Christine
Llegué al salón de tercer año más temprano de lo que comúnmente lo hacía. Y es que ni siquiera tuve la necesidad de conciliar el sueño pensando en la loca noche que había pasado. Entré y me senté en el escritorio tomando mi frente y suspirando, todo el instituto estaba vacío en ese momento, más que algún otro alumno extremadamente responsable estaba en los pasillos, pero en el aula no había nadie, por lo que aproveché aquel instante para pensar sola. Vi en mi muñeca las marcas de la mano de Nick que me había dejado la noche anterior ¿Qué demonios le había pasado? No podía procesar que él me haya tratado de esa forma tan, peligrosa. Cuando apenas éramos unos críos siempre fue muy tierno y caballeroso conmigo. Me trataba de la forma más romántica y tierna que pueda existir. Pero ahora, todo era como si el mundo se hubiera dado una vuelta completa dispuesta a nunca volver a su lugar. Jamás me dejé tocar por un hombre en ese modo, y es que mi padre siempre me dijo que antes de respetar a los demás debes respetarte a ti misma primero. Claro que si le ponía el ejemplo de un hombre maltratándome no dudaría en sacar sus habilidades de un soldado del ejército y practicarlas a como dé lugar defendiendo a su angelito. ¿Qué se suponía que tenía que hacer en estos momentos? Lo más efectivo y probable era que mandara al diablo a Nick y a su impulsiva personalidad. Pero tenía que admitir que en cierto punto tenía miedo. Su mirada y sus gritos me habían dejado pasmada a más no poder y decirle eso no ayudaría en cuando a mi seguridad. Mierda. ¿Y si tan sólo hago como si nunca hubiera pasado? No fue para tanto, digo, tal vez hasta exageré. Nick podía llegar a provocarme un mínimo susto, pero eso era todo. Traté de convencerme a mí misma que aquello no volvería a pasar, sólo tenía que pensar en otra cosa e ignorar los problemas, lo cual hacía muy a menudo.
El timbre de entrada había sonado luego de unos minutos y con eso mis pensamientos se evaporaron en el aire. Los estudiantes entraron inmediatamente al salón, uno que otro saludándome con un movimiento de cabeza leve y otros con una sonrisa. Pero sólo uno me llamó completamente la atención ante esto y fue el último estudiante de ojos hermosos al entrar. Caleb. Suspiré bajando mi mirada. El chico me miraba ceñudo, con seriedad pero sin embargo, con un toque de confusión. Buscando siempre que yo le respondiera a sus directas observaciones hacia mí. No tuve opción que bajar mi vista para luego levantarme y empezar la clase, aún no estaba lista para verle. Los recuerdos de nuestro beso me tenían en otro universo que no era capaz de comprender. Pero él se empeñaba en no rechazar mi alejamiento y me buscaba con su mirada azulada reiteradas veces que para ser sincera, no sabía cuánto tiempo podría llegar a soportar. Sentí como no apartó en ningún segundo sus ojos de mí, trataba de descifrar su inconveniente pero mis censores me decían que mis ojos debían ir a todos los estudiantes menos a él. ¿Acaso no comprendía que esto lo hacía por el bien de ambos? Esto era completamente imposible, nada podía haber entre nosotros. Mi trabajo y nuestras opciones de vida corrían peligro. Lo mejor era alejarse. Yo no podría darle lo que él necesitaba, como también suponía que tampoco Caleb lograría conmigo. Hasta nuestra edad intervenía. Sabía que 24 años no eran muchos, incluso ante miradas ajenas sabía que no representaba esa edad sino que más joven. Pero eso daba igual, él apenas era un chico del bachillerato, de quien apenas conocía y no sabía cuál serias serían sus intenciones conmigo. Todos los jóvenes de más o menos su edad sólo buscan una cosa de qué sacar provecho y alardear de aquello después. Claro que pensándolo bien, si él hubiera querido alardear de casi haberse follado a su profesora en su coche, ya lo hubiera hecho ¿no? Pero aunque fuera así, aquel chico me llamaba mucho más la atención que cualquier otro musculito vanidoso. Eso lo tenía claro como también, me daba temor.
