Después del instituto fui en busca de un par de cigarrillos que estaba seguro que me ayudarían con la ansiedad que estaba sintiendo en ese momento. Quería inhalar hasta el último cigarrillo hecho en esta maldita ciudad. No me sentía bien para ir a trabajar así que procuré decirle a Matt que cerrara después de que saliera. Darrell fue a buscar a Melanie para llevársela a su casa y jugar con su hermanita pequeña, ya que estaba seguro de que lo que menos quería mi hermana era verme por cómo la traté. Llegué como típicamente era, un soldado derrotado, tiré mi bolso no sé dónde demonios. Y encendí de inmediato mis drogas. Ver a Christine en los brazos de ese imbécil me afectó de una manera brutal, tenía que admitirlo. Me tomé la cabeza y me senté en mi sofá. ¿Es así como terminaré? ¿solo? ¿cómo un idiota que nunca luchó por nada? Quiero decir, cómo luchar por algo que ya está perdido. Christine para mí era una chica que jamás estará a mi alcance. Lo que pasó entre nosotros fue, en pocas palabras, maravilloso. Lo mejor que he experimentado en mi vida. Pero aquello fue sólo un momento, algo que viéndolo bien de cerca, jamás iba a volver a pasar.Nick Harrison, ese gilipollas de primera, a pesar de que me costara admitirlo sabía que era del tipo que buscaba Chris. Alguien estable, con buena situación económica, elegante y con tiempo de sobra para dedicársela a la mujer que quería. Y aunque me doliera, sabía que Christine sería feliz a su lado. Fui a mi cocina y busqué en los rincones de los estantes alguna botella de ron que algunos de mis amigos haya dejado aquí antes. Acerté como de milagro, había un par de cervezas sin abrir al rincón de aquellos muebles e inmediatamente tomé de ellas. Volví a mi sofá y me estiré suspirando. Qué patético era, eso era lo que me ganaba por no hablar con la verdad antes. Tal vez si hubiera sido sincero con Chris desde un principio con mi situación y cómo vivía cada día de mi vida ella hubiera salido corriendo más tempranamente, dándome a saber que no tendría oportunidad matando rápidamente las falsas esperanzas. Pero ahora que decidió alejarse y terminando de confundirme, la quería odiar por eso, maldición cómo quería odiarla por hacerme esto tanto a mí como también en cierto punto se lo hiso a mi hermana. Si ella se iba de nuestras vidas Melanie preguntaría más por ella y yo no sabría que responderle. Quería odiarla.
Pero no podía y eso era lo que más me enfermaba al final de todo.
Después de más o menos una hora fumando más y más cigarrillos, comenzó a ganarme el sueño. Decidí que estaba bien ya que la noche ya le ganaba al día, y por supuesto mientras menos pensara en lo que pasaba a mí alrededor y todo lo que respectaba Christine era mejor. Mientras trataba de llegar al máximo descanso que podría desear el maldito sonido de la puerta sonando interrumpió ese repentino placer que me quería dar. Joder, ¿qué? ¿acaso tenía un letrero en la frente que decía que no podía sentir placer sea en el sentido que sea? Mierda, lo dejé sonar, no quería que nadie me interrumpiera de mi sueño.
No paraba como esperé, bufé maldiciendo. Con mi cara de pocos amigos abrí la puerta y apareció el moreno de Eric ¿pero qué demonios hacía aquí?
-Wow, tu cara es digna de haber aparecido en un funeral –bufé
-¿Qué mierda haces aquí? –pregunté de inmediato. No estaba de humor para recibir visitas, menos para aguantar las burlas del imbécil de mi amigo. El levantó sus manos en forma de inocencia.
-Eh cálmate pelmazo. Sólo quería saber del por qué no fuiste a la tienda, Matt me dijo que no te sentías bien
-Sí, no estoy de ánimo. Así que será mejor que te vayas –traté de que se fuera pero el idiota colocó su mano en la puerta antes de que pudiera cerrarla.
