Había estado como alma que lleva el diablo, joder. Christine, en todos estos días no había contestado mis llamadas. No quería pensar precipitadamente al creer que ya no me quería y se arrepentía de todo lo que hemos pasado. Los tres días de suspensión habían pasado increíblemente lentos. O al menos eso sentí al estar todos los días en mi casa extrañando a la chica que me volvía loco. Tolerar, después de quedarme en su departamento, todos los chistes de mal gusto de Eric y las miradas asesinas que me proporcionaba Jessica me ponían aún más los pelos de punta. Ya que en estos días tampoco dejaron que pensara en otra cosa que no fuera ella. Y no es que planee olvidarla, sino que me estresaba el no poder verla y los pelmazos me lo recordaban deliberadamente cada vez que tenían la ocasión. Pensé innumerables veces ir a buscarla y vernos aunque sea un pequeño instante, pero tenía que ir trabajar y de por sí, cuidar a Melanie. Nuestros horarios chocaban mientras yo no estuviera en el instituto y aquello era una real mierda. Más mierda era el hecho de pensar que todos estos días hubiera estado con Harrison. Maldición. La ansiedad me carcomía por dentro mientras iba camino al instituto después de dejar a mi hermana. Iba más temprano de lo común, pero aun así, al estacionarme me di cuenta que no era el único en llegar a esa hora. Varios estudiantes entraban y salían del establecimiento. El equipo local entrenaba jugando futbol americano donde pude distinguir a Kevin, más recuperado después de la paliza que le había otorgado. Quise reír, pero gracias a mi humor y nerviosismo aquel sentimiento de burla no estaba presente.-Buenos días Caleb –Me saludó el conserje afroamericano sonriente con quien comúnmente conversaba después de mi almuerzo. Sólo que ahora lo veía más temprano limpiando la entrada del lugar. Decir que me caía bien era corto comparado con lo agradable que era ese sujeto. Le di un saludo de manos para luego sonreírle.
-Hola Lennie ¿cómo has estado? –Él levantó sus hombros.
-Bien, en lo que se puede estar claro. Pero bueno, es raro verte aquí tan temprano –Asentí, de acuerdo –¿Llegaste a esta hora por algo en especial? –Reí ligeramente. Lennie sabía que me gustaba una chica y todos mis sentimientos hacia ella, sin embargo, no sabía quién era en específico.
-Sí, puede ser. Dime ¿Qué ha pasado en mi ausencia? –Él terminó por dejar de limpiar por un instante con su trapeador para mirarme con sospecha.
-De por sí todos los estudiantes han estado hablando de la paliza que le proporcionaste a Kevin –Suspiró –Algunos te odian y otros te aman, es lo que pasa cuando atacas al quarterback del equipo –Rió para luego seguir limpiando con su trapeador, negando con su cabeza. De verdad, aquello era lo último que me preocuparía en esta vida.
-¿Acaso ves que me importa? Sólo fue una pelea y ya, deberían superarlo –Hablé simplemente, dirigiendo mi vista hacia la entrada. Esperando que apareciera la bella castaña clara que me removía hasta la última célula de mi cuerpo. Él me miró con sus ojos entrecerrados.
-¿Estás esperando a alguien? –Preguntó divertido. Bufé para luego reír.
-Tal vez –Lennie negó divertido, nuevamente –¿Algo más?
-Sí, algo así. Incluso creo que aún no han dejado de hablar de esto. Hasta a mí me sorprendió –Estaba serio, sin quitar mí vista de la entrada. Joder, a qué hora llegaría –El inspector Harrison renunció –Mi mirada fue de inmediato a él. Sin poder creer lo que me había dicho. Qué mierda.
-¿Qué? –Asintió.
-Nadie sabe el motivo ni nada. Sólo se sabe que llegó el lunes por la mañana y firmó su renuncia con Gibson –Fruncí mi ceño. Ahora más que nunca quería que llegara Christine para hablar seriamente con ella de aquello. Mierda ¿renunció? No era que me preocupara que no estuviera en el instituto, sino que si el tema central de esto era Nick, de por sí venía ella dentro del paquete. Intuía que algo pasó entre ambos. Puede que simplemente hayan terminado o que hayan terminado, pero no de buena forma.
