jueves, 23 de octubre de 2014

Capítulo 11 -Sensitive-

Caleb

Sentía la potente mirada de Christine puesta en mí desde que habíamos salido de McDonald’s para ir camino a la tienda. Era extraño. Se había comportado de una forma muy rara conmigo desde aquel momento. Tan distante que cada cosa que le decía la ignoraba o simplemente cambiaba de tema de un instante a otro. Supuse que aún estaba cabreada por lo que había pasado esta mañana con ella así decidí seguirle su juego, si Chris no quería hablarme ¿por qué yo tendría que hacerlo? Bufé mentalmente llegando a la tienda junto con Melanie, quien ni siquiera logró callarse en ningún momento del viaje por la felicidad y emoción que sentía al ver sus vestidos nuevos. Sabía que no podía esperar para ponérselos y a la vez modelarlos. Genial, Christine contagió a mi hermana con sus compras compulsivas.

Salimos de mi vehículo y noté que la castaña clara no planeaba salir de él, le fruncí el ceño. Regresé donde ella sin antes dejar a mi hermana en la tienda suponiendo que estaba al cuidado de Matt. Le abrí la puerta de mi camioneta invitándola a salir, pero continuaba con su mirada perdida, seria y pensativa. Ha estado todo el maldito recorrido así ¿qué mierda le pasaba?

-¿Vas a salir o no? –le pregunté cabreado. Creo que era la primera vez que le hablaba así. Pero ella y su actitud de ignorarme por completo no lo toleraba. Por alguna razón sentir que Christine me ignoraba en cierta forma me afectaba sin saber por qué.

-¿Planeas que vaya a trabajar contigo? –dijo en una voz silenciosa que apenas logré escuchar. Levanté los hombros, ni siquiera pensé en lo que le gustaría, maldición. No había pasado por mi cabeza los gustos de la chica que me robaba los pensamientos. Cada segundo que pasaba me volvía más loco por ella, y cada segundo que pasaba también me comportaba como un completo inútil.

-Sólo si tú quieres –la miré fijamente viendo lo que quería hacer. Asintió suavemente –Pero si no quieres, puedo ir a dejarte a tu casa –ella negó inmediatamente saliendo de mi coche. Dispuesta a ir a mí tienda. No sin antes fijar su vista en mí

-Me gustaría aprender cómo llevar un negocio, tal vez sería divertido si me enseñaras –me habló titubeante. Algo raro pasaba con ella el día de hoy. Generalmente Christine se comportaba de forma segura y sin pelos en la lengua. Pero ahora, la veía tan acongojada y cerrada que por personalidad no la reconocía para nada.

-No hay mucho que enseñar sabes –levanté mis hombros –sólo debes sentarte en la vitrina a cobrar los cd’s que compren y dar el cambio correspondiente.

-¿Eso es todo? –asentí

-Sí. Sólo asegúrate de dar bien los cambios y no perder de vista a los clientes –le dije para luego darle una señal con mi cabeza de que me siguiera adentro –Si tienes todo eso claro, no tienes de qué preocuparte –Christine asintió segura. Al fin veía algo que realmente era de ella. Entró conmigo para que luego me arrepintiera personalmente de aquello.

Las miradas masculinas de los hombres que había en la tienda se posaron rápidamente en la castaña clara que venía conmigo. Sus ojos notorios de deseo hacia ella se notaban a kilómetros lo que me dieron ganas internamente de golpearlos a todos. Christine era ajena a todo eso por lo que veía y me ponía los pelos de punta. Apreté mi mandíbula cuando los idiotas guiaron sus ojos a su trasero y ella solamente caminaba con decisión a la vitrina para sentarse allí, a recibir los pedidos como le dije. Incluso unos dos o tres hijos de putas apresuradamente llegaron ahí para pagar los discos, que estaba seguro, habían sacado sin siquiera mirar quien era el cantante o vocalista que traía.

Quise matarlos, demonios. ¿Desde cuándo me ponía así por una chica? Traté de tranquilizarme, pero mi cordura se estaba yendo a la mierda para cuando Christine conversaba con todos ellos, quienes por lo demás, trataban de llamar su atención preguntándole cuál de los discos era mejor. Miré hacia otro lado buscando a Melanie con la mirada, intentando no tomar en cuenta que los celos me estaban carcomiendo por dentro. ¿Celos? ¿de verdad? Por primera vez en mi vida estaba sintiendo celos por una chica. Creo que estaba más mal de lo que pensaba. Giré mi vista a mi hermana y la vi conversar animada con Matt, quien todavía no se había ido por alguna razón. Fui hacia donde estaba Christine sin pensarlo dos veces, imaginármela con otro hombre que no sea yo me estaba provocando de maneras que anormales, que no me hacían pensar claramente. Menos cuando la veía rodeadas de esos imbéciles.