(…)
La clase terminó más rápido de lo que hubiera querido. Todos tomaron sus cosas para ir a un leve receso que me daría tiempo de sobra para ir a mi siguiente clase. Iba hacer lo mismo con mis propias pertenencias pero una mano suave y familiar evitó mi propósito. Caleb tomó mi mano para cuando iba a cerrar el libro de clases. Quise que la tierra me succionara en aquel instante. Su mirada azulada brillante me miraba de forma interrogativa, ni siquiera me di cuenta de que todos los estudiantes se habían marchado considerablemente del salón, dejándonos a ambos ahí, solos.
-¿Algún problema señor Small? –pregunté tragando saliva. Mi talento de actuación con los hombres no me sirvió para nada en estos momentos y es que Caleb me miraba serio, expectante. Esperando que la pregunta hecha hubiera sido una broma de mal gusto. No me quedó otra alternativa que dejarme llevar por la situación clandestina de “profesora y alumno”.
-Sí, creo que tengo un problema –susurró sin pelos en la lengua. Demonios, qué le diría ahora.
-¿Qué clase de problema? –titubeé. La mirada de Caleb me ponía nerviosa raramente y no pude evitar voltear la mía hacia cualquier lado que no fuera él. Sabía que me comportaba como una zorra cobarde, pero prefería eso a arruinarle la vida a quien le tenía cierto tipo de aprecio. Si es que se le podía llamar así, claro.
-¿Podemos hablar? –me respondió inmediatamente con una pregunta certera. No tenía ninguna duda a qué se refería. –¿O vas a huir de nuevo?
-¿De qué podríamos hablar usted y yo señor Small? –seguí con mi torpe actuación como si fuera lo más normal del mundo. Era una idiota.
-Por favor. No tolero a las personas imbéciles, pero lo que menos tolero por encima de eso son a las personas que fingen serlo –dijo en un tono autoritario que por demás de asustarme, me hizo sentir cosas tan, extrañas.
-No sé de qué habla –me interrumpió antes de que siguiera. Dios.
-Sabes perfectamente de lo que hablo. Quiero que hablemos de –dijo con dificultad –lo que pasó, en mi camioneta Christine –lo miré interrogativa. ¿Ahora qué haría? No tenía ni una puta idea de qué hacer. Las únicas opciones que tenía era salir corriendo o confrontar lo que viniera. A mi pesar supe que tenía que elegir la segunda opción.
Suspiré resignándome.
-Por favor Caleb, no aquí. Estamos en el instituto
-Te aseguro que lo que hablaremos no será largo –habló decidido –¿por qué te fuiste? –fruncí mi ceño no entendiendo su pregunta o tal vez, no quería entenderla.
-Lo que pasó, tú lo sabes más que nadie, no debió pasar –sentí cómo se enfurecía aún más. Me sentí atemorizada, pero interiormente sabía que él no me haría daño, algo me lo decía.
-¿Esa es la razón por la que huiste?
Negué con mi cabeza.
-Estuvo mal lo que hicimos –él rio irónicamente
-¿Ahora fue malo verdad? –suspiró frustrado tomando su tan desordenado cabello ondulado. –No te estoy preguntando si estuvo mal o bien lo que hicimos. Eso no me importa. Lo que me importa ahora es el por qué decidiste ser cobarde Christine
-¿Y qué querías que hiciera? –mi paciencia se estaba yendo y no por el hecho de que Caleb me cuestionara. Si no, porque mis sentimientos no se aclaraban. –Me asusté. No es normal, ese beso sólo logrará confundir las cosas
-Así que por eso te vas –me sonrió triste. Mierda –¿Y qué hay de mi hermana? Sólo llegaste, la encariñaste, tienes su confianza para luego ¿qué? ¿dejarla?
-Ella no tiene nada que ver en esto. Yo seguiré viéndola y si ella quiere, seguiré siendo su amiga. Tú no tienes por qué intervenir –lanzó otra vez, su tan odiosa como gloriosa risa irónica.
-Melanie, por si no sabías, tiene apenas 9 años. Yo decido por ella todo lo que le convenga o no en su vida si me da la jodida gana –abrí mis ojos impresionada.
-¿No me vas a dejar verla?
