi en el primer momento en el que entraste a mi tienda, en el que giraste tu rostro hacia mí y quedaste hipnotizada viendo mis ojos. Desde ese momento lo supe Christine y tal cual como tú, no supe admitirlo. Hasta ahora –Con su mirada vidriosa por las lágrimas aguantadas nuevamente bajó su vista.
-No lo entiendes –Suspiró –Nada puede haber entre nosotros porque no estoy acostumbrada a lo desconocido –Terminó por sacar su primera lágrima –Soy tu profesora y tú un alumno. Tú eres blanco y yo soy negro. Tú eres menor, yo soy mayor. Yo soy sentido y tú eres sensibilidad. Somos tan diferentes que todo lo hace complicado –Relajó su respiración. Asentí comprendiéndola, viendo como lloraba en frente de mí. Tragué saliva comprendiendo todo, maldita sea.
-¿Crees que estando con otro vas a sacar eso de tu mente? –Negó.
-Pero al menos sabré que estoy haciendo lo correcto. Por ambos –Mis labios jugaron una vez a los roces con los suyos por última vez. Para luego separarse obligatoriamente. Ya todo me hacía abrir los ojos de una forma alucinante. Asintiendo hice que levantara mi vista hacia mí.
-Entiendo –Lo hacía, entendía todo y ya todo me era más fácil de entender –Mañana va a ser la última vez que veas a Melanie, porque como dijiste prometiste llevarla a su fiesta. Y las promesas se cumplen –dije serio cambiando de tema y con neutralidad. Suspiré revolviendo mi pelo frustrado. Quería golpear algo lo que sea, era capaz de todo joder. Era capaz de todo por Christine –Pero eso será todo. –Me acerqué a ella sin intenciones más que para hablarle con determinación. –Después de eso no volverás a saber de mí, ni de ella.
-Caleb…
-Has como si nunca hubieras entrado en mi tienda, ni que me hubieras conocido. Sólo soy tu alumno y nada más ¿me oyes? –Hablé sin titubear, pero tampoco demostrando enojo. Christine me miró incrédula y triste, con lágrimas débiles vagando por sus mejillas. Estaba todo claro.
“Todas las obras de
arte deben empezar. . . Por el final.”
—Edgar
Allan Poe
No hay comentarios:
Publicar un comentario