-¿Cuánto vale este linda? –preguntó un niñato de pelo rojizo mientras apuntaba un disco de los Breaking Benjamín.

-Espera un momento –se bajó del alto asiento que teníamos en esa parte. Y caminó con ese contoneo de caderas infernal que me dejaba los pensamientos en un universo alterno. Por supuesto que los idiotas miraban embobados su cuerpo. –Caleb ¿tienes alguna libreta donde anotas los precios de los discos? –me habló suavemente. A pesar de todo aún seguía notando que Christine estaba rara. Asentí mirándola con mi ceño fruncido.

-Está en los muebles de la izquierda –señalé sin perderme de vista su color verde profundo que tenían aquellos ojos. Ella asintió tímidamente regresando a su lugar. Buscó el famoso cuaderno y el precio de todo tipo de discos que conteníamos para luego sonreírle al hijo de puta que le habló antes. Dejándolo casi babeando junto con los otros.

-Pues son 12 dólares –él asintió con una sonrisa dándole un billete de 20 dólares. Para cuando Chris iba a darle su cambio, el estúpido la detuvo tomando su mano. Mi mandíbula casi cayó al piso y de por sí casi le saco los ojos.

-No te preocupes por el cambio. Es tuyo –le guiñó un ojo. Christine lo miró extrañada para luego dar vuelta su vista a mi mirada asesina, que examinaba al chico que se veía un poco mayor que yo.

-Gracias –respondió amable frunciendo el ceño. Mi paciencia se fue a la mierda. Me colé entre ellos recibiendo uno que otro quejido o silbido de desaprobación.

-Ponte a la fila idiota –escuché decir a un moreno con cuerpo voluptuoso. Volví apretar fuertemente mi mandíbula sorprendiéndome del hecho de que no me la dislocara. Christine me miró con gesto curioso cuando me posé al lado de ella.

-Esta tienda es mía y puedo estar donde se me dé la jodida gana imbécil –respondí cabreado con gesto duro y serio haciendo que el chico se callara. Mi mirada intimidante por lo que vi lo asustó, sentí como la mano de femenina de Christine tomaba con suavidad mi brazo detrás de lo que nos separaba con los espectadores de ella. Con la vitrina. Me di cuenta de que aquel tacto lo hacía únicamente para tranquilizarme, pero verla, a ella, rodeada de hombres capaces de hacer cualquiera cosa por llamar su atención, lograba hacer conmigo cosas que nunca pensé sentir.

-Caleb, tranquilo. Ellos son amigables –me miró con confusión. Bufé para luego girar mi vista a otra parte que no fuera esa escena. ¿Qué no entendía lo que causaba en los hombres con sólo mirarlos? Su sensualidad y coquetería me ponían los nervios de punta y me daban ganas de descuartizar a todo aquel que la observara con otra intención indeseada. Suspiré sentándome a su lado mientras atendía a otros babosos para deshacerme de una buena vez del montón. Vi como en la entrada se abría la puerta nuevamente haciéndose ver como la pelirroja de Jessica entraba con sus tan preciados jeans desgastados y una blusa más grande que su cuerpo. Cuando me vio la sonrisa se le iluminó, había que ser idiota para no darse cuenta que la chica quería más que una amistad conmigo. Lo raro era que yo no lo quería y no sentía para nada algo parecido a lo que sentía cuándo tan sólo me acercaba a Chris. Mierda.

Por supuesto que su mirada cambió cuando vio entre todos los perros falderos a Christine y a mí a su lado. Su semblante se volvió serio y supe que no venía nada bueno.

-Hola Caleb –me saludó con una sonrisa acercándose al lado opuesto de la vitrina. Christine desvió su mirada del cliente que atendía a ella frunciendo su ceño, tal vez recordó haberla visto hace unos días, cuando por primera vez entró a mi tienda.

-Hola ¿qué haces aquí? Pensé que tu turno había terminado –ella asintió

-Sí, pero quedé con vernos acá con Matt y Eric, vamos a ir ver unas películas ¿vienes? –la miré titubeante, no por el hecho de que me invitara. Sino por la mirada seria que le otorgaba a la castaña clara.

-No lo sé. ¿Qué hago con Mel? –pregunté entrecerrando los ojos mirando como Matt bromeaba con mi hermana en una esquina del lugar –No puedo dejarla sola

-Puedes llamar a Darrell –propuso la pelirroja sin dejar de mirar entrecortadamente a Christine ¿qué demonios le pasaba?

-Sí, tal vez lo haga –levanté los hombros viendo como Melanie corría hacia donde estábamos con una sonrisa de excitación. Matt venía detrás de ella. Lo bueno de todo esto es que los estúpidos babosos ya se iban del lugar. Lo cual agradecía interiormente.