-¿No me vas a invitar a pasar? –de la nada. Pasó por el lado mío entrando a mi casa con una sonrisa en su rostro. Mierda. –¿Qué te pasó? Tú nunca faltas a trabajar –rodé los ojos asumiendo que el metrosexual de testosterona no se iría. Y yo para ser sincero no tenía ni la más mínima gota de energía para hacer eso posible. Así que cerré la puerta. Lo vi sentarse en mi sofá de la misma forma que yo hace unas horas. Luego contemplé cómo miro las latas de cervezas vacías para luego levantar la vista con el ceño fruncido.
-¿Por qué demonios me miras así? –él levantó una ceja indiferente pero a la vez sentía que quería reír.
-¿Estás bebiendo? –preguntó incrédulo. Me senté en la otra esquina de mi sofá.
-¿Tengo que informarte de todas las cosas que hago?
-No, pero al menos decirme el por qué las haces –Mi memoria se transformó en pocas palabras hacia 6 años atrás. A Eric lo conocí cuando apenas tenía 11 años. Su madre, Sidney, siempre fue muy amiga de la mía y para su muerte me ayudó mucho en cuánto a la mantención de Melanie. Siempre preferí cuidar yo solo a mi hermana, claro que para la edad que tenía necesitaba un poco de ayuda y ella me la brindó sin dudar. Cuando cumplí los 11 años su madre llevó a casa un par de víveres para que nos alimentáramos tanto yo como mi hermana que en ese entonces sólo tenía 2 años y medio. Pero ese día no había aparecido ella sola, sino que venía con su hijo que me ganaba por 3 años. De vez en cuándo jugábamos béisbol y me ayudaba en cuánto a la escuela. Desde aquel instante nos volvimos amigos hasta los 15 años en los que un hombre de traje y corbata llegó a mi casa y me entregó una hoja o más bien un testamento que mi padre había dejado diciendo en pocas palabras que la tienda que él tenía para trabajar, era completamente mía. Sólo eso bastó para que Eric me ayudara a estrenarla y así trabajar juntos. Desde entonces hemos sido como hermanos.
Suspiré.
-¿Qué quieres que te diga? Estoy bien, sólo me duele la cabeza –él negó rápidamente.
-Te conozco, no me mientas. Esto es no es por un estúpido dolor de cabeza ¿Verdad? –odiaba que acertaran así frente a algo capcioso. ¿Acaso eran magos o alguna mierda parecida? –déjame adivinar, esto es por una chica.
-No Eric, sólo me siento mal.
-Un hombre que no toma alcohol, jamás va a tomar siempre y cuando una chica o algún problema no esté en su mente. –habló como todo un psiquiatra. Bufé
-No es por nadie, quise tomar un par de tragos eso es todo
-¿Para qué me mientes Caleb? Sabes que tarde o temprano lo descubriré –dijo totalmente adulador. Me tomé la cabeza entre mis manos mientras exhalaba. No sabía qué hacer, Eric era inteligente además de ser un mujeriego nato. Terminé por asentir –Wow, si te soy sincero, jamás pensé verte tan complicado por alguien que no sea tu hermana.
-Ni siquiera sé cómo pasó. Esa chica se metió en mi cabeza tan de pronto que jamás lo vi venir. –tragué saliva. –quiero odiarla. Juro por Dios que quiero odiarla, pero no puedo –él me frunció su ceño
-¿Y por qué demonios querrías odiarla? Digo, deberías querer amarla ¿no? –soltó una risa leve. Negué con la cabeza
-No es lo que parece. Han pasado cosas con ella estos días y mierda… no sé, quiero olvidarla y odiarla. Pero no puedo, joder –maldije para luego tomar otra lata de cerveza y tomar hasta el fondo. Eric me miraba con cara de no poder créelo. ¿Quién lo diría? Caleb Small, complicado por una chica.
-Hombre ¿estás enamorado? –me incomodé ante la pregunta. ¿Y si eso era? Tal vez, para tener la felicidad que siempre he querido tendría que dejar entrar el amor a mi vida. Pero ¿y si no lo era? Puede que sólo sea una atracción de mierda que al fin y al cabo terminará desmoronándome como un cachorro desamparado.