-¿Y Christine? ¿cómo está? –No pude evitar preguntar sin siquiera pensar con quién estaba hablando. Lennie me miró extrañado –Digo como profesora, porque ella, esto, es, su novia ¿no? –Titubeé tratando de no notarme tan nervioso. El afroamericano asintió entendiendo.
-Pues no lo sé. La verdad es que no sé nada de ella más que trae a todos locos en este instituto –Respondió divertido. Asentí entendiendo, porque, también me traía loco a mí. Mí vista luego de un instante como por arte de magia se dirigió a la entrada del establecimiento y allí, por fin, la vi venir con su contoneo de caderas tan definido. Dispuesta a ir al salón de tercero. Tragué saliva. Joder, cómo la extrañaba. Sin embargo, además de aquello sabía que teníamos que conversar. Miré a Lennie agradecido.
-Adiós Lennie, después hablamos –Él me sonrió
-Nos vemos chico –Confirmé con mi cabeza para luego ir casi corriendo hacia su paradero.
En los pasillos aún no había muchos estudiantes y mucho menos había en los salones. Así que sólo entré en el aula donde se encontraba y la había visto entrar sin avisar causando que la castaña se asustara. Cerré la puerta detrás de mí. Precaviendo que de cualquier forma nadie entrara. La miré y en sus ojos no había nada más que desconcierto y miedo. No lo entendí, juro que no lo entendí. Sus actitudes eran tan raras como sus cambios de humor. No supe que decirle, o al menos no supe que esperaba que le dijera. Demonios, se veía tan bien con esos jeans negros y ajustados con esos tacones que por más que fueran altos, no le ayudaba a que me superara en altura. Al igual que poseía un top ajustado a su maravillosa medida de color crema. Joder, hace tres días que no la veía y la extrañaba más que a nada en el mundo, no me esperaba que hubiera tanta distancia en cuanto nos reencontráramos.
-Hola –Apenas dije aquello ella suspiró. Como si le relajara el hecho de que estuviera cerca pero a la vez le aterraba. No entendía nada.
-¿Qué haces aquí? Puede entrar cualquiera –Susurró viendo si alguien entraba detrás de mí, observando la puerta por la cual accedí. Crucé mis hombros, serio. Era inútil que lo dijera ya que cerré con llave. Moría por besarla y decirle cuánto la extrañé. Pero su actitud de ignorancia y de escape sacaba lo peor de mí.
-Cerré con llave, no te preocupes por eso –Bufó tomándose su frente. La veía extraña, nerviosa –¿Por qué no respondías mis llamadas? –Tragó saliva. Exhaló resignada, entendiendo que no ganaba nada con discutir.
-Lo siento. Pero, no es momento para hablar de esto Caleb. Son muchas cosas que han pasado estos días que –Se interrumpió a sí misma. Enredada por sus propias palabras. Resoplé
-¿Qué ha pasado? Demonios, Christine ambos confesamos que nos queremos. El domingo casi hicimos el amor además de haber pasado un día maravilloso totalmente juntos –Apreté mi mandíbula al ver su mirada de arrepentimiento –No vengas con arrepentimientos ahora, joder. No ahora –Me acerqué decidido sin sacar mi vista seria de la suya. Quien sólo estaba acongojada. Me acerqué tanto que me recargué sobre ella presionándola contra el escritorio. Poniendo mis manos a cada lado del amoblado. Intimidándola.
-Perdóname ¿Sí? Lo único que quiero que sepas es que mis sentimientos no han cambiado –Volvió a tragar saliva, viéndome directamente. Me acarició la mandíbula tratando de relajarme, y lo logró. Haciéndome sentir escalofríos. Joder, todos mis pensamientos de seriedad se fueron a la mierda. Todo, incluso mi ansiedad. Era increíble que son un solo toque lo lograra. Christine me besó tiernamente yo le correspondí de la misma forma. Extrañaba sus labios tanto como su sabor. Mis brazos tomaron como prisionera su cintura con la intención de hacer ese beso más largo y pasional. Pero ella, se separó con lentitud poniendo su mano en mi pecho –Pero Caleb, entiéndeme… no es un tema me gustaría hablar ahora –Asentí suspirando, resignado.