-Christine ten –la pequeña monstruo sacó de sus pequeños bolsillos de su vestido un anillo artesanal. Fruncí mi ceño –es para ti. Lo había fabricado hoy en mi clase, pero se me había olvidado dártelo –se sonrojó para luego dárselo en sus manos. Sentí como la chica se enternecía ante ese gesto

-¿De verdad? –suspiró ella tomándolo para verlo con admiración y luego colocárselo –es precioso nena. Muchas gracias –terminó por agradecer abrazando a mi hermana. Esas dos ya se habían tomado bastante cariño, joder. Y sería de lo más difícil separarlas. Percaté la mirada seria de la pelirroja mirando la escena, totalmente extrañada y confusa. Negué con mi cabeza para tomar la atención en el paliducho.

-Tu hermana me contaba que hoy tuvo artes en su escuela. Si no tocábamos ese tema de por sí se le olvidaba el regalo –dijo Matt cruzando los brazos divertido. Ahora su vista fue a la de Christine, noté cómo se impresionó al verla a mi lado para luego relajarse y sonreírle precavidamente. Tuve celos, tenía que admitirlo. –Vaya pelmazo, al parecer todavía no me presentas con tu… –hizo una oración incompleta mirándome, esperando que le dijera si era una conocida amiga o novia. Joder.

-Mmmh –me acomodé la garganta antes de presentar. –Christine él es Matt y Matt, ella es Christine, una… amiga –Mierda. Los presenté para luego ver como se saludaban con las manos amistosamente.

-Hola, un gusto –habló ella y Matt asintió amable aceptándola tomando su mano.

Vi que la castaña veía a la pelirroja, también esperando que las presentara. Eso iba a ser difícil. Melanie sólo presenciaba el espectáculo, sin hablar, aunque en el interior sabía lo que pasaba por su pequeña cabecita.

-Christine ella es Jessica y Jessica mmh, ella es Christine –Jessica asintió nuevamente sin sacar su gesto serio. La castaña se levantó para saludarla de manos haciendo que ésta la examinara de pies a cabeza. Jessica podía ser de lo más amigable, si mantenía la boca cerrada, claro. Pero para sorpresa de todos, la pelirroja no la aceptó. ¿Qué mierda?

-Un gusto –habló irónicamente cruzando los brazos. Dejando la mano de Christine en el aire. Ésta frunció su ceño sin decir nada.

-Eh, ¿Caleb? ¿Jessica te dijo que vamos a ver una película? –asentí entendiendo que Matt quería sacarnos de ese extraño momento tenso. Lo cual le agradecía con la mente. –Si quieres, puedes invitar a Chris –señaló con la cabeza a la castaña quien negó rápidamente.

-No, de verdad. No quiero incomodarlos, ésta es su noche, no la mía –levanté los hombros tranquilizándome en cierta forma al ver como Jessica se apartaba del lugar para hablar por teléfono.

-Vamos, sólo iremos al cine ¿qué tiene eso de malo? –habló Matt. Quise asesinarlo, pero a la vez lo quise en cierta forma.

-Pero eso es de ustedes. Se sentirán incómodos si van con una desconocida

-Para nada. Así nos conocemos más –no sé ni por qué dije eso. Pero sentí que la chica me miró de una forma ¿cariñosa? Demonios, si eso era, me hiso sentir el hombre más feliz del mundo en aquel momento.

-Caleb –me advirtió divertida –¿Qué pasará con Mel? –me indicó con la cabeza a la pequeña monstruo que tenía a mi lado.

-Tal vez la deje al cuidado con Darrell –dije ahora lanzando mi vista hacia la miniatura de mi hermana. Ella me sonrió feliz ante ese hecho. Era consciente de que quería a Darrell, como también le gustaba pasar tiempo con la hermanita del afro.

-¿Irá con Chloe? –preguntó nombrando a la hermana del individuo. Incliné mi cabeza para hablarle

-Lo hará si yo se lo pido –respondí provocando que chillara de emoción. Bien, empezaba a creer que mi hermana quería a todo el mundo menos a mí. Que pelmazo era.

-Hablé con Eric por teléfono –habló por primera vez la pelirroja, que por encima de todo, deseaba que no estuviera ahí. –dijo que estaba en camino y traía algunas cervezas –pronunció ahora fijando su mirada más compasiva hacia mí. Matt sonrió pasando un brazo sobre el hombro de la chica.

-Adivina quién irá con nosotros –ella frunció su ceño. Y me fijé en Christine, sin leer sus pensamientos, supe que quería que la tierra la tragara en pocas palabras.

-¿Quién?

-Christine –dijo lanzando una risa obvia. La mandíbula de Jessica casi perfora el piso haciendo que los colores se le subieran al rostro.

-¿Qué? ¿pero qué demonios Caleb? –me cuestionó. Levanté mis hombros, serio. Estaba a punto de abofetear a Jessica y era la primera vez que me daban ganas de hacer eso con una mujer.