-No lo sé –él suspiró negando con la cabeza
-¿Y qué estás esperando para decirme quién es? –levanté mi mirada. Ahí estaba la otra cosa. Demonios, ni siquiera sabía si Eric me creería lo que le diría. Él siempre fue un magnate en cuanto a las mujeres y ellas, bueno, caían siempre rendidas a él por su excelente físico o confianza. ¿Pasaría eso con Christine? Tal vez, pero de tan sólo pensar en mi amigo y ella juntos, quise vomitar. Puede que haya sido las poderosas cervezas que surgieron efecto en mi cerebro y habían estado creando pensamientos que no me hacían para nada bien.
-¿Recuerdas… –me acomodé la garganta. No sabía ni cómo empezar –recuerdas hace días que llegó a la tienda una chica extremadamente bella? –asintió abriendo los ojos sorprendidos. Creo que ya sabía lo que venía –ella, bueno, joder, resultó ser mi profesora. Su nombre es Christine.
-Espera un momento –dijo con sus ojos a punto de salirse de su cara. –¿Me estás diciendo que esa modelo de revista de alta categoría que entró en nuestra tienda hace días, alias tu profesora, te la estás follando? –fruncí el ceño.
-No dije eso. Pero, sí podría decir que han pasado cosas entre nosotros
-¿Y es de ella de quién estás tan bobo? –rió asintiendo –con razón pelmazo…
-No puedo sacármela de la cabeza y es lo que más odio de todo. Ella nunca estará a mi alcance, nunca se fijará en un estúpido fracasado del bachillerato –Eric bufó rodando los ojos
-¿Cómo sabes eso? En mi experiencia con el sexo femenino es que cada mujer es un mundo, complejo y loco. Pero al fin al cabo cada una tiene su forma de pensar diferente y eso las hace únicas –suspiró. Eric podía llegar a ser un mujeriego sin remedio, pero eso no quitaba el maldito hecho de que a veces tenía toda la razón. –Tal vez si sólo te dignaras a abrirte con ella y conocerla, las cosas podrían funcionar mejor.
-¿Y tú qué sabes de relaciones? –pregunté retórico y con una pisca de enojo –Tú solo te las tiras y al otro día ni siquiera recuerdas sus nombres
-Es por eso que aquello me hace un experto. Pero eso tampoco quita el hecho de que jamás me he enamorado –suspiró –créeme que cada mujer con quién he estado no se compara a la chica a quien amé hace un tiempo. Y tú más que nadie lo sabes. –Lo sabía, en serio. Pero no había llegado a mi mente los recuerdos de Mónica. La ex novia de Eric de secundaria. Eran novios desde los 14 años, por lo que luego de dos años de relación terminaron por motivos de las relaciones a distancia. Mónica se tuvo que ir de Chicago por el trabajo de sus padres y la relación por chat no funcionaba concretamente. Eric sufrió, pero luego cuando supo los trucos que podía hacer con su aspecto frente a las chicas, se dio cuenta que perder el tiempo llorando por una relación que no tenía futuro no debería estar en sus planes. Así que comenzó a ser lo que hoy en día era, un estúpido mujeriego.
-Vaya, no pensé que te acordaras de Mónica
-Sí, supongo que ya lo superé después de todo –reí
-Tú no has superado nada. Lo único que has hecho es traicionarte a ti mismo con putas –solté otra risa irónica tomando nuevamente de mi cerveza –Sin haber luchado por lo que más amaste alguna vez –dije acordándome de las innumerable frases similares que había leído de los libros de aventuras y honor. Vi cómo su mirada cambiaba de relajada a dura, le había dado en el clavo.
-Pero soy feliz así Caleb ¿y tú? ¿acaso lo eres? –preguntó mirándome fijamente. Levanté los hombros.
-No lo sé, no sé cómo se siente ese sentimiento. Porque simplemente nunca he sido feliz
-¿Y te sientes feliz con Christine? –no sabía a dónde iba esta conversación. Y para ser sincero no quería saberlo.