-Sólo te tengo una pregunta. Y me gustaría que la respondieras en este corto tiempo –Ella asintió mirándome atenta. Mis manos seguían en su pequeña cintura, por lo que no tenía ninguna escapatoria –¿Por qué se fue Harrison? –Su vista cambió de inmediato a una de incomodidad. Removiéndose inquieta y ahora, no me miraba a los ojos al escuchar ese nombre. Fruncí mi ceño, algo pasó. No era idiota –¿Christine? –Apretó su mandíbula con su vista baja.
-No lo sé –Levantó sus hombros, mirando mi pecho precisamente. Sin levantar su cara hacia mí. Estaba mintiendo –Supongo que se aburrió de su empleo. Les pasa a muchos –Volví a apretar mi mandíbula. Lo que más odiaba además de que se metieran en mi vida, eran las mentiras. Sabía que me estaba mintiendo, joder. Con suavidad y nuevamente con seriedad levanté su rostro hacia mí. Sus ojos reflejaban un extraño sentimiento que comúnmente nunca veía en ella. Sensibilidad.
-¿Qué te ha hecho? –Pregunté con mi ceño fruncido y sin escrúpulos. Quería matarlo con mis propias manos, mierda. Ahora él no era parte de este establecimiento, podía descuartizarlo si quería por hacerle daño de cualquier forma a Christine. Ella frunció sus labios sin poder decir nada. Sentí que si decía algo, lloraría. Algo le había hecho. Quería gritar y romper todo lo que tenía a mí alrededor. Pero de por sí, quería romper algo más valioso que cualquier otra cosa, el cuello de Harrison.
-Nada ¿Por qué supones eso? –Lanzó una risa tan falsa como lo que acababa de decir. Mi cara seguía igual que antes, seria y con mi característico ceño fruncido.
-Christine, no estoy para juegos. ¿Qué te hiso ese hijo de puta? –Hablé con tanto enojo contenido que la asusté en cierta forma. No quería asustarla, sólo quería saber la maldita verdad. Antes de que ella respondiera el timbre de entrada había sonado. Salvando a cualquier tipo de respuesta que Christine hubiera dado. Suspiré, pegando mi frente con la suya. Había sido salvada por la campana literalmente, pero eso no significaba que más tarde tengamos una conversación pendiente. Ambos lo sabíamos –Hoy vendrás a mi casa después de clases ¿de acuerdo? –Ni siquiera le pregunté. Fue algo más como una afirmación a lo que pasaría, sé que era un cabrón al hacer eso, pero Christine me estaba haciendo todo esto un tanto difícil.
-Pero
-“Pero” nada. Vendrás si o si –La besé cortamente a lo que ella terminó exhalando todo el aire extrañamente contenido. Conformándose, supuse.
-¿Qué pasará con Melanie? No sé si sea bueno que hablemos de un tema así con ella presente –Asentí.
-Darrell irá a buscarla después de su escuela e irá a jugar con Chloe. No te preocupes de aquello –Asintió. Terminé por besarla con ternura. Sus manos inmediatamente fueron hacia mi cuello para acercarme a lo que obviamente yo hice lo mismo presionando su cintura. No duró mucho ya que los estudiantes llegarían pronto. Pero lo suficiente para hacernos quedar en las nubes –Te he extrañado –No sé de dónde salieron esas palabras, pero lo único que supe era que fueron sinceramente verdaderas. Sus ojos por fin, después de no verlos tanto, me miraron maravillados. La quería, no sabía hasta qué punto, pero lo hacía y mucho. Más que mucho me atrevería a decir. Me asustaba, sin embargo no me desagradaba.
-Y yo a ti.
-Saquen sus libros en la página 37, por favor –Sentir su voz armoniosa nuevamente en clases me gratificaba a un punto irreversible. Nuestras miradas cómplices que sólo nosotros entendíamos me daban gracia, sin embargo me gustaba sentir esa química en el aula sin que otros se den cuenta de aquello. Todos los estudiantes la obedecieron bufando, incluso yo. Era lindo volver, pero sólo por ella –Hoy vamos a trabajar con el gran poeta francés Victor Hugo, con una de sus obras llamada “Plenitud” y de por sí van a tener que responder las preguntas siguientes. Eso les puede servir para comprender lo que quiere decir y mejorar su entendimiento con las metáforas –Anunció con una sonrisa amable, ahora entendía por qué volvía a locos a todos. Eso y que era extremadamente atractiva y sexy –Hoy estoy de buen humor así que, podrán trabajar esto en parejas. Mucha suerte –Todos silbaron su idea alegres, por supuesto. Preferí hacer aquello solo, no era que no sociabilizara bien con los otros. Sólo que durante toda mi vida, preferí hacer mis cosas en solitario. Sin recibir ni dar órdenes a nadie. Y eso era para todo lo que hiciera, incluyendo trabajos de instituto.