-¿Qué tiene de malo Jessica? Es sólo una chica, nos va a acompañar y eso es todo.

-Sí, pero no tiene nada que ver con nosotros –la volvió a examinar con la mirada con asco.

-Sinceramente yo no quiero crear ningún momento de incomodidad. Ve tú con tus amigos Caleb y yo tomaré un taxi –dijo decidida y segura. Antes de que comenzara a ordenar sus cosas, como un rayo tomé su mano. Si pensaba que se podía ir así, estaba realmente equivocada.

-Me importa un pepino todo eso. Tú vienes con nosotros y es mi última palabra

-Pero Caleb –me interrumpió furiosa la voz de Jessica.

-Jessica basta –dirigí mi mirada hacia ella. –¿Cuál es tu maldito problema? ¿desde cuándo te importa quién nos acompaña o no?

-No me importa. Pero tú más que nadie sabe que ella no tiene nada ver ni contigo, ni con tu hermana y menos con tus amigos –listo. Mi paciencia en ese instante valía mierda y no me importaba el hecho de que estábamos haciendo un espectáculo en medio de mi centro de trabajo.

-¿Quién te crees que eres para venir a decirme en mi cara lo que tengo que hacer con mi vida? –ella abrió los ojos sorprendida ante mi tono reprobatorio, creo que hasta Melanie se sorprendió y eso que aquella pequeña era la que más conocía mi lado serio. Vi a Christine tomando la pequeña mano de Melanie, supuse que no le sorprendió mi tono pero la asustó, de eso estaba seguro.

-Nosotros sabemos lo que has vivido o pasado Caleb. –bufé

-¿Y eso que tiene que ver con ir a ver una maldita película? –casi grité. Me faltó poco para hacerlo, mierda. –Si tanto odias el hecho de que estemos acompañado mejor vayan ustedes. No estoy de ánimos para poder seguir con este estúpido circo

-Caleb, chico cálmate –me habló Matt. Suspiré tomando mi cabello con frustración. Odiaba esta mierda. El sonido nuevamente de la puerta de entrada de la tienda nos interrumpió, haciéndonos ver al deportista Eric entrando al espectáculo con unas botellas de cervezas en sus manos con una sonrisa en su rostro.

-Miren lo que traje para la película –su sonrisa se desvaneció al ver la cara de sus amigos. Pero lo que más le llamó la atención fue la castaña clara que seguía teniendo a mi lado. Sus ojos se abrieron al darse cuenta de quién era, pero ignoró el hecho y dirigió su mirada hacia nosotros. –Mmh ¿quién murió?

-Nadie –respondió Jessica retórica –hasta el momento

-Christine, él es Eric, un amigo de infancia –ignoré el idiota comentario que hizo la pelirroja para dirigir mi mirada hacia ella, quien asintió sonriéndole levemente con tristeza.

-Hola –titubeó. Estaba nerviosa y sabía la razón. Todo esto se fue demasiado lejos

-Hola linda ¿vas a venir con nosotros no?

-Ash cállate Eric –rodé los ojos ante el bufido de Jessica. Joder ¿qué tenía Chris frente a estos imbéciles? Algo había en ella que los desconcertaba y con eso, lograba desconcertarme a mí.

-Vamos. Tenemos que pasarla bien todos juntos ¿por qué tanta tensión? –dijo ahora Matt positivamente. Incluso Matt cambió con Christine. Por lo general el paliducho era bastante serio, de por sí más serio que yo. Pero estando ella, todo cambiaba.

-Dile eso a Jessica, porque al parecer no lo entiende –hablé fulminándola con la mirada. Ella dio un leve grito de frustración

-Bien. Si quieren que vaya una chica que apenas conocemos, allá ustedes, pero no crean que voy a sociabilizar con ella. –exhaló mirándola con enojo –si quieren hacerse los idiotas fingiendo que ella pertenece a nuestro grupo, háganlo ustedes, pero no lo haré yo –pronunció por último saliendo hecha furia de la tienda, sabiendo que iba con precisión a esperarnos en mi camioneta.

-De acuerdo –habló el moreno Eric, levantando los hombros –¿Vamos? –miré con cara de culpabilidad a Christine. Quien sabía que no había más que vergüenza en su rostro. Y no era mentira. Todo el bochorno que le hice pasar no era más que mi reverenda culpa, ella no tenía por qué pasar por esto.

Terminé por asentir, dándole mi mano a la castaña clara, quien la aceptó con una lenta sonrisa que me iluminó el alma.