-No dije eso –terminó por mirarme neutro. Su sonrisa se ablandó, y creo que hasta incluso vi en sus ojos las mismas ganas que vi en su camioneta esa hermosa noche. Ganas de besarme –pero, de verdad ¿Crees que podrás ignorarme por el simple hecho de lo que pasó entre nosotros?
-Sé que no. Pero por favor sólo tratemos de dejarlo en el pasado ¿sí? ¿puedes hacer eso Caleb? –suspiré agobiada. Tratando de salir de ese salón que de un momento a otro se volvió, irónicamente sofocante. Caleb me lo prohibió agarrándome de mi débil brazo, acercándome con brusquedad hacia él. Tomó mi cintura con suavidad, su vista azulada me miraba fruncida y su respiración estaba a centímetros de distancia de la mía. Creo que casi me desmayé. Me fijé si la puerta del salón estaba abierta, precaviendo que ningún individuo entrara y nos descubriera en esa situación. Aunque sin mentir, en mi mente no cabía nada más que aquel chico que tenía frente a mí.
-¿Desde cuándo estás con Harrison? –su pregunta me tomó por sorpresa, haciéndome salir de la magia que sentía mirándolo. Joder.
-¿Qué?
-¿Desde cuándo estás con el idiota de Harrison? –susurró nuevamente. Exhalé entendiendo, relajando mi respiración y mis sentimientos, reuní el valor de poder sacar mi habla.
-No estoy con él –respondí en un susurro. Perdiéndome en sus suspiros cerca de mis labios. –Sólo salimos para conocernos mejor ya que hace mucho que no nos vemos, eso es todo –por alguna razón sentía que tenía que darle una explicación completa. Como si fuera, como si fuera mi novio.
-¿Hace cuánto que no lo veías?
-9 o 10 años, más o menos. Nos conocimos cuando yo apenas era una cría –le respondí aún perdida en él. Esperando que culminara aquello en un beso estremecedor. A la mierda todo. Yo quería probar esos labios una y otra vez, hasta que el maldito mundo se acabara.
-¿Lo quieres?
-No –no me costó decir eso. Lo cual me hizo sentir una puta fría.
-¿Te arrepientes de haberme besado? –dijo lentamente, rozando su nariz con la mía con suavidad. Tragué saliva ante su pregunta, no me lo iba a poner fácil lo que hacía que me volviera aún más loca por él. Eso no era bueno.
-No –negué sin dudarlo.
-¿Entonces por qué te fuiste de mi lado? –volvió a tentarme con sus labios, fingiendo acercase a mí para que nos besáramos pero se alejaba, dejándome colgada y frustrada. Me sonrió.
-Ya te lo dije –respondí en un susurro, tratando de cazar sus labios –me asusté
-No debiste
-¿Y tú? –mi pregunta salió de improviso de mi boca, lo que me hizo no darme cuenta de ella y procesarla en mi mente dos veces antes de hacerla. Ahora él fue quien tragó saliva, demostrando que por primera vez, desde que entró al salón, estaba nervioso. –¿Te arrepientes?
-¿Cómo se puede arrepentir de haberse sentido bien alguna vez? –preguntó respondiéndome. Haciéndome sonreír lívidamente. –Pero por si quieres algo más concreto; nunca me sentí tan pleno y tan feliz como cuando toqué tus labios Christine. –si no fuera porque me tenía sostenida por sus brazos en mi cintura, me hubiera caído por los temblores que tenía en todo mi cuerpo por sus palabras, jamás un hombre me había tratado de esa forma y menos con esas palabras. Caleb me hacía sentir tantas cosas que no podía explicar. Él me hacía sentir vulnerable, sensible. Sin ni siquiera esforzarse. Él se fue acercando aún más a mí y entonces entendí aquel propósito que por supuesto iba a dejar que hiciera. Nos encontrábamos tan cerca que nuestras bocas apenas se rozaban, y para colmo de mi ímpetu, él se relamió sus labios provocando un pequeño cosquillo en los míos. Estábamos a punto de mezclarnos en algo tan maravilloso como un beso cuando el maldito idiota decidió alejarse con una sonrisa victoriosa. Poniendo fin a ese momento magnífico y dejándome aturdida a más no poder.
-¿Qué mier –antes de terminar con mi injuriosa pregunta. Él me interrumpió divertido. Tomando su bolso dispuesto a irse.