-Ya te dije que no sé –bufé
-¿Entonces por qué demonios no evitas cometer el error que hice yo? –fruncí mi ceño.
-¿Error?
-Sí, error –rió –a veces no puedo creer lo gilipollas que eres.
-¿De qué estás hablando?
-Hablo de que si no luchas por Christine ¿qué te queda? Nunca vas a saber lo que se siente hasta que puedas experimentarlo –quitó la cerveza de mis manos y me miró con esos ojos de reproche. Extrañamente me recordó a los de mi padre cuando hacía algo malo –si fuera tú, no sería un idiota y la dejaría ir. Pelearía por lo que amo, tal y cual como me lo reprochaste hace unos segundos. –exhalé tratando de saber quién era el sujeto que estaba a mi lado porque podía apostar mi vida de que no era el Eric que conocía.
-¿Quién dijo que la amaba? –él terminó por bufar
-Pues si lo que estás atravesando en estos momentos no es una crisis amorosa entonces dime que es –tragué saliva
-¿Y qué diablos quieres que haga? Ella no me necesita y está bien así
-Que hijo de puta eres. Te juro que no sé ni cómo llegaste a ser mi amigo –suspiró tomando todas y cada uno de los cigarrillos que tenía esparcidos en mi sala de descanso. Supuse que quería limpiar toda la mierda que tenía alrededor –lo único que puedo decirte es que para ser feliz en la vida hay que luchar. Sea como sea.
-¿Quieres decir que tengo que pelear por Chris? –fruncí el ceño. ¿Acaso era una broma? Eric me sonrió satisfecho.
-Exactamente querido amigo, exactamente.
Christine
-Te ves hermosa –fue lo primero que escuché decir a Nick antes de salir de mi departamento. Ponerme aquel vestido negro, corto y tan ajustado al parecer le había gustado bastante. Por lo que veía no tenía más habla para mí más que admirar cómo se veía mi cuerpo con él.
Íbamos en su auto sin despegar la mirada de nuestras respectivas ventanas. Nos dirigíamos a un restaurant, no sabía con precisión a cuál. Lo único que sabía en ese momento era que sea como sea quería distraerme con cualquier cosa que sea posible ante mis manos. Y por ahora la cosa que estaba a mi alcance era Nick. Pero había un inconveniente. Por más que tratara con todo lo que sea posible para olvidarme o alejarme, no podía sacarme de la cabeza aquel beso arrollador que me llevó hasta las nubes. Caleb se había metido en mi mente dispuesto a no salir nunca y eso me enloquecía, más aun viendo cómo hoy me buscaba reiteradas veces para ver o por lo menos hablarme en clases. Lo noté sin siquiera pensarlo. Si soy sincera, elegí alejarme aunque me doliera y me afectara de la manera más brutal posible. Me alejé por su bien. Me alejé por el hecho de que esto no nos convenía para nada. Me alejé porque no quiero hacerle daño ya que desde luego no se lo merecía. Esto no era para él. Mi vida, no puedo echarla abajo por alguien que va en la secundaria. Yo no soy así, jamás di algo de mi parte en alguna relación pasada, ni siquiera cuando la relación era realmente seria. Bueno, aunque para ser realista, jamás sentí nada igual como lo sentía en estos momentos por Caleb. Por ese chico y no podía negarme a mí misma, que era capaz de darlo todo por él. Un escalofrío duro pasó por mi espalda y no era precisamente por el frío que entraba en el auto de Nick.
Demonios, quería alejarme de él y tratar de evitar cada inquietante sensación. Pero mientras más lo hacía, más sentía que perdía el control de mis sentimientos y aquello no era para nada bueno.
-¿Estás bien? –preguntó Nick ya estacionándose en un lugar aparcado. Habíamos tardado no más de 5 minutos. Asentí sin responder mientras él salía primero y me abría la puerta. Entonces me dije a mí misma que trataría de pensar en otra cosa que no fuera Caleb. Así tenga que usar cruelmente a una persona para ello.
-Nick, este lugar es increíble. No debiste –me interrumpió antes de que siguiera. Algo muy típico de él si es que lo podía decir.