-Vamos



(…)



Cuando ya habíamos dejado a Melanie en mi casa con Darrell y Chloe íbamos en camino al famoso cine en mi camioneta, que por lo demás me traía bastantes buenos recuerdos. Incluso cuando apenas llegamos a mi vehículo sentí el sonrojo extremo de Christine al subir a la misma parte en donde casi habíamos llegado hacer cosas indebidas. Sentí un par de botellas de cerveza abrirse en la parte trasera, bufé mentalmente mientras que en la radio sonaba fuertemente Smells Like Teen Spirit. Ni siquiera llegábamos a la mitad del centro cuando Eric ya estaba abriendo las malditas cervezas. Que por demás se encontraba en el asiento trasero junto con Matt y la positiva de Jessica, de forma sarcástica claro. Christine iba a mi lado. Sinceramente prefería que estuviera en el asiento del copiloto que en el asiento trasero junto a la chica que la menospreció. Y también prefería que estuviera conmigo.

Giré mi vista hacia ella tratando de saber que era lo que pensaba de todo esto, pero la encontré mirando por la ventana lateral. De por sí sabía que se sentía de una forma errónea. Pensando que había arruinado nuestra salida, que no era para nada cierto. Al contrario, sentía que la había perfeccionado.

-¿Estás bien? –pregunté en un susurro, previniendo que los individuos que conversaban animadamente atrás no escucharan nuestra conversación, aunque sabía que no lo harían combinando la música y el sonido de sus voces en mi coche. Christine me miró melancólicamente, pero con una sonrisa que usualmente me dejaba sin respiración.

-Sí ¿por qué preguntas? –levanté mis hombros.

-Desde que salimos de McDonald’s haz estado rara –fruncí mis labios –como estuvieras triste o afectada por algo. Dime ¿qué te ocurre?

-Nada, es que hoy ha sido un día muy loco

-Sí –estuve de acuerdo. Tenía toda la razón –pero vamos cuéntame, sé que te pasa algo aparte –ella lanzó una risa –¿qué te hace gracia?

-Me conoces Caleb Small, pero no del todo –suspiré

-Pues no hay que ser tan inteligente para darse cuenta cómo estás

-No me pasa nada. Sólo, lo que pasó en la tienda me hizo sentir un tanto –exhaló sonriendo triste –culpable

-Lo intuí –le sonreí. Christine me dirigió una vista curiosa –pero no deberías. No deberías dejar que te afecte lo que lo demás digan de ti –ella me sonrió

-Nunca me ha afectado Caleb. Pero el hecho de causar un problema para ti entre sus amigos no me anima mucho –completó defraudada. Era increíble que haciendo cualquier gesto me pareciera la persona más hermosa, y bella que pudiera existir ante mis ojos.

-No has causado nada ¿si? Nada es tu culpa y mientras sea así, yo te defenderé si es necesario –ella me sonrió comprensiva para luego volver su mirada a la ventana y yo seguía viendo el camino al cine. La voz y las risas de Eric y Matt nos interrumpieron de nuestra conversación. Que idiotas.

-Hey Chris –la llamó Eric sonriente. –¿Cuántos años tienes, chica afortunada? –Christine miró fruncida

-24 ¿por qué preguntas? –preguntó divertida al ver la cara de asombro del moreno de ojos verdes.

-¿De verdad? Porque wow, apostaba mi vida a que tenías no máximo de 20 –ella rió

-Suelen decírmelo –bien. Otra cosa que conocía de ella, cada cosa que averiguaba, más la admiraba. Y todo esto se me estaba yendo de las manos. Eric sacó una de las tantas botellas de alcohol que tenía y las alzó a su vista.

-¿Quieres una?

-¿Está helada? –quedé mirándola embobado ante su respuesta rápida.

-Claro que sí. Al menos les queda un poco de congelación desde que las compré –miré por el espejo retrovisor como el moreno levantaba los hombro divertido. La castaña asintió recibiendo la botella y tomando un gran sorbo.

-No sabía que tomabas –no pude evitar sacar un comentario al respecto. Christine me volvió a sonreír después de tomar su segundo sorbo, cada día me volvía más loco. Mierda ¿cómo era eso posible?

-Como te dije hace unos segundos –suspiré –Me conoces Caleb Small, pero no del todo.

Christine

Llegamos en menos tiempo de lo que hubiera querido. La verdad era que la estábamos pasando bastante bien con Caleb y sus amigos en la camioneta. Eric y Matt me contaron de su vida y de cómo llegaron a trabajar con el chico de ojos azules hermosos. El moreno conocía a Caleb desde pequeños así que eran amigos de infancia. No era tonta, aquel hombre se notaba a kilómetros que era un mujeriego de primera, pero el maldito tenía un muy buen don. El don de poder conquistar a las chicas con sólo hablarles. No es que me haya conquistado ni alguna mierda parecida. Es sólo que conocí a varios chicos así a lo largo de toda mi vida y ahora que lo veía, era todo más predecible. Matt era más serio y una que otra vez se reía de las estupideces que decía Eric. Me causó una buena impresión ya que prácticamente era de los chicos que no se metían con nadie ni mucho menos en problemas. Al principio pensé que tenía una relación con Jessica, la amiga pelirroja de Caleb, quien cuando apareció supe de inmediato que me quería bajo tierra lo más pronto posible. Con sólo ver la mirada que cada vez le proporcionaba a Caleb me dejaba más que claro que aquella muchacha gustaba de él. Reconozco a leguas aquello. O al menos reconozco cuando alguien se siente atraído a otra persona, creo que eso era el único don que se me daba. ¿Habrán tenido algo? Mi estómago sólo se revolvió ante esos pensamientos. Puede ser que sus celos sólo eran resultado de alguna relación afectiva que no resultó en el pasado y me vio a mí como una amenaza. ¿Pero qué tipo de amenaza podía dar yo con un chico que iba apenas en el bachillerato? Suspiré internamente.