-Te esperaré después de clases –afirmó ni siquiera preguntándome primero. Fruncí mi ceño. Aún frustrada y enojada con él, y con el puto mundo.
-¿Y para qué sería? –pregunté cabreada.
-¿Ya no lo recuerdas? –me miraba tan divertido ¿qué demonios le daba tanta gracia? Negué con mi cabeza. Suspiró –prometiste llevar a mi hermana de compras ¿recuerdas? La niña de quien quieres ser “amiga” –Entonces recordé la conversación que habíamos tenido antes de que pasaran “cosas” en su coche.
-Sí, claro –titubeé, sin sacar mi cara de seria –pero pensé llevarla yo, en mi auto.
-Pues ya no tienes de qué preocuparte –me sonrió. Maldito infeliz, con su flamante sonrisa logró que mi malhumor se fuera. Joder. –Porque yo las llevaré al centro comercial. En mi camioneta
-¿Qué? –respondí aturdida
-Sí Chris –exhaló abriendo la puerta para irse –hoy iremos de compras los tres ¿no es grandioso? –lanzó una risa para luego irse de ahí sin esperar mi reacción.
Hoy iba a ser un jodido día largo, estaba segura.
Caleb
Me afirmé en mi camioneta suspirando y esperándola. Habían desaparecido casi todos los maestros del establecimiento y de ella no rondaba ni por casualidad. Interiormente me empecé a preocupar ¿y si no venía por lo que ocurrió en la mañana? Tal vez se enfadó tanto por dejarla colgada que se alejará definitivamente de mí. Lo cual me hacía sentir escalofríos tan sólo pensar en ello. Christine, sin siquiera conocerla tanto, se había vuelto indispensable para el bien de mis sentimientos. Aquella persona que veía en mi mente todos los días desde que la vi. Eso no era bueno. Mis pensamientos poco a poco se abrían dentro de mí al imaginarme una separación definitiva de la persona que me hizo verdaderamente feliz, aunque fuera por sólo un instante para darme cuenta de aquello. Pensé con mí mirada baja todos los momentos de mi vida que busqué algo así pero en ninguno acertaba, hasta que llegaba a la chica que vi en mi tienda. Suspiré para luego alzar la vista hacia la entrada del inmenso instituto. Entonces la vi venir con su contoneo de caderas tan definido de ella que enloquecía hasta el hombre más duro de la faz de la tierra. Con su seguridad inigualable que la destacaba de las demás mujeres. Su cabellera castaña clara, su cuerpo delgado y bien constituido no me hacían pensar en otra cosa que no fuera ella en toda su virtud. En cuando la besé y pude sentir que todo lo que Christine tenía en su corazón, era mío. La sonrisa de seguridad que tenía desapareció al verme y se convirtió en una mueca de enojo y frustración. Quise reírme, pero me aguanté por el simple hecho de que quería verla sufrir un rato al distanciarme. Después de todo, eso era lo que ella quería ¿no?
-¿Vamos? –ni siquiera la saludé lo que al parecer la cabreó aún más.
-¿Y qué haré con mi auto? No puedo dejarlo aquí si iré contigo
-No te preocupes, no creo que lo roben ¿Acaso no inventaron las llaves de los autos para protegerlos? –pregunté divertido, invitándola a subirse en el asiento del copiloto de mi cacharro.
-No es por eso –rodó los ojos –¿qué haré mañana para venir? Odio venir en taxi –levanté los hombros viéndola entrar, mientras yo daba una vuelta completa para subir a mi debido puesto de conductor.
-Puedo ir a buscarte si quieres –Christine me miró sorprendida. Apunto de que sus ojos se salieran de su cara –¿Qué? ¿dije algo malo? –pregunté dando marcha a mi coche.
-No creo que sea buena idea
-Pues si quieres, puedes ir al instituto en un odioso taxi detestable. Da igual, yo no te obligo a nada –le respondí indiferente. Sabiendo que no le gustaría nada mi forma de expresar. Ella suspiró
-Está bien, deja escribirte mi dirección –sacó una pequeña libreta para luego dármela con los datos. Le sonreí satisfecho.