-No digas nada, es lo que te mereces y mucho más –me sonrió galante. No mentía cuando decía que Nick era un gran partido. Tenía una vida estable y además de eso era guapo, parecía de esos hombres modelos para comerciales de perfumes varoniles. En pocas palabras, sofisticado y extremadamente sexy. Pero no podía mentir, menos a mí misma. Él no alcanzaba a llenarme de la forma que Caleb lo hacía con sólo mirarme.
Entramos y las miradas no tardaron en ir ante nosotros. Personalmente me acostumbré con el tiempo a las miradas múltiples de los hombres, incluso ante algunas miradas de envidia de mujeres. Pero al ver que Nick se incomodaba ante ese hecho no pude evitar suspirar internamente. Ese hombre por más guapo que sea, no tenía para nada cosas en común conmigo.
-¿Qué te parece aquí? –señaló un puesto donde sentarnos, justo al lado de una ventana. Asentí nuevamente con una sonrisa. Me senté para luego presenciar como hacía lo mismo a mi lado. –¿Te pasa algo? Has estado muy callada –frunció su ceño. Vino inmediatamente un chico delgado y alto para atendernos y tomar los pedidos, aunque ignoré el hecho de que miraba baboso el escote que tenía mi vestido. Nick apretó la mandíbula y pidió por ambos. Tenía que admitir que me causaba un toque de gracia los celos del rubio. Después de aquello volvió su mirada a mí. Esperando que le respondiera su pregunta por lo que no supe que decirle en verdad.
-No me pasa nada, es sólo que, me encantó el lugar –y en parte no era mentira. Ese restaurant era muy caro y no dudaba que podría ser el mejor de la ciudad.
-Me agrada que te haya gustado, no sabía si venir aquí o ir por unas hamburguesas a McDonald’s –bromeó soltando una risa. Le sonreí de nuevo, falsamente.
-En cualquier lugar me hubiera gustado y lo sabes –me miró risueño. Creo que por primera vez desde que lo vi en el instituto lo vi hacer algo que realmente me recordaba al Nick de hace 10 años atrás.
El silencio nos ganó de nuevo después de unos minutos.
-¿Vas a ir a la reunión de este sábado? –preguntó luego de un momento comiendo los espaguetis que había pedido minutos antes. Fruncí el ceño
-¿Reunión?
-Sí, la cena que nos dijo Gibson hoy en la tarde, en la que vamos a compartir como bienvenida todo el profesional de profesores –dijo mirándome fijamente –es este sábado Christine y se me ocurrió que podríamos ir –Demonios, ni siquiera me acordaba lo que había dicho mi jefe en el único momento que comí junto a todo el personal. Lo de Caleb me tenía en otro universo y para ser sincera ni siquiera tomaba en cuenta todo lo que Nick me hablaba.
-Tal vez salga con Alyssa –levanté los hombros. Su gesto cambió de inmediato. Mierda.
-Pensé que querrías ir conmigo
-SÍ, suena genial, pero entiéndeme –suspiré. Tratando de controlar las cosas –la idea de pasar una tarde entera con esos ancianos que apenas me hablan no me entusiasma mucho
-Pues no lo veas por ese lado. Míralo por el lado de que vamos a pasar más tiempo juntos Chris –asentí. Su tono se estaba empezando a alzar.
-Pero tampoco puedo ignorar ese hecho. No me gusta compartir con ellos y punto
-¿En serio? Porque realmente pareciera como si no quisieras compartir conmigo un sábado entero –me tomé la frente. Mi cabeza en esos momentos no estaba para aguantar otra mierda más. Así que me tranquilicé inhalando y exhalando. Bien, eso es.