Con respecto a Caleb, nos reíamos de igual forma pero sin dejar de exencionarnos el uno con el otro. Nuestras miradas siempre estaban conectadas a un nivel cómplice que me asustaba en cierto punto, pero me encantaba. A esta instancia no podía negar que me había sorprendido el haberme enterado de la muerte de sus padres, tal vez por eso fui tan condescendiente con él y trataba de ignorarlo lo que más podía. Estaba segura que si le hablaba como normalmente lo hago, mi gran boca no tardaría en decir un par de estupideces que terminarían alejándome de él y que por demás sabía a ciencia cierta que si le decía alguna estupidez, Caleb sentiría que sólo estoy con él por lástima. Y créanme, no hay un sentimiento más humillante que la pena o la lástima ajena. También tenía que reconocer que tampoco él sabía lo suficientemente de mí, como el por qué me importa un pepino el dinero o el hecho de que odiara el olor a cigarrillo. Pequeños detalles que hacían la diferencia entre nosotros y prefería que siguiera siendo así, porque de lo contrario, ya no habría marcha atrás. Una mente brillante diría que sólo me tengo que alejar para evitar sentimientos que no quiero volver a repetir, pero algo me tenía atada a él. Hace un maldito día quise alejarme de él por miedo y tan siquiera pude estar así por más de ese tiempo. Realmente esto estaba mal, una fuerza ajena me tenía conectada a él. ¿Por qué me sentía así con un chico que apenas conocía? Eso no era normal, al menos en mi vida no. Varios hombres han pasado bajo mis sábanas y jamás sentí la necesidad de volver a verlos ¿por qué demonios me sentía así por alguien que tan siquiera logré besar? Era frustrante y poco ortodoxo. Entonces una chispa suprema se encendió bajo mis censores.

¿Y si no era más que una lujuria intensa por él? ¿o una adicción a lo que llevaba años haciendo con otros hombres, pero que ahora me resultaba tentativo? Abrí mis ojos antes la idea que no había pasado por mi mente. Tal vez eso era, tal vez sentía una intensa atracción por el fruto prohibido que jamás antes hubiera visto o vivido. La única razón contundente y que hacía más ruido en mi cabeza era esa. ¿Qué más podría ser que no fuera una calentura por un alumno? La única respuesta que me quedaba era esa, acostarme con Caleb Small y ver que resultaba después de aquello. Pero lo único que esperaba era que no me confundiera más de lo que estaba. Él podía ser muy guapo y reservado en cuanto a todo lo que le rodeaba, pero yo no sentía más de lo que podía ver. Más de lo que veía en su anatomía y era sólo eso. Por fin tenía algo claro desde que lo conocí, ahora sólo me quedaba hacer las cosas con cuidado. Poner en apuesta lo que haría era mi única oportunidad, sino realmente estaría jodida.

Salí del vehículo acompañando a los chicos al cine con una sonrisa en mi rostro. Inhalé el viento de la noche, supuse que no eran más que las diez. Mi humor había mejorado y no era por las infinitas bebidas de alcohol que me dieron adentro del vehículo, era más bien porque después de días sabía lo que tenía que hacer respecto a Caleb. Me sentía satisfecha.

El castaño de ojos profundos me miró fruncido

-Vaya. Parece el alcohol te hizo bien –me sonrió haciendo que mi piernas temblaran. Se acomodó la chaqueta de cuero negra que traía y que le quedaba tan malditamente bien. Asentí divertida

-Puede ser –reí. Sentí como Jessica me fulminaba con la mirada mientras acompañaba a Matt a comprar los boletos, fruncí mi ceño. Esa niña de verdad quería buscar un problema conmigo y siendo sincera, no tardaría mucho en encontrarlo. Después de casi media hora de discutir si querían ver una película de acción o terror, terminaron eligiendo la segunda opción. La verdad era que eso me daba igual, el chico que tenía a mi lado era lo que tenía mi mente divagando. Eric nos miró entre divertido y sospechoso.