-Paso por ti después de ir a dejar a Melanie ¿sí? –asintió sin dejar de mirarme. Los nervios se apoderaron de mí inmediatamente.
-De acuerdo
Luego de unos largos minutos de miradas directas entre ambos pero sin ninguna comunicación, llegamos a la primaria de mi hermana. La pequeña estaba sentada en las afueras del establecimiento con una cara familiar a la de alguien deprimido. Se levantó triste al ver mi camioneta aparcar en las afueras y vino a paso lento hacia nosotros. Al ver a Christine en el asiento del copiloto su semblante cambió con rapidez, le sonrió abiertamente para luego saludarla con un beso en la mejilla. Se subió en la parte trasera de mi coche, todo esto, sin ni siquiera saludarme. Mierda. Aún estaba enfadada.
-Hola princesa –la saludó la castaña. Mi vista se fue fija al frente al ver que Melanie no me lanzaba ni una mínima mirada. Sólo me preocupé de ir al centro comercial por la autopista. Exhalé agobiado.
-Hola –se sonrojó mi pequeña mirando con admiración a la chica de mi lado.
-¿Qué te pasa Mel? Hace un momento te veías algo triste ¿todo bien? –ella asintió por lo que presencié. Christine me miró con un tono de reproche. Al parecer la pequeña monstruo me había señalado con la mirada diciendo indirectamente que lo que sentía era mi culpa. Joder.
-Nada. Es sólo que hoy los de mi clase estaban emocionados por ir a la fiesta de Josh éste sábado –suspiró e intuí que hizo un puchero devastador para cualquiera.
-Pues, de eso te queríamos hablar tu hermano y yo hoy –pronunció Chris con voz de espectador. La miré con desconcierto, aunque interiormente me divertía su rostro de niña traviesa. –Te tenemos dos sorpresas –le sonrió. Melanie saltó en mi asiento trasero con un chillido de emoción.
-¿Sorpresa? Amo las sorpresas –dijo aplaudiendo felizmente. El semblante triste que traía hace unos segundos había desaparecido. Quise bufar ¿qué clase de encantamiento le proporcionó Christine para que le provocara ese tipo de efecto? Ni yo llegaba a provocar algo así en mi propia hermana, era patético.
-Bien. La primera sorpresa es que he hablado con Caleb y quedamos en un acuerdo con respecto a tu fiesta –pronunció ansiosa –y quedamos en que yo te iré a dejar, estaré contigo ahí para cuidarte y luego te llevaré a tu casa. –le respondió para luego sentir un agudo grito de felicidad viniendo de mi hermana. Demonios, esa pequeña me iba a dejar sordo
-¿De verdad? Por favor Caleb, dime que no es broma –ahora dirigió su mirada de emoción hacia mí. Rodé mis ojos
-Ahora me hablas eh –dije con desconfianza. Ella de nuevo saltó de su asiento y me abrazó por los hombros –y no, no es broma. Christine me hará el favor de cuidarte mientras yo estoy en la tienda, pero sólo si prometes portarte bien –Melanie asintió sin regodear.
-Lo prometo –me abrazó nuevamente con una sonrisa de emoción para luego abrazar de igual forma a Christine –Gracias Chris, eres genial.
-No hay de qué princesa –la pequeña monstruo levantó su vista a la ventana frontal para ver la autopista mientras fruncía su ceño.
-¿A dónde vamos?
-¿Por qué preguntas? –me hice el idiota al preguntar.
-Es que conozco el camino a casa y éste definitivamente no lo es. –nos miró interrogativa. Christine lanzó una risa al notar mi mirada de “anda, dile”
-Esa es la otra sorpresa –la niña de ojos iguales a los míos los abrió confundida –ahora yo te llevare de compras. No sería de muy buen gusto no ir a la moda a tu fiesta ¿no crees?
-No puede ser –se sorprendió para luego sonreír como si fuera la última sonrisa que daría. –¿harías eso por mí? ¿en serio? –asintió la castaña clara divertida –no sé cómo agradecértelo, eres la mejor amiga que pueda existir –sentí como la chica se enternecía con lo que me hermana le dijo. Incluso yo me sorprendí ante las palabras. Mi hermanita de verdad le estaba tomando bastante cariño.
Lo que no sabía era si eso realmente era bueno o malo.