-No pensemos en eso, por favor Nick –pronuncié tratando de sacarle la tensión, acariciándole su mejilla. Que falsa e hipócrita era –Aún falta un par de días para que sea sábado y ni siquiera sabemos lo que pueda pasar mañana –dije aturdida. Entonces hice algo que en mi interior sabía que no estaba bien, engañaba a Nick y a mí misma al hacerlo, maldición. Lo besé. Él de inmediato me respondió de igual forma. Puso sus manos en mi cintura tratando de acercarme aún más. Aquel beso era tan vacío, sin trasfondo, sin algo de lo que pueda soñar cuando me vaya a dormir. Ni siquiera tuve ganas de cerrar los ojos para hacerlo y lo peor era que contaba los segundos para que aquello terminara. Nick me besaba con posesividad, con lujuria y extrañamente enojo. Esto no iba bien y ya estaba determinada a que algo serio entre nosotros no funcionaría.
Me separé lentamente luego de unos eternos segundos. Él me miraba con una sonrisa y yo igual, la diferencia era que la mía era totalmente falsa.
-Hubiéramos empezado por eso ¿no crees? –sonrió dándome un suave y corto beso de nuevo. No quise, de verdad no quise. Pero terminé comparando ese beso con el de Caleb y me costaba admitir que el beso que me acababa de dar con ese rubio, no se dignaba a comparar con el chico de ojos azules.
Asentí pensando aún en Caleb.
-¿Te he dicho que no me gustan las discusiones?
-A mí tampoco Chris y –exhaló –Mierda, pensé en regalarte esto en mi casa pero ahora creo que es el momento. –Sacó inesperadamente una pequeña caja de terciopelo azul oscuro, rectangular. Creo que casi me ahogué con mi propia saliva. –Ten, te compré esto pensando en ti –susurró abriéndolo ante mis ojos. Haciéndome más blanca de lo que era. –Es igual a ti. Es una perla hermosa y especial.
Un collar sorprendente de perlas se abría ante mí, no podía explicar con claridad cuán hermoso y brillante era. Pero esto no era para mí, no podía aceptar aquello. No me lo merecía.
-Nick –hablé con dificultad –no, no puedo aceptarlo. Esto te debió costar mucho –levantó sus hombros
-Qué importa. Lo importante es la persona que lo llevará –su mirada era tan brillante que me asustó. Me acomodé la garganta, incómoda.
-De verdad, no debiste haber hecho esto. Es demasiado
-Basta Chris, no pienso aceptarlo de vuelta. Lo compré pensando en ti y no me arrepiento de eso. –con sus manos sacó las brillantes perlas e hizo que me parara de mi asiento para ponerme de espalda, y así poner el hermoso obsequio en mi desnudo cuello. Lo observé después de que lo hiciera. Con mis dedos lo acaricié lentamente, era lindo tenerlo y sentir que era mío. Pero la culpa de no sentir lo mismo que Nick me carcomía. Esto ya se tenía que acabar. ¿Para qué tratar de hacer funcionar algo que de por sí se sabía que no funcionaría?
-Nick, tengo que decirte algo –pronuncié titubeante dándome vuelta y mirarlo.
-Dime linda –Él me frunció el ceño.
-Yo, bueno. Tú y yo, nosotros –antes de que pudiera seguir con mí, extrañamente, clara explicación. Una mano se puso en mi hombro haciendo que girara inmediatamente. Nick y yo nos sorprendimos al ver a un hombre bastante más alto que yo y un poco más que Nick, moreno y demasiado musculoso. Al parecer me iba a desmayar al verlo pero no, sólo me sonrojé extremadamente rogando al cielo que viniera un rayo que me desapareciera.
-¿Christine? Vaya, qué sorpresa encontrarte por acá –me miró lascivamente. Las palabras no me salían de la boca, joder. El hombre me había dejado con la boca abierta. Pero no por el hecho de que fuera guapo y me mirara de una forma lujuriosa. Sino que por el hecho de que conocía a ese hombre, íntimamente.
-Eh –lo único que logré pronunciar sintiendo arder todo lo que era mi cara. No podía ser. Santa y pura mierda.
-Disculpa pero ¿quién eres? –a la defensiva, Nick se interpuso ante mi viendo de frente al gran moreno que me seguía mirando. ¿Por qué me tenía que pasar esto a mí eh? Por zorra, tal vez, me respondí instintivamente.