-Y… ¿Chris? –me llamó el moreno tomando mi atención –¿sabías que dentro de poco Caleb cumple años? –sentí como el castaño se tensaba a mi lado. Fruncí el ceño sorprendida

-¿De verdad? –ahora dirigí mi vista a Caleb quien sólo se dedicaba a fulminar con la mirada a Eric. Luego terminó por cerrar sus ojos frustrado y suspirando para después mirarme, asintiendo.

-Sí. Cumplo 18 el viernes de la próxima semana –levantó los hombros. Abrí mis ojos aún más sorprendida. Joder ¿cuántas cosas no sabía de Caleb?

-¿Qué? Pero –titubee –eso es muy importante. Suenas como si no te interesara

-Y es que no me importa Christine. ¿Qué tiene de especial un cumpleaños? Es sólo un año más de lo mismo y que sólo se suma a tu vida. Es igual a todos los otros días que pasan –explicó dejándome helada. ¿No le interesaba en lo más mínimo? Dios, yo cuando apenas cumplí 18 años me fui de juerga hasta el otro año. Acostándome con un surfista de ensueño y drogándome a más no poder en un pub con Alyssa. Reí en mi mente recordando entonces, cuando recién había decidido no lamentarme más por los amores perdidos o de la muerte de mi padre. Cuando decidí que todo lo que pasara a mí alrededor me importaría menos que nada.

-No es sólo eso. Son 18 años, tienes tu mayoría de edad y eso es algo de lo cual celebrar. No puedes tomarlo así como así –repuse no entendiendo su postura. Caleb me miró desconcertado

-Ya te dije que no me interesa

-¿Y los regalos? –quise poner más leña al fuego. ¿Acaso no podía mantener la maldita boca cerrada? Joder. –¿tampoco te emocionan en lo más mínimo?

-No quiero pensar en eso. Ni siquiera me había acordado mi propio cumpleaños hasta que Eric lo mencionó –dijo caminando hacia la entrada de la película, con las manos en sus bolsillos. –el único buen regalo que podría tener en un día así es la sonrisa de Melanie. Nada más que eso –continuó cuando pensé que el tema estaba zanjado por él mismo. Pero cuando habló de su hermana de ese modo quise abrazarlo y besarlo. Caleb Small era una persona tan misteriosa como profunda. No había ninguna otra palabra más que pudiera describirlo.

Terminamos por entrar, sabiendo que había jodido el clima de sus sentimientos. Maldita estúpida.



(…)



-Iré al baño ¿sí? –susurré avisándole a Caleb, quien tenía a mi lado sentado y viendo seriamente la película. Al parecer se trataba de una muñeca diabólica que ni siquiera había tomado en cuenta con todos mis pensamientos que tenían involucrado al castaño. Él ni se inmutó ante mi aviso así que salí tratando de no distraer al público que estaban casi pegado a la gran pantalla.

Salí de ese gran espacio para acomodarme en las afueras de las salas de cine, donde típicamente las personas van a pedir sus palomitas antes de la película. Me senté en una pequeña banca que había en medio, no había ninguna persona donde pudiera verme, estaba más que claro que toda la gente estaba adentro disfrutando de la trama. Tomé mi frente, estar adentro con Caleb y sus actitudes extrañas me frustraban y ni siquiera sabía por qué toleraba eso. Suspiré tratando de canalizar mis energías. Papá siempre decía que para relajar tus sentidos lo mejor era dejar tu mente en blanco. No pensar en más que ese color. Si lo hacía, entonces sabría qué hacer. No sabía cómo podría lograr eso en esos momentos pero mi padre siempre tenía razón, así que lo intentaría.

Sentí cómo alguien se sentaba a mi lado asustándome de mi viaje a tener mi mente en blanco. Era Caleb. Reconocía donde fuera ese olor natural y delicioso que poseía aquel hombre.

-¿Por qué te fuiste? –dijo despacio a mi lado. Levanté mi mirada para observarlo, había inquietud en su mirada. –¿No te gustó la película? –negué con mi cabeza

-No es eso. Es sólo que quería despejarme –asintió pensativo –además del hecho de que pensé que estarías enfadado –él me sonrió

-Siempre piensas eso de mí. ¿Cuándo vas entender que nunca me enfadaría por algo así?

-Pues, te enfadaste con Jessica por mi culpa –negó inmediatamente.

-No me enojé por tu culpa. Me enfadé por el simple hecho de que su actitud apestaba. No entendí su comportamiento contigo

-No sé si eres ciego o no lo quieres ver –dije divertida –decir que le gustas a esa chica es poco sabes. –me frunció su ceño extrañado para luego reír. Él lo sabía, sólo se hacía el idiota.

-Lo sabía. Siempre lo he sabido, pero como te dije, nunca he tenido tiempo para relaciones Chris. Menos con personas que considero nada más que una amiga –suspiré tranquila. Por alguna razón me gustaba esa idea de que sólo considerara no más que una amistad. Me sentía bien ante ese hecho y de por sí ya estaba mal.