-¿Disculpa? –Una voz suave interrumpió mi iniciación de lectura del poema. Levanté mi vista hacia una chica delgada que jamás antes vi. Tenía el cabello completamente ondulado, rubio y su cara reflejaba el monto exagerado de sus pecas. Se parecía bastante a las muñecas de terciopelo que tenía Melanie a los 5 años –¿Ya tienes pareja? –Preguntó un tanto tímida. Dudé un segundo, viendo que en sí quería ganarse a mi lado, ya que había un asiento desocupado. Negué sin decir nada –¿Te molesta si hacemos las preguntas juntos?
-Uhm no, claro que no –Si bien prefería trabajar solo, no encontraba muy educado negarle algo así a una chica. Ella me sonrió haciéndome ver que usaba frenos, bastante especial para mi gusto.
-¿Eres Caleb verdad? –La miré confuso cuando hiso su pregunta justo en el instante en el que se sentó.
-Sí ¿Por qué? –Pregunté, de verdad me intrigaba saber el hecho del por qué sabía mi nombre. La chica se sonrojó un poco levantando sus hombros.
-Escuché de ti por el altercado que hubo la semana pasada –Respondió casi en un susurro –Por cierto, mi nombre es Katherine, pero me dicen Kathy –Asentí. Bien, sinceramente no me importaba si comenzaba a ser conocido por aquello. De verdad, prefería ser invisible a que me jodieran deliberadamente con el mismo tema.
-Vaya, al parecer falta que salga en la televisión y seré toda una estrella de Hollywood –Hablé con ironía, causando una leve risa de la rubia.
-No es poco lo que hiciste. Golpeaste a uno de los chicos más populares del instituto –Levanté mis hombros, eso era aún más patético. Ahora leyendo las preguntas que estaban en el libro –Pero bueno, veo que no te importa mucho lo que es aquí la “popularidad” –Comentó un poco acongojada.
-La verdad, no. Sólo espero graduarme y ya –Ella asintió
-Entonces, supongo que tampoco te interesa el campamento que viene ¿no? –La miré interrogativo.
-¿Hay un campamento? –Pregunté sin predecir nada, mi mirada se levantó encontrándose con la de Christine, quién me miraba potentemente. Había algo que no distinguía bien de ella en ese instante, me observaba libremente, sin que le importe que otro la encontrara con su vista hacia mí. ¿Acaso no tenía miedo que alguien se enterara de aquello? No parecía en ese momento, ya que su mirada no se despegaba de la mía. Incluso me atrevería a decir que estaba casi con su ceño fruncido. Estaba rara de por sí. Le fruncí mi ceño tratando de preguntarle con la mirada qué le pasaba.
-Pues sí. Todo el alumnado de último año irá –Comentó. No presté mucha atención a lo que dijo, sólo miraba a Christine. Tratando de averiguar el por qué la expresión de su rostro. Giró su vista tímida, ya no sosteniéndome la mirada. Joder, qué pasaba. Una mano se colocó en mi brazo llamando mi atención. La chica rubia había tomado con su mano mi antebrazo –¿Estás bien? –Con, aún, mi ceño fruncido. Saqué mi brazo de la inoportuna caricia de su mano causando incomodidad en Katherine. Pero qué demonios, odiaba que invadieran mi espacio personal.
-Sí, estoy bien –Dije un poco incómodo. Su mirada maravillada iba desde mi rostro hasta mi estómago. Ya que era lo que más relucía sentado, aunque no sabía qué tenía de especial una camiseta de botones remangada. Me inspeccionaba exageradamente, con particularidad veía mis ojos, qué diablos pasaba con esa chica. Me removí inquieto en mi asiento.
-Escucha. Sé que te parecerá extraño esto pero –Suspiró para luego tragar saliva –Mandy va hacer una fiesta en su casa este viernes y no lo sé, pensé que podrías ir y divertirte –Le sonreí fingidamente. No sabía quién era Mandy pero ya qué.