-Soy Benny –estiró su mano amigablemente ante el rubio, que no tuvo más remedio que hacer lo mismo cortésmente. –Mi hermano Greg y yo somos íntimos amigos de Chris ¿verdad? –me preguntó descaradamente. En algún momento mi cara iba a explotar, lo sabía. El gemelo de Greg no me sacaba la vista de encima, mierda. Imaginar que sólo el maldito sábado pasado me estaba liando con ellos dos me hacía sentir escalofríos. Creo que lo volveré a decir. Soy una hipócrita de mierda.
-Hola –saludé casi sin habla. Tragué un gran bulto de saliva antes de seguir –¿cómo estás Benny? –ni sé por qué dije eso. Pero él asintió sonriendo.
-Estoy bien. La verdad es que toda mi familia está aquí para cenar juntos y de repente te vi con tu… amigo –por primera vez saca su vista de mí y se fija en Nick. Sonriéndole sarcásticamente –no me culpes por querer venir a saludar –sabía que lo decía en un término no muy simpático, pero lo terminé ignorando.
-Me parece perfecto que pases tiempo con tu familia –le sonreí, aún tenía mi cara roja y sabía que aquello no se iría fácilmente
-Sí, bueno. Pensé que llamarías para ser sincero
-Es que mi agenda ha estado un poco ocupada sabes –me acomodé de nuevo la garganta –¿y cómo está tu hermano Greg? –lo irónico de la conversación era que sólo él y yo sabíamos de lo que hablábamos. Pero Nick, demonios, él no tenía ni idea.
-Está bien de igual forma. Está allí con nuestra hermana y padres –señaló a un conjunto de morenos y morenas extremadamente elegantes y guapos a simple vista que por lo que veía, seguían esperando su orden. Fruncí mi ceño titubeante al no ver a su hermano, que por cierto, era igual a él.
-Umh, no lo veo
-Debe de estar pidiendo unos tragos –hizo una mueca divertida para luego ver a mis espaldas. Dándome la vista completa y recta al moreno físicamente igual a Benny. Aún no podía entender cómo se podían parecer tanto y ni siquiera poder reconocerlos. Santa puta mierda. Esto estaba cada vez mejor. Los gemelos que me follaron el sábado pasado se reencontraban conmigo en una cita que tenía con un “amigo”. Creo que tendría que recibir el premio de zorra estúpida del año.
-Hola Christine –habló Greg, que por lo que vi, también ignoró a Nick que se encontraba a mi lado y estaba ausente de toda charla. Aunque no dudaba que pronto me preguntaría de qué iba todo esto. –Vaya sorpresa encontrarnos acá eh ¿Verdad hermano? –caminó hasta estar al lado de su hermano y joder, si no fuera por su vestimenta pensaría que son clones. Mis mejillas aún ardían como vapores.
-Sí, una muy inesperada sorpresa –asentí con una sonrisa falsa.
-Oh demonios Greg, parece que interrumpimos su cita –preguntó con una preocupación hipócrita. Malditos sean. Nick se acomodó su garganta
-No para nada. La verdad es que me gusta conocer viejas amistades de mi novia –Alto ahí vaquero. Quise gritarle pero mi cordura intervino, así que sólo le di una mirada que no fue muy tratativa. Si eso alejaba a ese par, pues bienvenido sea. No podía negar que aquellas palabras viniendo de Nick y yo me espantaban a un grado estremecedor.
-Pues entonces ¿por qué no nos acompañan? –Pero qué mierda –la verdad es que Christine y nosotros somos amigos desde hace mucho y hace bastante tiempo que no hablamos. –me sonrió Benny.
Nick les sonrió amigablemente. Eso no me gustaba.
-Nos encantaría ¿verdad amor? –el rubio me tomó de la cintura con falsedad. Mis mejillas aún querían explotar. ¿Acaso el mundo se volvió loco en un solo instante y yo no me di cuenta? Terminé de asentir como una estúpida.
Genial.
(…)
-¿Quiénes eran Christine? –preguntó Nick luego de un gran momento de silencio desde el restaurant, estacionándose afuera del edificio de mi departamento.