(…)
-¿Qué tal este? –era la décima vez que Mel preguntaba lo mismo. Lo peor era que era el mismo vestido de hace 5 minutos. Las bolsas de la tienda me tenían los brazos a punto de caerse, esto era lo peor. Parecía un estúpido burro con mil bolsas en cada mano ¿Cómo era posible que una mujer y una niña compraran tanto? Se suponía que Melanie tendría un solo vestido y algún otro jean. Pero Christine lanzó su mirada a un par de zapatos de una tienda y terminó por comprarse la mitad de ésta y un armario completo a Melanie. Mientras que yo sólo maldecía mirando como esas par de manipuladoras de primera iban por la tienda número cien.
-Es estúpido que preguntes eso Mel, es exactamente igual al que viste hace 5 minutos y no te gustó –dije frustrado. Christine me miró comprensiva, al parecer mi cara era muy notable. Mataría por quemar esas malditas bolsas.
-Tiene razón tu hermano, pequeña. Creo que ya nos hemos sobrepasado con las compras –Melanie hizo un leve puchero para luego salir resignada. ¿De verdad dijo eso? Porque creo que “sobrepasado” era minúsculo al lado de lo que llevábamos. –por cierto ¿tienen hambre? Porque vi un McDonald's por aquí cerca y se me antojó una hamburguesa –bromeó lanzando una risa.
-Yo también quiero –gritó emocionada la pequeña monstruo. –¿Sí? Por favor Caleb –me suplicó con la vista. Bufé. Más distancia qué recorrer con estas jodidas bolsas.
-Está bien –asentí –pero yo pago
-Caleb –me advirtió Christine. ¿Qué rayos hacía esa chica? Sólo faltaba que pagar el jabón que usaba y aun así no le importaría.
-No Chris, ahora yo pago todo y no hay objeciones ante eso –dije decidido. Christine entendió por lo que no hizo ningún comentario al respecto. La miré serio y ella sólo me sonrió levemente provocando que mi estómago se revolviera. Joder.
-No te pongas tan serio, te salen arrugas –susurró cerca mío cuando íbamos en camino a ese famoso restaurant de comida rápida. Resultado para que Melanie no nos escuchara y los malditos escalofríos vagaran lentamente por mi espalda.
-Bien, creo que aquí estamos perfectos –señalé cuando llegamos y vi nuestros asientos. Coloqué inmediatamente las bolsas ahí que me tenían hecho, en pocas palabras, un jodido alfiletero humano. Las chicas sentaron con rapidez
-Quiero una hamburguesa con papas y una soda –me enlistó mi hermana pequeña antes de que le pidiera la orden. Christine rió.
-Lo mismo, por favor
Terminé por rodar los ojos e ir hacer esa infinita fila. Esto iba a ser estupendo.
Christine
-¿Y? ¿te gustaron tus vestidos? –Melanie asintió inmediatamente con una sonrisa tierna. Dios, esa niña cada vez me recordaba más a como era yo cuando pequeña. Vi cómo Caleb se colocaba en esa inmensa fila con enfado y aburrimiento. Supuse que estaríamos ahí por un largo rato así que traté conocer aún más a la princesa con ojos hermosos que tenía ante mí.
-Sí, sobre todo el rosa con pétalos violetas
-Es hermoso y se verá aún más hermoso contigo pequeña –levantó sus hombros para luego sonrojarse. Se parecía tanto a su hermano, tanto en lo físico como en lo emocional. Sus ojos eran iguales, sólo que con la diferencia de que los de Melanie eran puros e inocentes. Mientras que los de Caleb, estaban llenos de misterios y dolor. Su piel blanca, pero no totalmente, eran idénticas. Su sonrisa y cada aspecto de su cuerpo eran tan semejantes que no cabía duda que si los veía en la calle sin conocerlos, sabría que aquellos dos sujetos eran hermanos.