-No creo que pueda. Tengo que cuidar a mi hermana –Traté de no explicarle mucho. Ella asintió.
-¿Cuántos años tiene?
-Nueve –Respondí simplemente. Ojeando las preguntas del poema, de verdad, quería terminar el ejercicio. No quería responder más preguntas de esas, menos a alguien que no conocía.
-Y… ¿Tienes que cuidarla? ¿tus padres no pueden? –Quise bufar ante sus consistentes preguntas. Pero no podía ser tan cabrón con una chica, con un chico hubiera sido diferente ya que le hubiera partido la cara sin reclamos.
-Algo así –Confirmé, sin seguir con el tema –¿Qué te parece si hago las seis primeras y luego tú haces las restantes? –Pregunté refiriéndome a los ejercicios que era de por sí el verdadero hecho de que tuviéramos que sociabilizar. Ella tragó saliva.
-De acuerdo –Respondió tímida. Asentí comenzando, aunque con un toque de culpa. Sabía que la había tratado mal, mierda. A veces mi actitud apestaba en ciertas cosas y no me gustaba, suspiré revolviendo mi pelo con frustración. Dejé de anotar para alzar mi mirada hacia ella y poder aprecias sus particulares pecas.
-Escucha. No es que no me agrades, de verdad, ni siquiera te conozco. Pero ¿Podríamos hacer esto después del trabajo? –Kathy volvió asentir, más segura que antes.
-Claro. Pensé que te gustaría compañía, de todas formas siempre te veo solo en el instituto –Levantó sus hombros. Afirmé con mi cabeza.
-Me llevo mejor solo, qué más te puedo decir –Reí ligeramente. Ella me sonrió volviendo a mostrarme su sonrisa de frenos.
-¿Entonces no tienes novia? –De un momento a otro la miré interrogativo, sin esperarme aquella pregunta. La chica de por sí se sonrojó al extremo después de hacerla –Perdón, soy una tonta al preguntar –Quise reír, pero mi vista de inmediato se dirigió a Christine. La verdad es que no lo sabía. Ambos nos confesamos mutuamente que nos queríamos, hemos pasado por bastantes cosas, sin embargo no sabía lo que éramos. Levanté mis hombros volviendo con mi vista hacia ella.
-Sí, algo así –Exhalé –Supongo que tenemos algo –Respondí más para mí mismo que para responderle a la chica. La vi asentir.
-Bueno, la chica con quién estás muy afortunada, si es que puedo decirlo –Me sonrió consternada. Volví a confirmar en mis pensamientos, era mucha charla por ahora. Incluso no entendí lo que me quiso decir, o por lo menos no quería entenderlo. A la chica de verdad no la conocía y creo que jamás la había visto antes en el instituto. Pero en sí la encontré decaída, sumisa. Sin embargo, nunca hay que fiarse con estos temas de secundaria. De todas formas, por lo que he vivido en esto, todos fingen ser alguien que no son.
-De acuerdo –Dije para cambiar de tema, no me gustaba hacia dónde iba la conversación –¿Cuál era la primera pregunta?
(…)
-Caleb Small ¿Puede quedarse un momento antes de irse por favor? –Habló Christine fingiendo un trato profesional de profesora/alumno. Fruncí mi ceño tratando de comprender aquello. Mientras que todos los estudiantes se iban, incluyendo la chica rubia con pecas. Asentí dejando mi bolso donde estaba. Cuando ya todos y cada uno de los pelmazos se fue, corrí rápidamente a la entrada del aula para cerrar la puerta con llave. Quedándome completamente solo con Christine. Bien, ese era el plan de ella ¿no? No creía que nos hubiéramos quedado ahí para jugar a las cartas.
-Al fin –Susurré yendo con velocidad a secuestrarla entre mis brazos tomando su cintura, extrañamente y sorprendiéndome se alejó a una distancia determinada. Puso sus manos en jarras y con seriedad. Mierda.
-¿Eres Caleb Small verdad? –La miré sin entender –Porque al parecer no te reconozco después de que coqueteas en mi clase con cualquier chica. Fingiendo ser Brad Pitt o alguna mierda parecida –De verdad parecía enfadada o al menos desconcertada. Abrí mis cejas en signo de impresión. ¿Me estaba reclamando por hablar con una chica? Quise reír pero a la vez quería saber hasta dónde podía llegar Christine Parker con esta ridícula discusión.