-¿Disculpa? –la pregunta me tomó desprevenida y no era para menos. La cena que había tenido junto a la familia de mis amantes había sido un total desparramo de mentiras, palabras vacías, y sarcásticas.
-No te hagas la tonta –En verdad estaba enojado y su tono era tan amenazante que parecía que se había contenido toda la noche. –esos amigos tuyos, que arruinaron nuestra cita, ¿qué relación tienen contigo? –su tono me asustaba, no podía mentir.
-Ellos ya te dijeron, nos conocimos en una fiesta y hace dos años que no nos vemos ¿qué más quieres saber?–dije simplemente. Que mentira más vil e inepta. Me sorprendía el hecho de que ni yo misma me la tragué.
-¿De verdad crees que soy tan idiota como para tragarme eso? Porque si lo crees, de verdad, necesitas hacer un buen viaje a la realidad Christine.
-Todo lo que te dijeron es cierto. Son amigos del pasado
-Pues no te creo
-Mierda Nick, si no me crees no es mi problema, no quiero discutir –como una niña pequeña tratando de huyendo de alguna travesura hecha, salí de su auto dispuesta a irme enojada a mi departamento. Luego él se arrepentiría de haberme hablado así, lo sabía. Sentí como salía de su vehículo para seguirme
-Christine ven aquí –gritó detrás llegando con rapidez hacia mí. Con la diferencia de que luego, sorprendiéndome, me tomó del brazo con fuerza haciéndome girar hacia él. Yo terminé de mirarlo atónita, ningún hombre en la vida había tenido los cabales para tomarme con tal fuerza. En los ojos de Nick había furia, enojo y alteración. Tenía miedo –ahora mismo me vas decir quiénes eran esos hijos de putas.
-Ya te dije la verdad Nick –volví a repetir. Sólo que ahora con un susurro atemorizante. –los conocí en una fiesta y hace dos años que no los veía. Eso es todo
-Mentira –gritó en mi cara mientras que apretaba aún más mi brazo, haciéndome retorcerme de dolor. Joder, el temor estaba en todos mis sentidos. No sabía qué hacer.
-Es verdad ¿para qué te mentiría?
-Conozco a las zorras Christine y sé que les gusta mentir –respondió con furia –Ahora mismo me vas a decir cuándo, dónde y si es necesario, cómo los conociste. Si no quieres que arme un escándalo a mitad de la noche.
-No te he mentido, ya te lo he dicho todo –susurré –por favor suéltame, me duele, mierda –me retorcí nuevamente para que luego por fin, me soltara. Me dolía. Me vi mi brazo y la marca de sus manos estaba en él. Quise llorar, juro por Dios que quise llorar por la humillación que estaba sintiendo en esos momentos.
-Escúchame bien –volvió a tomarme fuerte. Pero esta vez, de mi muñeca. En un tono alto y determinado me volvió a hablar en un tono alto –si me entero de que lo que acabas de decirme es mentira. Te las voy a cobrar –fruncí mi ceño atemorizada
-¿Qué?
-Escuchaste bien. No querrás verme la cara, créeme que ya me lo hicieron una vez y te juro por Dios que me encargué de aquello –terminó por decir en unas palabras llenas de alteración y furia contenida. Estaba atónita, no podía procesar bien la actitud de Nick. Pensé que me golpearía y no entendía por qué lo toleraba, yo no era así, menos con alguien que ni siquiera llegaba a ser mi novio.
-Nick –volví a susurrar sin saber qué decirle. Soltó mi muñeca bruscamente para luego dar media vuelta e irse en su auto. Para cuando ya se había ido aún me encontraba en las afueras de mi edificio, sin habla frente su actitud. Tenía miedo de ese hombre, el cual para nada se parecía al chico tierno y cariñoso que conocí hace 10 años atrás. Alyssa tenía razón, aquel hombre resultó ser más peligroso de lo que jamás pensé. Y de algo estaba segura.
Tenía que alejarme de él.
Dios, no
ResponderEliminarTenia la esperanza de que en esta novela no existiera un ex-novio loco, memeooo
Siguelaaaaa