-¿Y nunca has tenido “algo” con ella? –tenía alguna adicción por echar leña al fuego. Y de verdad me estaba preocupando por no mantener mi boca cerrada.

-¿”Algo”? ¿quieres decir si he follado con ella? –él rio. Tragué saliva ante lo dicho, me dolía el pecho con tan sólo escuchar esas crueles palabras. Me tranquilicé cuando negó su cabeza divertido

-No, nunca –soltó una risa leve –¿Crees que soy igual a todos esos niñatos que se tiran a miles de mujeres para luego presumir con sus amigos? –levanté mis hombros

-No. Pero tampoco es que descarte la posibilidad –bufó

-Pues descártala. Te aseguro que pienso más por la cabeza que poseo arriba que la de abajo –me sonrojé. No pude evitarlo.

-Vaya. Entonces creo que me saqué la lotería encontrando un chico que no piense en su polla cada segundo –Caleb me miró divertido. La conversación de un momento a otro se había puesto más que interesante, pero sin dejar de ser entretenida.

-¿Por qué siempre piensas lo peor de mí? –me preguntó luego de un momento en el que no hablábamos, sólo sentíamos nuestras respiraciones. La verdad era que tener a Caleb sentado y pegado junto a mí, me descontrolaba pero a la vez me tranquilizaba.

-¿Disculpa?

-No lo sé. Siempre que me preguntas cosas piensas que estoy enfadado o que soy igual a todos los demás.

-No es cierto –traté de hacerme la idiota. Ese papel siempre me venía como anillo al dedo.

-Sí lo es Christine –terminé por exhalar

-Bueno pero ¿qué quieres que haga? Siempre pienso eso de ti, por el simple hecho de que no te conozco Caleb –solté tratando de controlarme. Pero ya no había vuelta atrás, estaba al borde del colapso y sobre todo escupir lo que sentía a ese chico –te desconozco y no sé cómo reaccionar contigo –terminó por observarme serio, cambiando totalmente su semblante sonriente. Todo indicaba que lo había impresionado con mi sinceridad pero a la vez lo había enojado

-Tú no quieres conocerme –dijo como si supiera lo que pensaba. Era un idiota. Pero un idiota que me volvía loca.

-¿Cómo lo sabes? tú tampoco me conoces como para decir qu –ya no tuve oportunidad para hablar cuando los labios de Caleb me sorprendieron en un abrir y cerrar ojos. Era una buena forma de callarme si es que lo podía decir. Aunque al principio me sorprendió de sobremanera haciendo que no le respondiera de inmediato y mis ojos se abrieran como huevos fritos de la impresión, no tuve oportunidad para negarme a ese placer infinito cada vez que estaba con él. Besarlo era la gloria. Mis manos fueron directamente a su cuello cuando sus manos me atraparon por la cintura y me presionaba contra él. Nuestros labios jugaban en un juego suave y lento. Nuestras lenguas se rozaban una que otra vez haciéndome sentir escalofríos inmensos que vagaban por todo mi cuerpo. Caleb sabía besar y demonios, de qué manera. Sabía a cada momento qué hacer conmigo, donde tocar o rozar con sus manos en mi cintura, pasando por mi espalda hasta mi cuello para después hacer el mismo viaje de regreso. Mis manos seguían encerrándolo en su cuello con delicadeza. Gemía en su boca cuando su lengua atravesaba mi plenitud bucal y se enfrentaba en una guerra con la mía. Una guerra colonial y excitante. Ahora mis manos fueron a parar en su cabello suave y revoltoso que caracterizaba a ese chico. Me encantaba tomarlo con fuerza cuando sentía que sus labios harían que me desmayara.

Me separé sólo unos milímetros para tomar aire. Maldición, hubiera seguido si no fuera por mis estúpidos pulmones. Él solo se dedicó a seguir besándome pero sólo dando pequeños, cortos y suaves besos, mientras trataba de apaciguar mi respiración.

-Esto no está bien –logré susurrar cuando seguía repartiendo más besos cortos en mis labios. Caleb me sonrió rozando su nariz con la mía para luego volver a besarme con vehemencia. Ese chico de verdad quería que me diera un infarto.

-Ejem –sentí que una voz masculina acomodándose en las espaldas de Caleb y de por sí, interrumpiéndonos. Ambos impresionados dirigimos nuestras vistas hasta aquella voz que nos dejó plasmados y más que sonrojados. Eric nos sonrió pícaro mientras con una mano sacaba grandes cantidades de palomitas que contenía en una bolsa, para luego llevárselas a la boca. –Si hubiera sabido que el verdadero clímax de la película estaba aquí, no hubiera gastado mi dinero en una película basura –terminó por hablar divertido mientras comía más palomitas.



Santa mierda.

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