-¿Estás enfadada porque hice el trabajo en pareja, el cual específicamente, pediste que lo hiciéramos en parejas? –La pregunta era un tanto confusa. Pero lo suficiente para hacer pensar a Christine e inconscientemente hacerle saber que estaba siendo melodramática.
-Dije que podían hacerlos en parejas, no que coquetearas con tu pareja –Dijo con obviedad para luego cruzar sus brazos tercamente. Era impresionante lo loco que me tenía esa chica, sin embargo, no podía negar que me encantaba la situación. Christine estaba celosa.
-¿Estás celosa? –Pregunté con una sonrisa divertida. La pregunta era tonta y la respuesta era obvia. Christine bufó para después sonrojarse. Se estaba delatando sola, aquella chica estaba más que celosa. Me acerqué acechadoramente causando que su cuerpo chocara con su escritorio en la parte de atrás. Presioné mi pecho con el suyo haciendo que suspirara, resignándose a mi acercamiento.
-Por supuesto que no –Respondió sin mantener su mirada con la mía. Le sonreí acercando mis labios a los suyos, tentándola. Obligándola a que desarmara ese cruce de brazos que había estado haciendo desde su escena de celos.
-¿Segura? –Seguía tentándola poniendo mis labios a merced de los suyos como si fuera a besarla, pero no lo hacía.
-Caleb. No hagas esto, estamos en el instituto –Me reprochó susurrante, casi cayendo en mis manos para besarme. Volví a sonreírle traviesamente.
-Sólo respóndeme esto ¿Estás celosa? –Ella me miró titubeante. Me sorprendió cuando hiso un puchero arrebatador. Levantó sus hombros como una niña pequeña.
-Tal vez –Dijo inquieta
-Pues no deberías –Hablé con indiferencia. Resopló
-Te gustó esa chica, admítelo –Rodeé los ojos. La imaginación de la chica que quería estaba cada día más pronunciada. Al parecer no entendía nada –Dios, entiéndeme. Eres guapo y hay chicas que se interesan por ti. Ahora mucho más por lo que pasó el viernes y –La interrumpí antes de que siguiera con esa justificación que por demás, me importaba menos que nada. ¿Era en serio lo que me decía? Porque al parecer no comprendía el hecho de que yo no era quien tenía a todos locos en el instituto. Era ella.
-¿Y? Tú lo has dicho Chris, hay chicas que se interesan por mí. Pero no has tomado en cuenta algo –Dije abrazándola por la cintura, ella me miró tratando de conseguir una respuesta –No has tomado en cuenta que no me interesa nadie más que no seas tú. ¿Qué no entiendes que cuando te digo “Te quiero” es algo en serio? Nunca he dicho ese par de palabras en mi vida más que a mi hermana y alguna vez se lo dije a mis padres antes de que murieran. Jamás a una persona ajena, pero tú llegaste a cambiarlo todo. Y el hecho de que te tenga en mis brazos justo en estos momentos, es la respuesta clara a todo lo que siento por ti. Es la respuesta a que nunca dejaré que te hagan daño, a que nunca dejaré que te vayas de mi lado y porque nunca he querido a una persona más de lo que te quiero a ti Christine –Creo que jamás fui más sincero en toda mi vida que en ese instante. Christine me miraba diferente, casi con ganas de llorar y yo estaba a punto de besarla para demostrarle lo que de verdad significaban aquellas palabras. Terminó por sonreírme hermosamente, abrazándome por los hombros.
-Caleb, sigo preguntándome esto –Suspiró –¿Cómo haces para cambiar mi humor? –Sonreí abiertamente, tomándola fuertemente entre mis brazos para sentarla sobre el escritorio. La verdad era que mi castaña no pesaba nada, había sido como tomar una pluma prácticamente.
-No lo sé. Tal vez te responderé cuando, me respondas la misma pregunta –Ella rió. La besé, no aguanté más. Lo primero que hice fue abrazarla por la cintura para sentirla aún más de lo que la sentía, joder. Me encantaba tenerla cerca, tenía que admitirlo. Mi lengua entró a su cavidad y ella la aceptó gustosa, como siempre. Christine me abrió las piernas para entender la indirecta, haciendo que me acomodara inmediatamente mejor con ella. La verdad es que nos sentíamos bien íntimamente, pero no tanto ya que lo único que nos separaba era las prendas de ropa que teníamos.
-Nos matarían si nos encontraran aquí. En esta situación –Susurró divertida apenas separada de mi boca. Reí levantando mis hombros. Eso era lo que menos me importaba ahora.
-¿Y qué? Valdría la pena –Reímos juntos para luego volver a besarnos con vehemencia –Te quiero Christine, mucho. Más de lo que crees –Dije tan pronto como nos distanciamos por un par de milímetros. Sintiendo la respiración del otro. Me dio miedo en cierta forma por cómo salieron esas palabras, sin predecirlas. De verdad, la quería a un grado incontrolable. Que no sabía cómo manejar. Tal vez, simplemente, esto iba más allá que un “querer”. Me atrevería a decir que había amor. Demonios, no sabía si era eso. Pero joder, cómo me gustaría descifrar por completo aquellos sentimientos y entender de una vez por todas hasta qué grado sacrificaría mi vida por Christine. La respuesta era clara, no me importaba. Sólo me importaba el hecho de estar juntos, nada más que eso. Eso me llenaba más que nada y era capaz de sacrificar todo por ella.
Christine acarició mi rostro con timidez inspeccionando cada característica de mi cara, tomando ella el lugar para jugar con mis labios traviesamente.
-Y yo a ti Caleb. No tienes idea.
(…)
-Linda habitación –Alcancé a escuchar a Christine mientras se sentaba en mi cama de una plaza y media. La verdad era que no era tan exageradamente grande, era pequeña y acogedora. A mí me gustaba. La había visto observar mis discos antiguos y otros decorativos que tenía pegado en mi pared. Como también no ignoró por supuesto las fotos que había en mi repisa. Me miró con interrogación –Son tus padres ¿no? –Preguntó un tanto tímida, sin quitar la vista de aquello. Me senté a su lado, suspirando.
-Sí. Habíamos ido de vacaciones a California, en ese viaje mi madre le confesó a mi padre que estaba embarazada de Melanie –Su vista estaba puesta en mí, en cada reacción que hiciera.
-Te pareces mucho a ella. Es hermosa, tú y Melanie tienen sus mismos ojos
-Me lo dicen mucho –Me pegó suavemente en el hombro divertida, siguiendo con su curiosidad en cada cuadro que miraba.
-¿Cómo se llamaban? –En sí ya no me molestaba hablar de este tema con ella ya que ya no era una persona cualquiera, sabía que lo haría tarde o temprano.
-Kimberly y Richard –Respondí tragando saliva. Christine asintió sin volver a tocar el tema, se levantó de la cama para observar lo que rellenaba el ambiente de mi habitación. Su mirada quedó pegada en una de mis colecciones de discos.
-¿Te gusta Phil Collins? –Preguntó con un hermoso brillo en sus ojos. Asentí sonriéndole –No puede ser, es uno de mis cantantes favoritos. Su voz es preciosa –Después de su inspección a todos mis discos, la castaña vino hacia mí e hiso algo que de verdad me había encantado. Se sentó en mis piernas, para luego con un brazo suyo abrazarme por los hombros. Mis manos instintivamente poseyeron su adictiva y pequeña cintura. La sentía mía, por alguna razón llegó ese pensamiento a mí. Mis labios fueron a su cuello aun sonriéndole, besándolo y causando escalofríos y un par de risas en la chica. Me encantaba su olor, su sabor, todo de ella. Era algo impresionante. Sin embargo, después de instantes en los que fueron increíblemente lentos seguía teniendo una duda desde la mañana.
-Christine –La llamé. Subiendo mi vista a ella, dándome cuenta que estaba con sus ojos cerrados disfrutando ese maravilloso momento –Dime ¿Qué pasó con Nick? –Pregunté en un leve susurro. De repente su gesto cambió mirándome incrédula, supe que había jodido el momento.
-En serio Caleb. No existe un sujeto más asesino de pasiones que tú –Dijo sin responder a mi pregunta. Quise reír por lo que para mejorar su humor la empujé suavemente a mi cama para caer hacia atrás, quedando yo encima de ella.
-No me culpes preciosa. He estado todo el día pensando en eso y aún no logro entender el por qué se fue –Suspiré acariciando su rostro –Dime ¿Terminaron? –Sentí que Christine se incomodaba nuevamente con la pregunta. No entendía sus reacciones, como había dicho, algo pasaba. Finalizó asintiendo insegura –¿Segura? –Suspiró
-Bueno, hablamos y eso es todo. Ya se fue ¿no? No volverá, eso significa que no estamos juntos de forma segura –Entrecerré los ojos, incrédulo ahora. No creía sus palabras, por primera vez sentía eso con Christine.
-¿Y eso es todo? ¿Ni siquiera se enfadó? –La vi tragar saliva, casi confirmando mi teoría. Si ese hijo de puta se dignaba a tocarla, joder, era capaz de cortarle la cabeza con mis propias manos. Levantó sus hombros, no podíamos ignorar el hecho de que estábamos abrazados en mi cama. Con ella debajo de mi cuerpo, así que podía sentir y ver cada reacción que me proporcionaba. Y las respuestas a aquello no eran muy positivas.
-Sí Caleb. Ya te dije, tuvimos una conversación. Todo quedó aclarado –Fruncí mi ceño.
-Entonces ¿por qué se fue? Debió haberlo tomado mal –Rodó los ojos. Sabía que le estaba colmando la paciencia con cada pregunta, pero nada me olía bien. Era un presentimiento.
-No lo sé. No sé lo que pasa por la cabeza de Nick y nunca lo sabré. Tal vez sólo quiso irse por gusto –Dijo tratando de sonar indiferente. Algo no me calzaba, sin embargo Christine me distrajo favorablemente besándome con pasión. Sin dejar que volviera a tocar el tema. Me separé con dificultad, era adicto a sus labios y no me lo estaba poniendo fácil.
-Pero –Susurré tratando de esquivar ese instante pasional. En donde casi caí, cediendo fácilmente a ser hechizado entre su boca –Christine, si él te hiso algo… –Traté de advertirle y ella resopló.
-No me ha hecho nada ¿Sí? –Exhaló comenzando acariciar mi cabello, pero no le creía. Mi pecho se oprimía a cada instante que respondía de esa forma, no sabía cómo describirlo –¿Por qué no me crees? Él ya no está Caleb, sólo olvidémonos, por favor –Me suplicó. La miré fruncido.
-Pero no entiendo la razón por la que se fue
-Y ¿qué? –Terminó por tragar saliva dándome un pequeño beso después. Sólo debía olvidarme del maldito tema. Y para lograrlo, tenía que enfocarme en la chica que tenía entre mis brazos, de quién haría todo por hacerla feliz. Era increíble, pero cierto. Sin embargo, recién me dignaba a confesarlo. La besé para olvidar a ese idiota. Ella me recibió con pasión y erotismo. Nuestras lenguas se mezclaron sin timidez, era asombrosa joder. No recordé en absoluto luego de un instante el por qué necesitaba un alivio interno. Christine me dejaba en otro mundo, siempre y me gustaba.
-Te quiero –Alcancé a susurrar para luego chupar su labio inferior. Aquel “te quiero” había sido más bien como una metáfora a decirle que confiaba en ella. Lo sabía. Christine me miró maravillada, como si pensara en algo que la tenía con una alegría inmensa pero contenida.
-Caleb –Me habló luego de un instante de besarnos con audacia. Sus piernas me rodearon la cintura para poder acomodarnos mejor en mi cama. Abrí mis ojos para verla, un poco indecisa si es que lo puedo decir. Besé su mentón para escucharla con atención –Quiero que hagas algo por mí –Inhaló con nerviosismo.
-Sabes que haría lo que sea por ti –Me sonrió titubeante. Asintió casi sonriendo.
-Entonces… –Tomó con sus manos, encerrando mi cuello. Observó levemente mis ojos con lo cual me hiso caer en lo más profundo de los suyos. Me sonrió por completo, con algunos rastros de nerviosismo –Hazme el amor –Pronunció aquellas tres palabras en un suspiro lento. La miré impresionado, tenía que admitirlo. Todo eso me hiso sentir cosas inimaginables. Tenía ganas de abrazarla, besarla y hacerle el amor como me lo pedía en ese momento. Todo en uno. Sin embargo, aún no me creía ese pedido. Me había dejado aturdido.
-¿Qué? –Dije en un susurro apenas escuchable. Ella terminó por sonreírme en mis labios.
-Hazme el amor, Caleb.
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