-¿De verdad irás conmigo a mi fiesta? –preguntó con su vista vidriosa de la emoción. Quise abrazarla
-Por supuesto que sí. Yo lo que prometo, siempre lo cumplo
-Gracias. La verdad era que no sabía si Caleb iba a aceptar dejarme ir –hizo un leve puchero –pero contigo es diferente. Tú lo cambias –mi ceño se frunció divertida
-¿En qué sentido lo cambio? –la pequeña levantó sus hombros
-No lo sé –me sonrió con ternura –contigo se comporta de una forma rara. Él por lo general es muy duro o serio, excepto conmigo claro, pero con los demás es así –No sé por qué. Pero aquello me hizo sentir escalofríos extraños en mi cuerpo. Y en cierta forma me gustaba sentirme así.
-Pues es bueno verle el lado bueno de alguien ¿no? –reí suave. Melanie asintió
-No sabía lo que era venir de compras con una amiga. Es lindo –habló cambiando de tema luego de un instante. Quise llorar. Juro que quise llorar, mierda.
-Claro que lo es –le sonreí –¿quieres venir de nuevo otro día? –asintió emocionada de nuevo.
-Me encantaría. Pero tendríamos que venir con Caleb –fruncí mi ceño ante su petición.
-¿Por qué quieres que venga él?
-Porque así él llevará nuestras bolsas –terminé por soltar una carcajada. Desde ya sabía que el castaño estaba odiando venir de compras. Su cara de frustración se veía desde kilómetros de distancia por cada compra que hacíamos.
-Bueno, pero también podrías venir con tu madre. Es obvio que a ella también le deben de gustar las compras –le propuse. Melanie me sonrió aún más. Pero vi algo diferente, no era una sonrisa entusiasmada. Era algo más bien, melancólica.
-Supongo que le gustaban mucho–mi sonrisa se evaporó en el aire. Mi corazón estaba a punto de estrujarse al no saber lo que venía.
-¿Le gustaba? –asintió nuevamente con una sonrisa. –¿Por qué hablas en pasado nena?
-Nuestros padres fallecieron cuando yo era apenas un bebé –bajó sus hombros, tiernamente y dejándome sin habla –Caleb me dijo que ella y papá son ángeles del cielo que nos cuidan y cuidarán siempre de nosotros –la tristeza no me dejó hablar de un momento a otro, ni menos responder aquellas palabras tan crueles que tuve que sujetarme de la silla en donde estaba sentada antes de desmayarme. Entonces entendí las cosas como si fueran jodidos fuegos artificiales estrellándose en mí cerebro. Es por esa razón que Caleb se preocupaba con exageración por su hermana, era la única familia que tenía. Por eso tenía una tienda y trabajaba, para cuidarla y poder sustentarse entre ambos mientras ella siguiera siendo menor de edad. La razón por la cual no sabía de sus progenitores. Entendía todas las cosas que conocía de Caleb, por aquello él era tan solitario y jamás tenía tiempo para sí mismo o relaciones amorosas. Desconfiaba porque jamás creció con su corazón lleno de valores paternales. Aquello me partía el corazón, no de pena, sino de entendimiento. ¿Cómo era posible que un niño sufriera de esa forma tan cruel a tan corta edad? Supuse que si Melanie era un bebé, Caleb era apenas un niño cuando tuvo que responsabilizarse por ella. Un niño que estaba completamente solo en este mundo.
Levanté mi vista nublada por extrañas lágrimas que amenazaban por salir. Mierda. Caleb aún estaba esperando en la fila mirando hacia el suelo, con su vista perdida y enteramente pensativo. ¿Qué me hacía ese hombre? No podía concretar en mi mente que aquel chico, pudiera cambiar mi grado emocional. Volviéndome sensible a él. Y ya no me cabía en la mente otra cosa de la que recién me di cuenta gracias a que ahora veía todo con más claridad y aunque me costara admitir o resistirme a lo que sentía, había una sola cosa en mi cabeza de Caleb Small.
No podía separarme de él.

Oh siguela por favorrrrr
ResponderEliminarTe quería preguntar si me podías dejar adaptar tu novela, me encanta tanto y si no pues gracias igual ^-^
La seguiré dentro de poco linda, es que con el colegio y todo no tengo mucho tiempo :(
EliminarY respecto a lo de la adaptación, claro que te dejo, pero siempre y cuando pongas los créditos correspondientes a mi nombre "Paula Ortega" y a mi perfil de wattpad http://www.wattpad.com/user/offsicks Si eso está cielo, bueh no hay ningún problema c: